Archivos mensuales: marzo 2012

SE ACABÓ LA FIESTA

SE ACABO LA FIESTA
Antonio Larrosa Díaz
Las pasiones de las masas sedientas de sangre, se mezclaban con la valentía y el arte de aquellos hombres que pugnaban por llegar al súmmun de su oficio, bajo el sol abrasador, de un día inolvidable por lo aciago. Pero no, no eran cosos romanos donde el infernal griterío animaba a los diestros a matar a sus oponentes a los que, previamente y para satisfacer al exigente público asistente, se les hacía sufrir atrozmente, con saña, con estudiados martirios al compás de una alegre música. No señor, no eran antiguos cosos romanos, Eran cosos taurinos! modernas plazas de toros llenas de gentes, de incomprensibles instintos para otras culturas.
Aquel día se hizo históricamente aciago para la fiesta, porque entre las múltiples corridas celebradas, murieron veintidós toreros, algunos famosos, amén de más de cien heridos de distinta consideración. El estupor y la sorpresa fue enorme en el mundo entero, pues lo normal era que, pese al peligro que representaba el espectáculo, sólo se produjera la muerte de un diestro cada díez años por término medio: algo así como un muerto, por millón de toros lidiados. Pero aquel día todo empezó a cambiar, los torpes animales se comportaron de una forma inusual. A la menor oportunidad arremetían contra el torero, haciendo caso omiso al capote engañoso y a los subalternos, cuando aquellos intentaban apartarlo del lidiador o del caballo de turno. Era como si de repente una luz de inteligencia penetrase en sus cerebros. Y cuentan las crónicas de aquel tiempo, que aquellos toros eran tan peligrosos que se tuvieron que matar a tiros por las fuerzas armadas.
Ante tan dramáticos y desconcertantes sucesos, el mundo entero quedó asombrado, sin embargo, los aficionados a tan tremenda fiesta, que no estaban dispuestos a pagar más, empezaron a afirmar que todo aquello era un montaje comercial y que nada había de anormal en su alimentación o estado físico general, pese a los múltiples reconocimientos y análisis efectuados a los toros muertos o vivos de todas las ganaderías, por lo que no se pudo dar respuesta al público.
Como es lógico, la vida debía continuar, las próximas corridas deberían celebrarse sin mayor dilación, como si nada hubiera pasado, como siempre fue en la historia del mundo, entonces se dijo: La fiesta debe continua. Muchos toreros empezaron a pedir garantías para salvaguardar sus vidas aunque bien es verdad que los que lo hicieron, lo hicieron sin excesiva firmeza, no fuera que los consideraran unos cobardes o cosa parecida, algo muy distante de lo que un buen torero debía aparentar, y que tal vez por eso, eran admirados especialmente por las mujeres, sobre todo por las más díscolas y advenedizas, aunque debo decir en honor a la verdad, que también se daban casos de enamoramientos normales. Quizá era por ese motivo, que toreros, que no valían un pimiento físicamente, se vanagloriasen ostentosamente de los estragos ocasionados al bello sexo.
El caso es que pese al extremado celo vertido en el asunto y no encontrando anormalidad alguna en los animales que se iban a lidiar, se anunciaron los festejos en todas las plazas del país con tal éxito de taquilla, que todas sin excepción, se llenaron hasta la bandera quedando mucho público sin conseguir su entrada al espectáculo.
Sin embargo y pese a las extraordinarias medidas de seguridad, y a cuantas precauciones se desplegaron en aquella ocasión, aún fue más luctuoso el desenlace, pues murieron cuarenta y seis diestros entre picadores, banderilleros, matadores y otros, amén de un elevadísimo número de heridos.
Aquello ya no era casualidad, sin lugar a dudas algo muy extraño se estaba produciendo, muchos aseguraban, que la culpa
la debían tener los ingleses o los suecos a los que siempre les gustó hablar mal de esta fiesta, afirmando que deberían haber inventado algo que volvía locos a los astados cuando estos eran toreados. Otras versiones daban la culpa a la sociedad protectora de animales, y no quedó quien asegurase que todo era cosa de extraterrestres, maldiciones bíblicas o cosa de brujas. Como veis , hubo versiones para todos los gustos. El caso fue que en aquella ocasión, a los pocos profesionales del arte taurino que quedaban, se les acabó la soberbia la valentía y la bravuconería, poniendo “el grito en el cielo” y anulando sus contratos. Los que conservaron la vergüenza torera (como la llamaban), murieron en la próxima celebración, la última, ya que después de aquel día, nadie quiso dedicarse a tan peligroso oficio, ni siquiera los sutridos y acérrimos maletillas que siempre pedían una oportunidad.
Así fue como en poco tiempo, desapareció la tan cacareada Fiesta Nacional. No sólo en España, sino en Sudamérica y en cuantos sitios se practicaba. Nunca se supo el “porque” los toros bravos se volvieron tan agresivos al ser lidiados, y cada vez que alguien intentó restaurar la Fiesta, sólo consiguió mezclar la sangre de los toreros con la arena de la plaza.
Fue entonces, cuando se descubrieron las “fantásticas” propiedades de la carne de toro bravo criado en España. Propiedades que no se consiguen en ningún otro “toro” del mundo y que hoy en día, son la fuente principal de divisas de nuestro país, muy por delante del turismo, la agricultura, la industria, la pesca y todas las demás juntas. Desde entonces, a los toros bravos se les cambió el nombre por el de toros de Oro, ya que su precio es exactamente el de este preciado metal.
Un kilo de oro, vale igual que “Un kilo de Toro de Oro” — FIN– Ha terminado el dictado de historia de España, poned la fecha de hoy ..23 de junio de 2074 y ya podéis ir al recreo, queridos alumnos.
FIN.
1

NARRACIONES FANTÁSTICAS

EL CASTILLO  DEL TESORO

 

 

A pesar de amanecer con lluvia y viento racheado con una temperatura rozando los cero grados, ante el puente levadizo del castillo del Conde Blanco llegaron varios camiones cargados con los materiales necesarios, para empezar el rodaje de la película de la que le hablase unos días antes el representante dela Productoracinematográfica Cineline.

Al estruendo de las bocinas,  el puente bajó,  dejando paso a los vehículos que se adentraron hasta la gran plaza del interior.

Momentos después, el señor del  castillo D. Pedro Blanco del Río, tras la firma del contrato  en el que constaba el alquiler por dos meses del regio inmueble, recibía de manos del productor de cine un sobre conteniendo los doce mil euros tratados con el representante Julio Cortina, el encargado de buscar los exteriores idóneos para las filmaciones.

Retrocedamos al momento en que estando D. Pedro  pintando el paisaje circundante  del castillo se personó a bordo de su automóvil el encargado de buscar  exteriores y le propuso al  Conde pintor  que alquilase el castillo para filmar una película. Tras breve conversación D, Pedro accedió con la condición de que él con su familia  y servicio ocuparían una parte del suntuoso edificio.

– Les voy a alquilar mi castillo por que siento curiosidad por saber como se filma una película.

Realmente, nuestro Conde vivía de su trabajo como un cotizado pintor ganando más que suficiente para mantener a su  mujer, Asunción y dos hijos pequeños, además de un ama de llaves, Matilde, y un mayordomo, Fermín, que hacia de chofer, jardinero, y ayudaba a  Matilde en algunas cosas como  servir la mesa.

Ante el entusiasmo despertado por el Conde, el director de la película no tuvo inconveniente en dejar a la familia curiosear cuando trabajaban, advirtiendo a los pequeños que estuvieran quietecitos y no hicieran ruido en tales momentos.

La película se llamaba “El castillo del tesoro” y el argumento era este: Después de las cruzadas, a su castillo regresó un Marqués, encontrando que durante su ausencia su castillo había sido invadido por un enemigo  que tras  acabar con la poca resistencia,  había matado a toda su familia por negarse a decir donde estaba escondida la fortuna  del Marquesado; un verdadero tesoro consistente en varios baúles repletos de joyas de oro, diamantes,  perlas, brillantes, esmeraldas, etc.

Tras el asalto al castillo, el Marques consiguió reconquistarlo, pero su situación monetaria  era tan endeble que apenas podía pagar a sus soldados y sirvientes.

Entonces empezó a buscar el tesoro, mandando  excavar en cualquier sitio donde su fallecida esposa lo hubiera escondido, sin resultado. Es entonces cuando se le presentó un brujo asegurándole que con sus mañas podía ayudarle a cambio de una parte del tesoro.

El Marques aceptó el trato y el brujo ayudado por otras seis personas empezó  a convocar a los espíritus de los familiares del Marques para que se materializasen y les dijesen donde estaba el tesoro.

Ahora volvamos nuevamente al tiempo del rodaje.

Un día, el director de cine le dice al Conde: a partir de mañana vamos a rodar algunas escenas nocturnas para dar más ambiente a la película. Advierte a tu familia de que durante las próximas  noches haremos ruidos  de cadenas y cosas así, que no se preocupen.

Y tal como dijo el director de la película, durante varios días se rodaron escenas de fantasmas que eran  convocados por el brujo, pero que por alguna causa desconocida, tal vez una maldición, no eran los que se debían materializar si no otros de otros tiempos remotos, que empezaron a matar a personas cada noche  trasformándose la película en una historia llena de terror y sangre  hasta que por último, la  supuesta maldición que pesaba sobre el castillo, hace que este se incendie quedando devastado , y encontrándose el tesoro entre las ruinas junto al  cadáver del Marques carbonizado.

Como es natural estas escenas en las que  sale el castillo ardiendo se hicieron con una maqueta  a tamaño pequeño y con algunos efectos especiales de explosiones y parafernalias semejantes. Que dieron gran relieve al final de la película.

Finalizada filmación de la  película, los cineastas con su equipo desaparecieron  y la vida de nuestro amigo el Conde y su familia prosiguió como antes. D. Pedro siguió pintando  los cuadros que inmediatamente se  enviaban a los Estados Unidos donde su representante los vendía rápidamente pues tal era la demanda.

Todo parecía transcurrir con la habitual monotonía, hasta que tan solo una semana después, sobre las cuatro de la madrugada, todos sin excepción, se  despertaron sobresaltados ante un creciente fragor de arrastre de cadenas. Un fragor estruendoso, como el que se producía cuando estaban los cineastas rodando su película.

Todos los del castillo desde el Conde y su conyugue hasta los sirvientes y los niños salieron asombrados de sus aposentos. El ruido era atronador y parecía surgir de todas partes haciéndose casi imposible dictaminar su procedencia, pero no les dio tiempo  ni a establecer una búsqueda ni nada, ya  que a los cinco minutos  el ruido se fue apagando hasta desaparecer completamente.

-Esto es muy raro,  esos  del cine se han debido dejar algún aparato, mañana, me ocuparé del asunto, ahora no son horas  de hacer nada. Volvamos a dormir. –Dijo el Conde a los demás.

Apenas se levantó  de la cama  D. Pedro, el Conde pintor, se puso en contacto telefónico con la productora  cinematográfica y les dijo: Se han debido de dejar algún aparato  en el castillo pues anoche se volvieron a oír los ruidos de cadenas como cuando ustedes rodaban las escenas de fantasmas.

Desde el otro lado de la línea le contestaron: eso que dice es imposible, el sonido se transmite desde un camión donde está instalado todo  el sistema de audio, menos los altavoces que se distribuyeron y se quitaron en cada escena, no obstante esta tarde tengo que ver al técnico de sonido y ya le diré lo que sea.

Aquella tarde,  al Conde nada le dijeron y por la noche de nuevo aparecieron los arrastres de cadenas y aunque trataron de localizar el origen, fue imposible, pues apenas cinco minutos después, enmudeció.

Nuevamente D. Pedro telefoneó a la productora, esta vez con  enfado, pero se excusaron asegurándole que habían extraviado su numero de teléfono y  que además habían hablado con el técnico de sonido y este les había informado de que ellos no tenían nada que ver con esos problemas, que en su equipo no faltaba ninguna pieza.- Añadiendo- Mire, usted esas son cosas muy extrañas.  Si usted quiere, le podemos poner con el asesor de  asuntos paranormales que se ocupo de la película.

No muy convencido, el Conde D. Pedro, le contestó iracundo.

Escúcheme, déjese de tonterías, si no se preocupan ustedes de resolver este asunto acudiré a los tribunales.

-Al oír esto, el interlocutor, que era el propio  director del film respondió en tono moderado.

No nos tenemos que enfadar por una tontería. No quiero problemas, no me gustan los abogados. Así que esta tarde sin falta le envío al equipo técnico al completo y al asesor de asuntos paranormales, usted no se preocupe que por mi no va a quedar.

Esta vez no fallaron, llenos de curiosidad, aquella misma tarde acudieron al castillo cinco personas  dos eran del equipo técnico, otras, el director del film y el productor y por último el asesor de asuntos paranormales.

Un  revuelo de explicaciones, expusieron todos los  habitantes del castillo atropelladamente, queriendo explica lo que estaba sucediendo.– Y no podemos dormir de miedo que tenemos  dijo la cocinera en último lugar.

Pues si a ustedes les parece bien, esta noche, ya que somos bastantes, podríamos quedarnos a investigar,  cada uno se pondría en un lugar para poder controlar una buena zona. –Propuso el asesor de asuntos paranormales. –Añadiendo tras observarlos uno por uno, como intentando adivinar sus pensamientos.

Claro que los niños no cuentan en el experimento.

No fue fácil convencerlos a todos,  cada cual objetaba alguna cosa para no quedarse.

Fue la contundencia de un fuerte puñetazo sobre la mesa descargado por el Conde el que terminó con las evasivas al exclamar con enojo: -¡Indudablemente ustedes me ha tomado por imbecil o son unos cobardes que temen quedarse una noche en este castillo! Así que ya se pueden marchar si tan cobardes son, porque, ni mis familiares, ni mis sirvientes ni yo, estamos locos.

Ante este desplante, el productor fue el que propuso exhibiendo una amplia sonrisa:

Bueno pues nada, una mala noche la tiene cualquiera, no creo que por eso nos vallamos a morir de miedo ¿Nos quedamos?

 

Todos asintieron quizá pensando que esta situación era absurda, que los fantasmas no existen, pero al productor, al que pone el dinero para darles trabajo, no había que darle la espalda.

Matilde  y Fermín el mayordomo prepararon cena para todos y después  de hacer los típicos comentarios de fútbol, política y de cine, estudiaron sobre el plano del castillo como se distribuirían las personas a fin de controlar cada cual, como ya se mencionó, una zona.

Fue Fermín, el encargado de ir situándolos uno por uno en los distintos lugares y  cada uno portando una linterna eléctrica por si fallaba el alumbrado y un walki talki que los ínter /conexionaba a todos vía radio

ante cualquier descubrimiento o contingencia.

Empezó a discurrir la noche sin mayores novedades de las normales, pero cuando las campanas  del   reloj de la torre del homenaje dejaron de sonar anunciando las cuatro de la madrugada, se inicio el  Fragor de arrastre de cadenas, pero en esta ocasión, cuando ya empezaban a desvanecerse  los sonoros arrastres, se oyó un alarido de muerte  que provenía de un claustro del tercer piso, el de las almenas altas de defensa.

Corriendo, todos fueron hacia el lugar que debía ocupar el director de cine, Luis  Marcia, que no contestaba por el Walki Talki. Y allí en el suelo, con la cara desencajad, estaba, muerto.

Ante  este hecho intervino la policía y el médico forense que atribuyó esta muerte a un paro cardiaco natural, puesto que Luis padecía del corazón desde hacia tiempo.

Ante las declaraciones que se hicieron a los comisarios de policía, se dispuso que una pareja de estos se quedase de guardia una noche pero en esa noche ni las dos siguientes nada sucedió, y la policía fue retirada del lugar.

Una semana después, de nuevo se oyeron las cadenas,  y esta vez, cuando enmudecieron encontraron a Matilde muerta por haber caído por las escaleras del gran salón.

Aquello era insólito, dos muertos en una semana;  cuando sonaban las cadenas  fantasmales no era casual a pesar de que la policía aseguraba que la muerte de la cocinera se había producido por haber caído por las escaleras rompiéndose el cuello. Seguramente resbaló o perdió pie. Afirmó tajante el comisario. Asegurando que:- estas cosas no pasan en mil años y pueden suceder en un minuto, simple casualidad.

¿Pero y los ruidos de cadenas? Le inquirió El Conde.

Pues no sé que decirle, nosotros no hemos oído nada. Si le parece bien, dejaré otro par de agentes, pero a su costa, el gobierno no se puede hacer cargo de fantasías.

Al Conde no le sedujo gastar un dineral por tener protección policial y decidió que lo mejor seria mandar a su esposa e hijos a casa de los suegros, los padres de ella, que vivían en Barcelona.

Después de llevar a su familia   a Barcelona, recibió la llamada del  experto en asuntos paranormales que le dijo:

-Estoy muy interesado con los problemas del castillo y si no tiene inconveniente me gustaría ir a investigar.

-Para mi será un placer tenerlo aquí y estoy dispuesto a secundarle  a ver si acabamos de una vez con este misterio.

– Pues nada,  esta noche estoy ahí con usted.¡Hasta luego! ¡Ah ¡ Olvidaba decirle que también me acompañará un amigo detective muy interesado en estos casos, si le parece bien

-Pueden venir los dos, mientras más seamos, más reiremos, como dice el refrán.

El detective resultó ser una señorita de unos veinticinco años, de escultural belleza, hermana del asesor y que cocinaba estupendamente lo que fue una estupenda solución.

El asesor  emplazó varias cámaras y micrófonos en distintos lugares y así pasaron varias noches sin ninguna novedad, el arrastre de cadenas no se oyó en esas noches.

La tercera noche el asesor expuso una teoría que se le había ocurrido a Lolita, su hermana.

-Ella ha estudiado el caso y ha llegado a una conclusión: Este castillo alberga fantasmas de otras épocas que han vuelto al ser invocados cuando lo hacíamos para la película. Realmente no le encuentro otra explicación. ¿No posee usted algún libro donde se cuente la historia del castillo y sus antepasados?

El Conde D: Pedro se quedó pensando un momento y después dijo  con el semblante preocupado.

Abajo en la biblioteca hay muchos libros y legajos, algunos antiquísimos, escritos sobre pergaminos y en latín, si se atreve con ellos, les puede echar un vistazo o lo que haga falta. Verdaderamente es una excelente idea. Empezaremos mañana, en cuanto amanezca.

Aquella noche hubo el jaleo de  las cadenas y tal, pero casi nadie se inmutó, tan solo Lolita y su  hermano permanecieron vigilando las escenas que recogían las cámaras instaladas. Pero solo en una les pareció vislumbrar una sombra extraña que pasó, un instante., por un pasillo, perdiéndose en la oscuridad.

Al otro día comentaron lo visto con el Conde.

Lo malo es que no ha quedado gravada ninguna cosa, es muy extraño.

Durante toda la mañana estuvieron revisando Todos los libros de la biblioteca pero no encontraron nada anormal en ellos, la mayoría de los más antiguos trataban de asuntos religiosos  de diferentes épocas sin embargo, los pergaminos , bastante deteriorados estaban escritos en latín;   ante ese problema decidieron llamar a alguien que entendiera ese idioma. ¿Y quien mejor que un sacerdote?

Dos horas después ya habían localizado a uno conocido del Conde al que pusieron al corriente del caso.

El cura, tras echar aun vistazo a los pergaminos, dijo:

Estos documentos datan de los años1489 alos años 1497,  aproximadamente cuando se descubrió América, que fue en 1492 .Están muy revueltos y lo escrito es confuso, por las manchas y el paso del tiempo. Tendré que ordenarlos  y después trataré de leerlos aunque no os garantizo nada, parecen escrituras de propiedades, partidas de nacimiento, actas notariales y cosas así.

¿Ya en esos tiempos existían, tales documentos? Preguntó Fermín el  mayordomo con asombro.

