Archivos mensuales: marzo 2016

EL EVANGELIO DEL CENTURIÓN (Novela completa)

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EL EVANGELIO
del
centurión

POR ANTONIO LARROSA DIAZ
TODOS LOS Derechos reservados

Antes de escribir ni una sola palabra sobre el tema quiero dejar muy claro que esto es solo una novela basada en un tiempo, sin ánimo de molestar a nadie, por raza, creencias o género
Cualquier semejanza con personas u hechos reales es pura coincidencia.

el evangelio del centurion by Antonio Larrosa Diaz is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.
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En Lloret de Mar el dia 13 de marzo del año ( 2016-03-13) desde el Hotel Helio
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A MARIA MI ESPOSA Y A VENUS LA PROTAGONISTA
DE ESTA HUMILDE HISTORIA.

ME GUSTAS CUANDO RIES
PERO NO CUANDO LLORAS
POR ESO INTENTO
HACERTE FELIZ A TODAS HORAS

NADA ES ETERNO EN LA VIDA
SOLO EL AMOR
LO CONSIGUE SI NO SE ENFRIA

ria

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CAPITULO I

MASACRE

Toda mi familia estaba muy contenta porque la cosecha de cereales había sido espléndida; mi padre había conseguido muy buen precio y por eso mi madre nos preparó una cena extraordinaria, inolvidable. Lamentablemente inolvidable para mí, y no por los manjares que nos había dispuesto, si no por lo que sucedería aquella noche.
Apenas habíamos tomado asiento ante la mesa cuando un gran estruendo de cristales rotos que provenía de la parte de arriba de la casa hizo que mi padre y mis dos hermanos mayores Liberto de veintiocho años y Marcos de veintiséis subieran corriendo a comprobar que lo había ocasionado.
Un gran alboroto como de gritos y pelea nos hizo temer que alguien podía haber entrado por la ventana de alguno de los dormitorios situados en aquella planta.
Inmediatamente, mi padre apareció gritando:
–¡Huid!! ¡Huid, nos atacan!
Un hombre joven ataviado como un legionario romano que lo seguía le asestó un golpe tremendo en la cabeza con una maza y mi padre cayó rodando por la escalera hasta el suelo del comedor quedando allí sin conocimiento.
Al momento vimos caer rebotando por los escalones la cabeza ensangrentada de Liberto quedando a los pies de mi madre que se desmayó al verla, tras exclamar:
¡Hijo mío, que me lo han matado!
Mientras, mis dos hermanas Lucia de veinte años y Tita de dieciocho que se habían apartado asustadas, contemplaban aterradas aquellas escenas tan terribles abrazadas en un rincón.
En unos instantes el comedor se llenó de soldados romanos que cogieron alborozados con aviesas intenciones a mis hermanas empezando a disputárselas con los ojos inyectados en lujuria.
–¡Esta morenaza tan guapa y hermosa para mi!
El que eso gritó ansioso era un soldado gigantón barbudo bizco, cuyo rostro estaba surcado por una cicatriz desde la oreja hasta la comisura del labio del lado derecho de la cara, dándole un siniestro aspecto, mientras

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gran violencia arrastraba a Lucía echándola sobre un arcón que situado junto a la puerta había,
Ella gritaba como loca presintiendo las intenciones de aquel soldado con aspecto terrible, mientras el la desnudaba arrancándole el vestido a manotazos y tirones.
Me resulta horriblemente doloroso recordar lo acontecido aquella noche y creo que para ser feliz en esta vida, muchas personas deberíamos perder la memoria completamente.
Me es muy difícil y describir cuanto ví aquella inolvidable noche, pero a pesar de ello lo haré poniendo palabra por palabra, aunque sean muy barriobajeras y penosas a fin de no quitar rudeza a lo acontecido.
Mientras, un soldado de aquellos me sujetaba, otro amenazaba a Marcos al que una vez capturado, lo habían bajado al comedor y le estaba pinchando con un puñal en la garganta, por la que fluía un hilillo de sangre.
No me mates. No me mates: (Gritaba mi hermano desesperado)
-¡Calla o te rebano el cuello como al otro!
Contestó el soldado amenazando con suma acritud.
Todo eran gritos he improperios
El soldado que me sujetaba le preguntó a gritos a uno que debía ser el jefe que en aquel momento se hallaba al otro lado del comedor observando a mis hermanas con mucha atención.
-¿Plinio: qué hago con este crío…¿Lo mato ya?
Me extrañó que el tal Plinio fuese el jefe, por ser quizás el más joven, aparentaba unos veintipocos años, pero su mirada siniestra, mirada asesina me impresionó desagradablemente, cuando con aire petulante contestó al que le había preguntado:
-¡No, de momento déjalo que vea como nos follamos a sus hermanas! -¿porque son tus hermanas, estas hermosuras… ¿No?
Me preguntón desde donde se encontraba en voz alta, mirándome fijamente, esperando una respuesta que no le di al pensar que había llegado mi última hora y por mi cabeza solo pasaba el deseo de escapar o al menos defender hasta la muerte a mis hermanas. Pero todas mis esperanzas se desvanecieron cuando entre aquel soldado y otro me ataron a una silla pese a mis pataleos y gritos.
Exclamando el tal Plinio en tono burlón:
-Desde aquí verás todo el espectáculo que te dedicaremos en exclusiva antes de que te cortemos la cabeza.
Te vas a divertir mucho, ya verás.
Y en efecto, todo lo vi. Un estupor creciente me impedía cerrar los ojos.
El tal Plinio, el que parecía ser el jefe de aquellos miserables les ordenó, con cierta autoridad.

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-Soldados: dejad el cachondeo para después: Ahora hay que buscar el dinero y alimentarnos, con lo que esta buena señora nos ha preparado; una exquisita cena.
Después mirando a mi madre que permanecía desmayada sobre el suelo añadió ¿No esta mal la señora, verdad chicos? Luego, cuando este disponible os la follais si queréis.
Y mientras hablaba exhibiendo una sarcástica sonrisilla de una boca casi sin dientes señalaba las piernas de mi madre, que fue destapando hasta la cintura con un palo de escoba y bajándole las bragas con el mismo palo después.
Nadie podrá nunca saber el dolor y la indignación que yo sentía viendo a mi madre desmayada medio desnuda junto a la cabeza ensangrentada de mi pobre hermano Liberto.
El grandullón barbudo que ya se disponía a perpetrar su acción contra Lucia, ya completamente desnuda y que no paraba de llorar y gemir desconsoladamente a la vez que se tapaba lo que podía; la cogió en brazos, y aunque ella además pataleaba, abrió el arcón, que estaba repleto de ropa, puso a mi hermana dentro y sin contemplaciones, lo cerró con muchas dificultades por estar muy lleno, subiéndose acto seguido encima y apretando hasta que con la ayuda de otro pudo echar los cierres, animado por los aplausos y risas de todos sus compañeros y los gritos angustiosos que todavía se oían, muy amortiguados de ella dentro del arcón.
Sentados ya alrededor de la mesa, los conté y eran quince. Quince que se comieron la estupenda cena que mi madre y una sirvienta que ya se había marchado había hecho con todo su cariño para nosotros; un cordero al horno, unos quince o veinte pescados doradas, pan en abundancia, además de todas las botellas de buen vino que teníamos en la casa (unas doce) finalizando el ágape con frutas diversas de postre.
Hasta que no quedo nada no pararon de comer, beber y reír con estruendosas carcajadas, mientras de vez en cuando nos daban sin ningún motivo ni consideración patadas y puñetazos a mí y a mi hermano Marcos, también atado a mi lado.
De pronto vi a mi otra hermana Tita que estaba bajo la mesa lloriqueando mientras le chupaba el pene al que supongo que era jefe el tal Plinio que le sujetaba la cabeza con ambas manos y no paraba de amenazarla si no se esmeraba y dejaba de lloriquear.
-¡Chupa y calla, o te corto la cabeza, cacho putita!
Ese insulto supongo que lo dijo porque ella solo tenía dieciocho años y desnuda parecía una criatura de trece o catorce.

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De pronto vi como mi padre empezaba a moverse y abría los ojos con cierto desconcierto ya que no debía ver bien seguramente por que le habrían destrozado la corteza craneal, o porque salía de una confusión indescriptible y no conseguía situar o enfocarlas imágenes en su estado natural.
Desgraciadamente ellos, también se apercibieron del despertar de mi padre Y Plinio el jefe, apartó a mi hermana dándole un empujón, se puso bien la faldilla tapándose y empezó a interrogarlo.
-Mira viejo, hemos registrado toda la casa y no hemos encontrado el dinero que te han pagado por la cosecha, así que si aprecias la vida de los tuyos dinos ahora mismo donde lo tienes escondido y nos iremos después con el dinero, dejandoos tranquilos.
Mi padre, medio aturdido le suplicó:
-Por favor no nos matéis podéis quedaros con todo lo que tenemos, pero no nos hagáis ningún daño.
El dinero está dentro de una bolsa encima de la biga que hay arriba sobre la ventana de la primera habitación. Cogedlo y marchaos, por favor.
-¡Tú, Juliano, ya has oído al viejo llorón, sube y trae la bolsa esa que ha dicho!
Tras ordenar al soldado que fuera arriba en busca de la bolsa con el dinero, se dirigió a mi padre y le espetó con énfasis amenazante:
-¡Como la bolsa con el dinero no esté sobre la biga esa que has dicho, te voy a cortar los cojones delante de tu familia ahora mismo.
Mi padre al ver a mi madre tirada en el suelo y medio desnuda… Preguntó:
– ¿Qué le ha pasado a mi mujer? ¿Qué le habéis echo?
-A tu mujer no le ha pasado nada, de momento, se ha desmayado al ver esa cabeza a su lado y que tú no la has debido ver desde donde estás. Eso le ha sucedido al muchacho que supongo debía ser hijo tuyo por atacarnos; así que ya lo sabéis, al que no nos obedezca le cortamos el pescuezo, o lo hacemos pedacitos en vivo y asunto concluido.
Me es difícil seguir escribiendo el horror de lo que allí en la casa de mi familia aconteció aquella maldita noche bajo la tenue luz de las cuatro lucernas de aceite del comedor, que acentuaban las humillaciones y angustias a que fuimos sometidos por aquellos miserables sin sentimientos, pudor ni hombría.
Una vez el soldado Juliano regresó del piso de arriba con la bolsa del dinero, todos se pusieron muy contentos al ver su contenido, una verdadera fortuna en monedas de oro y plata.
Las súplicas de mi padre que les pedía angustiado y llorando que nos dejasen en paz y se fuesen con el botín conseguido, tal como Plinio el jefe, le había prometido, fueron despreciadas con burlas y acompañada de
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carcajadas, patadas y puñetazos, contra nosotros, alegando que aún tenían que divertirse hasta que saliese el Sol del nuevo día fornicando con nuestras hermanas, mi madre y el resto de la familia.
El gigantón abrió el arcón donde había metido a Lucia y la sacó asfixiada, estaba muerta, lo que no le inmutó en absoluto ya que la puso con las piernas abiertas sobre la misma mesa donde habían comido, apartando con
un brazo, platos , botellas , cubiertos y cuanto le estorbaba, tirándolo todo al suelo y exclamó riendo:
-¡Vaya, la mamonaza esta se ha muerto, pero como aún esta caliente su hermoso cuerpo, la follaremos hasta que nos hartemos, poneos en fila los que queráis!
Todos sus compinches sin excepción aplaudieron la idea y entusiasmados se pusieron en fila para alimentar sus bajos instintos. Y cuando el gigantón se colocó encima de mi hermana muerta, exclamo riendo estruendosamente.
¡-Perdonad, si tardo un poco pero es muy difícil desvirgar a una virgen muerta. ¡¡ajjajajaja!!
Mi padre no paraba de gritar:
-¡Criminales, asesinos!
Y Plinio, le conminó a guardar silencio amenazándole con hacer lo mismo con Tita con las siguientes palabras obscenas.
¡Calla viejo mamón, aún tenemos que divertirnos un buen rato.
-Sentiría entregar a mis hombres a esta otra, ya que le he tomado aprecio por lo bien que la chupa, lo buena que está y porque me la quiero llevar para mi uso privado.
En ese momento mi madre empezó a recuperarse del desmayo y como le pasase antes a mi padre, tardó un poco en darse cuenta de la situación. Entonces, Plinio subido sobre una silla dijo:
-Como que ya se ha despertado la señora de la casa y estamos todos, vamos a jugar al juego del amor verdadero, el amor sin tacha, ese juego en el que sus componentes se demuestran el amor y la fidelidad sin límites que se prodigan aguantando inocentes pruebas.
Un juego en el que lamentablemente siempre que lo hemos realizado han fallado los concursantes, lo que demuestra la falsedad y la hipocresía de las personas que fingen mucho amor y a la hora de demostrarlo fallan; lo que ocasionó la muerte de todos los jugadores de las anteriores pruebas. Bueno, menos de nosotros que solo somos simples espectadores con derecho a intervenir, y a juzgar el comportamiento de los jugadores a los que os deseamos mucha suerte y disfrutéis con este juego tan ameno y divertido.
Después: dirigiéndose a nosotros, nos explicó en que consistía el mencionado juego:
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El asunto consiste simplemente en que obedezcáis lo que yo os diga. Se puede hacer este juego muy interesante con varios en cada equipo, pero hoy lo haremos con solo dos contrincantes cada vez para abreviar y facilitar su desarrollo.
Uno hará lo que se le ordene y el otro permanecerá atento con los ojos bien abiertos y sin mirar a ninguna otra parte hasta que yo de por concluido el juego, que como comprobareis, creo haberlo dicho antes es muy ameno y
divertido, la única norma es que si alguno no se atiene a las reglas establecidas condena muerte a su contrincante, muerte que se le dará por nosotros de la forma lo más humana posible para no causarle ningún sufrimiento ni dolor, ya que somos muy buenos y tenemos excelentes sentimientos. Bueno como ya creo haber dicho el que no obedezca será culpable de su contrincante, que será decapitado por nuestro experto aquí presente, Cestio, del que estoy muy orgulloso por lo bien que corta cabezas, brazos piernas o cualquier otro miembro que sea necesario.
Creo haberos explicado muy claramente como funciona el juego, pero para evitar alguna confusión desagradable lo volveré a explicar más detalladamente, con un simple ejemplo:
Una vez iniciado el juego ya no será interrumpido bajo ningún concepto y como veréis, nosotros vamos a colaborar con todo nuestro entusiasmo para conseguir la satisfacción general y que disfrutéis como nosotros, Ya veréis que divertido. Os vais a reír mucho, estoy seguro.
Bien, como ya dije, el juego es muy simple, se trata de comprobar los vínculos del amor al máximo posible, porque hay que tener en cuenta que: El amor y la confianza son difícil de conseguir pero muy fácil de perder- y de eso se trata. Vamos al ejemplo: A ti viejo, yo ordeno que te comas este trozo de pan y tu hijo debe ver como te lo comes sin cerrar los ojos ni distraerse con nada, pero si tú te niegas a comerte el pan, tu hijo será decapitado por Cestio nuestro decapitador oficial; por otro lado existe la opción de que sea tu hijo el que no quiera que te comas el pan y proteste , grite, amenace, insulte o se desentienda o distraiga cerrando los ojos o mirando para otro lado en cuyo caso serás tú el decapitado. Como es natural en cualquier juego hay un límite de tiempo y en este cada jugada es de media hora, más o menos, según veamos nosotros los jueces. ¡Jajaja!
Una vez que ya sabéis en que consiste el juego…. ¡Empecemos con tus hijos! Ella contra él. Dime amiga mía…¿Como se llaman?
Ante la pregunta que hizo Plinio el jefe, en tono exageradamente amistoso a mi madre, ella le contestó muy alarmada:
-Ël se llama Marcos, ella, Tita.
-Estupendo: Empecemos el juego. Ahora tú Tita, serás follada por varios soldados y si te niegas serás declarada culpable de la muerte de tu
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hermano, así que pon todo tú interés en que los soldados queden satisfechos ¿eres virgen?
Con los ojos chispeantes de rabia y la cara roja de vergüenza e impotencia mi hermana contestó, sumisa con apenas un hilo de voz:
-Si
-En tal caso seré yo el primero ya que tengo amplia experiencia rompiendo hímenes, virgos o como quieras llamar a esa cosita que tienes estorbando en tu bonito conejito, además porque me complace mucho hacerlo.
Por favor, preciosa ponte aquí con las piernas bien abiertas.
Titubeante, Tita abochornada subió a la mesa abriéndose de piernas ayudada por él jefe que se puso encima iniciando su cometido con entusiasmo. Pero tanto entusiasmo puso que no reparaba en el dolor que producía en Tita que a cada embestida chillaba como si la estuvieran destrozando las entrañas, lo que ocasionó gran alboroto en sus soldados que no perdían detalle gritando y riendo animando a Plinio.
¡Muy bien Plinio métesela a fondo, que parece que le gusta mucho, ¡JAAJA!
Mi padre y mi madre cerraron los ojos no queriendo ver aquella monstruosidad y como no entraban en el juego que se circunscribía en esta ocasión solo a Tita y Marcus. Plinio les dijo que…
No esta bien que os desentendáis de vuestros hijos pero no os preocupéis no os lo tendremos en cuenta ya que ahora no jugáis vosotros, pero cuando os toque no olvidéis las reglas.
Marcos, mordiéndose la lengua furiosamente aguantó lo que pudo llorando copiosamente, sin embargo cuando llegó el tercero de los fornicadores perdió el control y empezó a gritar como un loco.
-¡Hijos de puta, cabrones, dejad a mi hermana, por favor, por favor, por favor.
No terminó de gritar y llorar, el jefe Plinio con una ligera señal de la mano dio la orden al decapitador, que apartando al que en ese momento la estaba fornicando, cogió a la chica del pelo, la arrastró hasta tirarla al suelo y de un golpe de espada la decapitó ignorando los gritos de ella y de toda mi familia desesperada, pidiendo clemencia.
La linda cabeza de Tita rodó por los suelos llena de sangre, quedando con los ojos desorbitados mirando al techo.
Apenas tres horas después toda la familia menos yo había sido aniquilada. Lo que le hicieron a mi padre como lo de mi madre y mi hermano, no puedo explicarlo por terrible y vergonzoso, pero llegados a ese momento el decapitador oficial, manchado completamente de sangre le preguntó sonriendo ladinamente al jefe.
–¿Plinio qué hago con el crío? ¿Lo mato también?
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Plinio que parecía estar muy alterado y furioso le gritó: (Seguramente por la muerte de Tita mi hermana)
-¡ Yo en tu lugar no haría una pregunta tan estúpida!..¡Mátalo de una puñetera vez y larguémonos de aquí!
El decapitador me cogió de un brazo y aunque forcejeé, pataleé y grité aterrado lleno de desesperación, me arrastró junto a los restos de mi familia, que habían amontonado en un rincón, levantó la espada y…
Cuando ya me consideraba muerto, soltó el arma y se desplomó atravesado por una lanza.
El que me había salvado fue un nuevo legionario romano que seguido por tres más que a pesar de ser menos bajaron sin miedo la escalera enfrentándose con los otros soldados romanos asesinos en una lucha indescriptible en la que en principio parecía imposible que solo cuatro pudieran vencer a quince y cuando los soldados amigos empezaban a flaquear llegaron gritando y armados con toda clase de herramientas del campo todos los sirvientes al mando de Floro, uno de ellos.
Apenas unos minutos después, aquellos soldados asesinos menos su jefe y el gigantón, que huyeron al ver el cariz que tomaban los acontecimientos, estaban muertos sobre el pavimento del comedor que se iba iluminando lentamente por un Sol ceniciento del amanecer que empezaba a entrar a través de las ventanas, en un día invernal, insinuándose tímidamente.
Un día en el que se inició en mí una gran admiración e inquietud por llegar a ser como aquellos soldados legionarios benefactores y poder perseguir a Plinio y al gigantón hasta el fin del mundo para vengar el exterminio de mi familia.
Luego supe que los que me habían salvado eran de una formación especial, una élite de policías militares que perseguían a los soldados desertores, muy numerosos en aquellos tiempos.
Creo que a estos soldados que me habían salvado los comparaban con la…Guardia Pretoriana. Los mejores legionarios del imperio.
Y una cosa que me influyó bastante en mi decisión por ser uno de ellos, fue que al ir a dar las gracias por haberme salvado al que los comandaba llamado Eliseo, me contestó muy serio acariciando mi cabeza:
-No tiene importancia, solo eran una pandilla de borrachos indecentes, y menos mal que nos ayudaron los trabajadores de la finca porque eran demasiados para solo nosotros cuatro.
Añadiendo con pesadumbre:
– Lástima que llegásemos demasiado tarde para salvar a toda tú familia y que escapasen los dos más sanguinarios, que no dudes, seguiremos buscando hasta que los atrapemos.

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Después me contó que un sirviente que se llama Floro, que dormitaba en la habitación de una de las viviendas situadas cerca de nuestra gran villa campestre se había despertado alterado por los gritos provenientes de nuestra casa, se acercó y observó por la rendija de una ventana como a mi madre la estaban atormentando metiéndole un grueso palo por la vagína,
haciéndola gritar de dolor, mientras mi padre que estaba atado lloraba desesperado.
Los maltratadotes gritaban burlándose y reían.
Había que buscar ayuda, pero a Floro le pareció demasiado arriesgado acudir a los otros obreros de la finca que vivían en las casas contiguas ya que sin experiencia en la lucha personal y sin las armas adecuadas hubieran muerto derrotados indudablemente todos. Los asaltantes eran soldados con experiencia, armados y numerosos, imposibles de vencer por nosotros.
Inmediatamente cogió su caballo y fue a buscar ayuda, que encontró cerca de un bosque donde sabía que habíamos acampado el día anterior. Nos contó todo lo que vio y salimos rumbo a la gran villa, pero en el camino, al amanecer, tropezamos con el sitio donde los desertores habían dejado sus caballos bajo el cuidado de dos a los que tuvimos que eliminar con la consiguiente pérdida de tiempo.
Normalmente a los desertores cuando los atrapamos los crucificamos, o los enviamos al estadio, si los vemos fuertes o lo eligen ellos teniendo la posibilidad de luchar con los gladiadores, pero en este caso han tenido suerte y han sido eliminados casi sin dolor, cosa ocurrida por las circunstancias, imprevisibles.
Ya hacia unos días que los estábamos siguiendo y puedo asegurarte que al localizarlos hubiéramos actuado de otra forma y no se nos hubiera escapado ninguno; pero en fin, lo sentimos por ti y tu familia, que no hemos podido salvar por llegar tarde.

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CAPÍTULO II

EL SENADOR

Después de aquella dramática noche, se inició para mí una nueva vida, se me consideró impúber por tener solo trece años y fui adoptado por mi tío Ovidio, hermano de mi padre y que por entonces era senador romano, y cómo no tenía descendientes, a su esposa Agripina le pareció estupendo.
A partir de ese momento mi tío se ocupó de todo lo concerniente a los trabajos y explotación de las tierras de mi familia, que eran muy extensas e importantes, hasta que yo fuese mayor y capaz de negociar tales fincas heredadas, en que me pasaría cuentas de gastos y beneficificios, gastos que el miraba de minimizar y beneficios de maximizar, como buen tutor.
Verdaderamente nunca pensé que reprocharía nada a mis padres adoptivos que además de sus problemas habían cargado con los míos ocupándose de mi educación en las mejores escuelas de Roma, donde puse el máximo interés en todos los niveles, culturales, donde aprendí geografía, matemáticas, idiomas , entre ellos el Griego, el Ebreo, Latin, Germánico y el Hispano, entre otros menos importantes.
Recuerdo que algo que me costó mucho comprender fue lo concerniente al control del tiempo, no entendiendo muy bien como era posible que el año en un principio lo dividíamos en diez meses desde marzo a diciembre según las fases lunares, y que luego todo se trastocase según las posiciones del Sol en que añadimos Enero y febrero dividiendo el año no solo en doce meses, que tampoco eran iguales, si no también en cuatro estaciones, Primavera, verano, otoño e invierno y que el día o la noche a veces según fuera invierno o verano tenia las horas más cortas o más largas.
Fue entonces mucho tiempo después, cuando yo contaba diecisiete años que me tropecé casualmente en la Via Apia con Floro, el sirviente que con su familia estaba domiciliado en una de las viviendas situadas junto a la casa de mis padres, el sirviente que se ocupaba de los trabajos del campo con los obreros necesarios para el mantenimiento de las labores agrícolas desde el acondicionamiento de las tierras, el sembrado, el cultivo y la cosecha.
Aquel encuentro me emocionó mucho ya que desde la fatídica noche ya explicada en estos escritos no volví a ver nunca más hasta entonces.

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Enseguida nos abrazamos con evidente simpatía, sobre todo por mí que nunca mientras viva olvidare que este hombre fue el que buscó a los
policías romanos y a los sirvientes compañeros de él que con su ayuda eliminaron a casi todos los soldados desertores, los que mataron a mi familia después de mil humillaciones; el hombre al que debo mi vida.
Floro me contó una serie de cosas que yo ignoraba, acontecimientos que si no hubiese sido un simple mozalbete de diecisiete años al menos debí saber y que ignoré por desidia, por no preguntar siquiera por el y su familia cosa que siempre he procurado evitar desde entonces pensando que .. El que no es agradecido no es bien nacido.
Entre otras cuestiones; Floro me contó que mi tío los había desahuciado sin contemplaciones dándoles un pequeño tiempo para que abandonasen las viviendas, dejándolo a él y su prole, además de otras cuantas familias en la calle y sin trabajo pasando de llevar una vida aceptable a una vida de mendigos.
-No puedes figurarte lo penoso y denigrante para nosotros que siempre estuvimos agradecidos a tú padre, el encontrarnos en esta situación. Nosotros que siempre hemos trabajado al máximo para que tú familia no tuviera queja, y solo por ganarnos el alimento y un techo donde guarecernos. En fin ya ves como estoy vestido de andrajos, no sé ni como es posible que aún estemos vivos con tanta miseria y hambre que padecemos.
Ante tales declaraciones me quedé absorto
No imaginaba ni remotamente que motivos podría tener mi tío para actuar de esta forma y a pesar de ser casi un niño le prometí a Floro que pediría explicaciones a mi entonces padre adoptivo y tutor haciendo lo posible, fuera como fuera para ayudarles.
-No te preocupes: Floro: Hablaré con mi tío, que cómo debes saber ahora es mi padre adoptivo y tutor, para que restablezca vuestra situación lo antes posible.
Yo ya soy considerado mayor de edad, si sigo estando bajo la custodia de mis padres adoptivos es por los estudios, pero si hace falta los dejo, por vosotros, si mi padre Ovidio no pone solución a vuestro problema, dejo los estudios y a ellos aunque los quiero mucho.
Si te parece bien, mañana a esta misma hora sexta nos podemos ver aquí mismo y te traeré el dinero que pueda conseguir, que espero que mi tía Agripina me dé, ya que ella me quiere mucho y tiene muy buen corazón. Ya te diré lo que haya conseguido.
Nos despedimos con un fuerte abrazo mientras los transeúntes nos miraban extrañados al ver como un joven tan elegantemente vestido con la toga virilis, (señal de alcurnia) abrazaba a un viejo mendigo andrajoso.
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Durante el trayecto a la mansión donde vivía no dejé de pensar en como enfocar los argumentos que expondría a mis actuales padres; cómo reaccionarían ellos, ni que sacaría en claro de tan triste situación.
Un mar de dudas se agolpaban en mi cerebro, Por un lado en mi se había despertado además de la inquietud de ser un valeroso soldado para vengar a mi familia y luchar contra el crimen, otra nueva contra mi padre adoptivo, yo que lo consideraba un hombre justo, incapaz de una villanía contra ningún ser humano y ahora de repente lo empecé a ver como un ser abyecto, sin escrúpulos de ninguna clase.
¿Cómo era posible que hubiera realizado una acción tan despreciable contra aquel que había actuado para que yo fuese salvado?
Apenas entré en la lujosa villa, mi madre Agripina se apercibió de mi estado y me preguntó con curiosidad manifiesta.
-Longinos: ¿Qué te ocurre, que pones esa cara tan sombría? ¿Te has enfadado con alguien? ¿Tienes algún problema?
Ante estas preguntas, aproveché la ocasión para contar los acontecimientos y así recabar la opinión de mi madre Agripina, quizá ella me facilitase la tarea de enfrentar el problema con mi padre o al menos me contase algo del caso si lo sabía.
Por otro lado si le contaba lo que me tenía inquieto compartiría mi problema con ella y eso era muy importante en aquel momento.
No me equivoqué, la reacción de ella fue instantánea, enseguida comprendió mi pesar y dijo, guiñándome un ojo y dedicándome una amplia sonrisa.
-Tú, cuando vuelva tú padre del senado no le digas nada. Ya me encargo yo del asunto, y no temas, las mujeres sabemos como hablar a los hombres para conseguir todo lo que queremos.
Cuando mi padre regresó del senado a punto estuve de preguntarle lo que tanto me intrigaba, pero no dije nada a pesar de que mi madre Agripina parecía haber olvidado el problema, ya que no mencionó tampoco nada sobre el asunto.
Mi tutor, pasó la tarde escribiendo un nuevo tratado legal, algo relacionado con el orden público o con algún problema de los que siempre había en algún lugar de Imperio que ya se estaba formando; durante la cena nada se habló del caso, solo de cosas intrascendentes, lo típico y cotidiano o sea del tiempo el clima y esas cuestiones.
Yo, ya me estaba poniendo nervioso.
Si no hubiese sido por una ligera señal de mi madre adoptiva que me hizo con la mano como…( Ten un poco de paciencia,) ya hubiera empezado a hablar porque estaba persuadido de que ella se había olvidado o se desentendía.
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Pero se ve que las mujeres lo que desean de un hombre, se lo exponen por la noche porque apenas mi padre se levantó, y me estaba aseando para acudir al colegio se dirigió a mí diciendo:
-Cuando desayunemos recuérdame que tenemos que hablar de algo muy importante, no lo olvides.
Ya, en la mesa para el desayuno, antes de empezar a hincar el diente a nada, me atreví a preguntar:
-Padre, antes me has dicho que teníamos que hablar de algo muy importante, así que dime de que se trata.
Mi padre adoptivo me miró de soslayo con suma atención y me dijo:
Tú madre Agripina me ha contado ciertas dudas que tienes concerniente a los servidores que tenían tus padres en su casa, y lo que sucedió con ellos no ha sido como tu imaginas, una arbitrariedad mía, sino que lo que hice fue esperando lo mejor para todos, para nosotros, o mejor dicho, para tus intereses y los de ellos; me explicaré, a ver si lo entiendes.
No puedo consentir que dudes de mis intenciones ni de mi honorabilidad.
Como bien sabes, soy senador de Roma, un cargo que nos obliga a ser justos y precisos en todas nuestras acciones e intenciones.
Pues bien, yo siempre he estado contra la esclavitud humana y nunca, mientras tenga un soplo de vida no dejaré de defender mis ideas que creo muy necesarias por el bien de todo ser humano, por eso, cuando me tuve que hacer cargo de ti, dada mi total ignorancia sobre las labores de mi hermano tu padre, relacionadas con la agricultura y la ganadería y cómo las tierras que nos dejó son inmensas pedí el asesoramiento de una empresa experta en tales cuestiones, una sociedad que hizo un exhaustivo estudio de todo, detectando que esos sirvientes eran esclavos de tus padres, unos esclavos muy especiales que producían perdidas cada año en las cuentas porque los esclavos no cobran nada por su trabajo, que en este caso son mantenidos ellos y sus familiares a expensas del amo además de tener derecho a un techo, durante toda su vida, cuando en otros casos sin más esperanzas ni ventajas de ninguna clase; unos seres humanos muy desgraciados.
Pero tras el estudio de esta sociedad resultó que cómo hay que mantener a estas personas y sus familiares durante año tras año trabajen el campo o no, haga calor o frío y solo hay unos meses para el trabajo agrícola, la mayoría del tiempo lo pasan sin tales labores y no por eso dejar su legal mantenimiento, total que resultaban a fin de cuentas mas gravosos para la economía del amo que pagando a unos obreros solo cuando hicieran falta. Por eso reuní a todos los esclavos y les dije que les iba a dar libertad, si les parecía bien, que lo pensaran en unos días sin prisas y me diesen la respuesta, momento en que si aceptaban la libertad, podían abandonar esta
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casa y buscarse la vida como seres completamente libres para lo que yo les proporcionaría un documento acreditando su estado liberal.
La verdad es que no lo pensaron mucho, apenas terminé de hablar todos se pusieron muy contentos y felices y enseguida les proveí de los documentos
necesarios y abandonaron las viviendas, no volviendo a saber nada de ellos hasta esta noche en que tu madre me ha contado la situación tan penosa en que se encuentran. Es por eso que creo muy urgente que nos reunamos todos, incluido tú que eres el futuro amo, para hablar y poner una solución a esta complicación. Una complicación que afecta a siete familias con cincuenta y siete personas. Si sabes como contactar con alguno, le dices que reúna a los cabeza de familia para acordar la reunión donde estudiaremos como arreglar este entuerto. Realmente nunca creí que la libertad fuera tan triste para los obreros, al contrario, siempre pensé que la libertad era algo que tarde o temprano seria un bien de todas las personas y no solo de los poderosos, como veo que sucede ahora. El otro día discutiendo este asunto de abolición de la esclavitud, un senador amigo, me dijo:
Ovidio: la libertad no es tan fácil de implantar como tú opinas, pon atención en este ejemplo tan simple que te voy a contar.
En mi casa tenemos dos perros; uno que es muy arisco siempre está atado junto a la puerta del jardín a fin de que no vaya a morder a algún visitante, y el otro que parece muy manso lo tenemos suelto, en completa libertad, pues resulta que el perro atado parecía que se había tranquilizado, ya no ladraba a nadie y siempre estaba enroscado junto a su cadena, creímos que estaba enfermo de tan triste que parecía encontrarse. Pero no estaba enfermo, según el facultativo estaba muy sano.
Cada vez que veía al perro atado y triste me parecía que se encontraba más apenado, por eso decidí cambiarlos por una temporada y atar al que siempre estaba tan feliz con su libertad y liberar al otro.
Lo que resultó de este experimento casi no lo podía creer: El perro liberado estaba furioso y atacaba al otro, como queriendo recuperar la cadena, la cadena que lo esclavizaba, pero a pesar de tenerlos en esa situación varios días y no entendiendo lo que pasaba los volví a cambiar encontrándome con la desagradable sorpresa de que el que antes estaba tan feliz y pacífico empezó a atacar al otro queriéndole quitar la cadena de la que tiraba con violencia.
A veces amigo mío no es tan fácil apreciar lo que es la libertad y por eso no tuve más remedio que poner una cadena a cada uno para que se tranquilizasen. No creo que las personas seamos como los perros pero nuestras inquietudes nos pueden confundir; -A nadie le gusta que le quiten lo que considera suyo aunque sea una maldita cadena que lo esclaviza.
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Después de contarme la historia de los perros, mi padre adoptivo se me quedó mirando como esperando alguna otra pregunta y al final viendo que yo no le decía nada exclamó muy serio:
Tú madre me ha dicho que hasta que no encontremos una solución para tus amigos les has prometido ayudarles con dinero. ¿Cuánto necesitas?
Ten en cuenta que lo que te adelante será contabilizado cuando llegue la hora, así que ya lo sabes.
Creo que con unas cuantos denarios de plata podrán pasar varios días. Hoy a la hora sexta me veré con Floro y se las entregare, diciéndoles todo lo que me has contado, incluso la historia de los perros que supongo que no le va a parecer muy graciosa, ni sugerente.
En el colegio hoy se trató el tema tan odiado por mi, El control del tiempo, durante toda la mañana se estuvo estudiando lo concerniente a los años bisiestos y los relojes de arena y de sol, pero en mi imaginación solo había espacio para el encuentro que tendría con Floro para contarle todo lo ya expuesto y entregarle el dinero que en una bolsita tenía, cincuenta denarios de plata, suficiente para vivir sin agobios siete familias durante más de un mes. Después de entregar la bolsa con el dinero a Floro, acordamos un encuentro con mi padre adoptivo dos días después, tal como él me indicó y ver que solución daba a estas personas.
Y en la fecha y hora convenida en el lugar adecuado que en tal ocasión fue la misma villa señorial donde se aniquiló a mi familia por los desertores y aquellos diezmados por la patrulla de policías militares con la ayuda de los sirvientes.
Mi tío tutor Ovidio y ya padre adoptivo empezó preguntando a la concurrencia que en tal caso eran todas las personas liberadas pero con tan mala fortuna que se habían convertido en mendigos porque nadie quería dar trabajo a esclavos liberados, prefiriendo darlo a romanos.
-Nos hemos reunido aquí para discutir la situación en la que estáis por culpa de un mal entendido. Cuando os propuse convertiros en personas libres y os pusisteis tan contentos pensé que os había hecho muy felices y que al ser libres alcanzaríais una situación estable con un bien social estupendo , pero nunca supuse ni por un momento que llegaríais a ser más infelices que siendo esclavos, claro que el estado de esclavitud en el que os tenía mi hermano no era el que se conoce de esclavos en este país ni en ningún lugar del mundo, porque ya sabéis que un esclavo no tiene derecho ni a formar una familia , ni sus hijos a vivir con una familia . Todos sabéis que mi hermano os compró hace muchos años como esclavos pero nunca os trató como es lo normal en esta sociedad en que no se os permite nada de nada, donde vuestros hijos son vendidos y separados de los padres y otras cuestiones similares con vuestras mujeres; mi hermano que poseía
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buenos sentimientos os permitía tener una vida muy relajada como si fuerais componentes de su propia familia.
Yo creí que dándoos la libertad, ese bien tan estimado por las personas seriáis muy felices, pero la palabra esclavo no me gusta y espero que desde donde mi hermano esté se sentirá satisfecho de lo que he pensado hacer con vosotros.
Creo que lo que os voy a proponer será algo intermedio entre la libertad y la esclavitud.
He pensado tras mucho reflexionar que podéis volver a vuestras casas y vivir como antes sin ser esclavos. Seréis completamente libres
y abandonar estas casas cuando lo estiméis oportuno; mientras tanto se os dará un sueldo por vuestro trabajo, un sueldo digno de forma que en el tiempo en que no laboréis las tierras tengáis ahorrado lo suficiente para vivir hasta que volváis a vuestras labores agrícolas, o trabajar en ese tiempo libre en otros menesteres, claro que para llegar a eso deberéis ser conscientes de administrar el dinero de forma que os cubra todo el año. Esa es mi proposición y si alguno no la considera a su entera satisfacción puede marcharse donde quiera o pueda como hombre libre que es.
Ahora espero vuestra respuesta y no quiero que haya malos entendidos.
Actualmente soy el amo y señor de las tierras que fueron de mi hermano, en cuanto Longino termine sus estudios o los deje por voluntad propia serán de el, mientras tanto yo soy el tutor y debo administrar su negocio con celo y la sabiduría de que sea capaz como si fuera mió, por eso deberéis aceptar de buen grado mis ordenes que siempre serán en beneficio de ambas partes, de él y vuestra.
Eso es todo lo que quería deciros. Si alguno tiene alguna objeción, idea o propuesta que mejore nuestra relación de patrón y obrero, os ruego la expongáis, os prometo estudiarla con sumo interés.
Después de la breve exposición de mi tutor un silencio sepulcral invadió el recinto, Floro y los demás se pusieron a hablar en voz baja, casi imperceptible.
Paréciame que alguno no estuviera de acuerdo en algo, pero aquel silencio duró apenas unos minutos y fue Floro el que lo rompió con las siguientes palabras.
Excelente señor Ovidio, todo lo que ha dicho nos ha dejado mudos de asombro ya que no esperábamos tanta generosidad de tan importante persona como sabemos que es usted.
Estábamos dispuestos a volver a ser esclavos en las mismas condiciones que teníamos con su honorable hermano que descanse en paz, incluso creímos que sería difícil llegar a ese acuerdo.

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Floro, hizo un gesto ambiguo como si estuviese pensando lo que debía añadir y mirando a mi tutor le comunicó en el nombre de todos, ya que por lo visto él estaba autorizado por unanimidad.
Ahora usted lo ha superado y estamos muy agradecidos, haremos cuanto este a nuestro alcance para no defraudarle y que este satisfecho con nosotros como lo estamos nosotros de usted. Gracias de corazón, le doy en el nombre de todos mis compañeros y sus familiares. Que tenga usted larga vida llena de salud y prosperidad.
Una ovación de todos aquellos pobres mendigos dio término a tan memorable reunión.

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CAPITULO III

EL circo MÁXIMO

Había cumplido dieciocho años cuando mis padres adoptivos me propusieron acompañarlos para ir a celebrarlo viendo un espectáculo muy ameno que se realizaría con motivo de los juegos florales en el circo estadio Máximo.
Era este un estadio desmontable de proporciones inmensas y forma elíptica a la que se le habían añadido unos cincuenta mil asientos instalados que con los que ya había sumaban casi doscientos cincuenta mil; todos los asientos estaban instalados sobre varias filas de gradas en todo el perímetro, soportados sobre robustas columnas, también de madera desmontables, dejando en su centro un espacio para el expléndido y confortable palco imperial, suficientemente amplio para dar cabida al emperador con sus familiares y Guardia Pretoriana.
Sobre su arena se iban a realizar diversos números de magia y otros entretenimientos, domadores de fieras, malabaristas, payasos, luchas grecorromanas y cosas análogas, cómo atletismo y por último las luchas de gladiadores, donde estaría presente para su inauguración Octavio Augusto Cayo, el Emperador y su séquito.
Como es natural mi tío Ovidio como senador, debería acudir sobre todo para dar testimonio y pleitesía al egregio personaje.
Como mi tío era un senador importante del gobierno, nuestro sitio estaba muy cerca del emperador y reservado.
A eso de la hora tercia, después de comer nos trasladamos al estadio donde inmediatamente tras la llegada del Emperador Octavio Augusto comenzaron a desfilar los atletas y artistas por la arena aplaudidos por el público enardecido.
El emperador puesto en pié, después de saludar al público dio orden de iniciar el espectáculo con un simple movimiento de la mano, momento en que los músicos, hicieron sonar sus trompetas estrepitosas y sus no menos sonoros tambores.
En primer lugar salieron a escena unos cincuenta atletas, que tras el saludo al Cesar y demás asistentes hicieron una exhibición completa de saltos y

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piruetas, con gran agradó del publico que puesto en pié los aplaudió con entusiasmo encendido.
Como ya he dicho el estadio estaba ocupado por más de doscientas mil personas, no cabiendo prácticamente ni una simple aguja.
Aquel día el Sol de primavera era fulgurante, solo el Emperador y su séquito tenían un techo por sombrilla que les preservaba del caluroso astro rey. Más adelante, años después, todo el circo estaría cubierto por toldos enormes ajustables para dar sombra al respetable público en los días calurosos y también lluviosos
A los atletas siguieron los danzantes y bailarinas ofreciendo una entusiasta presentación de sus aptitudes coreográficas muy de moda, a la vez que una formación musical lírica de más de cien instrumentos les acompañaron con sus coloridas sinfonías coreadas por todo el público asistente.
Después de varios números de payasos, domadores de diversos animales salvajes como leones elefantes y tigres, llegó el número fuerte de aquella tarde, el de los luchadores grecorromanos seguido por los gladiadores.
La verdad es que a mi me entusiasmaron los luchadores grecorromanos que nos brindaron una serie de saltos , llaves de presa y pericias guerreras extraordinarias que unos hombres musculosos llenos de fuerza y agilidad nos deleitaron durante algo más de una hora ininterrumpida, con cinco combates extraordinarios.
Por último, todo el estadio pareció estallar con el estruendo de las palmas y gritos del público excesivamente excitado, como si se tratase del summun, (El no va más.)
Siento decirlo, pero la actitud de aquellas gentes me resultaba triste e hiriente; a mis oídos había llegado la fama de estas peleas que muchas veces terminaban con la muerte de algunos contendientes.
Se hablaba de que varios gladiadores habían conseguido fama especialmente con las mujeres, además de fortunas inmensas luchando contra delincuentes, esclavos y desertores entre otros, matándolos en aquellos desagradables combates, y digo desagradables para mí que no comprendí nunca que podía inflamar al público viendo aquellas deplorables escenas de odio y muerte.
Aquel día solo se salvaron tres de los treinta Gladiadores vencidos ante la voluntad del público que pidió el perdón al Emperador, levantando el puño cerrado con el dedo pulgar señalando al cielo.
Todo lo visto me impresionó grandemente produciéndome asco y aversión al ver gladiadores musculosos luchando perfectamente pertrechados con toda clase de artilugios protectores como armaduras que les cubrían la cabeza, brazos y piernas además de llevar la típica espada (Gladius) corta hispánica de acero, un puñal del mismo origen y material y un escudo que
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les cubría una buena parte del cuerpo, contra otros menos musculosos, algunos esmirriados y barrigones que pese a que iban equipados de igual forma que los auténticos gladiadores no era difícil pronosticar que estaban condenados a muerte.
Tal como iban saliendo los gladiadores mi tío me fue informando de las diferentes clases o categorías según iban pertrechados y así me enteré de algunos de los distintos tipos que fueron apareciendo.

En primer lugar, me dijo mi tío: Gladiador viene de la palabra espada, que en latín espada es Gladius.
Gladiador puede ser cualquier romano libre, aunque son pocos los que se ofrecen, los que son delincuentes, esclavos o gladiadores que no son libres están elegidos para luchar con los profesionales, aunque se les deja elegir y a los que se les ofrece tal opción siempre eligen ser gladiadores, en cierto modo lo hacen para escapar de morir crucificados ya que es mejor probar suerte luchando y si son buenos, mientras vayan ganando combates seguirán viviendo y además tienen la remota posibilidad de conseguir el indulto de sus delitos y la libertad si vencen en cuarenta ocasiones caso prácticamente imposible. De todas formas, si algún gladiador consigue esa cantidad de victorias es recompensado además de con la libertad con la gladius de madera, un trofeo que lo han conseguido muy pocos.
A continuación dijo: te voy a reseñar los diferentes tipos de gladiadores que hay, que son los siguientes.

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Los Secutores eran los más temibles y portaban espada corta hispánica y un pequeño escudo, además de todas las protecciones ya mencionadas de cabeza pies y brazos.
……………………………………………………………………………..
Los Retatril o Retiarios, que empleaban redes emplumadas y tridentes. Estos también eran muy agresivos y por tanto peligrosos.
………………………………………………………………………………
Tracios, con rodela y puñal
…………………………………………………………………………………..
Marmillones. Con espada larga y grandes escudos..
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Essedarís- A caballo o en carros de guerra.
……………………………………………………………………………….
No recuerdo si me dijo alguno más porque de pronto salieron los gladiadores que me llamaron poderosamente la atención.
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Me quedé perplejo y a pesar del tiempo transcurrido, reconocí sin dudarlo ni un instante a uno de aquellos: Era algo más musculoso y algo mayor que cuando lo vi la primera vez pero era el sin duda…..¡¡PLINIO!!.. Aquel gladiador Secutor era PLINIO. El jefe de los asesinos de mi familia.
No pude quitarle ojo de encima y vi como en menos de dos minutos mataba a su oponente, un gladiador bajito y regordete que seguramente era algún delincuente, ante la complacencia de todos los espectadores.
Luego me enteré de que Plinio era uno de los más famosos; Un desertor que había elegido ser gladiador y que posiblemente conseguiría su libertad si mataba a otros veinte contrincantes, adversarios que siempre eran delincuentes y que por tanto no estaban habituados a las luchas de gladiadores.
Por mi tío me enteré que el gigantón ya había sucumbido en una lucha contra otro experimentado gladiador, gladiador que cayó después cuando se enfrentó a Plinio, contra todo pronóstico.
Sin duda Plinio era un gran gladiador que había vencido en su primer encuentro a uno y después a otro, dos auténticos gladiadores. Después ya solo se enfrentaba a los no experimentados, delincuentes y esclavos; algo difícil de conseguir ya que como vi. durante todas las confrontaciones, los gladiadores vencieron siempre a los delincuentes y esclavos que eran abatidos rápidamente.
Aquel espectáculo era una forma de eliminar sin problemas a los delincuentes y aunque todos morían, cuando se les proponía elegir, aunque lo sabían, escogían luchar contra los gladiadores siempre, preferían morir luchando antes que crucificados y con la remota posibilidad de vencer cosa improbable pero que con Plinio resultó una sorpresa.
Además, la elección solo les era concedida cuando el delincuente presentaba un aspecto de fortaleza aceptable o bien en las ocasiones en que se necesitaban y no había muchos para elegir.
Aparte de los delincuentes, también se empleaban esclavos que eran forzados a luchar contra los gladiadores sin ninguna otra opción ya que en el caso de haber pocos delincuentes disponibles, eran comprados para tal finalidad sin derecho ninguno.
Pero volvamos a mi historia.
Ahora mi venganza se limitaba a este hombre, un gladiador muy peligroso que si no me daba prisa seguramente conseguiría la libertad y sería difícil o imposible localizar.
Esta casualidad era una oportunidad insoslayable y aunque difícil, mi única ocasión de vengar a mi familia como me estaban pidiendo en todos mis sueños, mis hermanos y hermanas, mi madre, mi padre y mi corazón.

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Al día siguiente, apenas amaneció, sin siquiera desayunar, antes de ir al colegio me dirigí presuroso y me suscribí en la escuela de luchadores de grecorromana, que estaba situada junto al templo de Hércules ya que en la de gladiadores, me informaron que no me admitían debido a mi edad.
Posiblemente con la mediación de mi tío hubiera podido acceder a la formación de gladiadores pero eso me hubiera obligado a dar explicaciones
capciosas y como nunca mentí no quise hacerlo, así que estuve pendiente de los combates de gladiadores, viendo que al paso que se iban celebrando los encuentros tenia al menos un par de años de tiempo para ponerme a un nivel adecuado.
Tal como había pensado en un solo año dedicando el mayor tiempo posible a entrenarme y hacer los ejercicios necesarios logré cambiar mi aspecto juvenil demacrado en el de un atleta robusto y ágil. Un atleta admirado por todos, pero cuya meta solo consistía en vengar con la muerte de Plinio las terribles humillaciones que aquel malvado había infringido a toda mi familia hasta matarlos. Esa era mi meta, la venganza, una obsesión que me atormentaba día y noche convirtiendo mi vida en un infierno.
En menos de dos años conseguí superar a todos los luchadores del gimnasio, hasta vencer a los mejores, no solo de Roma, si no de Grecia, Turquía, Egipto, Hispania y otros países, consiguiendo ser campeón de todo el imperio romano.
Llegado a esta situación, pensé que era el momento idóneo de vengar a mi familia.
No puedo ni debo perder más tiempo, la sangre derramada a de ser vengada.
Mis padres adoptivos creían que me entusiasmaba la lucha grecorromana y que por eso me levantaba diariamente muy temprano para correr por la montaña y la ciudad solo acompañado por el eco de mis pisadas y luz de la Luna antes de despedirse y dar paso al Sol, y que por eso después de mis estudios y de comer me iba al gimnasio donde entraba el primero, me pasaba horas levantando pesas y ejercitándome en toda clase de aparatos como, trapecio, paralelas, remo, potro, lanzamiento de disco, jabalina, anillas, salto, etc. terminando con la práctica de la lucha durante al menos una hora diaria. Y cada día ya anochecido, salía del gimnasio el último.
Había llegado la hora de la verdad, así que fui personalmente al Circo Máximo para hablar con el dirigente o promotor de espectáculos y le dije: Soy el campeón de lucha Grecorromana de todo el Imperio Romano y vengo a retar al gladiador Plinio si este no tiene objeción.
El dirigente del circo me miró sonriendo y me contestó.
-El gladiador no puede objetar nada, ha de luchar contra quien se le ordene, pero… ¿Cómo piensas luchar contra este gladiador si no tienes ni idea de
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cómo se lucha en esta clase de litigios que normalmente termina con la muerte del oponente? Ten en cuenta que la lucha grecorromana no se parece en nada con la de gladiadores, medita lo que te digo, eres libre de retar a quien quieras pero piensa en que esto no es un juego y puedes morir. ¿Sabes manejar la espada o algún arma en especial?
La cara del promotor de combates se puso lívida cuando le dije:
-Soy luchador de grecorromana y a Plinio lo reto a luchar sin armas, aunque él puede usar las que quiera, no le temo.
Cuando el promotor oyó esto se quedo asombrado, lo noté por la cara de sorpresa que puso y me dijo:
-Escúchame atentamente joven, te voy a dar un consejo de amigo: Olvida este asunto. No sabes donde te metes. Medita bien lo que haces. Yo no te pongo ningún inconveniente, al contrario, para mi sería un buen negocio anunciar esta pelea, sin duda esa novedad llenaría el estadio, pero no digas que no te he advertido del gran riesgo al que te enfrentas. Mira, piénsalo bien durante una semana y luego si te sigue interesando me lo comunicas.
Mi respuesta fue inmediata.
-No tengo nada que pensar estoy seguro que venceré a Plinio y acepto lo que haga falta para luchar contra él.
El promotor me miró de arriba abajo con escepticismo y tras carraspear, solo musitó entre dientes.
-Tú serás campeón de todo el mundo de la lucha esa, pero debes estar algo loco o tener ansias de fama tan enormes que no te das cuenta de lo que haces.
Date un día al menos para decidir, hazme caso. Lo digo por tu bien, te hablo como si fueras mi hijo.
Para no contradecirle más, viendo que no podía convencerle fácilmente le propuse:
-Esta bien, lo pensare durante toda esta noche y mañana si me decido vendré y usted aceptará como me ha prometido ¿De acuerdo?
No muy convencido el buen hombre contestó malhumorado.
-¡De acuerdo!
Y repitió en voz apenas perceptible:
-De acuerdo.
Aquella noche dormí tranquilamente, no tenía nada que pensar, estaba completamente decidido, solo soñé con mi madre que me decía ¡Adelante hijo mío, haz pagar a ese miserable lo que nos hizo!
Al día siguiente a la misma hora ya me encontraba de nuevo ante aquel promotor del circo Máximo. Le expliqué que lo había pensado muy bien y que estaba decidido a luchar sin armas contra Plinio.

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El promotor que se llamaba Octavio exhaló un largo suspiro y dijo mirándome con tristeza, como abatido.
–De acuerdo, hágase la voluntad de los dioses. El próximo día de circo será el primer sábado del mes que viene y asistirá el emperador.
Recuerda que debes estar preparado y dispuesto un día antes para lo cual te iremos a buscar a tu domicilio. Hoy mismo empezaré a publicar el combate. La suerte esta echada.

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CAPITULO IV

EL COMBATE

Solo faltaban un par de semanas para el combate pero no tuve ni un momento de sosiego pensando en todo lo que había acordado con Octavio el promotor del estadio Máximo, llegando a la conclusión de que algo de razón tenía con sus advertencias, la lucha grecorromana no era igual que la de gladiadores.
La lucha de gladiadores era a muerte y la de grecorromanos, no.
En mi especialidad un combate estaba dividido en dos partes de tres minutos con un descanso entre ellas de dos, mientras que en la de los gladiadores no existían tiempos ni reglas de pausas de ninguna clase, claro que siempre luchaban con hombres de inferior categoría y aunque iban complementados con similares armas y protecciones, la ventaja era a favor de los gladiadores oficiales tan enorme que aquello era verdaderamente un escándalo en la que los contrincantes apenas aguantaban unos minutos antes de ser atravesados o con la cabeza cortada de un mandoble de la espada o el puñal del gladiador experimentado.
Después de meditar en estos inconvenientes empecé a darme cuenta de que me estaba metiendo en un conflicto muy serio.
La única solución que vi era desdecirme, anular mi participación, pero no quería quedar como un cobarde, no solo ante la gente, si no ante la historia y mis antepasados a los que debía vengar en esta ocasión tan propicia que quizás no se volvería a presentar nunca más.
Por tal motivo dejé de lado mis estudios, y me dediqué en cuerpo y alma a entrenarme en todos los ejercicios y especialmente en aumentar mi resistencia. Si moría en el empeño que no fuese por mi culpa, ni por desinterés por mi parte.
No me atreví a poner en conocimiento de mis padres el lío en que me había metido para evitar que me hicieran desistir y para evitar dar explicaciones enojosas.
Lo de Plinio era cosa mía y no debía complicarlos a ellos.
Y pasó el tiempo.
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Cuando vinieron a buscarme dos soldados empleados del estadio mis tutores no comprendían nada y pensaban que podía existir algún error.
Fue mi padre el que me preguntó con cierto sobresalto:
-¿Qué has hecho? ¿Porque te vienen a buscar estos soldados?
Intentando quitar importancia al problema les dije simulando tranquilidad:
-No pasa nada solo es que tengo un combate importante mañana en el estadio circo Máximo.
Realmente ya imaginaban algo por haberse publicado, pero supusieron que fuera otro ya que no decían mi nombre en la publicidad que era bastante confusa, porque al promotor del estadio le advertí que no dijesen ni mi nombre ni que era el campeón del Imperio Romano, que solo divulgasen que un campeón de lucha grecorromana lucharía sin ningún arma contra un famoso gladiador armado.
Cómo era costumbre debía pasar las veinticuatro horas antes del combate en la escuela de Gladiadores.
Estando allí, Plinio se me acercó preguntando:
–Tengo la impresión de que te he visto antes. ¿No serás tú el que se me enfrentará mañana desarmado en el estadio?
Cómo si la cosa me fuera indiferente sin volverme siquiera le contesté:
–Claro que me has visto antes ¿Acaso has olvidado aquella familia que hace unos años asesinaste sin compasión en una villa grande de campo que se llama Villa Azul y robaste todo el dinero huyendo cobardemente con otro grandullón, cuando llegaron los legionarios policía y aniquilaron a tu maldita banda de sinvergüenzas? ¡Ahora tendrás que matarme a mí que he venido a vengar a mi familia… ¡si puedes!
Con evidente soberbia, al reconocerme exclamó
-Bien, ya veo, ya veo quien eres, mañana liquidaremos este asunto, pero esta vez no saldrás tan bien librado como la otra, Esta vez no te salvará nadie. Ya puedes empezar a rezar al dios Marte, o a Júpiter. Te doy a elegir al que te caiga mejor,¡¡ jajaja.!!
Se fue riendo diciendo a otro en voz alta para que lo oyesen todos, seguramente para intimidarme.
-Ese jovencito es el que mañana sin armas luchará contra mi y mataré. ¡Debe de estar loco!
Aquella noche dormí sobre una alfombra de las que allí habían para los visitantes, normalmente los que debían luchar al día siguiente y lo más curioso es que dormí de un tirón, profundamente, encontrándome al día siguiente en perfectas condiciones, lo que me pareció una buena señal.
Durante toda la mañana los gladiadores estuvieron entrenándose cambiando golpes de espada unos, y otros tirando la red que portaban atada

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a una muñeca a la vez que simulaban rematar a su oponente imaginario con el tridente, mientras yo por mi parte los observaba con suma curiosidad.
Los contrincantes sentenciados, aparte de mi, debían encontrarse en otro lugar ya que no vi a ninguno
Sobre la hora tercia empezamos a oír las trompetas y timbales que anunciaban el comienzo del espectáculo. Luego al toque de aquellas
trompetas fuimos enterándonos de los cambios que se iban realizando Finalmente, sería la hora sexta, el promotor llegó seguido por los otros gladiadores sentenciados y nos mando formar para salir a la arena indicándonos la rutina que se acostumbraba realizar.
-Ahora, cuando salgáis tenéis que ir hasta poneros en fila, frente al palco del Emperador y lo saludareis con el brazo extendido, la frente elevada y finalizáis con la típica frase en voz alta, que la oigan todos:-AVE CESAR, LOS QUE VAN A MORIR TE SALUDAN- ¿Entendido?
Inmediatamente formamos tal como Octavio el promotor nos indicó, saludamos y enseguida nos pusimos a pelear en medio de aquella arena que
rápidamente se fue tiñendo de sangre y llenando de cadáveres, cadáveres que eran arrastrados hasta la puerta de la muerte desapareciendo para siempre, donde serían despedazados para alimentar a los animales salvajes, cómo leones, tigres osos y otros que enjaulados en unos túneles bajo la arena estaban dispuestos para próximos números circenses.
Plinio verdaderamente era muy peligroso, su espada era manejada con suma destreza y me las veía muy apurado para esquivar tantos ataques que enviaba sin descanso. Al mirarlo a la cara vi que estaba muy nervioso al comprobar que ya todos sus compañeros habían concluido su cometido sin problemas. En su mirada creí adivinar su prisa asesina y yo aún no había iniciado ni un asalto dedicándome a esquivar y esquivar tantos ataques que por arriba, abajo y por los flancos me hacia con desespero.
Por un momento pensé que a este ritmo, en cuanto me descuidase un solo instante, todo habría acabado para mi, no podía despistarme ni un segundo, tenía que espabilarme y actuar en algún sentido así que en uno de aquellos ataques conseguí además de esquivar agarrar el brazo a mi odiado enemigo y voltearlo sobre mi hombro lanzándolo al suelo violentamente esperando romperle el brazo o algún hueso.
Lamentablemente, se levantó de un salto y a pesar de haber perdido en el volteo el escudo que yo envié lejos de una patada, no se amedrentó, en la mano que antes tenia el susodicho escudo, como por arte de magia apareció una daga, que utilizó para atacar junto con la espada.
En uno de aquellos ataques, recibí una puñalada en el brazo, lo que me irritó sobremanera y antes de que retirase el puñal logré agarrarle y darle un fuerte cabezazo en la nariz quedando un poco desconcertado, aunque no
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tanto como para dejar de atacarme aún con más ahínco, y cuando otra vez intentó atravesarme con la espada lo agarré nuevamente del brazo y de una pierna elevándolo sobre mi cabeza y dejándolo caer sobre una de mis rodillas, cayendo desmedajádo al suelo. Eso le debió hacer daño en los riñones y aproveché su sorpresa para hacerle una llave sobre el cuello con la intención de asfixiarle sin darme cuenta que su brazo empuñando la daga
la empleó para darme otro tajo en el mismo lugar del brazo de antes y por el que estaba perdiendo mucha sangre.
Una hora después el combate continuaba en similares condiciones, mi enemigo atacaba sin tregua para acabar conmigo y yo desesperado esquivando sus ataques.
Después de dar un salto logré golpearle en la cabeza y me lancé con la intención de quitarle la espada que tanto me estaba fastidiando pero nuevamente el puñal esta vez me lo clavó en un muslo. En mi desesperación en algunas ocasiones le di varios puñetazos y hasta un mordisco en una pierna, cosas ambas prohibidas en la lucha grecorromana.
El tiempo iba transcurriendo y ya habían pasado más de dos horas de lucha encarnizada, la posición del sol empezaba a declinar llenando de sombras el inmenso estadio. En ese momento me encontraba exhausto, si mi contrincante se encontrase mejor, el combate ya habría terminado hacía rato, y era tanto el dolor que me producían las heridas que apenas percibía el inmenso griterío del público que rebosaba las gradas.
No comprendo que me sucedió en aquel momento, quizá la sangre que había perdido me hizo verlo todo desenfocado, me tambaleé, perdí el equilibrio, y caí al suelo completamente mareado y sin fuerzas, intenté levantarme y no pude de tan agotado que me encontraba, momento que Plinio aprovechó para elevar la espada y … En aquel instante vi como la espada señalaba mi corazón y no tenia fuerza para esquivarla . Cerré los ojos vencido y fue entonces cuando escuché un gran alboroto de unos que gritaban al gladiador ¡MATALO! ¡MATALO! ¡MATALO! Y otros que pedían al emperador ¡PERDÓNALO! ¡PERDÓNALO!¡PERDÓNALO!
Haciendo un gran esfuerzo abrí los ojos y vi al emperador en su palco rodeado por su guardia imperial y su familia levantando el puño cerrado y que tras mirar aquí y allá sacó el dedo pulgar y lo puso mirando al cielo. ¡Me había salvado!
Cerré los ojos y debí perder el conocimiento porque cuando los volví a abrir me encontré acostado sobre un lecho de algodones con los ojos de mi madre adoptiva que me miraba llorando.
Luego me enteré que cuando un luchador cae desmadejado, que ha luchado con honor y furia es merecedor de la indulgencia del emperador, sobre todo si es aclamado ese perdón por el público asistente.
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Muchas personas pidieron el perdón por mi forma de luchar y les debí caer bien, aunque quizás, la clemencia me llegó por que mi tío el senador que estaba muy cerca del Emperador le envió alguna señal de súplica.
Una cosa que recordaré siempre es que en el momento en que iba a morir, por mi mente pasaron los recuerdos más importantes de toda mi vida.
Algo extraordinario que creo haber oído en varias ocasiones que les sucedió a otras personas en momentos muy críticos.

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CAPITULO V

RECUERDOS

Mi nombre Longino me lo pusieron en memoria de mi abuelo Longino que en los tiempos en que estuvo con Julio Cesar durante los ocho años que duraron las guerras de las Galias se comportó muy bien ayudando al gran hombre a escribir varios libros contando las campañas victoriosas del ejercito romano que luchó de una forma irregular teniendo que atravesar el Rin huyendo y volviendo al ataque en varias ocasiones.
El caso es que cuando Julio Cesar llegó triunfador a Roma, y consiguió alcanzar el titulo de dictador vitalicio, premió a mi abuelo que en aquel entonces se licenció del ejército, con todas las tierras de las que sus hijos y yo ahora hemos disfrutado.
Mi abuelo conoció a Minerva y se casó con ella teniendo dos hijos, mi padre y mi tío Ovidio, hoy mi tutor y padre adoptivo, senador romano.
Posiblemente, creo, por los comentarios que se hacían en casa que mi tío Ovidio fue muy estudioso pero que alguna influencia favorable pudo tener de Julio Cesar cuando este se alzó como emperador.
Eso era lo que se comentaba en casa con cierto tono de admiración y supongo que también algo de envidia, aunque de todas formas no creo que mi padre tuviese envidia de su hermano ya que por ser el hijo mayor heredó la inmensa cantidad de tierras que tanto dinero y poder nos hizo disfrutar, mientras que mi tío se tuvo que conformar con un porcentaje mínimo de tanta riqueza agrícola
Verdaderamente mi abuelo era para mi un ser muy especial, estoy seguro que si hubiera estado cuando aquellos desertores nos atacaron y nos humillaron tan alevosamente, el hubiera actuado de alguna forma heroica como lo hacía siempre cuando luchaba codo a codo con Julio Cesar en la guerra de las famosas Galias de la que tantas batallas me habló.
Fue una lástima que en tal ocasión mi querido y nunca olvidado abuelo ya hubiera fallecido siete años antes, claro que pensándolo bien no creo que a la edad de noventa y dos años un hombre por muy valiente que hubiese sido en su juventud, podría hacer gran cosa en tales circunstancias, y a esa edad.
Recuerdo cuando me contaba aquellas batallas contra las tribus autóctonas en las que aparentemente parecían no ser difíciles de vencer y luego

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resultaba que combatían tan unidas y con tal furia que nos producían miles de bajas.
Aunque decía mi abuelo, cuando teníamos que redactar los resultados, Julio, nunca me dejaba ni siquiera insinuar que habíamos tenido tales descalabros. Y se ponía muy enfadado esgrimiendo que en nuestra historia nunca se debe presentar un estado de frustración ni desaliento y que lo que contaba era el final que siempre teníamos que ser optimistas y valorar todo paso dado en la dirección triunfalista. Por eso cuando se lee alguno de aquellos libros siempre se perfila la imagen de un ejercito invencible, un ejercito sin fisuras, un ejercito Romano.
La palabra romano, aseguraba Julio Cesar muy ufano, que era la palabra más importante en la historia universal.
Un día muy triste de aquellos en que dejamos más de mil legionarios muertos en el campo de batalla, mi abuelo se negaba a escribir en aquel libro que habían sido derrotados y al discutirlo con el gran hombre, mi abuelo alegó:
Creo que en esta ocasión hay que escribir la verdad aunque sea presentándola atenuada, al fin y al cabo hemos ganado mil batallas y esta
derrota no significará gran cosa.
A lo que Julio Cesar enfadado le contestó:
— Mil victorias jamás justificaran una derrota
Mi abuelo siempre me animaba a estudiar para llegar a ser un hombre culto y justo, asegurando que el futuro se lo imaginaba muy distinto y solo las personas instruidas serán tenidas en cuenta como lo fue él en su tiempo. Me quedé muy deprimido cuando falleció a la edad de noventa y dos años, aquella depresión me tuvo muy triste durante mucho tiempo.
Solo cuando conocí a Venus, una preciosa camarera de la que me enamoré locamente me fui normalizando, Pero esa es otra historia que os contaré más adelante, ya que fue muy complicada y ahora no sé como empezar.

