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ANÉCDOTAS

Cuando estuve con
mi esposa de vacaciones en Ibiza y Mallorca el mes de abril de este año 2007,
con el Imserso, y como no tenía ordenador y en el hotel era muy caro su uso,
estuve ocho días desconectado de Internet, hasta que encontré cerca un locutorio
que por media hora cobraban 0,50 euros. Entonces revisé el contador de esta
Web, quedándome abrumado al constatar el considerable bajón de visitas
efectuadas, de casi un ochenta por ciento de lo habitual. Tenia que hacer
urgentemente algo si no quería pasar al anonimato más absoluto, perdiendo todo
cuanto hice para poner en marcha la operación “salto adelante” y pensando,
pensando, tuve una idea que resultó brillante por los resultados tan asombrosos
e inesperados que conseguí tras comprar un jersey color butano, escribiendo
con un rotulador negro, por la parte frontal y el reverso mi acostumbrado
slogan publicitario, WWW.antoniolarrosa.com..
Escritor malo, malo, malo, (que paseé a todas horas y por todas partes de esas
dos ciudades, tal como se ve en la foto, y que publico para acallar las voces de
algún incrédulo que insinuó no creerme, cuando lo expuse en los blogs
literarios de Internet.)
La presentación del libro de Azua, corrió a
cargo de Eduardo Mendoza, que apenas balbuceó unas frases, con la excusa de que
los ordenadores no son lo suyo. La conclusión de su charla fue que la condición
para que un libro sea bueno es que lo escriba un buen escritor. (He de aclarar
que estuvieron hablando cinco escritores, más de una hora, sin saludar a los
oyentes ni presentarse.)
Llegados a este punto, se produjo uno de los momentos álgidos de la historia.
Antonio Larrosa, el escritor de casta, demostró un valor del que reconozco que
yo carecí. Se puso en pié y sin pestañear increpó a los escritores: Y dijo: Hola
buenas tardes."Yo soy Antonio Larrosa Díaz. ¿Quiénes son ustedes?"
Fue evidente el aturdimiento de los increpados que apenas fueron capaces de
balbucear algunas palabras, haciéndose un lío a la hora de decidir quien era
quien. Incluso Mendoza, le ofreció que ocupara su lugar en la mesa.
Los cinco escritores eran: Santiago Roncagliolo.
Marcelo Figueras. Eduardo Mendoza. Basilio Baltasar. Y Félix de Azua el alboroto
que allí se armó, fue indescriptible, especialmente cuando el famoso escritor
Eduardo Mendoza preguntó a Larrosa, si escribía en algún blog y este le contestó
que tenia una pagina Web anunciándose como el escritor peor de la historia
universal.....http//www.antoniolarrosa.com…. Después, una vez finalizado el
acto, ambos se hicieron una fotografía como recuerdo de esta anécdota.
Enviado por:------- Un asistente al acto de
presentación de un libro de Félix de Azua en la biblioteca La Central de
Barcelona el 29/ 5 /2007




Yo creo que los toros no son
tan fieras como los pintan, me explicaré: Tenia unos veinte años y como vivía
en un pueblo cerca de Barcelona pero al que no había manera de ir después de las
diez de la noche por que no funcionaban los transportes públicos y los taxis
eran un lujo fuera de mi economía, muchas noches, especialmente los fines de
semana, me quedaba a dormir en la plaza de toros de las arenas de Barcelona pues
conocía al hijo del portero que sin que se enterase su familia me dejaba entrar
y yo me buscaba un sitio en cualquier rincón de los tendidos o donde pillase. El
caso es que una noche oscura y fría, no recuerdo de que mes, y algo bebido mi
amigo me dejó entrar después de una fiesta en la que ambos nos divertimos con
un par de chicas. Hacia mucho frío, la noche era muy oscura y como no me
encontraba bien, durante largo rato deambulé de un lado para otro, buscando
algún lugar donde refugiarme, dirigiendo mis pasos por donde menos soplaba el
viento, encontrando una puerta que solo estaba cerrada con un gran pestillo que
se abrió sin dificultad; entré allí y me acurruqué en un rincón donde incluso
parecía que hacia cierto calorcillo.
Cuando ya empezaba a amanecer y pese al dolor de cabeza que me producía la
resaca, unos mugidos me despertaron sobresaltándome, topándome con los ojos
enormes de la cabeza de un tremendo toro que me contemplaba como si me
estuvieran investigando.
No grité porque me pareció que me había quedado sin aire en los pulmones y no
podía hacerlo, o tal vez por prudencia, así que me pegué a la pared y me fui
desplazando muy lentamente hasta la puerta que distaba unos diez metros, y que
dejé cuando entré, solo entornada; siendo observado con igual curiosidad por los
otros toros que se acercaron olfateándome y dándome lametazos como si me
conocieran de toda la vida.
Cuando finalmente alcancé la puerta la fui abriendo muy despacito a la vez que
fui saliendo hasta que ya afuera la cerré con presteza y aseguré con el
cerrojo, momento en que los toros parece que se enfadaron y empezaron a dar
estruendosos mugidos, lo que antes no hicieron , tal vez porque pensaban que me
podrían haber asustado.
Como es natural nada dije a mi amigo.
A mi me pasó una cosa
espantosa en el teatro Calderón de Barcelona donde se iba a representar la”
Pasión de Cristo.” Resulta que yo era el que ponía la megafonía, se acercaba
semana santa y el protagonista, el que hacia de Jesucristo, no paraba de
quejarse de que los altavoces esto que si los micrófonos aquello y yo a cada dos
por tres me tenia que desplazar al teatro en cuestión que distaba del taller
unos tres quilómetros, y como tenia por costumbre me acercaba al actor (Que era
famoso y no digo su nombre porque esta muerto)y le preguntaba :---Me han dicho
que algo no esta de su gusto, dígame que, a ver si lo solucionamos . El gran
actor dejaba lo que estaba haciendo Pues casi siempre ensayaban y me explicaba
el problema-Mira aquel altavoz lo has puesto justo encima del palco del alcalde
y eso no puede ser porque lo vamos a volver loco con la música, así que lo metes
más cerca de tal o cual sitio .¿Entendido?