Ya los romanos hicieron su legislación que aún es utilizada y mucho antes, los griegos, los fenicios y otros pueblos como los egipcios, tenían  leyes y documentos de propiedades y de todas clases. Podría asegurar que  las leyes han existido siempre.—Afirmó el sacerdote , padre Juan. –Añadiendo: -Si  os parece bien me puedo llevar todos estos pergaminos a mi casa y estudiarlos entre misas, enterramientos, bodas y bautizos, pues debo atender la parroquia. Supongo que en un par de días lo tendré todo pasado a un borrador en castellano.

El Conde, sonriendo le dijo: Estaremos impacientes esperando sus noticias, padre.

Cuando El Conde vio que ya habían transcurrido tres días y el sacerdote no decía nada llamó a su casa, y el ama la sirvienta del cura, le comunicó que el padre Juan había sufrido un accidente y se encontraba sin conocimiento en el Hospital Central de Barcelona.

D: Pedro se quedó sorprendido y apenas sabia que decir ante esta noticia, pero sacando fuerzas de flaqueza le preguntó–¿Y como ha sido?

Fue una cosa muy rara estaba dando un sermón sobre El púlpito, se desprendió la barandilla y se precipito al vacío cayendo sobre un banco con tan mala fortuna que se golpeó la cabeza. Fue algo increíble, pues el púlpito era nuevo, apenas tenia un año.Yo estaba allí y me dio la impresión de que alguien lo empujaba  pues hizo ademán de desprenderse de una fuerza misteriosa.

¿ Y no sabe usted nada de unos legajos que tenia que leer?

Los dejó todos recogidos en un cajón así como una libreta en la que hizo algunos apuntes, pero no sé si puedo  entregarlos a nadie ni dejar que vean los apuntes que hizo, así que tendrá que esperar a que el padre Juan se recupere, el doctor que lo ha examinado aseguró que en menos de una semana deberá salir de su letargo.

Esta misma tarde iré a visitarlo si me dice la habitación que ocupa.

Aquella misma tarde El Conde Blanco, se personó en el hospital para visitar al sacerdote y cual no seria su sorpresa al ver que estaba otro cura, el vicario de la misma parroquia y que le comunicó las últimas novedades.

–         Según ha dicho el doctor, las constantes vitales señalan un brusco empeoramiento y temen por su vida.

Durante largo rato el Conde y el cura estuvieron hablando de diferentes cuestiones  hasta que llegaron al tema de lo de los documentos, a lo que el vicario le dijo :  Sé de esos documentos ,pues me lo comento el padre Juan , si le parece bien y dado que él no puede hacerlo, yo puedo ocuparme .

Seria una excelente ayuda pues me corre un poco de prisa saber lo que hay escrito en esos pergaminos.

Al día siguiente el vicario llamó por teléfono   y dijo.

El padre Juan Ya había puesto en orden cronológica cada pergamino y escrito algunas cosas en la libreta pero son tan increíbles que tendría que venir aquí para que se las leyese pues son algo difícil de contar por teléfono.

Ahora mismo voy para allá si le parece.

Cuando llegaron ala casa del vicario se encontraron que esta estaba rodeada de policías y la sirvienta salió a su encuentro tremendamente excitada.– ¡Que gran desgracia, el vicario ha muerto  de una descarga eléctrica cuando manipulaba un micrófono de la iglesia!

El rostro del Conde se ensombreció instantáneamente  y dirigiéndose al comisario  al que ya conocía por los accidentes del castillo le gritó: ¿Esta muerte  también es otra casualidad?

-¿Que insinúa usted? –Le preguntó como respuesta. –Añadiendo autoritario. –Tendrá que acompañarme a comisaría a aclarar tantas desgracias en las que siempre está usted por medio.

Ya en la comisaría el agente de policia, después de que el Conde lo pusiera al corriente de todo, se le quedó mirando fijamente y al fin exclamó –Que me aspen si he entendido algo. ¿ Y dice usted que casi todas las noches se oyen los ruidos de cadenas?

_Así es, pero la verdad es que ya nos estamos acostumbrando, ahora lo que seria interesante es recuperar esos documentos y ver de una puñetera vez lo que contienen.

– Pues por eso no se preocupe, ahora mismo llamo para que nos los traigan.

Como era de prever de los documentos nada se podía discernir, pero en la libreta se tenían aclarados  muchos pormenores, pues decía.

–He leído todos los pergaminos que me entregó el Conde D. Pedro y a pesar de su deterioro he llegado a las conclusiones siguientes.

Uno de los barcos españoles cargados de oro que volvía de América, sufrió un ataque por los corsarios a  la altura de la isla de Mallorca y aunque repelió con éxito el asalto de los corsarios, el barco quedó muy mal para navegar y en su huida de los atacantes enfiló rumbo al puerto de Barcelona donde se refugió. Pero como a las veinticuatro horas de estar  allí había desaparecido una importante cantidad del oro transportado a pesar de la custodia de las autoridades portuarias que no se hacían cargo de la desaparición, y al otro día también desapareció otra cantidad no menos importante pese a que se reforzó la guardia, se acordó  que como el barco no podía navegar hasta que no  se reparase en los astilleros, lo mejor era transportar el oro a un castillo cercano donde una guarnición del Marques De Santillano que  se comprometió por su honor a protegerlo el tiempo necesario.

Todo el oro se cargó en varios carros tirados por mulas y se emprendió el camino al castillo. Donde fue puesto en lugar seguro con una fuerte guardia para protegerlo.

Apenas una semana después el castillo fue asaltado por las tropas del Conde  Blanco que pasó por las armas a toda la guarnición incluyendo al Marques De Santillano y su familia.

Un tiempo después, hizo entrega del oro a la corona  afirmando que había atacado al Marques porque le constaba que se quería apoderar del oro para  entregarlo a los enemigos de la patria y ayudarles en la guerra. El Marques entregó a la corona varios documentos falsos, firmados por El Marques que demostraban lo que decía y que fueron conseguidos  torturando al Marques y a su familia, a los que finalmente mataron.  Por estos servicios aportados al rey este le otorgó el titulo de Conde Blanco y la propiedad del castillo y todas sus tierras.

El que escribió estos legajos, que dice que  fueron  horrorosos y criminales, jura que todo es verdad pero que no se atrevió a hacerlos públicos por temor al Conde Blanco ya que era su escribano y a la menor sospecha  habría acabado con él y toda su estirpe. Pero que lo escribió y dejó oculto en un rincón de la biblioteca para que algún día alguien lo encontrase y supiera que el Autentico Conde Blanco con las últimas palabras de su vida dijo.

Dios sabe que soy inocente y yo os maldigo para que algún día todos los descendientes y amigos del falso Conde sean exterminados.

El Conde Pedro, mientras regresaba a su castillo no paraba de pensar que un antepasado suyo hubiera sido tan criminal. ¿Pero porque esa maldición también caía sobre cualquiera que se acercase al problema ¿ Aquello era demencial , estaban cayendo inocentes por una cosa pasada hacia quinientos años.  Y pensaba: Las maldiciones son así ¿Por qué si no  toda la humanidad estamos pagando lo que hicieron Adán y Eva? Y Pensó: Haber si ahora va a pasar como en la película, que se incendiará el castillo y moriremos todos achicharrados. Y una lágrima resbaló por su mejilla pensando en sus hijos y su esposa.

Aunque también recordaba las palabras que un rato antes le dijera el comisario que no paró de animarle diciendo:

-Muchas veces las casualidades se acumulan de tal forma que nos hacen dudar pero en este caso yo como policía no veo culpables de nada a nadie, todo son, nada más que simples casualidades.

Desde el día en que se descifraron los textos escritos en aquellos pergaminos ya no ha vuelto a suceder nada anormal, nadie ha muerto  de forma  extraña, el sacerdote se curó y fue dado de alta, el especialista en asuntos  paranormales regresó a sus quehaceres. Su hermosa hermana y el Mayordomo se casaron muy enamorados y consiguieron reivindicar que se pusieran más trabajadores en el castillo y hoy ya tienen tres hijos y una niña tan guapa como su madre.

Pero algunas noches, cuando el viento sopla de tramontana, todos tiemblan aterrados porque entre el silbido del viento parecen escucharse las cadenas  y las palabras del antiguo Conde, maldiciendo a todos los que allí viven.

 

FIN

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EL CASTILLO DEL TESORO

EL CASTILLO  DEL TESORO

 

 

A pesar de amanecer con lluvia y viento racheado con una temperatura rozando los cero grados, ante el puente levadizo del castillo del Conde Blanco llegaron varios camiones cargados con los materiales necesarios, para empezar el rodaje de la película de la que le hablase unos días antes el representante dela Productoracinematográfica Cineline.

Al estruendo de las bocinas,  el puente bajó,  dejando paso a los vehículos que se adentraron hasta la gran plaza del interior.

Momentos después, el señor del  castillo D. Pedro Blanco del Río, tras la firma del contrato  en el que constaba el alquiler por dos meses del regio inmueble, recibía de manos del productor de cine un sobre conteniendo los doce mil euros tratados con el representante Julio Cortina, el encargado de buscar los exteriores idóneos para las filmaciones.

Retrocedamos al momento en que estando D. Pedro  pintando el paisaje circundante  del castillo se personó a bordo de su automóvil el encargado de buscar  exteriores y le propuso al  Conde pintor  que alquilase el castillo para filmar una película. Tras breve conversación D, Pedro accedió con la condición de que él con su familia  y servicio ocuparían una parte del suntuoso edificio.

– Les voy a alquilar mi castillo por que siento curiosidad por saber como se filma una película.

Realmente, nuestro Conde vivía de su trabajo como un cotizado pintor ganando más que suficiente para mantener a su  mujer, Asunción y dos hijos pequeños, además de un ama de llaves, Matilde, y un mayordomo, Fermín, que hacia de chofer, jardinero, y ayudaba a  Matilde en algunas cosas como  servir la mesa.

Ante el entusiasmo despertado por el Conde, el director de la película no tuvo inconveniente en dejar a la familia curiosear cuando trabajaban, advirtiendo a los pequeños que estuvieran quietecitos y no hicieran ruido en tales momentos.

La película se llamaba “El castillo del tesoro” y el argumento era este: Después de las cruzadas, a su castillo regresó un Marqués, encontrando que durante su ausencia su castillo había sido invadido por un enemigo  que tras  acabar con la poca resistencia,  había matado a toda su familia por negarse a decir donde estaba escondida la fortuna  del Marquesado; un verdadero tesoro consistente en varios baúles repletos de joyas de oro, diamantes,  perlas, brillantes, esmeraldas, etc.

Tras el asalto al castillo, el Marques consiguió reconquistarlo, pero su situación monetaria  era tan endeble que apenas podía pagar a sus soldados y sirvientes.

Entonces empezó a buscar el tesoro, mandando  excavar en cualquier sitio donde su fallecida esposa lo hubiera escondido, sin resultado. Es entonces cuando se le presentó un brujo asegurándole que con sus mañas podía ayudarle a cambio de una parte del tesoro.

El Marques aceptó el trato y el brujo ayudado por otras seis personas empezó  a convocar a los espíritus de los familiares del Marques para que se materializasen y les dijesen donde estaba el tesoro.

Ahora volvamos nuevamente al tiempo del rodaje.

Un día, el director de cine le dice al Conde: a partir de mañana vamos a rodar algunas escenas nocturnas para dar más ambiente a la película. Advierte a tu familia de que durante las próximas  noches haremos ruidos  de cadenas y cosas así, que no se preocupen.

Y tal como dijo el director de la película, durante varios días se rodaron escenas de fantasmas que eran  convocados por el brujo, pero que por alguna causa desconocida, tal vez una maldición, no eran los que se debían materializar si no otros de otros tiempos remotos, que empezaron a matar a personas cada noche  trasformándose la película en una historia llena de terror y sangre  hasta que por último, la  supuesta maldición que pesaba sobre el castillo, hace que este se incendie quedando devastado , y encontrándose el tesoro entre las ruinas junto al  cadáver del Marques carbonizado.

Como es natural estas escenas en las que  sale el castillo ardiendo se hicieron con una maqueta  a tamaño pequeño y con algunos efectos especiales de explosiones y parafernalias semejantes. Que dieron gran relieve al final de la película.

Finalizada filmación de la  película, los cineastas con su equipo desaparecieron  y la vida de nuestro amigo el Conde y su familia prosiguió como antes. D. Pedro siguió pintando  los cuadros que inmediatamente se  enviaban a los Estados Unidos donde su representante los vendía rápidamente pues tal era la demanda.

Todo parecía transcurrir con la habitual monotonía, hasta que tan solo una semana después, sobre las cuatro de la madrugada, todos sin excepción, se  despertaron sobresaltados ante un creciente fragor de arrastre de cadenas. Un fragor estruendoso, como el que se producía cuando estaban los cineastas rodando su película.

Todos los del castillo desde el Conde y su conyugue hasta los sirvientes y los niños salieron asombrados de sus aposentos. El ruido era atronador y parecía surgir de todas partes haciéndose casi imposible dictaminar su procedencia, pero no les dio tiempo  ni a establecer una búsqueda ni nada, ya  que a los cinco minutos  el ruido se fue apagando hasta desaparecer completamente.

-Esto es muy raro,  esos  del cine se han debido dejar algún aparato, mañana, me ocuparé del asunto, ahora no son horas  de hacer nada. Volvamos a dormir. –Dijo el Conde a los demás.

Apenas se levantó  de la cama  D. Pedro, el Conde pintor, se puso en contacto telefónico con la productora  cinematográfica y les dijo: Se han debido de dejar algún aparato  en el castillo pues anoche se volvieron a oír los ruidos de cadenas como cuando ustedes rodaban las escenas de fantasmas.

Desde el otro lado de la línea le contestaron: eso que dice es imposible, el sonido se transmite desde un camión donde está instalado todo  el sistema de audio, menos los altavoces que se distribuyeron y se quitaron en cada escena, no obstante esta tarde tengo que ver al técnico de sonido y ya le diré lo que sea.

Aquella tarde,  al Conde nada le dijeron y por la noche de nuevo aparecieron los arrastres de cadenas y aunque trataron de localizar el origen, fue imposible, pues apenas cinco minutos después, enmudeció.

Nuevamente D. Pedro telefoneó a la productora, esta vez con  enfado, pero se excusaron asegurándole que habían extraviado su numero de teléfono y  que además habían hablado con el técnico de sonido y este les había informado de que ellos no tenían nada que ver con esos problemas, que en su equipo no faltaba ninguna pieza.- Añadiendo- Mire, usted esas son cosas muy extrañas.  Si usted quiere, le podemos poner con el asesor de  asuntos paranormales que se ocupo de la película.

No muy convencido, el Conde D. Pedro, le contestó iracundo.

Escúcheme, déjese de tonterías, si no se preocupan ustedes de resolver este asunto acudiré a los tribunales.

-Al oír esto, el interlocutor, que era el propio  director del film respondió en tono moderado.

No nos tenemos que enfadar por una tontería. No quiero problemas, no me gustan los abogados. Así que esta tarde sin falta le envío al equipo técnico al completo y al asesor de asuntos paranormales, usted no se preocupe que por mi no va a quedar.

Esta vez no fallaron, llenos de curiosidad, aquella misma tarde acudieron al castillo cinco personas  dos eran del equipo técnico, otras, el director del film y el productor y por último el asesor de asuntos paranormales.

Un  revuelo de explicaciones, expusieron todos los  habitantes del castillo atropelladamente, queriendo explica lo que estaba sucediendo.– Y no podemos dormir de miedo que tenemos  dijo la cocinera en último lugar.

Pues si a ustedes les parece bien, esta noche, ya que somos bastantes, podríamos quedarnos a investigar,  cada uno se pondría en un lugar para poder controlar una buena zona. –Propuso el asesor de asuntos paranormales. –Añadiendo tras observarlos uno por uno, como intentando adivinar sus pensamientos.

Claro que los niños no cuentan en el experimento.

No fue fácil convencerlos a todos,  cada cual objetaba alguna cosa para no quedarse.

Fue la contundencia de un fuerte puñetazo sobre la mesa descargado por el Conde el que terminó con las evasivas al exclamar con enojo: -¡Indudablemente ustedes me ha tomado por imbecil o son unos cobardes que temen quedarse una noche en este castillo! Así que ya se pueden marchar si tan cobardes son, porque, ni mis familiares, ni mis sirvientes ni yo, estamos locos.

Ante este desplante, el productor fue el que propuso exhibiendo una amplia sonrisa:

Bueno pues nada, una mala noche la tiene cualquiera, no creo que por eso nos vallamos a morir de miedo ¿Nos quedamos?

 

Todos asintieron quizá pensando que esta situación era absurda, que los fantasmas no existen, pero al productor, al que pone el dinero para darles trabajo, no había que darle la espalda.

Matilde  y Fermín el mayordomo prepararon cena para todos y después  de hacer los típicos comentarios de fútbol, política y de cine, estudiaron sobre el plano del castillo como se distribuirían las personas a fin de controlar cada cual, como ya se mencionó, una zona.

Fue Fermín, el encargado de ir situándolos uno por uno en los distintos lugares y  cada uno portando una linterna eléctrica por si fallaba el alumbrado y un walki talki que los ínter /conexionaba a todos vía radio

ante cualquier descubrimiento o contingencia.

Empezó a discurrir la noche sin mayores novedades de las normales, pero cuando las campanas  del   reloj de la torre del homenaje dejaron de sonar anunciando las cuatro de la madrugada, se inicio el  Fragor de arrastre de cadenas, pero en esta ocasión, cuando ya empezaban a desvanecerse  los sonoros arrastres, se oyó un alarido de muerte  que provenía de un claustro del tercer piso, el de las almenas altas de defensa.

Corriendo, todos fueron hacia el lugar que debía ocupar el director de cine, Luis  Marcia, que no contestaba por el Walki Talki. Y allí en el suelo, con la cara desencajad, estaba, muerto.

Ante  este hecho intervino la policía y el médico forense que atribuyó esta muerte a un paro cardiaco natural, puesto que Luis padecía del corazón desde hacia tiempo.

Ante las declaraciones que se hicieron a los comisarios de policía, se dispuso que una pareja de estos se quedase de guardia una noche pero en esa noche ni las dos siguientes nada sucedió, y la policía fue retirada del lugar.

Una semana después, de nuevo se oyeron las cadenas,  y esta vez, cuando enmudecieron encontraron a Matilde muerta por haber caído por las escaleras del gran salón.

Aquello era insólito, dos muertos en una semana;  cuando sonaban las cadenas  fantasmales no era casual a pesar de que la policía aseguraba que la muerte de la cocinera se había producido por haber caído por las escaleras rompiéndose el cuello. Seguramente resbaló o perdió pie. Afirmó tajante el comisario. Asegurando que:- estas cosas no pasan en mil años y pueden suceder en un minuto, simple casualidad.

¿Pero y los ruidos de cadenas? Le inquirió El Conde.

Pues no sé que decirle, nosotros no hemos oído nada. Si le parece bien, dejaré otro par de agentes, pero a su costa, el gobierno no se puede hacer cargo de fantasías.

Al Conde no le sedujo gastar un dineral por tener protección policial y decidió que lo mejor seria mandar a su esposa e hijos a casa de los suegros, los padres de ella, que vivían en Barcelona.

Después de llevar a su familia   a Barcelona, recibió la llamada del  experto en asuntos paranormales que le dijo:

-Estoy muy interesado con los problemas del castillo y si no tiene inconveniente me gustaría ir a investigar.

-Para mi será un placer tenerlo aquí y estoy dispuesto a secundarle  a ver si acabamos de una vez con este misterio.

– Pues nada,  esta noche estoy ahí con usted.¡Hasta luego! ¡Ah ¡ Olvidaba decirle que también me acompañará un amigo detective muy interesado en estos casos, si le parece bien

-Pueden venir los dos, mientras más seamos, más reiremos, como dice el refrán.

El detective resultó ser una señorita de unos veinticinco años, de escultural belleza, hermana del asesor y que cocinaba estupendamente lo que fue una estupenda solución.

El asesor  emplazó varias cámaras y micrófonos en distintos lugares y así pasaron varias noches sin ninguna novedad, el arrastre de cadenas no se oyó en esas noches.