La cabeza algunas veces no quiere recordar lo imposible de olvidar.
Conocerte fue fácil, conquistarte difícil, olvidarte, imposible.
Supongo que con esa frase ya tendrás una ligera idea de mi infortunio amoroso que marcó un tiempo lleno de tristeza de mi vida.
No quisiera pasar por alto a mis otros abuelos, los padres de mi madre.
A mi abuela Fabiola no la llegué a conocer porque cuando mi padre y mi madre se casaron, falleció un año después y yo era un bebé aún.
Mi abuelo Liberto también fue un legionario que estuvo en varios conflictos bélicos de su tiempo, y como era costumbre que al licenciarse se
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les daban tierras para que las cultivasen y se ganasen el sustento, a él le otorgaron una cantidad no tan extensa como a mi otro abuelo Longino,
pero suficientes para mantener a su familia y cuando falleció Fabiola mi abuela, la madre de mi madre, Lucía.
Como mi madre era hija única, al heredar aquellas tierras que colindaban con las nuestras pasaron a unirse al patrimonio total de la familia.
No puedo decir que mi padre fuese un mal progenitor, ni mucho menos, mi padre también tuvo una juventud agitada pero de otra naturaleza, siempre estaba atento con el trabajo y su familia, y desde que heredó, su vida se le complicó mucho, pero para contar su historia he de volver a mi abuelo Longino ya que los dos eran muy distintos y para entender a uno se necesita comprender al otro.
Mi abuelo Longino siempre intentó crearse un futuro glorioso y nunca cejó en su empeño por llegar a lo más alto que pudiera, no importando los desvelos y sacrificios que tuviera que vencer.
Antes de ser movilizado se casó con mi abuela Minerva con la que tuvo dos hijos, mi padre y mi tío Ovidio, el que actualmente es mi tutor y padre adoptivo como ya he explicado antes.
Después del nacimiento de mi tío Ovidio, su madre Minerva mi abuela enfermó gravemente y falleció meses después quedando mi abuelo Longino muy afectado, tanto que dejó su trabajo de abogado y se alistó en el ejercito en el que por sus conocimientos, fue destinado como asesor de Julio Cesar, entonces general de las tropas que irían a la conquista de nuevos territorios para Roma. En cambio a Liberto mi padre le importaba muy poco la cultura y el futuro, siendo toda su inquietud dirigida a divertirse en orgías burdeles y la conquista de mujeres que normalmente se rendían ante su desbordante simpatía y por que no decirlo, su impresionante figura de un metro ochenta y cinco Como es natural según tengo entendido por lenguas de doble filo, que nunca sabe uno a que carta quedarse, mi padre en su juventud alocada se encontró con muchas dificultades, especialmente con los padres de una de aquellas novias, precisamente con los padres de mi madre Lucia, por lo que mi padre que siempre fue condescendiente ante las buenas razones decidió casarse con mi madre de la que nací yo apenas un mes después de la boda.
Solo quedan en mis recuerdos lo concerniente a nuestra vida que cómo ya sabes, los primeros años, pasaron sin pena ni gloria hasta el día, o mejor dicho, la noche en que Plinio y sus secuaces llegaron y nos destrozaron la vida, nunca mejor dicho.
Estos recuerdos que os he contado fueron los que pasaron por mi mente un poco revueltos en aquellos segundos cuando rendido, creí que Plinio me iba a matar.

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Posiblemente ya solo recuerdo lo más destacado debido a tantos años cómo han pasado y he dejado retazos de mi infancia y del trato con mi familia, pero eso no es muy importante , al fin de cuentas y aunque no lo creamos la vida es tan breve que no es de extrañar que un moribndo la vea en toda su amplitud cuando llega su final.

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CAPITULO VI

GLADIADOR

Después del estruendoso fracaso en el enfrentamiento que tuve en el circo Máximo en el que luché desarmado contra el gladiador Plinio con todas sus armas y experiencia en tales peleas, mis ansias de venganza se acrecentaron haciendose más persistentes y feroces, no pasaba un minuto del día en que no pensase en mi familia aniquilada por él y sus asquerosos compinches; Por eso mi ánimo se estaba endureciendo y no paraba de soñar con una venganza basada en la antigua Ley del Talión —Ojo por ojo, diente por diente- Lo justo sería buscar la casa de su familia y aniquilarlos de forma semejante a cómo él lo hizo con la mía.
Claro que para obrar así yo debería tener instintos criminales como él los tiene: –Es imposible que una persona sin saber nadar atraviese un mar embravecido braceando locamente.– Además de volverme un ser criminal, debería encontrar una pandilla de asesinos sin pudor ni vergüenza de ninguna clase y no creo que en el mundo pudiese reunir a tantos asesinos juntos, cómo aquellos.
Pese a estas reflexiones en mi ánimo seguía aumentando el odio hacía este individuo, y en sueños, mi familia me imploraba que no los olvidase y los vengase ya que su descanso no sería completo hasta el momento de ver a Plinio retorciéndose, ardiendo en el infierno.
Agobiado por tan nefastas ideas y ensueños estuve inmerso durante muchos días, mis padres adoptivos notaban mi desasosiego sintiéndose algo confusos, no comprendían que por haber perdido un combate me encontrase tan extraño y preocupado que casi ni me alimentaba.
Una voz interior me aconsejaba que les explicara el motivo de mi estado inquietante.
Contarles que Plinio era el jefe de aquellos criminales que humillaron y asesinaron a toda mi familia, el hombre instigador de
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una banda de asesinos infames, pero otra voz me advertía de los peligros que eso conllevaría.
Sería compartir el mismo problema con ellos que no tenían culpa para cargar con más sinsabores; eran mayores y saber los porqués de las inquietudes que en mi habían podría enfermarlos o al menos amargarles el resto de sus vidas.
Pese a las preguntas de Ovidio y Agripina mis padres adoptivos, que no imaginaban ni remotamente tan extraño comportamiento, yo seguía pensando que no había otra solución que acabar con Plinio y terminarían mis amarguras.
Aquel individuo estaba sobrando en este mundo, era un mal bicho y podía hacer daño a otras personas, denunciarlo sería inútil, estaba detenido en el circo Máximo por criminal y si alguien advirtiera que yo era el superviviente de aquella masacre por la que fue apresado y estaba preso, yo podría tener graves consecuencias.
Nadie de mi actual familia debería saber que el gladiador que me había vencido era Plinio, incluso me extrañaba que él mismo no hubiera dicho nada, posiblemente no querría alardear de ser un
criminal de la peor calaña, un asesino implacable, ahora que parecía disfrutar del bando de los inocentes, y menos cuando estaba a punto de alcanzar la libertad y ser absuelto
No tuve que esperar mucho, apenas me alivié un poco de mis heridas, cuando aún me dolía el brazo, me personé en el circo Máximo, pregunté por Octavio el promotor y preparador de las peleas y cuando me atendió le dije:
–Gracias a usted he comprobado que para vencer a un Gladiador como Plinio no basta con ser el mejor luchador de grecorromana, ahora quiero aprender el manejo de las armas para ser el mejor en esta clase de lucha. Por eso he venido, deseo que usted me enseñe a luchar como un verdadero gladiador para que cuando esté en las debidas condiciones pueda probar a vencer a Plinio.
El Promotor se me quedo mirando como si no entendiera nada y exclamo lleno de evidente curiosidad:
–No entiendo porque tanta fijación con el Gladiador Plinio.No se me ocurrió ota escusa que contestar:
-Porque es el mejor, según tengo entendido.
Le contesté tal cosa simulando estar persuadido de lo que alegaba, a lo que Octavio el promotor dijo con total convicción.
–Los que te han informado, no saben lo que dicen, hay mejores a montones, no tienen ni idea. El mejor que tengo es Flavio.

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Un escalofrío recorrió mi espina dorsal. No debí afirmar la creencia de que Plinio era el mejor y por eso quería luchar contra él.
Ahora, para no complicar las cosas debería exponer otra estrategia, por eso dije intentando convencerle.
Bueno, la verdad es que desde que me venció le he cogido manía y me gustaría enfrentarme a él de nuevo y sacarme esa espina que me atosiga.
Octavio pareció comprenderme y amagando una sonrisa dijo:
-Eso es harina de otro costal, si ese es tú deseo me parece muy bien , la verdad es que a ese también le estoy cogiendo manía, por qué presume mucho de sus victorias y no es la primera vez que ha vencido a alguno que creí que lo vencería a él equivocándome y perdiendo varios gladiadores muy importantes.
Tú podrías ser un buen gladiador si te pusieras a entrenar un poco más, tu formación como luchador de Grecorromana es una ventaja que ellos no tienen y estoy seguro que con una espada serías invencible.
Yo creo que deberías hacer algunos combates antes de enfrentarte a los mejores entre los que verdaderamente se encuentra Plinio.
Me pareció buena idea la del promotor y como no podía elegir otra opción más lógica acepte esa opción con la satisfacción reflejada en mí cara pensando que una imagen vale más que mil palabras.
A partir de aquel día sin faltar ni uno acudí al gimnasio donde me fui instruyendo hasta que el promotor me diera la señal de iniciar un programa de combates que me condujese a mi objetivo.
Plinio siempre estaba pendiente de mis avances imaginando seguramente que tarde o temprano nos volveríamos a ver las caras en las arenas del estadio.
Mis avances se iban desarrollando de forma muy rápida y raro era el día en que no fuera felicitado por algún otro gladiador cómo Flavio, el que se suponía invencible por su historial, que me aseguró con pleno convencimiento.
Miedo me daría enfrentarme a ti, eres un luchador asombroso.
Tu forma de pelear jamás podrá ser mejorada.
Has mezclado la lucha grecorromana con la de gladiador y creo que eso te hace invencible.
Nunca he visto a nadie con tanta agilidad, haciendo esos quiebros, esas llaves y ese talento manejando la espada y el puñal.
No quisiera enfrentarme a ti ni en broma.

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Si Flavio era el mejor gladiador y afirmaba que me temía ¿Qué opinaría Plinio?
Pero cuando más cerca me encontraba de mi objetivo, me di cuenta que a Plinio hacía varios días que no lo veía por el gimnasio.
Y al preguntar por él solo me informaron de lo que me temía.
Plinio ha sido liberado, consiguió el número de victorias necesarias y su pena ha sido extinguida, supongo que eso te alegrará ya que tienes un enemigo menos a batir.
Cuando me informaron de la liberación de Plinio me sentí completamente derrotado, lo que debieron notar los que allí estaban ya que uno me preguntó
-¿Acaso esa noticia no te alegra? Te has quedado blanco.
No contesté, me fui y no volví al gimnasio, nada más que para despedirme de mí amigo Octavio el promotor y los otros gladiadores con los que ya había hecho amistad e indagar por si sabía alguien donde podía ver a Plinio.
Fue el mismo promotor quien me puso al corriente.
-Lamentablemente nada sabemos. Cuando alguien conquista su libertad no se le pregunta nada, desde ese momento su destino no nos interesa. Ni tenemos derecho a saberlo.tenemos Es más ni tan siquiera podemos investigar su paradero a menos que fuese por un asunto familiar , lo que no es tú caso, ni creo que te pueda interesar.
Ante tal lluvia de argumentos solo se me ocurrió maldecir..
-¡Maldita sea, ahora que ya casi lo tenia, el pájaro ha volado!
Octavio me observó dubitativo antes de comentar.
-¡No te preocupes, ese te ha cogido miedo al ver tus avances!

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CAPITULO VII

Buscando a plinio

Desde que Plinio fue liberado, no he dejado ni un momento de buscarlo por todas partes sin encontrar la mínima pista, es como si se lo hubiese tragado la tierra, todas mis pesquisas han resultado infructuosas, inútiles.
Conociendo sus aficiones he acudido a todas los sitios donde supuse que lo pudiera localizar, lugares muy reservados cómo burdeles, ya que sabia sus aficiones. Estos lugares no me resultaron difíciles de encontrar, por suerte conocía a algunos jóvenes de mis andanzas juveniles que los conocían muy bien, solo tuve que ponerme en contacto con uno y este que se llamaba Lucio se ofreció a acompañarme extrañándose algo cuando advirtió que en realidad lo que yo buscaba era a un hombre.
La verdad es que debió extrañarse demasiado porque a partir del dia que supo que lo que me interesaba era un hombre cada vez que iba a buscarlo me recibía con excusas para no acompañarme, Y o naturalmente no le conté mi problema con Plinio , no me pareció conveniente ir contando a nadie mis problemas. Los sitios donde se organizaban orgías no me resultaron tan fáciles de visitar, Lucio, no se porque se negó a investigar, lo que me obligó a buscar a algún experto en el tema; tras mucho indagar me eché la mano a la cabeza y me dije: Mira que soy tonto, las orgías son realizadas con la intervención de prostitutas normalmente, así que tuve que volver a uno de aquellos prostíbulos, elegí a la que me pareció más guapa de las mujeres que allí habían y una vez le pagué lo estipulado le dije:
Yo iré detrás de usted, ¿De acuerdo?
Seguí a la chica por una escalera sombría y cochambrosa hasta un piso en que entramos a una habitación no menos sombría y cochambrosa en donde la chica empezó a desnudarse.
-¡Un momento, por favor, no he venido para eso, solo quiero hablar contigo un rato!
Casi le supliqué azorado.

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La chica que aparentaba unos treinta años me miro muy sorprendida como si yo fuera un bicho raro y muy enfadada alegó.
-Tanto musculito y resulta que no le gustan las mujeres, no si cuando yo digo que en esta vida te encuentras de todo. ¿Y de que quieres que hablemos? ¿De mariconadas?
Estoy buscando a un amigo que se llama Plinio Es algo mayor que yo, tendrá unos treinta años aproximadamente, yo tengo veintitrés y como no lo encuentro por ningún lado he pensado que quizás en algún lupanar o donde organizan orgías lo pueda localizar. ¿Tú sabes donde hay alguno de esos sitios?
La hermosa prostituta me miró con rudeza antes de contestar:
-Precisamente mañana tengo que ir a una orgía.
-Me gustaría ser tu acompañante, pagando lo que digas, claro.
-Eso no puede ser, pero si quieres puedo indagar por ti. Y eso te lo haré gratis, para que veas que las mujeres tenemos cosas buenas.
Cómo no me gusta que nadie me tome por lo que no soy le advertí:
-Creo que hay un mal entendido, a mí como a todos los hombres normales me gustan las mujeres, lo que pasa es que no tengo costumbre de estas cosas, y si busco a uno es por asuntos de negocios. No me gusta que me confundan.
La chica me miró y haciendo un mohín de complicidad preguntó:
-La verdad es que no he conocido a ninguno que entre a mi habitación y no se me eche encima inmediatamente como un loco, por eso te he considerado como un bicho raro, perdona.
Mi contestación no fue meditada ya que de haberlo hecho no hubiera dicho lo que dije, su colaboración si se enfadaba habría terminado y eso no me interesaba en absoluto.
-Mira chica (le dije) Si me comporto de esta forma es porque he sido gladiador y soy campeón de grecorromana en todo el Imperio, los que realizamos esta clase de deportes tenemos muy en cuenta nuestro estado físico que especialmente en la lucha de gladiadores es importantísimo, hay que estar al cien por cien porque nos jugamos la vida. No lo digo por ti que estas muy lozana y dan ganas de comerte, pero he conocido a más de ún gladiador que tras estar con alguna de vosotras una noche perdió la vida al día siguiente, es más, conozco a otro que cogió una enfermedad sexual y ya no solo no puede luchar, ni tan siquiera correr diez metros sin asfixiarse.
Después de oir tales argumentos ella me dio la razón con las siguientes palabras.

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-Haces muy bien de no fiarte de nosotras, si yo te contara casos te pondrías a temblar y saldrías de aquí lo más veloz que pudieras. En este oficio hay mucho peligro, no te fíes ni de mí ni de nadie.
Te admiro como hombre. Un hombre capaz de controlar sus instintos vale por mil.
Me gustaría ser tu amiga, tu amiga Livia, para lo que haga falta y te aplaudo por ser como eres, aunque si todos pensaran como tú, las que nos dedicamos a este negocio nos quedaríamos sin clientela.

Recorrí con Livia todos los Prostíbulos también llamados lupanares, según que categorías.
En tales lugares igual encontrabas prostitutas que prostitutos.
En algunos lupanares de aquellos me tropecé con varios gladiadores conocidos que ganaban un sobresueldo ejerciendo el oficio más antiguo del mundo.
Loa gladiadores tenían mucho éxito tanto con hombres como con mujeres, estos antiguos compañeros no se extrañaron ni un ápice al verme por aquellos tugurios pensando que iba por allí para hacerles la competencia.
Siempre que me tropezaba con alguno de aquellos gladiadores en un lupanar y aprovechaba la ocasión preguntándoles por Plinio ya que ellos lo conocían perfectamente.
Después de estar casi dos semanas buscando a Plinio por todos los prostíbulos de Roma acompañado por Livia que conocía aquel submundo mejor que nadie, sin ninguna novedad, decidí cambiar el itinerario, iniciando un nuevo peregrinaje también con Livia que conocía algunos involucrados en ciertos lugares de vicio donde se reunían delincuentes y consumidores de drogas variadas.
En aquel ambiente, solo encontramos a una persona que nos habló de Plinio.
Livia conocía muy bien al tipo en cuestión al que pagué con unas monedas y hablo hasta por los codos todo lo que sabía.
Era este uno que vendía estupefacientes, drogas diversas a los pequeños traficantes y consumidores.
A Plinio lo consideraba más que amigo cómo cliente, y me dijo, ante unas copas de vino y el puñado de monedas acordado.
–Plinio. Antes de irse al extranjero a un lugar que no me quiso decir, me informó que estaba perseguido por una persona muy poderosa para matarlo.

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Que estaba temeroso del poder de aquella persona y para que no lo encontrase nunca se iba a vivir a un lugar remoto donde nadie lo conociese y que se cambiaria hasta de nombre.
Después de hablar con aquel delincuente, nadie más me ha sabido dar la más mínima información de su posible paradero, creo que se me ha escabullido de entre las manos cómo un puñado de aceite
cuando estaba convencido de que lo tenía atrapado. Ya solo me quedaba una remota esperanza, que el destino me fuera propicio.
Todos mis desvelos, mis sacrificios por situarme y rebasar su nivel cómo luchador y gladiador no me han servido absolutamente de nada. En aquellos momentos me sentia como un desgraciado burlado por otro desgraciado.
He derrochado cuatro años de mi juventud aprendiendo cosas que no me interesaban en absoluto.
Solo me movía el deseo de acabar con su vida y vengar a mi familia. Aquella familia inolvidable.
Ahora solo puedo presumir de ser campeón del Imperio de lucha grecorromana, cosa que me ha servido para atesorar títulos y dinero, algo que a muchos les llenaría de felicidad pero que a mi solo de tristeza, ya no se que hacer, me siento fracasado completamente.
Nunca olvidaré a mi familia. Ese pensamiento me persigue tanto de día cómo de noche, a todas horas, los horrores de aquella velada nunca se borrarán de mi atormentada mente.
En la elegante villa de mis tíos ahora mis padres, no entienden mi tristeza perenne, nada de nada, no comprenden porque tanto prepararme para ser gladiador y cuando me encuentro formado como el mejor, abandono sin haber hecho ni un combate, aunque eso les alegra porque les parecía una locura.
Un día hablando con ellos, no sabiendo cómo justificar mi decisión les dije que había cogido un poco de miedo a eso de luchar contra gladiadores, que históricamente todos terminan muriendo bajo la espada lanza o tridente de algún otro.
Uno de aquellos días mi tío Ovidio me dijo confidencialmente:
-Ya hace varios años que eres mayor de edad y deberíamos hacer cuentas.
Tu madre Agripina y yo hemos llegado a la conclusión de que tú tiempo de hacer locuras ha sido superado y deberías ocuparte de tus negocios, nosotros ya somos mayores y nos sentimos muy cansados de tantos problemas, necesitamos terminar nuestras vidas dedicándonos a disfrutar del tiempo que nos quede.
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No creas que te vayamos a abandonar sin más ni más, tus tierras han dejado una cantidad de dinero considerable y eres rico, nuestra misión ha concluido satisfactoriamente,
El día que quieras pondremos final a nuestra condición de tutela entregándote tus bienes.
No por eso como ya he dicho nos desconectamos de ti, al contrario te consideramos un hijo aunque seas de adopción y te vamos a querer siempre mientras que los dioses nos lo permitan.
Tienes todo nuestro cariño y te ayudaremos en todo lo que podamos siempre.
Mi tio Ovidio, entonces mi padre, mientras hablaba se iba secando las lágrimas como si se estuviese despidiendo para siempre, mientras mi tía madre, me miraba muy seria sin decir nada, observando cómo yo también me emocionaba.
Después, se apoderó de la estancia un silencio denso que duró un lapsus apenas unos segundos que aprovechó mi padre para seguir exponiendo otras cuestiones que yo ignoraba pero que eran esenciales.
-Seguramente sabes que los senadores y su familia directa tenemos prohibido manejar negocios, por eso cuando te adoptamos, los negocios de las tierras y todo lo de tus padres anteriores, ni yo, ni tu madre Agripina podíamos realizarlos por esa prohibición y por eso los pusimos en manos de una persona de confianza que ha actuado con suma honradez bajo mi vigilancia. Ahora esa persona que se llama Tácito Petelio ya ha envejecido como nosotros y también necesita que lo reemplacemos, por eso mismo debemos hacer cuanto antes la entrega de la villa Azul y sus bienes a tu persona. Deberás hacerte cargo de esos bienes lo antes posible.
Ya sé que esas cosas van a tropezar con tus aficiones, pero son tu futuro, debes tomar conciencia de esas obligaciones sin dilación o bien buscar a alguien que este preparado y dispuesto para hacerlo en tu nombre.
Nosotros hicimos lo que nos pareció mejor para todos.
Si no puedes o no deseas cargar con estas cuestiones financieras y agrícolas, me lo dices y te buscaré otra persona que lo haga como hasta ahora ha hecho mi amigo Tácito.
-(Vaya solo me faltaba esto para terminar de solucionar mis ansias de venganza) Pensé mientras mi cabeza daba vueltas intentando asimilar tantos problemas surgidos espontáneamente, así que me limité a sugerir:

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Cuando terminó de hablar mi padre Ovidio, un escalofrío me sacudió todo el cuerpo, si me dedicaba a estos asuntos, podía dar por olvidado a Plinio y esoera tan imposible para mi como dejar de respirar. Por eso le contesté sin pensarlo mucho.
No sabes lo mal que me viene este cambio en estos momentos que tengo que revalidar mi titulo de campeón de lucha con varios combates que ya están programados.
Si te parece bien di a Tácito que por favor me conceda un par de meses más y se cuide de mis negocios hasta que yo pueda hacerlo o encontremos a la persona idónea que lo pueda sustituir.
Después de esta conversación, pensé que tal vez Livia que conocía a tanta gente me pudiera ayudar, claro que las personas que ella pudiera conocer seguramente fueran de escasa confianza dado los lugares en que se desenvolvía, pero como me caía bien, al menos le daría un motivo para que me considerase un buen amigo y posiblemente en otra ocasión ella localizase una pista para encontrar al odiado Plinio, al que no me podía quitar del pensamiento, ni aquellas escenas en que abusaron de toda mi familia como si fueran perros y la aniquilaran después.
Nunca, por muchos años que viva podré olvidar lo que el y sus compañeros hicieron con mis hermanas, desvirgándolas follándolas y matándolas después ni lo que hicieron con mis padres que aún fue peor y con mis hermanos a los que les cortaron la cabeza. Esas cosas no podré olvidarlas nunca, he de poner a trabajar todas las opciones posibles para encontrar a ese asesino y Livia es una de las mejores. Solo la suerte me podia ayudar, no tenia otra alternativa para elegir.
No sin estudiarlo concienzudamente decidí contar a Livia mi problema, algo dentro de mi me indicaba actuar sin dilación.
La localicé al día siguiente en el prostíbulo donde ejercitaba y le pedí que me escuchase porque quería contarle algo muy delicado.
Nos sentamos en una mesa y pedimos algo para beber, ella un vaso de naranjada y yo de vino, vino que no llegué a probar
Resulta que un borracho se nos acercó sin ninguna delicadeza y cogió a Livia de un brazo tirando de ella a la vez que le gritaba.
-Vamos a follar que aquí no haces nada con este fantoche.
Ante tal insulto no me pude contener y me levanté de inmediato, pero al ver en que condiciones se encontraba aquel individuo le reprendí amablemente para que nos dejase en paz.

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Por favor déjenos tranquilos y vaya a que le de un poco el aire a ver si se le baja la borrachera.
El borracho parece que no comprendió bien lo que le dije, ya que se abalanzó impetuosamente contra mi sin mediar palabra, consiguiendo que lo esquivase y le diera un empujón tirándolo al suelo. Momento en que otros tres que debían ser sus amigos se me acercaron rodeándome; uno por detrás intentó sujetarme para
que otro de ellos me atizase algún puñetazo o lo que es peor darme una puñalada, ya que uno malcarado la esgrimió con intención amenazante.
No creo que se apercibieran de nada, en un santiamén me desprendí del que me había sujetado por la espalda, dandole un cabezazo y después un puñetazo al que exhibía la navaja y al que quedó lo levanté en el aire y lo lancé contra la pared de la que al chocar cayó sobre una mesa ocupada por otros dos que hablaban de sus cosas.
El caso es que los dos que quedaron con conocimiento cogieron a los otros que lo habían perdido y sin rechistar se los llevaron a la calle para reanimarlos y ya no entraron dejándonos a los demás tan tranquilos.
Livia se quedó muy impresionada por mi reacción y forma de solucionar aquel pequeño conflicto, a lo que no di la mínima importancia por tratarse de cuatro borrachos sin idea de con quien se la estaban jugando.
Bueno te he venido a buscar para ver si tú que tratas tanto con personas, conoces a alguien entendido en comerciar con los productos del campo porque resulta que al morir mis padres las tierras que me dejaron de herencia fueron supervisadas por un hombre experto en el negocio de la agricultura y ganadería pero como ya esta muy viejo me ha dado un plazo de un par de meses para que me busque a otra persona que ocupe ese cargo.
-El sueldo es el diez por ciento de lo que se comercie que en este caso cada año supera los cincuenta mil .
-¿Cincuenta mil, que?
Me preguntó ella un poco sorprendida al no entender bien de que monedas hablaba.
-Denarios de plata
Contesté sonriendo muy ufano
Con los ojos desorbitados por la sorpresa, ella comentó:
-¿No me tomas el pelo? Porque si ganas tanto debes ser rico y la verdad, hay cosas que no comprendo.
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¿Si eres tan rico que haces buscando al PLinio ese del demonio y ahora a otro tio comerciante?
Yo misma he estudiado economía y sin embargo nunca encontré trabajo porque siempre preferís a tíos.
-A las mujeres solo las queréis para practicar sexo.
Tras un breve intervalo de silencio, añadió:
–Perdona, a ti no me refería, a ti no te entiendo, eres el tío más extraño que he conocido y he conocido tíos a montones.
En fin así es la vida.
Deje a Livia que se explayara a gusto contando lo de los tíos pero lo de que había estudiado economía me dejó un poco sorprendido y le pregunte a bocajarro.
-Si tanto sabes, si tanto has estudiado dime… ¿Qué haces aquí ejerciendo como una triste puta?
– Mira chico, te consiento que me insultes cuanto quieras, quizás me lo merezco pero sepas que nunca he sido triste.
Sonreí y le contesté:
–Bueno pues te voy a decir una cosa, ya que me consideras un tio especial te voy a dar la oportunidad de tu vida.
Te voy a contratar para que controles mis negocios por un año y si lo llevas bien te haré un contrato indefinido ¿Aceptas? Piénsalo y deja esto, que no comprendo por que estas metida en esta vida. Mañana vendré aquí mismo con el contrato, si es que te sigue interesando.
Su respuesta estuvo repleta de gratitud al contestar:
¿Cómo que si me interesa? ¡Pero si lo que me ofreces es mil veces mejor que esta triste vida y no lo digo para que te rías, lo digo porque tengo necesidad de ganar dinero para mis dos hijos, un niño y una niña. Hijos que tuve a la edad de catorce y quince años con un niñato engreído incapaz de trabajar en nada y que nos abandonó
para ingresar en el ejercito donde dijo que le darían de comer y donde dormir sin trabajar. Lo que no sabía era que un año después moriría en combate.
Por eso al encontrarme sola en Roma sin otra familia que mis hijos, ya que mis padres fallecieron en una epidemia que asoló mi pueblo, no tuve más remedio que dejar mis sueños y dedicarme a esto.
No me ha gustado nunca hacer este trabajo, si se puede llamar así, no encontraba nada, y mis hijos tenían hambre, mucha hambre, y caí. Sabe Dios que esta vida me da náuseas pero el hambre de mis hijos había que eliminarlo o se me morirían.
No pude esquivar las miradas ansiosas y ofertas de los hombres.
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Pero repito, sobre eso que has dicho de que soy una triste puta no estoy de acuerdo, yo nunca he sido nada de triste, mi carácter siempre fue muy alegre, si mi cara muestra seriedad, no es tristeza es decepción, indignación ante el desprecio que la sociedad establece contra mi, contra todas las mujeres. De eso me quejo. ¿Acaso una mujer que ha estudiado…No tiene el mismo derecho que un hombre que haya estudiado lo mismo?
Ahora, con tu oferta de un trabajo decente no sé que pensar de ti ¿Eres un rico caprichoso? ¿Acaso me parece un gran misterio eso de que busques al tal Plinio como si en ello te fuera la vida.?
Eres un ser muy diferente a todos los que he conocido.
Ante tantas preguntas no tuve más remedio que advertirla de algunos puntos que se me habían olvidado pero que eran importantes, por eso me acerque a ella y en tono confidencial le dije:
-Si aceptas mi oferta mañana te presentaré a mis padres adoptivos y ellos te irán informando de cuanto tendrás que hacer, ya que yo tengo otros proyectos y me verás muy poco. ¡Ah! Que no me olvide, cuando hables con ellos les debes hacer creer que mi ilusión ante todo es ganar combates y viajar, porque a partir de un día de estos creo que voy a buscar pistas por todo el mundo hasta que encuentre a Plinio y ni se te ocurra nombrarlo para nada, ellos no deben saber nada de ese hombre al que odio más que a nadie; si te digo todo esto es porque no quiero que ellos estén preocupados. Para que no te queden dudas sobre lo que me impulsa tanto a buscar a ese te lo contaré en breves palabras.
Plinio y una banda de desertores entraron en la villa Azul que era nuestra casa una noche y mataron a toda mi familia. A mis hermanas las desfloraron y después de violarlas cuanto quisieron les cortaron la cabeza, bueno no quiero explicarte más, el caso es que a mi me salvó una patrulla de policía que los perseguía por ser desertores legionarios, aunque Plinio que era el jefe de aquellos asesinos logró escapar, y juré que mi vida la emplearía entera para buscarlo durante el tiempo que fuera y lo mataría para vengar a mi familia.¿Comprendes ahora mi obsesión por encontrar a ese criminal?
Livia mientras le conté el resumen de aquella terrible noche me observaba muy atenta y cuando finalicé mi relato exclamó sorprendida:
-¡Ahora lo comprendo todo, tú eres el señor tan poderoso al que tanto teme Plinio¡
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Por mi no te preocupes guardaré el secreto, pero ten cuidado con ese asesino, no sea que te localice él a ti y te prepare alguna trampa. Esa gente nunca esta sola, siempre encuentran a otros de su misma calaña que les ayude.
Después de hablar un rato más de cosas sin importancia y viendo que los parroquianos no nos quitaban ojo de una forma molesta, tras haber quedado para el día siguiente decidimos marcharnos.
Le ofrecí cierta cantidad de dinero, para que pudiera vivir sin problemas, pero ella sorprendentemente lo rechazó y como habíamos acordado una cita para el día siguiente para presentarla en la villa de mis padres adoptivos nos despedimos ante las inquietas miradas de los puteros que ni por un momento dejaron de observarnos.

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CAPITULO VIII

EL LEGIONARIO

Anteayer en el bar del prostíbulo La estrella Luminosa, unos colaboradores de la legión internacional de Roma vieron como derrotaba a cuatro hombres dejándolos fuera de combate en menos de cinco minutos y ayer se presentó un legionario con un papiro en el que me citaban de una oficina gubernamental; llamamiento en el que decían que tenían que hablar conmigo de algo muy importante.
Aquel mandato o citación me puso muy nervioso y tal inquietud no se me quitó hasta que no me enteré de lo que se trataba por lo que llegué antes de que abrieran el negociado de la legión de Roma.
Me recibió un legionario que me pareció el que me entregó la citación el día anterior, lo que me puso un poco nervioso ya que si me tenían que decir algo importante como dijeron en el pergamino. ¿Por qué no me lo dijeron en ese momento? ¡Vaya forma de fastidiar!
El legionario me pidió amablemente que lo siguiera hasta un despacho al fondo de un pasillo lleno de puertas que seguramente eran las de otras oficinas y una vez sentado ante una pequeña mesa tras al cual se acomodó aquel y donde ya estaba otro escribiendo algo sobre un papiro, y que reconocí como uno de los que me vieron pelear en el prostíbulo, dijo:
-Lo hemos investigado a usted y averiguado que es campeón de lucha grecorromana del Imperio y que además ha recibido un entrenamiento muy completo de gladiador siendo considerado por su entrenador y compañeros como un extraordinario luchador.
Al oír aquello me quedé pensativo muy preocupado.
Los luchadores de grecorromana tenemos prohibido organizar peleas callejeras ni en ningún sitio fuera de los campeonatos o peleas legales. Por tal motivo al escuchar eso creí que me acusaban de algo ilícito y me querían sancionar, con una suma de dinero, desposeerme de mi titulo de campeón o lo que era peor eliminarme de cualquier competición, así que inmediatamente me puse a la defensiva alegando:

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–Aquellos hombres eran unos borrachos que faltaron al respeto a la mujer con la que estaba hablando y al reprenderlos educadamente
me atacaron y tuve que defenderme
Eso lo puede corroborar el empleado del lugar y los parroquianos que había allí en aquel momento, uno de los cuales creo que era usted
Los dos que habían venido preguntando por mí, al escuchar mis alegaciones se miraron sonriendo y el más alto, un hombre que aparentemente parecía un pastor y que yo confundí con un policía habló arrastrando las palabras dándose cierta importancia.
-Tranquilícese hombre que no somos policías ni nada de eso, somos informadores del ejercito, lo vimos todo en el tugurio; en esta ocasión estamos en misión secreta y venimos directamente mandados por el mismo Octavio Cesar Augusto, para llevarlo a su presencia.
Me quedé asombrado creyendo que era una broma ¿Cómo podía ser que el mismo emperador quería verme?
-¿Esto no será una broma?
Pregunté a los informadores que para mi eran simples espías, Esta clase de vigilantes eran utilizados desde hacia más de cien años.
-No tema, no es ninguna broma, nosotros lo acompañaremos ahora mismo si le parece a usted bien.
Tanta amabilidad me sorprendió, tenía entendido que una orden del emperador debía ser atendida de inmediato, por eso respondí
Para mi será un honor acudir prestamente.
El palacio del emperador apenas distaba de donde nos encontrábamos unos doscientos metros: acompañado por uno de los legionarios fuimos andando y cinco minutos después entrábamos en tan suntuoso edificio.
Ya en presencia del egregio personaje, este me hizo pasar a un salón muy lujoso repleto de cuadros y estatuas, la mayoría representando a los dioses y otras a figuras tales como guerreros emperadores y figuras del deporte entre estas había una dedicada a mi luchando con un león grandísimo, y pensé ( Quien habrá sido el cretino que me ha hecho esta escultura tan disparatada?)
El gran personaje, al ver que me estaba fijando en aquella estatua me dijo.
-Esa escultura la mande hacer cuando te vi. luchando sin armas en el estadio contra un gladiador armado, me impresionaste mucho y esta escultura es tal como yo te imaginé luchando contra un león. He ordenado que se te siga y se investigue todo lo que sea sobre ti
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y he averiguado muchas cosas como que el gladiador es un enemigo tuyo, que ha desaparecido de Roma, seguramente huyendo de ti.
Sin embargo mis informadores no han averiguado el destino de ese gladiador que ha conseguido la espada de madera y su libertad al vencer a cuarenta contrincantes en dos años.
Pero vamos al asunto que me interesa, te he traído aquí para proponerte un par de cosas.
En primer lugar me gustaría que fueras de mi guardia personal y en segundo, si ese destino no te satisface necesitamos hombres como tú, con cultura y destreza para formar una patrulla de espías o informadores secretos que viajaran por todos los países del imperio como soldados que disfrazados de paisano se infiltrarán entre las gentes y nos irán transmitiendo por nuestros correos cualquier novedad que observen en esos países gobernados por nosotros. Tales soldados se irán desplazando donde se les ordene, se pondrán bajo las ordenes de los procónsules de cada lugar y actuaran como aquí se les indicará. Debo advertirte que el destino que elijas, en ambos casos son muy importantes y peligrosos, deberás viajar a caballo de un lugar a otro continuamente tanto si te decides a ser de mi guardia personal
cómo a informador de asuntos exterioriores.
Otra cosa que debo decirte es que como ciudadano libre puedes rechazar ambos destinos, o pactar por un tiempo determinado que después si te interesa prolongaríamos en sucesivos contratos, o sea que se te concedería un tratamiento especial por los servicios prestados a Roma.
Estas ventajas son diferentes a las actuales y solo te las ofrezco a ti por la gran estima y admiración que sentí en el estadio Máximo por aquella lucha tan emotiva que me impresionó como nunca me había emocionado nada.
Mientras hablaba el emperador lo hacia sentado en su trono, solo observado por su guardia personal y varios personajes que deduje serian lacayos o bien secretarios o algo parecido, a pesar de haber tantas personas , ya que conté unas diez, el salón estaba completamente vacío y envuelto en un silencio sepulcral.
La verdad es que ser de su guardia no me interesó en absoluto, no así el otro ofrecimiento que me permitía viajar por todo el imperio y quien sabe si así algún día encontrase a Plinio cuya brutalidad criminal no se me iba del pensamiento ni de día ni de noche.

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-Majestad, para mi es un honor que haya pensado en mi para servirle pero considero que seré más útil para nuestro país siendo un policía secreta dentro del ejercito vigilando los intereses de Roma en todo el mundo.
No obstante quisiera hacerle una consideraciones, su majestad tiene el poder suficiente para obligarme a ir a donde sea, incluso es dueño y señor de mi vida como la de cualquier súbdito romano, sin embargo me gustaría como hombre libre tener un trato distinto a las normas establecidas.
El emperador sonriendo me preguntó:
-¿Qué normas quieres alterar? ¿Acaso te parecen pocas las que te he propuesto?
Mi contestación creo que fue clara y concisa, le hice este comentario, y eso si, con cierto temor a la reacción que pudiera tener el emperador, del que había oído decir que tenía mal genio y era muy autoritario, no permitiendo que se le discutieran sus órdenes.
Como sabrá su Majestad los contratos para ingresar en el ejercito son de minimo veinte años y estar en el ejercito tantos años; son muy duros y difíciles de soportar para un joven y por eso creo yo en mi humilde opinión que muchos soldados se desesperan al no tener una mujer y una familia por lo que yo creo que esa es la razón culpable de tantos desertores,
También pienso que por eso es difícil encontrar soldados que han de comprometerse tantos años y durante ese tiempo se deben en cuerpo y alma al ejercito de tal forma que no pueden pensar ni en broma en formar una familia ni casarse o juntarse con nadie de otro sexo ni de ninguna clase, ya que les está prohibido; pues bien, yo estoy en una situación acomodada y no necesito, salvo que su Majestad no lo considere así, alistarme a ningún sitio, siento que Roma me necesita y estoy dispuesto como buen romano a servir a mi patria el tiempo que sea necesario y si es preciso derramar hasta la última gota de mi sangre por ella, pero dada mi situación en la que debo vigilar el bienestar de muchas familias que trabajan en mis fincas me gustaría que en un principio me autorizasen a firmar contratos de un año prorrogables mientras me fuera posible atender las funciones obligatorias que me asignasen como soldado.
La contestación del emperador no pudo ser mejor, me quedé petrificado de contento.
-Tus palabras están llenas de sabiduría y me parecen muy acertadas.
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Precisamente sobre el ejercito en el congreso se están estudiando algunas normas que quiero adaptar a los nuevos tiempos.
Por ejemplo, tú has mencionado una idea muy valiosa y se trata de eso, de los derechos del soldado a formar familia y sobre lo de
alargar o acortar el tiempo del servicio militar que tal como es ahora también me parece excesivo.
Actualmente estamos estudiando esa cuestión con mucho interés. De momento tus argumentos los considero aceptables y serás el primero en disfrutar del contrato de un año al servicio de la patria. Al menos, nos servirá de experiencia.
De todas formas sobre eso ya te he hablado antes y no hay ningún problema.
Mis últimas palabras fueron de gratitud, había oído decir que al emperador Augusto no se le podía contradecir porque se enfadaba y eso era muy peligroso. Mis últimas palabras fueron de agradecimiento y satisfacción.
-Solo quiero expresarle mi agradecimiento por haber pensado en mí, espero que me destine a la unidad que su majestad considere y me incorporaré a ella inmediatamente.
Apenas pude despedirme de nadie, todo fue muy precipitado, antes de hacerlo con el emperador este mandó escribir en un papiro la orden por la que en ese momento me destinaba a un contingente que debía ponerse en marcha de inmediato.
Veinticuatro horas después me ponía a las órdenes de Poncio Pilato que seria el jefe del grupo.
Salimos de Roma a caballo dos días después y durante el trayecto de aquellas largas cabalgadas por los caminos construidos durante la república y ahora prolongados por nuestro gobierno, Pilato me eligió como secretario y me iba informando de cuantas novedades íbamos encontrando por los distintos territorios y yo los iba escribiendo en unos papiros que enviábamos a Roma, al emperador.
Para el correo, el gobierno había instalado a cierta distancia unas de otras oficinas de correos donde paraban los empleados que a caballo se iban relevando de tal forma que descansaban y al siguiente dia volvían a su lugar de origen con el correo que les llegaba de dirección contraria, también habían los correos de carga que en tal caso se hacían con carros, aunque eran un poco más lentos que los otros ya descritos. También se hacían servicios en barco si era necesario.

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No creí que tuviese tanto trabajo y me sorprendió la gran cantidad de papiros que tenía que escribir resultado de las conclusiones que íbamos observando.
Las estrategias que empleábamos eran diversas, como todos sabíamos varios idiomas, en el sitio en el que debíamos investigar usábamos normalmente el nuestro, el latín, pero en otras
circunstancias el del país que pisábamos, todo dependía en querer o no que nos entendiesen o que creyesen que éramos extranjeros y no los entendíamos a ellos.
Tenía que redactar un sinfín de comunicados sobre el ejército con los que contaban en cada país los gobiernos autóctonos y los que allí teníamos nosotros.
También era importante hacer un estudio de las obras que realizasen, del comercio, de su agricultura de sus carreteras de sus niveles de orden y estabilidad social, de su sistema sanitario y cultural, en fin, de todo.
Por lo visto había que vigilar cualquier conversación de taberna de los parroquianos para lo que varios soldados adoctrinados en la labor de espionaje y disfrazados de campesinos se infiltraban entre las gentes de toda condición sacando conclusiones de lo que se opinaba, especialmente sobre nosotros, los romanos.
El emperador tenia mucho interés en nuestro trabajo gracias al cual se pudieron evitar varios conflictos bélicos.
Ya en la capital de Siria que se llamaba Antioquia empezaron los problemas para los investigadores, sobre todo para mí.
Una de las ideas que me habían influenciado a la hora de aceptar lo que me ofreció el emperador Cesar Augusto fue que emplearía a los demás investigadores en mi provecho para encontrar a Plinio, Si viajábamos por todo el Imperio Romano estudiaría sobre la marcha la forma de investigar que todo el sistema de informadores de todos los paises del Imperio trabajasen de forma sesgada para mi ofreciendo una recompensa de cien denarios de plata al que me diera noticias del paradero de Plinio.
A pesar de tanto trabajo, yo personalmente no perdía ocasión de buscar a mi odiado Plinio aunque también empleando a los mismos espías para que como la cosa más natural sonsacaran a las gentes por si conocían a un tipo de las características de aquel un individuo de aspecto hercúleo al que le faltaban varios dientes, mirada severa y que un año antes vivía en Roma. Los espías eran amigos además de compañeros y les había prometido cómo ya dije antes

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un premio de cien denarios si lo localizaban y me lo comunicaban solo a mí.
Ya habíamos visitado casi todo el imperio cuando me encontré envuelto en una desagradable pelea de borrachos como me sucedió tiempo atrás en Roma, pero esta vez no hubo por medio ninguna mujer, simplemente varios hombres de aspecto normal se me acercaron y me invitaron a beber con ellos.
Como no los conocía de nada me pareció harto sospechosa aquella invitación y la rehusé diciendo:
–Gracias, pero no acostumbro a beber alcohol.
Entonces se empezaron a reír a llamarme maricón y cosas parecidas a las que no hice caso considerando que debían estar bebidos o algo similar ya que no comprendía tales manifestaciones ni por que me invitaban sin conocerme de nada.
Total, que viéndose rechazados se empezaron a propasar intentando hacerme beber de una botella que me ofrecieron argumentando:
-Si no te bebes esta botella de vino te vamos a colgar del cuello hasta que te mueras. ¡Mira que despreciar una invitación! ¿Pero tú quien te crees que somos, unos payasos? Bébete hasta la última gota ahora mismo y sin rechistar, imbecil. ¿Te crees que das miedo por que tengas musculitos de gimnasio barato?
Me volví de espaldas dándoles a entender que no les hacía caso, que no quería complicaciones con ellos, pero el resultado no fue como yo esperaba, pensé que si me desentendía terminarían dejándome tranquilo, pero no fue así, uno de ellos, el más alto me sujetó de un brazo tirando de mi mientras otro me restregaba la botella por la cara intentando que bebiera el vino que debía contener.
La verdad es que una cosa tan incomprensible nunca me había sucedido y mi paciencia llegó al limite dándole un puñetazo en las narices al que me restregaba la botella, saliendo disparada de su mano yendo a estrellarse contra el mostrador del establecimiento, lo que no debió gustar a los otros tres o cuatro que sin mediar palabra se arrojaron sobre mi siendo recibidos por una lluvia de mamporros. Incluso me satisfizo levantar al más gordo en vilo aprovechando el mismo impulso que el hizo al saltar sobre mi y arrojarlo contra una mesa que quedó partida en dos trozos, en un santiamén los dejé sin conocimiento desparramados por el local.

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Luego, como que había ido allí solo pensé que lo mejor era marcharme, lo que hice sin despedirme de nadie ya que a nadie conocía
Al otro día Pilato me dio la orden de ir por la noche, vestido de aldeano a un tugurio donde acostumbraban a ir soldados nacionales quiero decir del régimen sirio ya que entonces estábamos en ese país Siria, el caso es que al cruzar por un callejón solo alumbrado por la incipiente luz de la luna menguante, de la oscuridad surgieron varios hombres armados con cuchillos de dimensiones escalofriantes que se abalanzaron sobre mi sin mediar palabra.
Imaginé que querían atracarme, y aunque no me pareció muy claro el asunto me volví por donde había venido saliendo corriendo como alma que lleva el diablo, escapando de aquel peligro del que sin duda venían con muy malas intenciones. Después di un rodeo para ir al lugar que me habian mandado y una vez allí alguien que noté que me seguía empezó a hablar con varios, que en una mesa del rincón más apartado jugaban a las cartas advirtiendo que me observaban con curiosidad.
Antes de que me diera cuenta ya se encontraban a mi lado haciendo como que estaban por sus cosas hablando en voz baja. Entonces uno que se había puesto junto a mí, me dio un codazo y en vez de disculparse me increpó con estas groseras palabras.
-Oye imbécil, a ver si miras por donde andas que me has empujado y te voy a pegar un puñetazo en los morros si vuelves a hacerlo.
Como no quería líos, le contesté amablemente:
Perdone, ha sido sin querer.
Aquel, dirigiéndose a los que antes jugaban a las cartas en el rincón y que ya se habían acercado simulando curiosear les dijo:
-¿Os habéis fijado en el chulo este que se cree con derecho a molestar a todo el mundo? ¿Qué os parece si le damos un escarmiento para que no vuelva más por aquí?
Viendo el cariz que tomaba el asunto ya que eran al menos media docena y me pareció muy peligroso pelearme con tantos, les dije mientras me acercaba a la puerta con la intención de salir corriendo en el caso de que me atacasen, cosa que por lo visto era costumbre en aquellos tugurios de mala muerte:
-Tranquilos que ya me voy,
Sin embargo, enseguida se dieron cuenta de mi intención y uno se puso ante la puerta gritando a los otros.
-¡A por él, que no escape matadlo!

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Aquello fue la gota que culminó mi paciencia, me lance furioso contra el que me bloqueaba la salida dándole un soberbio empujón y salí de aquel antro echando chispas.
A Pilato le dije que no había descubierto nada especial, que allí los parroquianos solo hablaban de vino y mujeres.
A mi me pareció que lo que me estaba sucediendo no era normal y pregunté a otros que hacían investigaciones como yo y en efecto a ellos nadie les atacó ni molestó en absoluto.
Por tal motivo desde aquel día intenté ir acompañado de otros compañeros para evitar conflictos, cosa que no logré totalmente ya que sufrí varios altercados de los que afortunadamente salí siempre ileso. Indudablemente lo que me sucedía no era normal, alguien quería quitarme del medio. Cada vez me atacaban mas personas y con más saña ¿A ver si Plinio estaba tras estos sucesos?
Ante aquellas sospechas, tenía que elaborar una estrategia, y pensando pensando, me pareció que de los que me atacaron siempre había un par que me parecían los mismos. Me gravé sus imágenes en la mente, uno era bajito y regordete con la nariz torcida como si se la hubieran desviado de un golpe, el otro de complexión atlética, estatura normal, aproximadamente de un metro setenta, calvo, sobre los treinta años y pico, bizco, tenia una cicatriz en la frente que le daba un aspecto siniestro. Ambos creí haberlos visto en más de una ocasión.
Lamentablemente no pude seguir mis investigaciones porque recibimos un correo de Roma en el que se nos comunicaba que el emperador Octavio Cesar Augusto había muerto y que desde aquel momento lo había sustituido Cesar Tiberio, heredero del Imperio Romano tal cómo se quedó acordado con Augusto anteriormente.
Por aquel entonces, considerando sus méritos Pilato era ascendido a procónsul de Palestina nosotros de momento continuábamos a su cargo y debíamos seguirle hasta nueva orden como guardia personal; además se nos ordenaba que deberíamos dejar Siria y dirigirnos a Palestina, viaje que iniciamos al día siguiente apenas hubo amanecido.
Atravesar montes y desiertos no fue sencillo, tuvimos que galopar por algunas cordilleras con toda clase de problemas como por ejemplo, adquirir alimentos y cambiar o al menos hacer descansar a los caballos que terminaban agotados diariamente.
Cuando llegamos a Palestina, Pilato y su mujer se instalaron en la residencia palaciega que tenían reservada en la ciudad de Cesarea y nosotros su guardia pretoriana en el ala sur del mismo edificio.
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No pasó mucho tiempo en que nos fuimos familiarizando con la gente de aquella estupenda ciudad. Una ciudad Muy parecida a la de Antioquia y en la que de inmediato nos fuimos adaptando a sus costumbres.
Los meses siguientes fueron transcurriendo normalmente, nosotros aparte de escoltar a Pilato en sus desplazamientos y diversas otras cuestiones hicimos lo de siempre, vigilar al populacho y redactar informes de cuanto descubríamos. Pilato parecía disfrutar de su nuevo status visitando autoridades y también siendo visitado por personajes importantes de aquellas latitudes, aunque no parecía tenerlas consigo ya que nos advertía de que extremásemos nuestras pesquisas porque intuía cierto malestar en nuestros
comunicados que le alertaban de estarse gestando alguna insubordinación de los palestinos.
Pilato constantemente estaba atento por la opinión de los ciudadanos y no dejaba de advertirnos con evidente preocupación
Tenemos que estar alerta, porque si se revelase el ejército o el pueblo de Palestina contra Roma y no lo solucionamos a tiempo, nuestro emperador es capaz de crucificarnos a todos nosotros, Tiberio es muy severo en estas cuestiones.
Pilato como procónsul de Roma en Palestina entonces llamada también Judea, tenía a su cargo alrededor de cuatro mil soldados de a pie, mil a caballo y su guardia pretoriana que éramos ochenta.
No se equivocó Pilato, no solo tuvimos un problema si no varios, al principio paseamos unos estandartes con la efigie de Tiberio y el pueblo judio se dirigió en una manifestación multitudinaria al pueblo de Cesarea manifestando que quitásemos aquellos estandartes que era un insulto para su pueblo.
Pilato les advirtió que si no se dispersaban mandaría a sus soldados que los atacasen, pero los manifestantes gritaron que preferían morir antes que tolerar enseñas contra su Dios.
Pilato no quería problemas, dijo que prefería solucionar el asunto sin matar a nadie y ordenó retirar los estandartes.
En otra ocasión quiso hacer un acueducto para abastecer a la ciudad de Jerusalén de agua suficiente empleando dinero del templo, a lo que los religiosos se negaron diciendo que el dinero del templo era dinero para vanagloriar a Dios, y que se quejarían a Tiberio si insistía en tal sacrilegio, Sin embargo el acueducto se empezó a construir tras algunos días de discutir y convencer a los religiosos diciéndoles que era necesario llevar agua para los hijos de Dios, el pueblo judío.
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En otra ocasión tuvimos otra manifestación masiva muy agresiva que nos atacaba no solo con amenazas y gritos pidiendo que nos fuéramos, si no también esgrimiendo armas caseras como cuchillos, palos, martillos, etc,
Pilatos hizo que los soldados se vistieran de paisano y se mezclasen con los manifestantes y para no matar a nadie les ordenó que no utilizasen las espadas, que en caso necesario para dispersar a los manifestantes empleasen porras.
Lamentablemente la manifestación se dispersó pero con una gran cantidad de victimas, entre estas, algunas de soldados romanos.
Después de tantos problemas todo volvió a su cauce normal.
Las comunicaciones con Roma nuevamente se iniciaron comunicando al emperador Tiberio que el pueblo judío era un
pueblo muy manejable y que se sentían muy felices de ser gobernados por nosotros.
Y si digo esto es porque todos los papiros que se enviaban con el lento sistema existente de mensajería a caballo los escribía yo dictados por el procónsul Poncio Pilato.
Recuerdo que escribíamos en papiros porque eran mucho mas económicos que los pergaminos aunque si había que escribir libros era más práctico hacerlo con pergaminos por que se deterioraban menos, su tinta no se borraba tanto y también eran hojas más delgadas.
Era entonces cuando más me acordaba de mi abuelo Longino que decía que Julio Cesar nunca contaba sus derrotas, solo sus victorias, Afirmando que…Mil victorias jamás justificarán una derrota.
Que a veces para saber si habías sido derrotado o vencedor habría que contar los muertos de ambos bandos
Y que para obtener grandes victorias se necesitaban grandes enemigos.

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CAPITULO IX

EL CENTURIÓN

Siempre que me llamaba Pilato a su palacio, invariablemente era para dictarme algún mensaje destinado al emperador Tiberio, o para el senado en cuyos papiros les contaba las novedades acaecidas en Palestina en el mes anterior, esta era una norma de obligado cumplimiento, salvo que hubiesen novedades especiales que rompieran aquella norma a la que ya nos habíamos acostumbrado, como una rutina intrascendente.
Pero cuando aquel día Pilato me recibió, noté cierta actitud hacia mi muy diferente a la de anteriores ocasiones, cuya relación conmigo siempre fue distante, más bien fría.
Aquel día lo encontré algo más amable, me pareció que estaba contento por algo que yo ignoraba, incluso me extrañó la presencia de su esposa Claudia Prócula, que me dio un beso en la mejilla como se acostumbra hacer con un amigo o familiar.
La verdad es que mi asombro lo debieron detectar ya que Prócula dijó a su marido.
¡Por los dioses, Poncio, díselo ya!
Pilato apoyándose en la mesa donde acostumbraba a dictarme los mensajes, adoptó una actitud completamente distinta a la del recibimiento, su tez se volvió sombría y con una seriedad muy acusada dijo:
Sin que tú lo supieras, hace un par de meses hice escribir a otro soldado un mensaje en el que suplicaba al consejo de ministros, al senado y al emperador mi deseo de que por tú comportamiento y valores opinaba que deberías ser ascendido a centurión.
Hoy he recibido el comunicado en el que tras las consideraciones oportunas y necesarias, tú ascenso ha sido otorgado.
Por tanto desde este momento ya puedes considerarte Centurión. Mañana mismo esta novedad, en un acto especial se les comunicará a la tropa y te serán destinados los soldados que quedarán bajo tu mando.

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Te estrecho la mano como amigo y camarada y te deseo larga vida por el bien del Imperio Romano.
De reojo miré a la señora Claudia y noté que sonreía complacida, cómo si gracias a ella me fuese concedido el ascenso.
El procónsul añadió sonriendo:
¡Ah! Que no se me olvide, una vez concluido el acto, te será entregado el vestuario que portarás. Aquí tienes este listado para que te vayas haciendo una idea.

Un casco (cassis) con cresta (crista), de color, negro o rojo.
Una armadura de cota de malla (lorica hamata) o de escamas (lorica squamata), muchas veces cubierta por phalerae o condecoraciones en forma de medallón y torquex o pulseras colgantes.
Una túnica corta de color blanco (decursio albata), que en los dias fríos se complementará con pantalones adecuados.
Una espada corta -gladius- que llevarás en el lado izquierdo en lugar del derecho, cómo los simples soldados (milites), sujeta al cuerpo con un (cingulus) o cinturón con la funda de tal espada.
Protecciones especiales para las piernas (grebas)
.Las sandalias son iguales a las de los soldados, unas plantillas simples con cordones.
Un bastón de mando, habitualmente una vara de vid, (vitis), como símbolo de autoridad, y que, durante las tareas de entrenamiento, o actos bélicos utilizarás para golpear a los rezagados y torpes.

De todas formas quise hacerle una pregunta al procónsul Pilato, y se la dije sin preámbulos:
Estoy muy contento y agradecido por su interés pero como debe saber, cuando me alisté en el ejercito fue bajo unas condiciones especiales, condiciones que fueron aceptadas por el mismo emperador que entonces era Claudio Cesar Augusto y de cuyas condiciones guardo copia firmada por el mismo emperador y que según dijo esas condiciones son eternas Gobierne quien gobierne.
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Pilato miró de soslayo a su esposa Claudia y le preguntó:
-¿Tú que opinas de este problema?
Y ella le contestó:
–No conozco esas condiciones pero aquí gobiernas tú y considero que tienes suficiente poder para hacer la investidura de este soldado, a centurión sin alterar las mencionadas condiciones.
Pilato se echó la mano a la frente y exclamó con ironía
¡Es verdad, aquí mando yo, cuando no estas tú, claro!
¡Así que quedas ascendido sin problemas, bajo las mismas condiciones firmadas por el emperador Augusto!
Después de aquellas conclusiones Pilato añadió:
Un día de estos tengo que hablar contigo de un asunto muy delicado. Se trata de una misión especial
A lo que yo le contesté:
Pero si entonces soy centurión ¿No estaré libre de ciertos trabajos?
-Si, claro, claro, claro, pero no creo que te niegues, al contrario la misión que te voy a encomendar te va a gustar mucho ya lo verás, además no creo que nadie la pueda llevar a cabo como tú.
Lleno de curiosidad insistí preguntando:
¿No me puede adelantar de qué trata esa misión tan misteriosa?
-Ahora no puedo decirte nada en absoluto, ya lo sabrás todo en el momento adecuado.
La verdad es que tras aquella entrevista en mi ánimo se despertó un mar de dudas. ¿Por qué no me pudo adelantar alguna pista sobre la misión que aseguro que yo era el tipo idóneo para llevarla a cabo? ¿Por qué no era el momento adecuado? ¿La presencia de Claudia su esposa significaba un problema? ¿¿Acaso tenía que consultar a Roma si un centurión podía actuar legalmente en ese cometido?
Mientras más vueltas le daba al asunto menos comprendía aquel enigma que no me iba a dejar conciliar el sueño aquella noche.
Descansar, dormir siempre ha sido un problema desde aquella maldita noche. Casi siempre, antes de conseguir dormir tengo que beber un baso de leche y hacer un sinfín de ejercicios hasta quedar completamente agotado y cuando llega ese momento noto que se me cierran los ojos, momento en que me acuesto y tras recordar y recordarla dándole cien vueltas a la cabeza me quedo dormido, normalmente solo lo consigo durante unas cinco o seis horas. No se si eso mermará mis facultades fisicas . Posiblemente al ser joven no noto ningún problema salvo raras excepciones nunca me he sentido mal tras una noche en vigilia. Cuando llegué a la final del
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campeonato de grecorromana, intenté dormir y empleé toda clase de artimañas sin conseguir pegar ojo en toda la noche.
Por un lado me asaltaban los recuerdos como tenía por costumbre y por otro la inquietud por que al otro día debería estar a pleno rendimiento para ganar el titulo de campeón del Imperio.
Total que al dia siguiente lo pasé deambulando por las calles de Roma sin pestañear y cuando llegó la hora del combate estaba seguro que sería el peor combate de mi carrera, pero mira como son las cosas de esta vida, lo gané incomprensiblemente lo gané, no lo comprendí hasta que un día me encontré con Semproniano que era el anterior campeón, al que vencí y me dijo
–Tuviste mucha suerte cuando me desposeíste del titulo porque yo la noche anterior no dormí, la pase haciendo el amor con una mujer que había conocido ese mismo día y cuando luché contra tí no tenia energías ni para levantar un brazo.
Por lo visto lo que el decía en fino (hacer el amor) era simplemente que se había pasado la noche follando con alguna golfa, porque si la había conocido unas horas antes y ella se pasó toda la noche dale que te dale es que era una gofa golfísima, lo que para mi fue una suerte.

Como me temía esa noche apenas pude pegar ojo y al día siguiente me levanté agotado, tanto que apenas me di cuenta del discurso que Pilato dio a los soldados con motivo de mi ascenso.
Y cuando terminó el acto y muchos se acercaron a felicitarme, estoy seguro que pensarían que estaba borracho o algo parecido ya que mientras me estrechaban la mano yo ni les agradecí sus felicitaciones con unas simples gracias.
Solo abrir los ojos que se me estaban cerrando de tanto sueño que me invadía me costaba hacer un gran esfuerzo.
Afortunadamente, aquel día pasó; por la noche dormí de un tirón, encontrándome al despertar con un montón de ropa y demás cosas al pie del lecho, me vestí y vi reflejado ante el espejo a un elegante centurión presumiendo de mi cara.
Ya ha pasado una semana y todo ha sido rutinario, el procónsul me ha puesto a mis ordenes a ochenta legionarios, los servicios a que
estamos destinados son los mismos de siempre con la única particularidad de que ahora soy yo el que está en contacto directo con el procónsul y tengo más problemas de tiempo, ya que además de tener que mandar a cada legionario su servicio, Pilato sigue prefiriendo que sea yo el que le escriba los mensajes para Roma y
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aún no me ha dicho lo de la misión tan especial que me reservaba y que me tiene sobre ascuas.
A veces pienso que eso de la misión tan importante no existe y solo fue una ocurrencia que tuvo en aquel momento para llenar un espacio vació de aquella entrevista.
Hay un refrán de Hispania que asegura que…Todo en esta vida llega, incluso la muerte. Y otro que asegura que… En este mundo, nada es eterno.
Y en efecto; un día nublado que parecía hecho para que nos fastidiáramos los amantes del buen tiempo, Pilato me envió a un soldado con una orden verbal que fue la siguiente:
–El Procónsul ordena que acuda a su despacho inmediatamente.
Me pareció que el soldado debió prolongar algo más el mensaje cón la frase… ( Porque le va a enviar a una misión especial.) Se me ocurrió tal cosa porque a medio mes no teníamos costumbre de escribir ningún parte para Roma, invariablemente enviábamos los mensajes a primeros de mes
Nunca me dio una orden tan tajante, aquella palabra ¡INMEDIATAMENTE! me sonó a que el gran hombre había dormido mal y estaba enfadado, o algo importante; alguna novedad, quizá se había producido un golpe de estado o catástrofe que yo ignoraba, siendo responsable de estar al corriente de cualquier percance, ya que mis hombres seguían estando a mis órdenes, cómo encargados del espionaje y comunicaciones al alto mando. Alarmado acudí prestamente al despacho donde me encontré con un panorama impensable, la esposa de Pilato se encontraba sentada en un cómodo sillón gimiendo sonoramente con los ojos repletos de lágrimas, mientras él, su esposo paseaba nervioso de un lado a otro pareciéndome que estaba muy alterado.
Le saludé con la mano extendida al estilo militar romano como era costumbre y permanecí firme a la espera de las órdenes, que enseguida Pilato me dio añadiendo con la voz muy serena:
-Centurión Longino, el día que le ascendí le dije que le llamaría para que se hiciese cargo personalmente de una delicada misión.
Como habrá comprobado he tardado demasiado tiempo en ponerme en contacto para ponerle al corriente de esa misión.
La verdad es que esta y muchas noches no hemos podido dormir por los problemas de salud que tiene mi esposa Claudia. Verdaderamente, a veces las personas tenemos reparos en contar a otros nuestros problemas y en esta ocasión esa vergüenza nos ha tenido atados.
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Hoy nos despojamos ante ti de todas nuestros prejuicios y te vamos a contar el problema de salud que nos tiene amargados, un problema que ningún médico de ningún país ha logrado ni
subsanar ni tan siquiera aliviar, hemos estado con los mejores de todo el mundo, en Egipto, Hispania, Grecia, China, Rusia, las Galias etc, ya no sabemos que hacer, y por eso te hemos llamado, por eso estas aquí.
No salía de mi asombro, yo había estudiado mucho, había estado ganando concursos de lucha en muchos países, había sido gladiador libre, pero no tenia ni idea de medicina, ¿Para que me llamaban? ¿Qué podía yo hacer para curar lo que tuviera la señora Cludia? Permanecí firme, lleno de impaciencia, a ver que órdenes me daba mi superior, mientras en esos momentos en voz baja hablaba con ella.
Después de cambiar impresiones, la señora Claudia se levantó me miró muy apenada y se despidió con un leve saludo hecho con la mano y una tenue sonrisa.
Una vez solos, el Procónsul tomó asiento, me invito a hacerlo al otro lado de la mesa y una vez los dos acomodados, empezó a hablar,
Con evidente nerviosismo.
-He tardado tanto porque el caso es muy delicado, pero ya no podemos continuar con este problema, mi mujer sufre muchos dolores y algunas noches no podemos ni dormir.
Ante estas manifestaciones, me pareció recomendable advertirle que de medicina no tenía ni idea y así se lo comuniqué.
¿Y que puedo hacer yo si no tengo nociones de medicina?
Pilato, me miro muy serio y me dijo.
-Verás, lo tuyo es investigar y eso es lo que vas a hacer, seré breve y conciso. Mi esposa sufre de hemorroides un mal que no se cura aún en ningún lugar del mundo y sufre horrible y casi continuamente.
Pues bien, resulta que hay un individuo que asegura ser hijo de Dios y nos han llegado rumores de que lo cura todo.
Tú cometido será investigar a esa persona y averiguar si es verdad que hace milagros o por el contrario es un charlatán, un delincuente que vive de timar a las gentes.
Por los informes que tengo ese hombre tiene unos seguidores a los que llaman apóstoles y también muchos otros seguidores entre los que abundan personas enfermas que van donde el y sus acólitos.
Si todo fuese verdad, sería la única medicina que podría aliviar o curar a mi esposa, lo que sin duda sería un milagro.
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Así que mientras antes te pongas en marcha mejor.
Tendrás que emplear tus antiguas estrategias disfrazándote de aldeano y tomar toda la información posible que me irás entregando sistemáticamente.
¡Ah! Otra cosa, por lo visto los sacerdotes del sanedrín lo van siguiendo para detenerlo en cuanto le vean un fallo o motivo para hacerlo, por lo que deberás actuar con suma cautela, no sea que te compliquen la vida a ti también y por ende a nosotros lo que empeoraría las relaciones entre Palestina y Roma.