Aquel día ya me tenía negro con tanto protestar así que me metí en el escenario
un poco mosqueado. Una música cadenciosa y fúnebre envolvía la escena y el actor
estaba crucificado, rodeado de soldados romanos y otras personas vestidas a la
usanza de aquellos tiempos. La verdad es que pensé que estarían ensayando como
siempre, aunque me extraño un poco que un romano de aquellos me agarrase del
brazo diciendo ¡eh, tú! ¿A donde vas? Yo que no noté nada, pues el palco de
butacas estaba completamente a oscuras y en silencio, me deshice del romano de
un tirón y me acerque a la cruz gritando al famoso actor. ¡Bueno! ¿Que tripa se
le a roto ahora? Ni que decir, la que se armó allí, el actor bajo furioso de la
cruz gritando: ¡Echen a este imbecil, o lo mato! En ese momento me di cuenta de
que no ensayaban, por el tumulto que venia de la platea y porque el telón bajó
de golpe.
Salí disparado temiendo la furia del actor y al otro día el periódico decía: La
Pasión del teatro Calderón fue un éxito aunque como pasa en los estrenos que
siempre falla algo parece que hubo un fallo técnico en la megafonía.
Creí que me despedirían del
trabajo pero el patrón cuando le conté lo sucedido se echó a reír pues tenia un
sentido humorístico muy bueno y solo dijo –Me hubiera gustado verte perseguido
por Cristo semi desnudo.
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¡ CHURROS!
Hace unos años mi hijo Daniel, se echó una novia churrera. Esta no es la historia tan popular que dice: El que se casa con una churrera está todo el día churro dentro churro fuera, no, esta es otra que empieza cuando nos la presentó a la familia y ella nos preguntó: ¿Os gustan los churros?
Nos encantan, -- fue nuestra respuesta – Pues no os preocupéis de comprar, que no os van a faltar—Afirmó tajante.
Y desde aquel día, como siempre le sobraban, mi hijo se presentaba con un paquete que devorábamos tan felices y contentos. Y así casi cada día Daniel, cuando venia nos traía los churros, unas veces eran cantidades pequeñas así como un cuarto de kilo, pero otras las cantidades eran mas grandes, tanto como uno o dos kilos, por eso, cuando llevábamos un par de meses comiendo churros tan a menudo, y aunque éramos ocho de familia empezamos a estar más que hartos. Los primeros en desertar de tan apetitoso manjar fue mi hija Maribel a la que inmediatamente se sumaron sus cinco hermanos. La verdad es que hubiera sido sencillo decir a Ester que es como se llamaba la novia de mi hijo, que ya no queríamos más churros, que estábamos hasta la coronilla, pero nos paresia una cosa fea, como un desprecio, a lo que ella consideraba un obsequio muy estupendo, por lo que parecía hasta estar muy contenta . Ante tan escabroso dilema mi esposa ideó un sistema para aprovechar los churros y quedar muy bien con todo el mundo. Invitó a todos los conocidos del entorno a ir a mi casa por las tardes a jugar al Remigio (Un juego de cartas muy entretenido que tiene mucha aceptación, especialmente entre personas mayores) y cuando pasaba una hora o así decía: Bueno, vamos a merendar. Entonces, como quien no quiere la cosa, les sacaba los churros, con chocolate que también provenía de la churrera y todos merendaban tan felices y contentos hasta que llegó el día fatídico en que empezaron a desertar, unos alegando que tenían muchas cosas atrasadas en casa otros que si esto y otros que si aquello, en fin, que en otro par de meses nos quedamos solos con aquellas ingentes cantidades de churros y también chocolate que nos invadían de forma inmisericorde, sin parar. Y como seguíamos incapaces de insinuar tan siquiera a la novia de mi hijo nada que la hubiera enojado o contrariado, le daba churros a cualquier mendigo que pasase por mi taller pues cada día me visitaban dos o tres, a los que siempre les daba alguna moneda, el caso es que hasta los mendigos desaparecieron, y pensé: Ya no sé que hacer con tantos churros y como no me atrevo a decirle nada a Ester no sea que se lo tome a mal y se enfade con Daniel, antes de tirarlos lo que haré será echárselos al Perdut. Perdut era un perro pastor alemán que tenia en el patio situado a la vuelta de la esquina del taller, que vigilaba esa parte ladrando furiosamente a cualquiera que se acercase a la puerta con verja. Cada mañana a eso de las ocho y media, antes de abrir mi negocio, me ponía ante la verja con mi paquete de churros y se los iba pasando a mi fiel amigo.
Una mañana, paso un viejecito encorvado por el peso de los años apoyándose en su gayado y observando con la sorpresa reflejada en su arrugado rostro como daba el estupendo desayuno al perro, exclamó: He visto guerras he visto crímenes he visto todo lo impensable en esta vida pero esto es lo más increíble que he visto, lo que me quedaba por ver, un perro desayunando churros calentitos de la churreria.¡Ahora ya me puedo morir tranquilo y satisfecho.--- (Seguro que eso de calentitos lo dijo porque imaginaba que los había comprado a esa hora en la churreria, el caso es que ya nunca vi a aquel señor) El perro también aborreció los churros, aunque justo cuando mi hijo y su novia cortaron su relación. ¡BUF! Quise decir….
FIN
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