La tercera noche el asesor expuso una teoría que se le había ocurrido a Lolita, su hermana.

-Ella ha estudiado el caso y ha llegado a una conclusión: Este castillo alberga fantasmas de otras épocas que han vuelto al ser invocados cuando lo hacíamos para la película. Realmente no le encuentro otra explicación. ¿No posee usted algún libro donde se cuente la historia del castillo y sus antepasados?

El Conde D: Pedro se quedó pensando un momento y después dijo  con el semblante preocupado.

Abajo en la biblioteca hay muchos libros y legajos, algunos antiquísimos, escritos sobre pergaminos y en latín, si se atreve con ellos, les puede echar un vistazo o lo que haga falta. Verdaderamente es una excelente idea. Empezaremos mañana, en cuanto amanezca.

Aquella noche hubo el jaleo de  las cadenas y tal, pero casi nadie se inmutó, tan solo Lolita y su  hermano permanecieron vigilando las escenas que recogían las cámaras instaladas. Pero solo en una les pareció vislumbrar una sombra extraña que pasó, un instante., por un pasillo, perdiéndose en la oscuridad.

Al otro día comentaron lo visto con el Conde.

Lo malo es que no ha quedado gravada ninguna cosa, es muy extraño.

Durante toda la mañana estuvieron revisando Todos los libros de la biblioteca pero no encontraron nada anormal en ellos, la mayoría de los más antiguos trataban de asuntos religiosos  de diferentes épocas sin embargo, los pergaminos , bastante deteriorados estaban escritos en latín;   ante ese problema decidieron llamar a alguien que entendiera ese idioma. ¿Y quien mejor que un sacerdote?

Dos horas después ya habían localizado a uno conocido del Conde al que pusieron al corriente del caso.

El cura, tras echar aun vistazo a los pergaminos, dijo:

Estos documentos datan de los años1489 alos años 1497,  aproximadamente cuando se descubrió América, que fue en 1492 .Están muy revueltos y lo escrito es confuso, por las manchas y el paso del tiempo. Tendré que ordenarlos  y después trataré de leerlos aunque no os garantizo nada, parecen escrituras de propiedades, partidas de nacimiento, actas notariales y cosas así.

¿Ya en esos tiempos existían, tales documentos? Preguntó Fermín el  mayordomo con asombro.

Ya los romanos hicieron su legislación que aún es utilizada y mucho antes, los griegos, los fenicios y otros pueblos como los egipcios, tenían  leyes y documentos de propiedades y de todas clases. Podría asegurar que  las leyes han existido siempre.—Afirmó el sacerdote , padre Juan. –Añadiendo: -Si  os parece bien me puedo llevar todos estos pergaminos a mi casa y estudiarlos entre misas, enterramientos, bodas y bautizos, pues debo atender la parroquia. Supongo que en un par de días lo tendré todo pasado a un borrador en castellano.

El Conde, sonriendo le dijo: Estaremos impacientes esperando sus noticias, padre.

Cuando El Conde vio que ya habían transcurrido tres días y el sacerdote no decía nada llamó a su casa, y el ama la sirvienta del cura, le comunicó que el padre Juan había sufrido un accidente y se encontraba sin conocimiento en el Hospital Central de Barcelona.

D: Pedro se quedó sorprendido y apenas sabia que decir ante esta noticia, pero sacando fuerzas de flaqueza le preguntó–¿Y como ha sido?

Fue una cosa muy rara estaba dando un sermón sobre El púlpito, se desprendió la barandilla y se precipito al vacío cayendo sobre un banco con tan mala fortuna que se golpeó la cabeza. Fue algo increíble, pues el púlpito era nuevo, apenas tenia un año.Yo estaba allí y me dio la impresión de que alguien lo empujaba  pues hizo ademán de desprenderse de una fuerza misteriosa.

¿ Y no sabe usted nada de unos legajos que tenia que leer?

Los dejó todos recogidos en un cajón así como una libreta en la que hizo algunos apuntes, pero no sé si puedo  entregarlos a nadie ni dejar que vean los apuntes que hizo, así que tendrá que esperar a que el padre Juan se recupere, el doctor que lo ha examinado aseguró que en menos de una semana deberá salir de su letargo.

Esta misma tarde iré a visitarlo si me dice la habitación que ocupa.

Aquella misma tarde El Conde Blanco, se personó en el hospital para visitar al sacerdote y cual no seria su sorpresa al ver que estaba otro cura, el vicario de la misma parroquia y que le comunicó las últimas novedades.

–         Según ha dicho el doctor, las constantes vitales señalan un brusco empeoramiento y temen por su vida.

Durante largo rato el Conde y el cura estuvieron hablando de diferentes cuestiones  hasta que llegaron al tema de lo de los documentos, a lo que el vicario le dijo :  Sé de esos documentos ,pues me lo comento el padre Juan , si le parece bien y dado que él no puede hacerlo, yo puedo ocuparme .

Seria una excelente ayuda pues me corre un poco de prisa saber lo que hay escrito en esos pergaminos.

Al día siguiente el vicario llamó por teléfono   y dijo.

El padre Juan Ya había puesto en orden cronológica cada pergamino y escrito algunas cosas en la libreta pero son tan increíbles que tendría que venir aquí para que se las leyese pues son algo difícil de contar por teléfono.

Ahora mismo voy para allá si le parece.

Cuando llegaron ala casa del vicario se encontraron que esta estaba rodeada de policías y la sirvienta salió a su encuentro tremendamente excitada.– ¡Que gran desgracia, el vicario ha muerto  de una descarga eléctrica cuando manipulaba un micrófono de la iglesia!

El rostro del Conde se ensombreció instantáneamente  y dirigiéndose al comisario  al que ya conocía por los accidentes del castillo le gritó: ¿Esta muerte  también es otra casualidad?

-¿Que insinúa usted? –Le preguntó como respuesta. –Añadiendo autoritario. –Tendrá que acompañarme a comisaría a aclarar tantas desgracias en las que siempre está usted por medio.

Ya en la comisaría el agente de policia, después de que el Conde lo pusiera al corriente de todo, se le quedó mirando fijamente y al fin exclamó –Que me aspen si he entendido algo. ¿ Y dice usted que casi todas las noches se oyen los ruidos de cadenas?

_Así es, pero la verdad es que ya nos estamos acostumbrando, ahora lo que seria interesante es recuperar esos documentos y ver de una puñetera vez lo que contienen.

– Pues por eso no se preocupe, ahora mismo llamo para que nos los traigan.

Como era de prever de los documentos nada se podía discernir, pero en la libreta se tenían aclarados  muchos pormenores, pues decía.

–He leído todos los pergaminos que me entregó el Conde D. Pedro y a pesar de su deterioro he llegado a las conclusiones siguientes.

Uno de los barcos españoles cargados de oro que volvía de América, sufrió un ataque por los corsarios a  la altura de la isla de Mallorca y aunque repelió con éxito el asalto de los corsarios, el barco quedó muy mal para navegar y en su huida de los atacantes enfiló rumbo al puerto de Barcelona donde se refugió. Pero como a las veinticuatro horas de estar  allí había desaparecido una importante cantidad del oro transportado a pesar de la custodia de las autoridades portuarias que no se hacían cargo de la desaparición, y al otro día también desapareció otra cantidad no menos importante pese a que se reforzó la guardia, se acordó  que como el barco no podía navegar hasta que no  se reparase en los astilleros, lo mejor era transportar el oro a un castillo cercano donde una guarnición del Marques De Santillano que  se comprometió por su honor a protegerlo el tiempo necesario.

Todo el oro se cargó en varios carros tirados por mulas y se emprendió el camino al castillo. Donde fue puesto en lugar seguro con una fuerte guardia para protegerlo.

Apenas una semana después el castillo fue asaltado por las tropas del Conde  Blanco que pasó por las armas a toda la guarnición incluyendo al Marques De Santillano y su familia.

Un tiempo después, hizo entrega del oro a la corona  afirmando que había atacado al Marques porque le constaba que se quería apoderar del oro para  entregarlo a los enemigos de la patria y ayudarles en la guerra. El Marques entregó a la corona varios documentos falsos, firmados por El Marques que demostraban lo que decía y que fueron conseguidos  torturando al Marques y a su familia, a los que finalmente mataron.  Por estos servicios aportados al rey este le otorgó el titulo de Conde Blanco y la propiedad del castillo y todas sus tierras.

El que escribió estos legajos, que dice que  fueron  horrorosos y criminales, jura que todo es verdad pero que no se atrevió a hacerlos públicos por temor al Conde Blanco ya que era su escribano y a la menor sospecha  habría acabado con él y toda su estirpe. Pero que lo escribió y dejó oculto en un rincón de la biblioteca para que algún día alguien lo encontrase y supiera que el Autentico Conde Blanco con las últimas palabras de su vida dijo.

Dios sabe que soy inocente y yo os maldigo para que algún día todos los descendientes y amigos del falso Conde sean exterminados.

El Conde Pedro, mientras regresaba a su castillo no paraba de pensar que un antepasado suyo hubiera sido tan criminal. ¿Pero porque esa maldición también caía sobre cualquiera que se acercase al problema ¿ Aquello era demencial , estaban cayendo inocentes por una cosa pasada hacia quinientos años.  Y pensaba: Las maldiciones son así ¿Por qué si no  toda la humanidad estamos pagando lo que hicieron Adán y Eva? Y Pensó: Haber si ahora va a pasar como en la película, que se incendiará el castillo y moriremos todos achicharrados. Y una lágrima resbaló por su mejilla pensando en sus hijos y su esposa.

Aunque también recordaba las palabras que un rato antes le dijera el comisario que no paró de animarle diciendo:

-Muchas veces las casualidades se acumulan de tal forma que nos hacen dudar pero en este caso yo como policía no veo culpables de nada a nadie, todo son, nada más que simples casualidades.

Desde el día en que se descifraron los textos escritos en aquellos pergaminos ya no ha vuelto a suceder nada anormal, nadie ha muerto  de forma  extraña, el sacerdote se curó y fue dado de alta, el especialista en asuntos  paranormales regresó a sus quehaceres. Su hermosa hermana y el Mayordomo se casaron muy enamorados y consiguieron reivindicar que se pusieran más trabajadores en el castillo y hoy ya tienen tres hijos y una niña tan guapa como su madre.

Pero algunas noches, cuando el viento sopla de tramontana, todos tiemblan aterrados porque entre el silbido del viento parecen escucharse las cadenas  y las palabras del antiguo Conde, maldiciendo a todos los que allí viven.

 

FIN

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EL CASTILLO DELTESORO

EL CASTILLO  DEL TESORO

 

 

A pesar de amanecer con lluvia y viento racheado con una temperatura rozando los cero grados, ante el puente levadizo del castillo del Conde Blanco llegaron varios camiones cargados con los materiales necesarios, para empezar el rodaje de la película de la que le hablase unos días antes el representante dela Productoracinematográfica Cineline.

Al estruendo de las bocinas,  el puente bajó,  dejando paso a los vehículos que se adentraron hasta la gran plaza del interior.

Momentos después, el señor del  castillo D. Pedro Blanco del Río, tras la firma del contrato  en el que constaba el alquiler por dos meses del regio inmueble, recibía de manos del productor de cine un sobre conteniendo los doce mil euros tratados con el representante Julio Cortina, el encargado de buscar los exteriores idóneos para las filmaciones.

Retrocedamos al momento en que estando D. Pedro  pintando el paisaje circundante  del castillo se personó a bordo de su automóvil el encargado de buscar  exteriores y le propuso al  Conde pintor  que alquilase el castillo para filmar una película. Tras breve conversación D, Pedro accedió con la condición de que él con su familia  y servicio ocuparían una parte del suntuoso edificio.

– Les voy a alquilar mi castillo por que siento curiosidad por saber como se filma una película.

Realmente, nuestro Conde vivía de su trabajo como un cotizado pintor ganando más que suficiente para mantener a su  mujer, Asunción y dos hijos pequeños, además de un ama de llaves, Matilde, y un mayordomo, Fermín, que hacia de chofer, jardinero, y ayudaba a  Matilde en algunas cosas como  servir la mesa.

Ante el entusiasmo despertado por el Conde, el director de la película no tuvo inconveniente en dejar a la familia curiosear cuando trabajaban, advirtiendo a los pequeños que estuvieran quietecitos y no hicieran ruido en tales momentos.

La película se llamaba “El castillo del tesoro” y el argumento era este: Después de las cruzadas, a su castillo regresó un Marqués, encontrando que durante su ausencia su castillo había sido invadido por un enemigo  que tras  acabar con la poca resistencia,  había matado a toda su familia por negarse a decir donde estaba escondida la fortuna  del Marquesado; un verdadero tesoro consistente en varios baúles repletos de joyas de oro, diamantes,  perlas, brillantes, esmeraldas, etc.

Tras el asalto al castillo, el Marques consiguió reconquistarlo, pero su situación monetaria  era tan endeble que apenas podía pagar a sus soldados y sirvientes.

Entonces empezó a buscar el tesoro, mandando  excavar en cualquier sitio donde su fallecida esposa lo hubiera escondido, sin resultado. Es entonces cuando se le presentó un brujo asegurándole que con sus mañas podía ayudarle a cambio de una parte del tesoro.

El Marques aceptó el trato y el brujo ayudado por otras seis personas empezó  a convocar a los espíritus de los familiares del Marques para que se materializasen y les dijesen donde estaba el tesoro.

Ahora volvamos nuevamente al tiempo del rodaje.

Un día, el director de cine le dice al Conde: a partir de mañana vamos a rodar algunas escenas nocturnas para dar más ambiente a la película. Advierte a tu familia de que durante las próximas  noches haremos ruidos  de cadenas y cosas así, que no se preocupen.

Y tal como dijo el director de la película, durante varios días se rodaron escenas de fantasmas que eran  convocados por el brujo, pero que por alguna causa desconocida, tal vez una maldición, no eran los que se debían materializar si no otros de otros tiempos remotos, que empezaron a matar a personas cada noche  trasformándose la película en una historia llena de terror y sangre  hasta que por último, la  supuesta maldición que pesaba sobre el castillo, hace que este se incendie quedando devastado , y encontrándose el tesoro entre las ruinas junto al  cadáver del Marques carbonizado.

Como es natural estas escenas en las que  sale el castillo ardiendo se hicieron con una maqueta  a tamaño pequeño y con algunos efectos especiales de explosiones y parafernalias semejantes. Que dieron gran relieve al final de la película.

Finalizada filmación de la  película, los cineastas con su equipo desaparecieron  y la vida de nuestro amigo el Conde y su familia prosiguió como antes. D. Pedro siguió pintando  los cuadros que inmediatamente se  enviaban a los Estados Unidos donde su representante los vendía rápidamente pues tal era la demanda.

Todo parecía transcurrir con la habitual monotonía, hasta que tan solo una semana después, sobre las cuatro de la madrugada, todos sin excepción, se  despertaron sobresaltados ante un creciente fragor de arrastre de cadenas. Un fragor estruendoso, como el que se producía cuando estaban los cineastas rodando su película.

Todos los del castillo desde el Conde y su conyugue hasta los sirvientes y los niños salieron asombrados de sus aposentos. El ruido era atronador y parecía surgir de todas partes haciéndose casi imposible dictaminar su procedencia, pero no les dio tiempo  ni a establecer una búsqueda ni nada, ya  que a los cinco minutos  el ruido se fue apagando hasta desaparecer completamente.

-Esto es muy raro,  esos  del cine se han debido dejar algún aparato, mañana, me ocuparé del asunto, ahora no son horas  de hacer nada. Volvamos a dormir. –Dijo el Conde a los demás.

Apenas se levantó  de la cama  D. Pedro, el Conde pintor, se puso en contacto telefónico con la productora  cinematográfica y les dijo: Se han debido de dejar algún aparato  en el castillo pues anoche se volvieron a oír los ruidos de cadenas como cuando ustedes rodaban las escenas de fantasmas.

Desde el otro lado de la línea le contestaron: eso que dice es imposible, el sonido se transmite desde un camión donde está instalado todo  el sistema de audio, menos los altavoces que se distribuyeron y se quitaron en cada escena, no obstante esta tarde tengo que ver al técnico de sonido y ya le diré lo que sea.

Aquella tarde,  al Conde nada le dijeron y por la noche de nuevo aparecieron los arrastres de cadenas y aunque trataron de localizar el origen, fue imposible, pues apenas cinco minutos después, enmudeció.

Nuevamente D. Pedro telefoneó a la productora, esta vez con  enfado, pero se excusaron asegurándole que habían extraviado su numero de teléfono y  que además habían hablado con el técnico de sonido y este les había informado de que ellos no tenían nada que ver con esos problemas, que en su equipo no faltaba ninguna pieza.- Añadiendo- Mire, usted esas son cosas muy extrañas.  Si usted quiere, le podemos poner con el asesor de  asuntos paranormales que se ocupo de la película.

No muy convencido, el Conde D. Pedro, le contestó iracundo.

Escúcheme, déjese de tonterías, si no se preocupan ustedes de resolver este asunto acudiré a los tribunales.

-Al oír esto, el interlocutor, que era el propio  director del film respondió en tono moderado.

No nos tenemos que enfadar por una tontería. No quiero problemas, no me gustan los abogados. Así que esta tarde sin falta le envío al equipo técnico al completo y al asesor de asuntos paranormales, usted no se preocupe que por mi no va a quedar.

Esta vez no fallaron, llenos de curiosidad, aquella misma tarde acudieron al castillo cinco personas  dos eran del equipo técnico, otras, el director del film y el productor y por último el asesor de asuntos paranormales.

Un  revuelo de explicaciones, expusieron todos los  habitantes del castillo atropelladamente, queriendo explica lo que estaba sucediendo.– Y no podemos dormir de miedo que tenemos  dijo la cocinera en último lugar.

Pues si a ustedes les parece bien, esta noche, ya que somos bastantes, podríamos quedarnos a investigar,  cada uno se pondría en un lugar para poder controlar una buena zona. –Propuso el asesor de asuntos paranormales. –Añadiendo tras observarlos uno por uno, como intentando adivinar sus pensamientos.

Claro que los niños no cuentan en el experimento.

No fue fácil convencerlos a todos,  cada cual objetaba alguna cosa para no quedarse.

Fue la contundencia de un fuerte puñetazo sobre la mesa descargado por el Conde el que terminó con las evasivas al exclamar con enojo: -¡Indudablemente ustedes me ha tomado por imbecil o son unos cobardes que temen quedarse una noche en este castillo! Así que ya se pueden marchar si tan cobardes son, porque, ni mis familiares, ni mis sirvientes ni yo, estamos locos.

Ante este desplante, el productor fue el que propuso exhibiendo una amplia sonrisa:

Bueno pues nada, una mala noche la tiene cualquiera, no creo que por eso nos vallamos a morir de miedo ¿Nos quedamos?

 

Todos asintieron quizá pensando que esta situación era absurda, que los fantasmas no existen, pero al productor, al que pone el dinero para darles trabajo, no había que darle la espalda.

Matilde  y Fermín el mayordomo prepararon cena para todos y después  de hacer los típicos comentarios de fútbol, política y de cine, estudiaron sobre el plano del castillo como se distribuirían las personas a fin de controlar cada cual, como ya se mencionó, una zona.

Fue Fermín, el encargado de ir situándolos uno por uno en los distintos lugares y  cada uno portando una linterna eléctrica por si fallaba el alumbrado y un walki talki que los ínter /conexionaba a todos vía radio

ante cualquier descubrimiento o contingencia.

Empezó a discurrir la noche sin mayores novedades de las normales, pero cuando las campanas  del   reloj de la torre del homenaje dejaron de sonar anunciando las cuatro de la madrugada, se inicio el  Fragor de arrastre de cadenas, pero en esta ocasión, cuando ya empezaban a desvanecerse  los sonoros arrastres, se oyó un alarido de muerte  que provenía de un claustro del tercer piso, el de las almenas altas de defensa.