Ante todo lo que dijo Pilato solo me quedaron un par de dudas en aquel momento y se las expuse.
-Ahora mismo tengo un par de dudas
-Primera.¿ Mientras yo investigo quien se encargará de mis hombres?
-Segunda ¿Si necesito la colaboración de alguna persona, dinero o cosa quien me la proporcionara?
La contestación del procónsul no se hizo esperar, esgrimiendo unos ademanes tajantes afirmó:
De tu centuria no has de preocuparte en absoluto, de eso ya me encargo yo, te buscaré un sustituto temporal; en cuanto a los demás problemas solo has de venir aquí y yo te los resolveré sin perdida de tiempo, todo es cuestión de hablar.
Durante un buen rato permanecimos enfrascados en cómo iniciar mi trabajo, aquella misión me empezaba a gustar, por fin me había enterado del misterio que la envolvía y al comprobar que Poncio Pilato tenia tan buen concepto de mi me sentí muy orgulloso, aunque nunca se me iba de la cabeza el suplicio al que fuimos sometidos mi familia y yo y tenía muchas ganas de terminar mi compromiso con el ejercito para volver a Siria donde tenia la completa certidumbre de encontrar a Plinio.
La cuestión la tenia bastante clara aquí ya llevaba seis meses y nadie se había metido conmigo, nunca he tenido ni el mínimo altercado, en cambio en Siria apenas estuve un mes, me atacaron varias veces, en cada ocasión con más saña, medios y más enemigos, mientras que a los demás investigadores nadie les molestó en absoluto.

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CAPITULO X

La misión

Apenas salí del acuartelamiento ya disfrazado de persona normal, portando una bolsa conteniendo algo de ropa, alquilé una pequeña vivienda que constaba de un pequeño comedor una diminuta cocina y un dormitorio, además de un corral en la parte de atrás, con una cortina en un rincón y un agujero que se tapaba para evitar el mal olor con una tabla de madera, donde se suponía que debería hacer mis necesidades
La vivienda en cuestión estaba amueblada con lo imprescindible, la cocina con un fuego de leña, una mesa con dos sillas en el comedor y una alfombra con un colchón de plumas de ave para dormir en la pequeña habitación dormitorio.
Para poder desplazarme donde fuera necesario, contaba con un caballo que metí en el corral que contaba con dos accesos, una puerta desvencijada que se abría a un callejón que de noche me pareció siniestro y la otra que comunicaba con la vivienda.
El primer día puse encima de la mesa un montón de rollos de papiro en los que iría escribiendo mis averiguaciones.
Enseguida estudié un plan para iniciar la misión.
Aquella noche apenas había descendido el sol ocultándose tras unas lejanas montañas, me metí en una tabernucha de mala muerte donde solo había cuatro parroquianos y empecé a confraternizar con un viejo de aspecto miserable, que estaba solo, invitándole a un vaso de vino.
El anciano me resultó de gran ayuda pues cualquier pregunta que le hacía la contestaba dándome toda clase de informes a cual más interesante.
Enseguida me percaté de que había encontrado en aquel viejo un pozo de sabiduría Me dijo que se llamaba Zacarías y yo le mentí, diciéndole que mi nombre era Juan.
-Zacarías, ¿Has oído hablar de uno que afirma ser hijo de Dios y va haciendo milagros por ahí?
El buen hombre me miró de arriba abajo confuso antes de contestar.
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-¡Cómo que si he oído hablar de ese hombre! ¡Pero si no se habla de otra cosa en Palestina!
Viendo que el viejo estaba dispuesto a hablar hasta por los codos de lo que le preguntase lo invité de nuevo y seguí interrogándole con preguntas como.
-¿Cree usted en los milagros que le atribuyen a ese?
-Zacarías siguió adoptando la misma expresión de extrañeza, me miró de arriba abajo nuevamente exclamando con mal humor, lo que me causó cierta desilusión ya que pensé que su carácter afable permanecerla intacto mientras le fuera sacando información.
– ¡Ese, como usted lo llama tiene un nombre y es Jesús, cuando hable de él en mi presencia, le pido que por favor lo haga con mucho respeto!
Por eso le pregunté con suma cautela intentando llevarlo a mi terreno.
– Perdóneme señor Zacarias he captado su intención y seguiré su consejo ¿Acaso usted ha visto alguno de esos milagros?
El anciano negó con la cabeza antes de contestar:
-Desgraciadamente no he tenido esa suerte, pero he conocido a su familia y sé que son gente ejemplar, buena y seria.
Ante esta respuesta tan contundente me quedé asombrado y en ese momento en mi se inició una transposición, empecé a interesarme personalmente un poco en los milagros.
– ¡No me diga que conoce a sus padres o abuelos!
Nuevamente el tal Zacarias me empezó a mirar atentamente como si yo fuese un bicho raro antes de responder.
-Le voy a decir de que conozco a sus padres y le voy a contar todo lo que quiera de él y su madre; sobre su padre prefiero no contarle gran cosa porque era muy mayor, ya murió y no me gusta hablar cosas de personas fallecidas.
Solo le diré que el padre se llamaba Jose y era un buen carpintero y muy buen vecino, además de padre y esposo, que se casó con Maria siendo viudo y que tenía varios hijos de su anterior matrimonio según tengo entendido, aunque a decir verdad nunca vi a ninguno de esos hijos ni a ningún otro familiar de José
-De su madre, puedo explicarle muchas cosas, aunque es posible tener algún fallo de memoria, piense usted, que entonces yo era relativamente joven, tendría unos treinta y pocos años y ahora ya cuento con setenta y cinco.
-En aquellos tiempos yo era pastor; un día, si mal no recuerdo era el 24 de diciembre del año 753, que como usted debe saber, hacia
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753 años de la fundación de Roma, ya estaba oscureciendo, en la puerta de la casa donde servíamos nos encontrábamos varios pastores y agricultores hablando de nuestras cosas cuando llegó
corriendo un hombre muy mayor preguntando si conocíamos alguna comadrona porque su mujer tenia dolores de parto y se encontraba sola en un establo o cueva cercana.
La verdad es que nos quedamos un poco extrañados porque aquel hombre aparentaba tener más de setenta años.
-Yo mismo le acompañe a casa de una vecina que era matrona y fuimos siguiendo a aquel hombre que por el camino nos fue contando que habían venido de Galilea a la ciudad de Nazaret para empadronarse según lo ordenado desde Roma por el emperador Cesar Augusto, pero que se toparon con que como su mujer estaba embarazada no habían encontrado posada posiblemente por eso del empadronamiento ya que había venido mucha gente de otros lugares o seguramente por lo que dicen de que las embarazadas están contaminadas con el pecado original y si se mezclan con otras personas pueden contaminar con el pecado a aquellas.
El caso es que como eran descendientes de David fueron a la casa de otros descendientes encontrando que estaban sin sitio, pero dada la urgencia de Maria que podría entrar en parto en cualquier momento les dejaron cobijarse en el corral que en una cueva había detrás de la casa.
Total, que mientras José nos contaba estas cosas llegamos a la cueva con la matrona que entró quedándonos nosotros fuera esperando.
Al poco rato salió la señora matrona muy alterada contando que cuando entró en la cueva el niño ya había nacido y su madre lo había acomodado en el pesebre; que había examinado a la parturienta quedando sorprendida al ver que era Virgen; que estando desconcertada se apareció un ángel con un vestido blanco muy brillante y le dijo:
— No temas mujer, que este niño es hijo de Dios y se ha engendrado en Maria por obra y gracia del Espíritu Santo.
Como es natural aquella noticia se expandió por todas partes y aquella noche llegó otro grupo de pastores que dijeron que se les había aparecido un angel volando como un pájaro y les comunicó lo mismo, que había nacido el Mesías hijo de Dios, y aquellos pastores le llevaron al niño regalos, cómo corderos , gallinas , conejos y productos del campo.

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Aquella noche fue extraordinaria los que allí estábamos adoramos al niño durante todo el tiempo y recuerdo que una estrella muy luminosa llegó hasta pararse encima del lugar a la vez que arribaron unos reyes magos montados en camellos y acompañados por sus pajes, que afirmaron venir de Oriente.
Aquellos reyes estudiaban las cosas del cielo y al ver a una estrella tan brillante que se movía en cierta dirección decidieron seguirla y cuando llegaron se pusieron a adorar al niño y a la familia, regalándole oro, incienso y mirra.
Los reyes magos regresaron por otro camino porque el rey Herodes les había dicho que cuando supieran donde estaba el niño se lo dijesen para ir a adorarlo pero a los reyes en sueños se les Apareció un ángel que les comunicó que lo que pretendía Herodes rey de Judea era eliminar al niño ya que no podía consentir que otra persona se proclamase rey de Judea.
Entonces Herodes rabioso por que no admitía que en Judea hubiese más rey que él y no sabiendo donde estaba el niño anunciado, mando que se mataran a todos los nacidos en los dos últimos años, pero resultó que José había sido avisado en un sueño de las intenciones del monarca y que para salvar al niño debería salir con él y su esposa rumbo a Egipto y no volver hasta que muriese Herodes, lo que así hicieron.
Yo que vivía cerca ví crecer al niño de una forma normal y cuando alcanzó la edad de unos ocho o diez años la gente decía que se había vuelto muy travieso, que presumía mucho de ser el hijo de Dios y que empezó a hacer milagros, aunque tanto era su orgullo que los milagros más bien eran travesuras de niño lleno de soberbia.
Yo esas cosas no las vi la verdad, pero decían que se había enfadado un día con el maestro de la escuela y le mandó con mucha arrogancia:
-Eres un mal maestro y yo sé más que tú ¡Quédate ciego ahora mismo!
Y dicen que el maestro se quedó ciego pero que volvió a recuperar la vista cuando le suplico a Jesús que se la devolviese, por amor de Dios, prometiéndole que sería mejor maestro en lo sucesivo.
También me dijeron que un día iba corriendo y otro niño que estaba jugando a la pelota se tropezó con él tirándolo al suelo por lo que se indignó mucho al ver que el otro se reía y le ordenó.
¡Muérete!
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Me contaron que el otro niño cayó al instante muerto.
Los padres, cuando otras personas les llevaron al niño muerto y les dijeron lo sucedido, fueron inmediatamente a hablar con José el carpintero y la Virgen Maria contándoles lo que había pasado de malas maneras, debido a su estado emocional.
José y Maria intentando aplacar los ánimos de aquellos desolados padres regañaron al niño Jesús diciéndole que..
– Eso no se hace, devuélvele la vida que le has quitado al niño de estos señores.
-Vale, vale, ya se la he devuelto.
Me dijeron que Jose les dijo a aquellos atribulados padres:
-Id a casa tranquilos y no os preocupéis, vuestro hijo esta bien, son cosas de criaturas.
Luego supe que al niño lo encontraron tan tranquilo jugando con su pelota y unos amiguitos en la calle y que no recordaba nada de lo sucedido.
En fin, esas cosas no las vi, eran rumores que contaba la gente, así que no estoy seguro de nada… Además, hace tantos años…

Aquella noche, salimos de la taberna los últimos, porque el tabernero se acercó y nos dijo.
-Señor Zacarías y compañía, es muy tarde y tengo que cerrar, si son tan amables de irse les quedaría muy agradecido.
Ya en la calle antes de despedirnos, el viejo Zacarias dijo:
–Juan si vienes mañana ya te contare lo que vaya recordando, ya que veo que te gustan mis relatos.
Apenas llegué al cuartel me puse a escribir con inusitado entusiasmo, todo lo que me había contado mi nuevo viejo amigo.
Y cuando lo leyó al día siguiente Pilato noté que su contento crecía letra a letra, palabra a palabra, tal como avanzaba en la lectura.
-¡Muy bien si señor, así se investiga, empezando por la base de las cosas, te felicito! Continúa así y no tengas prisa Claudia tiene ahora unos días soportables, parece que no se queja tanto, aunque eso
No quiere decir nada, le pasa muy a menudo, que parece que se encuentra algo mejor y de pronto los dolores la vuelven loca. Y eso es así, cada dos o tres días. En fin, esa enfermedad la tiene ya hace más de diez años, tú ve investigando porque parece que vamos por buen camino.
Cuando llegué a la taberna de costumbre me senté en una silla y esperé pacientemente a Zacarias.

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La taberna estuvo toda la tarde vacía, ni un cliente había entrado solo yo; había un gato que me miraba con creciente curiosidad desde un rincón oscuro que además del tabernero éramos los únicos seres vivientes del cochambroso negocio.
Cuando empezó a anochecer entraron varios jóvenes que bebieron unas naranjadas y se fueron riendo, gritando y dando tumbos como si se hubieran emborrachado.
Zacarías no aparecía y eso me tenía intrigado.
Cuando el tabernero me sirvió el tercer vaso de vino, le pregunté:
–Estoy esperando a Zacarias y como veo que no viene pienso que tal vez esté enfermo o algo ¿Sabe usted donde vive?
El tabernero me miró muy extrañado y me preguntó:
-A quien se refiere? No conozco a ningún Zacarías.
-¿Cómo que no lo conoce? ¡Anoche mismo, cuando usted quería cerrar el negocio, mientras hablaba conmigo, al dirigirse a él lo llamó Zacarías!
-Debe de estar confundido señor, yo no conozco a ningún Zacarías, ni a usted lo he visto aquí nunca.
Mientras discutíamos, entraron los tres clientes que cada noche habían coincidido con nosotros y al verlos me sentí aliviado y le dije al tabernero.
-Esos señores me han visto con Zacarias los tres días en que estuve con el hablando aquí, incluso nos saludaron varias veces al venir y al irse ¿Por qué no les pregunta?
El tabernero sonrió antes de decir con un poco de ironía.
– Como usted quiera, el cliente manda.
El tabernero sin moverse del mostrador los llamó por sus nombres y les dijo:
-Juan, Cayo, Pedro ¿Podéis acercaros un momento?
Los otros se acercaron y uno le preguntó:
-¿Qué quieres?
– ¿Conocéis a este hombre? Dice que ha estado aquí los tres últimos días y que estuvo hablando esos tres dias con un viejo llamado Zacarias, que vosotros los mirabais mucho y los saludasteis varias veces.
Los tres aludidos me observaron con evidente curiosidad y todos, uno a uno contestaron
– No lo he visto nunca ni conozco a ningún viejo Zacarias, contestó el primero, ni yo tampoco, dijo el segundo, ni yo, aseguró el tercero.

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Pensando que se habían confabulado contra mí, quizá para reírse me fui bastante enojado, pero durante varios días seguí volviendo y nunca más volví a ver al viejo Zacarias.
Cuando le conté la historia a Pilato solo respondió:
Sin duda nos hemos metido en un terreno movedizo, pero hemos de continuar tendrás que esforzarte en tus pesquisas y buscar una nueva estrategia.

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CAPITULO X I

El evangelio

De nuevo estaba tendido y despierto sobre mi colchón de plumas y mi alfombra. Me había pasado la noche en vela dándole vueltas a mi cabeza intentando hallar la forma de reiniciar las pesquisas que empecé con el misterioso Zacarias.
La verdad es que no se me ocurría ninguna nueva estrategia, de modo que me levanté de mi humilde lecho, como una vez en que no logré conciliar el sueño y todo el día anduve como alma en pena de un lado a otro.
Durante un par de días estuve inquieto sin saber que camino tomar respecto a las órdenes recibidas por Pilato, que me sugirió que debía cambiar de táctica, buscar otros derroteros y retomar las investigaciones de nuevo por caminos que no fueran terrenos pantanosos, o movedizos.
¿Pero que demonios tenían que ver esas palabras con la realidad?
¿Si la estrategia de siempre de infiltrarme entre las gentes en toda clase de cuchitriles cómo tabernas y prostíbulos, me había resultado exitosa…Porqué iba a ser diferente ahora?
¿Por qué ahora debería cambiar esas tácticas?
Por mas que me estujé los sesos no se me ocurrían otras maneras de iniciar una investigación, por lo tanto volvería a emplear mis conocimientos y dejarme de experimentos.
Era urgente empezar a buscar a Jesús de Nazaret y comprobar si sus sanaciones milagrosas eran reales y capaces de sanar a la señora Prócula esposa de Poncio Pilato, o por el contrario era todo unna supercheria.
Claro que buscar al hijo de Dios por tabernas y lugares de vicio y pecado no me parecía lo más adecuado, aunque pensándolo bien no me parecía tan ilógico, porque si un pescador va a pescar, lo hace donde pueda encontrar peces, por lo tanto un perdonador de hombres lo más lógico era que fuera a lugares llenos de pecadores ¿Y donde podía encontrar pecadores y pecadoras a montones? ¡Un lupanar, sin duda era el lugar perfecto!
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Al anochecer ya me encontraba en el lupanar o prostíbulo más famoso de la capital, preguntando a diestro y siniestro con las debidas precauciones.
Empecé por la señora encargada de presentar a las prostitutas a la clientela la cual se echo a reír exclamando que ni puta idea de lo que le había preguntado, que allí no había ido nunca un Mesías ni nada parecido. Que aquello no era un templo de oración precisamente.
Y añadió riendo sonoramente.
–¡Esto es una casa de putas!
Después de varias tentativas con otras personas de las que por allí deambulaban, sin éxito, comprendí que me había extralimitado en mis teorías y decidí bajar el listón de opciones a un nivel menos
pecaminoso.
Al poco rato, me metí en una taberna que me pareció un lugar de vicio ponderado y le pregunté a un camarero que me pareció muy amable en el trato con el cliente:
–¿Me sabría decir por donde puedo encontrar al que se dice llamar Jesús de Nazaret, hijo de Dios?
El camarero se me quedó mirando con suma atención y finalmente tras meditarlo un poco me contestó muy serio:
-Lo más probable es que se lo indiquen en Nazaret donde creo que vive su familia, amigos y vecinos. Allí estoy seguro que se lo dirán.
¡Hágame caso, búsquelo en aquel pueblo!
‘Por cierto, le voy a dar un consejo. Si es usted un seguidor creyente de ese Mesías ni se le ocurra preguntar en un templo. los sacerdotes del Sanedrín lo detendrían a usted ya que son antagonistas de las enseñanzas de Jesús.
Yo lo vi en cierta ocasión y por lo que observé como hablaba, y sanaba a las personas alguna conocida, pienso que es el verdadero Mesías hijo de Dios.
Por cierto ¿Usted no es judío, verdad? Lo he notado en su acento que parece latino.
Tenga un buen día. Voy a seguir con mi trabajo.
Había tenido mucha suerte encontrando a este camarero que había visto y oído hablar a Jesús y creía en él y sus palabras.
Cómo me pareció muy acertado el consejo del camarero de la taberna, al día siguiente ya me encontraba en Nazaret preguntando a todo aquel que veía por si alguien me podía indicar a donde podía ver a Jesús y en aquel pueblo no me faltó información, las gentes eran muy amables,
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En una taberna me informaron hasta del domicilio de la familia y del taller de carpintería de José ya fallecido, así como también de algunos familiares de sus apóstoles, no obstante me pareció excesivo dirigirme a tales familias porque hubiera desobedecido las órdenes de Pilato y no pudiendo aparentar ser una persona normal, por el acento latino, me habrían descubierto como un investigador romano y la misión se hubiera puesto en peligro.
De todas formas encontré muchos seguidores de Jesús que me dijeron donde se celebraría la próxima reunión, en la que podría ver y oír al Mesías.
Se trataba de acudir a una montaña cerca de un pueblo llamado Cafarnaúm allí en la entrada de ese pueblo pude ver a Jesús que era una persona de una estatura rondando el metro ochenta y cinco, y unos treinta años, que saludaba con especial simpatía sonriendo a todos.
Había acudido una multitud de gente que como es natural hablaban y producían un ruido de ambiente muy acentuado.
A fin de investigar mejor a aquel hombre procuré ponerme lo más cerca posible y por eso pude escuchar perfectamente todo lo que allí se hablaba
En cierto momento vi como se le acercó un centurión que le dijo:
–Señor en mi casa tengo un criado paralítico que sufre mucho.
Y Jesús le contestó.
–Yo iré contigo a curarlo.
Pero el centurión le contestó:
-Yo no soy digno de que tú entres en mi humilde casa, mándalo y con solo tú palabra quedará sano. Yo soy solo un hombre que estoy bajo las órdenes de otros, pero tengo soldados a mi servicio y si le digo a uno marcha el marcha, si le digo ven, viene y si a un criado, haz esto, lo hace.
Al oír esto Jesús mostró gran admiración y dijo a los que le seguíamos:
En verdad os digo que ni aún en medio de Israel, he hallado fe tan grande.
Y añadió:
Así os declaro que vendrán muchos gentiles del oriente y occidente
Y estarán a la mesa con Abraham, Isaías, y Jacob, en el reino de los cielos, mientras que los hijos del reino (Los judíos) serán echados fuera, a las tinieblas y allí será el llanto y el crujir de dientes.
Y después dijo Jesús al centurión:
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Ve y sucédale conforme has creído; Y en aquella hora quedó sano el criado. (De lo que me enteré días después, como ahora os contaré)
Habiendo después Jesús ido a casa de Pedro, vio a la suegra de este en cama con calentura, y tocándole la mano se le quitó la calentura; con eso se levantó luego de la cama y se puso a servirles.
Venida la tarde, le trajeron muchos endemoniados y con su palabra echaba los espíritus malignos y curó a todos los enfermos.
El mismo ha cargado con nuestras dolencias y ha tomado sobre sí nuestras enfermedades.
Desde aquel día no tuve problemas para saber donde iría a predicar Jesús, solo tenía que seguir a sus seguidores ya que me hice amigo de algunos que siempre sabían donde debían ir a ver y oír al Mesías.
Para ratificar mi cometido de Informador fui escribiendo en papiros cuanto fui investigando, y una cosa que hice de inmediato fue seguir al centurión y hablar con él a los pocos días para saber como se encontraba su criado.
Claro que primero me tuve que identificar y contarle que estaba investigando al Mesías por orden de Poncio por si era un charlatán o un vividor, y al decirle que yo no me creía esas cosas, se puso muy enfadado diciendo:
Si no te crees lo que ves ¿En que puedes creer?
A lo que le respondí: He visto como mataban a mis hermanas y a mi madre después de abusar de ellas y a mis hermanos y mi padre llorando por no poder defenderlas, siendo también degollados. En muchas ocasiones he recordado aquellas escenas terribles y me he preguntado infinidad de veces ¿Porqué Dios permite tales atrocidades si con solo su deseo pudo evitarlas?
El Legionario se me quedó observando muy serio y antes de contestar a mi pregunta dijo:
Yo no soy quien para discernir las obras de Dios, solo sé que nos hizo con libre albedrío y con capacidad de saber lo que es malo o bueno y que aquel que escoge el mal camino solo puede esperar que ese camino le lleve al infierno donde encontrará el castigo en el fuego eterno. Jesús dijo el otro día:
No juzgues y no serás juzgado, por que el que juzga a sus semejantes ha de atenerse a las leyes humanas, que nunca serán tan justas, como las divinas.
Hay dos formas de pedir cosas a Dios la principal, tener fe, la otra
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rezando y cumpliendo con los diez mandamientos.
Yo creo en Jesús, y mi fe es tan inmensa que mi criado ya está completamente curado.
Después de aquella conversación con el legionario continué con mis investigaciones viendo curaciones a cientos de diversas enfermedades cómo la sanación de varios leprosos a los que con tan solo tocarlos se les borró todo vestigio de tan fea y asquerosa enfermedad, otro día vi a Jesús andando sobre las aguas y como me pareció increíble intenté hacerlo yo pero me hundí y no tuve más remedio que salir nadando de aquellas aguas profundas.
Mis dudas me inducen a no he creer en milagros, tampoco creí en el de resucitar a un muerto de hacia varios días y aunque lo vi levantarse con mis propios ojos dudé y comentándolo con otro seguidor, este me dijo con extrañeza.
-¿Es que acaso no oliste como apestaba a muerto?
A lo que yo le respondí tratando de convencerle
¡Eso no prueba nada, si ponemos un simple animal como un perro o un conejo muerto durante varios días escondido en las inmediaciones olería igual de mal.
El otro me miró con sumo desprecio a la vez que escupía la frase.
-Nunca un ciego podrá ver la luz del Sol
Y cuando fui a Pilato y le entregué el informe que me había ordenado, exclamó muy satisfecho, tras leerlo atentamente.
´¡Magnifico! Has hecho un buen trabajo. Este informe confirma mis esperanzas. Este informe tan completo puede considerarse un Evangelio. Sin duda este hombre es el hijo de Dios.
Ahora dime cómo podemos actuar para que cure a mi mujer. ¿Qué opinas?
Según tengo entendido solo hay dos caminos, uno es el de la oración y el respeto con el cumplimiento de los diez mandamientos, y el otro, más rápido requiere un grado óptimo de fé y enfrentarse a Jesús, pues he visto que cura al instante cualquier enfermedad por muy mala que sea, pero hay que tener fé. Los que tienen fe siempre son sanados.
-¿Quieres decir que sin fe es imposible su curación? ¿Y como puede Claudía alcanzar esa fe ciega?
Ante tal pregunta no sabía que contestar así que dije lo primero que se me ocurrió, lo que creí más convincente.
-A mi entender ella debería ir como seguidora de los pasos de Jesús al menos hasta que viera algunos milagros y al convencimiento de los hechos le llegaría la fe plenamente.
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Pilato se quedó pensativo antes de contestar.
El caso es que yo debería acompañarla pero eso sería una afrenta contra las creencias de estas gentes sobre todo del sumo sacerdote del Sanedrín que esta contra Jesús y no piensa en otra cosa que eliminarlo.
Además, en tal caso si se origina por esta causa un levantamiento contra el Imperio Romano, a mi me podría costar el cargo y seguramente la vida.
Tiberio no admite conflictos de ninguna clase en los territorios conquistados.
A los procónsules y las legiones que tenemos nos tiene encomendado el mantenimiento de la paz a toda costa.
Tendremos que buscar un medio en la que no sea necesaria esta premisa. ¿Se te ocurre algo?
Majestad, solo veo una forma de llegar a solucionar esta cuestión, hacer que Jesús venga aquí a su casa o al menos intentarlo como hizo un centurión en Cafarnaúm.
Nuevamente el procónsul se quedó pensativo y después de unos minutos exasperantes propuso.
Eso también comporta riesgos. Si ese hombre viene a mi casa muchos son los que llevarían el mensaje a los judíos y Tiberio se enteraría antes de lo que creemos. Lo mejor es que te acompañe a ti y si acaso también una sirvienta a tu casa de Nazaret.
A Claudia no la conoce nadie tanto cómo a mí y desde allí que haga lo que crea más conveniente, precisamente lleva unos días insoportables de tanto dolor que siente.
Le diré que prepare el viaje lo antes posible.
Al día siguiente se preparó un carro cargado con todo lo imprescindible y una vez todo listo partimos cuatro personas rumbo a Nazaret, Claudia, Jose el conductor del carro, la sirvienta y yo.
Una vez en mí limitada casa a la que llegamos cuando anochecía tuvimos que apañarnos para dormir con algunas cosas que llevamos desde la mansión de Pilato: Claudia y su sirvienta lo hicieron en la única habitación que había, sobre dos alfombras y dos colchones de plumas encima de aquellas y el conductor que debería quedarse hasta que Claudia estuviera preparada para su regreso y yo, en el comedor tras apartar la mesa y las sillas para instalar las correspondientes alfombras. La casa era excesivamente minúscula pero nos supimos acomodar.
El carro lo dejamos en la calle y los dos caballos que tenían que llevarnos de retorno, en el corral con el mío.
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Al día siguiente, fui a una casa habitada por familiares de uno de los apóstoles, que me indicaron donde estaría Jesús en la próxima ocasión
Y cuando nos encontramos en la montaña donde ya se había congregado una gran multitud apareció Jesús acompañado de sus doce apóstoles y extendiendo los brazos a modo de saludo, empezó a hablar diciendo en voz alta para ser escuchado por todos:

Hoy os voy a dar unos consejos imprescindibles para llevar una vida justa.
Nunca juzgues a nadie si no quieres ser juzgado, porque aquel que juzga será juzgado. Antes de ver la paja en el ojo ajeno mira si tienes tú una viga en el tuyo, porque ¿Cómo vas a sacar una pajita del ojo de otro si no te sacas la viga del tuyo?
Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo y después la pajita del ojo de tú hermano.

No atesores una fortuna mientras tú hermano pasa hambre, porque tú te morirás antes y esa fortuna será pasto de los ladrones, del orín
y la polilla.
— Atesorad para el cielo donde no hay orín, polilla ni ladrones, porque donde esta tu tesoro está tú corazón.

—Yo os digo que no hagáis resistencia al agravio; antes, si alguien os hiere en la mejilla derecha, vuélvele también la otra.

Al que quiera armarte pleito para quitarte la túnica, dale también la capa, y a quien te fuerce a ir cargado mil pasos, ve con él otros dos mil.

Sabed que uno que tenga mil monedas y da dos a un pobre no es mejor que uno que solo tiene una y la da a otro pobre, porque este ha dado todo lo que tiene, mientras el otro ha dado un ínsignificante parte de su fortuna. Por eso os aseguro que es más difícil que entre un rico en el reino de los cielos que meter un camello por el agujero de una aguja.

–Al que te pida, dale; y no tuerzas el rostro al que pretenda de ti algún préstamo.

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— Habéis oído que fue dicho; amarás a tú prójimo, y han añadido malamente… (Tendrás odio a tú enemigo) Yo os digo más. Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os aborrecen y orad por los que os persiguen y calumnian, para que seáis imitadores de vuestro padre celestial, que hace salir el sol sobre malos y buenos y llover sobre justos y pecadores.

–Sed perfectos, así como vuestro padre celestial es perfecto, imitadle en cuanto podáis.

Durante largo rato, Jesús estuvo dando consejos parecidos a los anteriores, siempre para mejorar el trato entre personas a las que dijo son nuestros hermanos ya que Dios es padre de todos.
Y mientras Jesús hablaba yo iba recordando a mi familia y pensaba. Si todas las personas actuaran así considerando que somos todos hermanos, seguramente mi familia estaría viviendo felizmente. ¿Pero porque hay gente tan mala cómo Plinio y sus secuaces? ¿ ¿Acaso tenemos que presentar la otra mejilla a estos asesinos? ¿Debemos tener fe en que Dios los castigue cuando mueran y permanecer sin hacer nada mientras violan, roban y asesinan a todo aquel que encuentren a su paso?
Alguien me dijo que Dios nos da a todos libre albedrío y yo sé que hay seres humanos que carecen de ese don ya que son completamente tontos que no se comunican con nadie ni saben hacer nada en absoluto. Y por eso me pregunto:
¿Cómo puede tener libre albedrio un ser que nace con el cerebro inútil?
Dicen que esas cosas son infinitamente justas pero que no las entendemos porque no alcanzamos la perfección total del conocimiento.

De pronto vi que la señora del procónsul Pilato, la señora Claudia se había alejado de mi lado y estaba junto al Mesias hablando con él mientras le besaba una mano.
Debido al murmullo de la multitud y estar algo apartado solo pude oír la frase de él cuando dijo con su voz portentosa:

Ve a tu casa si lo deseas y no te preocupes que ya estas curada. Tú fe te ha sanado.
.

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Aquel día ví como curaba a un ciego, al que dio la vista al instante quedando asombrado al contemplar el mundo por primera vez.
– A un endemoniado que gruñía como un animal, al que vimos cómo ante la orden de Jesús, arrojaba a siete demonios de su cuerpo.
— A un lisiado que tenía los brazos y las manos contrahechas, y quedó perfecto al instante.
— A un cojo, que se desprendió de sus muletas y se puso a caminar lleno de felicidad.
— A dos leprosos, que quedaron limpios con solo tocar el manto de Jesús, y a varios más que sufrían dolores diversos, asfixia o fiebres crónicas, por enfermedades desconocidas.

Las gentes que tan insólitas curaciones contemplaron estaban extasiadas y rezaban exclamando.
¡Dios es grande y su poder no conoce limites! ¡Bendito sea!

Al día siguiente de los hechos narrados nos levantamos muy temprano para aprovechar el tiempo y poder llegar antes del anochecer a Cesarea.
El conductor, empezó a preparar el carro con los caballos, mientras, Josefa la sirvienta recogía los enseres y otras cosas como alimentos y vestimenta suya y de la señora Claudia.
Pero Claudia dijo:
-Yo no me voy, ayer conocí al hijo de Dios y lo voy a seguir durante unos días. Nunca en mi vida me he sentido mejor y todo lo que vimos ayer bien merece que lo acompañe, no solo unos días, si no la vida entera si es necesario.
Traté de convencerla alegando que su esposo la estaría esperando ansioso por saber como se encontraba y para poder estar junto a ella. Que su esposo la necesitaba.
Pero ella dijo en tono suplicante.
Decidle que me encuentro perfectamente que ya no me duele nada Que solo serán unos días, que también tengo ganas de verlo y que lo quiero mucho, pero deseo ante todo seguir a Jesús unos días, aunque solo sea una semana.
Es algo que me lo pide el alma como si fuese un deber por lo que ha hecho por mi salud.
Puede venir y acompañarme si quiere y me sentiré feliz completamente.
No fue posible convencerla ni diciéndole:
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Su esposo no puede venir porque es el Procónsul y su presencia, como ya sabe usted podría alterar la estabilidad política peligrando la paz entre Roma y Judea.
Ante la imposibilidad de convencer a la señora Claudia Prócula, y tras deliberar, entre todos decidimos que se quedara la sirvienta acompañándola para lo cual les dejamos el dinero suficiente para alimentarse un par de semanas.
El conductor con un caballo y yo con el mío podríamos llegar a Cesarea a media tarde cabalgando al trote.
Pilato se puso muy contento cuando le explicamos que su esposa había sido curada de su penosa enfermedad, pero no le gustó nada que no la hubiésemos traído con nosotros; pues dijo después de cambiar su sonrisa de satisfacción por un rictus de hondo pesar que reflejó su rostro:
-Me es imposible ir a Nazaret para estar con ella, precisamente me han llegado rumores de que los fariseos y otros grupos religiosos quieren apresar a Jesús de Nazaret y crucificarlo, para lo que ya están conspirando.
Era indudable el temor que sentía Pilatos al Emperador Tiberio y al senado, pues después de que el senado asesinó a Julio Cesar en la famosa conspiración en la que intervino Bruto su gran amigo, ya nada era seguro en Roma, hoy podías ser el hombre más saludable del Imperio y mañana estar crucificado o envenenado. Había que andar con mucha cautela.
Solo me faltaba mezclarme en este asunto para echar a perder mi posición en Palestina y quien sabe que sería de mí después de ese conflicto.
Tras aquellas temerosas confidencias, Poncio Pilato me miró fijamente y me ordenó tajante:
–¡Mañana no quiero que te quedes por aquí, apenas amanezca coges tu caballo y te vas a Nazaret.
Confío en ti, acompañarás a Claudia a todas partes e irás escribiendo todo lo que veas y escuches del Mesías y cuanto oigas y veas de las gentes, como siempre.
Eres mi mejor agente de espionaje, espero que me traigas buenos informes. ¡Ha! Por cierto, los legionarios de mi guardia ya no pernoctareis aquí, ahora solo lo hacen los que están de servicio, los demás lo haréis en la Torre Antonia durante las fiestas de pascua. ¿Sabes donde está?
Si mi excelencia. Pero es en Gerusalen ¿No?
Le contesté escuetamente, con extrañeza.
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-En efecto y allí nos tenemos que trasladar; ahora mismo partiré yo con la guarnición, pero tu pasarás esta noche descansando y en cuanto amanezca te vas a Nazaret.

Cuando me despedí de Pilato, la noche se avecinaba, un manto oscuro se fue adueñando de las calles de Cesarea, parecía que iba a llover y el viento frío que me atacaba en cada confluencia de calles me empezó a inquietar.
En cuanto llegase al cuartel me vestiría de centurión, encendería una lámpara y me miraría al espejo.
Ya casi no me acordaba del bonito uniforme y me quería ver con él puesto.
A veces no comprendía para qué diablos me habían ascendido si nunca ejercía de centurión, mi destino era ir siempre disfrazado de paisano.
En cuanto cumpliera mi contrato de un año me licenciaría y me dedicaría de nuevo a buscar al asesino de mi familia.
La única y gran satisfacción que sentía en mi corazón era el haber conocido al hijo de Dios.
Aunque dentro de mi aún presentía que las dudas me acuciaban inexorables.
A mi entender lo que no era natural no me convencía.
Había entrevistado a varias personas que antes eran enfermos, de imposible curación, cómo un ciego de nacimiento, preguntando a sus vecinos, amigos y familiares que me aseguraron que siempre estuvo ciego, igual que hice con un paralítico y con varios sordos mancos y endemoniados con el mismo resultado todos me decían que era verdad, que no había trucos ni magias, pero yo no lo comprendía mi escepticismo no entendía nada ni creía nada ni sus palabras tan llenas de sabiduría me convencían, incluso pensé que lo de la señora Claudia era imposible y cualquier día le volverían los dolores.
Verdaderamente ni yo mismo comprendía mis dudas.
Ni aquellas curaciones y lo que había escuchado de otros como que con solo mandarlo, el mar se quedó tranquilo y desapareció el viento huracanado, o que había dado de comer con solo cinco panes y varios peces a cinco mil personas y sobró para dar de comer a otras tantas, me parecían cosas no naturales y no las admitía mi cerebro.

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Solo me tenía muy intrigado el hecho de aquel día en que vi a Jesús andando sobre las aguas y yo lo probé hundiéndome.
No lo comprendía y mi instinto no lo admitía, aquello no era natural.

Apenas amaneció, tal cómo me ordeno el procónsul monté a caballo y Sali rumbo a Nazaret donde llegué atardeciendo.
Ya en mi casa, Encontré a la señora y la sirvienta a punto de cenar y las dos se pusieron muy contentas al verme.
Repartieron la cena conmigo y mientras cenamos dijeron que por la noche sentían mucho miedo de estar solas y escuchar el ruido del viento o del caballo que quedó en el corral.
–¿Y ya le dais de comer y beber al caballo?
Ante tal pregunta se echaron a reír, afirmando la sirvienta Josefa:
–¡Naturalmente, si no se moriría de hambre y sed el pobrecito! ¿No? ¡Que pregunta, hay que ver que cosas tiene usted!
Después de aquella torpe pregunta les hice otra más estúpida aún.
-¿Y que tal con el Mesías ese, ha curado a alguien más?
Las dos mujeres se cambiaron una mirada de sorpresa y las dos al unísono me reprendieron mi falta de respeto a Jesús
Recuerdo lo que dijo claudia muy enfadada..
-¿Cómo puedes hablar así del hijo de Dios? Acaso crees que es un simple curandero? ¡Deberías ser más respetuoso!
Si Jesús te hubiese curado de una enfermedad como la mía, no hablarías de el así.
-Tenéis razón, no soy perfecto y he hablado sin meditar lo que decía. Perdonadme.
-Nosotras no podemos perdonar a nadie sobre esta falta de respeto, las ofensas a Dios solo él las puede perdonar.
Pídeselo antes de dormirte esta noche y él te perdonará si lo haces con fe.
Durante una semana estuve acompañando a Claudia y a su sirvienta a todos los lugares donde Jesús contaba de una forma sencilla para ser comprendido por las multitudes parábolas sorprendentes y curaba a los enfermos milagrosamente.
A pesar de tanta claridad, en el ambiente note mucho escepticismo en ciertos grupos que murmuraban constantemente, a la vez que en sus gestos se les adivinaba mucha malicia contra Jesús.
Durante aquellos días pude averiguar que aquellos grupos pertenecían a enemigos del Mesías. Sin duda eran, fariseos escribas y seduceos.
Como ya tenía varios papiros escritos me trasladé a Jerusalén,
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Acompañado por Claudia montando el caballo que teníamos de reserva y su sirvienta en otro que compramos.
Cuando llegué a palacio, Pilato hizo un gesto extraño, no debió advertir la presencia de la sirvienta ni de Claudia, que me seguían, lo que me pareció muy feo, y que ambas mujeres notaron, por la expresión que pusieron.
Pilato se dirigió a mí presuroso preguntando con una exclamación:
¿Que me traes? ¿Alguna novedad importante?
Haciéndome el distraído como si la cosa fuera lo más natural del mundo, le contesté:
-Todo el informe lo tengo escrito, aquí lo tiene.
Ya tenía en su mano el rollo de papiro con el informe cuando se apercibió de la presencia de Claudia y la sirvienta.
Debió ser por eso por lo que su cara enrojeció súbitamente antes de hablar con la elocuencia que lo caracterizaba.
-Por todos los demonios, no os había visto. Estoy tan obsesionado con los asuntos oficiales que ya no veo ni donde pongo los pies
¡Perdonadme!
Inmediatamente quiso subsanar el error dirigiéndose a su mujer, pero ella le dio la espalda y salio del salón sin despedirse tan siquiera, por lo visto estaba muy enfadada.
Sonriendo de una forma forzada Pilato susurró:
-¡Mujeres! .. No hay quien las entienda. Bueno, vamos a ver que me traes en esos papiros.
Se arrellanó en su confortable sillón y leyó el informe sin decir palabra; después de rascarse la barbilla con escaso entusiasmo dijo:
-Lo que me temía, Al nazareno creo que le quedan pocos días de vida. Sus enemigos son muy recalcitrantes y no lo van a dejar escapar fácilmente, cada vez lo veo más claro.
Aquella noche apenas me había acostado cuando llamaron a la puerta de mi habitación ya que como centurión dormia aparte de la tropa en Torre Antonia; era un soldado que me dijo:
-Poncio Pilato me ha ordenado que venga a buscarte inmediatamente, que hay problemas muy graves, deberás seguirme.
–¿Qué pasa?
Le pregunté alarmado.
–No puedo decir nada, me lo ha prohibido. Él te lo contara.

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Cogí mi caballo y me dirigí al galope detrás del legionario, al poco ya estaba en el palacio del procónsul entrando sin saludar siquiera a los guardias del salón donde siempre me recibía.
Las primeras palabras de Pilato fueron:
Han detenido a Jesús de Nazaret, Prócula y su sirvienta han ido a ver que le ha sucedido y yo estoy atado de pies y manos sin saber que hacer, no debo intervenir en un asunto entre judíos a menos que me lo pidan.
-¿y que he de hacer yo?
Pregunte adormecido.
–Quiero que vayas a buscar a Claudia, antes de que le suceda algo.
No sabiendo como empezar a buscar a la señora le pregunté.
¿Tiene idea de donde puede haber ido?
Supongo que al monte de los olivos donde creo que tenía que hablar Jesús, allí he mandado a mil legionarios a contener a sus seguidores antes de que se revolucionen.
Acudí prestamente al monte de los olivos, encontrando una gran multitud rodeada por miles de legionarios a pie y a caballo que no les permitían marchar bajo ningún concepto.
Me acerqué a un centurión que conocía y le pedí que me dejase entrar en el círculo sitiado, que tenía que buscar a una persona muy importante y llevarla al procónsul Pilato y que cuando la encontrase saldría por aquel mismo lugar. Sin embargo no fue precisa mi entrada, ya que Prócula que me había visto acudió y se puso a hablar conmigo diciendo con evidente angustia:
-Creo que deberían venir con nosotros varios de los que Jesús ha curado para declarar cómo testigos en caso necesario a su favor.
Después de cambiar unas impresiones con aquel centurión, este aceptó a la vez que señalaba una gran roca que tapaba gran extensión del lugar sitiado.
-Dejare salir a tres o cuatro y que lo hagan por detrás de esa peña para que no lo vea nadie, pero si hubiera cualquier problema no me impliquéis, decid que tratabais de escapar
Inmediatamente La señora fue a buscar a varios conocidos y al poco salía con ellos por donde el centurión amigo nos indicó.
Al poco ya estábamos en el palacio de Pilato y su esposa le contó su plan.
Estos son cuatro personas de las miles curadas por Jesús, este era ciego de nacimiento y lo curó hace ya casi un año en Jericó. A esta señora que estaba endemoniada le sacó los demonios del cuerpo
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en Betsaida hace ya seis meses y a estos que estaban leprosos los limpió hace ya más de un mes en Nazaret. Sería conveniente que los lleves como testigos de los milagros que hacía este Mesías hijo de Dios.
A Pilato le pareció bien la idea de su mujer y se fue con aquellos testigos para reunirse con los samaritanos y los fariseos, que lo habían llamado; una vez alli presentó a los enfermos curados pero ante las pruebas de los testigos el gran sacerdote Caifás alegó contundente.
-Es muy verdad que estos estaban en las condiciones que dicen, de eso no tengo la menor duda, ya que hemos investigado muchos casos, pero todo esta hecho en nombre del Diablo, todo eso es diabólico y la prueba es que muchos de esos milagros como vosotros llamáis a esa diabluras las hace sin respetar la voluntad de Dios que prohíbe trabajar en sábado.
Este hombre ha trabajado en sábado muchas veces, curar es cómo un trabajo de médico, este hombre lo ha hecho muchas veces sin respetar el sabado y merece la muerte en la cruz.
En ese momento llegó un legionario romano, que entregó a Pilato un comunicado de su esposa Claudia que decia.
No te mezcles en los asuntos de este hombre justo porque he soñado cosas que me han hecho sufrir mucho.
Apenas leído ese mensaje llegó uno de los apóstoles llamado Judas Iscariote y tirando las monedas que le habían dado los fariseos por traicionar a Jesús lo que facilitó su detención, dijo:
No quiero este dinero. (Tal dinero se lo habían pagado por traicionar a Jesús diciendo:
-(Podréis detener al que yo bese, porque ese es Jesús)
A lo que el gran sacerdote le contestó, cuando tiró las monedas.
-Allá tú ese no es mi problema.
Y añadió:
Recoged esas monedas y llevarlas al templo para ofrendarlas a Dios.
Y añadió
Ahora voy a exponer al que dice ser hijo de Dios al pueblo para que lo perdone por ser pascua o lo condene a ser crucificado.
Entonces Caifax el sumo sacerdote del templo, desde un balcón, presentó a Jesús al pueblo de Jerusalén y pregunto a la muchedumbre que llenaba la plaza.
Aquí tenéis al que dice ser hijo de Dios Y no respeta los sabados como es la voluntad de Dios pr lo que creemos que las curaciones
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son cosas del mismo Satanás y a este otro lado a Barrabas, un ladrón Y como es costumbre en la pascua yo os pregunto ¿A quien perdonamos de morir en la cruz? ¿A Jesús el nazareno que no respeta los mandamientos o a Barrabás, un ladrón que roba para poder comer?
La contestación de la muchedumbre fue clamorosa:
-¡A barrabás! ¡A Barrabás! Gritaron todos.
Al oír esa exclamación multitudinaria Pilato agachó la cabeza,
se puso a lavarse las manos en una jofaina y tras secárselas con una toalla les expuso:
-Yo me lavo las manos; que la sangre de este hombre justo caiga sobre vosotros y vuestros descendientes.
Caifáx sonrió satisfecho ya que para condenar a alguien a muerte, solo lo podía hacer el procónsul romano y lo había hecho de una forma rara, pero lo había hecho.
El procónsul romano se desentendió y lo dejó en sus manos.
Y el sumo sacerdote, al momento mandó que se iniciaran los suplicios a que fue sometido Jesús que con voz apenada dijo:
-Hágase la voluntad de Dios—
Después, durante todo el tiempo permaneció en silencio absoluto, siendo azotado vilipendiado con escupitajos e insultos y coronado con una corona de espinas, después cargado con la cruz ascendió unos tramos de la montaña Golgota, cayendo varias veces; en una de ellas, una mujer que antes estaba endemoniada y Jesús la salvó de los demonios y se llamaba Maria Magdalena, le dio a beber un poco de agua en un pañuelo empapado.
Otra mujer llamada Verónica le enjuagó la cara con su pañuelo
Después, fue ayudado por un hombre que se llamaba Simón de Cirene a llevar la cruz.
Ya en la cima del monte lo crucificaron delante de su madre y otras personas que no cesaron de llorar, clavándolo con clavos en las muñecas y los pies.
Sobre la cabeza le pusieron un letrero que decía- Jesús hijo de Dios-
Levantaron la cruz y allí vigilado por los soldados romanos quedó entre dos ladrones, Dimas y Gestes, uno a cada lado, también crucificados..
Uno de los ladrones, Dimas, le pidió perdón por sus pecados y Jesús le dijo.
-Hoy estarás en el cielo a mi lado.

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Yo mientras tanto me encontraba en el Palacio de Pilato esperando órdenes y cuando el llegó y me enteré de lo sucedido quise ir a ver a Jesús, algo me impulsaba a ir a verlo, no podría explicármelo, era una fuerza superior que me empujaba al monte aquel, y cuando llegué lo vi todo en tinieblas, varios soldados lo estaban custodiando. y me dejaron que me acercase a verlo de cerca. Los otros dos ya estaban muertos por lo visto a los ladrones les habían roto las piernas para que muriesen antes y a Jesús no y sufrió durante más de nueve horas, no parecía estarlo aún y me pareció
que me miraba, Pero de pronto gritó:
-¡Padre por que me has abandonado!
Aquel grito desesperado me impresionó profundamente, creí que estaba sufriendo mucho y quise evitarle tanto dolor, así que le quité de las manos la lanza a uno de aquellos soldados, me acerqué a la cruz y se la clavé en un costado intentando atravesarle el corazón y acabar con sus sufrimientos, por la herida empezó a salir agua y sangre. Entonces dije apenado:
-Verdaderamente este hombre es el hijo de Dios
Me quedé todo el tiempo allí haciendo compañía a los soldados, y a las mujeres entre ellas su madre angustiada, hasta que lo bajaron, lo envolvieron en un lienzo y se lo llevaron para enterrarlo en una cueva donde lo metieron dentro de un sarcófago, después cerraron la cueva y taparon la puerta con una gran roca.
Todo fue visto como ya dije por varias mujeres que allí estában una era su madre, Maria, otra era Maria la de magdala y otra la mujer de Poncio Pilato, Claudia Prócula.
Como había corrido el rumor de que al tercer día resucitaría algunos seguidores fuimos a ver si era así, entre ellos seguían estando como en su entierro, su madre, Maria, Claudia y Maria Magdalena que entraron y enseguida salieron diciendo que Jesús había desaparecido y que se les había aparecido un ángel diciéndoles que Jesús había ascendido a los cielos pero que volvería a presentarse a muchas personas, entre ellas a sus apóstoles.

Después de aquellos acontecimientos aún sucedieron otras cosas dignas de recordar.

Pilato me ordenó que investigase a ver donde se habían llevado el cadáver de Jesús y me dijo:

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Cuanto ha sucedido con la muerte del Mesias es muy sospechoso, primero lo detienen por hacer milagros, yo les intenté convencer de que eran cosas buenas, pero ellos contestaron alegando que eran cosas del diablo por que muchas veces las había hecho en sábado estando prohibido por Dios trabajar en tal día, después lo enetrraron en una cueva y ahora resulta que desaparece de su tumba y sus amigos aseguran que se les ha aparecido en varias ocasiones dándoles instrucciones para llevar su doctrina al mundo entero, pero a pesar de que mi mujer esta convencida de que todo es verdad y que Jesús es el hijo de Dios, yo noto ciertas cosas que no me concuerdan cómo por ejemplo:
¿Cómo es posible que uno de sus apóstoles lo traicione Si ha sido testigo de cientos de milagros?
No lo comprendo, quiero que investigues y averigües donde está el cuerpo de Jesús.
Necesito saber toda la verdad de este misterio.

Inmediatamente me puse en camino de Galilea y me dijeron que Judas se había ahorcado, busqué a mi amigo el familiar del apóstol pedro y este me comunicó que no había ningún misterio que Jesús había resucitado, y se había presentado en diversas ocasiones para dirigir a sus apóstoles por las sendas que deberían llevarlos a sus respectivos destinos.
Después de varias semanas investigando por todas partes llegué a la conclusión de que en efecto no existía ningún misterio, que todo se había desarrollado según dijo la señora Claudia Prócula, y regresé a Cesárea. Donde Pilato se había encontrado con otro conflicto
En aquella ocasión medité mucho sobre la palabra misterio y pensé ¿Acaso no es un misterio la existencia? ¿Acaso no es un misterio la naturaleza? Verdaderamente vivimos rodeados de grandes incógnitas que no sabemos ni entender remotamente. ¿Qué es la vida? ¿Por qué unos nacen bien y otros mal en diferentes aspectos? ¿Qué fue antes el huevo o la gallina? Todo son misterios que jamás dominaremos ni comprenderemos.
Pero dejémonos de conjeturas imposibles y volvamos al problema que se había suscitado en Roma
Resultó que el gran sacerdote de Jerusalén habló mal de Pilato al gobernador de Siria Vitelio que era vigilante de lo que sucediese en Palestina y Pilato tuvo un comunicado del emperador Tiberio ordenándole que se presentase a la mayor brevedad posible para
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aclarar ciertos rumores que le habían llegado de los cinco firmantes de abajo, que eran los cinco sacerdotes del templo.
Los que lo acusaban de intrigas, robos y dictadura ilegal.
Pilato sabía que presentarse bajo tale acusaciones, que dijo eran falsas ante Tiberio solo podrían reportarle la destitución el descrédito y posiblemente la crucifixión, así que decidió exigir a los sacerdotes una confesión de denuncia falsa y al negarse ellos los hizo encarcelar e inmediatamente sin otro juicio ni nada, los crucificó. Enterado Vitelio gobernador de Siria, lo comunicó al emperador Tiberio y este ordenó que Pilato fuera detenido y llevado a Roma para comparecer ante el senado.
Desde entonces no se volvió a saber nada ni de Poncio Pilato ni de su mujer Claudia Prócula.
Circularon algunos rumores que aseguraban que Poncio Pilato se habia suicidado y de su esposa Claudia nadie sabía nada, lo que realmente nada aportaba a tan escabrosos sucesos.

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CAPITULO XII

¡LA TEBERNA VENUS!

Después de licenciarme del ejército, lo primero que hice fue regresar a Roma donde debería efectuar algunas comprobaciones referentes al estado de cuentas y marcha de mis negocios agrícolas y ganaderos que puse en manos de mi amiga Livia, además de visitar a familiares y amigos.
Durante los dos años que estuve en Siria y Judea permanecí completamente desconectado de mis padres adoptivos, de mis negocios y de mis amigos los luchadores y gladiadores; solo me comunique con Roma a través de los papiros que fuimos enviando a los dos emperadores que hubo durante ese tiempo, Cesar Augusto y Tiberio
A mis padres nunca les dije nada de cómo iban las cosas, por no preocuparlos, tan solo les envié una carta al principio, pero al no recibir contestación dejé de hacerlo y pasó el tiempo casi sin darme cuenta de tanto trabajo en investigar y escribir los informes.
Cuando llegué me enteré de varias cosas que habían sucedido durante mi ausencia.
Sucesos que me hicieron y llorar meditar en la brevedad del tiempo.
A veces, especialmente cuando eres joven, tienes la sensación de que nunca sucede nada, que el tiempo transcurre lentamente, y hasta llegas a creer que nunca llegarás a viejo, pero al atravesar cierta edad, cuando empiezas a tener problemas de salud, vas perdiendo facultades, tienes menos fuerza y agilidad, te duelen los huesos y ves como la piel se arruga por todas partes y las aventuras infantiles se ven lejanas aunque solo estés a cuarenta años de aquel tiempo entonces notas que tú vida se acelera y adviertes que pasan cosas en las que nunca habías reparado, cómo que los vecinos o conocidos se van envejeciendo también, algunos muriendo, o que tus conocidos empiezan a tener familia, enfermedades y algunos, muchos problemas.
Es por eso que durante dos años el tiempo se me fue escapando tan rápido que ni me di cuenta de que tenia familia, amigos y
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negocios en Roma, y cuando regresé apenas pude asimilar que mi padre adoptivo Ovidio y mi madre su esposa, Agripina habían fallecido durante mi ausencia en un intervalo de tres meses, siendo ella la primera que falleció de un ataque cardiaco y él de tristeza al verse solo.
Nunca comprenderé porque no me llegó ninguna de las cartas en que mi padre Ovidio me comunicaba la muerte de Agripina su esposa, y después las de Livia contándome la muerte de de los dos, ni tampoco la invitación que me hizo a su boda con el comerciante más rico de un pueblo cercano, dejando su empleo en manos de Floro el sirviente de los que antiguamente eran esclavos en la villa de mis padres, el que me salvó la vida.
Floro me recibió en su casa y me mostró las cuentas de la explotación, que por cierto fueron mejor de lo que me esperaba en especial el aumento de los afluentes de agua para riegos y el aumento de hectáreas laborables, haciendo que las ganancias fueran mayores.
Durante su control hacía poco más de un año en las finca se habian experimentado cambios de mejora notables y por tanto se aumentó también el numero de obreros contratados.
Floro me contó que al no contestar a ninguna carta mis padres se pusieron muy tristes y pensaron que me podía haber sucedido algún percance, por lo que pensaron hacer un viaje a Palestina ya que en el negociado del ejército no sabían nada salvo que me habían ascendido a centurión.
Lamentablemente no pudieron hacer el viaje por las tristes circunstancias ya reseñadas.
Verdaderamente la vida a veces te da golpes tremendos que son muy difíciles de sobrellevar, menos mal que al menos con el negocio todo fue bien.
Y cómo Floro había hecho estupendamente el trabajo de Livia le aboné la cantidad del diez por ciento que había acordado con ella y se puso contentísimo, repartiendo lo conseguido entre todos los sirvientes alegando que todos habían colaborado de igual manera.

Después de lo narrado anteriormente aún me quedaba en esta vida un deber por cumplir, que me destrozaba el alma y no me dejaba dormir, vengar a mi familia.
Posiblemente las comunicaciones entre llos paises del Imperio no fueran tan buenas como se presumía ya que en algunas ocasiones los correos eran interceptados por ladrones matando a sus
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portadores para quitarles los pocos dineros que llevasen en su bolsa particular o en los envios comerciales, resultando el envio de los correos perdidos en esos largos y accidentados trayectos , como a veces sucedió también con los envios de comunicados al emperador , aunque en estos casos el correo era más seguro ya que en tales casos se hacía con un sistema reforzado por tratarse de asuntos de gran importancia imperial.
Ahora no recuerdo quien dijo:– La venganza es un vino amargo que se debe beber sin prisas o de un trago.
No sé si era así ni porqué me ha venido ese refrán a la cabeza, posiblemente porque ya huelo los jazmines de Antioquia, mientras montado en mi caballo blanco, después de cabalgar toda la noche me adentro por sus bulliciosas calles, y mi corazón brinca de contento.
¿He escrito que estaba contento cuando aún no sabía lo que el destino me podía deparar? ¿Y si nunca encontrase a Plinio? ¿Y si él me encontrase antes a mí? Solo tenía una carta en la mano, y había que ponerla boca arriba.
Todo era cuestión de suerte.
Lo primero que tenia que hacer era buscar una casa para alquilarla así que empleé mi sistema de siempre, buscar y preguntar en una taberna.
En una esquina había una con nombre de diosa, Taberna Venus sin pensarlo ni un instante me acerque allí, até el caballo en una de las argollas que para tal fin había cerca de la entrada y entré resuelto. Nada más atravesar la puerta me pareció conocer aquel lugar, posiblemente ya pise aquel suelo en mi primer viaje a Antioquia capital de Siria.
Había mucha clientela, y me sorprendí aún más cuando vi a unos parroquianos sentados alrededor de una mesa redonda.
.Conté siete y no les di gran importancia, se trataba de hombres que jugaban y bebían, lo típico en estos lugares.
El lugar estaba bien iluminado por los rayos de un sol espléndido primaveral que penetraba por varias ventanas, además era medio día.
¿Dije que cuando vi aquella gente me sorprendí recordando algo?
Perdona amigo lector, a veces se me va el santo al cielo cuando algo me parece conocido y no sé que es, aunque en aquella ocasión me pareció conocer a dos de aquellos hombres que jugaban, bebían y reían sentados alrededor de aquella mesa.

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Las dudas que en un principio tuve se disiparon cuando advertí que uno de aquellos hizo un gesto al verme y conminó a los otros a que mirasen, señalándome sin ningún disimulo.
Todos si excepción volvieron la cabeza clavando sus miradas en mi, pero uno dijo en voz alta
–¡Bha! Dejadlo, ese se debe de haber equivocado de taberna.
Y siguieron con lo suyo olvidando mí presencia.
Sin embargo la cara de dos no se me pudieron borrar de mi mente, uno era bajito y regordete, tenia la nariz aplastada hacia un lado como si le hubieran atizado un buen golpe y el otro, aunque estaba sentado se notaba que era de más estatura, estaba calvo y tenia una cicatriz en la frente que le daba un aspecto inquietante siniestro, cómo de criminal en activo.
Aquellos dos individuos eran los que recordaba de cuando la primera vez que estuve con Poncio Pilato allí en Antioquia y me asediaban por todas partes.
Si mis sospechas eran fundadas aquella gente debería saber donde estaba Plinio.
Lo que me extrañó fue que en aquella ocasión no me atacasen.
Finalmente decidí preguntar en el mostrador al encargado por si me podía indicar donde podía encontrar una vivienda.
La barra estaba llena de gente tomando vino y refrescos, y de momento no vi a ningún camarero así que me senté sobre un taburete que había libre y me puse a esperar.
Apenas me hube sentado una camarera preciosa se acercó preguntando con una bonita voz y una sonrisa encantadora.
— ¿En que puedo servirle? ¿Desea tomar alguna cosa?
Nunca en mi vida me había sentido tan torpe, aquella imagen me pareció angelical y no acertaba a decir ni una palabra, en mi mente se estableció una densa cortina borrando todos mis asuntos, trasladándome al mismo cielo dejándome sin palabras; en voz baja, empleándome a fondo, solo pude decir.
–Me parece que me he enamorado de usted y me he quedado mudo.
La preciosa chica que debería contar unos veinte años se echó a reír consiguiendo que mi cara se pusiera roja de vergüenza.
Finalmente me rehice, recordé mi problema y le dije abochornado:
–Perdóneme señorita por mi desvarío, solo quería hacerle una pregunta, pero póngame un vaso de vino y se la hago después cuando tenga un poco de valor.

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La chica de ojos verdes, escultural figura, y sonrisa sensual se me acercó discretamente y me afirmó:
–No hace falta que se emborrache para hablar conmigo, pregunte, pregunte: que no muerdo.
–Aquella simpatía me dejó desarmado, así que le pregunté:
–¿Sabe usted si por aquí alguien me alquilaría una vivienda?
Cómo si se hubiera roto el mundo por un cataclismo ella puso un gesto de desencanto y contestó:
-Eso depende de cómo quiere usted que sea la vivienda. ¿Es para muchas personas?
–Solo somos dos, mi caballo y yo.
Nuevamente la joven se recupero de su mal instante y se rió muy divertida, pero aquella vez con tal sonoridad, que muchos parroquianos volvieron la cabeza para curiosear.
–Que gracioso es usted. Mira que contar a un caballo como persona… Perdone usted mi franqueza; sobre su pregunta le puedo acompañar a casa de una señora vecina que quizás le pueda ayudar, ya que se dedica a alquilar viviendas y eso.
¿Una vecina que alquila viviendas y ESO? ¿Qué quiso decir con ESO? ¡Nunca supe a que se refería con- Eso- y decidí averiguarlo en cuanto tuviera ocasión.
Ante tal ofrecimiento me sentí como si la molestase un poco y alegué, fingiendo consternación.
No quisiera molestar, dígame como se llama esa vecina y donde vive y ya iré yo a hablar con ella.
–¡Pero que dice de molestar, si estoy desando salir a que me dé un poco el aire, no sabe usted lo aburrido que es estar todo el día metida aquí.
Voy a llamar al Jandrín que se cuide del negocio mientras le acompaño a usted.

El tal Jandrin resultó ser el pequeñajo barrigudo de la nariz aplastada, y le llamaban Jandrin como diminutivo de Alejandro.
La chica me contó lo de eso, que no me aclaró nada y algunas cosas más por el camino a la casa de la señora vecina que se llamaba María, una VECINA que distaba desde la taberna casi dos horas de trayecto, la tal señora Maria me alquiló una vivienda similar a la que tuve alquilada en Jerusalén y algo más barata porque los precios allí en Antioquia eran más bajos.
Sobre la vivienda no voy a hacer ninguna descripción porque si empiezo a describir lo que se veía desde la ventana, los ruidos que
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se escuchaban, del gentío que circulaba por aquella calle enrevesada, llena de tenderetes por ser aquel día precisamente el señalado para el mercado, lo que se acostumbraba a vender, las discusiones y regateos entre los vendedores y clientes, los precios de cada artículo, si además me pongo a describir que desde esa ventana se podía disfrutar del vuelo soberbio de los pájaros vencejos y sus graznidos, persiguiendo a los mosquitos, el humo que salía de alguna que otra chimenea, y los olores que se percibían, algunos perfumados y otros repulsivos voy a aburrir al lector y a mi la verdad no me agrada aburrir a las personas con estúpidas o cursis descripciones y además porque gastaría un puñado de pergaminos y la verdad es que los pergaminos son muy caros y los tiempos que corren no son para tirar los denarios disponibles que cada vez son más difíciles de conseguir.
Creo que tras reflexiones tan convincentes lo mejor sin duda alguna será mejor no describir ni una habitación, ni mobiliario ni nada, que sin perdida de tiempo volvamos a lo que interesa.
Persuadido de que como aquella mujer nunca encontraría otra en este mundo ni en mi vida, decidí emplear el tiempo de regreso; ya habíamos simpatizado durante la ida, así que decidí emplear toda mi estrategia romántica del bagaje que dudaba poseer, y emplearlo a fondo, pidiendo a Dios que me ayudase, al menos en esta ocasión fe no me iba a faltar.
Cómo agente de información llámalo espía o como te parezca, me consideraba un avezado experto, pero cómo conquistador de mujeres, no puedo presumir en absoluto ya que quitando a Livia y alguna otra sin ninguna intención amorosa nunca he tratado a ninguna mujer, por eso me sentí abrumado y sorprendido de mi pericia en aquel momento.
A veces pienso que no fui yo el que conquistó a Venus, si no que fue ella la que me conquistó a mí.
Empecé mi asalto de la siguiente forma: le conté a la preciosa de ojos verde apasionante que me llamaba Longino y le dije que nunca había tenido novia porque nunca me había enamorado de ninguna hasta que la vi a ella.
Por lo visto le pareció harto extraño y protestó exhibiendo una sonrisa encantadora.
-No me creo nada, me parece usted un poco liante.
De nuevo le volví a asegurar..

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-Le repito que solo me he enamorado una vez y ha sido hace un rato cuando la he conocido a usted. ¿Acaso no ha notado como me puse de nervioso al conocerla, que me quedé sin palabras?
Ante mis astutos argumentos ella se hizo la desentendida, desviando la conversación.
–¿Y que hace usted aquí en Antioquia?
Me pareció que debía seguirle el juego así que le contesté con otra observación para volver al tema que me interesaba.
–Por favor, no me trate de usted, si vamos a ser novios o amigos tráteme de tú.
Ella se echo a reír alegando:
–Hay Longino, Longino, me parece a mi que has tenido muchas aventuras y más novias que pelos tienes en la cabeza. ¡Menudo pillín debes ser tú con esa labia!
–Si te hace feliz pensar que he tenido muchas aventuras no te lo voy a negar pero de novias nunca he tenido ni una y solo pienso tenerte a ti, si quieres, claro y si no me retiraré a una montaña, me meteré en una cueva y allí pasaré el resto de mi vida comiendo hierbas y lagartijas.
–¿Pero estas seguro de lo que me pides?
–Nunca he estado más seguro de nada, cuando me conozcas mejor sabrás que jamás miento.
–¿Y que he de hacer para conocerte mejor?
– Eso es fácil yo te voy a decir que si quieres ser mi novia y si tú respondes que si, empezarás a conocerme mejor, te lo aseguro. ¿Quieres ser el amor de mi vida
Entre risas de nuevo ella habló
–No te puedo contestar a esa pregunta por que esa no es la pregunta que has dicho antes. La pregunta ya que veo que te estas liando te la haré yo. –¿Quieres ser mi novio? Di, si o no. Pero piensa que yo no voy de broma; que yo, créelo o no, solo tuve un novio, que murió; después ya no tuve ninguna relación parecida. Y mira, he tenido pretendientes a montones, pero solo tú me has gustado.
Creo que me he enamorado de ti solo con verte.
¡Por cierto, me llamo Venus!
Todo aquello me parecía un sueño, algo imposible de creer.
Me encontraba ante la mujer más exquisita del mundo que me pedía que si quería ser su novio, y me lo estaba diciendo como una diosa del amor, cómo la diosa Venus.