Corriendo, todos fueron hacia el lugar que debía ocupar el director de cine, Luis  Marcia, que no contestaba por el Walki Talki. Y allí en el suelo, con la cara desencajad, estaba, muerto.

Ante  este hecho intervino la policía y el médico forense que atribuyó esta muerte a un paro cardiaco natural, puesto que Luis padecía del corazón desde hacia tiempo.

Ante las declaraciones que se hicieron a los comisarios de policía, se dispuso que una pareja de estos se quedase de guardia una noche pero en esa noche ni las dos siguientes nada sucedió, y la policía fue retirada del lugar.

Una semana después, de nuevo se oyeron las cadenas,  y esta vez, cuando enmudecieron encontraron a Matilde muerta por haber caído por las escaleras del gran salón.

Aquello era insólito, dos muertos en una semana;  cuando sonaban las cadenas  fantasmales no era casual a pesar de que la policía aseguraba que la muerte de la cocinera se había producido por haber caído por las escaleras rompiéndose el cuello. Seguramente resbaló o perdió pie. Afirmó tajante el comisario. Asegurando que:- estas cosas no pasan en mil años y pueden suceder en un minuto, simple casualidad.

¿Pero y los ruidos de cadenas? Le inquirió El Conde.

Pues no sé que decirle, nosotros no hemos oído nada. Si le parece bien, dejaré otro par de agentes, pero a su costa, el gobierno no se puede hacer cargo de fantasías.

Al Conde no le sedujo gastar un dineral por tener protección policial y decidió que lo mejor seria mandar a su esposa e hijos a casa de los suegros, los padres de ella, que vivían en Barcelona.

Después de llevar a su familia   a Barcelona, recibió la llamada del  experto en asuntos paranormales que le dijo:

-Estoy muy interesado con los problemas del castillo y si no tiene inconveniente me gustaría ir a investigar.

-Para mi será un placer tenerlo aquí y estoy dispuesto a secundarle  a ver si acabamos de una vez con este misterio.

– Pues nada,  esta noche estoy ahí con usted.¡Hasta luego! ¡Ah ¡ Olvidaba decirle que también me acompañará un amigo detective muy interesado en estos casos, si le parece bien

-Pueden venir los dos, mientras más seamos, más reiremos, como dice el refrán.

El detective resultó ser una señorita de unos veinticinco años, de escultural belleza, hermana del asesor y que cocinaba estupendamente lo que fue una estupenda solución.

El asesor  emplazó varias cámaras y micrófonos en distintos lugares y así pasaron varias noches sin ninguna novedad, el arrastre de cadenas no se oyó en esas noches.

La tercera noche el asesor expuso una teoría que se le había ocurrido a Lolita, su hermana.

-Ella ha estudiado el caso y ha llegado a una conclusión: Este castillo alberga fantasmas de otras épocas que han vuelto al ser invocados cuando lo hacíamos para la película. Realmente no le encuentro otra explicación. ¿No posee usted algún libro donde se cuente la historia del castillo y sus antepasados?

El Conde D: Pedro se quedó pensando un momento y después dijo  con el semblante preocupado.

Abajo en la biblioteca hay muchos libros y legajos, algunos antiquísimos, escritos sobre pergaminos y en latín, si se atreve con ellos, les puede echar un vistazo o lo que haga falta. Verdaderamente es una excelente idea. Empezaremos mañana, en cuanto amanezca.

Aquella noche hubo el jaleo de  las cadenas y tal, pero casi nadie se inmutó, tan solo Lolita y su  hermano permanecieron vigilando las escenas que recogían las cámaras instaladas. Pero solo en una les pareció vislumbrar una sombra extraña que pasó, un instante., por un pasillo, perdiéndose en la oscuridad.

Al otro día comentaron lo visto con el Conde.

Lo malo es que no ha quedado gravada ninguna cosa, es muy extraño.

Durante toda la mañana estuvieron revisando Todos los libros de la biblioteca pero no encontraron nada anormal en ellos, la mayoría de los más antiguos trataban de asuntos religiosos  de diferentes épocas sin embargo, los pergaminos , bastante deteriorados estaban escritos en latín;   ante ese problema decidieron llamar a alguien que entendiera ese idioma. ¿Y quien mejor que un sacerdote?

Dos horas después ya habían localizado a uno conocido del Conde al que pusieron al corriente del caso.

El cura, tras echar aun vistazo a los pergaminos, dijo:

Estos documentos datan de los años1489 alos años 1497,  aproximadamente cuando se descubrió América, que fue en 1492 .Están muy revueltos y lo escrito es confuso, por las manchas y el paso del tiempo. Tendré que ordenarlos  y después trataré de leerlos aunque no os garantizo nada, parecen escrituras de propiedades, partidas de nacimiento, actas notariales y cosas así.

¿Ya en esos tiempos existían, tales documentos? Preguntó Fermín el  mayordomo con asombro.

Ya los romanos hicieron su legislación que aún es utilizada y mucho antes, los griegos, los fenicios y otros pueblos como los egipcios, tenían  leyes y documentos de propiedades y de todas clases. Podría asegurar que  las leyes han existido siempre.—Afirmó el sacerdote , padre Juan. –Añadiendo: -Si  os parece bien me puedo llevar todos estos pergaminos a mi casa y estudiarlos entre misas, enterramientos, bodas y bautizos, pues debo atender la parroquia. Supongo que en un par de días lo tendré todo pasado a un borrador en castellano.

El Conde, sonriendo le dijo: Estaremos impacientes esperando sus noticias, padre.

Cuando El Conde vio que ya habían transcurrido tres días y el sacerdote no decía nada llamó a su casa, y el ama la sirvienta del cura, le comunicó que el padre Juan había sufrido un accidente y se encontraba sin conocimiento en el Hospital Central de Barcelona.

D: Pedro se quedó sorprendido y apenas sabia que decir ante esta noticia, pero sacando fuerzas de flaqueza le preguntó–¿Y como ha sido?

Fue una cosa muy rara estaba dando un sermón sobre El púlpito, se desprendió la barandilla y se precipito al vacío cayendo sobre un banco con tan mala fortuna que se golpeó la cabeza. Fue algo increíble, pues el púlpito era nuevo, apenas tenia un año.Yo estaba allí y me dio la impresión de que alguien lo empujaba  pues hizo ademán de desprenderse de una fuerza misteriosa.

¿ Y no sabe usted nada de unos legajos que tenia que leer?

Los dejó todos recogidos en un cajón así como una libreta en la que hizo algunos apuntes, pero no sé si puedo  entregarlos a nadie ni dejar que vean los apuntes que hizo, así que tendrá que esperar a que el padre Juan se recupere, el doctor que lo ha examinado aseguró que en menos de una semana deberá salir de su letargo.

Esta misma tarde iré a visitarlo si me dice la habitación que ocupa.

Aquella misma tarde El Conde Blanco, se personó en el hospital para visitar al sacerdote y cual no seria su sorpresa al ver que estaba otro cura, el vicario de la misma parroquia y que le comunicó las últimas novedades.

–         Según ha dicho el doctor, las constantes vitales señalan un brusco empeoramiento y temen por su vida.

Durante largo rato el Conde y el cura estuvieron hablando de diferentes cuestiones  hasta que llegaron al tema de lo de los documentos, a lo que el vicario le dijo :  Sé de esos documentos ,pues me lo comento el padre Juan , si le parece bien y dado que él no puede hacerlo, yo puedo ocuparme .

Seria una excelente ayuda pues me corre un poco de prisa saber lo que hay escrito en esos pergaminos.

Al día siguiente el vicario llamó por teléfono   y dijo.

El padre Juan Ya había puesto en orden cronológica cada pergamino y escrito algunas cosas en la libreta pero son tan increíbles que tendría que venir aquí para que se las leyese pues son algo difícil de contar por teléfono.

Ahora mismo voy para allá si le parece.

Cuando llegaron ala casa del vicario se encontraron que esta estaba rodeada de policías y la sirvienta salió a su encuentro tremendamente excitada.– ¡Que gran desgracia, el vicario ha muerto  de una descarga eléctrica cuando manipulaba un micrófono de la iglesia!

El rostro del Conde se ensombreció instantáneamente  y dirigiéndose al comisario  al que ya conocía por los accidentes del castillo le gritó: ¿Esta muerte  también es otra casualidad?

-¿Que insinúa usted? –Le preguntó como respuesta. –Añadiendo autoritario. –Tendrá que acompañarme a comisaría a aclarar tantas desgracias en las que siempre está usted por medio.

Ya en la comisaría el agente de policia, después de que el Conde lo pusiera al corriente de todo, se le quedó mirando fijamente y al fin exclamó –Que me aspen si he entendido algo. ¿ Y dice usted que casi todas las noches se oyen los ruidos de cadenas?

_Así es, pero la verdad es que ya nos estamos acostumbrando, ahora lo que seria interesante es recuperar esos documentos y ver de una puñetera vez lo que contienen.

– Pues por eso no se preocupe, ahora mismo llamo para que nos los traigan.

Como era de prever de los documentos nada se podía discernir, pero en la libreta se tenían aclarados  muchos pormenores, pues decía.

–He leído todos los pergaminos que me entregó el Conde D. Pedro y a pesar de su deterioro he llegado a las conclusiones siguientes.

Uno de los barcos españoles cargados de oro que volvía de América, sufrió un ataque por los corsarios a  la altura de la isla de Mallorca y aunque repelió con éxito el asalto de los corsarios, el barco quedó muy mal para navegar y en su huida de los atacantes enfiló rumbo al puerto de Barcelona donde se refugió. Pero como a las veinticuatro horas de estar  allí había desaparecido una importante cantidad del oro transportado a pesar de la custodia de las autoridades portuarias que no se hacían cargo de la desaparición, y al otro día también desapareció otra cantidad no menos importante pese a que se reforzó la guardia, se acordó  que como el barco no podía navegar hasta que no  se reparase en los astilleros, lo mejor era transportar el oro a un castillo cercano donde una guarnición del Marques De Santillano que  se comprometió por su honor a protegerlo el tiempo necesario.

Todo el oro se cargó en varios carros tirados por mulas y se emprendió el camino al castillo. Donde fue puesto en lugar seguro con una fuerte guardia para protegerlo.

Apenas una semana después el castillo fue asaltado por las tropas del Conde  Blanco que pasó por las armas a toda la guarnición incluyendo al Marques De Santillano y su familia.

Un tiempo después, hizo entrega del oro a la corona  afirmando que había atacado al Marques porque le constaba que se quería apoderar del oro para  entregarlo a los enemigos de la patria y ayudarles en la guerra. El Marques entregó a la corona varios documentos falsos, firmados por El Marques que demostraban lo que decía y que fueron conseguidos  torturando al Marques y a su familia, a los que finalmente mataron.  Por estos servicios aportados al rey este le otorgó el titulo de Conde Blanco y la propiedad del castillo y todas sus tierras.

El que escribió estos legajos, que dice que  fueron  horrorosos y criminales, jura que todo es verdad pero que no se atrevió a hacerlos públicos por temor al Conde Blanco ya que era su escribano y a la menor sospecha  habría acabado con él y toda su estirpe. Pero que lo escribió y dejó oculto en un rincón de la biblioteca para que algún día alguien lo encontrase y supiera que el Autentico Conde Blanco con las últimas palabras de su vida dijo.

Dios sabe que soy inocente y yo os maldigo para que algún día todos los descendientes y amigos del falso Conde sean exterminados.

El Conde Pedro, mientras regresaba a su castillo no paraba de pensar que un antepasado suyo hubiera sido tan criminal. ¿Pero porque esa maldición también caía sobre cualquiera que se acercase al problema ¿ Aquello era demencial , estaban cayendo inocentes por una cosa pasada hacia quinientos años.  Y pensaba: Las maldiciones son así ¿Por qué si no  toda la humanidad estamos pagando lo que hicieron Adán y Eva? Y Pensó: Haber si ahora va a pasar como en la película, que se incendiará el castillo y moriremos todos achicharrados. Y una lágrima resbaló por su mejilla pensando en sus hijos y su esposa.

Aunque también recordaba las palabras que un rato antes le dijera el comisario que no paró de animarle diciendo:

-Muchas veces las casualidades se acumulan de tal forma que nos hacen dudar pero en este caso yo como policía no veo culpables de nada a nadie, todo son, nada más que simples casualidades.

Desde el día en que se descifraron los textos escritos en aquellos pergaminos ya no ha vuelto a suceder nada anormal, nadie ha muerto  de forma  extraña, el sacerdote se curó y fue dado de alta, el especialista en asuntos  paranormales regresó a sus quehaceres. Su hermosa hermana y el Mayordomo se casaron muy enamorados y consiguieron reivindicar que se pusieran más trabajadores en el castillo y hoy ya tienen tres hijos y una niña tan guapa como su madre.

Pero algunas noches, cuando el viento sopla de tramontana, todos tiemblan aterrados porque entre el silbido del viento parecen escucharse las cadenas  y las palabras del antiguo Conde, maldiciendo a todos los que allí viven.

 

FIN

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

los elegidos

NEW SPAIN

 

 

 

Carlos , estaba contento: Todo iba sobre ruedas: desde que heredo la inmensa fortuna de sus padres, los negocios le habían ido muy bien. Esto era  hacia tan solo quince años atrás…..¿ Pero como esta la situación ahora? Para saberlo deberemos regresar al principio de esta historia., a los años mil novecientos setenta y tantos. Carlos con apenas veinte años de edad heredaba una inmensa fortuna y una enorme finca de miles de hectáreas, una finca que atravesaba valles, varios ríos y terrenos de cultivo llegando a morir en la orillas de unas playas de arenas blancas y aguas cristalinas.

Inmediatamente, ante tal fortuna, nuestro protagonista se puso a malgastar  con juergas borracheras, y mujeres  de la vida, pero Juan  su mejor amigo le increpó la conducta.

_ Estas malgastando lo que a tus padres tanto les costó conseguir y ahorrar, deberías hacer algún negocio, controlar el gasto, cambiar de vida.

_ Bah lo que me renta el dinero es tanto que podría llevar esta marcha durante cientos de años, contestaba con soberbia a su amigo.

Pero el amigo que de tonto no tenía un pelo  y estaba muy bien informado de todo le volvía recriminar continuamente, siempre que venia al caso.

_Escúchame Carlos: Cuando murió tu madre, delante de ti le juré que te cuidaría como si fuese tu hermano mayor, siempre habéis tenido gran confianza con mi familia desde los años malos en que pusisteis a mi abuelo de encargado de la finca. Cargo que pasó a mi padre y que ahora ocupo yo. Gracias a vosotros yo no me puedo quejar, ni mis hermanos ni los demás obreros que siempre te han considerado un excelente persona, pero desde hace un tiempo corren rumores  de que estas cambiando y ya muchos hablan mal de ti, lo que nuca había hecho nadie en esta finca. Yo quisiera honrar la memoria de tu madre  y aunque ya sé que eres mayorcito  y nadie manda en ti quiero que sepas que si no me obedeces como si fuera tu hermano mayor dejaré de trabajar aquí, me buscaré otra casa y me iré con mi familia.

_Eso no me lo puedes hacer, la finca esta gobernada muy bien  y si te vas entonces no sabría que hacer. Si quieres un aumento de sueldo pídemelo sin rodeos y lo estudiaré,  pero no te marches, por favor.Intentaré cambiar si eso es lo que quieres.

Y Carlos cambió, cambió muchísimo como también cambió la finca la que antes se llamaba la ibérica y ahora  New Spain. Otra vez tenemos que hacer un retroceso en esta historia, para conocer porque tantas cosas habían variado.

El país estaba evolucionando y  Juan y Carlos no eran tontos y empezaron a explotar la inmensa finca. Lo primero fue construir un Hotel cerca de la playa. Y el hotel tuvo tanto éxito que pronto pensaron en construir otro. Pero había un problema el dinero se había acabado y aunque los bancos les daban créditos ellos no veían interesante pedirlos dado que en esa opción el banco les recortaba una importante parte de los beneficios. Fue entonces cuando unos hombrecillos se les ofrecieron a trabajar a los precios mínimos  permitidos por la ley, eran gentes extrañas, algunos de distintos colores, eran extraterrestres. Solo queremos trabajar aunque no ganemos mucho, usted dénos trabajo, mucho trabajo, aunque no ganemos mucho. Carlos y el capataz de la finca, hicieron cuentas y se dijeron: Con esta gente nos ahorramos una buena cantidad, lo contrataremos.  Y los contrataron. Y después de un hotel hicieron otro y un campo de golf y una urbanización y más hoteles. Tenemos que cambiar el nombre a la finca y como el turismo es el que mas rendimiento nos da podríamos ponerle un nombre más acorde con los tiempos, un nombre que fuera por ejemplo español e ingles.

Después de pensarlo y repensarlo a la fincala Ibéricaacordaron llamarla New  Spain Que en ingles quiere decir: Nueva España.

Las ganancias en New Spain eran cada vez más importantes, pero Carlos entusiasmado viendo crecer su patrimonio todo lo invertía en nuevos proyectos. Y construyo una aldea para los trabajadores que también le reportaban buenos dividendos. Y las casas de los obreros la mayoría de extraterrestres se fueron poblando  poco a poco de sus familias  que se venían de planetas lejanos a reunirse allí, y empezaron a tener descendencia. Un día los obreros empezaron a protestar, los del país por unas cosas y los extraterrestres por otras, el caso es que empezaron a producirse enfrentamientos, primero entre los niños y después ya entre mayores con resultados más graves.

A resulta de este mal convivir los españoles poco a poco tal como se fueron quedando en paro después de cumplidos los contratos fueron desapareciendo de New  Spain.

Y los extraterrestres cada vez exigían más, habían puesto sus sindicatos, sus lugares de oración, y sus costumbres, y fueron superando a las de los españoles. Consiguieron preferencias en todo, en colegios, en asistencia sanitaria y hasta podían votar en las elecciones de cualquier clase, aunque seguían exigiendo más y más cosas.

Como es natural ante tanta prosperidad los terrenos destinados a la agricultura y la ganadería habían desaparecido casi por completo y New Spain tenia que abastecerse de todo comprándolo fuera, en otros mercados. Juan, el amigo de Carlos y capataz o jefe de la finca murió a la edad de 85 años y se decidió  por los extraterrestres que se debería poner a uno elegido democráticamente. Como es natural Carlos, que ya contaba la edad de 78 años  puso el grito en el cielo exclamando: ¡Hasta ahí podíamos llegar,  aquí el que manda soy yo y pondré de encargado a quien me de la gana!

Aquella misma noche ardió uno de los hoteles, sin victimas afortunadamente, gracias a haber sido desalojado con prontitud, pero corrieron rumores de que había sido intencionadamente pues los bomberos encontraron manchas de gasolina en varios sitios. La gasolina deja huellas negras donde se quema.

Los empleados  además iniciaron una huelga de brazos caídos y todas las instalaciones de  New Spain se pararon durante ocho días, repercutiendo en la economía de Carlos que vio como sus hoteles se vaciaban de clientes y hasta los habitantes de las urbanizaciones de lujo se marchaban por encontrar serias dificultades para desenvolverse en aquel lugar lejos de cualquier sitio con todo cerrado, supermercados cine, salas de fiestas, bares, farmacia etc. Carlos no tuvo más remedio que ceder y al poco un extraterrestre fue elegido gobernador general de New-Spain.

Desde aquel momento la decadencia empezó en la colosal finca, pues cualquier cosa que se pidiera por parte de la masa obrera era considerada aceptable y lo primero fue que todos los obreros se subieron el salario al doble. Ya New Spain no era el lugar donde los salarios eran los más pequeños  de Europa En un plis, plas se convirtieron en los mejor pagados superando con creces a los  de los obreros alemanes o de otras latitudes donde antes eran  de mayor volumen.