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Solo debía contestar…¡Si! Por eso me llené los pulmones de aire y exclame—-
–¡Si!
Creo que nos habíamos vuelto locos puesto que darse besos en público nunca lo vi hacer a nadie y nosotros lo hicimos.
Y lo hicimos en la puerta de la taberna Venus a la que habíamos llegado de regreso y allí fuimos aplaudidos por todos los transeúntes y los parroquianos de la taberna, incluido Jandrin,

Durante los días siguientes, Venus y yo fuimos la pareja más feliz del mundo yo le conté toda mi historia desde aquella maldita noche, que estaba buscando a PLinio para vengar a mi familia matándolo. Le conté también que durante dos años había estado escribiendo todos los documentos que Poncio Pilato me dictaba primero para el emperador Cesar Augusto y después para el emperador Tiberio. Raro era el día en que no le contaba algo de mi pasado cómo que llegué a ser campeón de lucha grecorromana y el combate que perdí haciendo de gladiador sin armas contra Plinio y que no fui muerto por él porque el emperador Augusto me perdonó.
Luego otro día después de hacer el amor con ella en mi casa le conté las dudas que había sembrado en mí el hecho de que no fuera virgen generando dudas que me perseguirían durante toda la vida, algo que como la venganza contra Plinio me iba a repercutir siempre, porque… ¿Como puede un hombre saber lo que su mujer pudo sentir por otro u otros en el pasado? ¿Recordaría a alguno y lo consideraría mejor que a él? ¿Le habría aceptado para vengarse del otro sin amarlo a él? ¿Volvería con el otro si lo encontraba algún dia o el la buscase? ¿Le habría mentido en algo? ¿Qué podia haber hecho con el otro o los otros y los recordaria siempre?
Tras todas aquellas preguntas que pudiese tener un hombre, ante una situación en que se encontrase como yo, ella contestó.
No tengas dudas, tú no eres ese hombre, yo te amo a ti para toda la vida, todo lo demás esta olvidado para siempre
En otra ocasión le conté que había investigando a un hombre que hablaba a las multitudes en Judea y curaba a la gente de inmediato, tuviese lo que tuviese afirmando que era hijo de Dios.
Ella nunca me contaba gran cosa, una de las pocas cosas que me dijo fue que su hermano se llamaba Sejano y que como yo, eran romanos, que habían venido a Siria hacía muchos años porque tenían unos terrenos que vendieron para comprar la taberna ya que a su hermano no le gustaba trabajar en el campo y en Antioquia la
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taberna con vivienda incluida les Salió muy bien de precio y se ganaban la vida estupendamente.
Un día conversando, le pregunté por su hermano Sejano y le dije que algo no me cuadraba, la presencia de aquellos individuos que antaño me atacaron en diversas ocasiones en Antioquia me tenían intrigado.
Y ella me contestó.
-Sejano está de viaje de negocios en Egipto.
Mi hermano es una persona que no para de pensar en ganar dinero y en cuanto le hablaron de unos proyectos en Egipto le faltó tiempo para marchar allí.
Dentro de un par de semanas volverá y lo conocerás, creo que os llevareis bien.
En cuanto a tus sospechas sobre Jandrin y sus amigos, debes de confundirlos con otras personas, los conocemos desde hace más de cinco años y son trabajadores sin antecedentes de nada.
No te preocupes estás muy alterado por aquellos sucesos tan terribles de tu infancia.
No me convenció la explicación sobre los amigos de Jandrin, pero algo les debía de haber sucedido ya que hacía varios días que no los veía por la taberna y se lo dije a Venus preguntándole:
-Oye Venus. ¿No te has dado cuenta de que el Jandrin y sus amigos ya hace unos días que no vienen por la taberna?
Venus se me quedó mirando indecisa antes de contestar.
Longino, creo que estas un poco enfermo con todas esas ideas que te tienen obsesionado, estos tíos son como todos, una veces vienen y otras no, eso le pasa de vez en cuando a todos los clientes, dejan de venir y a lo mejor no los ves en un siglo por decirte algo y cuando menos los esperas aparecen como si tal cosa.
Olvídalos no te atormentes más, amor mío.
No muy convencido con aquellos razonamientos le pregunté.
-¿Y no sabes donde vive alguno? Te pregunto esto porque el primer día me pareció que conocías muy bien a Jandrín ya que le dejaste el negocio en sus manos.
Venus se sonrió antes de ponerse muy seria y contestar.
-Mira Chico, lo dejé que se cuidase del negocio cómo se lo pude haber dejado a otro, son todos clientes de confianza.
No le veo a eso nada de malo, creo que ves demasiados fantasmas por todas partes, me tienes muy preocupada.
Y sobre sus domicilios no tengo ni idea de donde vive ningún cliente, nunca me ha interesado saber eso.
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Después de aquella conversación ya no quise molestarla más pero a ratos me dedique a ir buscándolos por los distintos bares del barrio con la esperanza de que si eran del entorno por fuerza un día u otro los localizaría.
Lamentablemente no di con la pista de ninguno y me dije: Lo mejor será esperar al hermano a ver si él conoce a Plinio aunque se haya cambiado el nombre.
Ha sido una pena que hayan desaparecido los de la mesa redonda, que sin duda sabían muchas cosas y se me esta acabando la comprensión, la resignación y la paciencia.

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CAPITULO X I I I

Las dudas

Solo faltaban tres días para la vuelta de Sejano, el hermano de Venus.
Desde que hablé con un cliente del bar que me dijo que el establecimiento solo llevaba un par de años inaugurado, descubrí que Venus debió mentir al decir que habían ido allí hacia muchos al menos oho o diez para comprar la taberna con vivienda incluida por un precio muy bueno con lo conseguido en la venta de unas tierras.
Desde ese momento no he investigado nada más.
Mi desconfianza cada vez es más patente. ¿Porqué Venus me engaña en estos pequeños detalles?
Mi estado mental esta tan atormentado y desconfió de tantas cosas que prefiero esperar a que el destino actúe y ponga cada asunto en su lugar.
Por eso cuento los días, las horas y los minutos que faltan para el regreso del hermano de Venus.
Si el destino me ha traído a este rincón del mundo para conocer a esta mujer por algo será, el destino es intangible, incierto, a veces maravilloso y otras terrible, pero puede resultar increíble si el hermano de mi amor resulta ser el malvado Plinio, que se hubiera cambiado el nombre.
Claro que si Sejano fuera Plinio, Me hubiera dicho algo, no sabía a que atenerme. Siempre pensé que la casualidad no existe.
No paro de meditar en que las cosas suceden por algo por algo misterioso que desconocemos.
No sabía cómo reaccionaría si mis sospechas respecto a Plinio resultaban fundadas y el hermano de Venus era él.
Mil incógnitas acudían a mi mente al imaginar que podría perder el amor de ella si me tuviera que enfrentar a Plinio por ser el asesino de mi familia.
De nuevo las dudas me atormentaban; por un lado pedía a aquel hombre que dijo ser hijo de Dios que hacise el milagro de que
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Sejano no fuese Plinio y por otro le supliqué que lo fuese y terminase de una vez aquel tormento que me retuercía el alma y el corazón sin piedad de forma tan atroz e interminable.
Ya solo faltaban tres días para saber el final del misterio.
Ya eran demasiadas las mentiras que fui descubriendo aún sin poner énfasis en ninguna investigación, posiblemente el haber sido un sabueso durante tanto tiempo me había hecho desconfiado y todo lo desmenuzaba buscándole la parte oculta, recuerdo aquel dia en que descubrí en la espalda de ella unas marcas cómo si le hubieran dado latigazos y ella aseguró que estando en la bodega le había caído una estantería encima produciéndole aquellas heridas ya cicatrizadas.
Y cuando dijo que su novio se llamaba Rufo y nunca se había acostado con él y descubrí que no era virgen y me contó que había perdido la virginidad por que había sido violado de muy pequeña por un vecino loco, y que su novio había muerto victima de un accidente, al caer del caballo, y averigüé que ni se llamaba Rufo, si no Tulio y murió ahogado siendo hallado muerto en un río.
Ya eran demasiadas las mentiras pero era tan grande mi amor que llegué a pensar que la culpa era mía por ser tan desconfiado, que las personas suelen decir cosas que no son verdad sin malicia, que a veces la culpa de las mentiras la tienen más los oídos de quien escucha que las palabras del que habla. Que a veces uno oye mal lo que le dicen por estar pensando en otras cosas cómo a mi me sucedía continuamente.
Así iba pasando el tiempo, así fueron transcurriendo las horas,
los minutos que yo contaba incluso en mis sueños, hasta que por fin llego el tan ansiado día.

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CAPITULO XIV

LA VENGANZA

Sejano llegó y cuando lo vi no supe si era o no el hombre al que tanto deseé encontrar.
Como era costumbre en mi, las dudas acudieron prestamente a mi espíritu desconfiado
Cuando bajó de su caballo yo estaba junto a Venus y ni se percató de mi presencia, ambos se abrazaron y cuando se separaron ella me presentó con estas palabras llenas de emoción:
-Sejano aquí te presento a Longino mi novio, mi hombre.
-Tanto gusto en conocerte, Venus ya me había hablado de ti.
Esa fue la respuesta de él mientras me estrechaba la mano efusivamente y yo lo examinaba con suma atención.
Aquel hombre de una edad cercana a la cuarentena, salvo la estatura similar a la de Plinio no se parecía en nada al que tanto había buscado por medio mundo.
Sejano era gordo, muy distinto a Plinio que tenia una figura de atleta incomparable, su dentadura era completa y llevaba un parche en el ojo derecho debido a un accidente que tuvo de pequeño según me había contado ella, su hermana.
Por un lado di gracias a Jesús de Nazaret con mi pensamiento al quitarme tal peso de encima y aclarar mis dudas; pero por otro lado se me iba a complicar la vida ya que no pensaba de ningún modo olvidar el juramento que un día hice en sueños a mi madre, de que nada en el mundo me haría desistir de buscar al culpable del martirio al que fuimos sometidos todos los miembros de nuestra familia y el asesinato de ellos seis,
Después de conocer a Sejano la vida me pareció más bella, mi novia Venus se desvivía por mí y yo por ella.
Todo parecía haber terminado muy bien, sin embargo a los pocos días de nuevo a mi acudieron aquellos sueños en los que mis padres me inducían a seguir buscando a Plinio
-No te olvides de nosotros, vénganos y descansaremos en paz.
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Sejano nos contó que en Egipto el negocio que le habían propuesto era invertir una respetable suma de dinero en la construcción de
carreteras, puentes y servicios que unieran varias ciudades de gran importancia para el comercio y la industria además de la construcción de un puerto y una red marítima entre diferentes países para facilitar el intercambio comercial.
Sejano finalizó su disertación diciendo con desaliento:
-Es muy difícil hacer negocios con los egipcios, si no tienes una fortuna para invertir; nosotros solo disponemos de esta taberna y algún dinero para ir abasteciéndolo de bebidas y lo necesario.
Si tú pudieses prestarme cierta cantidad con la condición de devolvértela en dos años con intereses me harías un favor inestimable. Mi hermana me ha dicho que no tenías problemas económicos.

Aquella petición me dejó un poco desconcertado, no podía echarme atrás por el cariño que le tenía a Venus, así que le contesté:
-No soy tan rico como crees, pero si puedo ayudarte lo harésin ningún interés dime cuanto necesitas y lo consultaré con mis administradores en Roma.
Al momento Sejano me dijo la cantidad mínima necesaria para invertir en los proyectos egipcios.
-Necesito unos doscientos mil denarios de aureos,( Denarios de oro)
Al escuchar tal cantidad, no me dio un sincope por muy poco, eso era una fortuna imposible; no obstante le contesté intentando mantener la serenidad.
–No creo contar con tal cantidad, sin embargo si te parece bien, deberías esperar un par de semanas, haré un viaje a Roma y veré si puedo reunirla con la colaboración de mis amistades.
Sejano aceptó la condición de esperar dos semanas con otra condición:
-Si en ese tiempo no vienes con el dinero no es necesario que vuelvas y olvídate de nosotros.
Ante tal atrocidad no pude seguir manteniendo la tranquilidad.
-¿Cómo que me olvide de vosotros? ¡En todo caso me olvidaré de ti, de Venus jamás! ¿Quien te crees que eres?
Al verme tan enojado Sejano cambió de actitud y con un tono más sosegado y atento agregó:

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–¡Pero hombre por qué te pones así! ¡Perdona pero esa es una forma que tengo de probar el amor entre personas, solo quería saber el cariño que le tienes a mi hermanita!
Espero que no te lo hayas tomado a mal.
Por mi parte no te pongo ningún impedimento, esperaré el tiempo que creas necesario, el que necesites. ¿Dos semanas has dicho? ¡De acuerdo, quedamos en dos semanas!

Ignoro si Sejano notó mi desánimo cuando le dije sin excesiva convicción:
–Bueno, partiré mañana al amanecer, si quieres algún encargo de Roma que lo pueda traer en mi caballo dímelo ahora y al regreso te
Lo traeré
–Pues mira me gustaría que me trajeses una espada de gladiador siempre he querido tener una.
Al rato de despedirme de Sejano le dije a Venus:
Tu hermano, no comprendo por qué me recuerda a Plinio
Hemos tenido una conversación y se ha enfadado gritando como lo hacía Plinio recordándome su voz, después ha dicho una frase que también me lo ha hecho recordar cuando dijo no se qué de un sistema que tiene para comprobar hasta donde se quieren las personas.
Bueno, ya se que estoy condicionado con lo de mi familia pero son tantas las cosas que me pasan con tu hermano que a veces no se que pensar.
En cuanto me levante he de coger mi caballo y partir a Roma a ver si consigo reunir casi un cuarto de millón de áureos, (denarios de oro) para tu hermano.
Yo no sé como voy a reunir tal cantidad pero bien saben los dioses que lo hago por ti, por que si no… Bueno vamos a dormir un rato que me queda mucho camino para llegar a Roma.
Por cierto me ha pedido que le procure traer una espada de gladiador… Otra cosa rara… En fin, creo que tantas casualidades son demasiadas, si no fuera tu hermano tan diferente pensaría que es Plinio
Cuando llegué a Roma fui al banco a ver a cuanto ascendía lo puesto a mi nombre.
Apenas habían trescientos mil denarios de plata y necesitábamos doscientos mil áureos o sea denarios de oro una cantidad diez veces superior según mis cálculos.

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Aunque no sabía cómo lo tenía que conseguir, me había comprometido y lucharía por ella, no por su hermano que me caía fatal no sabía por qué. ¡Por ella!
No me atrevía, pero si me atreviese iría a pedir ayuda al gobierno, si estuviera Cesar Augusto iría y le pediría ayuda, pero con Tiberio no me atrevía, me daba mucho respeto.
Con Cesar Augusto seguro que conseguiría toda la ayuda necesaria, aquel emperador me tenia mucha simpatía, pero con Tiberio… ni pensarlo seguro que me pasaría cómo a otros que desaparecieron sin dejar rastro, lo mejor era olvidar al emperador y buscar por otros lados. Quizás vendiendo las tierras y el ganado llegase a tan desorbitada cantidad, claro que en tal caso debería ser con la condición de respetar el tratado con los sirvientes; a esas personas no se las podía dejar en la calle cómo ya sucedió en otra ocasión. Su comportamiento fue leal, irreprochable, no merecían ser obviados bajo ningún concepto.
Los sirvientes me recibieron con inusitada alegría, me pasé el resto del día en su compañía y me contaron que todo marchaba viento en popa como dicen los marineros cuando todo va viento en popa, o sea, perfecto.
Aquel último año llovió cuando había que regar y salió el sol cuando tenían que recolectar, fue un año espléndido.
Sin embargo había que espabilarse y salir a buscar el dinero donde fuera.
Al otro día fui al gimnasio donde habían varios luchadores amigos, conocía a algunos gimnastas cuyos familiares eran gente de gran poder monetario, pero me encontré con gentes desconocidas y los jefes me recibieron con hostilidad ya que antes cuando yo era campeón de lucha grecorromana de todo el Imperio, para ellos era un orgullo y satisfacción que les servia de publicidad para captar muchos alumnos y entonces cuando me habían descalificado y desposeído del titulo por abandono al haberme incorporado al ejercito y a pesar de seguir presumiendo de mi nombre, me recibieron fríamente. Viendo tanta frialdad no me atreví ni a mencionarles el problemita.
Así que al día siguiente fui al colegio de gladiadores donde Octavio el promotor y todos mis antiguos compañeros me recibieron con notable entusiasmo
Una vez expliqué al promotor mi problema este convocó una reunión para una semana más tarde a la que acudieron todos los gladiadores, los libres y los fijos a los que les hablé pidiendo ayuda
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en estos términos aproximadamente y digo aproximadamente ya que después de tantos años me resulta difícil recordad cuales fueron las palabras exactas.
Amigos y compañeros míos, os he convocado para pediros ayuda económica. He conocido a una chica y nos hemos jurado amor para siempre, resulta que ella tiene un hermano que ha de hacer una inversión de muchos denarios en Egipto y ella me ha pedido ayuda.
Como es natural yo que soy su familiar más próximo le he prometido el dinero para su proyecto en el que se puede ganar una cantidad muy importante, pero resulta que no tengo suficiente a menos que venda mis tierras lo que no quiero hacer para no dejar en el paro a muchas familias que trabajan para mí y son muy leales y buenos trabajadores.
Cómo sé que muchos de vosotros manejáis mucho dinero he pensado haceros partícipes de este negocio del que de momento no os puedo definir que ganancias se pueden abstener hasta no finalizarlo.
No obstante he hablado con mi banco y me dan el dinero si pongo mis tierras de garantía.
Espero no tener que recurrir a ellos por los motivos explicados y por los altos dividendos que me piden. Dividendos que seguramente neutralizarían las ganancias del negocio.
Y por eso os pido vuestra colaboración en lo que cada uno estime conveniente.
Yo os firmaré un documento y os garantizo como gladiador que soy como vosotros que ganareis mucho concediéndome tal ayuda. Y además os quiero decir que hoy me ayudáis a mi y mañana puede que yo os ayude a vosotros si me necesitáis no dudéis que mi mano mis bienes y mi espada estarán al lado de todos vosotros me ayudéis o no, porque todos somos iguales ante la vida y la muerte.
Una ovación llena de entusiasmo colmó todas mis aspiraciones y aunque nadie me hubiera ayudado, aquel momento no lo hubiera cambiado por nada.
Veinticuatro horas después fui al gimnasio, Octavio el promotor me entregó una bolsa conteniendo una cantidad de denarios y un papiro con la lista de los participantes y la suma de dinero aportada por cada uno, resultando que había conseguido casi el doble de lo estipulado.
Muy contento, después de saludar a todos los allí presentes me fui pero por el camino me entretuve unos minutos con un antiguo amigo de mis tiempos de estudiante y cuando llegué a casa me
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encontré con el gladiador Flavio esperando, lo que me extraño mucho, hasta que me explicó el motivo de su presencia allí.
-Apenas te has marchado del circo Máximo, empezamos a discutir el asunto del dinero.
Todos sin excepción estaban indecisos ya que no se fiaban, no de ti, si no de otras cosas como de tu cuñado y de lo que pudiera consistir esa inversión que no nos contaste,
Yo fui de los pocos que puso mi dinero en la bolsa y Octavio el promotor de combates y el jefe de entrenadores tomó nota de la cantidad que en mi caso fue de veintiséis mil áureos, denarios de oro, toda mi fortuna.
El caso es que después de pasar por todos solo habíamos reunido cuarenta y dos mil, cantidad insuficiente, por eso tuve que insistir y tratar de convencerlos de que teníamos que fiarnos de ti y del proyecto de tu cuñado, tras una nueva recaudación conseguimos doblar el dinero necesario tal como lo has recibido, pero tuve que hacer una promesa ante la petición de varios y es que que deberé velar por ese dinero desde este momento.
O sea que te acompañaré a Siria y me ocuparé de lo que sea necesario para que ese dinero no se pierda tontamente ni por el camino ni por una mala gestión, piensa que ponemos en esa aventura todo el producto de poner en peligro de muerte muchas veces nuestras vidas, una inversión que tu cuñado me tiene que explicar detalladamente lo que se tendrá que reflejar en un contrato firmado por ambas partes, tú cuñado como perceptor del dinero y nosotros dos en representación de todos los que hay en el listado que se adjunta.
Todos los pormenores que surjan los deberé explicar a todos los interesados una vez regrese a Roma
Si no aceptas mi compañía deberé retornar el dinero a sus dueños ¿Qué opinas?
Después de tan extensa explicación sin pensarlo ni un instante le contesté:
-Para mi será un placer tenerte de compañero en esta aventura, pero no me gusta perder el tiempo, si no tienes ningún problema mañana apenas amanezca salimos rumbo a Antioquia, ya que casi he pasado el tiempo estipulado aquí. y ya no me queda nada por hacer. ¿Te parece bien?
La respuesta de Flavio no se hizo esperar, fue instantánea y concisa.
-¡De acuerdo, aquí estaré¡
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Apenas amaneció Flavio se presentó montado en su caballo ataviado de gladiador lo que me hizo exclamar.
-Pero Flavio ¿Cómo vas a venir vestido así? Ten en cuenta que vamos a hacer un viaje de más de veinte horas y terminarás destrozado.
Su respuesta no me convenció pero o aceptaba o le tenía que devolver la bolsa con los casi cuatrocientos mil denarios de oro. Por eso no le puse más inconvenientes cuando dijo.
-En esa bolsa llevamos una fortuna inmensa de oro y por el camino podríamos tropezar con algún problema.
Por mi no te preocupes estoy acostumbrado a vestir así horas y horas. Por cierto ¿Tú vas armado?
Verdaderamente Flavio tenía mucha razón y tras pensarlo unos instantes le contesté:
-No había pensado en ningún problema pero ahora que lo dices
Creo que tienes mucha razón, hombre prevenido vale por dos
¡HA! Por cierto, llevo una espada en este paquete para un encargo, así que la sacaré de su bonito envoltorio y me la ceñiré al cinto por lo que pudiera suceder.
Durante el trayecto paramos al medio día para comer en una taberna que encontramos antes de entrar en Siria y allí estuvimos hablando un rato.
Flavio en cierto momento me preguntó ¿Y como es que te has echado una mujer de una taberna con la mala reputación que tienen?
A lo que yo le contesté un poco enojado por tal insinuación.
-En Siria no están tan mal vistas las mujeres que entran en las tabernas ni las que allí están sirviendo al público, son costumbres muy diferentes a las romanas.
En Roma tienen prohibida la entrada de mujeres a las tabernas y solo las prostitutas están allí ejerciendo su cometido, pero en Antioquia es muy diferente, en las tabernas se vende de todo como en cualquier mercado de abastecimientos, toda clase de alimentos cocinados o crudos, es otro mundo muy diferente donde todas las mujeres pueden entrar y hacer sus compras mientras los hombres si las acompañan y han de esperar o quieren, beben un vaso de vino; en lo único que coincidimos es en que está prohibido a los parroquianos jugar con dinero, a los parroquianos ni a nadie, el juego con dinero está muy controlado y prohibido en las tabernas.
Después de comer, tiempo en que también los caballos lo hicieron y descansaron, partimos para al poco entrar en territorio sirio.

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Cabalgamos unas seis horas desde que entramos en Siria y al adentrarnos en un bosque fuimos rodeados por una banda de forajidos encapuchados a caballo que nos gritaron.
-¡¡¡ALTO AHÍ, ESTO ES UN ATRACO!! !
¡¡LA BOLSA O LA VIDA!!
Flavio Me miró sonriendo y me dijo.
¡Ves como también en Siria hay trigo sucio! ¡Ala, vamos a trabajar un poco!
Sin mediar palabra ambos nos lanzamos al unísono contra los que teníamos más cerca y en un santiamén dejamos fuera de combate a cuatro, los otros cuatro bandoleros al percatarse de que no nos habían asustados y sabíamos defendernos a las mil maravillas, espolearon sus monturas desapareciendo por entre los árboles.
Viendo el atraco ya dominado, desmontamos y nos pusimos a examinar a los bandidos por si alguno estuviera herido y necesitaba ayuda pero todos estaban muertos.
Al quitarles las capuchas vi que uno de aquellos muertos tenia la nariz torcida como de un golpe y era bajito y gordo por eso exclamé
-A este lo conocía era… ¡Jandrin!
Flavio al oírme decir que conocía a un atracador me aseguró con presunción y cierta lógica.
Si conocías a este es porque seguramente sabían que pasarías cargado de dinero.
Se rascó la barbilla antes de proseguir con la pregunta:
-¿Quién pudo decírselo? ¿Quien lo sabia? Realmente lo sabíamos todos los gladiadores pero al ser atracados aquí en Siria lo más lógico es que fuesen de este lugar.
– De Siria solo tenían conocimiento mi cuñado Sejano y Venus y no creo que tuvieran ningún interés en que no les llegase el dinero, pienso yo. Sería una incoherencia.
– Yo no pienso lo mismo. Quitando los gastos del atraco, se hubiera apropiado el dinero y no tendría que devolverlo con los intereses. Incluso ya no era necesario hacer ninguna inversión, con la mitad de ese dineral tendrían para vivir eternamente cómo multimillonarios.
Aquella explicación de Flavio me hizo desconfiar de Sejano ya que en la taberna conté siete y esta vez eran ocho, claro que eso nada probaba, el hecho de que Jandrín fuera uno de los asaltantes no quería decir que los otros fueran los del grupo que lo acompañaban.

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En la taberna eran siete contando con él y ocho si estaba añadido Sejano.
Cuanto yo hablase con Venus sabría si se había ausentado su hermano o si había visto algo raro durante mi ausencia.
A Flavio no quise discutirle nada, pero pensé que unos atracadores nunca le darían el producto conseguido en un atraco a nadie, a menos que el jefe fuera… No creo que Sejano, y menos Venus…
Algunas horas después cuando empezaba a oscurecer
divisamos la gran ciudad de Antioquia, y mi corazón empezó a desbocarse con tremendos acelerones intuyendo la proximidad de mi amada, la mujer que me había fascinado, Venus.
Para ir a la taberna Venus tuvimos que rodear media ciudad y cuando al fin llegamos ella se me echó encima como una loca cubriéndome de besos ante la concurrencia que llenaba el bar.
Luego, al ver a Flavio pestañeó como si alucinase seguramente extrañada por que estaba vestido como un gladiador romano, imagen que solo había visto en una escultura, según dijo después. Entonces advertí que no había presentado a mi amigo el cual permanecía expectante, distraído contemplando el ambiente del establecimiento solo alumbrado por lucernas de aceite distribuidas de una forma convencional.
Después de las presentaciones Sejano se quedó en la taberna atendiendo a los clientes y nosotros acompañamos a Venús a la trastienda y cenamos antes de irnos a dormir.
Debo añadir que yo seguía portando la bolsa con el dinero, hasta que explicase a Sejano lo del contrato y todo eso, a la mañana siguiente.
Aquella noche a Flavio lo acompañé a mi casa y durmió en la habitación sobre el colchón de plumas y yo regresé y dormí con Venus en su habitación, una de las dos que tenía la vivienda detrás de la taberna.
En la otra dormía siempre mi cuñado Sejano.
Cuando entregamos la bolsa conteniendo los denarios de oro
tras arreglar lo del contrato Sejano no pareció estar muy feliz, ni cuando se contó la cantidad que superaba los cuatrocientos mil, lo que me extraño mucho.
Había conseguido tras no pocos esfuerzos, y palabras para convencer a mis amigos, una considerable fortuna para que él pudiese invertir en su proyecto comercial y no parecía alegrarse. Quizás su carácter era muy reservado, pensé, pero por mi cabeza siempre desconfiada atravesó la duda que me indicó Flavio.
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No podía creer que Sejano hubiera intentado con unos bandoleros hacerse del dinero limpiamente. Sin embargo la presencia del
malogrado Jandrin con los atracadores no me la podía quitar del pensamiento, aunque nada dije para no molestar a Venus con sospechas, sin pruebas fehacientes.
A los dos días, después de que Sejano nos explicase a Flavio y a mi en que consistía el proyecto de inversiones en Egipto; no muy convencido mi amigo decidió regresar a Roma con los contratos firmados y cierta prisa ya que tenia que luchar en el circo Máximo,
dos días después.
También noté en Venus cierta inquietud pero no le dí mucha importancia ya que las mujeres son muy extrañas y yo no tenía ninguna experiencia con ese género.
Aquella misma noche tras la partida de Flavio, Sejano se mostró eufórico y cuando el bar se quedo vacío de clientes dijo. :
-¡Para celebrar el éxito conseguido con la captación del dinero, propongo un brindis con un vino estupendo que tengo en la bodega guardado; es de Hispania.
Voy a traerlo ahora mismo.
Venus y yo nos quedamos esperando, pero viendo que tardaba un poco, ella fue a buscarlo y a los pocos minutos regresaron ambos portando una bandeja con tres copas y la botella del mencionado vino que resultó ser un vino de Hispania gran reserva de Jumilla con denominación de origen.
El anfitrión, sonriendo dijo:
— He tardado un poco porque no recordaba donde lo había puesto.
Y añadió mirándome, sin dejar de sonreír:
Verás que vino tan bueno, este no es como el romano, aguachado.

Brindamos varias veces, hasta agotar la botella de tan estupendo
liquido y seguimos hablando de añoranzas sobre nuestra tierra y la juventud.
Y fue entonces cuando Sejano empezó a quejarse de retorcijones en el estómago.
Al principio pensé que el vino le había sentado mal pero cuando vi que cada vez se quejaba más, y al poco rato a Venus también le vinieron aquellos extraños retorcijones y a mi no, empecé a pensar que algo muy grave les sucedía y salí en busca de ayuda.
Encontré a un doctor media hora después, cuando me acompañó un vecino, pero al regreso el doctor solo pudo certificar la muerte de los dos hermanos.
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Al retirar los dos cadáveres vi que en el suelo, a los pies de Venus había un papiro escrito, lo recogí y pude leer:
Longino: amor mío, mi hermano creo que ya está muerto y yo quiero en mis últimos instantes decirte lo siguiente.
Mi hermano era Plinio y te ha querido envenenar pero yo lo he visto a tiempo y le he cambiado la copa cuando miraba en otra dirección en un descuido hablando contigo, lamentablemente también me había envenenado a mí y no lo supe hasta que fue tarde.
A Flavio, cuando se marchó le di un mensaje que solo te lo daría si a mi me pasaba algo. Y si nos sucedía a los dos podría leerlo el y obrar en consecuencia.

Después de morir Venus y Plinio, Ya nada me ataba a Siria y volví a Roma, aún me quedaban un par de cosas que hacer, devolver el dinero a los gladiadores que habían confiado en mí y leer lo que Venus me había escrito antes de morir.
Una vez en Roma y tras haber devuelto el dinero a sus propietarios, Flavio me entregó un envoltorio lacrado en el que encontré lo que escribió Venus.

Querido Longino: si este escrito llega a ti es por que yo he fallecido y si no y lo lee alguna otra persona será porque ninguno de los dos esta vivo.
Lo anterior te lo digo porque Plinio es mi hermano, que huyó de Roma temiendo luchar contra ti al ver como lo hacías y adivinando que lo matarías.
Como buena hermana lo seguí y lo fui conociendo ya que por no haber vivido con él dado qué estuvo en el ejército muchos años, no imaginaba ni remotamente lo malvado y criminal que era.
Tú me abriste los ojos cuando me contaste lo que con sus compinches había hecho con tu familia.
Hay quien dice que el mundo es un pañuelo donde los seres humanos siempre se encuentran, y cuando tú lo encontraste, antes de que lo vieras te vio él a ti.
Habló conmigo contándome todo el problema que tenía contigo sin decirme el porqué de esas desavenencias; por eso huyó a Grecia y después a Egipto donde había un dentista que le hizo una dentadura postiza.

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Luego se tapó un ojo para ocultar mejor su rostro, ya que nunca le pasó nada en ese ojo cómo te hizo creer.
Me advirtió que no te dijese nada porque eras muy malo y podias matarnos a los dos.
Todos esos cambios de la dentadura postiza y el parche en el ojo ya me los había dicho a mi, yo no sabía que hacer
Todo empezó a ir mal entre mi hermano y yo cuando lo descubrí abusando de una niña en el sótano de la casa, a la que degolló ante mis ojos, como hizo con tus hermanas ante ti, amenazándome de muerte si te decía algo, o lo denunciaba, amenazas que repetía siempre, sobre todo después de violarme a mi muchas veces y hacerme tragar su asqueroso semen.
Cuando calculó que deberías volver a Siria con el dinero se puso de acuerdo con sus amigos, entre ellos el tal Jandrin para esperarte y atracarte en el camino.
Lo que le salió mal al ver que ibas acompañado por un gladiador famoso.
Y al comprobar como luchabais, huyó cobardemente por lo que también me amenazó de muerte dándome una paliza con un látigo como hacia siempre a la vez que me gritaba-
–¡Ya estoy harto de ti y de tu hombre, un dia de estos os voy a matar a los dos!. –
Esta vez no me mató de milagro.
Yo sabía que un día intentaría matarte cómo hizo con el novio que tuve antes que tú al que envenenó por celos ya que mi hermano fue el que me deshonró poniéndome un puñal en la garganta; nunca me respetó como hermana ni cómo persona, decía que Adán y Eva eran hermanos así como sus descendientes, pero nunca se me pasó por la cabeza que también me mataría a mi.
Jamás pensé que sería capaz de matar a su propia hermana.
Lo de envenenarte lo dijo varias veces incluso que me quería matar a mi también, yo creí que solo eran amenazas, por eso lo vigilo siempre, perdóname por no haberte avisado, pero estoy aterrorizada, espero que seas tu el que leas antes que nadie este mensaje pero si así no fuera, tengo la esperanza de que la ley actué con firmeza y justicia. Te quiero mucho.
Venus

Después de leer aquella breve nota lo comprendí todo.
Venus vigilaba a su hermano y lo debió ver echando veneno en la copa destinada a mí, pero lamentablemente no debió darse cuenta que ya lo había echado en otra copa, la destinada a ella. Por lo visto
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ella prefirió que muriera su hermano antes que yo, y no debió percibir que Plinio había proyectado matarnos a los dos, a ella y a
mí, pero al cambiar ella la copa destinada a mi por la de su hermano murió él, aunque ella también con la otra copa envenenada.

La perdida de mi amada Venus me sumió en una gran depresión, de la que aún a la edad de 87 años no he podido superar, al menos estuve un mes leyendo y releyendo aquellas últimas palabras de ella mientras mis mejillas se llenaban de lágrimas de tristeza.

Ahora ya viejo, después de tantos años me encuentro escribiendo mis memorias en una ciudad de Hispania que se llama Tarraco, me he traído los restos de mi amada Venus aquí cerca del mar Mediterráneo donde tanto le hubiera gustado vivir conmigo, y a mi con ella hasta que Dios nos llamara.
Cuantas veces hablamos de un lugar cerca de playas en Hispania, un lugar precioso donde hubiéramos creado una familia numerosa, y seguramente esa familia se hubiera ido ampliando con muchos niños para disfrutar de su compañía, a los que cuidaríamos mientras sus padres se ocupasen de sus labores cotidianas.

Su tumba esta en la cima de una montaña desde la que se ven volando las gaviotas y se oyen sus graznidos, mientras las olas van rompiendo una tras otra sobre las rocas que hay debajo de un acantilado, enviándonos destellos del sol continuamente.
Ya solo espero que Dios en el que ya creo firmemente sin ninguna duda, me llame para estar al lado de mi amada eternamente.

Sobre tu tumba he puesto una inscripción que dice.

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Conocerte fue fácil.
Conquistarte difícil. Olvidarte… imposible.

Fin

– P.D. Estas memorias escritas en un pequeño libro de pergaminos las envolveré y ordenaré que cuando me muera lo pongan junto a mí, en el ataúd, al lado de los restos mortales de ella, Venus.

EL EVANGELIO DEL CENTURIÓN

1

EL EVANGELIO
del
centurión

POR ANTONIO LARROSA DIAZ
TODOS LOS Derechos reservados

Antes de escribir ni una sola palabra sobre el tema quiero dejar muy claro que esto es solo una novela basada en un tiempo, sin ánimo de molestar a nadie, por raza, creencias o género
Cualquier semejanza con personas u hechos reales es pura coincidencia.

el evangelio del centurion by Antonio Larrosa Diaz is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.
Creado a partir de la obra enwww.creativecommons.
Puede hallar permisos más allá de los concedidos con esta licencia en ningunaEn Lloret de Mar el dia 13 de marzo del año ( 2016-03-13) desde el Hotel Helios
2
A MARIA MI ESPOSA Y A VENUS LA PROTAGONISTA
DE ESTA HUMILDE HISTORIA.

ME GUSTAS CUANDO RIES
PERO NO CUANDO LLORAS
POR ESO INTENTO
HACERTE FELIZ A TODAS HORAS

NADA ES ETERNO EN LA VIDA
SOLO EL AMOR
LO CONSIGUE SI NO SE ENFRIA

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CAPITULO I

MASACRE

Toda mi familia estaba muy contenta porque la cosecha de cereales había sido espléndida; mi padre había conseguido muy buen precio y por eso mi madre nos preparó una cena extraordinaria, inolvidable. Lamentablemente inolvidable para mí, y no por los manjares que nos había dispuesto, si no por lo que sucedería aquella noche.
Apenas habíamos tomado asiento ante la mesa cuando un gran estruendo de cristales rotos que provenía de la parte de arriba de la casa hizo que mi padre y mis dos hermanos mayores Liberto de veintiocho años y Marcos de veintiséis subieran corriendo a comprobar que lo había ocasionado.
Un gran alboroto como de gritos y pelea nos hizo temer que alguien podía haber entrado por la ventana de alguno de los dormitorios situados en aquella planta.
Inmediatamente, mi padre apareció gritando:
–¡Huid!! ¡Huid, nos atacan!
Un hombre joven ataviado como un legionario romano que lo seguía le asestó un golpe tremendo en la cabeza con una maza y mi padre cayó rodando por la escalera hasta el suelo del comedor quedando allí sin conocimiento.
Al momento vimos caer rebotando por los escalones la cabeza ensangrentada de Liberto quedando a los pies de mi madre que se desmayó al verla, tras exclamar:
¡Hijo mío, que me lo han matado!
Mientras, mis dos hermanas Lucia de veinte años y Tita de dieciocho que se habían apartado asustadas, contemplaban aterradas aquellas escenas tan terribles abrazadas en un rincón.
En unos instantes el comedor se llenó de soldados romanos que cogieron alborozados con aviesas intenciones a mis hermanas empezando a disputárselas con los ojos inyectados en lujuria.
–¡Esta morenaza tan guapa y hermosa para mi!
El que eso gritó ansioso era un soldado gigantón barbudo bizco, cuyo rostro estaba surcado por una cicatriz desde la oreja hasta la comisura del labio del lado derecho de la cara, dándole un siniestro aspecto, mientras

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empleando gran violencia arrastraba a Lucía echándola sobre un arcón que situado junto a la puerta había,
Ella gritaba como loca presintiendo las intenciones de aquel soldado con aspecto terrible, mientras el la desnudaba arrancándole el vestido a manotazos y tirones.
Me resulta horriblemente doloroso recordar lo acontecido aquella noche y creo que para ser feliz en esta vida, muchas personas deberíamos perder la memoria completamente.
Me es muy difícil y describir cuanto ví aquella inolvidable noche, pero a pesar de ello lo haré poniendo palabra por palabra, aunque sean muy barriobajeras y penosas a fin de no quitar rudeza a lo acontecido.
Mientras, un soldado de aquellos me sujetaba, otro amenazaba a Marcos al que una vez capturado, lo habían bajado al comedor y le estaba pinchando con un puñal en la garganta, por la que fluía un hilillo de sangre.
No me mates. No me mates: (Gritaba mi hermano desesperado)
-¡Calla o te rebano el cuello como al otro!
Contestó el soldado amenazando con suma acritud.
Todo eran gritos he improperios
El soldado que me sujetaba le preguntó a gritos a uno que debía ser el jefe que en aquel momento se hallaba al otro lado del comedor observando a mis hermanas con mucha atención.
-¿Plinio: qué hago con este crío…¿Lo mato ya?
Me extrañó que el tal Plinio fuese el jefe, por ser quizás el más joven, aparentaba unos veintipocos años, pero su mirada siniestra, mirada asesina me impresionó desagradablemente, cuando con aire petulante contestó al que le había preguntado:
-¡No, de momento déjalo que vea como nos follamos a sus hermanas! -¿porque son tus hermanas, estas hermosuras… ¿No?
Me preguntón desde donde se encontraba en voz alta, mirándome fijamente, esperando una respuesta que no le di al pensar que había llegado mi última hora y por mi cabeza solo pasaba el deseo de escapar o al menos defender hasta la muerte a mis hermanas. Pero todas mis esperanzas se desvanecieron cuando entre aquel soldado y otro me ataron a una silla pese a mis pataleos y gritos.
Exclamando el tal Plinio en tono burlón:
-Desde aquí verás todo el espectáculo que te dedicaremos en exclusiva antes de que te cortemos la cabeza.
Te vas a divertir mucho, ya verás.
Y en efecto, todo lo vi. Un estupor creciente me impedía cerrar los ojos.
El tal Plinio, el que parecía ser el jefe de aquellos miserables les ordenó, con cierta autoridad.
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-Soldados: dejad el cachondeo para después: Ahora hay que buscar el dinero y alimentarnos, con lo que esta buena señora nos ha preparado; una exquisita cena.
Después mirando a mi madre que permanecía desmayada sobre el suelo añadió ¿No esta mal la señora, verdad chicos? Luego, cuando este disponible os la follais si queréis.
Y mientras hablaba exhibiendo una sarcástica sonrisilla de una boca casi sin dientes señalaba las piernas de mi madre, que fue destapando hasta la cintura con un palo de escoba y bajándole las bragas con el mismo palo después.
Nadie podrá nunca saber el dolor y la indignación que yo sentía viendo a mi madre desmayada medio desnuda junto a la cabeza ensangrentada de mi pobre hermano Liberto.
El grandullón barbudo que ya se disponía a perpetrar su acción contra Lucia, ya completamente desnuda y que no paraba de llorar y gemir desconsoladamente a la vez que se tapaba lo que podía; la cogió en brazos, y aunque ella además pataleaba, abrió el arcón, que estaba repleto de ropa, puso a mi hermana dentro y sin contemplaciones, lo cerró con muchas dificultades por estar muy lleno, subiéndose acto seguido encima y apretando hasta que con la ayuda de otro pudo echar los cierres, animado por los aplausos y risas de todos sus compañeros y los gritos angustiosos que todavía se oían, muy amortiguados de ella dentro del arcón.
Sentados ya alrededor de la mesa, los conté y eran quince. Quince que se comieron la estupenda cena que mi madre y una sirvienta que ya se había marchado había hecho con todo su cariño para nosotros; un cordero al horno, unos quince o veinte pescados doradas, pan en abundancia, además de todas las botellas de buen vino que teníamos en la casa (unas doce) finalizando el ágape con frutas diversas de postre.
Hasta que no quedo nada no pararon de comer, beber y reír con estruendosas carcajadas, mientras de vez en cuando nos daban sin ningún motivo ni consideración patadas y puñetazos a mí y a mi hermano Marcos, también atado a mi lado.
De pronto vi a mi otra hermana Tita que estaba bajo la mesa lloriqueando mientras le chupaba el pene al que supongo que era jefe el tal Plinio que le sujetaba la cabeza con ambas manos y no paraba de amenazarla si no se esmeraba y dejaba de lloriquear.
-¡Chupa y calla, o te corto la cabeza, cacho putita!
Ese insulto supongo que lo dijo porque ella solo tenía dieciocho años y desnuda parecía una criatura de trece o catorce.
De pronto vi como mi padre empezaba a moverse y abría los ojos con cierto desconcierto ya que no debía ver bien seguramente por que le
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habrían destrozado la corteza craneal, o porque salía de una confusión indescriptible y no conseguía situar o enfocarlas imágenes en su estado natural.
Desgraciadamente ellos, también se apercibieron del despertar de mi padre Y Plinio el jefe, apartó a mi hermana dándole un empujón, se puso bien la faldilla tapándose y empezó a interrogarlo.
-Mira viejo, hemos registrado toda la casa y no hemos encontrado el dinero que te han pagado por la cosecha, así que si aprecias la vida de los tuyos dinos ahora mismo donde lo tienes escondido y nos iremos después con el dinero, dejandoos tranquilos.
Mi padre, medio aturdido le suplicó:
-Por favor no nos matéis podéis quedaros con todo lo que tenemos, pero no nos hagáis ningún daño.
El dinero está dentro de una bolsa encima de la biga que hay arriba sobre la ventana de la primera habitación. Cogedlo y marchaos, por favor.
-¡Tú, Juliano, ya has oído al viejo llorón, sube y trae la bolsa esa que ha dicho!
Tras ordenar al soldado que fuera arriba en busca de la bolsa con el dinero, se dirigió a mi padre y le espetó con énfasis amenazante:
-¡Como la bolsa con el dinero no esté sobre la biga esa que has dicho, te voy a cortar los cojones delante de tu familia ahora mismo.
Mi padre al ver a mi madre tirada en el suelo y medio desnuda… Preguntó:
– ¿Qué le ha pasado a mi mujer? ¿Qué le habéis echo?
-A tu mujer no le ha pasado nada, de momento, se ha desmayado al ver esa cabeza a su lado y que tú no la has debido ver desde donde estás. Eso le ha sucedido al muchacho que supongo debía ser hijo tuyo por atacarnos; así que ya lo sabéis, al que no nos obedezca le cortamos el pescuezo, o lo hacemos pedacitos en vivo y asunto concluido.
Me es difícil seguir escribiendo el horror de lo que allí en la casa de mi familia aconteció aquella maldita noche bajo la tenue luz de las cuatro lucernas de aceite del comedor, que acentuaban las humillaciones y angustias a que fuimos sometidos por aquellos miserables sin sentimientos, pudor ni hombría.
Una vez el soldado Juliano regresó del piso de arriba con la bolsa del dinero, todos se pusieron muy contentos al ver su contenido, una verdadera fortuna en monedas de oro y plata.
Las súplicas de mi padre que les pedía angustiado y llorando que nos dejasen en paz y se fuesen con el botín conseguido, tal como Plinio el jefe, le había prometido, fueron despreciadas con burlas y acompañada de carcajadas, patadas y puñetazos, contra nosotros, alegando que aún tenían

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que divertirse hasta que saliese el Sol del nuevo día fornicando con nuestras hermanas, mi madre y el resto de la familia.
El gigantón abrió el arcón donde había metido a Lucia y la sacó asfixiada, estaba muerta, lo que no le inmutó en absoluto ya que la puso con las piernas abiertas sobre la misma mesa donde habían comido, apartando con
un brazo, platos , botellas , cubiertos y cuanto le estorbaba, tirándolo todo al suelo y exclamó riendo:
-¡Vaya, la mamonaza esta se ha muerto, pero como aún esta caliente su hermoso cuerpo, la follaremos hasta que nos hartemos, poneos en fila los que queráis!
Todos sus compinches sin excepción aplaudieron la idea y entusiasmados se pusieron en fila para alimentar sus bajos instintos. Y cuando el gigantón se colocó encima de mi hermana muerta, exclamo riendo estruendosamente.
¡-Perdonad, si tardo un poco pero es muy difícil desvirgar a una virgen muerta. ¡¡ajjajajaja!!
Mi padre no paraba de gritar:
-¡Criminales, asesinos!
Y Plinio, le conminó a guardar silencio amenazándole con hacer lo mismo con Tita con las siguientes palabras obscenas.
¡Calla viejo mamón, aún tenemos que divertirnos un buen rato.
-Sentiría entregar a mis hombres a esta otra, ya que le he tomado aprecio por lo bien que la chupa, lo buena que está y porque me la quiero llevar para mi uso privado.
En ese momento mi madre empezó a recuperarse del desmayo y como le pasase antes a mi padre, tardó un poco en darse cuenta de la situación. Entonces, Plinio subido sobre una silla dijo:
-Como que ya se ha despertado la señora de la casa y estamos todos, vamos a jugar al juego del amor verdadero, el amor sin tacha, ese juego en el que sus componentes se demuestran el amor y la fidelidad sin límites que se prodigan aguantando inocentes pruebas.
Un juego en el que lamentablemente siempre que lo hemos realizado han fallado los concursantes, lo que demuestra la falsedad y la hipocresía de las personas que fingen mucho amor y a la hora de demostrarlo fallan; lo que ocasionó la muerte de todos los jugadores de las anteriores pruebas. Bueno, menos de nosotros que solo somos simples espectadores con derecho a intervenir, y a juzgar el comportamiento de los jugadores a los que os deseamos mucha suerte y disfrutéis con este juego tan ameno y divertido.
Después: dirigiéndose a nosotros, nos explicó en que consistía el mencionado juego:

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El asunto consiste simplemente en que obedezcáis lo que yo os diga. Se puede hacer este juego muy interesante con varios en cada equipo, pero hoy lo haremos con solo dos contrincantes cada vez para abreviar y facilitar su desarrollo.
Uno hará lo que se le ordene y el otro permanecerá atento con los ojos bien abiertos y sin mirar a ninguna otra parte hasta que yo de por concluido el juego, que como comprobareis, creo haberlo dicho antes es muy ameno y
divertido, la única norma es que si alguno no se atiene a las reglas establecidas condena muerte a su contrincante, muerte que se le dará por nosotros de la forma lo más humana posible para no causarle ningún sufrimiento ni dolor, ya que somos muy buenos y tenemos excelentes sentimientos. Bueno como ya creo haber dicho el que no obedezca será culpable de su contrincante, que será decapitado por nuestro experto aquí presente, Cestio, del que estoy muy orgulloso por lo bien que corta cabezas, brazos piernas o cualquier otro miembro que sea necesario.
Creo haberos explicado muy claramente como funciona el juego, pero para evitar alguna confusión desagradable lo volveré a explicar más detalladamente, con un simple ejemplo:
Una vez iniciado el juego ya no será interrumpido bajo ningún concepto y como veréis, nosotros vamos a colaborar con todo nuestro entusiasmo para conseguir la satisfacción general y que disfrutéis como nosotros, Ya veréis que divertido. Os vais a reír mucho, estoy seguro.
Bien, como ya dije, el juego es muy simple, se trata de comprobar los vínculos del amor al máximo posible, porque hay que tener en cuenta que: El amor y la confianza son difícil de conseguir pero muy fácil de perder- y de eso se trata. Vamos al ejemplo: A ti viejo, yo ordeno que te comas este trozo de pan y tu hijo debe ver como te lo comes sin cerrar los ojos ni distraerse con nada, pero si tú te niegas a comerte el pan, tu hijo será decapitado por Cestio nuestro decapitador oficial; por otro lado existe la opción de que sea tu hijo el que no quiera que te comas el pan y proteste , grite, amenace, insulte o se desentienda o distraiga cerrando los ojos o mirando para otro lado en cuyo caso serás tú el decapitado. Como es natural en cualquier juego hay un límite de tiempo y en este cada jugada es de media hora, más o menos, según veamos nosotros los jueces. ¡Jajaja!
Una vez que ya sabéis en que consiste el juego…. ¡Empecemos con tus hijos! Ella contra él. Dime amiga mía…¿Como se llaman?
Ante la pregunta que hizo Plinio el jefe, en tono exageradamente amistoso a mi madre, ella le contestó muy alarmada:
-Ël se llama Marcos, ella, Tita.
-Estupendo: Empecemos el juego. Ahora tú Tita, serás follada por varios soldados y si te niegas serás declarada culpable de la muerte de tu
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hermano, así que pon todo tú interés en que los soldados queden satisfechos ¿eres virgen?
Con los ojos chispeantes de rabia y la cara roja de vergüenza e impotencia mi hermana contestó, sumisa con apenas un hilo de voz:
-Si
-En tal caso seré yo el primero ya que tengo amplia experiencia rompiendo hímenes, virgos o como quieras llamar a esa cosita que tienes estorbando en tu bonito conejito, además porque me complace mucho hacerlo.
Por favor, preciosa ponte aquí con las piernas bien abiertas.
Titubeante, Tita abochornada subió a la mesa abriéndose de piernas ayudada por él jefe que se puso encima iniciando su cometido con entusiasmo. Pero tanto entusiasmo puso que no reparaba en el dolor que producía en Tita que a cada embestida chillaba como si la estuvieran destrozando las entrañas, lo que ocasionó gran alboroto en sus soldados que no perdían detalle gritando y riendo animando a Plinio.
¡Muy bien Plinio métesela a fondo, que parece que le gusta mucho, ¡JAAJA!
Mi padre y mi madre cerraron los ojos no queriendo ver aquella monstruosidad y como no entraban en el juego que se circunscribía en esta ocasión solo a Tita y Marcus. Plinio les dijo que…
No esta bien que os desentendáis de vuestros hijos pero no os preocupéis no os lo tendremos en cuenta ya que ahora no jugáis vosotros, pero cuando os toque no olvidéis las reglas.
Marcos, mordiéndose la lengua furiosamente aguantó lo que pudo llorando copiosamente, sin embargo cuando llegó el tercero de los fornicadores perdió el control y empezó a gritar como un loco.
-¡Hijos de puta, cabrones, dejad a mi hermana, por favor, por favor, por favor.
No terminó de gritar y llorar, el jefe Plinio con una ligera señal de la mano dio la orden al decapitador, que apartando al que en ese momento la estaba fornicando, cogió a la chica del pelo, la arrastró hasta tirarla al suelo y de un golpe de espada la decapitó ignorando los gritos de ella y de toda mi familia desesperada, pidiendo clemencia.
La linda cabeza de Tita rodó por los suelos llena de sangre, quedando con los ojos desorbitados mirando al techo.
Apenas tres horas después toda la familia menos yo había sido aniquilada. Lo que le hicieron a mi padre como lo de mi madre y mi hermano, no puedo explicarlo por terrible y vergonzoso, pero llegados a ese momento el decapitador oficial, manchado completamente de sangre le preguntó sonriendo ladinamente al jefe.
–¿Plinio qué hago con el crío? ¿Lo mato también?
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Plinio que parecía estar muy alterado y furioso le gritó: (Seguramente por la muerte de Tita mi hermana)
-¡ Yo en tu lugar no haría una pregunta tan estúpida!..¡Mátalo de una puñetera vez y larguémonos de aquí!
El decapitador me cogió de un brazo y aunque forcejeé, pataleé y grité aterrado lleno de desesperación, me arrastró junto a los restos de mi familia, que habían amontonado en un rincón, levantó la espada y…
Cuando ya me consideraba muerto, soltó el arma y se desplomó atravesado por una lanza.
El que me había salvado fue un nuevo legionario romano que seguido por tres más que a pesar de ser menos bajaron sin miedo la escalera enfrentándose con los otros soldados romanos asesinos en una lucha indescriptible en la que en principio parecía imposible que solo cuatro pudieran vencer a quince y cuando los soldados amigos empezaban a flaquear llegaron gritando y armados con toda clase de herramientas del campo todos los sirvientes al mando de Floro, uno de ellos.
Apenas unos minutos después, aquellos soldados asesinos menos su jefe y el gigantón, que huyeron al ver el cariz que tomaban los acontecimientos, estaban muertos sobre el pavimento del comedor que se iba iluminando lentamente por un Sol ceniciento del amanecer que empezaba a entrar a través de las ventanas, en un día invernal, insinuándose tímidamente.
Un día en el que se inició en mí una gran admiración e inquietud por llegar a ser como aquellos soldados legionarios benefactores y poder perseguir a Plinio y al gigantón hasta el fin del mundo para vengar el exterminio de mi familia.
Luego supe que los que me habían salvado eran de una formación especial, una élite de policías militares que perseguían a los soldados desertores, muy numerosos en aquellos tiempos.
Creo que a estos soldados que me habían salvado los comparaban con la…Guardia Pretoriana. Los mejores legionarios del imperio.
Y una cosa que me influyó bastante en mi decisión por ser uno de ellos, fue que al ir a dar las gracias por haberme salvado al que los comandaba llamado Eliseo, me contestó muy serio acariciando mi cabeza:
-No tiene importancia, solo eran una pandilla de borrachos indecentes, y menos mal que nos ayudaron los trabajadores de la finca porque eran demasiados para solo nosotros cuatro.
Añadiendo con pesadumbre:
– Lástima que llegásemos demasiado tarde para salvar a toda tú familia y que escapasen los dos más sanguinarios, que no dudes, seguiremos buscando hasta que los atrapemos.

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Después me contó que un sirviente que se llama Floro, que dormitaba en la habitación de una de las viviendas situadas cerca de nuestra gran villa campestre se había despertado alterado por los gritos provenientes de nuestra casa, se acercó y observó por la rendija de una ventana como a mi madre la estaban atormentando metiéndole un grueso palo por la vagína,
haciéndola gritar de dolor, mientras mi padre que estaba atado lloraba desesperado.
Los maltratadotes gritaban burlándose y reían.
Había que buscar ayuda, pero a Floro le pareció demasiado arriesgado acudir a los otros obreros de la finca que vivían en las casas contiguas ya que sin experiencia en la lucha personal y sin las armas adecuadas hubieran muerto derrotados indudablemente todos. Los asaltantes eran soldados con experiencia, armados y numerosos, imposibles de vencer por nosotros.
Inmediatamente cogió su caballo y fue a buscar ayuda, que encontró cerca de un bosque donde sabía que habíamos acampado el día anterior. Nos contó todo lo que vio y salimos rumbo a la gran villa, pero en el camino, al amanecer, tropezamos con el sitio donde los desertores habían dejado sus caballos bajo el cuidado de dos a los que tuvimos que eliminar con la consiguiente pérdida de tiempo.
Normalmente a los desertores cuando los atrapamos los crucificamos, o los enviamos al estadio, si los vemos fuertes o lo eligen ellos teniendo la posibilidad de luchar con los gladiadores, pero en este caso han tenido suerte y han sido eliminados casi sin dolor, cosa ocurrida por las circunstancias, imprevisibles.
Ya hacia unos días que los estábamos siguiendo y puedo asegurarte que al localizarlos hubiéramos actuado de otra forma y no se nos hubiera escapado ninguno; pero en fin, lo sentimos por ti y tu familia, que no hemos podido salvar por llegar tarde.

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CAPÍTULO II

EL SENADOR

Después de aquella dramática noche, se inició para mí una nueva vida, se me consideró impúber por tener solo trece años y fui adoptado por mi tío Ovidio, hermano de mi padre y que por entonces era senador romano, y cómo no tenía descendientes, a su esposa Agripina le pareció estupendo.
A partir de ese momento mi tío se ocupó de todo lo concerniente a los trabajos y explotación de las tierras de mi familia, que eran muy extensas e importantes, hasta que yo fuese mayor y capaz de negociar tales fincas heredadas, en que me pasaría cuentas de gastos y beneficificios, gastos que el miraba de minimizar y beneficios de maximizar, como buen tutor.
Verdaderamente nunca pensé que reprocharía nada a mis padres adoptivos que además de sus problemas habían cargado con los míos ocupándose de mi educación en las mejores escuelas de Roma, donde puse el máximo interés en todos los niveles, culturales, donde aprendí geografía, matemáticas, idiomas , entre ellos el Griego, el Ebreo, Latin, Germánico y el Hispano, entre otros menos importantes.
Recuerdo que algo que me costó mucho comprender fue lo concerniente al control del tiempo, no entendiendo muy bien como era posible que el año en un principio lo dividíamos en diez meses desde marzo a diciembre según las fases lunares, y que luego todo se trastocase según las posiciones del Sol en que añadimos Enero y febrero dividiendo el año no solo en doce meses, que tampoco eran iguales, si no también en cuatro estaciones, Primavera, verano, otoño e invierno y que el día o la noche a veces según fuera invierno o verano tenia las horas más cortas o más largas.
Fue entonces mucho tiempo después, cuando yo contaba diecisiete años que me tropecé casualmente en la Via Apia con Floro, el sirviente que con su familia estaba domiciliado en una de las viviendas situadas junto a la casa de mis padres, el sirviente que se ocupaba de los trabajos del campo con los obreros necesarios para el mantenimiento de las labores agrícolas desde el acondicionamiento de las tierras, el sembrado, el cultivo y la cosecha.
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Aquel encuentro me emocionó mucho ya que desde la fatídica noche ya explicada en estos escritos no volví a ver nunca más hasta entonces.
Enseguida nos abrazamos con evidente simpatía, sobre todo por mí que nunca mientras viva olvidare que este hombre fue el que buscó a los
policías romanos y a los sirvientes compañeros de él que con su ayuda eliminaron a casi todos los soldados desertores, los que mataron a mi familia después de mil humillaciones; el hombre al que debo mi vida.
Floro me contó una serie de cosas que yo ignoraba, acontecimientos que si no hubiese sido un simple mozalbete de diecisiete años al menos debí saber y que ignoré por desidia, por no preguntar siquiera por el y su familia cosa que siempre he procurado evitar desde entonces pensando que .. El que no es agradecido no es bien nacido.
Entre otras cuestiones; Floro me contó que mi tío los había desahuciado sin contemplaciones dándoles un pequeño tiempo para que abandonasen las viviendas, dejándolo a él y su prole, además de otras cuantas familias en la calle y sin trabajo pasando de llevar una vida aceptable a una vida de mendigos.
-No puedes figurarte lo penoso y denigrante para nosotros que siempre estuvimos agradecidos a tú padre, el encontrarnos en esta situación. Nosotros que siempre hemos trabajado al máximo para que tú familia no tuviera queja, y solo por ganarnos el alimento y un techo donde guarecernos. En fin ya ves como estoy vestido de andrajos, no sé ni como es posible que aún estemos vivos con tanta miseria y hambre que padecemos.
Ante tales declaraciones me quedé absorto
No imaginaba ni remotamente que motivos podría tener mi tío para actuar de esta forma y a pesar de ser casi un niño le prometí a Floro que pediría explicaciones a mi entonces padre adoptivo y tutor haciendo lo posible, fuera como fuera para ayudarles.
-No te preocupes: Floro: Hablaré con mi tío, que cómo debes saber ahora es mi padre adoptivo y tutor, para que restablezca vuestra situación lo antes posible.
Yo ya soy considerado mayor de edad, si sigo estando bajo la custodia de mis padres adoptivos es por los estudios, pero si hace falta los dejo, por vosotros, si mi padre Ovidio no pone solución a vuestro problema, dejo los estudios y a ellos aunque los quiero mucho.
Si te parece bien, mañana a esta misma hora sexta nos podemos ver aquí mismo y te traeré el dinero que pueda conseguir, que espero que mi tía Agripina me dé, ya que ella me quiere mucho y tiene muy buen corazón. Ya te diré lo que haya conseguido.

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Nos despedimos con un fuerte abrazo mientras los transeúntes nos miraban extrañados al ver como un joven tan elegantemente vestido con la toga virilis, (señal de alcurnia) abrazaba a un viejo mendigo andrajoso.
Durante el trayecto a la mansión donde vivía no dejé de pensar en como enfocar los argumentos que expondría a mis actuales padres; cómo reaccionarían ellos, ni que sacaría en claro de tan triste situación.
Un mar de dudas se agolpaban en mi cerebro, Por un lado en mi se había despertado además de la inquietud de ser un valeroso soldado para vengar a mi familia y luchar contra el crimen, otra nueva contra mi padre adoptivo, yo que lo consideraba un hombre justo, incapaz de una villanía contra ningún ser humano y ahora de repente lo empecé a ver como un ser abyecto, sin escrúpulos de ninguna clase.
¿Cómo era posible que hubiera realizado una acción tan despreciable contra aquel que había actuado para que yo fuese salvado?
Apenas entré en la lujosa villa, mi madre Agripina se apercibió de mi estado y me preguntó con curiosidad manifiesta.
-Longinos: ¿Qué te ocurre, que pones esa cara tan sombría? ¿Te has enfadado con alguien? ¿Tienes algún problema?
Ante estas preguntas, aproveché la ocasión para contar los acontecimientos y así recabar la opinión de mi madre Agripina, quizá ella me facilitase la tarea de enfrentar el problema con mi padre o al menos me contase algo del caso si lo sabía.
Por otro lado si le contaba lo que me tenía inquieto compartiría mi problema con ella y eso era muy importante en aquel momento.
No me equivoqué, la reacción de ella fue instantánea, enseguida comprendió mi pesar y dijo, guiñándome un ojo y dedicándome una amplia sonrisa.
-Tú, cuando vuelva tú padre del senado no le digas nada. Ya me encargo yo del asunto, y no temas, las mujeres sabemos como hablar a los hombres para conseguir todo lo que queremos.
Cuando mi padre regresó del senado a punto estuve de preguntarle lo que tanto me intrigaba, pero no dije nada a pesar de que mi madre Agripina parecía haber olvidado el problema, ya que no mencionó tampoco nada sobre el asunto.
Mi tutor, pasó la tarde escribiendo un nuevo tratado legal, algo relacionado con el orden público o con algún problema de los que siempre había en algún lugar de Imperio que ya se estaba formando; durante la cena nada se habló del caso, solo de cosas intrascendentes, lo típico y cotidiano o sea del tiempo el clima y esas cuestiones.
Yo, ya me estaba poniendo nervioso.

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Si no hubiese sido por una ligera señal de mi madre adoptiva que me hizo con la mano como…( Ten un poco de paciencia,) ya hubiera empezado a hablar porque estaba persuadido de que ella se había olvidado o se desentendía.
Pero se ve que las mujeres lo que desean de un hombre, se lo exponen por la noche porque apenas mi padre se levantó, y me estaba aseando para acudir al colegio se dirigió a mí diciendo:
-Cuando desayunemos recuérdame que tenemos que hablar de algo muy importante, no lo olvides.
Ya, en la mesa para el desayuno, antes de empezar a hincar el diente a nada, me atreví a preguntar:
-Padre, antes me has dicho que teníamos que hablar de algo muy importante, así que dime de que se trata.
Mi padre adoptivo me miró de soslayo con suma atención y me dijo:
Tú madre Agripina me ha contado ciertas dudas que tienes concerniente a los servidores que tenían tus padres en su casa, y lo que sucedió con ellos no ha sido como tu imaginas, una arbitrariedad mía, sino que lo que hice fue esperando lo mejor para todos, para nosotros, o mejor dicho, para tus intereses y los de ellos; me explicaré, a ver si lo entiendes.
No puedo consentir que dudes de mis intenciones ni de mi honorabilidad.
Como bien sabes, soy senador de Roma, un cargo que nos obliga a ser justos y precisos en todas nuestras acciones e intenciones.
Pues bien, yo siempre he estado contra la esclavitud humana y nunca, mientras tenga un soplo de vida no dejaré de defender mis ideas que creo muy necesarias por el bien de todo ser humano, por eso, cuando me tuve que hacer cargo de ti, dada mi total ignorancia sobre las labores de mi hermano tu padre, relacionadas con la agricultura y la ganadería y cómo las tierras que nos dejó son inmensas pedí el asesoramiento de una empresa experta en tales cuestiones, una sociedad que hizo un exhaustivo estudio de todo, detectando que esos sirvientes eran esclavos de tus padres, unos esclavos muy especiales que producían perdidas cada año en las cuentas porque los esclavos no cobran nada por su trabajo, que en este caso son mantenidos ellos y sus familiares a expensas del amo además de tener derecho a un techo, durante toda su vida, cuando en otros casos sin más esperanzas ni ventajas de ninguna clase; unos seres humanos muy desgraciados.
Pero tras el estudio de esta sociedad resultó que cómo hay que mantener a estas personas y sus familiares durante año tras año trabajen el campo o no, haga calor o frío y solo hay unos meses para el trabajo agrícola, la mayoría del tiempo lo pasan sin tales labores y no por eso dejar su legal mantenimiento, total que resultaban a fin de cuentas mas gravosos para la
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economía del amo que pagando a unos obreros solo cuando hicieran falta. Por eso reuní a todos los esclavos y les dije que les iba a dar libertad, si les parecía bien, que lo pensaran en unos días sin prisas y me diesen la respuesta, momento en que si aceptaban la libertad, podían abandonar esta casa y buscarse la vida como seres completamente libres para lo que yo les proporcionaría un documento acreditando su estado liberal.
La verdad es que no lo pensaron mucho, apenas terminé de hablar todos se pusieron muy contentos y felices y enseguida les proveí de los documentos
necesarios y abandonaron las viviendas, no volviendo a saber nada de ellos hasta esta noche en que tu madre me ha contado la situación tan penosa en que se encuentran. Es por eso que creo muy urgente que nos reunamos todos, incluido tú que eres el futuro amo, para hablar y poner una solución a esta complicación. Una complicación que afecta a siete familias con cincuenta y siete personas. Si sabes como contactar con alguno, le dices que reúna a los cabeza de familia para acordar la reunión donde estudiaremos como arreglar este entuerto. Realmente nunca creí que la libertad fuera tan triste para los obreros, al contrario, siempre pensé que la libertad era algo que tarde o temprano seria un bien de todas las personas y no solo de los poderosos, como veo que sucede ahora. El otro día discutiendo este asunto de abolición de la esclavitud, un senador amigo, me dijo:
Ovidio: la libertad no es tan fácil de implantar como tú opinas, pon atención en este ejemplo tan simple que te voy a contar.
En mi casa tenemos dos perros; uno que es muy arisco siempre está atado junto a la puerta del jardín a fin de que no vaya a morder a algún visitante, y el otro que parece muy manso lo tenemos suelto, en completa libertad, pues resulta que el perro atado parecía que se había tranquilizado, ya no ladraba a nadie y siempre estaba enroscado junto a su cadena, creímos que estaba enfermo de tan triste que parecía encontrarse. Pero no estaba enfermo, según el facultativo estaba muy sano.
Cada vez que veía al perro atado y triste me parecía que se encontraba más apenado, por eso decidí cambiarlos por una temporada y atar al que siempre estaba tan feliz con su libertad y liberar al otro.
Lo que resultó de este experimento casi no lo podía creer: El perro liberado estaba furioso y atacaba al otro, como queriendo recuperar la cadena, la cadena que lo esclavizaba, pero a pesar de tenerlos en esa situación varios días y no entendiendo lo que pasaba los volví a cambiar encontrándome con la desagradable sorpresa de que el que antes estaba tan feliz y pacífico empezó a atacar al otro queriéndole quitar la cadena de la que tiraba con violencia.

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A veces amigo mío no es tan fácil apreciar lo que es la libertad y por eso no tuve más remedio que poner una cadena a cada uno para que se tranquilizasen. No creo que las personas seamos como los perros pero nuestras inquietudes nos pueden confundir; -A nadie le gusta que le quiten lo que considera suyo aunque sea una maldita cadena que lo esclaviza.
Después de contarme la historia de los perros, mi padre adoptivo se me quedó mirando como esperando alguna otra pregunta y al final viendo que yo no le decía nada exclamó muy serio:
Tú madre me ha dicho que hasta que no encontremos una solución para tus amigos les has prometido ayudarles con dinero. ¿Cuánto necesitas? Ten en
cuenta que lo que te adelante será contabilizado cuando llegue la hora, así que ya lo sabes.
Creo que con unas cuantos denarios de plata podrán pasar varios días. Hoy a la hora sexta me veré con Floro y se las entregare, diciéndoles todo lo que me has contado, incluso la historia de los perros que supongo que no le va a parecer muy graciosa, ni sugerente.
En el colegio hoy se trató el tema tan odiado por mi, El control del tiempo, durante toda la mañana se estuvo estudiando lo concerniente a los años bisiestos y los relojes de arena y de sol, pero en mi imaginación solo había espacio para el encuentro que tendría con Floro para contarle todo lo ya expuesto y entregarle el dinero que en una bolsita tenía, cincuenta denarios de plata, suficiente para vivir sin agobios siete familias durante más de un mes. Después de entregar la bolsa con el dinero a Floro, acordamos un encuentro con mi padre adoptivo dos días después, tal como él me indicó y ver que solución daba a estas personas.
Y en la fecha y hora convenida en el lugar adecuado que en tal ocasión fue la misma villa señorial donde se aniquiló a mi familia por los desertores y aquellos diezmados por la patrulla de policías militares con la ayuda de los sirvientes.
Mi tío tutor Ovidio y ya padre adoptivo empezó preguntando a la concurrencia que en tal caso eran todas las personas liberadas pero con tan mala fortuna que se habían convertido en mendigos porque nadie quería dar trabajo a esclavos liberados, prefiriendo darlo a romanos.
-Nos hemos reunido aquí para discutir la situación en la que estáis por culpa de un mal entendido. Cuando os propuse convertiros en personas libres y os pusisteis tan contentos pensé que os había hecho muy felices y que al ser libres alcanzaríais una situación estable con un bien social estupendo , pero nunca supuse ni por un momento que llegaríais a ser más infelices que siendo esclavos, claro que el estado de esclavitud en el que os tenía mi hermano no era el que se conoce de esclavos en este país ni en ningún lugar del mundo, porque ya sabéis que un esclavo no tiene derecho
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ni a formar una familia , ni sus hijos a vivir con una familia . Todos sabéis que mi hermano os compró hace muchos años como esclavos pero nunca os trató como es lo normal en esta sociedad en que no se os permite nada de nada, donde vuestros hijos son vendidos y separados de los padres y otras cuestiones similares con vuestras mujeres; mi hermano que poseía buenos sentimientos os permitía tener una vida muy relajada como si fuerais componentes de su propia familia.
Yo creí que dándoos la libertad, ese bien tan estimado por las personas seriáis muy felices, pero la palabra esclavo no me gusta y espero que desde donde mi hermano esté se sentirá satisfecho de lo que he pensado hacer con vosotros.
Creo que lo que os voy a proponer será algo intermedio entre la libertad y la esclavitud.
He pensado tras mucho reflexionar que podéis volver a vuestras casas y vivir como antes sin ser esclavos. Seréis completamente libres
y abandonar estas casas cuando lo estiméis oportuno; mientras tanto se os dará un sueldo por vuestro trabajo, un sueldo digno de forma que en el tiempo en que no laboréis las tierras tengáis ahorrado lo suficiente para vivir hasta que volváis a vuestras labores agrícolas, o trabajar en ese tiempo libre en otros menesteres, claro que para llegar a eso deberéis ser conscientes de administrar el dinero de forma que os cubra todo el año. Esa es mi proposición y si alguno no la considera a su entera satisfacción puede marcharse donde quiera o pueda como hombre libre que es.
Ahora espero vuestra respuesta y no quiero que haya malos entendidos.
Actualmente soy el amo y señor de las tierras que fueron de mi hermano, en cuanto Longino termine sus estudios o los deje por voluntad propia serán de el, mientras tanto yo soy el tutor y debo administrar su negocio con celo y la sabiduría de que sea capaz como si fuera mió, por eso deberéis aceptar de buen grado mis ordenes que siempre serán en beneficio de ambas partes, de él y vuestra.
Eso es todo lo que quería deciros. Si alguno tiene alguna objeción, idea o propuesta que mejore nuestra relación de patrón y obrero, os ruego la expongáis, os prometo estudiarla con sumo interés.
Después de la breve exposición de mi tutor un silencio sepulcral invadió el recinto, Floro y los demás se pusieron a hablar en voz baja, casi imperceptible.
Paréciame que alguno no estuviera de acuerdo en algo, pero aquel silencio duró apenas unos minutos y fue Floro el que lo rompió con las siguientes palabras.

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Excelente señor Ovidio, todo lo que ha dicho nos ha dejado mudos de asombro ya que no esperábamos tanta generosidad de tan importante persona como sabemos que es usted.
Estábamos dispuestos a volver a ser esclavos en las mismas condiciones que teníamos con su honorable hermano que descanse en paz, incluso creímos que sería difícil llegar a ese acuerdo.
Floro, hizo un gesto ambiguo como si estuviese pensando lo que debía añadir y mirando a mi tutor le comunicó en el nombre de todos, ya que por lo visto él estaba autorizado por unanimidad.
Ahora usted lo ha superado y estamos muy agradecidos, haremos cuanto este a nuestro alcance para no defraudarle y que este satisfecho con nosotros como lo estamos nosotros de usted. Gracias de corazón, le doy en el nombre de todos mis compañeros y sus familiares. Que tenga usted larga vida llena de salud y prosperidad.
Una ovación de todos aquellos pobres mendigos dio término a tan memorable reunión.

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CAPITULO III

EL circo MÁXIMO

Había cumplido dieciocho años cuando mis padres adoptivos me propusieron acompañarlos para ir a celebrarlo viendo un espectáculo muy ameno que se realizaría con motivo de los juegos florales en el circo estadio Máximo.
Era este un estadio desmontable de proporciones inmensas y forma elíptica a la que se le habían añadido unos cincuenta mil asientos instalados que con los que ya había sumaban casi doscientos cincuenta mil; todos los asientos estaban instalados sobre varias filas de gradas en todo el perímetro, soportados sobre robustas columnas, también de madera desmontables, dejando en su centro un espacio para el expléndido y confortable palco imperial, suficientemente amplio para dar cabida al emperador con sus familiares y Guardia Pretoriana.
Sobre su arena se iban a realizar diversos números de magia y otros entretenimientos, domadores de fieras, malabaristas, payasos, luchas grecorromanas y cosas análogas, cómo atletismo y por último las luchas de gladiadores, donde estaría presente para su inauguración Octavio Augusto Cayo, el Emperador y su séquito.
Como es natural mi tío Ovidio como senador, debería acudir sobre todo para dar testimonio y pleitesía al egregio personaje.
Como mi tío era un senador importante del gobierno, nuestro sitio estaba muy cerca del emperador y reservado.
A eso de la hora tercia, después de comer nos trasladamos al estadio donde inmediatamente tras la llegada del Emperador Octavio Augusto comenzaron a desfilar los atletas y artistas por la arena aplaudidos por el público enardecido.
El emperador puesto en pié, después de saludar al público dio orden de iniciar el espectáculo con un simple movimiento de la mano, momento en que los músicos, hicieron sonar sus trompetas estrepitosas y sus no menos sonoros tambores.
En primer lugar salieron a escena unos cincuenta atletas, que tras el saludo al Cesar y demás asistentes hicieron una exhibición completa de saltos y

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piruetas, con gran agradó del publico que puesto en pié los aplaudió con entusiasmo encendido.
Como ya he dicho el estadio estaba ocupado por más de doscientas mil personas, no cabiendo prácticamente ni una simple aguja.
Aquel día el Sol de primavera era fulgurante, solo el Emperador y su séquito tenían un techo por sombrilla que les preservaba del caluroso astro rey. Más adelante, años después, todo el circo estaría cubierto por toldos enormes ajustables para dar sombra al respetable público en los días calurosos y también lluviosos
A los atletas siguieron los danzantes y bailarinas ofreciendo una entusiasta presentación de sus aptitudes coreográficas muy de moda, a la vez que una formación musical lírica de más de cien instrumentos les acompañaron con sus coloridas sinfonías coreadas por todo el público asistente.
Después de varios números de payasos, domadores de diversos animales salvajes como leones elefantes y tigres, llegó el número fuerte de aquella tarde, el de los luchadores grecorromanos seguido por los gladiadores.
La verdad es que a mi me entusiasmaron los luchadores grecorromanos que nos brindaron una serie de saltos , llaves de presa y pericias guerreras extraordinarias que unos hombres musculosos llenos de fuerza y agilidad nos deleitaron durante algo más de una hora ininterrumpida, con cinco combates extraordinarios.
Por último, todo el estadio pareció estallar con el estruendo de las palmas y gritos del público excesivamente excitado, como si se tratase del summun, (El no va más.)
Siento decirlo, pero la actitud de aquellas gentes me resultaba triste e hiriente; a mis oídos había llegado la fama de estas peleas que muchas veces terminaban con la muerte de algunos contendientes.
Se hablaba de que varios gladiadores habían conseguido fama especialmente con las mujeres, además de fortunas inmensas luchando contra delincuentes, esclavos y desertores entre otros, matándolos en aquellos desagradables combates, y digo desagradables para mí que no comprendí nunca que podía inflamar al público viendo aquellas deplorables escenas de odio y muerte.
Aquel día solo se salvaron tres de los treinta Gladiadores vencidos ante la voluntad del público que pidió el perdón al Emperador, levantando el puño cerrado con el dedo pulgar señalando al cielo.
Todo lo visto me impresionó grandemente produciéndome asco y aversión al ver gladiadores musculosos luchando perfectamente pertrechados con toda clase de artilugios protectores como armaduras que les cubrían la cabeza, brazos y piernas además de llevar la típica espada (Gladius) corta hispánica de acero, un puñal del mismo origen y material y un escudo que
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les cubría una buena parte del cuerpo, contra otros menos musculosos, algunos esmirriados y barrigones que pese a que iban equipados de igual forma que los auténticos gladiadores no era difícil pronosticar que estaban condenados a muerte.
Tal como iban saliendo los gladiadores mi tío me fue informando de las diferentes clases o categorías según iban pertrechados y así me enteré de algunos de los distintos tipos que fueron apareciendo.

En primer lugar, me dijo mi tío: Gladiador viene de la palabra espada, que en latín espada es Gladius.
Gladiador puede ser cualquier romano libre, aunque son pocos los que se ofrecen, los que son delincuentes, esclavos o gladiadores que no son libres están elegidos para luchar con los profesionales, aunque se les deja elegir y a los que se les ofrece tal opción siempre eligen ser gladiadores, en cierto modo lo hacen para escapar de morir crucificados ya que es mejor probar suerte luchando y si son buenos, mientras vayan ganando combates seguirán viviendo y además tienen la remota posibilidad de conseguir el indulto de sus delitos y la libertad si vencen en cuarenta ocasiones caso prácticamente imposible. De todas formas, si algún gladiador consigue esa cantidad de victorias es recompensado además de con la libertad con la gladius de madera, un trofeo que lo han conseguido muy pocos.
A continuación dijo: te voy a reseñar los diferentes tipos de gladiadores que hay, que son los siguientes.

……………………………………………………………………………….
Los Secutores eran los más temibles y portaban espada corta hispánica y un pequeño escudo, además de todas las protecciones ya mencionadas de cabeza pies y brazos.
……………………………………………………………………………..
Los Retatril o Retiarios, que empleaban redes emplumadas y tridentes. Estos también eran muy agresivos y por tanto peligrosos.
………………………………………………………………………………
Tracios, con rodela y puñal
…………………………………………………………………………………..
Marmillones. Con espada larga y grandes escudos..
…………………………………………………………………………
Essedarís- A caballo o en carros de guerra.
……………………………………………………………………………….
No recuerdo si me dijo alguno más porque de pronto salieron los gladiadores que me llamaron poderosamente la atención.
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Me quedé perplejo y a pesar del tiempo transcurrido, reconocí sin dudarlo ni un instante a uno de aquellos: Era algo más musculoso y algo mayor que cuando lo vi la primera vez pero era el sin duda…..¡¡PLINIO!!.. Aquel gladiador Secutor era PLINIO. El jefe de los asesinos de mi familia.
No pude quitarle ojo de encima y vi como en menos de dos minutos mataba a su oponente, un gladiador bajito y regordete que seguramente era algún delincuente, ante la complacencia de todos los espectadores.
Luego me enteré de que Plinio era uno de los más famosos; Un desertor que había elegido ser gladiador y que posiblemente conseguiría su libertad si mataba a otros veinte contrincantes, adversarios que siempre eran delincuentes y que por tanto no estaban habituados a las luchas de gladiadores.
Por mi tío me enteré que el gigantón ya había sucumbido en una lucha contra otro experimentado gladiador, gladiador que cayó después cuando se enfrentó a Plinio, contra todo pronóstico.
Sin duda Plinio era un gran gladiador que había vencido en su primer encuentro a uno y después a otro, dos auténticos gladiadores. Después ya solo se enfrentaba a los no experimentados, delincuentes y esclavos; algo difícil de conseguir ya que como vi. durante todas las confrontaciones, los gladiadores vencieron siempre a los delincuentes y esclavos que eran abatidos rápidamente.
Aquel espectáculo era una forma de eliminar sin problemas a los delincuentes y aunque todos morían, cuando se les proponía elegir, aunque lo sabían, escogían luchar contra los gladiadores siempre, preferían morir luchando antes que crucificados y con la remota posibilidad de vencer cosa improbable pero que con Plinio resultó una sorpresa.
Además, la elección solo les era concedida cuando el delincuente presentaba un aspecto de fortaleza aceptable o bien en las ocasiones en que se necesitaban y no había muchos para elegir.
Aparte de los delincuentes, también se empleaban esclavos que eran forzados a luchar contra los gladiadores sin ninguna otra opción ya que en el caso de haber pocos delincuentes disponibles, eran comprados para tal finalidad sin derecho ninguno.
Pero volvamos a mi historia.
Ahora mi venganza se limitaba a este hombre, un gladiador muy peligroso que si no me daba prisa seguramente conseguiría la libertad y sería difícil o imposible localizar.
Esta casualidad era una oportunidad insoslayable y aunque difícil, mi única ocasión de vengar a mi familia como me estaban pidiendo en todos mis sueños, mis hermanos y hermanas, mi madre, mi padre y mi corazón.

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Al día siguiente, apenas amaneció, sin siquiera desayunar, antes de ir al colegio me dirigí presuroso y me suscribí en la escuela de luchadores de grecorromana, que estaba situada junto al templo de Hércules ya que en la de gladiadores, me informaron que no me admitían debido a mi edad.
Posiblemente con la mediación de mi tío hubiera podido acceder a la formación de gladiadores pero eso me hubiera obligado a dar explicaciones
capciosas y como nunca mentí no quise hacerlo, así que estuve pendiente de los combates de gladiadores, viendo que al paso que se iban celebrando los encuentros tenia al menos un par de años de tiempo para ponerme a un nivel adecuado.
Tal como había pensado en un solo año dedicando el mayor tiempo posible a entrenarme y hacer los ejercicios necesarios logré cambiar mi aspecto juvenil demacrado en el de un atleta robusto y ágil. Un atleta admirado por todos, pero cuya meta solo consistía en vengar con la muerte de Plinio las terribles humillaciones que aquel malvado había infringido a toda mi familia hasta matarlos. Esa era mi meta, la venganza, una obsesión que me atormentaba día y noche convirtiendo mi vida en un infierno.
En menos de dos años conseguí superar a todos los luchadores del gimnasio, hasta vencer a los mejores, no solo de Roma, si no de Grecia, Turquía, Egipto, Hispania y otros países, consiguiendo ser campeón de todo el imperio romano.
Llegado a esta situación, pensé que era el momento idóneo de vengar a mi familia.
No puedo ni debo perder más tiempo, la sangre derramada a de ser vengada.
Mis padres adoptivos creían que me entusiasmaba la lucha grecorromana y que por eso me levantaba diariamente muy temprano para correr por la montaña y la ciudad solo acompañado por el eco de mis pisadas y luz de la Luna antes de despedirse y dar paso al Sol, y que por eso después de mis estudios y de comer me iba al gimnasio donde entraba el primero, me pasaba horas levantando pesas y ejercitándome en toda clase de aparatos como, trapecio, paralelas, remo, potro, lanzamiento de disco, jabalina, anillas, salto, etc. terminando con la práctica de la lucha durante al menos una hora diaria. Y cada día ya anochecido, salía del gimnasio el último.
Había llegado la hora de la verdad, así que fui personalmente al Circo Máximo para hablar con el dirigente o promotor de espectáculos y le dije: Soy el campeón de lucha Grecorromana de todo el Imperio Romano y vengo a retar al gladiador Plinio si este no tiene objeción.
El dirigente del circo me miró sonriendo y me contestó.
-El gladiador no puede objetar nada, ha de luchar contra quien se le ordene, pero… ¿Cómo piensas luchar contra este gladiador si no tienes ni idea de
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cómo se lucha en esta clase de litigios que normalmente termina con la muerte del oponente? Ten en cuenta que la lucha grecorromana no se parece en nada con la de gladiadores, medita lo que te digo, eres libre de retar a quien quieras pero piensa en que esto no es un juego y puedes morir. ¿Sabes manejar la espada o algún arma en especial?
La cara del promotor de combates se puso lívida cuando le dije:
-Soy luchador de grecorromana y a Plinio lo reto a luchar sin armas, aunque él puede usar las que quiera, no le temo.
Cuando el promotor oyó esto se quedo asombrado, lo noté por la cara de sorpresa que puso y me dijo:
-Escúchame atentamente joven, te voy a dar un consejo de amigo: Olvida este asunto. No sabes donde te metes. Medita bien lo que haces. Yo no te pongo ningún inconveniente, al contrario, para mi sería un buen negocio anunciar esta pelea, sin duda esa novedad llenaría el estadio, pero no digas que no te he advertido del gran riesgo al que te enfrentas. Mira, piénsalo bien durante una semana y luego si te sigue interesando me lo comunicas.
Mi respuesta fue inmediata.
-No tengo nada que pensar estoy seguro que venceré a Plinio y acepto lo que haga falta para luchar contra él.
El promotor me miró de arriba abajo con escepticismo y tras carraspear, solo musitó entre dientes.
-Tú serás campeón de todo el mundo de la lucha esa, pero debes estar algo loco o tener ansias de fama tan enormes que no te das cuenta de lo que haces.
Date un día al menos para decidir, hazme caso. Lo digo por tu bien, te hablo como si fueras mi hijo.
Para no contradecirle más, viendo que no podía convencerle fácilmente le propuse:
-Esta bien, lo pensare durante toda esta noche y mañana si me decido vendré y usted aceptará como me ha prometido ¿De acuerdo?
No muy convencido el buen hombre contestó malhumorado.
-¡De acuerdo!
Y repitió en voz apenas perceptible:
-De acuerdo.
Aquella noche dormí tranquilamente, no tenía nada que pensar, estaba completamente decidido, solo soñé con mi madre que me decía ¡Adelante hijo mío, haz pagar a ese miserable lo que nos hizo!
Al día siguiente a la misma hora ya me encontraba de nuevo ante aquel promotor del circo Máximo. Le expliqué que lo había pensado muy bien y que estaba decidido a luchar sin armas contra Plinio.

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El promotor que se llamaba Octavio exhaló un largo suspiro y dijo mirándome con tristeza, como abatido.
–De acuerdo, hágase la voluntad de los dioses. El próximo día de circo será el primer sábado del mes que viene y asistirá el emperador.
Recuerda que debes estar preparado y dispuesto un día antes para lo cual te iremos a buscar a tu domicilio. Hoy mismo empezaré a publicar el combate. La suerte esta echada.

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CAPITULO IV

EL COMBATE

Solo faltaban un par de semanas para el combate pero no tuve ni un momento de sosiego pensando en todo lo que había acordado con Octavio el promotor del estadio Máximo, llegando a la conclusión de que algo de razón tenía con sus advertencias, la lucha grecorromana no era igual que la de gladiadores.
La lucha de gladiadores era a muerte y la de grecorromanos, no.
En mi especialidad un combate estaba dividido en dos partes de tres minutos con un descanso entre ellas de dos, mientras que en la de los gladiadores no existían tiempos ni reglas de pausas de ninguna clase, claro que siempre luchaban con hombres de inferior categoría y aunque iban complementados con similares armas y protecciones, la ventaja era a favor de los gladiadores oficiales tan enorme que aquello era verdaderamente un escándalo en la que los contrincantes apenas aguantaban unos minutos antes de ser atravesados o con la cabeza cortada de un mandoble de la espada o el puñal del gladiador experimentado.
Después de meditar en estos inconvenientes empecé a darme cuenta de que me estaba metiendo en un conflicto muy serio.
La única solución que vi era desdecirme, anular mi participación, pero no quería quedar como un cobarde, no solo ante la gente, si no ante la historia y mis antepasados a los que debía vengar en esta ocasión tan propicia que quizás no se volvería a presentar nunca más.
Por tal motivo dejé de lado mis estudios, y me dediqué en cuerpo y alma a entrenarme en todos los ejercicios y especialmente en aumentar mi resistencia. Si moría en el empeño que no fuese por mi culpa, ni por desinterés por mi parte.
No me atreví a poner en conocimiento de mis padres el lío en que me había metido para evitar que me hicieran desistir y para evitar dar explicaciones enojosas.
Lo de Plinio era cosa mía y no debía complicarlos a ellos.
Y pasó el tiempo.
Cuando vinieron a buscarme dos soldados empleados del estadio mis tutores no comprendían nada y pensaban que podía existir algún error.
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Fue mi padre el que me preguntó con cierto sobresalto:
-¿Qué has hecho? ¿Porque te vienen a buscar estos soldados?
Intentando quitar importancia al problema les dije simulando tranquilidad:
-No pasa nada solo es que tengo un combate importante mañana en el estadio circo Máximo.
Realmente ya imaginaban algo por haberse publicado, pero supusieron que fuera otro ya que no decían mi nombre en la publicidad que era bastante confusa, porque al promotor del estadio le advertí que no dijesen ni mi nombre ni que era el campeón del Imperio Romano, que solo divulgasen que un campeón de lucha grecorromana lucharía sin ningún arma contra un famoso gladiador armado.
Cómo era costumbre debía pasar las veinticuatro horas antes del combate en la escuela de Gladiadores.
Estando allí, Plinio se me acercó preguntando:
–Tengo la impresión de que te he visto antes. ¿No serás tú el que se me enfrentará mañana desarmado en el estadio?
Cómo si la cosa me fuera indiferente sin volverme siquiera le contesté:
–Claro que me has visto antes ¿Acaso has olvidado aquella familia que hace unos años asesinaste sin compasión en una villa grande de campo que se llama Villa Azul y robaste todo el dinero huyendo cobardemente con otro grandullón, cuando llegaron los legionarios policía y aniquilaron a tu maldita banda de sinvergüenzas? ¡Ahora tendrás que matarme a mí que he venido a vengar a mi familia… ¡si puedes!
Con evidente soberbia, al reconocerme exclamó
-Bien, ya veo, ya veo quien eres, mañana liquidaremos este asunto, pero esta vez no saldrás tan bien librado como la otra, Esta vez no te salvará nadie. Ya puedes empezar a rezar al dios Marte, o a Júpiter. Te doy a elegir al que te caiga mejor,¡¡ jajaja.!!
Se fue riendo diciendo a otro en voz alta para que lo oyesen todos, seguramente para intimidarme.
-Ese jovencito es el que mañana sin armas luchará contra mi y mataré. ¡Debe de estar loco!
Aquella noche dormí sobre una alfombra de las que allí habían para los visitantes, normalmente los que debían luchar al día siguiente y lo más curioso es que dormí de un tirón, profundamente, encontrándome al día siguiente en perfectas condiciones, lo que me pareció una buena señal.
Durante toda la mañana los gladiadores estuvieron entrenándose cambiando golpes de espada unos, y otros tirando la red que portaban atada a una muñeca a la vez que simulaban rematar a su oponente imaginario con el tridente, mientras yo por mi parte los observaba con suma curiosidad.

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Los contrincantes sentenciados, aparte de mi, debían encontrarse en otro lugar ya que no vi a ninguno
Sobre la hora tercia empezamos a oír las trompetas y timbales que anunciaban el comienzo del espectáculo. Luego al toque de aquellas
trompetas fuimos enterándonos de los cambios que se iban realizando Finalmente, sería la hora sexta, el promotor llegó seguido por los otros gladiadores sentenciados y nos mando formar para salir a la arena indicándonos la rutina que se acostumbraba realizar.
-Ahora, cuando salgáis tenéis que ir hasta poneros en fila, frente al palco del Emperador y lo saludareis con el brazo extendido, la frente elevada y finalizáis con la típica frase en voz alta, que la oigan todos:-AVE CESAR, LOS QUE VAN A MORIR TE SALUDAN- ¿Entendido?
Inmediatamente formamos tal como Octavio el promotor nos indicó, saludamos y enseguida nos pusimos a pelear en medio de aquella arena que
rápidamente se fue tiñendo de sangre y llenando de cadáveres, cadáveres que eran arrastrados hasta la puerta de la muerte desapareciendo para siempre, donde serían despedazados para alimentar a los animales salvajes, cómo leones, tigres osos y otros que enjaulados en unos túneles bajo la arena estaban dispuestos para próximos números circenses.
Plinio verdaderamente era muy peligroso, su espada era manejada con suma destreza y me las veía muy apurado para esquivar tantos ataques que enviaba sin descanso. Al mirarlo a la cara vi que estaba muy nervioso al comprobar que ya todos sus compañeros habían concluido su cometido sin problemas. En su mirada creí adivinar su prisa asesina y yo aún no había iniciado ni un asalto dedicándome a esquivar y esquivar tantos ataques que por arriba, abajo y por los flancos me hacia con desespero.
Por un momento pensé que a este ritmo, en cuanto me descuidase un solo instante, todo habría acabado para mi, no podía despistarme ni un segundo, tenía que espabilarme y actuar en algún sentido así que en uno de aquellos ataques conseguí además de esquivar agarrar el brazo a mi odiado enemigo y voltearlo sobre mi hombro lanzándolo al suelo violentamente esperando romperle el brazo o algún hueso.
Lamentablemente, se levantó de un salto y a pesar de haber perdido en el volteo el escudo que yo envié lejos de una patada, no se amedrentó, en la mano que antes tenia el susodicho escudo, como por arte de magia apareció una daga, que utilizó para atacar junto con la espada.
En uno de aquellos ataques, recibí una puñalada en el brazo, lo que me irritó sobremanera y antes de que retirase el puñal logré agarrarle y darle un fuerte cabezazo en la nariz quedando un poco desconcertado, aunque no tanto como para dejar de atacarme aún con más ahínco, y cuando otra vez intentó atravesarme con la espada lo agarré nuevamente del brazo y de una
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pierna elevándolo sobre mi cabeza y dejándolo caer sobre una de mis rodillas, cayendo desmedajádo al suelo. Eso le debió hacer daño en los riñones y aproveché su sorpresa para hacerle una llave sobre el cuello con la intención de asfixiarle sin darme cuenta que su brazo empuñando la daga
la empleó para darme otro tajo en el mismo lugar del brazo de antes y por el que estaba perdiendo mucha sangre.
Una hora después el combate continuaba en similares condiciones, mi enemigo atacaba sin tregua para acabar conmigo y yo desesperado esquivando sus ataques.
Después de dar un salto logré golpearle en la cabeza y me lancé con la intención de quitarle la espada que tanto me estaba fastidiando pero nuevamente el puñal esta vez me lo clavó en un muslo. En mi desesperación en algunas ocasiones le di varios puñetazos y hasta un mordisco en una pierna, cosas ambas prohibidas en la lucha grecorromana.
El tiempo iba transcurriendo y ya habían pasado más de dos horas de lucha encarnizada, la posición del sol empezaba a declinar llenando de sombras el inmenso estadio. En ese momento me encontraba exhausto, si mi contrincante se encontrase mejor, el combate ya habría terminado hacía rato, y era tanto el dolor que me producían las heridas que apenas percibía el inmenso griterío del público que rebosaba las gradas.
No comprendo que me sucedió en aquel momento, quizá la sangre que había perdido me hizo verlo todo desenfocado, me tambaleé, perdí el equilibrio, y caí al suelo completamente mareado y sin fuerzas, intenté levantarme y no pude de tan agotado que me encontraba, momento que Plinio aprovechó para elevar la espada y … En aquel instante vi como la espada señalaba mi corazón y no tenia fuerza para esquivarla . Cerré los ojos vencido y fue entonces cuando escuché un gran alboroto de unos que gritaban al gladiador ¡MATALO! ¡MATALO! ¡MATALO! Y otros que pedían al emperador ¡PERDÓNALO! ¡PERDÓNALO!¡PERDÓNALO!
Haciendo un gran esfuerzo abrí los ojos y vi al emperador en su palco rodeado por su guardia imperial y su familia levantando el puño cerrado y que tras mirar aquí y allá sacó el dedo pulgar y lo puso mirando al cielo. ¡Me había salvado!
Cerré los ojos y debí perder el conocimiento porque cuando los volví a abrir me encontré acostado sobre un lecho de algodones con los ojos de mi madre adoptiva que me miraba llorando.
Luego me enteré que cuando un luchador cae desmadejado, que ha luchado con honor y furia es merecedor de la indulgencia del emperador, sobre todo si es aclamado ese perdón por el público asistente.

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Muchas personas pidieron el perdón por mi forma de luchar y les debí caer bien, aunque quizás, la clemencia me llegó por que mi tío el senador que estaba muy cerca del Emperador le envió alguna señal de súplica.
Una cosa que recordaré siempre es que en el momento en que iba a morir, por mi mente pasaron los recuerdos más importantes de toda mi vida.
Algo extraordinario que creo haber oído en varias ocasiones que les sucedió a otras personas en momentos muy críticos.

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CAPITULO V

RECUERDOS

Mi nombre Longino me lo pusieron en memoria de mi abuelo Longino que en los tiempos en que estuvo con Julio Cesar durante los ocho años que duraron las guerras de las Galias se comportó muy bien ayudando al gran hombre a escribir varios libros contando las campañas victoriosas del ejercito romano que luchó de una forma irregular teniendo que atravesar el Rin huyendo y volviendo al ataque en varias ocasiones.
El caso es que cuando Julio Cesar llegó triunfador a Roma, y consiguió alcanzar el titulo de dictador vitalicio, premió a mi abuelo que en aquel entonces se licenció del ejército, con todas las tierras de las que sus hijos y yo ahora hemos disfrutado.
Mi abuelo conoció a Minerva y se casó con ella teniendo dos hijos, mi padre y mi tío Ovidio, hoy mi tutor y padre adoptivo, senador romano.
Posiblemente, creo, por los comentarios que se hacían en casa que mi tío Ovidio fue muy estudioso pero que alguna influencia favorable pudo tener de Julio Cesar cuando este se alzó como emperador.
Eso era lo que se comentaba en casa con cierto tono de admiración y supongo que también algo de envidia, aunque de todas formas no creo que mi padre tuviese envidia de su hermano ya que por ser el hijo mayor heredó la inmensa cantidad de tierras que tanto dinero y poder nos hizo disfrutar, mientras que mi tío se tuvo que conformar con un porcentaje mínimo de tanta riqueza agrícola
Verdaderamente mi abuelo era para mi un ser muy especial, estoy seguro que si hubiera estado cuando aquellos desertores nos atacaron y nos humillaron tan alevosamente, el hubiera actuado de alguna forma heroica como lo hacía siempre cuando luchaba codo a codo con Julio Cesar en la guerra de las famosas Galias de la que tantas batallas me habló.
Fue una lástima que en tal ocasión mi querido y nunca olvidado abuelo ya hubiera fallecido siete años antes, claro que pensándolo bien no creo que a la edad de noventa y dos años un hombre por muy valiente que hubiese sido en su juventud, podría hacer gran cosa en tales circunstancias, y a esa edad.
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Recuerdo cuando me contaba aquellas batallas contra las tribus autóctonas en las que aparentemente parecían no ser difíciles de vencer y luego
resultaba que combatían tan unidas y con tal furia que nos producían miles de bajas.
Aunque decía mi abuelo, cuando teníamos que redactar los resultados, Julio, nunca me dejaba ni siquiera insinuar que habíamos tenido tales descalabros. Y se ponía muy enfadado esgrimiendo que en nuestra historia nunca se debe presentar un estado de frustración ni desaliento y que lo que contaba era el final que siempre teníamos que ser optimistas y valorar todo paso dado en la dirección triunfalista. Por eso cuando se lee alguno de aquellos libros siempre se perfila la imagen de un ejercito invencible, un ejercito sin fisuras, un ejercito Romano.
La palabra romano, aseguraba Julio Cesar muy ufano, que era la palabra más importante en la historia universal.
Un día muy triste de aquellos en que dejamos más de mil legionarios muertos en el campo de batalla, mi abuelo se negaba a escribir en aquel libro que habían sido derrotados y al discutirlo con el gran hombre, mi abuelo alegó:
Creo que en esta ocasión hay que escribir la verdad aunque sea presentándola atenuada, al fin y al cabo hemos ganado mil batallas y esta
derrota no significará gran cosa.
A lo que Julio Cesar enfadado le contestó:
— Mil victorias jamás justificaran una derrota
Mi abuelo siempre me animaba a estudiar para llegar a ser un hombre culto y justo, asegurando que el futuro se lo imaginaba muy distinto y solo las personas instruidas serán tenidas en cuenta como lo fue él en su tiempo. Me quedé muy deprimido cuando falleció a la edad de noventa y dos años, aquella depresión me tuvo muy triste durante mucho tiempo.
Solo cuando conocí a Venus, una preciosa camarera de la que me enamoré locamente me fui normalizando, Pero esa es otra historia que os contaré más adelante, ya que fue muy complicada y ahora no sé como empezar.

La cabeza algunas veces no quiere recordar lo imposible de olvidar.
Conocerte fue fácil, conquistarte difícil, olvidarte, imposible.
Supongo que con esa frase ya tendrás una ligera idea de mi infortunio amoroso que marcó un tiempo lleno de tristeza de mi vida.
No quisiera pasar por alto a mis otros abuelos, los padres de mi madre.
A mi abuela Fabiola no la llegué a conocer porque cuando mi padre y mi madre se casaron, falleció un año después y yo era un bebé aún.
Mi abuelo Liberto también fue un legionario que estuvo en varios conflictos bélicos de su tiempo, y como era costumbre que al licenciarse se
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les daban tierras para que las cultivasen y se ganasen el sustento, a él le otorgaron una cantidad no tan extensa como a mi otro abuelo Longino,
pero suficientes para mantener a su familia y cuando falleció Fabiola mi abuela, la madre de mi madre, Lucía.
Como mi madre era hija única, al heredar aquellas tierras que colindaban con las nuestras pasaron a unirse al patrimonio total de la familia.
No puedo decir que mi padre fuese un mal progenitor, ni mucho menos, mi padre también tuvo una juventud agitada pero de otra naturaleza, siempre estaba atento con el trabajo y su familia, y desde que heredó, su vida se le complicó mucho, pero para contar su historia he de volver a mi abuelo Longino ya que los dos eran muy distintos y para entender a uno se necesita comprender al otro.
Mi abuelo Longino siempre intentó crearse un futuro glorioso y nunca cejó en su empeño por llegar a lo más alto que pudiera, no importando los desvelos y sacrificios que tuviera que vencer.
Antes de ser movilizado se casó con mi abuela Minerva con la que tuvo dos hijos, mi padre y mi tío Ovidio, el que actualmente es mi tutor y padre adoptivo como ya he explicado antes.
Después del nacimiento de mi tío Ovidio, su madre Minerva mi abuela enfermó gravemente y falleció meses después quedando mi abuelo Longino muy afectado, tanto que dejó su trabajo de abogado y se alistó en el ejercito en el que por sus conocimientos, fue destinado como asesor de Julio Cesar, entonces general de las tropas que irían a la conquista de nuevos territorios para Roma. En cambio a Liberto mi padre le importaba muy poco la cultura y el futuro, siendo toda su inquietud dirigida a divertirse en orgías burdeles y la conquista de mujeres que normalmente se rendían ante su desbordante simpatía y por que no decirlo, su impresionante figura de un metro ochenta y cinco Como es natural según tengo entendido por lenguas de doble filo, que nunca sabe uno a que carta quedarse, mi padre en su juventud alocada se encontró con muchas dificultades, especialmente con los padres de una de aquellas novias, precisamente con los padres de mi madre Lucia, por lo que mi padre que siempre fue condescendiente ante las buenas razones decidió casarse con mi madre de la que nací yo apenas un mes después de la boda.
Solo quedan en mis recuerdos lo concerniente a nuestra vida que cómo ya sabes, los primeros años, pasaron sin pena ni gloria hasta el día, o mejor dicho, la noche en que Plinio y sus secuaces llegaron y nos destrozaron la vida, nunca mejor dicho.
Estos recuerdos que os he contado fueron los que pasaron por mi mente un poco revueltos en aquellos segundos cuando rendido, creí que Plinio me iba a matar.

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Posiblemente ya solo recuerdo lo más destacado debido a tantos años cómo han pasado y he dejado retazos de mi infancia y del trato con mi familia, pero eso no es muy importante , al fin de cuentas y aunque no lo creamos la vida es tan breve que no es de extrañar que un moribndo la vea en toda su amplitud cuando llega su final.

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CAPITULO VI

GLADIADOR

Después del estruendoso fracaso en el enfrentamiento que tuve en el circo Máximo en el que luché desarmado contra el gladiador Plinio con todas sus armas y experiencia en tales peleas, mis ansias de venganza se acrecentaron haciendose más persistentes y feroces, no pasaba un minuto del día en que no pensase en mi familia aniquilada por él y sus asquerosos compinches; Por eso mi ánimo se estaba endureciendo y no paraba de soñar con una venganza basada en la antigua Ley del Talión —Ojo por ojo, diente por diente- Lo justo sería buscar la casa de su familia y aniquilarlos de forma semejante a cómo él lo hizo con la mía.
Claro que para obrar así yo debería tener instintos criminales como él los tiene: –Es imposible que una persona sin saber nadar atraviese un mar embravecido braceando locamente.– Además de volverme un ser criminal, debería encontrar una pandilla de asesinos sin pudor ni vergüenza de ninguna clase y no creo que en el mundo pudiese reunir a tantos asesinos juntos, cómo aquellos.
Pese a estas reflexiones en mi ánimo seguía aumentando el odio hacía este individuo, y en sueños, mi familia me imploraba que no los olvidase y los vengase ya que su descanso no sería completo hasta el momento de ver a Plinio retorciéndose, ardiendo en el infierno.
Agobiado por tan nefastas ideas y ensueños estuve inmerso durante muchos días, mis padres adoptivos notaban mi desasosiego sintiéndose algo confusos, no comprendían que por haber perdido un combate me encontrase tan extraño y preocupado que casi ni me alimentaba.
Una voz interior me aconsejaba que les explicara el motivo de mi estado inquietante.
Contarles que Plinio era el jefe de aquellos criminales que humillaron y asesinaron a toda mi familia, el hombre instigador de

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una banda de asesinos infames, pero otra voz me advertía de los peligros que eso conllevaría.
Sería compartir el mismo problema con ellos que no tenían culpa para cargar con más sinsabores; eran mayores y saber los porqués de las inquietudes que en mi habían podría enfermarlos o al menos amargarles el resto de sus vidas.
Pese a las preguntas de Ovidio y Agripina mis padres adoptivos, que no imaginaban ni remotamente tan extraño comportamiento, yo seguía pensando que no había otra solución que acabar con Plinio y terminarían mis amarguras.
Aquel individuo estaba sobrando en este mundo, era un mal bicho y podía hacer daño a otras personas, denunciarlo sería inútil, estaba detenido en el circo Máximo por criminal y si alguien advirtiera que yo era el superviviente de aquella masacre por la que fue apresado y estaba preso, yo podría tener graves consecuencias.
Nadie de mi actual familia debería saber que el gladiador que me había vencido era Plinio, incluso me extrañaba que él mismo no hubiera dicho nada, posiblemente no querría alardear de ser un
criminal de la peor calaña, un asesino implacable, ahora que parecía disfrutar del bando de los inocentes, y menos cuando estaba a punto de alcanzar la libertad y ser absuelto
No tuve que esperar mucho, apenas me alivié un poco de mis heridas, cuando aún me dolía el brazo, me personé en el circo Máximo, pregunté por Octavio el promotor y preparador de las peleas y cuando me atendió le dije:
–Gracias a usted he comprobado que para vencer a un Gladiador como Plinio no basta con ser el mejor luchador de grecorromana, ahora quiero aprender el manejo de las armas para ser el mejor en esta clase de lucha. Por eso he venido, deseo que usted me enseñe a luchar como un verdadero gladiador para que cuando esté en las debidas condiciones pueda probar a vencer a Plinio.
El Promotor se me quedo mirando como si no entendiera nada y exclamo lleno de evidente curiosidad:
–No entiendo porque tanta fijación con el Gladiador Plinio.No se me ocurrió ota escusa que contestar:
-Porque es el mejor, según tengo entendido.
Le contesté tal cosa simulando estar persuadido de lo que alegaba, a lo que Octavio el promotor dijo con total convicción.
–Los que te han informado, no saben lo que dicen, hay mejores a montones, no tienen ni idea. El mejor que tengo es Flavio.

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Un escalofrío recorrió mi espina dorsal. No debí afirmar la creencia de que Plinio era el mejor y por eso quería luchar contra él.
Ahora, para no complicar las cosas debería exponer otra estrategia, por eso dije intentando convencerle.
Bueno, la verdad es que desde que me venció le he cogido manía y me gustaría enfrentarme a él de nuevo y sacarme esa espina que me atosiga.
Octavio pareció comprenderme y amagando una sonrisa dijo:
-Eso es harina de otro costal, si ese es tú deseo me parece muy bien , la verdad es que a ese también le estoy cogiendo manía, por qué presume mucho de sus victorias y no es la primera vez que ha vencido a alguno que creí que lo vencería a él equivocándome y perdiendo varios gladiadores muy importantes.
Tú podrías ser un buen gladiador si te pusieras a entrenar un poco más, tu formación como luchador de Grecorromana es una ventaja que ellos no tienen y estoy seguro que con una espada serías invencible.
Yo creo que deberías hacer algunos combates antes de enfrentarte a los mejores entre los que verdaderamente se encuentra Plinio.
Me pareció buena idea la del promotor y como no podía elegir otra opción más lógica acepte esa opción con la satisfacción reflejada en mí cara pensando que una imagen vale más que mil palabras.
A partir de aquel día sin faltar ni uno acudí al gimnasio donde me fui instruyendo hasta que el promotor me diera la señal de iniciar un programa de combates que me condujese a mi objetivo.
Plinio siempre estaba pendiente de mis avances imaginando seguramente que tarde o temprano nos volveríamos a ver las caras en las arenas del estadio.
Mis avances se iban desarrollando de forma muy rápida y raro era el día en que no fuera felicitado por algún otro gladiador cómo Flavio, el que se suponía invencible por su historial, que me aseguró con pleno convencimiento.
Miedo me daría enfrentarme a ti, eres un luchador asombroso.
Tu forma de pelear jamás podrá ser mejorada.
Has mezclado la lucha grecorromana con la de gladiador y creo que eso te hace invencible.
Nunca he visto a nadie con tanta agilidad, haciendo esos quiebros, esas llaves y ese talento manejando la espada y el puñal.
No quisiera enfrentarme a ti ni en broma.

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Si Flavio era el mejor gladiador y afirmaba que me temía ¿Qué opinaría Plinio?
Pero cuando más cerca me encontraba de mi objetivo, me di cuenta que a Plinio hacía varios días que no lo veía por el gimnasio.
Y al preguntar por él solo me informaron de lo que me temía.
Plinio ha sido liberado, consiguió el número de victorias necesarias y su pena ha sido extinguida, supongo que eso te alegrará ya que tienes un enemigo menos a batir.
Cuando me informaron de la liberación de Plinio me sentí completamente derrotado, lo que debieron notar los que allí estaban ya que uno me preguntó
-¿Acaso esa noticia no te alegra? Te has quedado blanco.
No contesté, me fui y no volví al gimnasio, nada más que para despedirme de mí amigo Octavio el promotor y los otros gladiadores con los que ya había hecho amistad e indagar por si sabía alguien donde podía ver a Plinio.
Fue el mismo promotor quien me puso al corriente.
-Lamentablemente nada sabemos. Cuando alguien conquista su libertad no se le pregunta nada, desde ese momento su destino no nos interesa. Ni tenemos derecho a saberlo.tenemos Es más ni tan siquiera podemos investigar su paradero a menos que fuese por un asunto familiar , lo que no es tú caso, ni creo que te pueda interesar.
Ante tal lluvia de argumentos solo se me ocurrió maldecir..
-¡Maldita sea, ahora que ya casi lo tenia, el pájaro ha volado!
Octavio me observó dubitativo antes de comentar.
-¡No te preocupes, ese te ha cogido miedo al ver tus avances!

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CAPITULO VII

Buscando a plinio

Desde que Plinio fue liberado, no he dejado ni un momento de buscarlo por todas partes sin encontrar la mínima pista, es como si se lo hubiese tragado la tierra, todas mis pesquisas han resultado infructuosas, inútiles.
Conociendo sus aficiones he acudido a todas los sitios donde supuse que lo pudiera localizar, lugares muy reservados cómo burdeles, ya que sabia sus aficiones. Estos lugares no me resultaron difíciles de encontrar, por suerte conocía a algunos jóvenes de mis andanzas juveniles que los conocían muy bien, solo tuve que ponerme en contacto con uno y este que se llamaba Lucio se ofreció a acompañarme extrañándose algo cuando advirtió que en realidad lo que yo buscaba era a un hombre.
La verdad es que debió extrañarse demasiado porque a partir del dia que supo que lo que me interesaba era un hombre cada vez que iba a buscarlo me recibía con excusas para no acompañarme, Y o naturalmente no le conté mi problema con Plinio , no me pareció conveniente ir contando a nadie mis problemas. Los sitios donde se organizaban orgías no me resultaron tan fáciles de visitar, Lucio, no se porque se negó a investigar, lo que me obligó a buscar a algún experto en el tema; tras mucho indagar me eché la mano a la cabeza y me dije: Mira que soy tonto, las orgías son realizadas con la intervención de prostitutas normalmente, así que tuve que volver a uno de aquellos prostíbulos, elegí a la que me pareció más guapa de las mujeres que allí habían y una vez le pagué lo estipulado le dije:
Yo iré detrás de usted, ¿De acuerdo?
Seguí a la chica por una escalera sombría y cochambrosa hasta un piso en que entramos a una habitación no menos sombría y cochambrosa en donde la chica empezó a desnudarse.
-¡Un momento, por favor, no he venido para eso, solo quiero hablar contigo un rato!
Casi le supliqué azorado.
La chica que aparentaba unos treinta años me miro muy sorprendida como si yo fuera un bicho raro y muy enfadada alegó.

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-Tanto musculito y resulta que no le gustan las mujeres, no si cuando yo digo que en esta vida te encuentras de todo. ¿Y de que quieres que hablemos? ¿De mariconadas?
Estoy buscando a un amigo que se llama Plinio Es algo mayor que yo, tendrá unos treinta años aproximadamente, yo tengo veintitrés y como no lo encuentro por ningún lado he pensado que quizás en algún lupanar o donde organizan orgías lo pueda localizar. ¿Tú sabes donde hay alguno de esos sitios?
La hermosa prostituta me miró con rudeza antes de contestar:
-Precisamente mañana tengo que ir a una orgía.
-Me gustaría ser tu acompañante, pagando lo que digas, claro.
-Eso no puede ser, pero si quieres puedo indagar por ti. Y eso te lo haré gratis, para que veas que las mujeres tenemos cosas buenas.
Cómo no me gusta que nadie me tome por lo que no soy le advertí:
-Creo que hay un mal entendido, a mí como a todos los hombres normales me gustan las mujeres, lo que pasa es que no tengo costumbre de estas cosas, y si busco a uno es por asuntos de negocios. No me gusta que me confundan.
La chica me miró y haciendo un mohín de complicidad preguntó:
-La verdad es que no he conocido a ninguno que entre a mi habitación y no se me eche encima inmediatamente como un loco, por eso te he considerado como un bicho raro, perdona.
Mi contestación no fue meditada ya que de haberlo hecho no hubiera dicho lo que dije, su colaboración si se enfadaba habría terminado y eso no me interesaba en absoluto.
-Mira chica (le dije) Si me comporto de esta forma es porque he sido gladiador y soy campeón de grecorromana en todo el Imperio, los que realizamos esta clase de deportes tenemos muy en cuenta nuestro estado físico que especialmente en la lucha de gladiadores es importantísimo, hay que estar al cien por cien porque nos jugamos la vida. No lo digo por ti que estas muy lozana y dan ganas de comerte, pero he conocido a más de ún gladiador que tras estar con alguna de vosotras una noche perdió la vida al día siguiente, es más, conozco a otro que cogió una enfermedad sexual y ya no solo no puede luchar, ni tan siquiera correr diez metros sin asfixiarse.
Después de oir tales argumentos ella me dio la razón con las siguientes palabras.
-Haces muy bien de no fiarte de nosotras, si yo te contara casos te pondrías a temblar y saldrías de aquí lo más veloz que pudieras. En este oficio hay mucho peligro, no te fíes ni de mí ni de nadie.

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Te admiro como hombre. Un hombre capaz de controlar sus instintos vale por mil.
Me gustaría ser tu amiga, tu amiga Livia, para lo que haga falta y te aplaudo por ser como eres, aunque si todos pensaran como tú, las que nos dedicamos a este negocio nos quedaríamos sin clientela.

Recorrí con Livia todos los Prostíbulos también llamados lupanares, según que categorías.
En tales lugares igual encontrabas prostitutas que prostitutos.
En algunos lupanares de aquellos me tropecé con varios gladiadores conocidos que ganaban un sobresueldo ejerciendo el oficio más antiguo del mundo.
Loa gladiadores tenían mucho éxito tanto con hombres como con mujeres, estos antiguos compañeros no se extrañaron ni un ápice al verme por aquellos tugurios pensando que iba por allí para hacerles la competencia.
Siempre que me tropezaba con alguno de aquellos gladiadores en un lupanar y aprovechaba la ocasión preguntándoles por Plinio ya que ellos lo conocían perfectamente.
Después de estar casi dos semanas buscando a Plinio por todos los prostíbulos de Roma acompañado por Livia que conocía aquel submundo mejor que nadie, sin ninguna novedad, decidí cambiar el itinerario, iniciando un nuevo peregrinaje también con Livia que conocía algunos involucrados en ciertos lugares de vicio donde se reunían delincuentes y consumidores de drogas variadas.
En aquel ambiente, solo encontramos a una persona que nos habló de Plinio.
Livia conocía muy bien al tipo en cuestión al que pagué con unas monedas y hablo hasta por los codos todo lo que sabía.
Era este uno que vendía estupefacientes, drogas diversas a los pequeños traficantes y consumidores.
A Plinio lo consideraba más que amigo cómo cliente, y me dijo, ante unas copas de vino y el puñado de monedas acordado.
–Plinio. Antes de irse al extranjero a un lugar que no me quiso decir, me informó que estaba perseguido por una persona muy poderosa para matarlo.
Que estaba temeroso del poder de aquella persona y para que no lo encontrase nunca se iba a vivir a un lugar remoto donde nadie lo conociese y que se cambiaria hasta de nombre.

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Después de hablar con aquel delincuente, nadie más me ha sabido dar la más mínima información de su posible paradero, creo que se me ha escabullido de entre las manos cómo un puñado de aceite
cuando estaba convencido de que lo tenía atrapado. Ya solo me quedaba una remota esperanza, que el destino me fuera propicio.
Todos mis desvelos, mis sacrificios por situarme y rebasar su nivel cómo luchador y gladiador no me han servido absolutamente de nada. En aquellos momentos me sentia como un desgraciado burlado por otro desgraciado.
He derrochado cuatro años de mi juventud aprendiendo cosas que no me interesaban en absoluto.
Solo me movía el deseo de acabar con su vida y vengar a mi familia. Aquella familia inolvidable.
Ahora solo puedo presumir de ser campeón del Imperio de lucha grecorromana, cosa que me ha servido para atesorar títulos y dinero, algo que a muchos les llenaría de felicidad pero que a mi solo de tristeza, ya no se que hacer, me siento fracasado completamente.
Nunca olvidaré a mi familia. Ese pensamiento me persigue tanto de día cómo de noche, a todas horas, los horrores de aquella velada nunca se borrarán de mi atormentada mente.
En la elegante villa de mis tíos ahora mis padres, no entienden mi tristeza perenne, nada de nada, no comprenden porque tanto prepararme para ser gladiador y cuando me encuentro formado como el mejor, abandono sin haber hecho ni un combate, aunque eso les alegra porque les parecía una locura.
Un día hablando con ellos, no sabiendo cómo justificar mi decisión les dije que había cogido un poco de miedo a eso de luchar contra gladiadores, que históricamente todos terminan muriendo bajo la espada lanza o tridente de algún otro.
Uno de aquellos días mi tío Ovidio me dijo confidencialmente:
-Ya hace varios años que eres mayor de edad y deberíamos hacer cuentas.
Tu madre Agripina y yo hemos llegado a la conclusión de que tú tiempo de hacer locuras ha sido superado y deberías ocuparte de tus negocios, nosotros ya somos mayores y nos sentimos muy cansados de tantos problemas, necesitamos terminar nuestras vidas dedicándonos a disfrutar del tiempo que nos quede.
No creas que te vayamos a abandonar sin más ni más, tus tierras han dejado una cantidad de dinero considerable y eres rico, nuestra misión ha concluido satisfactoriamente,
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El día que quieras pondremos final a nuestra condición de tutela entregándote tus bienes.
No por eso como ya he dicho nos desconectamos de ti, al contrario te consideramos un hijo aunque seas de adopción y te vamos a querer siempre mientras que los dioses nos lo permitan.
Tienes todo nuestro cariño y te ayudaremos en todo lo que podamos siempre.
Mi tio Ovidio, entonces mi padre, mientras hablaba se iba secando las lágrimas como si se estuviese despidiendo para siempre, mientras mi tía madre, me miraba muy seria sin decir nada, observando cómo yo también me emocionaba.
Después, se apoderó de la estancia un silencio denso que duró un lapsus apenas unos segundos que aprovechó mi padre para seguir exponiendo otras cuestiones que yo ignoraba pero que eran esenciales.
-Seguramente sabes que los senadores y su familia directa tenemos prohibido manejar negocios, por eso cuando te adoptamos, los negocios de las tierras y todo lo de tus padres anteriores, ni yo, ni tu madre Agripina podíamos realizarlos por esa prohibición y por eso los pusimos en manos de una persona de confianza que ha actuado con suma honradez bajo mi vigilancia. Ahora esa persona que se llama Tácito Petelio ya ha envejecido como nosotros y también necesita que lo reemplacemos, por eso mismo debemos hacer cuanto antes la entrega de la villa Azul y sus bienes a tu persona. Deberás hacerte cargo de esos bienes lo antes posible.
Ya sé que esas cosas van a tropezar con tus aficiones, pero son tu futuro, debes tomar conciencia de esas obligaciones sin dilación o bien buscar a alguien que este preparado y dispuesto para hacerlo en tu nombre.
Nosotros hicimos lo que nos pareció mejor para todos.
Si no puedes o no deseas cargar con estas cuestiones financieras y agrícolas, me lo dices y te buscaré otra persona que lo haga como hasta ahora ha hecho mi amigo Tácito.
-(Vaya solo me faltaba esto para terminar de solucionar mis ansias de venganza) Pensé mientras mi cabeza daba vueltas intentando asimilar tantos problemas surgidos espontáneamente, así que me limité a sugerir:
Cuando terminó de hablar mi padre Ovidio, un escalofrío me sacudió todo el cuerpo, si me dedicaba a estos asuntos, podía dar

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por olvidado a Plinio y esoera tan imposible para mi como dejar de respirar. Por eso le contesté sin pensarlo mucho.
No sabes lo mal que me viene este cambio en estos momentos que tengo que revalidar mi titulo de campeón de lucha con varios combates que ya están programados.
Si te parece bien di a Tácito que por favor me conceda un par de meses más y se cuide de mis negocios hasta que yo pueda hacerlo o encontremos a la persona idónea que lo pueda sustituir.
Después de esta conversación, pensé que tal vez Livia que conocía a tanta gente me pudiera ayudar, claro que las personas que ella pudiera conocer seguramente fueran de escasa confianza dado los lugares en que se desenvolvía, pero como me caía bien, al menos le daría un motivo para que me considerase un buen amigo y posiblemente en otra ocasión ella localizase una pista para encontrar al odiado Plinio, al que no me podía quitar del pensamiento, ni aquellas escenas en que abusaron de toda mi familia como si fueran perros y la aniquilaran después.
Nunca, por muchos años que viva podré olvidar lo que el y sus compañeros hicieron con mis hermanas, desvirgándolas follándolas y matándolas después ni lo que hicieron con mis padres que aún fue peor y con mis hermanos a los que les cortaron la cabeza. Esas cosas no podré olvidarlas nunca, he de poner a trabajar todas las opciones posibles para encontrar a ese asesino y Livia es una de las mejores. Solo la suerte me podia ayudar, no tenia otra alternativa para elegir.
No sin estudiarlo concienzudamente decidí contar a Livia mi problema, algo dentro de mi me indicaba actuar sin dilación.
La localicé al día siguiente en el prostíbulo donde ejercitaba y le pedí que me escuchase porque quería contarle algo muy delicado.
Nos sentamos en una mesa y pedimos algo para beber, ella un vaso de naranjada y yo de vino, vino que no llegué a probar
Resulta que un borracho se nos acercó sin ninguna delicadeza y cogió a Livia de un brazo tirando de ella a la vez que le gritaba.
-Vamos a follar que aquí no haces nada con este fantoche.
Ante tal insulto no me pude contener y me levanté de inmediato, pero al ver en que condiciones se encontraba aquel individuo le reprendí amablemente para que nos dejase en paz.
Por favor déjenos tranquilos y vaya a que le de un poco el aire a ver si se le baja la borrachera.
El borracho parece que no comprendió bien lo que le dije, ya que se abalanzó impetuosamente contra mi sin mediar palabra,
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consiguiendo que lo esquivase y le diera un empujón tirándolo al suelo. Momento en que otros tres que debían ser sus amigos se me acercaron rodeándome; uno por detrás intentó sujetarme para
que otro de ellos me atizase algún puñetazo o lo que es peor darme una puñalada, ya que uno malcarado la esgrimió con intención amenazante.
No creo que se apercibieran de nada, en un santiamén me desprendí del que me había sujetado por la espalda, dandole un cabezazo y después un puñetazo al que exhibía la navaja y al que quedó lo levanté en el aire y lo lancé contra la pared de la que al chocar cayó sobre una mesa ocupada por otros dos que hablaban de sus cosas.
El caso es que los dos que quedaron con conocimiento cogieron a los otros que lo habían perdido y sin rechistar se los llevaron a la calle para reanimarlos y ya no entraron dejándonos a los demás tan tranquilos.
Livia se quedó muy impresionada por mi reacción y forma de solucionar aquel pequeño conflicto, a lo que no di la mínima importancia por tratarse de cuatro borrachos sin idea de con quien se la estaban jugando.
Bueno te he venido a buscar para ver si tú que tratas tanto con personas, conoces a alguien entendido en comerciar con los productos del campo porque resulta que al morir mis padres las tierras que me dejaron de herencia fueron supervisadas por un hombre experto en el negocio de la agricultura y ganadería pero como ya esta muy viejo me ha dado un plazo de un par de meses para que me busque a otra persona que ocupe ese cargo.
-El sueldo es el diez por ciento de lo que se comercie que en este caso cada año supera los cincuenta mil .
-¿Cincuenta mil, que?
Me preguntó ella un poco sorprendida al no entender bien de que monedas hablaba.
-Denarios de plata
Contesté sonriendo muy ufano
Con los ojos desorbitados por la sorpresa, ella comentó:
-¿No me tomas el pelo? Porque si ganas tanto debes ser rico y la verdad, hay cosas que no comprendo.
¿Si eres tan rico que haces buscando al PLinio ese del demonio y ahora a otro tio comerciante?
Yo misma he estudiado economía y sin embargo nunca encontré trabajo porque siempre preferís a tíos.
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-A las mujeres solo las queréis para practicar sexo.
Tras un breve intervalo de silencio, añadió:
– Perdona a ti no me refería, a ti no te entiendo, eres el tío más extraño que he conocido y he conocido tíos a montones. En fin así es la vida.
Deje a Livia que se explayara a gusto contando lo de los tíos pero lo de que había estudiado economía me dejó un poco sorprendido y le pregunte a bocajarro.
-Si tanto sabes, si tanto has estudiado dime… ¿Qué haces aquí ejerciendo como una triste puta?
– Mira chico, te consiento que me insultes cuanto quieras, quizás me lo merezco pero sepas que nunca he sido triste.
Sonreí y le contesté:
–Bueno pues te voy a decir una cosa, ya que me consideras un tio especial te voy a dar la oportunidad de tu vida.
Te voy a contratar para que controles mis negocios por un año y si lo llevas bien te haré un contrato indefinido ¿Aceptas? Piénsalo y deja esto, que no comprendo por que estas metida en esta vida. Mañana vendré aquí mismo con el contrato, si es que te sigue interesando.
Su respuesta estuvo repleta de gratitud al contestar:
¿Cómo que si me interesa? ¡Pero si lo que me ofreces es mil veces mejor que esta triste vida y no lo digo para que te rías, lo digo porque tengo necesidad de ganar dinero para mis dos hijos, un niño y una niña. Hijos que tuve a la edad de catorce y quince años con un niñato engreído incapaz de trabajar en nada y que nos abandonó
para ingresar en el ejercito donde dijo que le darían de comer y donde dormir sin trabajar. Lo que no sabía era que un año después moriría en combate.
Por eso al encontrarme sola en Roma sin otra familia que mis hijos, ya que mis padres fallecieron en una epidemia que asoló mi pueblo, no tuve más remedio que dejar mis sueños y dedicarme a esto.
No me ha gustado nunca hacer este trabajo, si se puede llamar así, no encontraba nada, y mis hijos tenían hambre, mucha hambre, y caí. Sabe Dios que esta vida me da náuseas pero el hambre de mis hijos había que eliminarlo o se me morirían.
No pude esquivar las miradas ansiosas y ofertas de los hombres.
Pero repito, sobre eso que has dicho de que soy una triste puta no estoy de acuerdo, yo nunca he sido nada de triste, mi carácter siempre fue muy alegre, si mi cara muestra seriedad, no es tristeza es decepción, indignación ante el desprecio que la sociedad
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establece contra mi, contra todas las mujeres. De eso me quejo. ¿Acaso una mujer que ha estudiado…No tiene el mismo derecho que un hombre que haya estudiado lo mismo?
Ahora, con tu oferta de un trabajo decente no sé que pensar de ti ¿Eres un rico caprichoso? ¿Acaso me parece un gran misterio eso de que busques al tal Plinio como si en ello te fuera la vida. Eres un ser muy diferente a todos los que he conocido.
Ante tantas preguntas no tuve más remedio que advertirla de algunos puntos que se me habían olvidado pero que eran importantes, por eso me acerque a ella y en tono confidencial le dije:
-Si aceptas mi oferta mañana te presentaré a mis padres adoptivos y ellos te irán informando de cuanto tendrás que hacer, ya que yo tengo otros proyectos y me verás muy poco. ¡Ah! Que no me olvide, cuando hables con ellos les debes hacer creer que mi ilusión ante todo es ganar combates y viajar, porque a partir de un día de estos creo que voy a buscar pistas por todo el mundo hasta que encuentre a Plinio y ni se te ocurra nombrarlo para nada, ellos no deben saber nada de ese hombre al que odio más que a nadie; si te digo todo esto es porque no quiero que ellos estén preocupados. Para que no te queden dudas sobre lo que me impulsa tanto a buscar a ese te lo contaré en breves palabras.
Plinio y una banda de desertores entraron en la villa Azul que era nuestra casa una noche y mataron a toda mi familia. A mis hermanas las desfloraron y después de violarlas cuanto quisieron les cortaron la cabeza, bueno no quiero explicarte más, el caso es que a mi me salvó una patrulla de policía que los perseguía por ser desertores legionarios, aunque Plinio que era el jefe de aquellos asesinos logró escapar, y juré que mi vida la emplearía entera para buscarlo durante el tiempo que fuera y lo mataría para vengar a mi familia.¿Comprendes ahora mi obsesión por encontrar a ese criminal?
Livia mientras le conté el resumen de aquella terrible noche me observaba muy atenta y cuando finalicé mi relato exclamó sorprendida:
-¡Ahora lo comprendo todo, tú eres el señor tan poderoso al que tanto teme Plinio¡
Por mi no te preocupes guardaré el secreto, pero ten cuidado con ese asesino, no sea que te localice él a ti y te prepare alguna trampa. Esa gente nunca esta sola, siempre encuentran a otros de su misma calaña que les ayude.
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Después de hablar un rato más de cosas sin importancia y viendo que los parroquianos no nos quitaban ojo de una forma molesta, tras haber quedado para el día siguiente decidimos marcharnos.
Le ofrecí cierta cantidad de dinero, para que pudiera vivir sin problemas, pero ella sorprendentemente lo rechazó y como habíamos acordado una cita para el día siguiente para presentarla en la villa de mis padres adoptivos nos despedimos ante las inquietas miradas de los puteros que ni por un momento dejaron de observarnos.