A resultas de aquellos cambios pues no fue el de la subida de salarios el único, si no que también se consiguieron otras mejoras como que las viviendas antes de alquiler se considerasen gratuitas para todos los obreros añadiendo el gasto de electricidad , agua y gas también gratuitos que serian a cargo del D: Carlos cuyo patrimonio se suponía infinito. Y dicen que fue tanto el desasoguiego que se adueñó de Carlos que decidió despedir a todo el personal o al menos irlo desechando tal como fueran cumpliendo los contratos ya que gracias a la prohibición del gobierno central europeo  todos los contratos a personas extranjeras debían ser finiquitados en un máximo de cinco años, aunque se podían renovar mientras a ambas partes les interesare de cinco en cinco años o en plazos menores según las necesidades de la industria.

Carlos ya no sabía que camino tomar, su mujer le decía. -Abandona todo, con lo que tenemos en el banco podemos vivir nosotros y nuestros hijos muy bien, durante toda nuestra vida, pero de seguir así en menos de cinco años estaremos en la ruina.

¿Pero como quieres que deje todo lo que mis padres consiguieron   trabajando toda su vida de sol a sol? La finca hay que defenderla hasta las últimas consecuencias pediré ayuda al gobierno central y si es necesario ampliaré el cuerpo de policía para que ponga orden.

-¿Pero no comprendes cabeza de chorlito que el gobierno central siempre se decantará a favor de esa gente por ser extraterrestres como siempre ha hecho? ¿No comprendes que los policías son también obreros y que defenderán a sus colegas, los otros obreros?

–Pues algo tendremos que hacer,  no nos podemos  quedar viendo como se comen todo lo que tenemos. Apenas seis meses después de lo narrado D. Carlos Martines fallecía de un infarto cardiaco.

Rumores corrieron que aseguraban que su muerte fue provocada por el estrés a que estaba sometido. Y la viuda Doña Asunción Sistach, comentó afligida .Debí insistir y convencerlo de que debíamos dejarlo todo.

D: Carlos y su esposa habían tenido dos hijos gemelos  que se llamaban Carlos y Andrés y como hermanos y parte interesada en la defensa del patrimonio familiar dijeron  a su madre delante del cuerpo aún insepulto del padre. Mamá hemos jurado que la muerte de papá  será vengada y no pararemos hasta que todos los extraterrestres sean despedidos de esta finca.

-¿Pero que decís, hijos míos, nadie es culpable de la muerte de vuestro padre.¡ No digáis tonterías ¡

_No te preocupes mamá que no vamos a matar a nadie, solo pondremos  cada cosa en su sitio. Simplemente vamos a intentar salvar lo que se pueda de nuestra finca.

Pero el tiempo fue pasando y la finca New Spain llegó a ser gobernada completamente por los extraterrestres que con sus votos dieron la victoria a uno de los suyos.

No tardó mucho tiempo en que la familia de D. Carlos Martinez desapareciera misteriosamente sin que nunca más se averiguara su destino, de la gran mansión que de inmediato ocupó el presidente Extraterrestre, ya nacionalizado.

Y lo que sucedió con la finca de Carlos, pronto empezó a pasar en las fincas vecinales y una por una las otras dieciséis fincas fueron cambiando poco a poco, hasta que llegó el dia en que hubo el Krac, los extraterrestres se adueñaron de todo aquel territorio y yo desperté de tan sombria pesadilla.

 

FIN

new spain

NEW SPAIN

 

 

 

Carlos , estaba contento: Todo iba sobre ruedas: desde que heredo la inmensa fortuna de sus padres, los negocios le habían ido muy bien. Esto era  hacia tan solo quince años atrás…..¿ Pero como esta la situación ahora? Para saberlo deberemos regresar al principio de esta historia., a los años mil novecientos setenta y tantos. Carlos con apenas veinte años de edad heredaba una inmensa fortuna y una enorme finca de miles de hectáreas, una finca que atravesaba valles, varios ríos y terrenos de cultivo llegando a morir en la orillas de unas playas de arenas blancas y aguas cristalinas.

Inmediatamente, ante tal fortuna, nuestro protagonista se puso a malgastar  con juergas borracheras, y mujeres  de la vida, pero Juan  su mejor amigo le increpó la conducta.

_ Estas malgastando lo que a tus padres tanto les costó conseguir y ahorrar, deberías hacer algún negocio, controlar el gasto, cambiar de vida.

_ Bah lo que me renta el dinero es tanto que podría llevar esta marcha durante cientos de años, contestaba con soberbia a su amigo.

Pero el amigo que de tonto no tenía un pelo  y estaba muy bien informado de todo le volvía recriminar continuamente, siempre que venia al caso.

_Escúchame Carlos: Cuando murió tu madre, delante de ti le juré que te cuidaría como si fuese tu hermano mayor, siempre habéis tenido gran confianza con mi familia desde los años malos en que pusisteis a mi abuelo de encargado de la finca. Cargo que pasó a mi padre y que ahora ocupo yo. Gracias a vosotros yo no me puedo quejar, ni mis hermanos ni los demás obreros que siempre te han considerado un excelente persona, pero desde hace un tiempo corren rumores  de que estas cambiando y ya muchos hablan mal de ti, lo que nuca había hecho nadie en esta finca. Yo quisiera honrar la memoria de tu madre  y aunque ya sé que eres mayorcito  y nadie manda en ti quiero que sepas que si no me obedeces como si fuera tu hermano mayor dejaré de trabajar aquí, me buscaré otra casa y me iré con mi familia.

_Eso no me lo puedes hacer, la finca esta gobernada muy bien  y si te vas entonces no sabría que hacer. Si quieres un aumento de sueldo pídemelo sin rodeos y lo estudiaré,  pero no te marches, por favor.Intentaré cambiar si eso es lo que quieres.

Y Carlos cambió, cambió muchísimo como también cambió la finca la que antes se llamaba la ibérica y ahora  New Spain. Otra vez tenemos que hacer un retroceso en esta historia, para conocer porque tantas cosas habían variado.

El país estaba evolucionando y  Juan y Carlos no eran tontos y empezaron a explotar la inmensa finca. Lo primero fue construir un Hotel cerca de la playa. Y el hotel tuvo tanto éxito que pronto pensaron en construir otro. Pero había un problema el dinero se había acabado y aunque los bancos les daban créditos ellos no veían interesante pedirlos dado que en esa opción el banco les recortaba una importante parte de los beneficios. Fue entonces cuando unos hombrecillos se les ofrecieron a trabajar a los precios mínimos  permitidos por la ley, eran gentes extrañas, algunos de distintos colores, eran extraterrestres. Solo queremos trabajar aunque no ganemos mucho, usted dénos trabajo, mucho trabajo, aunque no ganemos mucho. Carlos y el capataz de la finca, hicieron cuentas y se dijeron: Con esta gente nos ahorramos una buena cantidad, lo contrataremos.  Y los contrataron. Y después de un hotel hicieron otro y un campo de golf y una urbanización y más hoteles. Tenemos que cambiar el nombre a la finca y como el turismo es el que mas rendimiento nos da podríamos ponerle un nombre más acorde con los tiempos, un nombre que fuera por ejemplo español e ingles.

Después de pensarlo y repensarlo a la fincala Ibéricaacordaron llamarla New  Spain Que en ingles quiere decir: Nueva España.

Las ganancias en New Spain eran cada vez más importantes, pero Carlos entusiasmado viendo crecer su patrimonio todo lo invertía en nuevos proyectos. Y construyo una aldea para los trabajadores que también le reportaban buenos dividendos. Y las casas de los obreros la mayoría de extraterrestres se fueron poblando  poco a poco de sus familias  que se venían de planetas lejanos a reunirse allí, y empezaron a tener descendencia. Un día los obreros empezaron a protestar, los del país por unas cosas y los extraterrestres por otras, el caso es que empezaron a producirse enfrentamientos, primero entre los niños y después ya entre mayores con resultados más graves.

A resulta de este mal convivir los españoles poco a poco tal como se fueron quedando en paro después de cumplidos los contratos fueron desapareciendo de New  Spain.

Y los extraterrestres cada vez exigían más, habían puesto sus sindicatos, sus lugares de oración, y sus costumbres, y fueron superando a las de los españoles. Consiguieron preferencias en todo, en colegios, en asistencia sanitaria y hasta podían votar en las elecciones de cualquier clase, aunque seguían exigiendo más y más cosas.

Como es natural ante tanta prosperidad los terrenos destinados a la agricultura y la ganadería habían desaparecido casi por completo y New Spain tenia que abastecerse de todo comprándolo fuera, en otros mercados. Juan, el amigo de Carlos y capataz o jefe de la finca murió a la edad de 85 años y se decidió  por los extraterrestres que se debería poner a uno elegido democráticamente. Como es natural Carlos, que ya contaba la edad de 78 años  puso el grito en el cielo exclamando: ¡Hasta ahí podíamos llegar,  aquí el que manda soy yo y pondré de encargado a quien me de la gana!

Aquella misma noche ardió uno de los hoteles, sin victimas afortunadamente, gracias a haber sido desalojado con prontitud, pero corrieron rumores de que había sido intencionadamente pues los bomberos encontraron manchas de gasolina en varios sitios. La gasolina deja huellas negras donde se quema.

Los empleados  además iniciaron una huelga de brazos caídos y todas las instalaciones de  New Spain se pararon durante ocho días, repercutiendo en la economía de Carlos que vio como sus hoteles se vaciaban de clientes y hasta los habitantes de las urbanizaciones de lujo se marchaban por encontrar serias dificultades para desenvolverse en aquel lugar lejos de cualquier sitio con todo cerrado, supermercados cine, salas de fiestas, bares, farmacia etc. Carlos no tuvo más remedio que ceder y al poco un extraterrestre fue elegido gobernador general de New-Spain.

Desde aquel momento la decadencia empezó en la colosal finca, pues cualquier cosa que se pidiera por parte de la masa obrera era considerada aceptable y lo primero fue que todos los obreros se subieron el salario al doble. Ya New Spain no era el lugar donde los salarios eran los más pequeños  de Europa En un plis, plas se convirtieron en los mejor pagados superando con creces a los  de los obreros alemanes o de otras latitudes donde antes eran  de mayor volumen.

A resultas de aquellos cambios pues no fue el de la subida de salarios el único, si no que también se consiguieron otras mejoras como que las viviendas antes de alquiler se considerasen gratuitas para todos los obreros añadiendo el gasto de electricidad , agua y gas también gratuitos que serian a cargo del D: Carlos cuyo patrimonio se suponía infinito. Y dicen que fue tanto el desasoguiego que se adueñó de Carlos que decidió despedir a todo el personal o al menos irlo desechando tal como fueran cumpliendo los contratos ya que gracias a la prohibición del gobierno central europeo  todos los contratos a personas extranjeras debían ser finiquitados en un máximo de cinco años, aunque se podían renovar mientras a ambas partes les interesare de cinco en cinco años o en plazos menores según las necesidades de la industria.

Carlos ya no sabía que camino tomar, su mujer le decía. -Abandona todo, con lo que tenemos en el banco podemos vivir nosotros y nuestros hijos muy bien, durante toda nuestra vida, pero de seguir así en menos de cinco años estaremos en la ruina.

¿Pero como quieres que deje todo lo que mis padres consiguieron   trabajando toda su vida de sol a sol? La finca hay que defenderla hasta las últimas consecuencias pediré ayuda al gobierno central y si es necesario ampliaré el cuerpo de policía para que ponga orden.

-¿Pero no comprendes cabeza de chorlito que el gobierno central siempre se decantará a favor de esa gente por ser extraterrestres como siempre ha hecho? ¿No comprendes que los policías son también obreros y que defenderán a sus colegas, los otros obreros?

–Pues algo tendremos que hacer,  no nos podemos  quedar viendo como se comen todo lo que tenemos. Apenas seis meses después de lo narrado D. Carlos Martines fallecía de un infarto cardiaco.

Rumores corrieron que aseguraban que su muerte fue provocada por el estrés a que estaba sometido. Y la viuda Doña Asunción Sistach, comentó afligida .Debí insistir y convencerlo de que debíamos dejarlo todo.

D: Carlos y su esposa habían tenido dos hijos gemelos  que se llamaban Carlos y Andrés y como hermanos y parte interesada en la defensa del patrimonio familiar dijeron  a su madre delante del cuerpo aún insepulto del padre. Mamá hemos jurado que la muerte de papá  será vengada y no pararemos hasta que todos los extraterrestres sean despedidos de esta finca.

-¿Pero que decís, hijos míos, nadie es culpable de la muerte de vuestro padre.¡ No digáis tonterías ¡

_No te preocupes mamá que no vamos a matar a nadie, solo pondremos  cada cosa en su sitio. Simplemente vamos a intentar salvar lo que se pueda de nuestra finca.

Pero el tiempo fue pasando y la finca New Spain llegó a ser gobernada completamente por los extraterrestres que con sus votos dieron la victoria a uno de los suyos.

No tardó mucho tiempo en que la familia de D. Carlos Martinez desapareciera misteriosamente sin que nunca más se averiguara su destino, de la gran mansión que de inmediato ocupó el presidente Extraterrestre, ya nacionalizado.

Y lo que sucedió con la finca de Carlos, pronto empezó a pasar en las fincas vecinales y una por una las otras dieciséis fincas fueron cambiando poco a poco, hasta que llegó el dia en que hubo el Krac, los extraterrestres se adueñaron de todo aquel territorio y yo desperté de tan sombria pesadilla.

 

FIN

EL LABERINTO

L LABERINTO

 

 

El día amaneció desapacible, frío y lluvioso; a media mañana a la lluvia le sucedió un viento de mil demonios, arrastrando la hojarasca seca que  el otoño abandonase por doquier.

Alguna gente, circulaba por la calle con premura, en general embutida dentro de u generosos abrigos. Iban de un lado para otro intentando detener un taxi de los que, como fantasmas, pasaban. Otros, impasibles permanecían apostados en la parada del autobús, casi todos con las manos metidas en los bolsillos y la vista fija por donde aquel debería aparecer. Allí, entre los que esperaban, estaba D. Nicomedes, uno de los hombres más acaudalados e influyentes de la comarca.

D. Nicomedes, siempre lo calculaba todo y por ese motivo no tenía carné de conducir, ni coche, ni mucho menos chofer, pues consideraba que tener un coche con chofer para estar parado la mayor parte del tiempo, no era rentable; además, comparaba a la ciudad con un enorme laberinto y estaba convencido que si algún día condujese un coche, se perdería absorbido por entre sus miles de calles y se perdería para siempre pues no confiaba ni en la guardia urbana, ni en nadie.

D. Nicomedes sentía gran espanto y cierta atracción insólita hacía los laberintos, a los que siempre profesó gran afición, no dejando de entrar en todos los que se tropezó durante su vida, tanto en parques, jardines, ferias, etc., sintiendo en tales casos una gran congoja hasta hallar la salida, momento en que su espanto se trucaba por una placentera sensación de alivio, brillando en sus pupilas el incontenible fulgor del héroe triunfador.

Ahora, acomodado en el autobús, pensaba en el laberinto privado, el más enorme laberinto jamás visto, el más grande de los laberintos conocidos, el más grande de los laberintos construido nunca, o al menos eso creía pues nunca conoció uno de tales dimensiones y dificultades. Lo había hecho construir en lo alto de una gran montaña donde poseía una finca de más de cien hectáreas; era una meseta a la que se accedía por una carretera única, especialmente construida para llegar allí, donde tenía la gran mansión campestre a la que  acudía siempre que sus negocios se lo permitían y muy especialmente en los fines de semana vacaciones y otras fiestas.

Inició la construcción del mencionado laberinto desde el medio de la enorme finca en cuyo punto se situó una gran plaza con cien bocacalles, partiendo los cien pasadizos, muchos de los cuales descendían a profundidades escalofriantes por medio de escaleras inquietantes que conectaban con oscuros pasadizos subterráneos. Otros en forma de espiral o elípticos  giraban y giraban durante quilómetros y quilómetros, siendo dificilísimo encontrarles su final que a veces era un muro infranqueable o el retorno al principio otra vez del camino recorrido. Otros pasillos terminaban en otras plazas de las que surgían otros quince o veinte pasillos más a cual más insólito, pues la mayoría no conducían a lugar alguno.

Todos los pasillos y plazoletas estaban cubiertos por gruesos cristales imposibles de levantar o mover desde el interior. La construcción se hizo sin ningún plano. Por sí la complejidad fuera poca, añadió cierto tipo de trampas, como puertas que se cerraban al pasar, haciendo imposible el regreso por el mismo sitio o itinerario. Sólo había una entrada y una salida que, a pesar de estar separada por una treintena de metros, su separación real a través de laberinto suponía andar más de diez kilómetros, y eso suponiendo que alguien siguiese en todo momento la ruta exacta. Más de dos años tardó en construirse tan colosal obra, en la que D. Nicomedes gastó una fortuna, algo increíble en él.

Hoy precisamente, D. Nicomedes, iba a estrenarlo, para lo cual había invitado a algunos amigos y conocidos

Cuando nuestro hombre arribó al lugar, ya le esperaban acompañados por sus esposas e hijos.

Nicomedes se enfrascó en una animada charla con todos y tras un ligero refrigerio decidieron penetrar en el laberinto, en el que D. Nicomedes dijo haber depositado un valioso premio para el primero que llegase a la salida.

El premio, consiste en una joya de platino de gran valor. También en el centro del laberinto, en una mesa que mandé poner en su día, el primero que llegue tendrá otro premio consistente en una agradable sorpresa, informó el potentado.

-Uno de los amigos objetó:

-En tal caso, tú no deberías participar ya que conoces  el itinerario.

-La verdad -contestó él- Es que estoy igual que vosotros, ya que lo hice construir sin planos, al libre albedrío y no recuerdo ni un tramo de dos palmos

Otro intervino y dio su opinión:

-Yo creo que tú debes quedarte fuera, a fin de…

– No te preocupes que no quiero competir con vosotros, no me gustan las reconfianzas., ni las suspicacias, me quedaré afuera esperando. Pero que conste  que como ya he dicho para mí el itinerario es tan desconocido como para vosotros.

Después entre risas y bromas sus amigos, los niños y sus esposas o novias, pues también había gente joven, fueron penetrando en el enorme galimatías.

D. Nicomedes, se quedó solo en su mansión campestre. Solo porque no tenia familiar alguno en Barcelona ni  criados, ni un perro que le hiciese compañía, pues como ya sabemos, él siempre calculaba, y el gasto propio de unos criados y de una esposa, los hijos y lo que ello trae aparejado, siempre le pareció un pésimo negocio. Tenía amigos por lo que representaba, en cuanto a su situación en el mundo empresarial y comercial.

Se sentó en el porche de su espléndida mansión, desde donde se podía observar cualquier novedad que se produjese.

Consideró que la cosa no era una perita en dulce; que al menos pasaría una hora o más hasta que apareciese alguien por la salida del laberinto, pero empezó a impacientarse cuando, tres horas más tarde, nadie dio señales de vida.

Durante la espera, a veces se aproximaba a la salida del laberinto sin escuchar nada en absoluto, ni el más leve sonido.

Así pasó el día y, cuando las primeras sombras invadieron el contorno, nuestro amigo sintió que un tremendo espanto se adueñó de él. El silencio seguía reinando, ahora sólo roto por el gemido lastimero de una  brisa pavorosa.

Nicomedes, sobrecogido por el Intenso temor que le dominaba, se acercó a la entrada del laberinto y empezó a gritar, llamando a sus amigos:

-jAnselmooool ¡Enriqueeee! ¡Ramónnn! ¡¡¡¡¡ ¿Donde estáiiiiis?!!!!!

Los mil ecos que se producían dentro del singular laberinto le contestaron:

«jAnselmoooo! ¡Enriqueeee! ¡Ramónnn! ¡¡¡¡ ¿Donde estáiiiiis?!!!!!

No se atrevió a entrar en aquella oscuridad, que le recordaba la boca de un negro abismo.

De pronto le pareció escuchar algo así como un alarido de muerte. No aguantó más, y salió corriendo, se metió en la suntuosa casa, cerró a cal y canto y se acostó convencido de que, al alba, las cosas se verían más claras y que, seguramente, todos saldrían de allí sin más.