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CAPITULO VIII

EL LEGIONARIO

Anteayer en el bar del prostíbulo La estrella Luminosa, unos colaboradores de la legión internacional de Roma vieron como derrotaba a cuatro hombres dejándolos fuera de combate en menos de cinco minutos y ayer se presentó un legionario con un papiro en el que me citaban de una oficina gubernamental; llamamiento en el que decían que tenían que hablar conmigo de algo muy importante.
Aquel mandato o citación me puso muy nervioso y tal inquietud no se me quitó hasta que no me enteré de lo que se trataba por lo que llegué antes de que abrieran el negociado de la legión de Roma.
Me recibió un legionario que me pareció el que me entregó la citación el día anterior, lo que me puso un poco nervioso ya que si me tenían que decir algo importante como dijeron en el pergamino. ¿Por qué no me lo dijeron en ese momento? ¡Vaya forma de fastidiar!
El legionario me pidió amablemente que lo siguiera hasta un despacho al fondo de un pasillo lleno de puertas que seguramente eran las de otras oficinas y una vez sentado ante una pequeña mesa tras al cual se acomodó aquel y donde ya estaba otro escribiendo algo sobre un papiro, y que reconocí como uno de los que me vieron pelear en el prostíbulo, dijo:
-Lo hemos investigado a usted y averiguado que es campeón de lucha grecorromana del Imperio y que además ha recibido un entrenamiento muy completo de gladiador siendo considerado por su entrenador y compañeros como un extraordinario luchador.
Al oír aquello me quedé pensativo muy preocupado.
Los luchadores de grecorromana tenemos prohibido organizar peleas callejeras ni en ningún sitio fuera de los campeonatos o peleas legales. Por tal motivo al escuchar eso creí que me acusaban de algo ilícito y me querían sancionar, con una suma de dinero, desposeerme de mi titulo de campeón o lo que era peor eliminarme de cualquier competición, así que inmediatamente me puse a la defensiva alegando:
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Aquellos hombres eran unos borrachos que faltaron al respeto a la mujer con la que estaba hablando y al reprenderlos educadamente
me atacaron y tuve que defenderme. Eso lo puede corroborar el empleado del lugar y los parroquianos que había allí en aquel momento, uno de los cuales creo que era usted
Los dos que habían venido preguntando por mí, al escuchar mis alegaciones se miraron sonriendo y el más alto, un hombre que aparentemente parecía un pastor y que yo confundí con un policía habló arrastrando las palabras dándose cierta importancia.
-Tranquilícese hombre que no somos policías ni nada de eso, somos informadores del ejercito, lo vimos todo en el tugurio; en esta ocasión estamos en misión secreta y venimos directamente mandados por el mismo Octavio Cesar Augusto, para llevarlo a su presencia.
Me quedé asombrado creyendo que era una broma ¿Cómo podía ser que el mismo emperador quería verme?
-¿Esto no será una broma?
Pregunté a los informadores que para mi eran simples espías, Esta clase de vigilantes eran utilizados desde hacia más de cien años.
-No tema, no es ninguna broma, nosotros lo acompañaremos ahora mismo si le parece a usted bien.
Tanta amabilidad me sorprendió, tenía entendido que una orden del emperador debía ser atendida de inmediato, por eso respondí
Para mi será un honor acudir prestamente.
El palacio del emperador apenas distaba de donde nos encontrábamos unos doscientos metros: acompañado por uno de los legionarios fuimos andando y cinco minutos después entrábamos en tan suntuoso edificio.
Ya en presencia del egregio personaje, este me hizo pasar a un salón muy lujoso repleto de cuadros y estatuas, la mayoría representando a los dioses y otras a figuras tales como guerreros emperadores y figuras del deporte entre estas había una dedicada a mi luchando con un león grandísimo, y pensé ( Quien habrá sido el cretino que me ha hecho esta escultura tan disparatada?)
El gran personaje, al ver que me estaba fijando en aquella estatua me dijo.
-Esa escultura la mande hacer cuando te vi. luchando sin armas en el estadio contra un gladiador armado, me impresionaste mucho y esta escultura es tal como yo te imaginé luchando contra un león. He ordenado que se te siga y se investigue todo lo que sea sobre ti y he averiguado muchas cosas como que el gladiador es un
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enemigo tuyo, que ha desaparecido de Roma, seguramente huyendo de ti.
Sin embargo mis informadores no han averiguado el destino de ese gladiador que ha conseguido la espada de madera y su libertad al vencer a cuarenta contrincantes en dos años.
Pero vamos al asunto que me interesa, te he traído aquí para proponerte un par de cosas.
En primer lugar me gustaría que fueras de mi guardia personal y en segundo, si ese destino no te satisface necesitamos hombres como tú, con cultura y destreza para formar una patrulla de espías o informadores secretos que viajaran por todos los países del imperio como soldados que disfrazados de paisano se infiltrarán entre las gentes y nos irán transmitiendo por nuestros correos cualquier novedad que observen en esos países gobernados por nosotros. Tales soldados se irán desplazando donde se les ordene, se pondrán bajo las ordenes de los procónsules de cada lugar y actuaran como aquí se les indicará. Debo advertirte que el destino que elijas, en ambos casos son muy importantes y peligrosos, deberás viajar a caballo de un lugar a otro continuamente tanto si te decides a ser de mi guardia personal
cómo a informador de asuntos exterioriores.
Otra cosa que debo decirte es que como ciudadano libre puedes rechazar ambos destinos, o pactar por un tiempo determinado que después si te interesa prolongaríamos en sucesivos contratos, o sea que se te concedería un tratamiento especial por los servicios prestados a Roma.
Estas ventajas son diferentes a las actuales y solo te las ofrezco a ti por la gran estima y admiración que sentí en el estadio Máximo por aquella lucha tan emotiva que me impresionó como nunca me había emocionado nada.
Mientras hablaba el emperador lo hacia sentado en su trono, solo observado por su guardia personal y varios personajes que deduje serian lacayos o bien secretarios o algo parecido, a pesar de haber tantas personas , ya que conté unas diez, el salón estaba completamente vacío y envuelto en un silencio sepulcral.
La verdad es que ser de su guardia no me interesó en absoluto, no así el otro ofrecimiento que me permitía viajar por todo el imperio y quien sabe si así algún día encontrase a Plinio cuya brutalidad criminal no se me iba del pensamiento ni de día ni de noche.
-Majestad, para mi es un honor que haya pensado en mi para servirle pero considero que seré más útil para nuestro país siendo
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un policía secreta dentro del ejercito vigilando los intereses de Roma en todo el mundo.
No obstante quisiera hacerle una consideraciones, su majestad tiene el poder suficiente para obligarme a ir a donde sea, incluso es dueño y señor de mi vida como la de cualquier súbdito romano, sin embargo me gustaría como hombre libre tener un trato distinto a las normas establecidas.
El emperador sonriendo me preguntó:
-¿Qué normas quieres alterar? ¿Acaso te parecen pocas las que te he propuesto?
Mi contestación creo que fue clara y concisa, le hice este comentario, y eso si, con cierto temor a la reacción que pudiera tener el emperador, del que había oído decir que tenía mal genio y era muy autoritario, no permitiendo que se le discutieran sus órdenes.
Como sabrá su Majestad los contratos para ingresar en el ejercito son de minimo veinte años y estar en el ejercito tantos años; son muy duros y difíciles de soportar para un joven y por eso creo yo en mi humilde opinión que muchos soldados se desesperan al no tener una mujer y una familia por lo que yo creo que esa es la razón culpable de tantos desertores,
También pienso que por eso es difícil encontrar soldados que han de comprometerse tantos años y durante ese tiempo se deben en cuerpo y alma al ejercito de tal forma que no pueden pensar ni en broma en formar una familia ni casarse o juntarse con nadie de otro sexo ni de ninguna clase, ya que les está prohibido; pues bien, yo estoy en una situación acomodada y no necesito, salvo que su Majestad no lo considere así, alistarme a ningún sitio, siento que Roma me necesita y estoy dispuesto como buen romano a servir a mi patria el tiempo que sea necesario y si es preciso derramar hasta la última gota de mi sangre por ella, pero dada mi situación en la que debo vigilar el bienestar de muchas familias que trabajan en mis fincas me gustaría que en un principio me autorizasen a firmar contratos de un año prorrogables mientras me fuera posible atender las funciones obligatorias que me asignasen como soldado.
La contestación del emperador no pudo ser mejor, me quedé petrificado de contento.
-Tus palabras están llenas de sabiduría y me parecen muy acertadas.
Precisamente sobre el ejercito en el congreso se están estudiando algunas normas que quiero adaptar a los nuevos tiempos.
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Por ejemplo, tú has mencionado una idea muy valiosa y se trata de eso, de los derechos del soldado a formar familia y sobre lo de
alargar o acortar el tiempo del servicio militar que tal como es ahora también me parece excesivo.
Actualmente estamos estudiando esa cuestión con mucho interés. De momento tus argumentos los considero aceptables y serás el primero en disfrutar del contrato de un año al servicio de la patria. Al menos, nos servirá de experiencia.
De todas formas sobre eso ya te he hablado antes y no hay ningún problema.
Mis últimas palabras fueron de gratitud, había oído decir que al emperador Augusto no se le podía contradecir porque se enfadaba y eso era muy peligroso. Mis últimas palabras fueron de agradecimiento y satisfacción.
-Solo quiero expresarle mi agradecimiento por haber pensado en mí, espero que me destine a la unidad que su majestad considere y me incorporaré a ella inmediatamente.
Apenas pude despedirme de nadie, todo fue muy precipitado, antes de hacerlo con el emperador este mandó escribir en un papiro la orden por la que en ese momento me destinaba a un contingente que debía ponerse en marcha de inmediato.
Veinticuatro horas después me ponía a las órdenes de Poncio Pilato que seria el jefe del grupo.
Salimos de Roma a caballo dos días después y durante el trayecto de aquellas largas cabalgadas por los caminos construidos durante la república y ahora prolongados por nuestro gobierno, Pilato me eligió como secretario y me iba informando de cuantas novedades íbamos encontrando por los distintos territorios y yo los iba escribiendo en unos papiros que enviábamos a Roma, al emperador.
Para el correo, el gobierno había instalado a cierta distancia unas de otras oficinas de correos donde paraban los empleados que a caballo se iban relevando de tal forma que descansaban y al siguiente dia volvían a su lugar de origen con el correo que les llegaba de dirección contraria, también habían los correos de carga que en tal caso se hacían con carros, aunque eran un poco más lentos que los otros ya descritos. También se hacían servicios en barco si era necesario.
No creí que tuviese tanto trabajo y me sorprendió la gran cantidad de papiros que tenía que escribir resultado de las conclusiones que íbamos observando.
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Las estrategias que empleábamos eran diversas, como todos sabíamos varios idiomas, en el sitio en el que debíamos investigar usábamos normalmente el nuestro, el latín, pero en otras
circunstancias el del país que pisábamos, todo dependía en querer o no que nos entendiesen o que creyesen que éramos extranjeros y no los entendíamos a ellos.
Tenía que redactar un sinfín de comunicados sobre el ejército con los que contaban en cada país los gobiernos autóctonos y los que allí teníamos nosotros.
También era importante hacer un estudio de las obras que realizasen, del comercio, de su agricultura de sus carreteras de sus niveles de orden y estabilidad social, de su sistema sanitario y cultural, en fin, de todo.
Por lo visto había que vigilar cualquier conversación de taberna de los parroquianos para lo que varios soldados adoctrinados en la labor de espionaje y disfrazados de campesinos se infiltraban entre las gentes de toda condición sacando conclusiones de lo que se opinaba, especialmente sobre nosotros, los romanos.
El emperador tenia mucho interés en nuestro trabajo gracias al cual se pudieron evitar varios conflictos bélicos.
Ya en la capital de Siria que se llamaba Antioquia empezaron los problemas para los investigadores, sobre todo para mí.
Una de las ideas que me habían influenciado a la hora de aceptar lo que me ofreció el emperador Cesar Augusto fue que emplearía a los demás investigadores en mi provecho para encontrar a Plinio, Si viajábamos por todo el Imperio Romano estudiaría sobre la marcha la forma de investigar que todo el sistema de informadores de todos los paises del Imperio trabajasen de forma sesgada para mi ofreciendo una recompensa de cien denarios de plata al que me diera noticias del paradero de Plinio.
A pesar de tanto trabajo, yo personalmente no perdía ocasión de buscar a mi odiado Plinio aunque también empleando a los mismos espías para que como la cosa más natural sonsacaran a las gentes por si conocían a un tipo de las características de aquel un individuo de aspecto hercúleo al que le faltaban varios dientes, mirada severa y que un año antes vivía en Roma. Los espías eran amigos además de compañeros y les había prometido cómo ya dije antes un premio de cien denarios si lo localizaban y me lo comunicaban solo a mí.
Ya habíamos visitado casi todo el imperio cuando me encontré envuelto en una desagradable pelea de borrachos como me
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sucedió tiempo atrás en Roma, pero esta vez no hubo por medio ninguna mujer, simplemente varios hombres de aspecto normal se me acercaron y me invitaron a beber con ellos. Como no los
conocía de nada me pareció harto sospechosa aquella invitación y la rehusé diciendo:
Gracias, pero no acostumbro a beber alcohol.
Entonces se empezaron a reír a llamarme maricón y cosas parecidas a las que no hice caso considerando que debían estar bebidos o algo similar ya que no comprendía tales manifestaciones ni por que me invitaban sin conocerme de nada.
Total, que viéndose rechazados se empezaron a propasar intentando hacerme beber de una botella que me ofrecieron argumentando:
-Si no te bebes esta botella de vino te vamos a colgar del cuello hasta que te mueras. ¡Mira que despreciar una invitación! ¿Pero tú quien te crees que somos, unos payasos? Bébete hasta la última gota ahora mismo y sin rechistar, imbecil. ¿Te crees que das miedo por que tengas musculitos de gimnasio barato?
Me volví de espaldas dándoles a entender que no les hacía caso, que no quería complicaciones con ellos, pero el resultado no fue como yo esperaba, pensé que si me desentendía terminarían dejándome tranquilo, pero no fue así, uno de ellos, el más alto me sujetó de un brazo tirando de mi mientras otro me restregaba la botella por la cara intentando que bebiera el vino que debía contener.
La verdad es que una cosa tan incomprensible nunca me había sucedido y mi paciencia llegó al limite dándole un puñetazo en las narices al que me restregaba la botella, saliendo disparada de su mano yendo a estrellarse contra el mostrador del establecimiento, lo que no debió gustar a los otros tres o cuatro que sin mediar palabra se arrojaron sobre mi siendo recibidos por una lluvia de mamporros. Incluso me satisfizo levantar al más gordo en vilo aprovechando el mismo impulso que el hizo al saltar sobre mi y arrojarlo contra una mesa que quedó partida en dos trozos, en un santiamén los dejé sin conocimiento desparramados por el local.
Luego, como que había ido allí solo pensé que lo mejor era marcharme, lo que hice sin despedirme de nadie ya que a nadie conocía
Al otro día Pilato me dio la orden de ir por la noche, vestido de aldeano a un tugurio donde acostumbraban a ir soldados nacionales quiero decir del régimen sirio ya que entonces estábamos en ese
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país Siria, el caso es que al cruzar por un callejón solo alumbrado por la incipiente luz de la luna menguante, de la oscuridad surgieron varios hombres armados con cuchillos de dimensiones escalofriantes que se abalanzaron sobre mi sin mediar palabra.
Imaginé que querían atracarme, y aunque no me pareció muy claro el asunto me volví por donde había venido saliendo corriendo como alma que lleva el diablo, escapando de aquel peligro del que sin duda venían con muy malas intenciones. Después di un rodeo para ir al lugar que me habian mandado y una vez allí alguien que noté que me seguía empezó a hablar con varios, que en una mesa del rincón más apartado jugaban a las cartas advirtiendo que me observaban con curiosidad.
Antes de que me diera cuenta ya se encontraban a mi lado haciendo como que estaban por sus cosas hablando en voz baja. Entonces uno que se había puesto junto a mí, me dio un codazo y en vez de disculparse me increpó con estas groseras palabras.
-Oye imbécil, a ver si miras por donde andas que me has empujado y te voy a pegar un puñetazo en los morros si vuelves a hacerlo.
Como no quería líos, le contesté amablemente:
Perdone, ha sido sin querer.
Aquel, dirigiéndose a los que antes jugaban a las cartas en el rincón y que ya se habían acercado simulando curiosear les dijo:
-¿Os habéis fijado en el chulo este que se cree con derecho a molestar a todo el mundo? ¿Qué os parece si le damos un escarmiento para que no vuelva más por aquí?
Viendo el cariz que tomaba el asunto ya que eran al menos media docena y me pareció muy peligroso pelearme con tantos, les dije mientras me acercaba a la puerta con la intención de salir corriendo en el caso de que me atacasen, cosa que por lo visto era costumbre en aquellos tugurios de mala muerte:
-Tranquilos que ya me voy,
Sin embargo, enseguida se dieron cuenta de mi intención y uno se puso ante la puerta gritando a los otros.
-¡A por él, que no escape matadlo!
Aquello fue la gota que culminó mi paciencia, me lance furioso contra el que me bloqueaba la salida dándole un soberbio empujón y salí de aquel antro echando chispas.
A Pilato le dije que no había descubierto nada especial, que allí los parroquianos solo hablaban de vino y mujeres.
A mi me pareció que lo que me estaba sucediendo no era normal y pregunté a otros que hacían investigaciones como yo y en efecto a
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ellos nadie les atacó ni molestó en absoluto. Por tal motivo desde aquel día intenté ir acompañado de otros compañeros para evitar conflictos, cosa que no logré totalmente ya que sufrí varios altercados de los que afortunadamente salí siempre ileso. Indudablemente lo que me sucedía no era normal, alguien quería
quitarme del medio. Cada vez me atacaban mas personas y con más saña ¿A ver si Plinio estaba tras estos sucesos?
Ante aquellas sospechas, tenía que elaborar una estrategia, y pensando pensando, me pareció que de los que me atacaron siempre había un par que me parecían los mismos. Me gravé sus imágenes en la mente, uno era bajito y regordete con la nariz torcida como si se la hubieran desviado de un golpe, el otro de complexión atlética, estatura normal, aproximadamente de un metro setenta, calvo, sobre los treinta años y pico, bizco, tenia una cicatriz en la frente que le daba un aspecto siniestro. Ambos creí haberlos visto en más de una ocasión.
Lamentablemente no pude seguir mis investigaciones porque recibimos un correo de Roma en el que se nos comunicaba que el emperador Octavio Cesar Augusto había muerto y que desde aquel momento lo había sustituido Cesar Tiberio, heredero del Imperio Romano tal cómo se quedó acordado con Augusto anteriormente.
Por aquel entonces, considerando sus méritos Pilato era ascendido a procónsul de Palestina nosotros de momento continuábamos a su cargo y debíamos seguirle hasta nueva orden como guardia personal; además se nos ordenaba que deberíamos dejar Siria y dirigirnos a Palestina, viaje que iniciamos al día siguiente apenas hubo amanecido.
Atravesar montes y desiertos no fue sencillo, tuvimos que galopar por algunas cordilleras con toda clase de problemas como por ejemplo, adquirir alimentos y cambiar o al menos hacer descansar a los caballos que terminaban agotados diariamente.
Cuando llegamos a Palestina, Pilato y su mujer se instalaron en la residencia palaciega que tenían reservada en la ciudad de Cesarea y nosotros su guardia pretoriana en el ala sur del mismo edificio.
No pasó mucho tiempo en que nos fuimos familiarizando con la gente de aquella estupenda ciudad. Una ciudad Muy parecida a la de Antioquia y en la que de inmediato nos fuimos adaptando a sus costumbres.
Los meses siguientes fueron transcurriendo normalmente, nosotros aparte de escoltar a Pilato en sus desplazamientos y diversas otras cuestiones hicimos lo de siempre, vigilar al populacho y redactar
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informes de cuanto descubríamos. Pilato parecía disfrutar de su nuevo status visitando autoridades y también siendo visitado por personajes importantes de aquellas latitudes, aunque no parecía tenerlas consigo ya que nos advertía de que extremásemos nuestras pesquisas porque intuía cierto malestar en nuestros
comunicados que le alertaban de estarse gestando alguna insubordinación de los palestinos.
Pilato constantemente estaba atento por la opinión de los ciudadanos y no dejaba de advertirnos con evidente preocupación
Tenemos que estar alerta, porque si se revelase el ejército o el pueblo de Palestina contra Roma y no lo solucionamos a tiempo, nuestro emperador es capaz de crucificarnos a todos nosotros, Tiberio es muy severo en estas cuestiones.
Pilato como procónsul de Roma en Palestina entonces llamada también Judea, tenía a su cargo alrededor de cuatro mil soldados de a pie, mil a caballo y su guardia pretoriana que éramos ochenta.
No se equivocó Pilato, no solo tuvimos un problema si no varios, al principio paseamos unos estandartes con la efigie de Tiberio y el pueblo judio se dirigió en una manifestación multitudinaria al pueblo de Cesarea manifestando que quitásemos aquellos estandartes que era un insulto para su pueblo.
Pilato les advirtió que si no se dispersaban mandaría a sus soldados que los atacasen, pero los manifestantes gritaron que preferían morir antes que tolerar enseñas contra su Dios.
Pilato no quería problemas, dijo que prefería solucionar el asunto sin matar a nadie y ordenó retirar los estandartes.
En otra ocasión quiso hacer un acueducto para abastecer a la ciudad de Jerusalén de agua suficiente empleando dinero del templo, a lo que los religiosos se negaron diciendo que el dinero del templo era dinero para vanagloriar a Dios, y que se quejarían a Tiberio si insistía en tal sacrilegio, Sin embargo el acueducto se empezó a construir tras algunos días de discutir y convencer a los religiosos diciéndoles que era necesario llevar agua para los hijos de Dios, el pueblo judío.
En otra ocasión tuvimos otra manifestación masiva muy agresiva que nos atacaba no solo con amenazas y gritos pidiendo que nos fuéramos, si no también esgrimiendo armas caseras como cuchillos, palos, martillos, etc,
Pilatos hizo que los soldados se vistieran de paisano y se mezclasen con los manifestantes y para no matar a nadie les

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ordenó que no utilizasen las espadas, que en caso necesario para dispersar a los manifestantes empleasen porras.
Lamentablemente la manifestación se dispersó pero con una gran cantidad de victimas, entre estas, algunas de soldados romanos.
Después de tantos problemas todo volvió a su cauce normal.
Las comunicaciones con Roma nuevamente se iniciaron comunicando al emperador Tiberio que el pueblo judío era un
pueblo muy manejable y que se sentían muy felices de ser gobernados por nosotros.
Y si digo esto es porque todos los papiros que se enviaban con el lento sistema existente de mensajería a caballo los escribía yo dictados por el procónsul Poncio Pilato.
Recuerdo que escribíamos en papiros porque eran mucho mas económicos que los pergaminos aunque si había que escribir libros era más práctico hacerlo con pergaminos por que se deterioraban menos, su tinta no se borraba tanto y también eran hojas más delgadas.
Era entonces cuando más me acordaba de mi abuelo Longino que decía que Julio Cesar nunca contaba sus derrotas, solo sus victorias, Afirmando que…Mil victorias jamás justificarán una derrota.
Que a veces para saber si habías sido derrotado o vencedor habría que contar los muertos de ambos bandos
Y que para obtener grandes victorias se necesitaban grandes enemigos.

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CAPITULO IX

EL CENTURIÓN

Siempre que me llamaba Pilato a su palacio, invariablemente era para dictarme algún mensaje destinado al emperador Tiberio, o para el senado en cuyos papiros les contaba las novedades acaecidas en Palestina en el mes anterior, esta era una norma de obligado cumplimiento, salvo que hubiesen novedades especiales que rompieran aquella norma a la que ya nos habíamos acostumbrado, como una rutina intrascendente.
Pero cuando aquel día Pilato me recibió, noté cierta actitud hacia mi muy diferente a la de anteriores ocasiones, cuya relación conmigo siempre fue distante, más bien fría.
Aquel día lo encontré algo más amable, me pareció que estaba contento por algo que yo ignoraba, incluso me extrañó la presencia de su esposa Claudia Prócula, que me dio un beso en la mejilla como se acostumbra hacer con un amigo o familiar.
La verdad es que mi asombro lo debieron detectar ya que Prócula dijó a su marido.
¡Por los dioses, Poncio, díselo ya!
Pilato apoyándose en la mesa donde acostumbraba a dictarme los mensajes, adoptó una actitud completamente distinta a la del recibimiento, su tez se volvió sombría y con una seriedad muy acusada dijo:
Sin que tú lo supieras, hace un par de meses hice escribir a otro soldado un mensaje en el que suplicaba al consejo de ministros, al senado y al emperador mi deseo de que por tú comportamiento y valores opinaba que deberías ser ascendido a centurión.
Hoy he recibido el comunicado en el que tras las consideraciones oportunas y necesarias, tú ascenso ha sido otorgado.
Por tanto desde este momento ya puedes considerarte Centurión. Mañana mismo esta novedad, en un acto especial se les comunicará a la tropa y te serán destinados los soldados que quedarán bajo tu mando.

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Te estrecho la mano como amigo y camarada y te deseo larga vida por el bien del Imperio Romano.
De reojo miré a la señora Claudia y noté que sonreía complacida, cómo si gracias a ella fuese concedido el ascenso.
El procónsul añadió sonriendo:
¡Ah! Que no se me olvide, una vez concluido el acto, te será entregado el vestuario que portarás. Aquí tienes este listado para que te vayas haciendo una idea.

Un casco (cassis) con cresta (crista), de color, negro o rojo.
Una armadura de cota de malla (lorica hamata) o de escamas (lorica squamata), muchas veces cubierta por phalerae o condecoraciones en forma de medallón y torquex o pulseras colgantes.
Una túnica corta de color blanco (decursio albata), que en los dias fríos se complementará con pantalones adecuados.
Una espada corta -gladius- que llevarás en el lado izquierdo en lugar del derecho, cómo los simples soldados (milites), sujeta al cuerpo con un (cingulus) o cinturón con la funda de tal espada.
Protecciones especiales para las piernas (grebas)
.Las sandalias son iguales a las de los soldados, unas plantillas simples con cordones.
Un bastón de mando, habitualmente una vara de vid, (vitis), como símbolo de autoridad, y que, durante las tareas de entrenamiento, o actos bélicos utilizarás para golpear a los rezagados y torpes.

De todas formas quise hacerle una pregunta al procónsul Pilato, y se la dije sin preámbulos:
Estoy muy contento y agradecido por su interés pero como debe saber, cuando me alisté en el ejercito fue bajo unas condiciones especiales, condiciones que fueron aceptadas por el mismo emperador que entonces era Claudio Cesar Augusto y de cuyas condiciones guardo copia firmada por el mismo emperador y que según dijo esas condiciones son eternas Gobierne quien gobierne.
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Pilato miró de soslayo a su esposa Claudia y le preguntó:
-¿Tú que opinas de este problema?
Y ella le contestó:
No conozco esas condiciones pero aquí gobiernas tú y considero que tienes suficiente poder para hacer la investidura de este soldado, a centurión sin alterar las mencionadas condiciones.
Pilato se echó la mano a la frente y exclamó con ironía
¡Es verdad, aquí mando yo, cuando no estas tú, claro!
¡Así que quedas ascendido sin problemas, bajo las mismas condiciones firmadas por el emperador Augusto!
Después de aquellas conclusiones Pilato añadió:
Un día de estos tengo que hablar contigo de un asunto muy delicado. Se trata de una misión especial
A lo que yo le contesté:
Pero si entonces soy centurión ¿No estaré libre de ciertos trabajos?
-Si, claro, claro, claro, pero no creo que te niegues, al contrario la misión que te voy a encomendar te va a gustar mucho ya lo verás, además no creo que nadie la pueda llevar a cabo como tú.
Lleno de curiosidad insistí preguntando:
¿No me puede adelantar de qué trata esa misión tan misteriosa?
-Ahora no puedo decirte nada en absoluto, ya lo sabrás todo en el momento adecuado.
La verdad es que tras aquella entrevista en mi ánimo se despertó un mar de dudas. ¿Por qué no me pudo adelantar alguna pista sobre la misión que aseguro que yo era el tipo idóneo para llevarla a cabo? ¿Por qué no era el momento adecuado? ¿La presencia de Claudia su esposa significaba un problema? ¿¿Acaso tenía que consultar a Roma si un centurión podía actuar legalmente en ese cometido?
Mientras más vueltas le daba al asunto menos comprendía aquel enigma que no me iba a dejar conciliar el sueño aquella noche.
Descansar, dormir siempre ha sido un problema desde aquella maldita noche. Casi siempre, antes de conseguir dormir tengo que beber un baso de leche y hacer un sinfín de ejercicios hasta quedar completamente agotado y cuando llega ese momento noto que se me cierran los ojos, momento en que me acuesto y tras recordar y recordarla dándole cien vueltas a la cabeza me quedo dormido, normalmente solo lo consigo durante unas cinco o seis horas. No se si eso mermará mis facultades fisicas . Posiblemente al ser joven no noto ningún problema salvo raras excepciones nunca me he sentido mal tras una noche en vigilia. Cuando llegué a la final del
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campeonato de grecorromana, intenté dormir y empleé toda clase de artimañas sin conseguir pegar ojo en toda la noche.
Por un lado me asaltaban los recuerdos como tenía por costumbre y por otro la inquietud por que al otro día debería estar a pleno rendimiento para ganar el titulo de campeón del Imperio.
Total que al dia siguiente lo pasé deambulando por las calles de Roma sin pestañear y cuando llegó la hora del combate estaba seguro que sería el peor combate de mi carrera, pero mira como son las cosas de esta vida, lo gané incomprensiblemente lo gané, no lo comprendí hasta que un día me encontré con Semproniano que era el anterior campeón, al que vencí y me dijo
–Tuviste mucha suerte cuando me desposeíste del titulo porque yo la noche anterior no dormí, la pase haciendo el amor con una mujer que había conocido ese mismo día y cuando luché contra tí no tenia energías ni para levantar un brazo.
Por lo visto lo que el decía en fino (hacer el amor) era simplemente que se había pasado la noche follando con alguna golfa, porque si la había conocido unas horas antes y ella se pasó toda la noche dale que te dale es que era una gofa golfísima, lo que para mi fue una suerte.

Como me temía esa noche apenas pude pegar ojo y al día siguiente me levanté agotado, tanto que apenas me di cuenta del discurso que Pilato dio a los soldados con motivo de mi ascenso.
Y cuando terminó el acto y muchos se acercaron a felicitarme, estoy seguro que pensarían que estaba borracho o algo parecido ya que mientras me estrechaban la mano yo ni les agradecí sus felicitaciones con unas simples gracias.
Solo abrir los ojos que se me estaban cerrando de tanto sueño que me invadía me costaba hacer un gran esfuerzo.
Afortunadamente, aquel día pasó; por la noche dormí de un tirón, encontrándome al despertar con un montón de ropa y demás cosas al pie del lecho, me vestí y vi reflejado ante el espejo a un elegante centurión presumiendo de mi cara.
Ya ha pasado una semana y todo ha sido rutinario, el procónsul me ha puesto a mis ordenes a ochenta legionarios, los servicios a que
estamos destinados son los mismos de siempre con la única particularidad de que ahora soy yo el que está en contacto directo con el procónsul y tengo más problemas de tiempo, ya que además de tener que mandar a cada legionario su servicio, Pilato sigue prefiriendo que sea yo el que le escriba los mensajes para Roma y
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aún no me ha dicho lo de la misión tan especial que me reservaba y que me tiene sobre ascuas.
A veces pienso que eso de la misión tan importante no existe y solo fue una ocurrencia que tuvo en aquel momento para llenar un espacio vació de aquella entrevista.
Hay un refrán de Hispania que asegura que…Todo en esta vida llega, incluso la muerte. Y otro que asegura que… En este mundo, nada es eterno.
Y en efecto; un día nublado que parecía hecho para que nos fastidiáramos los amantes del buen tiempo, Pilato me envió a un soldado con una orden verbal que fue la siguiente:
–El Procónsul ordena que acuda a su despacho inmediatamente.
Me pareció que el soldado debió prolongar algo más el mensaje cón la frase… ( Porque le va a enviar a una misión especial.) Se me ocurrió tal cosa porque a medio mes no teníamos costumbre de escribir ningún parte para Roma, invariablemente enviábamos los mensajes a primeros de mes
Nunca me dio una orden tan tajante, aquella palabra ¡INMEDIATAMENTE! me sonó a que el gran hombre había dormido mal y estaba enfadado, o algo importante; alguna novedad, quizá se había producido un golpe de estado o catástrofe que yo ignoraba, siendo responsable de estar al corriente de cualquier percance, ya que mis hombres seguían estando a mis órdenes, cómo encargados del espionaje y comunicaciones al alto mando. Alarmado acudí prestamente al despacho donde me encontré con un panorama impensable, la esposa de Pilato se encontraba sentada en un cómodo sillón gimiendo sonoramente con los ojos repletos de lágrimas, mientras él, su esposo paseaba nervioso de un lado a otro pareciéndome que estaba muy alterado.
Le saludé con la mano extendida al estilo militar romano como era costumbre y permanecí firme a la espera de las órdenes, que enseguida Pilato me dio añadiendo con la voz muy serena:
-Centurión Longino, el día que le ascendí le dije que le llamaría para que se hiciese cargo personalmente de una delicada misión.
Como habrá comprobado he tardado demasiado tiempo en ponerme en contacto para ponerle al corriente de esa misión.
La verdad es que esta y muchas noches no hemos podido dormir por los problemas de salud que tiene mi esposa Claudia. Verdaderamente, a veces las personas tenemos reparos en contar a otros nuestros problemas y en esta ocasión esa vergüenza nos ha tenido atados.
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Hoy nos despojamos ante ti de todas nuestros prejuicios y te vamos a contar el problema de salud que nos tiene amargados, un problema que ningún médico de ningún país ha logrado ni
subsanar ni tan siquiera aliviar, hemos estado con los mejores de todo el mundo, en Egipto, Hispania, Grecia, China, Rusia, las Galias etc, ya no sabemos que hacer, y por eso te hemos llamado, por eso estas aquí.
No salía de mi asombro, yo había estudiado mucho, había estado ganando concursos de lucha en muchos países, había sido gladiador libre, pero no tenia ni idea de medicina, ¿Para que me llamaban? ¿Qué podía yo hacer para curar lo que tuviera la señora Cludia? Permanecí firme, lleno de impaciencia, a ver que órdenes me daba mi superior, mientras en esos momentos en voz baja hablaba con ella.
Después de cambiar impresiones, la señora Claudia se levantó me miró muy apenada y se despidió con un leve saludo hecho con la mano y una tenue sonrisa.
Una vez solos, el Procónsul tomó asiento, me invito a hacerlo al otro lado de la mesa y una vez los dos acomodados, empezó a hablar,
Con evidente nerviosismo.
-He tardado tanto porque el caso es muy delicado, pero ya no podemos continuar con este problema, mi mujer sufre muchos dolores y algunas noches no podemos ni dormir.
Ante estas manifestaciones, me pareció recomendable advertirle que de medicina no tenía ni idea y así se lo comuniqué.
¿Y que puedo hacer yo si no tengo nociones de medicina?
Pilato, me miro muy serio y me dijo.
-Verás, lo tuyo es investigar y eso es lo que vas a hacer, seré breve y conciso. Mi esposa sufre de hemorroides un mal que no se cura aún en ningún lugar del mundo y sufre horrible y casi continuamente.
Pues bien, resulta que hay un individuo que asegura ser hijo de Dios y nos han llegado rumores de que lo cura todo.
Tú cometido será investigar a esa persona y averiguar si es verdad que hace milagros o por el contrario es un charlatán, un delincuente que vive de timar a las gentes.
Por los informes que tengo ese hombre tiene unos seguidores a los que llaman apóstoles y también muchos otros seguidores entre los que abundan personas enfermas que van donde el y sus acólitos.
Si todo fuese verdad, sería la única medicina que podría aliviar o curar a mi esposa, lo que sin duda sería un milagro.
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Así que mientras antes te pongas en marcha mejor.
Tendrás que emplear tus antiguas estrategias disfrazándote de aldeano y tomar toda la información posible que me irás entregando sistemáticamente.
¡Ah! Otra cosa, por lo visto los sacerdotes del sanedrín lo van siguiendo para detenerlo en cuanto le vean un fallo o motivo para hacerlo, por lo que deberás actuar con suma cautela, no sea que te compliquen la vida a ti también y por ende a nosotros lo que empeoraría las relaciones entre Palestina y Roma.

Ante todo lo que dijo Pilato solo me quedaron un par de dudas en aquel momento y se las expuse.
-Ahora mismo tengo un par de dudas
-Primera.¿ Mientras yo investigo quien se encargará de mis hombres?
-Segunda ¿Si necesito la colaboración de alguna persona, dinero o cosa quien me la proporcionara?
La contestación del procónsul no se hizo esperar, esgrimiendo unos ademanes tajantes afirmó:
De tu centuria no has de preocuparte en absoluto, de eso ya me encargo yo, te buscaré un sustituto temporal; en cuanto a los demás problemas solo has de venir aquí y yo te los resolveré sin perdida de tiempo, todo es cuestión de hablar.
Durante un buen rato permanecimos enfrascados en cómo iniciar mi trabajo, aquella misión me empezaba a gustar, por fin me había enterado del misterio que la envolvía y al comprobar que Poncio Pilato tenia tan buen concepto de mi me sentí muy orgulloso, aunque nunca se me iba de la cabeza el suplicio al que fuimos sometidos mi familia y yo y tenía muchas ganas de terminar mi compromiso con el ejercito para volver a Siria donde tenia la completa certidumbre de encontrar a Plinio.
La cuestión la tenia bastante clara aquí ya llevaba seis meses y nadie se había metido conmigo, nunca he tenido ni el mínimo altercado, en cambio en Siria apenas estuve un mes, me atacaron varias veces, en cada ocasión con más saña, medios y más enemigos, mientras que a los demás investigadores nadie les molestó en absoluto.

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CAPITULO X

La misión

Apenas salí del acuartelamiento ya disfrazado de persona normal, portando una bolsa conteniendo algo de ropa, alquilé una pequeña vivienda que constaba de un pequeño comedor una diminuta cocina y un dormitorio, además de un corral en la parte de atrás, con una cortina en un rincón y un agujero que se tapaba para evitar el mal olor con una tabla de madera, donde se suponía que debería hacer mis necesidades
La vivienda en cuestión estaba amueblada con lo imprescindible, la cocina con un fuego de leña, una mesa con dos sillas en el comedor y una alfombra con un colchón de plumas de ave para dormir en la pequeña habitación dormitorio.
Para poder desplazarme donde fuera necesario, contaba con un caballo que metí en el corral que contaba con dos accesos, una puerta desvencijada que se abría a un callejón que de noche me pareció siniestro y la otra que comunicaba con la vivienda.
El primer día puse encima de la mesa un montón de rollos de papiro en los que iría escribiendo mis averiguaciones.
Enseguida estudié un plan para iniciar la misión.
Aquella noche apenas había descendido el sol ocultándose tras unas lejanas montañas, me metí en una tabernucha de mala muerte donde solo había cuatro parroquianos y empecé a confraternizar con un viejo de aspecto miserable, que estaba solo, invitándole a un vaso de vino.
El anciano me resultó de gran ayuda pues cualquier pregunta que le hacía la contestaba dándome toda clase de informes a cual más interesante.
Enseguida me percaté de que había encontrado en aquel viejo un pozo de sabiduría Me dijo que se llamaba Zacarías y yo le mentí, diciéndole que mi nombre era Juan.
-Zacarías, ¿Has oído hablar de uno que afirma ser hijo de Dios y va haciendo milagros por ahí?

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El buen hombre me miró de arriba abajo confuso antes de contestar.
-¡Cómo que si he oído hablar de ese hombre! ¡Pero si no se habla de otra cosa en Palestina!
Viendo que el viejo estaba dispuesto a hablar hasta por los codos de lo que le preguntase lo invité de nuevo y seguí interrogándole con preguntas como.
-¿Cree usted en los milagros que le atribuyen a ese?
-Zacarías siguió adoptando la misma expresión de extrañeza, me miró de arriba abajo nuevamente exclamando con mal humor, lo que me causó cierta desilusión ya que pensé que su carácter afable permanecerla intacto mientras le fuera sacando información.
– ¡Ese, como usted lo llama tiene un nombre y es Jesús, cuando hable de él en mi presencia, le pido que por favor lo haga con mucho respeto!
Por eso le pregunté con suma cautela intentando llevarlo a mi terreno.
– Perdóneme señor Zacarias he captado su intención y seguiré su consejo ¿Acaso usted ha visto alguno de esos milagros?
El anciano negó con la cabeza antes de contestar:
-Desgraciadamente no he tenido esa suerte, pero he conocido a su familia y sé que son gente ejemplar, buena y seria.
Ante esta respuesta tan contundente me quedé asombrado y en ese momento en mi se inició una transposición, empecé a interesarme personalmente un poco en los milagros.
– ¡No me diga que conoce a sus padres o abuelos!
Nuevamente el tal Zacarias me empezó a mirar atentamente como si yo fuese un bicho raro antes de responder.
-Le voy a decir de que conozco a sus padres y le voy a contar todo lo que quiera de él y su madre; sobre su padre prefiero no contarle gran cosa porque era muy mayor, ya murió y no me gusta hablar cosas de personas fallecidas.
Solo le diré que el padre se llamaba Jose y era un buen carpintero y muy buen vecino, además de padre y esposo, que se casó con Maria siendo viudo y que tenía varios hijos de su anterior matrimonio según tengo entendido, aunque a decir verdad nunca vi a ninguno de esos hijos ni a ningún otro familiar de José
-De su madre, puedo explicarle muchas cosas, aunque es posible tener algún fallo de memoria, piense usted, que entonces yo era relativamente joven, tendría unos treinta y pocos años y ahora ya cuento con setenta y cinco.
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-En aquellos tiempos yo era pastor; un día, si mal no recuerdo era el 24 de diciembre del año 753, que como usted debe saber, hacia ya 753 años de la fundación de Roma, ya estaba oscureciendo, en la puerta de la casa donde servíamos nos encontrábamos varios pastores y agricultores hablando de nuestras cosas cuando llegó
corriendo un hombre muy mayor preguntando si conocíamos alguna comadrona porque su mujer tenia dolores de parto y se encontraba sola en un establo o cueva cercana.
La verdad es que nos quedamos un poco extrañados porque aquel hombre aparentaba tener más de setenta años.
-Yo mismo le acompañe a casa de una vecina que era matrona y fuimos siguiendo a aquel hombre que por el camino nos fue contando que habían venido de Galilea a la ciudad de Nazaret para empadronarse según lo ordenado desde Roma por el emperador Cesar Augusto, pero que se toparon con que como su mujer estaba embarazada no habían encontrado posada posiblemente por eso del empadronamiento ya que había venido mucha gente de otros lugares o seguramente por lo que dicen de que las embarazadas están contaminadas con el pecado original y si se mezclan con otras personas pueden contaminar con el pecado a aquellas.
El caso es que como eran descendientes de David fueron a la casa de otros descendientes encontrando que estaban sin sitio, pero dada la urgencia de Maria que podría entrar en parto en cualquier momento les dejaron cobijarse en el corral que en una cueva había detrás de la casa.
Total, que mientras José nos contaba estas cosas llegamos a la cueva con la matrona que entró quedándonos nosotros fuera esperando.
Al poco rato salió la señora matrona muy alterada contando que cuando entró en la cueva el niño ya había nacido y su madre lo había acomodado en el pesebre; que había examinado a la parturienta quedando sorprendida al ver que era Virgen; que estando desconcertada se apareció un ángel con un vestido blanco muy brillante y le dijo: No temas mujer, que este niño es hijo de Dios y se ha engendrado en Maria por obra y gracia del Espíritu Santo.
Como es natural aquella noticia se expandió por todas partes y aquella noche llegó otro grupo de pastores que dijeron que se les había aparecido un angel volando como un pájaro y les comunicó lo mismo, que había nacido el Mesías hijo de Dios, y aquellos pastores le llevaron al niño regalos, cómo corderos , gallinas , conejos y productos del campo.
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Aquella noche fue extraordinaria los que allí estábamos adoramos al niño durante todo el tiempo y recuerdo que una estrella muy luminosa llegó hasta pararse encima del lugar a la vez que arribaron unos reyes magos montados en camellos y acompañados por sus pajes, que afirmaron venir de Oriente.
Aquellos reyes estudiaban las cosas del cielo y al ver a una
estrella tan brillante que se movía en cierta dirección decidieron seguirla y cuando llegaron se pusieron a adorar al niño y a la familia, regalándole oro, incienso y mirra.
Los reyes magos regresaron por otro camino porque el rey Herodes les había dicho que cuando supieran donde estaba el niño se lo dijesen para ir a adorarlo pero a los reyes en sueños se les Apareció un ángel que les comunicó que lo que pretendía Herodes rey de Judea era eliminar al niño ya que no podía consentir que otra persona se proclamase rey de Judea.
Entonces Herodes rabioso por que no admitía que en Judea hubiese más rey que él y no sabiendo donde estaba el niño anunciado, mando que se mataran a todos los nacidos en los dos últimos años, pero resultó que José había sido avisado en un sueño de las intenciones del monarca y que para salvar al niño debería salir con él y su esposa rumbo a Egipto y no volver hasta que muriese Herodes, lo que así hicieron.
Yo que vivía cerca ví crecer al niño de una forma normal y cuando alcanzó la edad de unos ocho o diez años la gente decía que se había vuelto muy travieso, que presumía mucho de ser el hijo de Dios y que empezó a hacer milagros, aunque tanto era su orgullo que los milagros más bien eran travesuras de niño lleno de soberbia. Yo esas cosas no las vi la verdad, pero decían que se había enfadado un día con el maestro de la escuela y le mandó con mucha arrogancia:
-Eres un mal maestro y yo sé más que tú ¡Quédate ciego ahora mismo!
Y dicen que el maestro se quedó ciego pero que volvió a recuperar la vista cuando le suplico a Jesús que se la devolviese, por amor de Dios, prometiéndole que sería mejor maestro en lo sucesivo.
También me dijeron que un día iba corriendo y otro niño que estaba jugando a la pelota se tropezó con él tirándolo al suelo por lo que se indignó mucho al ver que el otro se reía y le ordenó.
¡Muérete!
Me contaron que el otro niño cayó al instante muerto.

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Los padres, cuando otras personas les llevaron al niño muerto y les dijeron lo sucedido, fueron inmediatamente a hablar con José el carpintero y la Virgen Maria contándoles lo que había pasado de malas maneras, debido a su estado emocional.
José y Maria intentando aplacar los ánimos de aquellos desolados padres regañaron al niño Jesús diciéndole que..
– Eso no se hace, devuélvele la vida que le has quitado al niño de estos señores.
-Vale, vale, ya se la he devuelto.
Me dijeron que Jose les dijo a aquellos atribulados padres:
-Id a casa tranquilos y no os preocupéis, vuestro hijo esta bien, son cosas de criaturas.
Luego supe que al niño lo encontraron tan tranquilo jugando con su pelota y unos amiguitos en la calle y que no recordaba nada de lo sucedido.
En fin, esas cosas no las vi, eran rumores que contaba la gente, así que no estoy seguro de nada… Además, hace tantos años…

Aquella noche, salimos de la taberna los últimos, porque el tabernero se acercó y nos dijo.
-Señor Zacarías y compañía, es muy tarde y tengo que cerrar, si son tan amables de irse les quedaría muy agradecido.
Ya en la calle antes de despedirnos, el viejo Zacarias dijo:
Juan si vienes mañana ya te contare lo que vaya recordando, ya que veo que te gustan mis relatos.
Apenas llegué al cuartel me puse a escribir con inusitado entusiasmo, todo lo que me había contado mi nuevo viejo amigo.
Y cuando lo leyó al día siguiente Pilato noté que su contento crecía letra a letra, palabra a palabra, tal como avanzaba en la lectura.
-¡Muy bien si señor, así se investiga, empezando por la base de las cosas, te felicito! Continúa así y no tengas prisa Claudia tiene ahora unos días soportables, parece que no se queja tanto, aunque eso
No quiere decir nada, le pasa muy a menudo, que parece que se encuentra algo mejor y de pronto los dolores la vuelven loca. Y eso es así, cada dos o tres días. En fin, esa enfermedad la tiene ya hace más de diez años, tú ve investigando porque parece que vamos por buen camino.
Cuando llegué a la taberna de costumbre me senté en una silla y esperé pacientemente a Zacarias.

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La taberna estuvo toda la tarde vacía, ni un cliente había entrado solo yo; había un gato que me miraba con creciente curiosidad desde un rincón oscuro que además del tabernero éramos los únicos seres vivientes del cochambroso negocio.
Cuando empezó a anochecer entraron varios jóvenes que bebieron unas naranjadas y se fueron riendo, gritando y dando tumbos como si se hubieran emborrachado.
Zacarías no aparecía y eso me tenía intrigado.
Cuando el tabernero me sirvió el tercer vaso de vino, le pregunté:
Estoy esperando a Zacarias y como veo que no viene pienso que tal vez esté enfermo o algo ¿Sabe usted donde vive?
El tabernero me miró muy extrañado y me preguntó:
-A quien se refiere? No conozco a ningún Zacarías.
-¿Cómo que no lo conoce? ¡Anoche mismo, cuando usted quería cerrar el negocio, mientras hablaba conmigo, al dirigirse a él lo llamó Zacarías!
-Debe de estar confundido señor, yo no conozco a ningún Zacarías, ni a usted lo he visto aquí nunca.
Mientras discutíamos, entraron los tres clientes que cada noche habían coincidido con nosotros y al verlos me sentí aliviado y le dije al tabernero.
-Esos señores me han visto con Zacarias los tres días en que estuve con el hablando aquí, incluso nos saludaron varias veces al venir y al irse ¿Por qué no les pregunta?
El tabernero sonrió antes de decir con un poco de ironía.
– Como usted quiera, el cliente manda.
El tabernero sin moverse del mostrador los llamó por sus nombres y les dijo:
-Juan, Cayo, Pedro ¿Podéis acercaros un momento?
Los otros se acercaron y uno le preguntó:
-¿Qué quieres?
– ¿Conocéis a este hombre? Dice que ha estado aquí los tres últimos días y que estuvo hablando esos tres dias con un viejo llamado Zacarias, que vosotros los mirabais mucho y los saludasteis varias veces.
Los tres aludidos me observaron con evidente curiosidad y todos, uno a uno contestaron
– No lo he visto nunca ni conozco a ningún viejo Zacarias, contestó el primero, ni yo tampoco, dijo el segundo, ni yo, aseguró el tercero.

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Pensando que se habían confabulado contra mí, quizá para reírse me fui bastante enojado, pero durante varios días seguí volviendo y nunca más volví a ver al viejo Zacarias.
Cuando le conté la historia a Pilato solo respondió:
Sin duda nos hemos metido en un terreno movedizo, pero hemos de continuar tendrás que esforzarte en tus pesquisas y buscar una nueva estrategia.

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CAPITULO X I

El evangelio

De nuevo estaba tendido y despierto sobre mi colchón de plumas y mi alfombra. Me había pasado la noche en vela dándole vueltas a mi cabeza intentando hallar la forma de reiniciar las pesquisas que empecé con el misterioso Zacarias.
La verdad es que no se me ocurría ninguna nueva estrategia, de modo que me levanté de mi humilde lecho, como una vez en que no logré conciliar el sueño y todo el día anduve como alma en pena de un lado a otro.
Durante un par de días estuve inquieto sin saber que camino tomar respecto a las órdenes recibidas por Pilato, que me sugirió que debía cambiar de táctica, buscar otros derroteros y retomar las investigaciones de nuevo por caminos que no fueran terrenos pantanosos, o movedizos.
¿Pero que demonios tenían que ver esas palabras con la realidad?
¿Si la estrategia de siempre de infiltrarme entre las gentes en toda clase de cuchitriles cómo tabernas y prostíbulos, me había resultado exitosa…Porqué iba a ser diferente ahora?
¿Por qué ahora debería cambiar esas tácticas?
Por mas que me estujé los sesos no se me ocurrían otras maneras de iniciar una investigación, por lo tanto volvería a emplear mis conocimientos y dejarme de experimentos.
Era urgente empezar a buscar a Jesús de Nazaret y comprobar si sus sanaciones milagrosas eran reales y capaces de sanar a la señora Prócula esposa de Poncio Pilato, o por el contrario era todo unna supercheria.
Claro que buscar al hijo de Dios por tabernas y lugares de vicio y pecado no me parecía lo más adecuado, aunque pensándolo bien no me parecía tan ilógico, porque si un pescador va a pescar, lo hace donde pueda encontrar peces, por lo tanto un perdonador de hombres lo más lógico era que fuera a lugares llenos de pecadores ¿Y donde podía encontrar pecadores y pecadoras a montones? ¡Un lupanar, sin duda era el lugar perfecto!

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Al anochecer ya me encontraba en el lupanar o prostíbulo más famoso de la capital, preguntando a diestro y siniestro con las debidas precauciones.
Empecé por la señora encargada de presentar a las prostitutas a la clientela la cual se echo a reír exclamando que ni puta idea de lo que le había preguntado, que allí no había ido nunca un Mesías ni nada parecido. Que aquello no era un templo de oración precisamente.
Y añadió riendo sonoramente.
–¡Esto es una casa de putas!
Después de varias tentativas con otras personas de las que por allí deambulaban, sin éxito, comprendí que me había extralimitado en mis teorías y decidí bajar el listón de opciones a un nivel menos
pecaminoso.
Al poco rato, me metí en una taberna que me pareció un lugar de vicio ponderado y le pregunté a un camarero que me pareció muy amable en el trato con el cliente:
–¿Me sabría decir por donde puedo encontrar al que se dice llamar Jesús de Nazaret, hijo de Dios?
El camarero se me quedó mirando con suma atención y finalmente tras meditarlo un poco me contestó muy serio:
-Lo más probable es que se lo indiquen en Nazaret donde creo que vive su familia, amigos y vecinos. Allí estoy seguro que se lo dirán.
¡Hágame caso, búsquelo en aquel pueblo!
‘Por cierto, le voy a dar un consejo. Si es usted un seguidor creyente de ese Mesías ni se le ocurra preguntar en un templo. los sacerdotes del Sanedrín lo detendrían a usted ya que son antagonistas de las enseñanzas de Jesús.
Yo lo vi en cierta ocasión y por lo que observé como hablaba, y sanaba a las personas alguna conocida, pienso que es el verdadero Mesías hijo de Dios.
Por cierto ¿Usted no es judío, verdad? Lo he notado en su acento que parece latino.
Tenga un buen día. Voy a seguir con mi trabajo.
Había tenido mucha suerte encontrando a este camarero que había visto y oído hablar a Jesús y creía en él y sus palabras.
Cómo me pareció muy acertado el consejo del camarero de la taberna, al día siguiente ya me encontraba en Nazaret preguntando a todo aquel que veía por si alguien me podía indicar a donde podía ver a Jesús y en aquel pueblo no me faltó información, las gentes eran muy amables,
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En una taberna me informaron hasta del domicilio de la familia y del taller de carpintería de José ya fallecido, así como también de algunos familiares de sus apóstoles, no obstante me pareció excesivo dirigirme a tales familias porque hubiera desobedecido las órdenes de Pilato y no pudiendo aparentar ser una persona normal, por el acento latino, me habrían descubierto como un investigador romano y la misión se hubiera puesto en peligro.
De todas formas encontré muchos seguidores de Jesús que me dijeron donde se celebraría la próxima reunión, en la que podría ver y oír al Mesías.
Se trataba de acudir a una montaña cerca de un pueblo llamado Cafarnaúm allí en la entrada de ese pueblo pude ver a Jesús que era una persona de una estatura rondando el metro ochenta y cinco, y unos treinta años, que saludaba con especial simpatía sonriendo a todos.
Había acudido una multitud de gente que como es natural hablaban y producían un ruido de ambiente muy acentuado.
A fin de investigar mejor a aquel hombre procuré ponerme lo más cerca posible y por eso pude escuchar perfectamente todo lo que allí se hablaba
En cierto momento vi como se le acercó un centurión que le dijo:
–Señor en mi casa tengo un criado paralítico que sufre mucho.
Y Jesús le contestó.
–Yo iré contigo a curarlo.
Pero el centurión le contestó:
-Yo no soy digno de que tú entres en mi humilde casa, mándalo y con solo tú palabra quedará sano. Yo soy solo un hombre que estoy bajo las órdenes de otros, pero tengo soldados a mi servicio y si le digo a uno marcha el marcha, si le digo ven, viene y si a un criado, haz esto, lo hace.
Al oír esto Jesús mostró gran admiración y dijo a los que le seguíamos:
En verdad os digo que ni aún en medio de Israel, he hallado fe tan grande.
Y añadió:
Así os declaro que vendrán muchos gentiles del oriente y occidente
Y estarán a la mesa con Abraham, Isaías, y Jacob, en el reino de los cielos, mientras que los hijos del reino (Los judíos) serán echados fuera, a las tinieblas y allí será el llanto y el crujir de dientes.
Y después dijo Jesús al centurión:
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Ve y sucédale conforme has creído; Y en aquella hora quedó sano el criado. (De lo que me enteré días después, como ahora os contaré)
Habiendo después Jesús ido a casa de Pedro, vio a la suegra de este en cama con calentura, y tocándole la mano se le quitó la calentura; con eso se levantó luego de la cama y se puso a servirles.
Venida la tarde, le trajeron muchos endemoniados y con su palabra echaba los espíritus malignos y curó a todos los enfermos.
El mismo ha cargado con nuestras dolencias y ha tomado sobre sí nuestras enfermedades.
Desde aquel día no tuve problemas para saber donde iría a predicar Jesús, solo tenía que seguir a sus seguidores ya que me hice amigo de algunos que siempre sabían donde debían ir a ver y oír al Mesías.
Para ratificar mi cometido de Informador fui escribiendo en papiros cuanto fui investigando, y una cosa que hice de inmediato fue seguir al centurión y hablar con él a los pocos días para saber como se encontraba su criado.
Claro que primero me tuve que identificar y contarle que estaba investigando al Mesías por orden de Poncio por si era un charlatán o un vividor, y al decirle que yo no me creía esas cosas, se puso muy enfadado diciendo:
Si no te crees lo que ves ¿En que puedes creer?
A lo que le respondí: He visto como mataban a mis hermanas y a mi madre después de abusar de ellas y a mis hermanos y mi padre llorando por no poder defenderlas, siendo también degollados. En muchas ocasiones he recordado aquellas escenas terribles y me he preguntado infinidad de veces ¿Porqué Dios permite tales atrocidades si con solo su deseo pudo evitarlas?
El Legionario se me quedó observando muy serio y antes de contestar a mi pregunta dijo:
Yo no soy quien para discernir las obras de Dios, solo sé que nos hizo con libre albedrío y con capacidad de saber lo que es malo o bueno y que aquel que escoge el mal camino solo puede esperar que ese camino le lleve al infierno donde encontrará el castigo en el fuego eterno. Jesús dijo el otro día:
No juzgues y no serás juzgado, por que el que juzga a sus semejantes ha de atenerse a las leyes humanas, que nunca serán tan justas, como las divinas.
Hay dos formas de pedir cosas a Dios la principal, tener fe, la otra
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rezando y cumpliendo con los diez mandamientos.
Yo creo en Jesús, y mi fe es tan inmensa que mi criado ya está completamente curado.
Después de aquella conversación con el legionario continué con mis investigaciones viendo curaciones a cientos de diversas enfermedades cómo la sanación de varios leprosos a los que con tan solo tocarlos se les borró todo vestigio de tan fea y asquerosa enfermedad, otro día vi a Jesús andando sobre las aguas y como me pareció increíble intenté hacerlo yo pero me hundí y no tuve más remedio que salir nadando de aquellas aguas profundas.
Mis dudas me inducen a no he creer en milagros, tampoco creí en el de resucitar a un muerto de hacia varios días y aunque lo vi levantarse con mis propios ojos dudé y comentándolo con otro seguidor, este me dijo con extrañeza.
-¿Es que acaso no oliste como apestaba a muerto?
A lo que yo le respondí tratando de convencerle
¡Eso no prueba nada, si ponemos un simple animal como un perro o un conejo muerto durante varios días escondido en las inmediaciones olería igual de mal.
El otro me miró con sumo desprecio a la vez que escupía la frase.
-Nunca un ciego podrá ver la luz del Sol
Y cuando fui a Pilato y le entregué el informe que me había ordenado, exclamó muy satisfecho, tras leerlo atentamente.
´¡Magnifico! Has hecho un buen trabajo. Este informe confirma mis esperanzas. Este informe tan completo puede considerarse un Evangelio. Sin duda este hombre es el hijo de Dios.
Ahora dime cómo podemos actuar para que cure a mi mujer. ¿Qué opinas?
Según tengo entendido solo hay dos caminos, uno es el de la oración y el respeto con el cumplimiento de los diez mandamientos, y el otro, más rápido requiere un grado óptimo de fé y enfrentarse a Jesús, pues he visto que cura al instante cualquier enfermedad por muy mala que sea, pero hay que tener fé. Los que tienen fe siempre son sanados.
-¿Quieres decir que sin fe es imposible su curación? ¿Y como puede Claudía alcanzar esa fe ciega?
Ante tal pregunta no sabía que contestar así que dije lo primero que se me ocurrió, lo que creí más convincente.
-A mi entender ella debería ir como seguidora de los pasos de Jesús al menos hasta que viera algunos milagros y al convencimiento de los hechos le llegaría la fe plenamente.
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Pilato se quedó pensativo antes de contestar.
El caso es que yo debería acompañarla pero eso sería una afrenta contra las creencias de estas gentes sobre todo del sumo sacerdote del Sanedrín que esta contra Jesús y no piensa en otra cosa que eliminarlo.
Además, en tal caso si se origina por esta causa un levantamiento contra el Imperio Romano, a mi me podría costar el cargo y seguramente la vida.
Tiberio no admite conflictos de ninguna clase en los territorios conquistados.
A los procónsules y las legiones que tenemos nos tiene encomendado el mantenimiento de la paz a toda costa.
Tendremos que buscar un medio en la que no sea necesaria esta premisa. ¿Se te ocurre algo?
Majestad, solo veo una forma de llegar a solucionar esta cuestión, hacer que Jesús venga aquí a su casa o al menos intentarlo como hizo un centurión en Cafarnaúm.
Nuevamente el procónsul se quedó pensativo y después de unos minutos exasperantes propuso.
Eso también comporta riesgos. Si ese hombre viene a mi casa muchos son los que llevarían el mensaje a los judíos y Tiberio se enteraría antes de lo que creemos. Lo mejor es que te acompañe a ti y si acaso también una sirvienta a tu casa de Nazaret.
A Claudia no la conoce nadie tanto cómo a mí y desde allí que haga lo que crea más conveniente, precisamente lleva unos días insoportables de tanto dolor que siente.
Le diré que prepare el viaje lo antes posible.
Al día siguiente se preparó un carro cargado con todo lo imprescindible y una vez todo listo partimos cuatro personas rumbo a Nazaret, Claudia, Jose el conductor del carro, la sirvienta y yo.
Una vez en mí limitada casa a la que llegamos cuando anochecía tuvimos que apañarnos para dormir con algunas cosas que llevamos desde la mansión de Pilato: Claudia y su sirvienta lo hicieron en la única habitación que había, sobre dos alfombras y dos colchones de plumas encima de aquellas y el conductor que debería quedarse hasta que Claudia estuviera preparada para su regreso y yo, en el comedor tras apartar la mesa y las sillas para instalar las correspondientes alfombras. La casa era excesivamente minúscula pero nos supimos acomodar.
El carro lo dejamos en la calle y los dos caballos que tenían que llevarnos de retorno, en el corral con el mío.
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Al día siguiente, fui a una casa habitada por familiares de uno de los apóstoles, que me indicaron donde estaría Jesús en la próxima ocasión
Y cuando nos encontramos en la montaña donde ya se había congregado una gran multitud apareció Jesús acompañado de sus doce apóstoles y extendiendo los brazos a modo de saludo, empezó a hablar diciendo en voz alta para ser escuchado por todos:

Hoy os voy a dar unos consejos imprescindibles para llevar una vida justa.
Nunca juzgues a nadie si no quieres ser juzgado, porque aquel que juzga será juzgado. Antes de ver la paja en el ojo ajeno mira si tienes tú una viga en el tuyo, porque ¿Cómo vas a sacar una pajita del ojo de otro si no te sacas la viga del tuyo?
Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo y después la pajita del ojo de tú hermano.

No atesores una fortuna mientras tú hermano pasa hambre, porque tú te morirás antes y esa fortuna será pasto de los ladrones, del orín
y la polilla.
— Atesorad para el cielo donde no hay orín, polilla ni ladrones, porque donde esta tu tesoro está tú corazón.

—Yo os digo que no hagáis resistencia al agravio; antes, si alguien os hiere en la mejilla derecha, vuélvele también la otra.

Al que quiera armarte pleito para quitarte la túnica, dale también la capa, y a quien te fuerce a ir cargado mil pasos, ve con él otros dos mil.

Sabed que uno que tenga mil monedas y da dos a un pobre no es mejor que uno que solo tiene una y la da a otro pobre, porque este ha dado todo lo que tiene, mientras el otro ha dado un ínsignificante parte de su fortuna. Por eso os aseguro que es más difícil que entre un rico en el reino de los cielos que meter un camello por el agujero de una aguja.

–Al que te pida, dale; y no tuerzas el rostro al que pretenda de ti algún préstamo.

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— Habéis oído que fue dicho; amarás a tú prójimo, y han añadido malamente… (Tendrás odio a tú enemigo) Yo os digo más. Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os aborrecen y orad por los que os persiguen y calumnian, para que seáis imitadores de vuestro padre celestial, que hace salir el sol sobre malos y buenos y llover sobre justos y pecadores.

–Sed perfectos, así como vuestro padre celestial es perfecto, imitadle en cuanto podáis.

Durante largo rato, Jesús estuvo dando consejos parecidos a los anteriores, siempre para mejorar el trato entre personas a las que dijo son nuestros hermanos ya que Dios es padre de todos.
Y mientras Jesús hablaba yo iba recordando a mi familia y pensaba. Si todas las personas actuaran así considerando que somos todos hermanos, seguramente mi familia estaría viviendo felizmente. ¿Pero porque hay gente tan mala cómo Plinio y sus secuaces? ¿ ¿Acaso tenemos que presentar la otra mejilla a estos asesinos? ¿Debemos tener fe en que Dios los castigue cuando mueran y permanecer sin hacer nada mientras violan, roban y asesinan a todo aquel que encuentren a su paso?
Alguien me dijo que Dios nos da a todos libre albedrío y yo sé que hay seres humanos que carecen de ese don ya que son completamente tontos que no se comunican con nadie ni saben hacer nada en absoluto. Y por eso me pregunto:
¿Cómo puede tener libre albedrio un ser que nace con el cerebro inútil?
Dicen que esas cosas son infinitamente justas pero que no las entendemos porque no alcanzamos la perfección total del conocimiento.

De pronto vi que la señora del procónsul Pilato, la señora Claudia se había alejado de mi lado y estaba junto al Mesias hablando con él mientras le besaba una mano.
Debido al murmullo de la multitud y estar algo apartado solo pude oír la frase de él cuando dijo con su voz portentosa:

Ve a tu casa si lo deseas y no te preocupes que ya estas curada. Tú fe te ha sanado.
.

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Aquel día ví como curaba a un ciego, al que dio la vista al instante quedando asombrado al contemplar el mundo por primera vez.
– A un endemoniado que gruñía como un animal, al que vimos cómo ante la orden de Jesús, arrojaba a siete demonios de su cuerpo.
— A un lisiado que tenía los brazos y las manos contrahechas, y quedó perfecto al instante.
— A un cojo, que se desprendió de sus muletas y se puso a caminar lleno de felicidad.
— A dos leprosos, que quedaron limpios con solo tocar el manto de Jesús, y a varios más que sufrían dolores diversos, asfixia o fiebres crónicas, por enfermedades desconocidas.

Las gentes que tan insólitas curaciones contemplaron estaban extasiadas y rezaban exclamando.
¡Dios es grande y su poder no conoce limites! ¡Bendito sea!

Al día siguiente de los hechos narrados nos levantamos muy temprano para aprovechar el tiempo y poder llegar antes del anochecer a Cesarea.
El conductor, empezó a preparar el carro con los caballos, mientras, Josefa la sirvienta recogía los enseres y otras cosas como alimentos y vestimenta suya y de la señora Claudia.
Pero Claudia dijo:
-Yo no me voy, ayer conocí al hijo de Dios y lo voy a seguir durante unos días. Nunca en mi vida me he sentido mejor y todo lo que vimos ayer bien merece que lo acompañe, no solo unos días, si no la vida entera si es necesario.
Traté de convencerla alegando que su esposo la estaría esperando ansioso por saber como se encontraba y para poder estar junto a ella. Que su esposo la necesitaba.
Pero ella dijo en tono suplicante.
Decidle que me encuentro perfectamente que ya no me duele nada Que solo serán unos días, que también tengo ganas de verlo y que lo quiero mucho, pero deseo ante todo seguir a Jesús unos días, aunque solo sea una semana.
Es algo que me lo pide el alma como si fuese un deber por lo que ha hecho por mi salud.
Puede venir y acompañarme si quiere y me sentiré feliz completamente.
No fue posible convencerla ni diciéndole:
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Su esposo no puede venir porque es el Procónsul y su presencia, como ya sabe usted podría alterar la estabilidad política peligrando la paz entre Roma y Judea.
Ante la imposibilidad de convencer a la señora Claudia Prócula, y tras deliberar, entre todos decidimos que se quedara la sirvienta acompañándola para lo cual les dejamos el dinero suficiente para alimentarse un par de semanas.
El conductor con un caballo y yo con el mío podríamos llegar a Cesarea a media tarde cabalgando al trote.
Pilato se puso muy contento cuando le explicamos que su esposa había sido curada de su penosa enfermedad, pero no le gustó nada que no la hubiésemos traído con nosotros; pues dijo después de cambiar su sonrisa de satisfacción por un rictus de hondo pesar que reflejó su rostro:
-Me es imposible ir a Nazaret para estar con ella, precisamente me han llegado rumores de que los fariseos y otros grupos religiosos quieren apresar a Jesús de Nazaret y crucificarlo, para lo que ya están conspirando.
Era indudable el temor que sentía Pilatos al Emperador Tiberio y al senado, pues después de que el senado asesinó a Julio Cesar en la famosa conspiración en la que intervino Bruto su gran amigo, ya nada era seguro en Roma, hoy podías ser el hombre más saludable del Imperio y mañana estar crucificado o envenenado. Había que andar con mucha cautela.
Solo me faltaba mezclarme en este asunto para echar a perder mi posición en Palestina y quien sabe que sería de mí después de ese conflicto.
Tras aquellas temerosas confidencias, Poncio Pilato me miró fijamente y me ordenó tajante:
–¡Mañana no quiero que te quedes por aquí, apenas amanezca coges tu caballo y te vas a Nazaret.
Confío en ti, acompañarás a Claudia a todas partes e irás escribiendo todo lo que veas y escuches del Mesías y cuanto oigas y veas de las gentes, como siempre.
Eres mi mejor agente de espionaje, espero que me traigas buenos informes. ¡Ha! Por cierto, los legionarios de mi guardia ya no pernoctareis aquí, ahora solo lo hacen los que están de servicio, los demás lo haréis en la Torre Antonia durante las fiestas de pascua. ¿Sabes donde está?
Si mi excelencia. Pero es en Gerusalen ¿No?
Le contesté escuetamente, con extrañeza.
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-En efecto y allí nos tenemos que trasladar; ahora mismo partiré yo con la guarnición, pero tu pasarás esta noche descansando y en cuanto amanezca te vas a Nazaret.

Cuando me despedí de Pilato, la noche se avecinaba, un manto oscuro se fue adueñando de las calles de Cesarea, parecía que iba a llover y el viento frío que me atacaba en cada confluencia de calles me empezó a inquietar.
En cuanto llegase al cuartel me vestiría de centurión, encendería una lámpara y me miraría al espejo.
Ya casi no me acordaba del bonito uniforme y me quería ver con él puesto.
A veces no comprendía para qué diablos me habían ascendido si nunca ejercía de centurión, mi destino era ir siempre disfrazado de paisano.
En cuanto cumpliera mi contrato de un año me licenciaría y me dedicaría de nuevo a buscar al asesino de mi familia.
La única y gran satisfacción que sentía en mi corazón era el haber conocido al hijo de Dios.
Aunque dentro de mi aún presentía que las dudas me acuciaban inexorables.
A mi entender lo que no era natural no me convencía.
Había entrevistado a varias personas que antes eran enfermos, de imposible curación, cómo un ciego de nacimiento, preguntando a sus vecinos, amigos y familiares que me aseguraron que siempre estuvo ciego, igual que hice con un paralítico y con varios sordos mancos y endemoniados con el mismo resultado todos me decían que era verdad, que no había trucos ni magias, pero yo no lo comprendía mi escepticismo no entendía nada ni creía nada ni sus palabras tan llenas de sabiduría me convencían, incluso pensé que lo de la señora Claudia era imposible y cualquier día le volverían los dolores.
Verdaderamente ni yo mismo comprendía mis dudas.
Ni aquellas curaciones y lo que había escuchado de otros como que con solo mandarlo, el mar se quedó tranquilo y desapareció el viento huracanado, o que había dado de comer con solo cinco panes y varios peces a cinco mil personas y sobró para dar de comer a otras tantas, me parecían cosas no naturales y no las admitía mi cerebro.

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Solo me tenía muy intrigado el hecho de aquel día en que vi a Jesús andando sobre las aguas y yo lo probé hundiéndome.
No lo comprendía y mi instinto no lo admitía, aquello no era natural.

Apenas amaneció, tal cómo me ordeno el procónsul monté a caballo y Sali rumbo a Nazaret donde llegué atardeciendo.
Ya en mi casa, Encontré a la señora y la sirvienta a punto de cenar y las dos se pusieron muy contentas al verme.
Repartieron la cena conmigo y mientras cenamos dijeron que por la noche sentían mucho miedo de estar solas y escuchar el ruido del viento o del caballo que quedó en el corral.
–¿Y ya le dais de comer y beber al caballo?
Ante tal pregunta se echaron a reír, afirmando la sirvienta Josefa:
–¡Naturalmente, si no se moriría de hambre y sed el pobrecito! ¿No? ¡Que pregunta, hay que ver que cosas tiene usted!
Después de aquella torpe pregunta les hice otra más estúpida aún.
-¿Y que tal con el Mesías ese, ha curado a alguien más?
Las dos mujeres se cambiaron una mirada de sorpresa y las dos al unísono me reprendieron mi falta de respeto a Jesús
Recuerdo lo que dijo claudia muy enfadada..
-¿Cómo puedes hablar así del hijo de Dios? Acaso crees que es un simple curandero? ¡Deberías ser más respetuoso!
Si Jesús te hubiese curado de una enfermedad como la mía, no hablarías de el así.
-Tenéis razón, no soy perfecto y he hablado sin meditar lo que decía. Perdonadme.
-Nosotras no podemos perdonar a nadie sobre esta falta de respeto, las ofensas a Dios solo él las puede perdonar.
Pídeselo antes de dormirte esta noche y él te perdonará si lo haces con fe.
Durante una semana estuve acompañando a Claudia y a su sirvienta a todos los lugares donde Jesús contaba de una forma sencilla para ser comprendido por las multitudes parábolas sorprendentes y curaba a los enfermos milagrosamente.
A pesar de tanta claridad, en el ambiente note mucho escepticismo en ciertos grupos que murmuraban constantemente, a la vez que en sus gestos se les adivinaba mucha malicia contra Jesús.
Durante aquellos días pude averiguar que aquellos grupos pertenecían a enemigos del Mesías. Sin duda eran, fariseos escribas y seduceos.
Como ya tenía varios papiros escritos me trasladé a Jerusalén,
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Acompañado por Claudia montando el caballo que teníamos de reserva y su sirvienta en otro que compramos.
Cuando llegué a palacio, Pilato hizo un gesto extraño, no debió advertir la presencia de la sirvienta ni de Claudia, que me seguían, lo que me pareció muy feo, y que ambas mujeres notaron, por la expresión que pusieron.
Pilato se dirigió a mí presuroso preguntando con una exclamación:
¿Que me traes? ¿Alguna novedad importante?
Haciéndome el distraído como si la cosa fuera lo más natural del mundo, le contesté:
-Todo el informe lo tengo escrito, aquí lo tiene.
Ya tenía en su mano el rollo de papiro con el informe cuando se apercibió de la presencia de Claudia y la sirvienta.
Debió ser por eso por lo que su cara enrojeció súbitamente antes de hablar con la elocuencia que lo caracterizaba.
-Por todos los demonios, no os había visto. Estoy tan obsesionado con los asuntos oficiales que ya no veo ni donde pongo los pies
¡Perdonadme!
Inmediatamente quiso subsanar el error dirigiéndose a su mujer, pero ella le dio la espalda y salio del salón sin despedirse tan siquiera, por lo visto estaba muy enfadada.
Sonriendo de una forma forzada Pilato susurró:
-¡Mujeres! .. No hay quien las entienda. Bueno, vamos a ver que me traes en esos papiros.
Se arrellanó en su confortable sillón y leyó el informe sin decir palabra; después de rascarse la barbilla con escaso entusiasmo dijo:
-Lo que me temía, Al nazareno creo que le quedan pocos días de vida. Sus enemigos son muy recalcitrantes y no lo van a dejar escapar fácilmente, cada vez lo veo más claro.
Aquella noche apenas me había acostado cuando llamaron a la puerta de mi habitación ya que como centurión dormia aparte de la tropa en Torre Antonia; era un soldado que me dijo:
-Poncio Pilato me ha ordenado que venga a buscarte inmediatamente, que hay problemas muy graves, deberás seguirme.
–¿Qué pasa?
Le pregunté alarmado.
–No puedo decir nada, me lo ha prohibido. Él te lo contara.

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Cogí mi caballo y me dirigí al galope detrás del legionario, al poco ya estaba en el palacio del procónsul entrando sin saludar siquiera a los guardias del salón donde siempre me recibía.
Las primeras palabras de Pilato fueron:
Han detenido a Jesús de Nazaret, Prócula y su sirvienta han ido a ver que le ha sucedido y yo estoy atado de pies y manos sin saber que hacer, no debo intervenir en un asunto entre judíos a menos que me lo pidan.
-¿y que he de hacer yo?
Pregunte adormecido.
–Quiero que vayas a buscar a Claudia, antes de que le suceda algo.
No sabiendo como empezar a buscar a la señora le pregunté.
¿Tiene idea de donde puede haber ido?
Supongo que al monte de los olivos donde creo que tenía que hablar Jesús, allí he mandado a mil legionarios a contener a sus seguidores antes de que se revolucionen.
Acudí prestamente al monte de los olivos, encontrando una gran multitud rodeada por miles de legionarios a pie y a caballo que no les permitían marchar bajo ningún concepto.
Me acerqué a un centurión que conocía y le pedí que me dejase entrar en el círculo sitiado, que tenía que buscar a una persona muy importante y llevarla al procónsul Pilato y que cuando la encontrase saldría por aquel mismo lugar. Sin embargo no fue precisa mi entrada, ya que Prócula que me había visto acudió y se puso a hablar conmigo diciendo con evidente angustia:
-Creo que deberían venir con nosotros varios de los que Jesús ha curado para declarar cómo testigos en caso necesario a su favor.
Después de cambiar unas impresiones con aquel centurión, este aceptó a la vez que señalaba una gran roca que tapaba gran extensión del lugar sitiado.
-Dejare salir a tres o cuatro y que lo hagan por detrás de esa peña para que no lo vea nadie, pero si hubiera cualquier problema no me impliquéis, decid que tratabais de escapar
Inmediatamente La señora fue a buscar a varios conocidos y al poco salía con ellos por donde el centurión amigo nos indicó.
Al poco ya estábamos en el palacio de Pilato y su esposa le contó su plan.
Estos son cuatro personas de las miles curadas por Jesús, este era ciego de nacimiento y lo curó hace ya casi un año en Jericó. A esta señora que estaba endemoniada le sacó los demonios del cuerpo
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en Betsaida hace ya seis meses y a estos que estaban leprosos los limpió hace ya más de un mes en Nazaret. Sería conveniente que los lleves como testigos de los milagros que hacía este Mesías hijo de Dios.
A Pilato le pareció bien la idea de su mujer y se fue con aquellos testigos para reunirse con los samaritanos y los fariseos, que lo habían llamado; una vez alli presentó a los enfermos curados pero ante las pruebas de los testigos el gran sacerdote Caifás alegó contundente.
-Es muy verdad que estos estaban en las condiciones que dicen, de eso no tengo la menor duda, ya que hemos investigado muchos casos, pero todo esta hecho en nombre del Diablo, todo eso es diabólico y la prueba es que muchos de esos milagros como vosotros llamáis a esa diabluras las hace sin respetar la voluntad de Dios que prohíbe trabajar en sábado.
Este hombre ha trabajado en sábado muchas veces, curar es cómo un trabajo de médico, este hombre lo ha hecho muchas veces sin respetar el sabado y merece la muerte en la cruz.
En ese momento llegó un legionario romano, que entregó a Pilato un comunicado de su esposa Claudia que decia.
No te mezcles en los asuntos de este hombre justo porque he soñado cosas que me han hecho sufrir mucho.
Apenas leído ese mensaje llegó uno de los apóstoles llamado Judas Iscariote y tirando las monedas que le habían dado los fariseos por traicionar a Jesús lo que facilitó su detención, dijo:
No quiero este dinero. (Tal dinero se lo habían pagado por traicionar a Jesús diciendo:
-(Podréis detener al que yo bese, porque ese es Jesús)
A lo que el gran sacerdote le contestó, cuando tiró las monedas.
-Allá tú ese no es mi problema.
Y añadió:
Recoged esas monedas y llevarlas al templo para ofrendarlas a Dios.
Y añadió
Ahora voy a exponer al que dice ser hijo de Dios al pueblo para que lo perdone por ser pascua o lo condene a ser crucificado.
Entonces Caifax el sumo sacerdote del templo, desde un balcón, presentó a Jesús al pueblo de Jerusalén y pregunto a la muchedumbre que llenaba la plaza.
Aquí tenéis al que dice ser hijo de Dios Y no respeta los sabados como es la voluntad de Dios pr lo que creemos que las curaciones
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son cosas del mismo Satanás y a este otro lado a Barrabas, un ladrón Y como es costumbre en la pascua yo os pregunto ¿A quien perdonamos de morir en la cruz? ¿A Jesús el nazareno que no respeta los mandamientos o a Barrabás, un ladrón que roba para poder comer?
La contestación de la muchedumbre fue clamorosa:
-¡A barrabás! ¡A Barrabás! Gritaron todos.
Al oír esa exclamación multitudinaria Pilato agachó la cabeza,
se puso a lavarse las manos en una jofaina y tras secárselas con una toalla les expuso:
-Yo me lavo las manos; que la sangre de este hombre justo caiga sobre vosotros y vuestros descendientes.
Caifáx sonrió satisfecho ya que para condenar a alguien a muerte, solo lo podía hacer el procónsul romano y lo había hecho de una forma rara, pero lo había hecho.
El procónsul romano se desentendió y lo dejó en sus manos.
Y el sumo sacerdote, al momento mandó que se iniciaran los suplicios a que fue sometido Jesús que con voz apenada dijo:
-Hágase la voluntad de Dios—
Después, durante todo el tiempo permaneció en silencio absoluto, siendo azotado vilipendiado con escupitajos e insultos y coronado con una corona de espinas, después cargado con la cruz ascendió unos tramos de la montaña Golgota, cayendo varias veces; en una de ellas, una mujer que antes estaba endemoniada y Jesús la salvó de los demonios y se llamaba Maria Magdalena, le dio a beber un poco de agua en un pañuelo empapado.
Otra mujer llamada Verónica le enjuagó la cara con su pañuelo
Después, fue ayudado por un hombre que se llamaba Simón de Cirene a llevar la cruz.
Ya en la cima del monte lo crucificaron delante de su madre y otras personas que no cesaron de llorar, clavándolo con clavos en las muñecas y los pies.
Sobre la cabeza le pusieron un letrero que decía- Jesús hijo de Dios-
Levantaron la cruz y allí vigilado por los soldados romanos quedó entre dos ladrones, Dimas y Gestes, uno a cada lado, también crucificados..
Uno de los ladrones, Dimas, le pidió perdón por sus pecados y Jesús le dijo.
-Hoy estarás en el cielo a mi lado.

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Yo mientras tanto me encontraba en el Palacio de Pilato esperando órdenes y cuando el llegó y me enteré de lo sucedido quise ir a ver a Jesús, algo me impulsaba a ir a verlo, no podría explicármelo, era una fuerza superior que me empujaba al monte aquel, y cuando llegué lo vi todo en tinieblas, varios soldados lo estaban custodiando. y me dejaron que me acercase a verlo de cerca. Los otros dos ya estaban muertos por lo visto a los ladrones les habían roto las piernas para que muriesen antes y a Jesús no y sufrió durante más de nueve horas, no parecía estarlo aún y me pareció
que me miraba, Pero de pronto gritó:
-¡Padre por que me has abandonado!
Aquel grito desesperado me impresionó profundamente, creí que estaba sufriendo mucho y quise evitarle tanto dolor, así que le quité de las manos la lanza a uno de aquellos soldados, me acerqué a la cruz y se la clavé en un costado intentando atravesarle el corazón y acabar con sus sufrimientos, por la herida empezó a salir agua y sangre. Entonces dije apenado:
-Verdaderamente este hombre es el hijo de Dios
Me quedé todo el tiempo allí haciendo compañía a los soldados, y a las mujeres entre ellas su madre angustiada, hasta que lo bajaron, lo envolvieron en un lienzo y se lo llevaron para enterrarlo en una cueva donde lo metieron dentro de un sarcófago, después cerraron la cueva y taparon la puerta con una gran roca.
Todo fue visto como ya dije por varias mujeres que allí estában una era su madre, Maria, otra era Maria la de magdala y otra la mujer de Poncio Pilato, Claudia Prócula.
Como había corrido el rumor de que al tercer día resucitaría algunos seguidores fuimos a ver si era así, entre ellos seguían estando como en su entierro, su madre, Maria, Claudia y Maria Magdalena que entraron y enseguida salieron diciendo que Jesús había desaparecido y que se les había aparecido un ángel diciéndoles que Jesús había ascendido a los cielos pero que volvería a presentarse a muchas personas, entre ellas a sus apóstoles.

Después de aquellos acontecimientos aún sucedieron otras cosas dignas de recordar.

Pilato me ordenó que investigase a ver donde se habían llevado el cadáver de Jesús y me dijo:

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Cuanto ha sucedido con la muerte del Mesias es muy sospechoso, primero lo detienen por hacer milagros, yo les intenté convencer de que eran cosas buenas, pero ellos contestaron alegando que eran cosas del diablo por que muchas veces las había hecho en sábado estando prohibido por Dios trabajar en tal día, después lo enetrraron en una cueva y ahora resulta que desaparece de su tumba y sus amigos aseguran que se les ha aparecido en varias ocasiones dándoles instrucciones para llevar su doctrina al mundo entero, pero a pesar de que mi mujer esta convencida de que todo es verdad y que Jesús es el hijo de Dios, yo noto ciertas cosas que no me concuerdan cómo por ejemplo:
¿Cómo es posible que uno de sus apóstoles lo traicione Si ha sido testigo de cientos de milagros?
No lo comprendo, quiero que investigues y averigües donde está el cuerpo de Jesús.
Necesito saber toda la verdad de este misterio.

Inmediatamente me puse en camino de Galilea y me dijeron que Judas se había ahorcado, busqué a mi amigo el familiar del apóstol pedro y este me comunicó que no había ningún misterio que Jesús había resucitado, y se había presentado en diversas ocasiones para dirigir a sus apóstoles por las sendas que deberían llevarlos a sus respectivos destinos.
Después de varias semanas investigando por todas partes llegué a la conclusión de que en efecto no existía ningún misterio, que todo se había desarrollado según dijo la señora Claudia Prócula, y regresé a Cesárea. Donde Pilato se había encontrado con otro conflicto
En aquella ocasión medité mucho sobre la palabra misterio y pensé ¿Acaso no es un misterio la existencia? ¿Acaso no es un misterio la naturaleza? Verdaderamente vivimos rodeados de grandes incógnitas que no sabemos ni entender remotamente. ¿Qué es la vida? ¿Por qué unos nacen bien y otros mal en diferentes aspectos? ¿Qué fue antes el huevo o la gallina? Todo son misterios que jamás dominaremos ni comprenderemos.
Pero dejémonos de conjeturas imposibles y volvamos al problema que se había suscitado en Roma
Resultó que el gran sacerdote de Jerusalén habló mal de Pilato al gobernador de Siria Vitelio que era vigilante de lo que sucediese en Palestina y Pilato tuvo un comunicado del emperador Tiberio ordenándole que se presentase a la mayor brevedad posible para
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aclarar ciertos rumores que le habían llegado de los cinco firmantes de abajo, que eran los cinco sacerdotes del templo.
Los que lo acusaban de intrigas, robos y dictadura ilegal.
Pilato sabía que presentarse bajo tale acusaciones, que dijo eran falsas ante Tiberio solo podrían reportarle la destitución el descrédito y posiblemente la crucifixión, así que decidió exigir a los sacerdotes una confesión de denuncia falsa y al negarse ellos los hizo encarcelar e inmediatamente sin otro juicio ni nada, los crucificó. Enterado Vitelio gobernador de Siria, lo comunicó al emperador Tiberio y este ordenó que Pilato fuera detenido y llevado a Roma para comparecer ante el senado.
Desde entonces no se volvió a saber nada ni de Poncio Pilato ni de su mujer Claudia Prócula.
Circularon algunos rumores que aseguraban que Poncio Pilato se habia suicidado y de su esposa Claudia nadie sabía nada, lo que realmente nada aportaba a tan escabrosos sucesos.

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CAPITULO XII

¡LA TEBERNA VENUS!

Después de licenciarme del ejército, lo primero que hice fue regresar a Roma donde debería efectuar algunas comprobaciones referentes al estado de cuentas y marcha de mis negocios agrícolas y ganaderos que puse en manos de mi amiga Livia, además de visitar a familiares y amigos.
Durante los dos años que estuve en Siria y Judea permanecí completamente desconectado de mis padres adoptivos, de mis negocios y de mis amigos los luchadores y gladiadores; solo me comunique con Roma a través de los papiros que fuimos enviando a los dos emperadores que hubo durante ese tiempo, Cesar Augusto y Tiberio
A mis padres nunca les dije nada de cómo iban las cosas, por no preocuparlos, tan solo les envié una carta al principio, pero al no recibir contestación dejé de hacerlo y pasó el tiempo casi sin darme cuenta de tanto trabajo en investigar y escribir los informes.
Cuando llegué me enteré de varias cosas que habían sucedido durante mi ausencia.
Sucesos que me hicieron y llorar meditar en la brevedad del tiempo.
A veces, especialmente cuando eres joven, tienes la sensación de que nunca sucede nada, que el tiempo transcurre lentamente, y hasta llegas a creer que nunca llegarás a viejo, pero al atravesar cierta edad, cuando empiezas a tener problemas de salud, vas perdiendo facultades, tienes menos fuerza y agilidad, te duelen los huesos y ves como la piel se arruga por todas partes y las aventuras infantiles se ven lejanas aunque solo estés a cuarenta años de aquel tiempo entonces notas que tú vida se acelera y adviertes que pasan cosas en las que nunca habías reparado, cómo que los vecinos o conocidos se van envejeciendo también, algunos muriendo, o que tus conocidos empiezan a tener familia, enfermedades y algunos, muchos problemas.
Es por eso que durante dos años el tiempo se me fue escapando tan rápido que ni me di cuenta de que tenia familia, amigos y
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negocios en Roma, y cuando regresé apenas pude asimilar que mi padre adoptivo Ovidio y mi madre su esposa, Agripina habían fallecido durante mi ausencia en un intervalo de tres meses, siendo ella la primera que falleció de un ataque cardiaco y él de tristeza al verse solo.
Nunca comprenderé porque no me llegó ninguna de las cartas en que mi padre Ovidio me comunicaba la muerte de Agripina su esposa, y después las de Livia contándome la muerte de de los dos, ni tampoco la invitación que me hizo a su boda con el comerciante más rico de un pueblo cercano, dejando su empleo en manos de Floro el sirviente de los que antiguamente eran esclavos en la villa de mis padres, el que me salvó la vida.
Floro me recibió en su casa y me mostró las cuentas de la explotación, que por cierto fueron mejor de lo que me esperaba en especial el aumento de los afluentes de agua para riegos y el aumento de hectáreas laborables, haciendo que las ganancias fueran mayores.
Durante su control hacía poco más de un año en las finca se habian experimentado cambios de mejora notables y por tanto se aumentó también el numero de obreros contratados.
Floro me contó que al no contestar a ninguna carta mis padres se pusieron muy tristes y pensaron que me podía haber sucedido algún percance, por lo que pensaron hacer un viaje a Palestina ya que en el negociado del ejército no sabían nada salvo que me habían ascendido a centurión.
Lamentablemente no pudieron hacer el viaje por las tristes circunstancias ya reseñadas.
Verdaderamente la vida a veces te da golpes tremendos que son muy difíciles de sobrellevar, menos mal que al menos con el negocio todo fue bien.
Y cómo Floro había hecho estupendamente el trabajo de Livia le aboné la cantidad del diez por ciento que había acordado con ella y se puso contentísimo, repartiendo lo conseguido entre todos los sirvientes alegando que todos habían colaborado de igual manera.

Después de lo narrado anteriormente aún me quedaba en esta vida un deber por cumplir, que me destrozaba el alma y no me dejaba dormir, vengar a mi familia.
Posiblemente las comunicaciones entre llos paises del Imperio no fueran tan buenas como se presumía ya que en algunas ocasiones los correos eran interceptados por ladrones matando a sus
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portadores para quitarles los pocos dineros que llevasen en su bolsa particular o en los envios comerciales, resultando el envio de los correos perdidos en esos largos y accidentados trayectos , como a veces sucedió también con los envios de comunicados al emperador , aunque en estos casos el correo era más seguro ya que en tales casos se hacía con un sistema reforzado por tratarse de asuntos de gran importancia imperial.
Ahora no recuerdo quien dijo:– La venganza es un vino amargo que se debe beber sin prisas o de un trago.
No sé si era así ni porqué me ha venido ese refrán a la cabeza, posiblemente porque ya huelo los jazmines de Antioquia, mientras montado en mi caballo blanco, después de cabalgar toda la noche me adentro por sus bulliciosas calles, y mi corazón brinca de contento.
¿He escrito que estaba contento cuando aún no sabía lo que el destino me podía deparar? ¿Y si nunca encontrase a Plinio? ¿Y si él me encontrase antes a mí? Solo tenía una carta en la mano, y había que ponerla boca arriba.
Todo era cuestión de suerte.
Lo primero que tenia que hacer era buscar una casa para alquilarla así que empleé mi sistema de siempre, buscar y preguntar en una taberna.
En una esquina había una con nombre de diosa, Taberna Venus sin pensarlo ni un instante me acerque allí, até el caballo en una de las argollas que para tal fin había cerca de la entrada y entré resuelto. Nada más atravesar la puerta me pareció conocer aquel lugar, posiblemente ya pise aquel suelo en mi primer viaje a Antioquia capital de Siria.
Había mucha clientela, y me sorprendí aún más cuando vi a unos parroquianos sentados alrededor de una mesa redonda.
.Conté siete y no les di gran importancia, se trataba de hombres que jugaban y bebían, lo típico en estos lugares.
El lugar estaba bien iluminado por los rayos de un sol espléndido primaveral que penetraba por varias ventanas, además era medio día.
¿Dije que cuando vi aquella gente me sorprendí recordando algo?
Perdona amigo lector, a veces se me va el santo al cielo cuando algo me parece conocido y no sé que es, aunque en aquella ocasión me pareció conocer a dos de aquellos hombres que jugaban, bebían y reían sentados alrededor de aquella mesa.

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Las dudas que en un principio tuve se disiparon cuando advertí que uno de aquellos hizo un gesto al verme y conminó a los otros a que mirasen, señalándome sin ningún disimulo.
Todos si excepción volvieron la cabeza clavando sus miradas en mi, pero uno dijo en voz alta
–¡Bha! Dejadlo, ese se debe de haber equivocado de taberna.
Y siguieron con lo suyo olvidando mí presencia.
Sin embargo la cara de dos no se me pudieron borrar de mi mente, uno era bajito y regordete, tenia la nariz aplastada hacia un lado como si le hubieran atizado un buen golpe y el otro, aunque estaba sentado se notaba que era de más estatura, estaba calvo y tenia una cicatriz en la frente que le daba un aspecto inquietante siniestro, cómo de criminal en activo.
Aquellos dos individuos eran los que recordaba de cuando la primera vez que estuve con Poncio Pilato allí en Antioquia y me asediaban por todas partes.
Si mis sospechas eran fundadas aquella gente debería saber donde estaba Plinio.
Lo que me extrañó fue que en aquella ocasión no me atacasen.
Finalmente decidí preguntar en el mostrador al encargado por si me podía indicar donde podía encontrar una vivienda.
La barra estaba llena de gente tomando vino y refrescos, y de momento no vi a ningún camarero así que me senté sobre un taburete que había libre y me puse a esperar.
Apenas me hube sentado una camarera preciosa se acercó preguntando con una bonita voz y una sonrisa encantadora.
— ¿En que puedo servirle? ¿Desea tomar alguna cosa?
Nunca en mi vida me había sentido tan torpe, aquella imagen me pareció angelical y no acertaba a decir ni una palabra, en mi mente se estableció una densa cortina borrando todos mis asuntos, trasladándome al mismo cielo dejándome sin palabras; en voz baja, empleándome a fondo, solo pude decir.
–Me parece que me he enamorado de usted y me he quedado mudo.
La preciosa chica que debería contar unos veinte años se echó a reír consiguiendo que mi cara se pusiera roja de vergüenza.
Finalmente me rehice, recordé mi problema y le dije abochornado:
–Perdóneme señorita por mi desvarío, solo quería hacerle una pregunta, pero póngame un vaso de vino y se la hago después cuando tenga un poco de valor.

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La chica de ojos verdes, escultural figura, y sonrisa sensual se me acercó discretamente y me afirmó:
–No hace falta que se emborrache para hablar conmigo, pregunte, pregunte: que no muerdo.
–Aquella simpatía me dejó desarmado, así que le pregunté:
–¿Sabe usted si por aquí alguien me alquilaría una vivienda?
Cómo si se hubiera roto el mundo por un cataclismo ella puso un gesto de desencanto y contestó:
-Eso depende de cómo quiere usted que sea la vivienda. ¿Es para muchas personas?
–Solo somos dos, mi caballo y yo.
Nuevamente la joven se recupero de su mal instante y se rió muy divertida, pero aquella vez con tal sonoridad, que muchos parroquianos volvieron la cabeza para curiosear.
–Que gracioso es usted. Mira que contar a un caballo como persona… Perdone usted mi franqueza; sobre su pregunta le puedo acompañar a casa de una señora vecina que quizás le pueda ayudar, ya que se dedica a alquilar viviendas y eso.
¿Una vecina que alquila viviendas y ESO? ¿Qué quiso decir con ESO? ¡Nunca supe a que se refería con- Eso- y decidí averiguarlo en cuanto tuviera ocasión.
Ante tal ofrecimiento me sentí como si la molestase un poco y alegué, fingiendo consternación.
No quisiera molestar, dígame como se llama esa vecina y donde vive y ya iré yo a hablar con ella.
–¡Pero que dice de molestar, si estoy desando salir a que me dé un poco el aire, no sabe usted lo aburrido que es estar todo el día metida aquí.
Voy a llamar al Jandrín que se cuide del negocio mientras le acompaño a usted.

El tal Jandrin resultó ser el pequeñajo barrigudo de la nariz aplastada, y le llamaban Jandrin como diminutivo de Alejandro.
La chica me contó lo de eso, que no me aclaró nada y algunas cosas más por el camino a la casa de la señora vecina que se llamaba María, una VECINA que distaba desde la taberna casi dos horas de trayecto, la tal señora Maria me alquiló una vivienda similar a la que tuve alquilada en Jerusalén y algo más barata porque los precios allí en Antioquia eran más bajos.
Sobre la vivienda no voy a hacer ninguna descripción porque si empiezo a describir lo que se veía desde la ventana, los ruidos que
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se escuchaban, del gentío que circulaba por aquella calle enrevesada, llena de tenderetes por ser aquel día precisamente el señalado para el mercado, lo que se acostumbraba a vender, las discusiones y regateos entre los vendedores y clientes, los precios de cada artículo, si además me pongo a describir que desde esa ventana se podía disfrutar del vuelo soberbio de los pájaros vencejos y sus graznidos, persiguiendo a los mosquitos, el humo que salía de alguna que otra chimenea, y los olores que se percibían, algunos perfumados y otros repulsivos voy a aburrir al lector y a mi la verdad no me agrada aburrir a las personas con estúpidas o cursis descripciones y además porque gastaría un puñado de pergaminos y la verdad es que los pergaminos son muy caros y los tiempos que corren no son para tirar los denarios disponibles que cada vez son más difíciles de conseguir.
Creo que tras reflexiones tan convincentes lo mejor sin duda alguna será mejor no describir ni una habitación, ni mobiliario ni nada, que sin perdida de tiempo volvamos a lo que interesa.
Persuadido de que como aquella mujer nunca encontraría otra en este mundo ni en mi vida, decidí emplear el tiempo de regreso; ya habíamos simpatizado durante la ida, así que decidí emplear toda mi estrategia romántica del bagaje que dudaba poseer, y emplearlo a fondo, pidiendo a Dios que me ayudase, al menos en esta ocasión fe no me iba a faltar.
Cómo agente de información llámalo espía o como te parezca, me consideraba un avezado experto, pero cómo conquistador de mujeres, no puedo presumir en absoluto ya que quitando a Livia y alguna otra sin ninguna intención amorosa nunca he tratado a ninguna mujer, por eso me sentí abrumado y sorprendido de mi pericia en aquel momento.
A veces pienso que no fui yo el que conquistó a Venus, si no que fue ella la que me conquistó a mí.
Empecé mi asalto de la siguiente forma: le conté a la preciosa de ojos verde apasionante que me llamaba Longino y le dije que nunca había tenido novia porque nunca me había enamorado de ninguna hasta que la vi a ella.
Por lo visto le pareció harto extraño y protestó exhibiendo una sonrisa encantadora.
-No me creo nada, me parece usted un poco liante.
De nuevo le volví a asegurar..

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-Le repito que solo me he enamorado una vez y ha sido hace un rato cuando la he conocido a usted. ¿Acaso no ha notado como me puse de nervioso al conocerla, que me quedé sin palabras?
Ante mis astutos argumentos ella se hizo la desentendida, desviando la conversación.
–¿Y que hace usted aquí en Antioquia?
Me pareció que debía seguirle el juego así que le contesté con otra observación para volver al tema que me interesaba.
–Por favor, no me trate de usted, si vamos a ser novios o amigos tráteme de tú.
Ella se echo a reír alegando:
–Hay Longino, Longino, me parece a mi que has tenido muchas aventuras y más novias que pelos tienes en la cabeza. ¡Menudo pillín debes ser tú con esa labia!
–Si te hace feliz pensar que he tenido muchas aventuras no te lo voy a negar pero de novias nunca he tenido ni una y solo pienso tenerte a ti, si quieres, claro y si no me retiraré a una montaña, me meteré en una cueva y allí pasaré el resto de mi vida comiendo hierbas y lagartijas.
–¿Pero estas seguro de lo que me pides?
–Nunca he estado más seguro de nada, cuando me conozcas mejor sabrás que jamás miento.
–¿Y que he de hacer para conocerte mejor?
– Eso es fácil yo te voy a decir que si quieres ser mi novia y si tú respondes que si, empezarás a conocerme mejor, te lo aseguro. ¿Quieres ser el amor de mi vida
Entre risas de nuevo ella habló
–No te puedo contestar a esa pregunta por que esa no es la pregunta que has dicho antes. La pregunta ya que veo que te estas liando te la haré yo. –¿Quieres ser mi novio? Di, si o no. Pero piensa que yo no voy de broma; que yo, créelo o no, solo tuve un novio, que murió; después ya no tuve ninguna relación parecida. Y mira, he tenido pretendientes a montones, pero solo tú me has gustado.
Creo que me he enamorado de ti solo con verte.
¡Por cierto, me llamo Venus!
Todo aquello me parecía un sueño, algo imposible de creer.
Me encontraba ante la mujer más exquisita del mundo que me pedía que si quería ser su novio, y me lo estaba diciendo como una diosa del amor, cómo la diosa Venus.

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Solo debía contestar…¡Si! Por eso me llené los pulmones de aire y exclame—-
–¡Si!
Creo que nos habíamos vuelto locos puesto que darse besos en público nunca lo vi hacer a nadie y nosotros lo hicimos.
Y lo hicimos en la puerta de la taberna Venus a la que habíamos llegado de regreso y allí fuimos aplaudidos por todos los transeúntes y los parroquianos de la taberna, incluido Jandrin,

Durante los días siguientes, Venus y yo fuimos la pareja más feliz del mundo yo le conté toda mi historia desde aquella maldita noche, que estaba buscando a PLinio para vengar a mi familia matándolo. Le conté también que durante dos años había estado escribiendo todos los documentos que Poncio Pilato me dictaba primero para el emperador Cesar Augusto y después para el emperador Tiberio. Raro era el día en que no le contaba algo de mi pasado cómo que llegué a ser campeón de lucha grecorromana y el combate que perdí haciendo de gladiador sin armas contra Plinio y que no fui muerto por él porque el emperador Augusto me perdonó.
Luego otro día después de hacer el amor con ella en mi casa le conté las dudas que había sembrado en mí el hecho de que no fuera virgen generando dudas que me perseguirían durante toda la vida, algo que como la venganza contra Plinio me iba a repercutir siempre, porque… ¿Como puede un hombre saber lo que su mujer pudo sentir por otro u otros en el pasado? ¿Recordaría a alguno y lo consideraría mejor que a él? ¿Le habría aceptado para vengarse del otro sin amarlo a él? ¿Volvería con el otro si lo encontraba algún dia o el la buscase? ¿Le habría mentido en algo? ¿Qué podia haber hecho con el otro o los otros y los recordaria siempre?
Tras todas aquellas preguntas que pudiese tener un hombre, ante una situación en que se encontrase como yo, ella contestó.
No tengas dudas, tú no eres ese hombre, yo te amo a ti para toda la vida, todo lo demás esta olvidado para siempre
En otra ocasión le conté que había investigando a un hombre que hablaba a las multitudes en Judea y curaba a la gente de inmediato, tuviese lo que tuviese afirmando que era hijo de Dios.
Ella nunca me contaba gran cosa, una de las pocas cosas que me dijo fue que su hermano se llamaba Sejano y que como yo, eran romanos, que habían venido a Siria hacía muchos años porque tenían unos terrenos que vendieron para comprar la taberna ya que a su hermano no le gustaba trabajar en el campo y en Antioquia la
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taberna con vivienda incluida les Salió muy bien de precio y se ganaban la vida estupendamente.
Un día conversando, le pregunté por su hermano Sejano y le dije que algo no me cuadraba, la presencia de aquellos individuos que antaño me atacaron en diversas ocasiones en Antioquia me tenían intrigado.
Y ella me contestó.
-Sejano está de viaje de negocios en Egipto.
Mi hermano es una persona que no para de pensar en ganar dinero y en cuanto le hablaron de unos proyectos en Egipto le faltó tiempo para marchar allí.
Dentro de un par de semanas volverá y lo conocerás, creo que os llevareis bien.
En cuanto a tus sospechas sobre Jandrin y sus amigos, debes de confundirlos con otras personas, los conocemos desde hace más de cinco años y son trabajadores sin antecedentes de nada.
No te preocupes estás muy alterado por aquellos sucesos tan terribles de tu infancia.
No me convenció la explicación sobre los amigos de Jandrin, pero algo les debía de haber sucedido ya que hacía varios días que no los veía por la taberna y se lo dije a Venus preguntándole:
-Oye Venus. ¿No te has dado cuenta de que el Jandrin y sus amigos ya hace unos días que no vienen por la taberna?
Venus se me quedó mirando indecisa antes de contestar.
Longino, creo que estas un poco enfermo con todas esas ideas que te tienen obsesionado, estos tíos son como todos, una veces vienen y otras no, eso le pasa de vez en cuando a todos los clientes, dejan de venir y a lo mejor no los ves en un siglo por decirte algo y cuando menos los esperas aparecen como si tal cosa.
Olvídalos no te atormentes más, amor mío.
No muy convencido con aquellos razonamientos le pregunté.
-¿Y no sabes donde vive alguno? Te pregunto esto porque el primer día me pareció que conocías muy bien a Jandrín ya que le dejaste el negocio en sus manos.
Venus se sonrió antes de ponerse muy seria y contestar.
-Mira Chico, lo dejé que se cuidase del negocio cómo se lo pude haber dejado a otro, son todos clientes de confianza.
No le veo a eso nada de malo, creo que ves demasiados fantasmas por todas partes, me tienes muy preocupada.
Y sobre sus domicilios no tengo ni idea de donde vive ningún cliente, nunca me ha interesado saber eso.
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Después de aquella conversación ya no quise molestarla más pero a ratos me dedique a ir buscándolos por los distintos bares del barrio con la esperanza de que si eran del entorno por fuerza un día u otro los localizaría.
Lamentablemente no di con la pista de ninguno y me dije: Lo mejor será esperar al hermano a ver si él conoce a Plinio aunque se haya cambiado el nombre.
Ha sido una pena que hayan desaparecido los de la mesa redonda, que sin duda sabían muchas cosas y se me esta acabando la comprensión, la resignación y la paciencia.

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CAPITULO X I I I

Las dudas

Solo faltaban tres días para la vuelta de Sejano, el hermano de Venus.
Desde que hablé con un cliente del bar que me dijo que el establecimiento solo llevaba un par de años inaugurado, descubrí que Venus debió mentir al decir que habían ido allí hacia muchos al menos oho o diez para comprar la taberna con vivienda incluida por un precio muy bueno con lo conseguido en la venta de unas tierras.
Desde ese momento no he investigado nada más.
Mi desconfianza cada vez es más patente. ¿Porqué Venus me engaña en estos pequeños detalles?
Mi estado mental esta tan atormentado y desconfió de tantas cosas que prefiero esperar a que el destino actúe y ponga cada asunto en su lugar.
Por eso cuento los días, las horas y los minutos que faltan para el regreso del hermano de Venus.
Si el destino me ha traído a este rincón del mundo para conocer a esta mujer por algo será, el destino es intangible, incierto, a veces maravilloso y otras terrible, pero puede resultar increíble si el hermano de mi amor resulta ser el malvado Plinio, que se hubiera cambiado el nombre.
Claro que si Sejano fuera Plinio, Me hubiera dicho algo, no sabía a que atenerme. Siempre pensé que la casualidad no existe.
No paro de meditar en que las cosas suceden por algo por algo misterioso que desconocemos.
No sabía cómo reaccionaría si mis sospechas respecto a Plinio resultaban fundadas y el hermano de Venus era él.
Mil incógnitas acudían a mi mente al imaginar que podría perder el amor de ella si me tuviera que enfrentar a Plinio por ser el asesino de mi familia.
De nuevo las dudas me atormentaban; por un lado pedía a aquel hombre que dijo ser hijo de Dios que hacise el milagro de que
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Sejano no fuese Plinio y por otro le supliqué que lo fuese y terminase de una vez aquel tormento que me retuercía el alma y el corazón sin piedad de forma tan atroz e interminable.
Ya solo faltaban tres días para saber el final del misterio.
Ya eran demasiadas las mentiras que fui descubriendo aún sin poner énfasis en ninguna investigación, posiblemente el haber sido un sabueso durante tanto tiempo me había hecho desconfiado y todo lo desmenuzaba buscándole la parte oculta, recuerdo aquel dia en que descubrí en la espalda de ella unas marcas cómo si le hubieran dado latigazos y ella aseguró que estando en la bodega le había caído una estantería encima produciéndole aquellas heridas ya cicatrizadas.
Y cuando dijo que su novio se llamaba Rufo y nunca se había acostado con él y descubrí que no era virgen y me contó que había perdido la virginidad por que había sido violado de muy pequeña por un vecino loco, y que su novio había muerto victima de un accidente, al caer del caballo, y averigüé que ni se llamaba Rufo, si no Tulio y murió ahogado siendo hallado muerto en un río.
Ya eran demasiadas las mentiras pero era tan grande mi amor que llegué a pensar que la culpa era mía por ser tan desconfiado, que las personas suelen decir cosas que no son verdad sin malicia, que a veces la culpa de las mentiras la tienen más los oídos de quien escucha que las palabras del que habla. Que a veces uno oye mal lo que le dicen por estar pensando en otras cosas cómo a mi me sucedía continuamente.
Así iba pasando el tiempo, así fueron transcurriendo las horas,
los minutos que yo contaba incluso en mis sueños, hasta que por fin llego el tan ansiado día.

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CAPITULO XIV

LA VENGANZA

Sejano llegó y cuando lo vi no supe si era o no el hombre al que tanto deseé encontrar.
Como era costumbre en mi, las dudas acudieron prestamente a mi espíritu desconfiado
Cuando bajó de su caballo yo estaba junto a Venus y ni se percató de mi presencia, ambos se abrazaron y cuando se separaron ella me presentó con estas palabras llenas de emoción:
-Sejano aquí te presento a Longino mi novio, mi hombre.
-Tanto gusto en conocerte, Venus ya me había hablado de ti.
Esa fue la respuesta de él mientras me estrechaba la mano efusivamente y yo lo examinaba con suma atención.
Aquel hombre de una edad cercana a la cuarentena, salvo la estatura similar a la de Plinio no se parecía en nada al que tanto había buscado por medio mundo.
Sejano era gordo, muy distinto a Plinio que tenia una figura de atleta incomparable, su dentadura era completa y llevaba un parche en el ojo derecho debido a un accidente que tuvo de pequeño según me había contado ella, su hermana.
Por un lado di gracias a Jesús de Nazaret con mi pensamiento al quitarme tal peso de encima y aclarar mis dudas; pero por otro lado se me iba a complicar la vida ya que no pensaba de ningún modo olvidar el juramento que un día hice en sueños a mi madre, de que nada en el mundo me haría desistir de buscar al culpable del martirio al que fuimos sometidos todos los miembros de nuestra familia y el asesinato de ellos seis,
Después de conocer a Sejano la vida me pareció más bella, mi novia Venus se desvivía por mí y yo por ella.
Todo parecía haber terminado muy bien, sin embargo a los pocos días de nuevo a mi acudieron aquellos sueños en los que mis padres me inducían a seguir buscando a Plinio
-No te olvides de nosotros, vénganos y descansaremos en paz.

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Sejano nos contó que en Egipto el negocio que le habían propuesto era invertir una respetable suma de dinero en la construcción de
carreteras, puentes y servicios que unieran varias ciudades de gran importancia para el comercio y la industria además de la construcción de un puerto y una red marítima entre diferentes países para facilitar el intercambio comercial.
Sejano finalizó su disertación diciendo con desaliento:
-Es muy difícil hacer negocios con los egipcios, si no tienes una fortuna para invertir; nosotros solo disponemos de esta taberna y algún dinero para ir abasteciéndolo de bebidas y lo necesario.
Si tú pudieses prestarme cierta cantidad con la condición de devolvértela en dos años con intereses me harías un favor inestimable. Mi hermana me ha dicho que no tenías problemas económicos.
Aquella petición me dejó un poco desconcertado, no podía echarme atrás por el cariño que le tenía a Venus, así que le contesté:
-No soy tan rico como crees, pero si puedo ayudarte lo harésin ningún interés dime cuanto necesitas y lo consultaré con mis administradores en Roma.
Al momento Sejano me dijo la cantidad mínima necesaria para invertir en los proyectos egipcios.
-Necesito unos doscientos mil denarios de aureos,( Denarios de oro)
Al escuchar tal cantidad, no me dio un sincope por muy poco, eso era una fortuna imposible; no obstante le contesté intentando mantener la serenidad.
–No creo contar con tal cantidad, sin embargo si te parece bien, deberías esperar un par de semanas, haré un viaje a Roma y veré si puedo reunirla con la colaboración de mis amistades.
Sejano aceptó la condición de esperar dos semanas con otra condición:
-Si en ese tiempo no vienes con el dinero no es necesario que vuelvas y olvídate de nosotros.
Ante tal atrocidad no pude seguir manteniendo la tranquilidad.
-¿Cómo que me olvide de vosotros? ¡En todo caso me olvidaré de ti, de Venus jamás! ¿Quien te crees que eres?
Al verme tan enojado Sejano cambió de actitud y con un tono más sosegado y atento agregó:
–¡Pero hombre por qué te pones así! ¡Perdona pero esa es una forma que tengo de probar el amor entre personas, solo quería saber el cariño que le tienes a mi hermanita!
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Espero que no te lo hayas tomado a mal.
Por mi parte no te pongo ningún impedimento, esperaré el tiempo que creas necesario, el que necesites. ¿Dos semanas has dicho? ¡De acuerdo, quedamos en dos semanas!

Ignoro si Sejano notó mi desánimo cuando le dije sin excesiva convicción:
–Bueno, partiré mañana al amanecer, si quieres algún encargo de Roma que lo pueda traer en mi caballo dímelo ahora y al regreso te
Lo traeré
–Pues mira me gustaría que me trajeses una espada de gladiador siempre he querido tener una.
Al rato de despedirme de Sejano le dije a Venus:
Tu hermano, no comprendo por qué me recuerda a Plinio
Hemos tenido una conversación y se ha enfadado gritando como lo hacía Plinio recordándome su voz, después ha dicho una frase que también me lo ha hecho recordar cuando dijo no se qué de un sistema que tiene para comprobar hasta donde se quieren las personas.
Bueno, ya se que estoy condicionado con lo de mi familia pero son tantas las cosas que me pasan con tu hermano que a veces no se que pensar.
En cuanto me levante he de coger mi caballo y partir a Roma a ver si consigo reunir casi un cuarto de millón de áureos, (denarios de oro) para tu hermano.
Yo no sé como voy a reunir tal cantidad pero bien saben los dioses que lo hago por ti, por que si no… Bueno vamos a dormir un rato que me queda mucho camino para llegar a Roma.
Por cierto me ha pedido que le procure traer una espada de gladiador… Otra cosa rara… En fin, creo que tantas casualidades son demasiadas, si no fuera tu hermano tan diferente pensaría que es Plinio
Cuando llegué a Roma fui al banco a ver a cuanto ascendía lo puesto a mi nombre.
Apenas habían trescientos mil denarios de plata y necesitábamos doscientos mil áureos o sea denarios de oro una cantidad diez veces superior según mis cálculos.
Aunque no sabía cómo lo tenía que conseguir, me había comprometido y lucharía por ella, no por su hermano que me caía fatal no sabía por qué. ¡Por ella!

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No me atrevía, pero si me atreviese iría a pedir ayuda al gobierno, si estuviera Cesar Augusto iría y le pediría ayuda, pero con Tiberio no me atrevía, me daba mucho respeto.
Con Cesar Augusto seguro que conseguiría toda la ayuda necesaria, aquel emperador me tenia mucha simpatía, pero con Tiberio… ni pensarlo seguro que me pasaría cómo a otros que desaparecieron sin dejar rastro, lo mejor era olvidar al emperador y buscar por otros lados. Quizás vendiendo las tierras y el ganado llegase a tan desorbitada cantidad, claro que en tal caso debería ser con la condición de respetar el tratado con los sirvientes; a esas personas no se las podía dejar en la calle cómo ya sucedió en otra ocasión. Su comportamiento fue leal, irreprochable, no merecían ser obviados bajo ningún concepto.
Los sirvientes me recibieron con inusitada alegría, me pasé el resto del día en su compañía y me contaron que todo marchaba viento en popa como dicen los marineros cuando todo va viento en popa, o sea, perfecto.
Aquel último año llovió cuando había que regar y salió el sol cuando tenían que recolectar, fue un año espléndido.
Sin embargo había que espabilarse y salir a buscar el dinero donde fuera.
Al otro día fui al gimnasio donde habían varios luchadores amigos, conocía a algunos gimnastas cuyos familiares eran gente de gran poder monetario, pero me encontré con gentes desconocidas y los jefes me recibieron con hostilidad ya que antes cuando yo era campeón de lucha grecorromana de todo el Imperio, para ellos era un orgullo y satisfacción que les servia de publicidad para captar muchos alumnos y entonces cuando me habían descalificado y desposeído del titulo por abandono al haberme incorporado al ejercito y a pesar de seguir presumiendo de mi nombre, me recibieron fríamente. Viendo tanta frialdad no me atreví ni a mencionarles el problemita.
Así que al día siguiente fui al colegio de gladiadores donde Octavio el promotor y todos mis antiguos compañeros me recibieron con notable entusiasmo
Una vez expliqué al promotor mi problema este convocó una reunión para una semana más tarde a la que acudieron todos los gladiadores, los libres y los fijos a los que les hablé pidiendo ayuda en estos términos aproximadamente y digo aproximadamente ya

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que después de tantos años me resulta difícil recordad cuales fueron las palabras exactas.
Amigos y compañeros míos, os he convocado para pediros ayuda económica. He conocido a una chica y nos hemos jurado amor para siempre, resulta que ella tiene un hermano que ha de hacer una inversión de muchos denarios en Egipto y ella me ha pedido ayuda.
Como es natural yo que soy su familiar más próximo le he prometido el dinero para su proyecto en el que se puede ganar una cantidad muy importante, pero resulta que no tengo suficiente a menos que venda mis tierras lo que no quiero hacer para no dejar en el paro a muchas familias que trabajan para mí y son muy leales y buenos trabajadores.
Cómo sé que muchos de vosotros manejáis mucho dinero he pensado haceros partícipes de este negocio del que de momento no os puedo definir que ganancias se pueden abstener hasta no finalizarlo.
No obstante he hablado con mi banco y me dan el dinero si pongo mis tierras de garantía.
Espero no tener que recurrir a ellos por los motivos explicados y por los altos dividendos que me piden. Dividendos que seguramente neutralizarían las ganancias del negocio.
Y por eso os pido vuestra colaboración en lo que cada uno estime conveniente.
Yo os firmaré un documento y os garantizo como gladiador que soy como vosotros que ganareis mucho concediéndome tal ayuda. Y además os quiero decir que hoy me ayudáis a mi y mañana puede que yo os ayude a vosotros si me necesitáis no dudéis que mi mano mis bienes y mi espada estarán al lado de todos vosotros me ayudéis o no, porque todos somos iguales ante la vida y la muerte.
Una ovación llena de entusiasmo colmó todas mis aspiraciones y aunque nadie me hubiera ayudado, aquel momento no lo hubiera cambiado por nada.
Veinticuatro horas después fui al gimnasio, Octavio el promotor me entregó una bolsa conteniendo una cantidad de denarios y un papiro con la lista de los participantes y la suma de dinero aportada por cada uno, resultando que había conseguido casi el doble de lo estipulado.
Muy contento, después de saludar a todos los allí presentes me fui pero por el camino me entretuve unos minutos con un antiguo amigo de mis tiempos de estudiante y cuando llegué a casa me

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encontré con el gladiador Flavio esperando, lo que me extraño mucho, hasta que me explicó el motivo de su presencia allí.
-Apenas te has marchado del circo Máximo, empezamos a discutir el asunto del dinero.
Todos sin excepción estaban indecisos ya que no se fiaban, no de ti, si no de otras cosas como de tu cuñado y de lo que pudiera consistir esa inversión que no nos contaste,
Yo fui de los pocos que puso mi dinero en la bolsa y Octavio el promotor de combates y el jefe de entrenadores tomó nota de la cantidad que en mi caso fue de veintiséis mil áureos, denarios de oro, toda mi fortuna.
El caso es que después de pasar por todos solo habíamos reunido cuarenta y dos mil, cantidad insuficiente, por eso tuve que insistir y tratar de convencerlos de que teníamos que fiarnos de ti y del proyecto de tu cuñado, tras una nueva recaudación conseguimos doblar el dinero necesario tal como lo has recibido, pero tuve que hacer una promesa ante la petición de varios y es que que deberé velar por ese dinero desde este momento.
O sea que te acompañaré a Siria y me ocuparé de lo que sea necesario para que ese dinero no se pierda tontamente ni por el camino ni por una mala gestión, piensa que ponemos en esa aventura todo el producto de poner en peligro de muerte muchas veces nuestras vidas, una inversión que tu cuñado me tiene que explicar detalladamente lo que se tendrá que reflejar en un contrato firmado por ambas partes, tú cuñado como perceptor del dinero y nosotros dos en representación de todos los que hay en el listado que se adjunta.
Todos los pormenores que surjan los deberé explicar a todos los interesados una vez regrese a Roma
Si no aceptas mi compañía deberé retornar el dinero a sus dueños ¿Qué opinas?
Después de tan extensa explicación sin pensarlo ni un instante le contesté:
-Para mi será un placer tenerte de compañero en esta aventura, pero no me gusta perder el tiempo, si no tienes ningún problema mañana apenas amanezca salimos rumbo a Antioquia, ya que casi he pasado el tiempo estipulado aquí. y ya no me queda nada por hacer. ¿Te parece bien?
La respuesta de Flavio no se hizo esperar, fue instantánea y concisa.
-¡De acuerdo, aquí estaré¡
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Apenas amaneció Flavio se presentó montado en su caballo ataviado de gladiador lo que me hizo exclamar.
-Pero Flavio ¿Cómo vas a venir vestido así? Ten en cuenta que vamos a hacer un viaje de más de veinte horas y terminarás destrozado.
Su respuesta no me convenció pero o aceptaba o le tenía que devolver la bolsa con los casi cuatrocientos mil denarios de oro. Por eso no le puse más inconvenientes cuando dijo.
-En esa bolsa llevamos una fortuna inmensa de oro y por el camino podríamos tropezar con algún problema.
Por mi no te preocupes estoy acostumbrado a vestir así horas y horas. Por cierto ¿Tú vas armado?
Verdaderamente Flavio tenía mucha razón y tras pensarlo unos instantes le contesté:
-No había pensado en ningún problema pero ahora que lo dices
Creo que tienes mucha razón, hombre prevenido vale por dos
¡HA! Por cierto, llevo una espada en este paquete para un encargo, así que la sacaré de su bonito envoltorio y me la ceñiré al cinto por lo que pudiera suceder.
Durante el trayecto paramos al medio día para comer en una taberna que encontramos antes de entrar en Siria y allí estuvimos hablando un rato.
Flavio en cierto momento me preguntó ¿Y como es que te has echado una mujer de una taberna con la mala reputación que tienen?
A lo que yo le contesté un poco enojado por tal insinuación.
-En Siria no están tan mal vistas las mujeres que entran en las tabernas ni las que allí están sirviendo al público, son costumbres muy diferentes a las romanas.
En Roma tienen prohibida la entrada de mujeres a las tabernas y solo las prostitutas están allí ejerciendo su cometido, pero en Antioquia es muy diferente, en las tabernas se vende de todo como en cualquier mercado de abastecimientos, toda clase de alimentos cocinados o crudos, es otro mundo muy diferente donde todas las mujeres pueden entrar y hacer sus compras mientras los hombres si las acompañan y han de esperar o quieren, beben un vaso de vino; en lo único que coincidimos es en que está prohibido a los parroquianos jugar con dinero, a los parroquianos ni a nadie, el juego con dinero está muy controlado y prohibido en las tabernas.
Después de comer, tiempo en que también los caballos lo hicieron y descansaron, partimos para al poco entrar en territorio sirio.

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Cabalgamos unas seis horas desde que entramos en Siria y al adentrarnos en un bosque fuimos rodeados por una banda de forajidos encapuchados a caballo que nos gritaron.
-¡¡¡ALTO AHÍ, ESTO ES UN ATRACO!! !
¡¡LA BOLSA O LA VIDA!!
Flavio Me miró sonriendo y me dijo.
¡Ves como también en Siria hay trigo sucio! ¡Ala, vamos a trabajar un poco!
Sin mediar palabra ambos nos lanzamos al unísono contra los que teníamos más cerca y en un santiamén dejamos fuera de combate a cuatro, los otros cuatro bandoleros al percatarse de que no nos habían asustados y sabíamos defendernos a las mil maravillas, espolearon sus monturas desapareciendo por entre los árboles.
Viendo el atraco ya dominado, desmontamos y nos pusimos a examinar a los bandidos por si alguno estuviera herido y necesitaba ayuda pero todos estaban muertos.
Al quitarles las capuchas vi que uno de aquellos muertos tenia la nariz torcida como de un golpe y era bajito y gordo por eso exclamé
-A este lo conocía era… ¡Jandrin!
Flavio al oírme decir que conocía a un atracador me aseguró con presunción y cierta lógica.
Si conocías a este es porque seguramente sabían que pasarías cargado de dinero.
Se rascó la barbilla antes de proseguir con la pregunta:
-¿Quién pudo decírselo? ¿Quien lo sabia? Realmente lo sabíamos todos los gladiadores pero al ser atracados aquí en Siria lo más lógico es que fuesen de este lugar.
– De Siria solo tenían conocimiento mi cuñado Sejano y Venus y no creo que tuvieran ningún interés en que no les llegase el dinero, pienso yo. Sería una incoherencia.
– Yo no pienso lo mismo. Quitando los gastos del atraco, se hubiera apropiado el dinero y no tendría que devolverlo con los intereses. Incluso ya no era necesario hacer ninguna inversión, con la mitad de ese dineral tendrían para vivir eternamente cómo multimillonarios.
Aquella explicación de Flavio me hizo desconfiar de Sejano ya que en la taberna conté siete y esta vez eran ocho, claro que eso nada probaba, el hecho de que Jandrín fuera uno de los asaltantes no quería decir que los otros fueran los del grupo que lo acompañaban.
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En la taberna eran siete contando con él y ocho si estaba añadido Sejano.
Cuanto yo hablase con Venus sabría si se había ausentado su hermano o si había visto algo raro durante mi ausencia.
A Flavio no quise discutirle nada, pero pensé que unos atracadores nunca le darían el producto conseguido en un atraco a nadie, a menos que el jefe fuera… No creo que Sejano, y menos Venus…
Algunas horas después cuando empezaba a oscurecer
divisamos la gran ciudad de Antioquia, y mi corazón empezó a desbocarse con tremendos acelerones intuyendo la proximidad de mi amada, la mujer que me había fascinado, Venus.
Para ir a la taberna Venus tuvimos que rodear media ciudad y cuando al fin llegamos ella se me echó encima como una loca cubriéndome de besos ante la concurrencia que llenaba el bar.
Luego, al ver a Flavio pestañeó como si alucinase seguramente extrañada por que estaba vestido como un gladiador romano, imagen que solo había visto en una escultura, según dijo después. Entonces advertí que no había presentado a mi amigo el cual permanecía expectante, distraído contemplando el ambiente del establecimiento solo alumbrado por lucernas de aceite distribuidas de una forma convencional.
Después de las presentaciones Sejano se quedó en la taberna atendiendo a los clientes y nosotros acompañamos a Venús a la trastienda y cenamos antes de irnos a dormir.
Debo añadir que yo seguía portando la bolsa con el dinero, hasta que explicase a Sejano lo del contrato y todo eso, a la mañana siguiente.
Aquella noche a Flavio lo acompañé a mi casa y durmió en la habitación sobre el colchón de plumas y yo regresé y dormí con Venus en su habitación, una de las dos que tenía la vivienda detrás de la taberna.
En la otra dormía siempre mi cuñado Sejano.
Cuando entregamos la bolsa conteniendo los denarios de oro
tras arreglar lo del contrato Sejano no pareció estar muy feliz, ni cuando se contó la cantidad que superaba los cuatrocientos mil, lo que me extraño mucho.
Había conseguido tras no pocos esfuerzos, y palabras para convencer a mis amigos, una considerable fortuna para que él pudiese invertir en su proyecto comercial y no parecía alegrarse. Quizás su carácter era muy reservado, pensé, pero por mi cabeza siempre desconfiada atravesó la duda que me indicó Flavio.
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No podía creer que Sejano hubiera intentado con unos bandoleros hacerse del dinero limpiamente. Sin embargo la presencia del
malogrado Jandrin con los atracadores no me la podía quitar del pensamiento, aunque nada dije para no molestar a Venus con sospechas, sin pruebas fehacientes.
A los dos días, después de que Sejano nos explicase a Flavio y a mi en que consistía el proyecto de inversiones en Egipto; no muy convencido mi amigo decidió regresar a Roma con los contratos firmados y cierta prisa ya que tenia que luchar en el circo Máximo,
dos días después.
También noté en Venus cierta inquietud pero no le dí mucha importancia ya que las mujeres son muy extrañas y yo no tenía ninguna experiencia con ese género.
Aquella misma noche tras la partida de Flavio, Sejano se mostró eufórico y cuando el bar se quedo vacío de clientes dijo. :
-¡Para celebrar el éxito conseguido con la captación del dinero, propongo un brindis con un vino estupendo que tengo en la bodega guardado; es de Hispania.
Voy a traerlo ahora mismo.
Venus y yo nos quedamos esperando, pero viendo que tardaba un poco, ella fue a buscarlo y a los pocos minutos regresaron ambos portando una bandeja con tres copas y la botella del mencionado vino que resultó ser un vino de Hispania gran reserva de Jumilla con denominación de origen.
El anfitrión, sonriendo dijo:
— He tardado un poco porque no recordaba donde lo había puesto.
Y añadió mirándome, sin dejar de sonreír:
Verás que vino tan bueno, este no es como el romano, aguachado.

Brindamos varias veces, hasta agotar la botella de tan estupendo
liquido y seguimos hablando de añoranzas sobre nuestra tierra y la juventud.
Y fue entonces cuando Sejano empezó a quejarse de retorcijones en el estómago.
Al principio pensé que el vino le había sentado mal pero cuando vi que cada vez se quejaba más, y al poco rato a Venus también le vinieron aquellos extraños retorcijones y a mi no, empecé a pensar que algo muy grave les sucedía y salí en busca de ayuda.
Encontré a un doctor media hora después, cuando me acompañó un vecino, pero al regreso el doctor solo pudo certificar la muerte de los dos hermanos.
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Al retirar los dos cadáveres vi que en el suelo, a los pies de Venus había un papiro escrito, lo recogí y pude leer:
Longino: amor mío, mi hermano creo que ya está muerto y yo quiero en mis últimos instantes decirte lo siguiente.
Mi hermano era Plinio y te ha querido envenenar pero yo lo he visto a tiempo y le he cambiado la copa cuando miraba en otra dirección en un descuido hablando contigo, lamentablemente también me había envenenado a mí y no lo supe hasta que fue tarde.
A Flavio, cuando se marchó le di un mensaje que solo te lo daría si a mi me pasaba algo. Y si nos sucedía a los dos podría leerlo el y obrar en consecuencia.

Después de morir Venus y Plinio, Ya nada me ataba a Siria y volví a Roma, aún me quedaban un par de cosas que hacer, devolver el dinero a los gladiadores que habían confiado en mí y leer lo que Venus me había escrito antes de morir.
Una vez en Roma y tras haber devuelto el dinero a sus propietarios, Flavio me entregó un envoltorio lacrado en el que encontré lo que escribió Venus.

Querido Longino: si este escrito llega a ti es por que yo he fallecido y si no y lo lee alguna otra persona será porque ninguno de los dos esta vivo.
Lo anterior te lo digo porque Plinio es mi hermano, que huyó de Roma temiendo luchar contra ti al ver como lo hacías y adivinando que lo matarías.
Como buena hermana lo seguí y lo fui conociendo ya que por no haber vivido con él dado qué estuvo en el ejército muchos años, no imaginaba ni remotamente lo malvado y criminal que era.
Tú me abriste los ojos cuando me contaste lo que con sus compinches había hecho con tu familia.
Hay quien dice que el mundo es un pañuelo donde los seres humanos siempre se encuentran, y cuando tú lo encontraste, antes de que lo vieras te vio él a ti.
Habló conmigo contándome todo el problema que tenía contigo sin decirme el porqué de esas desavenencias; por eso huyó a Grecia y después a Egipto donde había un dentista que le hizo una dentadura postiza.