No pudo conciliar el sueño. Lo ocurrido se antojaba mentira, parecía absurdo que más de treinta personas hubiesen entrado en aquel laberinto y aún no hubiese salido ni una.

Pero, ¿Y si mientras el se dirigía directo a su casa  ellos salieron y se habían marchado?

Pensó que debía avisar a la policía o a los bomberos, a alguien que pudiera ayudarle,

Pero ¿Y si en ese caso acusaban de criminal por construir sin licencia tan horrendo artilugio?

Enfrascado en tales lucubraciones, transcurrió la noche y, cuando ya amanecía, se dirigió al lugar donde estaba el laberinto; nuevamente  pero, viendo que nadie contestaba, decidió buscar ayuda.

Tras meditar a quién podía avisar, llegó a la conclusión de que era mejor esperar un poco más, no podía meterse en  complicaciones hasta no estar seguro.

Así, un día por otro, el tiempo fue transcurriendo inexorable, y se sintió perdido: había dejado pasar quince días, ahora todo era más complicado, ya no podía  hacer nada o le acusarían de vaya usted a saber; lo mejor sería esconder los coches de sus amigos dentro de la finca y seguir esperando hasta ver  que había ocurrido.

Y pasó un mes y otro, así hasta seis. No se sabía dónde diablos estarían los desaparecidos, pero a él nadie le preguntó; seguramente nadie sabia donde habían ido aquel día aciago, ni familiares ni vecinos ni policías, nadie los debía haber echado de menos. Seguramente nadie sospechaba nada de él en absoluto.

Pero la sombra de sus amigos y familiares se le antojaba que lo maldecían  en la noche , y durante mucho tiempo estuvo sin volver a la finca.  Ahora se sentía un ser execrable, un hombre que por haberse dejado dominar por un capricho absurdo y el terror de un cobarde,  había  abandonado a su suerte a más de treinta personas. Ahora su espíritu estaba enfermo de espanto, temeroso de que tarde o temprano se descubriese todo, y ya había transcurrido un año.

Un día alguien al verlo le llamó

-¡Eh, Nicomedes!

Se volvió temeroso y se encontró con Serafín, uno de los mejores compañeros con que contó durante el servicio militar. Habían pasado más de veinte años, pero ambos se reconocieron como si sólo hubiese transcurrido uno.

Nicomedes, al principio, casi no quería hablar, pero ante la insistencia de su antiguo camarada, que lo encontró decaído, decidió contarle su problema, realmente sentía necesidad de compartir su secreto can alguien y Serafín era sin duda el adecuado. De carácter expansivo, leal y amable. Serafín pronto lo podría entender y tal vez pudiera ayudarle o aconsejarle de alguna manera.

Serafín era más bien bajo, piel cetrina, pelo escaso, ojos brillantes, conversación fluida y alegre: inspiraba confianza y Don Nicomedes le contó todo el problema.

-¡Pero hombre! -dijo su amigo- lo que debiste hacer era pedir ayuda. Ahora si que estás metido en un buen lío por negligencia; yo creo que, a pesar de todo hay que avisar a la policía, creo que ellos comprenderán.

Nicomedes con acento vencido comentó:

-Por mucho que me comprendan, son treinta y dos muertos y lo más fácil es que vaya a la cárcel para siempre. Esto es mi ruina. He destrozado mi vida y la de eso desgraciados, no tengo perdón de Dios.

 

 

Capitulo II

 

En tal caso, sólo puedes hacer una cosa; borrar cualquier huella. Debes quemarlo todo, los coches, los cadáveres… ¡Todo! ¿Entiendes…?

-Sí, pero… ¿Quien va a buscar los cadáveres? Yo no tengo valor de entrar allí de donde, estoy seguro, no saldría. A propósito, si me ayudas, te pagó lo que tú quieras, puedes pedir lo que consideres justo.

D. Nicomedes no se creía lo que el mismo estaba diciendo. El que siempre arañó con codicia una mísera moneda de un céntimo. Que el único capricho que se había permitido en su vida fue la construcción del maldito laberinto (una verdadera fortuna). Ahora ofrecía el dinero que su amigo decidiese.

Y su antiguo amigo contestó:

-Bien sabe Dios que necesito un milagro para salir de la miseria en que me encuentro; Sin trabajo, con una esposa y cuatro niños esperando un mendrugo de pan que acalle su hambre. Pero, no te cobraré nada, te ayudaré porque soy tu amigo. No sé si rayaré en un delito, pero yo soy así, siempre lo he sido y nunca cambiaré,

D. Nicomedes quedó muy impresionado, jamás pensó que hubiese personas así en esta vida. Así que propuso:

-Gracias, Serafín, ahora ya es tarde para nada, pero mañana te esperaré aquí mismo a las siete de la madrugada. Toma estas diez mil pesetas, que es todo lo que llevo encima. Entrégaselas a tu esposa y no te preocupes por el trabaje. Cuando solucionemos esto, te garantizo un puesto de los mejores de una de mis fábricas. Te suplico que no cuentes a nadie, ni a tu esposa, nada de esto.

Serafín, con gran emoción en su semblante, cogió el dinero y con un fuerte apretón de manos se despidió de su amigo.

Al otro día, a las siete, cuando llegó D. Nicomedes al lugar citado, ya estaba Serafín esperándole. Detuvieron un taxi y se fueron a la finca. Una vez allí, decidieron:

-Yo entraré -dijo Serafín- y en cuanto tenga novedades saldré a decírtelas,

-¡Oh, no! -repuso D. Nicomedes- tengo preparado un plan; tú entrarás, pero llevarás una cuerda en la mano y un radio teléfono, además. Irás marcando el camino con un bote de pintura en aerosol. Cada vez que cambies de dirección, deberás pintar una flecha que indique la dirección seguida. De esa forma, al volver, seguirás el mismo camino, bien por la cuerda  o bien por la pintura. En cuanto al radio teléfono, con él mantendrás continua comunicación conmigo a fin de irme comunicando los pormenores que vayas encontrando.

Serafín  tras un corto carraspeo, agregó:

1 -Oye, ¿Y no se te ha ocurrido subir ahí arriba e ir andando por encima del cristal que hace de techo?

-Si, ya lo hice, pero ese cristal es opaco. Sólo deja pasar la luz, la imagen del interior no se ve y es imposible romperlo o levantarlo, es muy grueso, sólo una máquina podría moverlo. El día que decidí subir, habían pasado sólo cinco jornadas y di golpes esperando alguna respuesta, respuesta que no recibí a pesar de mi insistencia.

-Entonces, lo único que podemos hacer es entrar. Lo haremos como tú has propuesto.

Diez minutos después, Serafín ya estaba dentro del laberinto y cinco más tarde decía a través del radio teléfono:

-Nicomedes, la cuerda la tengo que dejar, de tanto dar vueltas de un lado para otro, se ha puesto tan tensa que no puedo tirar más de ella.

-Está bien, no pensé en ese detalle. Menos mal que puedes marcar el trayecto con la pintura.

Y Serafín, siguió adentrándose. De súbito algo cayó a sus espaldas, se volvió y vio como el pasillo se había cerrado a sus espaldas por una puerta metálica. Algo asustado comunicó el hecho a D. Nicomedes.

-Eso son puertas que se cierran al pisar en ciertos lugares. Ahora no te queda más remedio que buscar otra salida y buscar las marcas antes de seguir adentrándote.

Así pasó mucho rato y el radio teléfono a pesar de que Serafín llevaba pilas de recambio en abundancia y las cambió en varias ocasiones, cada vez se oía más débil, como más distante. La pintura se terminó y Serafín empezó a encontrarse con marcas de esta por todas partes a la par que de vez en cuando, a sus espaldas se le iban cerrando las puertas. Entonces, muy asustado dijo por el radio teléfono:

-Nicomedes, me encuentro perdido. Debes subir al techo; yo daré golpes desde aquí, cuando me localices marcas el sitio y ves a buscar algo que pueda romper el cristal. Por favor, date prisa, quiero salir. Después ya encontraremos otra forma de investigar.

D. Nicomedes se subió al techo y fue buscando para detectar al lugar por donde Serafín golpease, pero ya el radio teléfono no respondió.

Otra vez D. Nicomedes se encontró sumido en una gran congoja. Esperó y desesperó, tratando de conectar de diversas ocasiones con su amigo, pero todo fue inútil. Un silencio espantoso fue la única respuesta y, como en la anterior ocasión, se refugió en su terror y así pasó el tiempo. Hizo levantar una muralla de dos metros alrededor de la finca para que nadie pudiese entrar y reforzó la puerta. Desde aquel Día, ya no volvió por allí y pasó un año… Y otro…, hasta llegar a veintidós.

D. Nicomedes, con ochenta y dos años, vio que la vida le abandonaba. Su vieja y decrépita humanidad se derrumbaba… Entonces recordó a su amigo Serafín y, por medio de un detective, hizo que localizasen a su familia, cosa que no hizo antes por miedo a que la policía interviniese. Ahora, en lo últimos días de su vida ya nada le importaba, deseaba corregir en lo posible sus errores. Como no tenía herederos, dejaría su fortuna a los familiares de Serafín y a la de los otros.

Cuando el detective contó a la esposa de Serafín que alguien la quería hacer heredera de una gran fortuna  quedó muy sorprendida y fue a ver a su bienhechor para que le contase el motivo por el que lo hacia..

-Lo hago, porque Serafín era un gran amigo mío. Me he enterado de su situación y he querido ayudarles.

María, que es como se llamaba la esposa de Serafín, no quedó convencida de tanto desprendimiento y aunque necesitaba mucho el dinero, ante todo por sus hijos que, aunque ya eran mayores, se encontraban en una situación muy precaria. Así que pensó que D. Nicomedes debía de ser quién le dio las diez mil pesetas a Serafín aquél último día que lo vio y que, ni por todo el oro del mundo, dejaría de averiguar el destino de su marido o paradero, Así que, ni corta ni perezosa, denunció sus sospechas a la policía y ésta llamó a D. Nicomedes a declarar.

D. Nicomedes lo contó todo al comisario y por fin se sintió aliviado.

Dos días después, varios policías se introdujeron en el laberinto y como pasó siempre, enmudecieron.

Al otro día el comisario expuso otro plan.

-Formaremos una cadena, un hombre pasará tras otro sin perderse de vista, mandaremos cien mil, los que sean necesarios, pero esto hay que resolverlo ¡Ya!.

Pero la cadena quedó cortada porque las puertas se cerraban y la cadena quedaba cortada entre ellos y la confusión se convirtió en un miedo atroz que hizo retroceder a cuantos trataron de profundizar en el misterioso laberinto.

-¡No queda más remedio! Eso es lo primero que debíamos hacer, destruir el laberinto. ¡Lo demoleremos!.

Habían perdido siete hombres y debían rescatarlos pronto, o también morirían. Así que, aquel mismo día, dos enormes buldózer empezaron su cometido. Las paredes del laberinto fueron cediendo una por una.

-¡Marchen en dirección al centro! -gritaba el capataz.

Y un sendero fue abriéndose directo al centro. Tres o cuatro horas después llegaron las máquinas y los policías detrás.

Y cuando llegaron, contemplaron con inusitado asombro algo insólito, lo último que esperaban encontrar; varías personas de edad media los fueron a recibir con la sorpresa en sus rostros.

-,¿Qué pasa? ¿Por qué están destruyendo el laberinto? -preguntaron asombrados, mientras, a lo lejos, no mucho más allá un grupo de niños jugaba a pelota.

¿Quienes son ustedes? -indagó por su parte un policía.

-Somos amigos del dueño de la finca, D. Nicomedes. Esta mañana hemos entrado en este laberinto para, como en un juego, buscar un premio, a la vez que los críos pasan sanamente el día.

Intervino otro hombre, que dijo: Yo también soy amigo de D. Nicomedes que por lo que parece me ha gastado una broma de mal gusto, pues me ha contado que ellos

habían entrado hace más de un año y resulta que han entrado un momento antes que yo, o sea, esta misma mañana. Por cierto, no nos ponemos de  acuerdo con la fecha…

-,¿Ah, sí? -le atajó el inspector. Luego, tras carraspear preguntó: ¿Y cuando ha entrado usted?

Serafín respondió:

-Yo he llegado hace unos veinte minutos.

-,¿Y no han visto a otros policías? -preguntó el inspector con cara de asombro.

• -Pues no, sólo les hemos visto llegar a ustedes.

•-¡Bueno!, esto es el colmo! ¡Vamos todos a comisaría Esto hay que aclararlo!.

Y mientras iban saliendo, se les iban sumando los policías que faltaban. Por lo visto estaban extraviados por entre la parte que aún estaba en pie del laberinto.

En la comisaría se llamó a los familiares de todos, así como a D. Nicomedes.  Y quedaron asombrados  al saber que no fueron veinte minutos los que estuvieron dentro del laberinto, sino más de veinte años.

Y lo más asombroso es que los niños seguían siendo niños  y los mayores mantenían su aspecto inalterable, mientras los familiares y amigos de fuera habían envejecido normalmente.

Serafín, con sus cuarenta y dos años, se encontró con que su esposa tenía más de sesenta años y los niños tenían a sus compañeros de colegio en  ya eran mayores y muchos, casados.

Y D. Nicomedes se maldijo por no haber entrado con ellos en el laberinto.

Nadie halló una explicación a este misterio, así que se intentó reconstruir el laberinto, pero como no existían planos ni nada, el resultado ya no fue el mismo. Los que entraban, al otro día sentían un hambre atroz, las comunicaciones con el exterior nunca se cortaron como pasaba antes y, cuando salían había pasado el tiempo igual que afuera.

Durante mucho tiempo se buscó la forma de hallar las propiedades perdidas del laberinto, pero todo fue inútil y muchos dijeron:

“Se pudo haber dejado como estaba, pero las prisas destruyeron el laberinto de la vida eterna, donde podrían haberse salvado muchas vidas, porque los que estuvieron, contaron que lo que más les sorprendió fue ver que allí habían extensiones de tierra infinitas”.

Y D. Nicomedes murió quince años después, en compañía de sus jóvenes amigos. La justicia lo perdoné, porque no existió crimen, o sea no hizo mal a nadie, ni tuvo intención de hacerlo.

Sus últimas palabras fueron:

Que lástima, lo más grande que hice en mi vida y no lo pude ni probar…

 

 

FIN

 

L LABERINTO

 

 

El día amaneció desapacible, frío y lluvioso; a media mañana a la lluvia le sucedió un viento de mil demonios, arrastrando la hojarasca seca que  el otoño abandonase por doquier.

Alguna gente, circulaba por la calle con premura, en general embutida dentro de u generosos abrigos. Iban de un lado para otro intentando detener un taxi de los que, como fantasmas, pasaban. Otros, impasibles permanecían apostados en la parada del autobús, casi todos con las manos metidas en los bolsillos y la vista fija por donde aquel debería aparecer. Allí, entre los que esperaban, estaba D. Nicomedes, uno de los hombres más acaudalados e influyentes de la comarca.

D. Nicomedes, siempre lo calculaba todo y por ese motivo no tenía carné de conducir, ni coche, ni mucho menos chofer, pues consideraba que tener un coche con chofer para estar parado la mayor parte del tiempo, no era rentable; además, comparaba a la ciudad con un enorme laberinto y estaba convencido que si algún día condujese un coche, se perdería absorbido por entre sus miles de calles y se perdería para siempre pues no confiaba ni en la guardia urbana, ni en nadie.

D. Nicomedes sentía gran espanto y cierta atracción insólita hacía los laberintos, a los que siempre profesó gran afición, no dejando de entrar en todos los que se tropezó durante su vida, tanto en parques, jardines, ferias, etc., sintiendo en tales casos una gran congoja hasta hallar la salida, momento en que su espanto se trucaba por una placentera sensación de alivio, brillando en sus pupilas el incontenible fulgor del héroe triunfador.

Ahora, acomodado en el autobús, pensaba en el laberinto privado, el más enorme laberinto jamás visto, el más grande de los laberintos conocidos, el más grande de los laberintos construido nunca, o al menos eso creía pues nunca conoció uno de tales dimensiones y dificultades. Lo había hecho construir en lo alto de una gran montaña donde poseía una finca de más de cien hectáreas; era una meseta a la que se accedía por una carretera única, especialmente construida para llegar allí, donde tenía la gran mansión campestre a la que  acudía siempre que sus negocios se lo permitían y muy especialmente en los fines de semana vacaciones y otras fiestas.

Inició la construcción del mencionado laberinto desde el medio de la enorme finca en cuyo punto se situó una gran plaza con cien bocacalles, partiendo los cien pasadizos, muchos de los cuales descendían a profundidades escalofriantes por medio de escaleras inquietantes que conectaban con oscuros pasadizos subterráneos. Otros en forma de espiral o elípticos  giraban y giraban durante quilómetros y quilómetros, siendo dificilísimo encontrarles su final que a veces era un muro infranqueable o el retorno al principio otra vez del camino recorrido. Otros pasillos terminaban en otras plazas de las que surgían otros quince o veinte pasillos más a cual más insólito, pues la mayoría no conducían a lugar alguno.

Todos los pasillos y plazoletas estaban cubiertos por gruesos cristales imposibles de levantar o mover desde el interior. La construcción se hizo sin ningún plano. Por sí la complejidad fuera poca, añadió cierto tipo de trampas, como puertas que se cerraban al pasar, haciendo imposible el regreso por el mismo sitio o itinerario. Sólo había una entrada y una salida que, a pesar de estar separada por una treintena de metros, su separación real a través de laberinto suponía andar más de diez kilómetros, y eso suponiendo que alguien siguiese en todo momento la ruta exacta. Más de dos años tardó en construirse tan colosal obra, en la que D. Nicomedes gastó una fortuna, algo increíble en él.

Hoy precisamente, D. Nicomedes, iba a estrenarlo, para lo cual había invitado a algunos amigos y conocidos

Cuando nuestro hombre arribó al lugar, ya le esperaban acompañados por sus esposas e hijos.

Nicomedes se enfrascó en una animada charla con todos y tras un ligero refrigerio decidieron penetrar en el laberinto, en el que D. Nicomedes dijo haber depositado un valioso premio para el primero que llegase a la salida.

El premio, consiste en una joya de platino de gran valor. También en el centro del laberinto, en una mesa que mandé poner en su día, el primero que llegue tendrá otro premio consistente en una agradable sorpresa, informó el potentado.

-Uno de los amigos objetó:

-En tal caso, tú no deberías participar ya que conoces  el itinerario.

-La verdad -contestó él- Es que estoy igual que vosotros, ya que lo hice construir sin planos, al libre albedrío y no recuerdo ni un tramo de dos palmos

Otro intervino y dio su opinión:

-Yo creo que tú debes quedarte fuera, a fin de…

– No te preocupes que no quiero competir con vosotros, no me gustan las reconfianzas., ni las suspicacias, me quedaré afuera esperando. Pero que conste  que como ya he dicho para mí el itinerario es tan desconocido como para vosotros.

Después entre risas y bromas sus amigos, los niños y sus esposas o novias, pues también había gente joven, fueron penetrando en el enorme galimatías.

D. Nicomedes, se quedó solo en su mansión campestre. Solo porque no tenia familiar alguno en Barcelona ni  criados, ni un perro que le hiciese compañía, pues como ya sabemos, él siempre calculaba, y el gasto propio de unos criados y de una esposa, los hijos y lo que ello trae aparejado, siempre le pareció un pésimo negocio. Tenía amigos por lo que representaba, en cuanto a su situación en el mundo empresarial y comercial.

Se sentó en el porche de su espléndida mansión, desde donde se podía observar cualquier novedad que se produjese.

Consideró que la cosa no era una perita en dulce; que al menos pasaría una hora o más hasta que apareciese alguien por la salida del laberinto, pero empezó a impacientarse cuando, tres horas más tarde, nadie dio señales de vida.

Durante la espera, a veces se aproximaba a la salida del laberinto sin escuchar nada en absoluto, ni el más leve sonido.

Así pasó el día y, cuando las primeras sombras invadieron el contorno, nuestro amigo sintió que un tremendo espanto se adueñó de él. El silencio seguía reinando, ahora sólo roto por el gemido lastimero de una  brisa pavorosa.

Nicomedes, sobrecogido por el Intenso temor que le dominaba, se acercó a la entrada del laberinto y empezó a gritar, llamando a sus amigos:

-jAnselmooool ¡Enriqueeee! ¡Ramónnn! ¡¡¡¡¡ ¿Donde estáiiiiis?!!!!!

Los mil ecos que se producían dentro del singular laberinto le contestaron:

«jAnselmoooo! ¡Enriqueeee! ¡Ramónnn! ¡¡¡¡ ¿Donde estáiiiiis?!!!!!

No se atrevió a entrar en aquella oscuridad, que le recordaba la boca de un negro abismo.

De pronto le pareció escuchar algo así como un alarido de muerte. No aguantó más, y salió corriendo, se metió en la suntuosa casa, cerró a cal y canto y se acostó convencido de que, al alba, las cosas se verían más claras y que, seguramente, todos saldrían de allí sin más.

No pudo conciliar el sueño. Lo ocurrido se antojaba mentira, parecía absurdo que más de treinta personas hubiesen entrado en aquel laberinto y aún no hubiese salido ni una.

Pero, ¿Y si mientras el se dirigía directo a su casa  ellos salieron y se habían marchado?

Pensó que debía avisar a la policía o a los bomberos, a alguien que pudiera ayudarle,

Pero ¿Y si en ese caso acusaban de criminal por construir sin licencia tan horrendo artilugio?

Enfrascado en tales lucubraciones, transcurrió la noche y, cuando ya amanecía, se dirigió al lugar donde estaba el laberinto; nuevamente  pero, viendo que nadie contestaba, decidió buscar ayuda.

Tras meditar a quién podía avisar, llegó a la conclusión de que era mejor esperar un poco más, no podía meterse en  complicaciones hasta no estar seguro.

Así, un día por otro, el tiempo fue transcurriendo inexorable, y se sintió perdido: había dejado pasar quince días, ahora todo era más complicado, ya no podía  hacer nada o le acusarían de vaya usted a saber; lo mejor sería esconder los coches de sus amigos dentro de la finca y seguir esperando hasta ver  que había ocurrido.

Y pasó un mes y otro, así hasta seis. No se sabía dónde diablos estarían los desaparecidos, pero a él nadie le preguntó; seguramente nadie sabia donde habían ido aquel día aciago, ni familiares ni vecinos ni policías, nadie los debía haber echado de menos. Seguramente nadie sospechaba nada de él en absoluto.

Pero la sombra de sus amigos y familiares se le antojaba que lo maldecían  en la noche , y durante mucho tiempo estuvo sin volver a la finca.  Ahora se sentía un ser execrable, un hombre que por haberse dejado dominar por un capricho absurdo y el terror de un cobarde,  había  abandonado a su suerte a más de treinta personas. Ahora su espíritu estaba enfermo de espanto, temeroso de que tarde o temprano se descubriese todo, y ya había transcurrido un año.

Un día alguien al verlo le llamó

-¡Eh, Nicomedes!

Se volvió temeroso y se encontró con Serafín, uno de los mejores compañeros con que contó durante el servicio militar. Habían pasado más de veinte años, pero ambos se reconocieron como si sólo hubiese transcurrido uno.

Nicomedes, al principio, casi no quería hablar, pero ante la insistencia de su antiguo camarada, que lo encontró decaído, decidió contarle su problema, realmente sentía necesidad de compartir su secreto can alguien y Serafín era sin duda el adecuado. De carácter expansivo, leal y amable. Serafín pronto lo podría entender y tal vez pudiera ayudarle o aconsejarle de alguna manera.

Serafín era más bien bajo, piel cetrina, pelo escaso, ojos brillantes, conversación fluida y alegre: inspiraba confianza y Don Nicomedes le contó todo el problema.

-¡Pero hombre! -dijo su amigo- lo que debiste hacer era pedir ayuda. Ahora si que estás metido en un buen lío por negligencia; yo creo que, a pesar de todo hay que avisar a la policía, creo que ellos comprenderán.

Nicomedes con acento vencido comentó:

-Por mucho que me comprendan, son treinta y dos muertos y lo más fácil es que vaya a la cárcel para siempre. Esto es mi ruina. He destrozado mi vida y la de eso desgraciados, no tengo perdón de Dios.

 

 

Capitulo II

 

En tal caso, sólo puedes hacer una cosa; borrar cualquier huella. Debes quemarlo todo, los coches, los cadáveres… ¡Todo! ¿Entiendes…?

-Sí, pero… ¿Quien va a buscar los cadáveres? Yo no tengo valor de entrar allí de donde, estoy seguro, no saldría. A propósito, si me ayudas, te pagó lo que tú quieras, puedes pedir lo que consideres justo.

D. Nicomedes no se creía lo que el mismo estaba diciendo. El que siempre arañó con codicia una mísera moneda de un céntimo. Que el único capricho que se había permitido en su vida fue la construcción del maldito laberinto (una verdadera fortuna). Ahora ofrecía el dinero que su amigo decidiese.

Y su antiguo amigo contestó:

-Bien sabe Dios que necesito un milagro para salir de la miseria en que me encuentro; Sin trabajo, con una esposa y cuatro niños esperando un mendrugo de pan que acalle su hambre. Pero, no te cobraré nada, te ayudaré porque soy tu amigo. No sé si rayaré en un delito, pero yo soy así, siempre lo he sido y nunca cambiaré,

D. Nicomedes quedó muy impresionado, jamás pensó que hubiese personas así en esta vida. Así que propuso:

-Gracias, Serafín, ahora ya es tarde para nada, pero mañana te esperaré aquí mismo a las siete de la madrugada. Toma estas diez mil pesetas, que es todo lo que llevo encima. Entrégaselas a tu esposa y no te preocupes por el trabaje. Cuando solucionemos esto, te garantizo un puesto de los mejores de una de mis fábricas. Te suplico que no cuentes a nadie, ni a tu esposa, nada de esto.

Serafín, con gran emoción en su semblante, cogió el dinero y con un fuerte apretón de manos se despidió de su amigo.

Al otro día, a las siete, cuando llegó D. Nicomedes al lugar citado, ya estaba Serafín esperándole. Detuvieron un taxi y se fueron a la finca. Una vez allí, decidieron:

-Yo entraré -dijo Serafín- y en cuanto tenga novedades saldré a decírtelas,

-¡Oh, no! -repuso D. Nicomedes- tengo preparado un plan; tú entrarás, pero llevarás una cuerda en la mano y un radio teléfono, además. Irás marcando el camino con un bote de pintura en aerosol. Cada vez que cambies de dirección, deberás pintar una flecha que indique la dirección seguida. De esa forma, al volver, seguirás el mismo camino, bien por la cuerda  o bien por la pintura. En cuanto al radio teléfono, con él mantendrás continua comunicación conmigo a fin de irme comunicando los pormenores que vayas encontrando.

Serafín  tras un corto carraspeo, agregó:

1 -Oye, ¿Y no se te ha ocurrido subir ahí arriba e ir andando por encima del cristal que hace de techo?

-Si, ya lo hice, pero ese cristal es opaco. Sólo deja pasar la luz, la imagen del interior no se ve y es imposible romperlo o levantarlo, es muy grueso, sólo una máquina podría moverlo. El día que decidí subir, habían pasado sólo cinco jornadas y di golpes esperando alguna respuesta, respuesta que no recibí a pesar de mi insistencia.

-Entonces, lo único que podemos hacer es entrar. Lo haremos como tú has propuesto.

Diez minutos después, Serafín ya estaba dentro del laberinto y cinco más tarde decía a través del radio teléfono:

-Nicomedes, la cuerda la tengo que dejar, de tanto dar vueltas de un lado para otro, se ha puesto tan tensa que no puedo tirar más de ella.

-Está bien, no pensé en ese detalle. Menos mal que puedes marcar el trayecto con la pintura.

Y Serafín, siguió adentrándose. De súbito algo cayó a sus espaldas, se volvió y vio como el pasillo se había cerrado a sus espaldas por una puerta metálica. Algo asustado comunicó el hecho a D. Nicomedes.

-Eso son puertas que se cierran al pisar en ciertos lugares. Ahora no te queda más remedio que buscar otra salida y buscar las marcas antes de seguir adentrándote.

Así pasó mucho rato y el radio teléfono a pesar de que Serafín llevaba pilas de recambio en abundancia y las cambió en varias ocasiones, cada vez se oía más débil, como más distante. La pintura se terminó y Serafín empezó a encontrarse con marcas de esta por todas partes a la par que de vez en cuando, a sus espaldas se le iban cerrando las puertas. Entonces, muy asustado dijo por el radio teléfono:

-Nicomedes, me encuentro perdido. Debes subir al techo; yo daré golpes desde aquí, cuando me localices marcas el sitio y ves a buscar algo que pueda romper el cristal. Por favor, date prisa, quiero salir. Después ya encontraremos otra forma de investigar.

D. Nicomedes se subió al techo y fue buscando para detectar al lugar por donde Serafín golpease, pero ya el radio teléfono no respondió.

Otra vez D. Nicomedes se encontró sumido en una gran congoja. Esperó y desesperó, tratando de conectar de diversas ocasiones con su amigo, pero todo fue inútil. Un silencio espantoso fue la única respuesta y, como en la anterior ocasión, se refugió en su terror y así pasó el tiempo. Hizo levantar una muralla de dos metros alrededor de la finca para que nadie pudiese entrar y reforzó la puerta. Desde aquel Día, ya no volvió por allí y pasó un año… Y otro…, hasta llegar a veintidós.

D. Nicomedes, con ochenta y dos años, vio que la vida le abandonaba. Su vieja y decrépita humanidad se derrumbaba… Entonces recordó a su amigo Serafín y, por medio de un detective, hizo que localizasen a su familia, cosa que no hizo antes por miedo a que la policía interviniese. Ahora, en lo últimos días de su vida ya nada le importaba, deseaba corregir en lo posible sus errores. Como no tenía herederos, dejaría su fortuna a los familiares de Serafín y a la de los otros.

Cuando el detective contó a la esposa de Serafín que alguien la quería hacer heredera de una gran fortuna  quedó muy sorprendida y fue a ver a su bienhechor para que le contase el motivo por el que lo hacia..

-Lo hago, porque Serafín era un gran amigo mío. Me he enterado de su situación y he querido ayudarles.

María, que es como se llamaba la esposa de Serafín, no quedó convencida de tanto desprendimiento y aunque necesitaba mucho el dinero, ante todo por sus hijos que, aunque ya eran mayores, se encontraban en una situación muy precaria. Así que pensó que D. Nicomedes debía de ser quién le dio las diez mil pesetas a Serafín aquél último día que lo vio y que, ni por todo el oro del mundo, dejaría de averiguar el destino de su marido o paradero, Así que, ni corta ni perezosa, denunció sus sospechas a la policía y ésta llamó a D. Nicomedes a declarar.

D. Nicomedes lo contó todo al comisario y por fin se sintió aliviado.

Dos días después, varios policías se introdujeron en el laberinto y como pasó siempre, enmudecieron.

Al otro día el comisario expuso otro plan.

-Formaremos una cadena, un hombre pasará tras otro sin perderse de vista, mandaremos cien mil, los que sean necesarios, pero esto hay que resolverlo ¡Ya!.

Pero la cadena quedó cortada porque las puertas se cerraban y la cadena quedaba cortada entre ellos y la confusión se convirtió en un miedo atroz que hizo retroceder a cuantos trataron de profundizar en el misterioso laberinto.

-¡No queda más remedio! Eso es lo primero que debíamos hacer, destruir el laberinto. ¡Lo demoleremos!.

Habían perdido siete hombres y debían rescatarlos pronto, o también morirían. Así que, aquel mismo día, dos enormes buldózer empezaron su cometido. Las paredes del laberinto fueron cediendo una por una.

-¡Marchen en dirección al centro! -gritaba el capataz.

Y un sendero fue abriéndose directo al centro. Tres o cuatro horas después llegaron las máquinas y los policías detrás.

Y cuando llegaron, contemplaron con inusitado asombro algo insólito, lo último que esperaban encontrar; varías personas de edad media los fueron a recibir con la sorpresa en sus rostros.

-,¿Qué pasa? ¿Por qué están destruyendo el laberinto? -preguntaron asombrados, mientras, a lo lejos, no mucho más allá un grupo de niños jugaba a pelota.

¿Quienes son ustedes? -indagó por su parte un policía.

-Somos amigos del dueño de la finca, D. Nicomedes. Esta mañana hemos entrado en este laberinto para, como en un juego, buscar un premio, a la vez que los críos pasan sanamente el día.

Intervino otro hombre, que dijo: Yo también soy amigo de D. Nicomedes que por lo que parece me ha gastado una broma de mal gusto, pues me ha contado que ellos

habían entrado hace más de un año y resulta que han entrado un momento antes que yo, o sea, esta misma mañana. Por cierto, no nos ponemos de  acuerdo con la fecha…

-,¿Ah, sí? -le atajó el inspector. Luego, tras carraspear preguntó: ¿Y cuando ha entrado usted?

Serafín respondió:

-Yo he llegado hace unos veinte minutos.

-,¿Y no han visto a otros policías? -preguntó el inspector con cara de asombro.

• -Pues no, sólo les hemos visto llegar a ustedes.

•-¡Bueno!, esto es el colmo! ¡Vamos todos a comisaría Esto hay que aclararlo!.

Y mientras iban saliendo, se les iban sumando los policías que faltaban. Por lo visto estaban extraviados por entre la parte que aún estaba en pie del laberinto.

En la comisaría se llamó a los familiares de todos, así como a D. Nicomedes.  Y quedaron asombrados  al saber que no fueron veinte minutos los que estuvieron dentro del laberinto, sino más de veinte años.

Y lo más asombroso es que los niños seguían siendo niños  y los mayores mantenían su aspecto inalterable, mientras los familiares y amigos de fuera habían envejecido normalmente.

Serafín, con sus cuarenta y dos años, se encontró con que su esposa tenía más de sesenta años y los niños tenían a sus compañeros de colegio en  ya eran mayores y muchos, casados.

Y D. Nicomedes se maldijo por no haber entrado con ellos en el laberinto.

Nadie halló una explicación a este misterio, así que se intentó reconstruir el laberinto, pero como no existían planos ni nada, el resultado ya no fue el mismo. Los que entraban, al otro día sentían un hambre atroz, las comunicaciones con el exterior nunca se cortaron como pasaba antes y, cuando salían había pasado el tiempo igual que afuera.

Durante mucho tiempo se buscó la forma de hallar las propiedades perdidas del laberinto, pero todo fue inútil y muchos dijeron:

“Se pudo haber dejado como estaba, pero las prisas destruyeron el laberinto de la vida eterna, donde podrían haberse salvado muchas vidas, porque los que estuvieron, contaron que lo que más les sorprendió fue ver que allí habían extensiones de tierra infinitas”.

Y D. Nicomedes murió quince años después, en compañía de sus jóvenes amigos. La justicia lo perdoné, porque no existió crimen, o sea no hizo mal a nadie, ni tuvo intención de hacerlo.

Sus últimas palabras fueron:

Que lástima, lo más grande que hice en mi vida y no lo pude ni probar…

 

 

FIN

 

NOTICIAS DEL FUTURO

NOTICIAS DELFUTURO

 

 

Tengo un amigo de la infancia al que siempre le gustó hacer bromas a cada momento, resultándome su presencia algo incomoda por su forma de burlarse de todos y a to-

das horas. Algunas veces, por culpa de esas bromas estúpidas muchos le aplaudían y alentaban, consiguiendo con ello acrecentar su ego imbécil y convirtiéndolo en un ser fanfarrón, sin gracia ni mérito para mi forma de ver la vida, a pesar de lo cual, él, siempre me consideró algo así como un componente más de la pandilla, su pandilla.

Un día, ya hace unos cuantos años, sonó el teléfono de casa y me quedé de piedra cuando el que me llamaba me dijo:

.Hola Antonio: soy Pedro Rovira. No se si te acordarás de mí, de cuando íbamos al cole. He encontrado tus señas gracias a la revista PUBLI2000. En la que sigo con entusiasmo tus Narraciones Fantásticas. Te llamo porque he comprado una vieja casa de campo, en la que vivió un extraño personaje, y quisiera que vieras algo muy sorprendente.

-Hombre, ¿qué es de tu vida? Me alegro de saber de ti! Cuéntame  de que se trata. –Respondí molesto.

-Mira, por teléfono no me atrevo a decir nada, sólo te adelantaré de que se trata de extraterrestres o cosa parecida.

-Pedro: me sorprende que sigas siendo tan bromista después de tanto tiempo -apunté

irónico.

-Antonio, no me creerás. Pero lo que te digo es cosa seria -contestó tajante.

Insistió tanto, que no me quedó otro remedio que acudir a la casa que mi amigo había comprado en un lejano pueblo del Pirineo Leridano. Una vez allí, y tras las presentaciones protocolarias de ambas familias, le pregunté a que se dedicaba, y me informó que era redactor de un periódico barcelonés muy conocido del que no citaré nombre a fin de esquivar suspicacias inútiles para esta historia.

-Aquí vivía una persona muy especial, por lo que me han contado en el pueblo, no se sabe ni de qué se alimentaba, dado que nunca compró nada. Lo más extraño, es que no figuraba en ningún censo ni se conocía con quién podía relacionarse. Lo único que se sabe es que siempre pagaba el alquiler de esta casa hasta el día en que desapareció y nunca se supo que fue de él.

Pasado el tiempo legal, esta casa se puso en venta, la vi, me gustó y la adquirí, con muebles incluidos.

-iY, bien! ¿Qué es lo extraño de esta historia? -pregunté, poco entusiasmado.

—Sígueme .., sígueme! —indicó en tono bajo y misterioso, como si quisiera que nadie se apercibiera.

Subimos a un trastero existente en la buhardilla del edificio y tras encender la luz eléctrica me enseñó un montón de periódicos arrinconados y me dijo con cierto temblor en la voz.

-Todos estos periódicos son viejos, menos uno. Cuando los descubrí y los iba a tirar, les

eché un vistazo por curiosidad, y me quedé muy sorprendido al comprobar que había uno del año 2002; exactamente del 7 de enero, o sea dentro de seis años. ¿No es sorprendente?

Aquello me pareció la broma más imbécil de Pedro, ¿Pero con quién se creía que estaba hablando? Fingí seguirle la corriente. Le eché un vistazo por encima al periódico en cuestión, y comprobé que era una buena broma .Allí hablaban de cosas absurdas, tales como, de unas vacas que decían locas… y otras cuestiones no menos sorprendentes…; Como de un accidente en el que perdían la vida 12 ecuatorianos ilegales..

¿De donde habían salido?.. Amén de la lista de la lotería del día anterior.., Los números agraciados en la lotería primitiva… Los premios de otros sorteos..,, problemas con ETA… ,etc. Etc….

Sin duda, mi amigo quería tomarme el pelo o lo que era peor, pretendía hacerme algún

timazo… pues pensé… «Este se ha creído que soy tonto de remate y que no me he dado cuenta de que esos periódicos son de la empresa donde trabaja, y como es redactor se ha montado un número para quien sabe que fin, lo mejor es que le siga la corriente y me olvide del asunto».

Me despedí mostrando gran interés y le prometí:

-En cuanto llegue a Barcelona contactaré con una sociedad secreta que trata sobre cuestiones misteriosas y extraterrestres y ya te iré informando-.

Durante un cierto tiempo. Fui esquivando las llamadas de Pedro, como podía, a veces fingiendo ser el con testador telefónico, hasta que debió cansarse y todo pasó al olvido.

Ahora es el año 2002, día siete de enero, ojeando un periódico me doy cuenta de que la portada es exactamente como la de aquel diario que vi en casa de mi amigo años atrás, y en él se hablaba de los mismos temas ya señalados anteriormente. Sorprendido, he llamado a Pedro por teléfono y cuando se ha puesto al aparato me ha asegurado:

-Estoy muy enfadado contigo porque no me creíste, como tampoco me creyeron otros a los que avisé de las desgracias que iban a pasar. Así que, cuando comprobé que todo lo que decía el diario aquel se acercaba a la realidad imperante decidí anticiparme a los acontecimientos  especialmente en lo de las loterías y ahora me encuentro forrado de millones. Lo siento por ti y por todos aquellos que me tomaron por imbécil. Ya sólo me resta decirte que puedo regalarte el periódico aquél, aunque, como habrás visto, el que se ha vendido por los quioscos es exactamente igual y ya no tiene valor.

Ahora, después de aquella última conversación con Pedro, que por cierto se despidió con una carcajada sarcástica, ando maldiciéndome y hablando solo por las calles, diciéndome a mí mismo, ante la mirada burlona de cuantos se me cruzan:

-Soy un tío imbécil! Un idiota! ¡Un auténtico gilipollas! Pero… ¿Cómo será posible que yo, que no paro de escribir sobre cosas de extraterrestres, viajes al futuro y todo eso, haya fallado tan estrepitosamente? Una vez que me pude hacer rico con las loterías, y famoso, evitando todas las desgracias que aquel periódico señalaba y han sucedido.

— Si no fuera  porque ya no tengo ni un pelo de tonto, pero tampoco de listo.., ¡me los arrancaría a tirones! En fin, me tendré que conformar con pegarme unos cuantos cabezazos contra la primera esquina que me salga al paso.

FIN

PLANETA NEGRO

 

PLANETA NEGRO

 

 

Año 2048. La nave interplanetaria SENTINEL XXV, después de un viaje rutinario de vigilancia alrededor del Sol, regresa ala Tierra.La misión ha durado exactamente un año, pues lo ha hecho a la misma velocidad de traslación que nuestro planeta pero en sentido contrario al de este.

Los miembros de la tripulación, compuesta por cuatro personas, dos hombres y dos mujeres están sorprendidos por el horrible aspecto del planeta ya que el azul que lo ha caracterizado siempre ha desaparecido completamente y sustituido por un color negro profundo, lleno de funestos presagios.

Normalmente, cuando una nave pasa por detrás del Sol, las comunicaciones radioeléctricas conla Tierrasufren alteraciones muy significativas debido a la influencia del campo magnético del astro rey que incluso algunas veces llegan a dejar completamente desconectadas a estas naves dela Tierrapese a existir una amplia red de satélites reemisores establecidos convenientemente. El contacto se normaliza cuando las condiciones se restablecen o a lo sumo cuando se visualiza el planeta Tierra desde el vehículo espacial.

¿Que había sucedido durante los cinco meses en los que fue absolutamente imposible contactar con la base aeroespacial?

¿Porque los analizadores detectaban una gruesa capa con un promedio de más de veinte centímetros de hidrocarburos o petróleo, vulgarmente chapapote sobre toda la corteza terrestre? ¿Por qué incluso las nubes que envolvían al planeta eran también negras y de igual composición? Y lo peor, ¿Por qué no se detectaba ningún signo de vida?  ¿Acaso había llegado el fin del mundo?

La desesperación y el desconcierto se adueño de los astronautas, porque aunque eran personas preparadas para soportar las peores contingencias, no por ello eran insensibles a tragedia de tal magnitud y no solo pensaron en lo que les hubiera sucedido a sus familias, también se percataban del tremendo final de la humanidad y de lo que a ellos mismos les deparaba el destino.

Poco a poco, a los gritos y lágrimas desesperadas se impuso la serenidad.

_¿Que vamos a hacer ahora?-Preguntó la piloto ingeniero Sandra Smit al comandante Carlos Santillana.

_Deberemos estudiar un plan de supervivencia urgente, esta situación no estaba prevista y apenas nos quedan recursos para

resistir un mes escaso, tendremos que racionar los alimentos y aprovechar al máximo el combustible, propongo que cada uno aporte las ideas que se le ocurran.

_Yo creo que deberíamos acercarnos y examinar el planeta al menos durante un par de días, quizás exista vida en algún sitio y tal vez podamos comunicarnos de alguna forma._dijo Dimitri Gagarin, especialista en recursos y comunicaciones espaciales.

_No obstante (_Añadió Sandra,) cuanto hagamos deberá ser iniciado en este mismo instante, porque si algo se ha de hacer creo que es urgentísimo. Opino, que el tiempo es primordial no solo para salvar alguna vida, si es que la hay, sino para salvarnos nosotros que como ha dicho usted tenemos los recursos limitados.

Sollozando por la pena que la embargaba, (exclamó Mary Blumberg,-) ¡Actuemos ya! ¿Qué esperamos?

Tres meses antes, las noticias procedentes de los diversos medios de comunicación convulsionaban a toda la humanidad por las tragedias simultáneas que en todos los mares del mundo se estaban sucediendo, Mares, océanos, incluso grandes lagos se estremecían con violentos maremotos y tsumanis que hundían cuantas embarcaciones entonces navegasen, a la par que olas gigantescas penetraban en tierra firme varios kilómetros destruyendo toda clase de vida e instalaciones.

El terror se adueñó de todo el mundo, las profecías del (Mendigo loco) se estaban confirmando.

Un pordiosero llamado el loco por sus extraordinarias aseveraciones y el modo exaltado en que las expresaba se había hecho popular en las diversas cadenas de televisión de más audiencia del planeta.

_Sé que soy el hazmerreír de todos y que nada creéis de lo que digo pero no me cansaré de gritar que estamos cavando nuestra propia tumba. El mundo está moribundo porque estamos destruyendo su naturaleza. Los bosques van desapareciendo por vuestro afán especulativo. Las grandes multinacionales inducen a las gentes al consumismo desmedido y demencial, que tira a la basura muebles, ropas, toda clase de bienes en perfecto estado de uso, incluso alimentos, mientras que medio mundo se muere de hambre en otros países donde la tierra de cultivo se va convirtiendo en desierto por el desequilibrio ambiental provocado por la avaricia de los poderosos, que siempre quieren ser más ricos.

_Incluso, creo que Dios está muy enfadado porque este estado de bienestar tan cacareado está influyendo en las personas que se están enviciando con espectáculos degradantes que no son ni más ni menos que los instrumentos del diablo para que perdamos el amor al prójimo. Cada día se extiende más el crimen de toda índole especialmente el resultado por guerras, malos tratos, el influenciado por las drogas, la trata de blancas, etc.

_ ¡Este tío esta majareta!_! Con sus rollos no para de salir a cada momento en todas las televisiones y periódicos!_!Menudo cuento se ha montado el pordiosero este, con eso de que el mundo se acaba!

_! Y asegura que no cobra por sus espectaculares declaraciones! _! Claro, lo que quiere es la fama primero!

_Parecía extraño, pero era indudable que la fama del Mendigo loco se extendía inusitadamente y todas las cadenas televisivas se lo disputaban ya que la audiencia se consideraba del ochenta por ciento ¡Algo inaudito!

Verdaderamente la gente se desternillaba de risa por la forma tan exaltada y apasionada en que exponía sus afirmaciones; hasta los adivinos de turno se burlaban de el, no tanto las diversas religiones que coincidían, no en que se acabase la vida, pero si en el hecho de que las cosas de este mundo iban de mal en peor.

Un religioso católico, el padre Silvio Donatelli, quizá mandado por el sumo pontífice de Roma, viajó a Estados Unidos,

a fin de contactar con el sorprendente personaje y sonsacarle cuanto supiese.

Dos días después, el mendigo y el sacerdote se entrevistaban mientras tomaban un café en una habitación del hotel donde se

hospadaba el religioso.

_Y dígame señor…

Llámeme pordiosero, mendigo o loco, ya me estoy acostumbrando, además, lamento decirlo, pero lo prefiero así.                     .                         …………………………………………………………………………………………………………..

Antes de proseguir retornemos a la nave de nuestros amigos.

_Comandante he recibido un mensaje, por lo visto alguien hay en orbita que pide hablar con usted.

Llenos de curiosidad y esperanza todos los tripulantes de la nave se precipitaron al módulo de transmisiones.

_Al habla el Comandante Carlos Santillana de la nave terrestre Sentinell XXV, permanezco a la escucha, díganme quienes son y que saben de lo sucedido en el planeta, por favor.

_Contesta el Comandante de la estación cósmica Andrómeda, situada sobre ustedes a cinco millas estelares. No nos pueden ver porque por protección nos hemos invisibilizado, y tengan en cuenta que ante cualquier sospecha o gesto agresivo podemos destruirles instantáneamente.

_No somos agresivos, somos vigilantes dela Tierra- ¿De donde son ustedes?

_ No venimos de ningún lugar cósmico en particular, deambulamos por esta galaxia buscando donde poder habitar, puesto que el planeta del que provenimos dejó de existir hace varios siglos.

_¿Quiere eso decir que ustedes han destruido la vida enla Tierrapara después ocuparla?

…………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………Volvamos al tiempo pasado cuando se inició la serie de catástrofes que había pronosticado el Mendigo loco .

Ante los desastres continuos que estaban sucediendo, pronto las fuerzas de seguridad, bomberos, policías, ejércitos y voluntarios del mundo entero fueron insuficientes, el caos era total, los muertos empezaron a emerger, sobre la superficie de todos los mares, y en los pueblos limítrofes de aquellos. Pero ahí no quedó todo, apenas pasados unos días, otra serie de fenómenos aún más graves empezaron a producirse ,,,,, Enormes manchas de petróleo procedentes de los barcos  hundidos y de las plataformas petrolíferas oceánicas destruidas, se acercaban a las costas sin que apenas nadie pudiera evitarlo, Y,,,,,,,,,,,

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El mando de la nave extraterrestre comunicaba:

Comandante Santillana, les invitamos a unirse a nosotros para estudiar la situación personalmente.

_Primero preferimos descender a tierra para investigar lo sucedido, y no crean que desconfiemos de sus intenciones pero comprendan nuestro anhelo por saber de nuestras familias y conciudadanos.

_De acuerdo, lo comprendemos, pero tengan en cuenta que los estaremos vigilando por si precisan ayuda.

_Gracias Comandante. Permaneceremos en contacto por radio.

Tras aquella breve conversación, Carlos Santillana comandante de Sentinel XXV dio la orden para entrar en la atmósfera terrestre, maniobra que se inició sin ningún problema minutos después.

Cuando empezaron a acercarse y pudieron comprobar a simple vista el estado del planeta, quedaron Asombrados                                                                                                                                      no dando crédito a lo que estaban viendo. Desde las montañas más altas hasta el mar, pasando por desiertos campos y ciudades, todo estaba inundado por el chapapote, Aterrizaron en un lugar que les pareció idóneo, comprobando (in situ) que la atmósfera era irrespirable y muy difícil caminar por el barrizal de chapapote, tan pegajoso y resbaladizo. Nevaba nieve negra, sin duda el fin del mundo ya había llegado; entonces decidieron contactar con la nave extraterrestre… Pero otra sorpresa desagradable les esperaba…

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¿Verdaderamente como se había producido aquel cataclismo?  Tras las declaraciones del loco mendigo al que nadie daba crédito, los mares se alborotaron y vino la primera serie del desastre mundial, eso ya lo hemos relatado, pero después a aquella serie siguió otra peor consistente en que esta vez la tierra se desquebrajó por diversas partes especialmente donde habían yacimientos petrolíferos terrestres, y subacuaticos que fluyeron hacia la superficie de todos los mares posándose mansamente sobre las aguas de aquellos, muriendo inmediatamente fauna y flora marina. Aquello era muy grave quizás nunca se podría arreglar, sin embargo, aún se podía vivir en las montañas que todavía conservaban pozos con agua potable y árboles, lo que origino autenticas guerras fraticidas por adueñarse de ellos y sobrevivir, en las que siempre triunfaban los más poderosos y despiadados ,(como siempre) .Pero aún quedaba lo último, el petróleo empezó a evaporarse formándose grandes nubes negras que invadieron la tierra .Luego la lluvia hizo el resto, grandes tormentas de petróleo inundaron la capa terrestre, el oscuro elemento se filtró en la tierra contaminando los pozos, el resto volvió al mar y el ciclo siguió repitiendose indefinidamente.

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Como enloquecidas, las gentes huían de un lado para otro, las poderosas, se guarecieron en los miles de refugios antiatómicos que se habían construido bajo sus casas; refugios que poseían las más avanzadas tecnologías consistentes en generadores eléctricos alimentados por la luz solar el viento e hidrocarburos, que además de proveerles de energía para alumbrarse, también eran eficientes para alimentar otros aparatos electrodomésticos, y regeneradores del aire.  Lástima que esos artilugios apenas funcionaron con el Sol ya que las negras nubes tapaban las radiaciones luminosas, además de que la espesa cantidad de chapapote posada encima los anulaba como también quedaron anularon los generadores eolicos, además los alimentos se habían calculado para albergar a un máximo de quince personas durante dos meses, tiempo considerado como suficiente para recibir ayuda exterior, auxilio que nunca llegaría.

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Cuando el Comandante Santillana y sus compañeros intentaron contactar con la nave extraterrestre Andrómeda. comprobaron asombrados que el contacto era imposible porque las antenas de la nave se habían fundido al penetrar en la atmósfera terrestre por un fallo del eyector automático,  posiblemente por estar muy baja la batería que lo alimentaba.

Otra vez la desesperación cundió en el equipo, todos sabían que tenían las horas contadas si no los socorrían pronto.

_¡Estamos perdidos, apenas nos quedan recursos y aire para un día y ellos no harán nada si no les pedimos ayuda por radio como acordamos! _Exclamo acongojada Mary Blumberg.

_Pues tendremos que salir a buscar una solución porque tampoco podemos despegar, apenas nos queda combustible.-Respondió el comandante mientras escudriñaba el entorno con unos prismáticos, añadiendo…

_Allí, a un par de kilómetros parece que hay un edificio, alguien deberá intentar llegar como sea, tal vez encontremos algo que nos pueda valer, quizá una antena parabólica, bengalas o que se yo._ fue en ese momento cuando Estiven Robins el ingeniero técnico que normalmente permanecía callado y pensativo, propuso… ¡Yo iré ¡

Después de discutir la cuestión, embutido en su traje espacial, con apenas aire para dos horas; Estiven partió hacia lo que semejaba un edificio semienterrado por el oscuro elemento, avanzando lentamente con grandes dificultades.

A la media hora, empezó a sentir frío. El traje tenia calefacción eléctrica pero si la conectaba el regenerador de aire no funcionaria ni diez minutos ya que las baterías estaban muy agotadas y entonces moriría asfixiado.

Llegó aterido y agotado por el esfuerzo a los cuarenta minutos de su salida de la nave, comprobando que efectivamente aquello era una casa, una granja ganadera repleta de animales muertos y varias personas, que debieron ser sus moradores, todos en avanzado estado de descomposición. Sentía tanto frío que decidió perder unos minutos encendiendo una estufa de gas que encontró en una habitación. Después de calentarse, inició la búsqueda, encontrando una estupenda antena parabólica de casi dos metros de diámetro instalada encima de la casa, que seria muy difícil desmontar ya que con su vestimenta y el tejado lleno de chapapote aquello era imposible, la única solución que se le ocurrió fue derribar el edificio con el tractor que encontró en un cobertizo y que por suerte funcionaba, aunque tubo que hacer un puente eléctrico porque no podía perder tiempo buscando la llave.

Ni corto ni perezoso arremetió varias veces contra una pared que le pareció idónea hasta que se desmoronó un ala del edificio de dos plantas, que por poco no le cayó encima. Indudablemente estaba de suerte pues la antena con su soporte, cables, etc., también cayeron junto a el. Como pudo, cargó la parabólica encima del tractor así como algunas latas de conserva que encontró en una estantería de la casa, pidió ayuda a Dios para que el vehículo pudiera atravesar los dos kilómetros aproximados de barrizal pero se había atrasado tanto que ya no le quedaba aire ni para media hora, hubo un instante en que pensó en ir a calentarse o llevarse la estufa pero cargarla le habría supuesto perder un tiempo precioso y además, tal vez provocase un incendio, no le quedaba otra solución que salir con el potente vehículo rumbo a la nave a pesar de que se sentía casi congelado. Él tractor inició su andadura briosamente pero cuando apenas le quedaban doscientos metros quedó embarrancado en un hoyo del terreno empezó a resbalar, terminando por pararse y no volviendo a arrancar pese a los múltiples intentos del astronauta.

Desde la nave sus compañeros que lo observan con los prismáticos, lo vieron abandonar el vehículo cargado con la pesada antena y desplomarse cuando apenas había avanzado unos metros, aunque poco podían hacer porque el aire ya estaba agotándose sintiendo que la vida les abandonaba., el comandante decidió jugarse el todo por el todo y dijo con la voz apenas perceptible._Tengo que salir, es nuestra última esperanza, apenas nos queda aire.  Inmediatamente salió en su ayuda; hazaña inútil, puesto que sin aire en los pulmones, cayó desplomado cuando ya había llegado junto a su compañero.

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_Hola soy el mendigo loco y este es el sacerdote católico Silvio Donatelli ambos fuimos salvados por los extraterrestres y ahora como ustedes nos encontramos en el hospital de la nave Andrómeda recuperándonos. Maria Blumberg a la que dirigió aquellas palabras de salutación el mendigo loco acababa de abrir los ojos y no podía creer lo que veía. Se hallaba en una gran sala de más de cien metros cuadrados en la que se encontraban unas veinte personas acostadas entre las que pudo reconocer a sus otros tres compañeros que parecían dormir placidamente.

¿Que ha sucedido?- ¿Como están mis amigos? Hizo las preguntas con los ojos desorbitados pues antes, cuando se asfixiaba y el corazón le golpeaba con inusitada violencia, pidiendo aire, pensó que moría y entonces debió perder el conocimiento.

.Poco después, todos estaban bien y el comandante de la nave Andrómeda, (Que era de apariencia totalmente humana como los terrestres aunque se diferenciaba por poseer la cabeza algo más voluminosa,) los reunió en una sala donde les informó detalladamente de cuanto le preguntaron y otras cuestiones, como:

Estuvimos esperando sus noticias y nunca dejamos de vigilarles, cuando comprendimos que se encontraban en gran peligro, hecho que detectamos con nuestros instrumentos, acudimos en su ayuda.

Por nuestros estudios sabemos quela Tierraes un planeta vivo, un ser inteligente que se estaba enfermando por culpa de los abusos del hombre, y que decidió acabar con él, por eso provocó un cataclismo empleando todos los hidrocarburos que le quedaban para exterminarlo.

Desde el espacio cósmico detectamos con nuestra tecnología tan grave problema y enviamos varios emisarios destacando el que llamaron El mendigo loco. Aunque no le hicieron caso pese al magnetismo personal que irradiaba. Cinco meses después, el Mundo no pudo aguantar más.

Durante el tiempo en que toda la humanidad moría, pudimos comprobar casos de personas muy heroicas a las que pudimos salvar, nuestro deseo habría sido ayudar a todos pero lamentablemente eso era imposible.

Esta nave, realmente es una ciudad interplanetaria, un pequeño mundo donde disfrutamos de un clima y aire autóctono que se fabrica con un gran complejo magnético nuclear, tenemos campo y ganado suficiente para alimentarnos, así como un parque zoológico donde viven animales de todas las especies que hemos podido salvar de la extinción y peligros .esta ciudad cuenta con tres millones de habitantes y dos millones más que hemos podido salvar de su mundo. Lamentablemente nuestro poder es limitado y aún nos queda mucho camino por recorrer. Entre las personas que hemos podido recuperar de su planeta hay gentes de todas las razas y varios científicos importantes para iniciar un gran proyecto que deberemos desarrollar con el esfuerzo de todos. Se trata de regenerar poco a pocola Tierra, planeta que podremos compartir ya que se ajusta perfectamente a nuestras expectativas. Desde ahora deberemos tratar a la naturaleza con más amor para que jamás se repita otro cataclismo similar.

 

 

FIN