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Luego se tapó un ojo para ocultar mejor su rostro, ya que nunca le pasó nada en ese ojo cómo te hizo creer.
Me advirtió que no te dijese nada porque eras muy malo y podias matarnos a los dos.
Todos esos cambios de la dentadura postiza y el parche en el ojo ya me los había dicho a mi, yo no sabía que hacer
Todo empezó a ir mal entre mi hermano y yo cuando lo descubrí abusando de una niña en el sótano de la casa, a la que degolló ante mis ojos, como hizo con tus hermanas ante ti, amenazándome de muerte si te decía algo, o lo denunciaba, amenazas que repetía siempre, sobre todo después de violarme a mi muchas veces y hacerme tragar su asqueroso semen.
Cuando calculó que deberías volver a Siria con el dinero se puso de acuerdo con sus amigos, entre ellos el tal Jandrin para esperarte y atracarte en el camino.
Lo que le salió mal al ver que ibas acompañado por un gladiador famoso.
Y al comprobar como luchabais, huyó cobardemente por lo que también me amenazó de muerte dándome una paliza con un látigo como hacia siempre a la vez que me gritaba- Ya estoy harto de ti y de tu hombre, un dia de estos os voy a matar a los dos. — Esta vez no me mató de milagro.
Yo sabía que un día intentaría matarte cómo hizo con el novio que tuve antes que tú al que envenenó por celos ya que mi hermano fue el que me deshonró poniéndome un puñal en la garganta; nunca me respetó como hermana ni cómo persona, decía que Adán y Eva eran hermanos así como sus descendientes, pero nunca se me pasó por la cabeza que también me mataría a mi.
Jamás pensé que sería capaz de matar a su propia hermana.
Lo de envenenarte lo dijo varias veces incluso que me quería matar a mi también, yo creí que solo eran amenazas, por eso lo vigilo siempre, perdóname por no haberte avisado, pero estoy aterrorizada, espero que seas tu el que leas antes que nadie este mensaje pero si así no fuera, tengo la esperanza de que la ley actué con firmeza y justicia. Te quiero mucho.
Venus

Después de leer aquella breve nota lo comprendí todo.
Venus vigilaba a su hermano y lo debió ver echando veneno en la copa destinada a mí, pero lamentablemente no debió darse cuenta que ya lo había echado en otra copa, la destinada a ella. Por lo visto
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ella prefirió que muriera su hermano antes que yo, y no debió percibir que Plinio había proyectado matarnos a los dos, a ella y a
mí, pero al cambiar ella la copa destinada a mi por la de su hermano murió él, aunque ella también con la otra copa envenenada.

La perdida de mi amada Venus me sumió en una gran depresión, de la que aún a la edad de 87 años no he podido superar, al menos estuve un mes leyendo y releyendo aquellas últimas palabras de ella mientras mis mejillas se llenaban de lágrimas de tristeza.

Ahora ya viejo, después de tantos años me encuentro escribiendo mis memorias en una ciudad de Hispania que se llama Tarraco, me he traído los restos de mi amada Venus aquí cerca del mar Mediterráneo donde tanto le hubiera gustado vivir conmigo, y a mi con ella hasta que Dios nos llamara.
Cuantas veces hablamos de un lugar cerca de playas en Hispania, un lugar precioso donde hubiéramos creado una familia numerosa, y seguramente esa familia se hubiera ido ampliando con muchos niños para disfrutar de su compañía, a los que cuidaríamos mientras sus padres se ocupasen de sus labores cotidianas.

Su tumba esta en la cima de una montaña desde la que se ven volando las gaviotas y se oyen sus graznidos, mientras las olas van rompiendo una tras otra sobre las rocas que hay debajo de un acantilado, enviándonos destellos del sol continuamente.
Ya solo espero que Dios en el que ya creo firmemente sin ninguna duda, me llame para estar al lado de mi amada eternamente.

Sobre tu tumba he puesto una inscripción que dice.

Conocerte fue fácil.
Conquistarte difícil. Olvidarte… imposible.

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Fin

– P.D. Estas memorias escritas en un pequeño libro de pergaminos las envolveré y ordenaré que cuando me muera lo pongan junto a mí, en el ataúd, al lado de los restos mortales de ella, Venus.

  • EL EVANGELIO DEL CENTURIÓN (Novela completa)

    1

    EL EVANGELIO
    del
    centurión

    POR ANTONIO LARROSA DIAZ
    TODOS LOS Derechos reservados

    Antes de escribir ni una sola palabra sobre el tema quiero dejar muy claro que esto es solo una novela basada en un tiempo, sin ánimo de molestar a nadie, por raza, creencias o género
    Cualquier semejanza con personas u hechos reales es pura coincidencia.

    el evangelio del centurion by Antonio Larrosa Diaz is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.
    Creado a partir de la obra enwww.creativecommons.
    Puede hallar permisos más allá de los concedidos con esta licencia en ningunaEn Lloret de Mar el dia 13 de marzo del año ( 2016-03-13) desde el Hotel Helios
    2
    A MARIA MI ESPOSA Y A VENUS LA PROTAGONISTA
    DE ESTA HUMILDE HISTORIA.

    ME GUSTAS CUANDO RIES
    PERO NO CUANDO LLORAS
    POR ESO INTENTO
    HACERTE FELIZ A TODAS HORAS

    NADA ES ETERNO EN LA VIDA
    SOLO EL AMOR
    LO CONSIGUE SI NO SE ENFRIA

    3

    CAPITULO I

    MASACRE

    Toda mi familia estaba muy contenta porque la cosecha de cereales había sido espléndida; mi padre había conseguido muy buen precio y por eso mi madre nos preparó una cena extraordinaria, inolvidable. Lamentablemente inolvidable para mí, y no por los manjares que nos había dispuesto, si no por lo que sucedería aquella noche.
    Apenas habíamos tomado asiento ante la mesa cuando un gran estruendo de cristales rotos que provenía de la parte de arriba de la casa hizo que mi padre y mis dos hermanos mayores Liberto de veintiocho años y Marcos de veintiséis subieran corriendo a comprobar que lo había ocasionado.
    Un gran alboroto como de gritos y pelea nos hizo temer que alguien podía haber entrado por la ventana de alguno de los dormitorios situados en aquella planta.
    Inmediatamente, mi padre apareció gritando:
    –¡Huid!! ¡Huid, nos atacan!
    Un hombre joven ataviado como un legionario romano que lo seguía le asestó un golpe tremendo en la cabeza con una maza y mi padre cayó rodando por la escalera hasta el suelo del comedor quedando allí sin conocimiento.
    Al momento vimos caer rebotando por los escalones la cabeza ensangrentada de Liberto quedando a los pies de mi madre que se desmayó al verla, tras exclamar:
    ¡Hijo mío, que me lo han matado!
    Mientras, mis dos hermanas Lucia de veinte años y Tita de dieciocho que se habían apartado asustadas, contemplaban aterradas aquellas escenas tan terribles abrazadas en un rincón.
    En unos instantes el comedor se llenó de soldados romanos que cogieron alborozados con aviesas intenciones a mis hermanas empezando a disputárselas con los ojos inyectados en lujuria.
    –¡Esta morenaza tan guapa y hermosa para mi!
    El que eso gritó ansioso era un soldado gigantón barbudo bizco, cuyo rostro estaba surcado por una cicatriz desde la oreja hasta la comisura del labio del lado derecho de la cara, dándole un siniestro aspecto, mientras

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    empleando gran violencia arrastraba a Lucía echándola sobre un arcón que situado junto a la puerta había,
    Ella gritaba como loca presintiendo las intenciones de aquel soldado con aspecto terrible, mientras el la desnudaba arrancándole el vestido a manotazos y tirones.
    Me resulta horriblemente doloroso recordar lo acontecido aquella noche y creo que para ser feliz en esta vida, muchas personas deberíamos perder la memoria completamente.
    Me es muy difícil y describir cuanto ví aquella inolvidable noche, pero a pesar de ello lo haré poniendo palabra por palabra, aunque sean muy barriobajeras y penosas a fin de no quitar rudeza a lo acontecido.
    Mientras, un soldado de aquellos me sujetaba, otro amenazaba a Marcos al que una vez capturado, lo habían bajado al comedor y le estaba pinchando con un puñal en la garganta, por la que fluía un hilillo de sangre.
    No me mates. No me mates: (Gritaba mi hermano desesperado)
    -¡Calla o te rebano el cuello como al otro!
    Contestó el soldado amenazando con suma acritud.
    Todo eran gritos he improperios
    El soldado que me sujetaba le preguntó a gritos a uno que debía ser el jefe que en aquel momento se hallaba al otro lado del comedor observando a mis hermanas con mucha atención.
    -¿Plinio: qué hago con este crío…¿Lo mato ya?
    Me extrañó que el tal Plinio fuese el jefe, por ser quizás el más joven, aparentaba unos veintipocos años, pero su mirada siniestra, mirada asesina me impresionó desagradablemente, cuando con aire petulante contestó al que le había preguntado:
    -¡No, de momento déjalo que vea como nos follamos a sus hermanas! -¿porque son tus hermanas, estas hermosuras… ¿No?
    Me preguntón desde donde se encontraba en voz alta, mirándome fijamente, esperando una respuesta que no le di al pensar que había llegado mi última hora y por mi cabeza solo pasaba el deseo de escapar o al menos defender hasta la muerte a mis hermanas. Pero todas mis esperanzas se desvanecieron cuando entre aquel soldado y otro me ataron a una silla pese a mis pataleos y gritos.
    Exclamando el tal Plinio en tono burlón:
    -Desde aquí verás todo el espectáculo que te dedicaremos en exclusiva antes de que te cortemos la cabeza.
    Te vas a divertir mucho, ya verás.
    Y en efecto, todo lo vi. Un estupor creciente me impedía cerrar los ojos.
    El tal Plinio, el que parecía ser el jefe de aquellos miserables les ordenó, con cierta autoridad.
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    -Soldados: dejad el cachondeo para después: Ahora hay que buscar el dinero y alimentarnos, con lo que esta buena señora nos ha preparado; una exquisita cena.
    Después mirando a mi madre que permanecía desmayada sobre el suelo añadió ¿No esta mal la señora, verdad chicos? Luego, cuando este disponible os la follais si queréis.
    Y mientras hablaba exhibiendo una sarcástica sonrisilla de una boca casi sin dientes señalaba las piernas de mi madre, que fue destapando hasta la cintura con un palo de escoba y bajándole las bragas con el mismo palo después.
    Nadie podrá nunca saber el dolor y la indignación que yo sentía viendo a mi madre desmayada medio desnuda junto a la cabeza ensangrentada de mi pobre hermano Liberto.
    El grandullón barbudo que ya se disponía a perpetrar su acción contra Lucia, ya completamente desnuda y que no paraba de llorar y gemir desconsoladamente a la vez que se tapaba lo que podía; la cogió en brazos, y aunque ella además pataleaba, abrió el arcón, que estaba repleto de ropa, puso a mi hermana dentro y sin contemplaciones, lo cerró con muchas dificultades por estar muy lleno, subiéndose acto seguido encima y apretando hasta que con la ayuda de otro pudo echar los cierres, animado por los aplausos y risas de todos sus compañeros y los gritos angustiosos que todavía se oían, muy amortiguados de ella dentro del arcón.
    Sentados ya alrededor de la mesa, los conté y eran quince. Quince que se comieron la estupenda cena que mi madre y una sirvienta que ya se había marchado había hecho con todo su cariño para nosotros; un cordero al horno, unos quince o veinte pescados doradas, pan en abundancia, además de todas las botellas de buen vino que teníamos en la casa (unas doce) finalizando el ágape con frutas diversas de postre.
    Hasta que no quedo nada no pararon de comer, beber y reír con estruendosas carcajadas, mientras de vez en cuando nos daban sin ningún motivo ni consideración patadas y puñetazos a mí y a mi hermano Marcos, también atado a mi lado.
    De pronto vi a mi otra hermana Tita que estaba bajo la mesa lloriqueando mientras le chupaba el pene al que supongo que era jefe el tal Plinio que le sujetaba la cabeza con ambas manos y no paraba de amenazarla si no se esmeraba y dejaba de lloriquear.
    -¡Chupa y calla, o te corto la cabeza, cacho putita!
    Ese insulto supongo que lo dijo porque ella solo tenía dieciocho años y desnuda parecía una criatura de trece o catorce.
    De pronto vi como mi padre empezaba a moverse y abría los ojos con cierto desconcierto ya que no debía ver bien seguramente por que le
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    habrían destrozado la corteza craneal, o porque salía de una confusión indescriptible y no conseguía situar o enfocarlas imágenes en su estado natural.
    Desgraciadamente ellos, también se apercibieron del despertar de mi padre Y Plinio el jefe, apartó a mi hermana dándole un empujón, se puso bien la faldilla tapándose y empezó a interrogarlo.
    -Mira viejo, hemos registrado toda la casa y no hemos encontrado el dinero que te han pagado por la cosecha, así que si aprecias la vida de los tuyos dinos ahora mismo donde lo tienes escondido y nos iremos después con el dinero, dejandoos tranquilos.
    Mi padre, medio aturdido le suplicó:
    -Por favor no nos matéis podéis quedaros con todo lo que tenemos, pero no nos hagáis ningún daño.
    El dinero está dentro de una bolsa encima de la biga que hay arriba sobre la ventana de la primera habitación. Cogedlo y marchaos, por favor.
    -¡Tú, Juliano, ya has oído al viejo llorón, sube y trae la bolsa esa que ha dicho!
    Tras ordenar al soldado que fuera arriba en busca de la bolsa con el dinero, se dirigió a mi padre y le espetó con énfasis amenazante:
    -¡Como la bolsa con el dinero no esté sobre la biga esa que has dicho, te voy a cortar los cojones delante de tu familia ahora mismo.
    Mi padre al ver a mi madre tirada en el suelo y medio desnuda… Preguntó:
    – ¿Qué le ha pasado a mi mujer? ¿Qué le habéis echo?
    -A tu mujer no le ha pasado nada, de momento, se ha desmayado al ver esa cabeza a su lado y que tú no la has debido ver desde donde estás. Eso le ha sucedido al muchacho que supongo debía ser hijo tuyo por atacarnos; así que ya lo sabéis, al que no nos obedezca le cortamos el pescuezo, o lo hacemos pedacitos en vivo y asunto concluido.
    Me es difícil seguir escribiendo el horror de lo que allí en la casa de mi familia aconteció aquella maldita noche bajo la tenue luz de las cuatro lucernas de aceite del comedor, que acentuaban las humillaciones y angustias a que fuimos sometidos por aquellos miserables sin sentimientos, pudor ni hombría.
    Una vez el soldado Juliano regresó del piso de arriba con la bolsa del dinero, todos se pusieron muy contentos al ver su contenido, una verdadera fortuna en monedas de oro y plata.
    Las súplicas de mi padre que les pedía angustiado y llorando que nos dejasen en paz y se fuesen con el botín conseguido, tal como Plinio el jefe, le había prometido, fueron despreciadas con burlas y acompañada de carcajadas, patadas y puñetazos, contra nosotros, alegando que aún tenían

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    que divertirse hasta que saliese el Sol del nuevo día fornicando con nuestras hermanas, mi madre y el resto de la familia.
    El gigantón abrió el arcón donde había metido a Lucia y la sacó asfixiada, estaba muerta, lo que no le inmutó en absoluto ya que la puso con las piernas abiertas sobre la misma mesa donde habían comido, apartando con
    un brazo, platos , botellas , cubiertos y cuanto le estorbaba, tirándolo todo al suelo y exclamó riendo:
    -¡Vaya, la mamonaza esta se ha muerto, pero como aún esta caliente su hermoso cuerpo, la follaremos hasta que nos hartemos, poneos en fila los que queráis!
    Todos sus compinches sin excepción aplaudieron la idea y entusiasmados se pusieron en fila para alimentar sus bajos instintos. Y cuando el gigantón se colocó encima de mi hermana muerta, exclamo riendo estruendosamente.
    ¡-Perdonad, si tardo un poco pero es muy difícil desvirgar a una virgen muerta. ¡¡ajjajajaja!!
    Mi padre no paraba de gritar:
    -¡Criminales, asesinos!
    Y Plinio, le conminó a guardar silencio amenazándole con hacer lo mismo con Tita con las siguientes palabras obscenas.
    ¡Calla viejo mamón, aún tenemos que divertirnos un buen rato.
    -Sentiría entregar a mis hombres a esta otra, ya que le he tomado aprecio por lo bien que la chupa, lo buena que está y porque me la quiero llevar para mi uso privado.
    En ese momento mi madre empezó a recuperarse del desmayo y como le pasase antes a mi padre, tardó un poco en darse cuenta de la situación. Entonces, Plinio subido sobre una silla dijo:
    -Como que ya se ha despertado la señora de la casa y estamos todos, vamos a jugar al juego del amor verdadero, el amor sin tacha, ese juego en el que sus componentes se demuestran el amor y la fidelidad sin límites que se prodigan aguantando inocentes pruebas.
    Un juego en el que lamentablemente siempre que lo hemos realizado han fallado los concursantes, lo que demuestra la falsedad y la hipocresía de las personas que fingen mucho amor y a la hora de demostrarlo fallan; lo que ocasionó la muerte de todos los jugadores de las anteriores pruebas. Bueno, menos de nosotros que solo somos simples espectadores con derecho a intervenir, y a juzgar el comportamiento de los jugadores a los que os deseamos mucha suerte y disfrutéis con este juego tan ameno y divertido.
    Después: dirigiéndose a nosotros, nos explicó en que consistía el mencionado juego:

    8

    El asunto consiste simplemente en que obedezcáis lo que yo os diga. Se puede hacer este juego muy interesante con varios en cada equipo, pero hoy lo haremos con solo dos contrincantes cada vez para abreviar y facilitar su desarrollo.
    Uno hará lo que se le ordene y el otro permanecerá atento con los ojos bien abiertos y sin mirar a ninguna otra parte hasta que yo de por concluido el juego, que como comprobareis, creo haberlo dicho antes es muy ameno y
    divertido, la única norma es que si alguno no se atiene a las reglas establecidas condena muerte a su contrincante, muerte que se le dará por nosotros de la forma lo más humana posible para no causarle ningún sufrimiento ni dolor, ya que somos muy buenos y tenemos excelentes sentimientos. Bueno como ya creo haber dicho el que no obedezca será culpable de su contrincante, que será decapitado por nuestro experto aquí presente, Cestio, del que estoy muy orgulloso por lo bien que corta cabezas, brazos piernas o cualquier otro miembro que sea necesario.
    Creo haberos explicado muy claramente como funciona el juego, pero para evitar alguna confusión desagradable lo volveré a explicar más detalladamente, con un simple ejemplo:
    Una vez iniciado el juego ya no será interrumpido bajo ningún concepto y como veréis, nosotros vamos a colaborar con todo nuestro entusiasmo para conseguir la satisfacción general y que disfrutéis como nosotros, Ya veréis que divertido. Os vais a reír mucho, estoy seguro.
    Bien, como ya dije, el juego es muy simple, se trata de comprobar los vínculos del amor al máximo posible, porque hay que tener en cuenta que: El amor y la confianza son difícil de conseguir pero muy fácil de perder- y de eso se trata. Vamos al ejemplo: A ti viejo, yo ordeno que te comas este trozo de pan y tu hijo debe ver como te lo comes sin cerrar los ojos ni distraerse con nada, pero si tú te niegas a comerte el pan, tu hijo será decapitado por Cestio nuestro decapitador oficial; por otro lado existe la opción de que sea tu hijo el que no quiera que te comas el pan y proteste , grite, amenace, insulte o se desentienda o distraiga cerrando los ojos o mirando para otro lado en cuyo caso serás tú el decapitado. Como es natural en cualquier juego hay un límite de tiempo y en este cada jugada es de media hora, más o menos, según veamos nosotros los jueces. ¡Jajaja!
    Una vez que ya sabéis en que consiste el juego…. ¡Empecemos con tus hijos! Ella contra él. Dime amiga mía…¿Como se llaman?
    Ante la pregunta que hizo Plinio el jefe, en tono exageradamente amistoso a mi madre, ella le contestó muy alarmada:
    -Ël se llama Marcos, ella, Tita.
    -Estupendo: Empecemos el juego. Ahora tú Tita, serás follada por varios soldados y si te niegas serás declarada culpable de la muerte de tu
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    hermano, así que pon todo tú interés en que los soldados queden satisfechos ¿eres virgen?
    Con los ojos chispeantes de rabia y la cara roja de vergüenza e impotencia mi hermana contestó, sumisa con apenas un hilo de voz:
    -Si
    -En tal caso seré yo el primero ya que tengo amplia experiencia rompiendo hímenes, virgos o como quieras llamar a esa cosita que tienes estorbando en tu bonito conejito, además porque me complace mucho hacerlo.
    Por favor, preciosa ponte aquí con las piernas bien abiertas.
    Titubeante, Tita abochornada subió a la mesa abriéndose de piernas ayudada por él jefe que se puso encima iniciando su cometido con entusiasmo. Pero tanto entusiasmo puso que no reparaba en el dolor que producía en Tita que a cada embestida chillaba como si la estuvieran destrozando las entrañas, lo que ocasionó gran alboroto en sus soldados que no perdían detalle gritando y riendo animando a Plinio.
    ¡Muy bien Plinio métesela a fondo, que parece que le gusta mucho, ¡JAAJA!
    Mi padre y mi madre cerraron los ojos no queriendo ver aquella monstruosidad y como no entraban en el juego que se circunscribía en esta ocasión solo a Tita y Marcus. Plinio les dijo que…
    No esta bien que os desentendáis de vuestros hijos pero no os preocupéis no os lo tendremos en cuenta ya que ahora no jugáis vosotros, pero cuando os toque no olvidéis las reglas.
    Marcos, mordiéndose la lengua furiosamente aguantó lo que pudo llorando copiosamente, sin embargo cuando llegó el tercero de los fornicadores perdió el control y empezó a gritar como un loco.
    -¡Hijos de puta, cabrones, dejad a mi hermana, por favor, por favor, por favor.
    No terminó de gritar y llorar, el jefe Plinio con una ligera señal de la mano dio la orden al decapitador, que apartando al que en ese momento la estaba fornicando, cogió a la chica del pelo, la arrastró hasta tirarla al suelo y de un golpe de espada la decapitó ignorando los gritos de ella y de toda mi familia desesperada, pidiendo clemencia.
    La linda cabeza de Tita rodó por los suelos llena de sangre, quedando con los ojos desorbitados mirando al techo.
    Apenas tres horas después toda la familia menos yo había sido aniquilada. Lo que le hicieron a mi padre como lo de mi madre y mi hermano, no puedo explicarlo por terrible y vergonzoso, pero llegados a ese momento el decapitador oficial, manchado completamente de sangre le preguntó sonriendo ladinamente al jefe.
    –¿Plinio qué hago con el crío? ¿Lo mato también?
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    Plinio que parecía estar muy alterado y furioso le gritó: (Seguramente por la muerte de Tita mi hermana)
    -¡ Yo en tu lugar no haría una pregunta tan estúpida!..¡Mátalo de una puñetera vez y larguémonos de aquí!
    El decapitador me cogió de un brazo y aunque forcejeé, pataleé y grité aterrado lleno de desesperación, me arrastró junto a los restos de mi familia, que habían amontonado en un rincón, levantó la espada y…
    Cuando ya me consideraba muerto, soltó el arma y se desplomó atravesado por una lanza.
    El que me había salvado fue un nuevo legionario romano que seguido por tres más que a pesar de ser menos bajaron sin miedo la escalera enfrentándose con los otros soldados romanos asesinos en una lucha indescriptible en la que en principio parecía imposible que solo cuatro pudieran vencer a quince y cuando los soldados amigos empezaban a flaquear llegaron gritando y armados con toda clase de herramientas del campo todos los sirvientes al mando de Floro, uno de ellos.
    Apenas unos minutos después, aquellos soldados asesinos menos su jefe y el gigantón, que huyeron al ver el cariz que tomaban los acontecimientos, estaban muertos sobre el pavimento del comedor que se iba iluminando lentamente por un Sol ceniciento del amanecer que empezaba a entrar a través de las ventanas, en un día invernal, insinuándose tímidamente.
    Un día en el que se inició en mí una gran admiración e inquietud por llegar a ser como aquellos soldados legionarios benefactores y poder perseguir a Plinio y al gigantón hasta el fin del mundo para vengar el exterminio de mi familia.
    Luego supe que los que me habían salvado eran de una formación especial, una élite de policías militares que perseguían a los soldados desertores, muy numerosos en aquellos tiempos.
    Creo que a estos soldados que me habían salvado los comparaban con la…Guardia Pretoriana. Los mejores legionarios del imperio.
    Y una cosa que me influyó bastante en mi decisión por ser uno de ellos, fue que al ir a dar las gracias por haberme salvado al que los comandaba llamado Eliseo, me contestó muy serio acariciando mi cabeza:
    -No tiene importancia, solo eran una pandilla de borrachos indecentes, y menos mal que nos ayudaron los trabajadores de la finca porque eran demasiados para solo nosotros cuatro.
    Añadiendo con pesadumbre:
    – Lástima que llegásemos demasiado tarde para salvar a toda tú familia y que escapasen los dos más sanguinarios, que no dudes, seguiremos buscando hasta que los atrapemos.

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    Después me contó que un sirviente que se llama Floro, que dormitaba en la habitación de una de las viviendas situadas cerca de nuestra gran villa campestre se había despertado alterado por los gritos provenientes de nuestra casa, se acercó y observó por la rendija de una ventana como a mi madre la estaban atormentando metiéndole un grueso palo por la vagína,
    haciéndola gritar de dolor, mientras mi padre que estaba atado lloraba desesperado.
    Los maltratadotes gritaban burlándose y reían.
    Había que buscar ayuda, pero a Floro le pareció demasiado arriesgado acudir a los otros obreros de la finca que vivían en las casas contiguas ya que sin experiencia en la lucha personal y sin las armas adecuadas hubieran muerto derrotados indudablemente todos. Los asaltantes eran soldados con experiencia, armados y numerosos, imposibles de vencer por nosotros.
    Inmediatamente cogió su caballo y fue a buscar ayuda, que encontró cerca de un bosque donde sabía que habíamos acampado el día anterior. Nos contó todo lo que vio y salimos rumbo a la gran villa, pero en el camino, al amanecer, tropezamos con el sitio donde los desertores habían dejado sus caballos bajo el cuidado de dos a los que tuvimos que eliminar con la consiguiente pérdida de tiempo.
    Normalmente a los desertores cuando los atrapamos los crucificamos, o los enviamos al estadio, si los vemos fuertes o lo eligen ellos teniendo la posibilidad de luchar con los gladiadores, pero en este caso han tenido suerte y han sido eliminados casi sin dolor, cosa ocurrida por las circunstancias, imprevisibles.
    Ya hacia unos días que los estábamos siguiendo y puedo asegurarte que al localizarlos hubiéramos actuado de otra forma y no se nos hubiera escapado ninguno; pero en fin, lo sentimos por ti y tu familia, que no hemos podido salvar por llegar tarde.

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    CAPÍTULO II

    EL SENADOR

    Después de aquella dramática noche, se inició para mí una nueva vida, se me consideró impúber por tener solo trece años y fui adoptado por mi tío Ovidio, hermano de mi padre y que por entonces era senador romano, y cómo no tenía descendientes, a su esposa Agripina le pareció estupendo.
    A partir de ese momento mi tío se ocupó de todo lo concerniente a los trabajos y explotación de las tierras de mi familia, que eran muy extensas e importantes, hasta que yo fuese mayor y capaz de negociar tales fincas heredadas, en que me pasaría cuentas de gastos y beneficificios, gastos que el miraba de minimizar y beneficios de maximizar, como buen tutor.
    Verdaderamente nunca pensé que reprocharía nada a mis padres adoptivos que además de sus problemas habían cargado con los míos ocupándose de mi educación en las mejores escuelas de Roma, donde puse el máximo interés en todos los niveles, culturales, donde aprendí geografía, matemáticas, idiomas , entre ellos el Griego, el Ebreo, Latin, Germánico y el Hispano, entre otros menos importantes.
    Recuerdo que algo que me costó mucho comprender fue lo concerniente al control del tiempo, no entendiendo muy bien como era posible que el año en un principio lo dividíamos en diez meses desde marzo a diciembre según las fases lunares, y que luego todo se trastocase según las posiciones del Sol en que añadimos Enero y febrero dividiendo el año no solo en doce meses, que tampoco eran iguales, si no también en cuatro estaciones, Primavera, verano, otoño e invierno y que el día o la noche a veces según fuera invierno o verano tenia las horas más cortas o más largas.
    Fue entonces mucho tiempo después, cuando yo contaba diecisiete años que me tropecé casualmente en la Via Apia con Floro, el sirviente que con su familia estaba domiciliado en una de las viviendas situadas junto a la casa de mis padres, el sirviente que se ocupaba de los trabajos del campo con los obreros necesarios para el mantenimiento de las labores agrícolas desde el acondicionamiento de las tierras, el sembrado, el cultivo y la cosecha.
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    Aquel encuentro me emocionó mucho ya que desde la fatídica noche ya explicada en estos escritos no volví a ver nunca más hasta entonces.
    Enseguida nos abrazamos con evidente simpatía, sobre todo por mí que nunca mientras viva olvidare que este hombre fue el que buscó a los
    policías romanos y a los sirvientes compañeros de él que con su ayuda eliminaron a casi todos los soldados desertores, los que mataron a mi familia después de mil humillaciones; el hombre al que debo mi vida.
    Floro me contó una serie de cosas que yo ignoraba, acontecimientos que si no hubiese sido un simple mozalbete de diecisiete años al menos debí saber y que ignoré por desidia, por no preguntar siquiera por el y su familia cosa que siempre he procurado evitar desde entonces pensando que .. El que no es agradecido no es bien nacido.
    Entre otras cuestiones; Floro me contó que mi tío los había desahuciado sin contemplaciones dándoles un pequeño tiempo para que abandonasen las viviendas, dejándolo a él y su prole, además de otras cuantas familias en la calle y sin trabajo pasando de llevar una vida aceptable a una vida de mendigos.
    -No puedes figurarte lo penoso y denigrante para nosotros que siempre estuvimos agradecidos a tú padre, el encontrarnos en esta situación. Nosotros que siempre hemos trabajado al máximo para que tú familia no tuviera queja, y solo por ganarnos el alimento y un techo donde guarecernos. En fin ya ves como estoy vestido de andrajos, no sé ni como es posible que aún estemos vivos con tanta miseria y hambre que padecemos.
    Ante tales declaraciones me quedé absorto
    No imaginaba ni remotamente que motivos podría tener mi tío para actuar de esta forma y a pesar de ser casi un niño le prometí a Floro que pediría explicaciones a mi entonces padre adoptivo y tutor haciendo lo posible, fuera como fuera para ayudarles.
    -No te preocupes: Floro: Hablaré con mi tío, que cómo debes saber ahora es mi padre adoptivo y tutor, para que restablezca vuestra situación lo antes posible.
    Yo ya soy considerado mayor de edad, si sigo estando bajo la custodia de mis padres adoptivos es por los estudios, pero si hace falta los dejo, por vosotros, si mi padre Ovidio no pone solución a vuestro problema, dejo los estudios y a ellos aunque los quiero mucho.
    Si te parece bien, mañana a esta misma hora sexta nos podemos ver aquí mismo y te traeré el dinero que pueda conseguir, que espero que mi tía Agripina me dé, ya que ella me quiere mucho y tiene muy buen corazón. Ya te diré lo que haya conseguido.

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    Nos despedimos con un fuerte abrazo mientras los transeúntes nos miraban extrañados al ver como un joven tan elegantemente vestido con la toga virilis, (señal de alcurnia) abrazaba a un viejo mendigo andrajoso.
    Durante el trayecto a la mansión donde vivía no dejé de pensar en como enfocar los argumentos que expondría a mis actuales padres; cómo reaccionarían ellos, ni que sacaría en claro de tan triste situación.
    Un mar de dudas se agolpaban en mi cerebro, Por un lado en mi se había despertado además de la inquietud de ser un valeroso soldado para vengar a mi familia y luchar contra el crimen, otra nueva contra mi padre adoptivo, yo que lo consideraba un hombre justo, incapaz de una villanía contra ningún ser humano y ahora de repente lo empecé a ver como un ser abyecto, sin escrúpulos de ninguna clase.
    ¿Cómo era posible que hubiera realizado una acción tan despreciable contra aquel que había actuado para que yo fuese salvado?
    Apenas entré en la lujosa villa, mi madre Agripina se apercibió de mi estado y me preguntó con curiosidad manifiesta.
    -Longinos: ¿Qué te ocurre, que pones esa cara tan sombría? ¿Te has enfadado con alguien? ¿Tienes algún problema?
    Ante estas preguntas, aproveché la ocasión para contar los acontecimientos y así recabar la opinión de mi madre Agripina, quizá ella me facilitase la tarea de enfrentar el problema con mi padre o al menos me contase algo del caso si lo sabía.
    Por otro lado si le contaba lo que me tenía inquieto compartiría mi problema con ella y eso era muy importante en aquel momento.
    No me equivoqué, la reacción de ella fue instantánea, enseguida comprendió mi pesar y dijo, guiñándome un ojo y dedicándome una amplia sonrisa.
    -Tú, cuando vuelva tú padre del senado no le digas nada. Ya me encargo yo del asunto, y no temas, las mujeres sabemos como hablar a los hombres para conseguir todo lo que queremos.
    Cuando mi padre regresó del senado a punto estuve de preguntarle lo que tanto me intrigaba, pero no dije nada a pesar de que mi madre Agripina parecía haber olvidado el problema, ya que no mencionó tampoco nada sobre el asunto.
    Mi tutor, pasó la tarde escribiendo un nuevo tratado legal, algo relacionado con el orden público o con algún problema de los que siempre había en algún lugar de Imperio que ya se estaba formando; durante la cena nada se habló del caso, solo de cosas intrascendentes, lo típico y cotidiano o sea del tiempo el clima y esas cuestiones.
    Yo, ya me estaba poniendo nervioso.

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    Si no hubiese sido por una ligera señal de mi madre adoptiva que me hizo con la mano como…( Ten un poco de paciencia,) ya hubiera empezado a hablar porque estaba persuadido de que ella se había olvidado o se desentendía.
    Pero se ve que las mujeres lo que desean de un hombre, se lo exponen por la noche porque apenas mi padre se levantó, y me estaba aseando para acudir al colegio se dirigió a mí diciendo:
    -Cuando desayunemos recuérdame que tenemos que hablar de algo muy importante, no lo olvides.
    Ya, en la mesa para el desayuno, antes de empezar a hincar el diente a nada, me atreví a preguntar:
    -Padre, antes me has dicho que teníamos que hablar de algo muy importante, así que dime de que se trata.
    Mi padre adoptivo me miró de soslayo con suma atención y me dijo:
    Tú madre Agripina me ha contado ciertas dudas que tienes concerniente a los servidores que tenían tus padres en su casa, y lo que sucedió con ellos no ha sido como tu imaginas, una arbitrariedad mía, sino que lo que hice fue esperando lo mejor para todos, para nosotros, o mejor dicho, para tus intereses y los de ellos; me explicaré, a ver si lo entiendes.
    No puedo consentir que dudes de mis intenciones ni de mi honorabilidad.
    Como bien sabes, soy senador de Roma, un cargo que nos obliga a ser justos y precisos en todas nuestras acciones e intenciones.
    Pues bien, yo siempre he estado contra la esclavitud humana y nunca, mientras tenga un soplo de vida no dejaré de defender mis ideas que creo muy necesarias por el bien de todo ser humano, por eso, cuando me tuve que hacer cargo de ti, dada mi total ignorancia sobre las labores de mi hermano tu padre, relacionadas con la agricultura y la ganadería y cómo las tierras que nos dejó son inmensas pedí el asesoramiento de una empresa experta en tales cuestiones, una sociedad que hizo un exhaustivo estudio de todo, detectando que esos sirvientes eran esclavos de tus padres, unos esclavos muy especiales que producían perdidas cada año en las cuentas porque los esclavos no cobran nada por su trabajo, que en este caso son mantenidos ellos y sus familiares a expensas del amo además de tener derecho a un techo, durante toda su vida, cuando en otros casos sin más esperanzas ni ventajas de ninguna clase; unos seres humanos muy desgraciados.
    Pero tras el estudio de esta sociedad resultó que cómo hay que mantener a estas personas y sus familiares durante año tras año trabajen el campo o no, haga calor o frío y solo hay unos meses para el trabajo agrícola, la mayoría del tiempo lo pasan sin tales labores y no por eso dejar su legal mantenimiento, total que resultaban a fin de cuentas mas gravosos para la
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    economía del amo que pagando a unos obreros solo cuando hicieran falta. Por eso reuní a todos los esclavos y les dije que les iba a dar libertad, si les parecía bien, que lo pensaran en unos días sin prisas y me diesen la respuesta, momento en que si aceptaban la libertad, podían abandonar esta casa y buscarse la vida como seres completamente libres para lo que yo les proporcionaría un documento acreditando su estado liberal.
    La verdad es que no lo pensaron mucho, apenas terminé de hablar todos se pusieron muy contentos y felices y enseguida les proveí de los documentos
    necesarios y abandonaron las viviendas, no volviendo a saber nada de ellos hasta esta noche en que tu madre me ha contado la situación tan penosa en que se encuentran. Es por eso que creo muy urgente que nos reunamos todos, incluido tú que eres el futuro amo, para hablar y poner una solución a esta complicación. Una complicación que afecta a siete familias con cincuenta y siete personas. Si sabes como contactar con alguno, le dices que reúna a los cabeza de familia para acordar la reunión donde estudiaremos como arreglar este entuerto. Realmente nunca creí que la libertad fuera tan triste para los obreros, al contrario, siempre pensé que la libertad era algo que tarde o temprano seria un bien de todas las personas y no solo de los poderosos, como veo que sucede ahora. El otro día discutiendo este asunto de abolición de la esclavitud, un senador amigo, me dijo:
    Ovidio: la libertad no es tan fácil de implantar como tú opinas, pon atención en este ejemplo tan simple que te voy a contar.
    En mi casa tenemos dos perros; uno que es muy arisco siempre está atado junto a la puerta del jardín a fin de que no vaya a morder a algún visitante, y el otro que parece muy manso lo tenemos suelto, en completa libertad, pues resulta que el perro atado parecía que se había tranquilizado, ya no ladraba a nadie y siempre estaba enroscado junto a su cadena, creímos que estaba enfermo de tan triste que parecía encontrarse. Pero no estaba enfermo, según el facultativo estaba muy sano.
    Cada vez que veía al perro atado y triste me parecía que se encontraba más apenado, por eso decidí cambiarlos por una temporada y atar al que siempre estaba tan feliz con su libertad y liberar al otro.
    Lo que resultó de este experimento casi no lo podía creer: El perro liberado estaba furioso y atacaba al otro, como queriendo recuperar la cadena, la cadena que lo esclavizaba, pero a pesar de tenerlos en esa situación varios días y no entendiendo lo que pasaba los volví a cambiar encontrándome con la desagradable sorpresa de que el que antes estaba tan feliz y pacífico empezó a atacar al otro queriéndole quitar la cadena de la que tiraba con violencia.

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    A veces amigo mío no es tan fácil apreciar lo que es la libertad y por eso no tuve más remedio que poner una cadena a cada uno para que se tranquilizasen. No creo que las personas seamos como los perros pero nuestras inquietudes nos pueden confundir; -A nadie le gusta que le quiten lo que considera suyo aunque sea una maldita cadena que lo esclaviza.
    Después de contarme la historia de los perros, mi padre adoptivo se me quedó mirando como esperando alguna otra pregunta y al final viendo que yo no le decía nada exclamó muy serio:
    Tú madre me ha dicho que hasta que no encontremos una solución para tus amigos les has prometido ayudarles con dinero. ¿Cuánto necesitas? Ten en
    cuenta que lo que te adelante será contabilizado cuando llegue la hora, así que ya lo sabes.
    Creo que con unas cuantos denarios de plata podrán pasar varios días. Hoy a la hora sexta me veré con Floro y se las entregare, diciéndoles todo lo que me has contado, incluso la historia de los perros que supongo que no le va a parecer muy graciosa, ni sugerente.
    En el colegio hoy se trató el tema tan odiado por mi, El control del tiempo, durante toda la mañana se estuvo estudiando lo concerniente a los años bisiestos y los relojes de arena y de sol, pero en mi imaginación solo había espacio para el encuentro que tendría con Floro para contarle todo lo ya expuesto y entregarle el dinero que en una bolsita tenía, cincuenta denarios de plata, suficiente para vivir sin agobios siete familias durante más de un mes. Después de entregar la bolsa con el dinero a Floro, acordamos un encuentro con mi padre adoptivo dos días después, tal como él me indicó y ver que solución daba a estas personas.
    Y en la fecha y hora convenida en el lugar adecuado que en tal ocasión fue la misma villa señorial donde se aniquiló a mi familia por los desertores y aquellos diezmados por la patrulla de policías militares con la ayuda de los sirvientes.
    Mi tío tutor Ovidio y ya padre adoptivo empezó preguntando a la concurrencia que en tal caso eran todas las personas liberadas pero con tan mala fortuna que se habían convertido en mendigos porque nadie quería dar trabajo a esclavos liberados, prefiriendo darlo a romanos.
    -Nos hemos reunido aquí para discutir la situación en la que estáis por culpa de un mal entendido. Cuando os propuse convertiros en personas libres y os pusisteis tan contentos pensé que os había hecho muy felices y que al ser libres alcanzaríais una situación estable con un bien social estupendo , pero nunca supuse ni por un momento que llegaríais a ser más infelices que siendo esclavos, claro que el estado de esclavitud en el que os tenía mi hermano no era el que se conoce de esclavos en este país ni en ningún lugar del mundo, porque ya sabéis que un esclavo no tiene derecho
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    ni a formar una familia , ni sus hijos a vivir con una familia . Todos sabéis que mi hermano os compró hace muchos años como esclavos pero nunca os trató como es lo normal en esta sociedad en que no se os permite nada de nada, donde vuestros hijos son vendidos y separados de los padres y otras cuestiones similares con vuestras mujeres; mi hermano que poseía buenos sentimientos os permitía tener una vida muy relajada como si fuerais componentes de su propia familia.
    Yo creí que dándoos la libertad, ese bien tan estimado por las personas seriáis muy felices, pero la palabra esclavo no me gusta y espero que desde donde mi hermano esté se sentirá satisfecho de lo que he pensado hacer con vosotros.
    Creo que lo que os voy a proponer será algo intermedio entre la libertad y la esclavitud.
    He pensado tras mucho reflexionar que podéis volver a vuestras casas y vivir como antes sin ser esclavos. Seréis completamente libres
    y abandonar estas casas cuando lo estiméis oportuno; mientras tanto se os dará un sueldo por vuestro trabajo, un sueldo digno de forma que en el tiempo en que no laboréis las tierras tengáis ahorrado lo suficiente para vivir hasta que volváis a vuestras labores agrícolas, o trabajar en ese tiempo libre en otros menesteres, claro que para llegar a eso deberéis ser conscientes de administrar el dinero de forma que os cubra todo el año. Esa es mi proposición y si alguno no la considera a su entera satisfacción puede marcharse donde quiera o pueda como hombre libre que es.
    Ahora espero vuestra respuesta y no quiero que haya malos entendidos.
    Actualmente soy el amo y señor de las tierras que fueron de mi hermano, en cuanto Longino termine sus estudios o los deje por voluntad propia serán de el, mientras tanto yo soy el tutor y debo administrar su negocio con celo y la sabiduría de que sea capaz como si fuera mió, por eso deberéis aceptar de buen grado mis ordenes que siempre serán en beneficio de ambas partes, de él y vuestra.
    Eso es todo lo que quería deciros. Si alguno tiene alguna objeción, idea o propuesta que mejore nuestra relación de patrón y obrero, os ruego la expongáis, os prometo estudiarla con sumo interés.
    Después de la breve exposición de mi tutor un silencio sepulcral invadió el recinto, Floro y los demás se pusieron a hablar en voz baja, casi imperceptible.
    Paréciame que alguno no estuviera de acuerdo en algo, pero aquel silencio duró apenas unos minutos y fue Floro el que lo rompió con las siguientes palabras.

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    Excelente señor Ovidio, todo lo que ha dicho nos ha dejado mudos de asombro ya que no esperábamos tanta generosidad de tan importante persona como sabemos que es usted.
    Estábamos dispuestos a volver a ser esclavos en las mismas condiciones que teníamos con su honorable hermano que descanse en paz, incluso creímos que sería difícil llegar a ese acuerdo.
    Floro, hizo un gesto ambiguo como si estuviese pensando lo que debía añadir y mirando a mi tutor le comunicó en el nombre de todos, ya que por lo visto él estaba autorizado por unanimidad.
    Ahora usted lo ha superado y estamos muy agradecidos, haremos cuanto este a nuestro alcance para no defraudarle y que este satisfecho con nosotros como lo estamos nosotros de usted. Gracias de corazón, le doy en el nombre de todos mis compañeros y sus familiares. Que tenga usted larga vida llena de salud y prosperidad.
    Una ovación de todos aquellos pobres mendigos dio término a tan memorable reunión.

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    CAPITULO III

    EL circo MÁXIMO

    Había cumplido dieciocho años cuando mis padres adoptivos me propusieron acompañarlos para ir a celebrarlo viendo un espectáculo muy ameno que se realizaría con motivo de los juegos florales en el circo estadio Máximo.
    Era este un estadio desmontable de proporciones inmensas y forma elíptica a la que se le habían añadido unos cincuenta mil asientos instalados que con los que ya había sumaban casi doscientos cincuenta mil; todos los asientos estaban instalados sobre varias filas de gradas en todo el perímetro, soportados sobre robustas columnas, también de madera desmontables, dejando en su centro un espacio para el expléndido y confortable palco imperial, suficientemente amplio para dar cabida al emperador con sus familiares y Guardia Pretoriana.
    Sobre su arena se iban a realizar diversos números de magia y otros entretenimientos, domadores de fieras, malabaristas, payasos, luchas grecorromanas y cosas análogas, cómo atletismo y por último las luchas de gladiadores, donde estaría presente para su inauguración Octavio Augusto Cayo, el Emperador y su séquito.
    Como es natural mi tío Ovidio como senador, debería acudir sobre todo para dar testimonio y pleitesía al egregio personaje.
    Como mi tío era un senador importante del gobierno, nuestro sitio estaba muy cerca del emperador y reservado.
    A eso de la hora tercia, después de comer nos trasladamos al estadio donde inmediatamente tras la llegada del Emperador Octavio Augusto comenzaron a desfilar los atletas y artistas por la arena aplaudidos por el público enardecido.
    El emperador puesto en pié, después de saludar al público dio orden de iniciar el espectáculo con un simple movimiento de la mano, momento en que los músicos, hicieron sonar sus trompetas estrepitosas y sus no menos sonoros tambores.
    En primer lugar salieron a escena unos cincuenta atletas, que tras el saludo al Cesar y demás asistentes hicieron una exhibición completa de saltos y

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    piruetas, con gran agradó del publico que puesto en pié los aplaudió con entusiasmo encendido.
    Como ya he dicho el estadio estaba ocupado por más de doscientas mil personas, no cabiendo prácticamente ni una simple aguja.
    Aquel día el Sol de primavera era fulgurante, solo el Emperador y su séquito tenían un techo por sombrilla que les preservaba del caluroso astro rey. Más adelante, años después, todo el circo estaría cubierto por toldos enormes ajustables para dar sombra al respetable público en los días calurosos y también lluviosos
    A los atletas siguieron los danzantes y bailarinas ofreciendo una entusiasta presentación de sus aptitudes coreográficas muy de moda, a la vez que una formación musical lírica de más de cien instrumentos les acompañaron con sus coloridas sinfonías coreadas por todo el público asistente.
    Después de varios números de payasos, domadores de diversos animales salvajes como leones elefantes y tigres, llegó el número fuerte de aquella tarde, el de los luchadores grecorromanos seguido por los gladiadores.
    La verdad es que a mi me entusiasmaron los luchadores grecorromanos que nos brindaron una serie de saltos , llaves de presa y pericias guerreras extraordinarias que unos hombres musculosos llenos de fuerza y agilidad nos deleitaron durante algo más de una hora ininterrumpida, con cinco combates extraordinarios.
    Por último, todo el estadio pareció estallar con el estruendo de las palmas y gritos del público excesivamente excitado, como si se tratase del summun, (El no va más.)
    Siento decirlo, pero la actitud de aquellas gentes me resultaba triste e hiriente; a mis oídos había llegado la fama de estas peleas que muchas veces terminaban con la muerte de algunos contendientes.
    Se hablaba de que varios gladiadores habían conseguido fama especialmente con las mujeres, además de fortunas inmensas luchando contra delincuentes, esclavos y desertores entre otros, matándolos en aquellos desagradables combates, y digo desagradables para mí que no comprendí nunca que podía inflamar al público viendo aquellas deplorables escenas de odio y muerte.
    Aquel día solo se salvaron tres de los treinta Gladiadores vencidos ante la voluntad del público que pidió el perdón al Emperador, levantando el puño cerrado con el dedo pulgar señalando al cielo.
    Todo lo visto me impresionó grandemente produciéndome asco y aversión al ver gladiadores musculosos luchando perfectamente pertrechados con toda clase de artilugios protectores como armaduras que les cubrían la cabeza, brazos y piernas además de llevar la típica espada (Gladius) corta hispánica de acero, un puñal del mismo origen y material y un escudo que
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    les cubría una buena parte del cuerpo, contra otros menos musculosos, algunos esmirriados y barrigones que pese a que iban equipados de igual forma que los auténticos gladiadores no era difícil pronosticar que estaban condenados a muerte.
    Tal como iban saliendo los gladiadores mi tío me fue informando de las diferentes clases o categorías según iban pertrechados y así me enteré de algunos de los distintos tipos que fueron apareciendo.

    En primer lugar, me dijo mi tío: Gladiador viene de la palabra espada, que en latín espada es Gladius.
    Gladiador puede ser cualquier romano libre, aunque son pocos los que se ofrecen, los que son delincuentes, esclavos o gladiadores que no son libres están elegidos para luchar con los profesionales, aunque se les deja elegir y a los que se les ofrece tal opción siempre eligen ser gladiadores, en cierto modo lo hacen para escapar de morir crucificados ya que es mejor probar suerte luchando y si son buenos, mientras vayan ganando combates seguirán viviendo y además tienen la remota posibilidad de conseguir el indulto de sus delitos y la libertad si vencen en cuarenta ocasiones caso prácticamente imposible. De todas formas, si algún gladiador consigue esa cantidad de victorias es recompensado además de con la libertad con la gladius de madera, un trofeo que lo han conseguido muy pocos.
    A continuación dijo: te voy a reseñar los diferentes tipos de gladiadores que hay, que son los siguientes.

    ……………………………………………………………………………….
    Los Secutores eran los más temibles y portaban espada corta hispánica y un pequeño escudo, además de todas las protecciones ya mencionadas de cabeza pies y brazos.
    ……………………………………………………………………………..
    Los Retatril o Retiarios, que empleaban redes emplumadas y tridentes. Estos también eran muy agresivos y por tanto peligrosos.
    ………………………………………………………………………………
    Tracios, con rodela y puñal
    …………………………………………………………………………………..
    Marmillones. Con espada larga y grandes escudos..
    …………………………………………………………………………
    Essedarís- A caballo o en carros de guerra.
    ……………………………………………………………………………….
    No recuerdo si me dijo alguno más porque de pronto salieron los gladiadores que me llamaron poderosamente la atención.
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    Me quedé perplejo y a pesar del tiempo transcurrido, reconocí sin dudarlo ni un instante a uno de aquellos: Era algo más musculoso y algo mayor que cuando lo vi la primera vez pero era el sin duda…..¡¡PLINIO!!.. Aquel gladiador Secutor era PLINIO. El jefe de los asesinos de mi familia.
    No pude quitarle ojo de encima y vi como en menos de dos minutos mataba a su oponente, un gladiador bajito y regordete que seguramente era algún delincuente, ante la complacencia de todos los espectadores.
    Luego me enteré de que Plinio era uno de los más famosos; Un desertor que había elegido ser gladiador y que posiblemente conseguiría su libertad si mataba a otros veinte contrincantes, adversarios que siempre eran delincuentes y que por tanto no estaban habituados a las luchas de gladiadores.
    Por mi tío me enteré que el gigantón ya había sucumbido en una lucha contra otro experimentado gladiador, gladiador que cayó después cuando se enfrentó a Plinio, contra todo pronóstico.
    Sin duda Plinio era un gran gladiador que había vencido en su primer encuentro a uno y después a otro, dos auténticos gladiadores. Después ya solo se enfrentaba a los no experimentados, delincuentes y esclavos; algo difícil de conseguir ya que como vi. durante todas las confrontaciones, los gladiadores vencieron siempre a los delincuentes y esclavos que eran abatidos rápidamente.
    Aquel espectáculo era una forma de eliminar sin problemas a los delincuentes y aunque todos morían, cuando se les proponía elegir, aunque lo sabían, escogían luchar contra los gladiadores siempre, preferían morir luchando antes que crucificados y con la remota posibilidad de vencer cosa improbable pero que con Plinio resultó una sorpresa.
    Además, la elección solo les era concedida cuando el delincuente presentaba un aspecto de fortaleza aceptable o bien en las ocasiones en que se necesitaban y no había muchos para elegir.
    Aparte de los delincuentes, también se empleaban esclavos que eran forzados a luchar contra los gladiadores sin ninguna otra opción ya que en el caso de haber pocos delincuentes disponibles, eran comprados para tal finalidad sin derecho ninguno.
    Pero volvamos a mi historia.
    Ahora mi venganza se limitaba a este hombre, un gladiador muy peligroso que si no me daba prisa seguramente conseguiría la libertad y sería difícil o imposible localizar.
    Esta casualidad era una oportunidad insoslayable y aunque difícil, mi única ocasión de vengar a mi familia como me estaban pidiendo en todos mis sueños, mis hermanos y hermanas, mi madre, mi padre y mi corazón.

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    Al día siguiente, apenas amaneció, sin siquiera desayunar, antes de ir al colegio me dirigí presuroso y me suscribí en la escuela de luchadores de grecorromana, que estaba situada junto al templo de Hércules ya que en la de gladiadores, me informaron que no me admitían debido a mi edad.
    Posiblemente con la mediación de mi tío hubiera podido acceder a la formación de gladiadores pero eso me hubiera obligado a dar explicaciones
    capciosas y como nunca mentí no quise hacerlo, así que estuve pendiente de los combates de gladiadores, viendo que al paso que se iban celebrando los encuentros tenia al menos un par de años de tiempo para ponerme a un nivel adecuado.
    Tal como había pensado en un solo año dedicando el mayor tiempo posible a entrenarme y hacer los ejercicios necesarios logré cambiar mi aspecto juvenil demacrado en el de un atleta robusto y ágil. Un atleta admirado por todos, pero cuya meta solo consistía en vengar con la muerte de Plinio las terribles humillaciones que aquel malvado había infringido a toda mi familia hasta matarlos. Esa era mi meta, la venganza, una obsesión que me atormentaba día y noche convirtiendo mi vida en un infierno.
    En menos de dos años conseguí superar a todos los luchadores del gimnasio, hasta vencer a los mejores, no solo de Roma, si no de Grecia, Turquía, Egipto, Hispania y otros países, consiguiendo ser campeón de todo el imperio romano.
    Llegado a esta situación, pensé que era el momento idóneo de vengar a mi familia.
    No puedo ni debo perder más tiempo, la sangre derramada a de ser vengada.
    Mis padres adoptivos creían que me entusiasmaba la lucha grecorromana y que por eso me levantaba diariamente muy temprano para correr por la montaña y la ciudad solo acompañado por el eco de mis pisadas y luz de la Luna antes de despedirse y dar paso al Sol, y que por eso después de mis estudios y de comer me iba al gimnasio donde entraba el primero, me pasaba horas levantando pesas y ejercitándome en toda clase de aparatos como, trapecio, paralelas, remo, potro, lanzamiento de disco, jabalina, anillas, salto, etc. terminando con la práctica de la lucha durante al menos una hora diaria. Y cada día ya anochecido, salía del gimnasio el último.
    Había llegado la hora de la verdad, así que fui personalmente al Circo Máximo para hablar con el dirigente o promotor de espectáculos y le dije: Soy el campeón de lucha Grecorromana de todo el Imperio Romano y vengo a retar al gladiador Plinio si este no tiene objeción.
    El dirigente del circo me miró sonriendo y me contestó.
    -El gladiador no puede objetar nada, ha de luchar contra quien se le ordene, pero… ¿Cómo piensas luchar contra este gladiador si no tienes ni idea de
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    cómo se lucha en esta clase de litigios que normalmente termina con la muerte del oponente? Ten en cuenta que la lucha grecorromana no se parece en nada con la de gladiadores, medita lo que te digo, eres libre de retar a quien quieras pero piensa en que esto no es un juego y puedes morir. ¿Sabes manejar la espada o algún arma en especial?
    La cara del promotor de combates se puso lívida cuando le dije:
    -Soy luchador de grecorromana y a Plinio lo reto a luchar sin armas, aunque él puede usar las que quiera, no le temo.
    Cuando el promotor oyó esto se quedo asombrado, lo noté por la cara de sorpresa que puso y me dijo:
    -Escúchame atentamente joven, te voy a dar un consejo de amigo: Olvida este asunto. No sabes donde te metes. Medita bien lo que haces. Yo no te pongo ningún inconveniente, al contrario, para mi sería un buen negocio anunciar esta pelea, sin duda esa novedad llenaría el estadio, pero no digas que no te he advertido del gran riesgo al que te enfrentas. Mira, piénsalo bien durante una semana y luego si te sigue interesando me lo comunicas.
    Mi respuesta fue inmediata.
    -No tengo nada que pensar estoy seguro que venceré a Plinio y acepto lo que haga falta para luchar contra él.
    El promotor me miró de arriba abajo con escepticismo y tras carraspear, solo musitó entre dientes.
    -Tú serás campeón de todo el mundo de la lucha esa, pero debes estar algo loco o tener ansias de fama tan enormes que no te das cuenta de lo que haces.
    Date un día al menos para decidir, hazme caso. Lo digo por tu bien, te hablo como si fueras mi hijo.
    Para no contradecirle más, viendo que no podía convencerle fácilmente le propuse:
    -Esta bien, lo pensare durante toda esta noche y mañana si me decido vendré y usted aceptará como me ha prometido ¿De acuerdo?
    No muy convencido el buen hombre contestó malhumorado.
    -¡De acuerdo!
    Y repitió en voz apenas perceptible:
    -De acuerdo.
    Aquella noche dormí tranquilamente, no tenía nada que pensar, estaba completamente decidido, solo soñé con mi madre que me decía ¡Adelante hijo mío, haz pagar a ese miserable lo que nos hizo!
    Al día siguiente a la misma hora ya me encontraba de nuevo ante aquel promotor del circo Máximo. Le expliqué que lo había pensado muy bien y que estaba decidido a luchar sin armas contra Plinio.

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    El promotor que se llamaba Octavio exhaló un largo suspiro y dijo mirándome con tristeza, como abatido.
    –De acuerdo, hágase la voluntad de los dioses. El próximo día de circo será el primer sábado del mes que viene y asistirá el emperador.
    Recuerda que debes estar preparado y dispuesto un día antes para lo cual te iremos a buscar a tu domicilio. Hoy mismo empezaré a publicar el combate. La suerte esta echada.

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    CAPITULO IV

    EL COMBATE

    Solo faltaban un par de semanas para el combate pero no tuve ni un momento de sosiego pensando en todo lo que había acordado con Octavio el promotor del estadio Máximo, llegando a la conclusión de que algo de razón tenía con sus advertencias, la lucha grecorromana no era igual que la de gladiadores.
    La lucha de gladiadores era a muerte y la de grecorromanos, no.
    En mi especialidad un combate estaba dividido en dos partes de tres minutos con un descanso entre ellas de dos, mientras que en la de los gladiadores no existían tiempos ni reglas de pausas de ninguna clase, claro que siempre luchaban con hombres de inferior categoría y aunque iban complementados con similares armas y protecciones, la ventaja era a favor de los gladiadores oficiales tan enorme que aquello era verdaderamente un escándalo en la que los contrincantes apenas aguantaban unos minutos antes de ser atravesados o con la cabeza cortada de un mandoble de la espada o el puñal del gladiador experimentado.
    Después de meditar en estos inconvenientes empecé a darme cuenta de que me estaba metiendo en un conflicto muy serio.
    La única solución que vi era desdecirme, anular mi participación, pero no quería quedar como un cobarde, no solo ante la gente, si no ante la historia y mis antepasados a los que debía vengar en esta ocasión tan propicia que quizás no se volvería a presentar nunca más.
    Por tal motivo dejé de lado mis estudios, y me dediqué en cuerpo y alma a entrenarme en todos los ejercicios y especialmente en aumentar mi resistencia. Si moría en el empeño que no fuese por mi culpa, ni por desinterés por mi parte.
    No me atreví a poner en conocimiento de mis padres el lío en que me había metido para evitar que me hicieran desistir y para evitar dar explicaciones enojosas.
    Lo de Plinio era cosa mía y no debía complicarlos a ellos.
    Y pasó el tiempo.
    Cuando vinieron a buscarme dos soldados empleados del estadio mis tutores no comprendían nada y pensaban que podía existir algún error.
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    Fue mi padre el que me preguntó con cierto sobresalto:
    -¿Qué has hecho? ¿Porque te vienen a buscar estos soldados?
    Intentando quitar importancia al problema les dije simulando tranquilidad:
    -No pasa nada solo es que tengo un combate importante mañana en el estadio circo Máximo.
    Realmente ya imaginaban algo por haberse publicado, pero supusieron que fuera otro ya que no decían mi nombre en la publicidad que era bastante confusa, porque al promotor del estadio le advertí que no dijesen ni mi nombre ni que era el campeón del Imperio Romano, que solo divulgasen que un campeón de lucha grecorromana lucharía sin ningún arma contra un famoso gladiador armado.
    Cómo era costumbre debía pasar las veinticuatro horas antes del combate en la escuela de Gladiadores.
    Estando allí, Plinio se me acercó preguntando:
    –Tengo la impresión de que te he visto antes. ¿No serás tú el que se me enfrentará mañana desarmado en el estadio?
    Cómo si la cosa me fuera indiferente sin volverme siquiera le contesté:
    –Claro que me has visto antes ¿Acaso has olvidado aquella familia que hace unos años asesinaste sin compasión en una villa grande de campo que se llama Villa Azul y robaste todo el dinero huyendo cobardemente con otro grandullón, cuando llegaron los legionarios policía y aniquilaron a tu maldita banda de sinvergüenzas? ¡Ahora tendrás que matarme a mí que he venido a vengar a mi familia… ¡si puedes!
    Con evidente soberbia, al reconocerme exclamó
    -Bien, ya veo, ya veo quien eres, mañana liquidaremos este asunto, pero esta vez no saldrás tan bien librado como la otra, Esta vez no te salvará nadie. Ya puedes empezar a rezar al dios Marte, o a Júpiter. Te doy a elegir al que te caiga mejor,¡¡ jajaja.!!
    Se fue riendo diciendo a otro en voz alta para que lo oyesen todos, seguramente para intimidarme.
    -Ese jovencito es el que mañana sin armas luchará contra mi y mataré. ¡Debe de estar loco!
    Aquella noche dormí sobre una alfombra de las que allí habían para los visitantes, normalmente los que debían luchar al día siguiente y lo más curioso es que dormí de un tirón, profundamente, encontrándome al día siguiente en perfectas condiciones, lo que me pareció una buena señal.
    Durante toda la mañana los gladiadores estuvieron entrenándose cambiando golpes de espada unos, y otros tirando la red que portaban atada a una muñeca a la vez que simulaban rematar a su oponente imaginario con el tridente, mientras yo por mi parte los observaba con suma curiosidad.

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    Los contrincantes sentenciados, aparte de mi, debían encontrarse en otro lugar ya que no vi a ninguno
    Sobre la hora tercia empezamos a oír las trompetas y timbales que anunciaban el comienzo del espectáculo. Luego al toque de aquellas
    trompetas fuimos enterándonos de los cambios que se iban realizando Finalmente, sería la hora sexta, el promotor llegó seguido por los otros gladiadores sentenciados y nos mando formar para salir a la arena indicándonos la rutina que se acostumbraba realizar.
    -Ahora, cuando salgáis tenéis que ir hasta poneros en fila, frente al palco del Emperador y lo saludareis con el brazo extendido, la frente elevada y finalizáis con la típica frase en voz alta, que la oigan todos:-AVE CESAR, LOS QUE VAN A MORIR TE SALUDAN- ¿Entendido?
    Inmediatamente formamos tal como Octavio el promotor nos indicó, saludamos y enseguida nos pusimos a pelear en medio de aquella arena que
    rápidamente se fue tiñendo de sangre y llenando de cadáveres, cadáveres que eran arrastrados hasta la puerta de la muerte desapareciendo para siempre, donde serían despedazados para alimentar a los animales salvajes, cómo leones, tigres osos y otros que enjaulados en unos túneles bajo la arena estaban dispuestos para próximos números circenses.
    Plinio verdaderamente era muy peligroso, su espada era manejada con suma destreza y me las veía muy apurado para esquivar tantos ataques que enviaba sin descanso. Al mirarlo a la cara vi que estaba muy nervioso al comprobar que ya todos sus compañeros habían concluido su cometido sin problemas. En su mirada creí adivinar su prisa asesina y yo aún no había iniciado ni un asalto dedicándome a esquivar y esquivar tantos ataques que por arriba, abajo y por los flancos me hacia con desespero.
    Por un momento pensé que a este ritmo, en cuanto me descuidase un solo instante, todo habría acabado para mi, no podía despistarme ni un segundo, tenía que espabilarme y actuar en algún sentido así que en uno de aquellos ataques conseguí además de esquivar agarrar el brazo a mi odiado enemigo y voltearlo sobre mi hombro lanzándolo al suelo violentamente esperando romperle el brazo o algún hueso.
    Lamentablemente, se levantó de un salto y a pesar de haber perdido en el volteo el escudo que yo envié lejos de una patada, no se amedrentó, en la mano que antes tenia el susodicho escudo, como por arte de magia apareció una daga, que utilizó para atacar junto con la espada.
    En uno de aquellos ataques, recibí una puñalada en el brazo, lo que me irritó sobremanera y antes de que retirase el puñal logré agarrarle y darle un fuerte cabezazo en la nariz quedando un poco desconcertado, aunque no tanto como para dejar de atacarme aún con más ahínco, y cuando otra vez intentó atravesarme con la espada lo agarré nuevamente del brazo y de una
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    pierna elevándolo sobre mi cabeza y dejándolo caer sobre una de mis rodillas, cayendo desmedajádo al suelo. Eso le debió hacer daño en los riñones y aproveché su sorpresa para hacerle una llave sobre el cuello con la intención de asfixiarle sin darme cuenta que su brazo empuñando la daga
    la empleó para darme otro tajo en el mismo lugar del brazo de antes y por el que estaba perdiendo mucha sangre.
    Una hora después el combate continuaba en similares condiciones, mi enemigo atacaba sin tregua para acabar conmigo y yo desesperado esquivando sus ataques.
    Después de dar un salto logré golpearle en la cabeza y me lancé con la intención de quitarle la espada que tanto me estaba fastidiando pero nuevamente el puñal esta vez me lo clavó en un muslo. En mi desesperación en algunas ocasiones le di varios puñetazos y hasta un mordisco en una pierna, cosas ambas prohibidas en la lucha grecorromana.
    El tiempo iba transcurriendo y ya habían pasado más de dos horas de lucha encarnizada, la posición del sol empezaba a declinar llenando de sombras el inmenso estadio. En ese momento me encontraba exhausto, si mi contrincante se encontrase mejor, el combate ya habría terminado hacía rato, y era tanto el dolor que me producían las heridas que apenas percibía el inmenso griterío del público que rebosaba las gradas.
    No comprendo que me sucedió en aquel momento, quizá la sangre que había perdido me hizo verlo todo desenfocado, me tambaleé, perdí el equilibrio, y caí al suelo completamente mareado y sin fuerzas, intenté levantarme y no pude de tan agotado que me encontraba, momento que Plinio aprovechó para elevar la espada y … En aquel instante vi como la espada señalaba mi corazón y no tenia fuerza para esquivarla . Cerré los ojos vencido y fue entonces cuando escuché un gran alboroto de unos que gritaban al gladiador ¡MATALO! ¡MATALO! ¡MATALO! Y otros que pedían al emperador ¡PERDÓNALO! ¡PERDÓNALO!¡PERDÓNALO!
    Haciendo un gran esfuerzo abrí los ojos y vi al emperador en su palco rodeado por su guardia imperial y su familia levantando el puño cerrado y que tras mirar aquí y allá sacó el dedo pulgar y lo puso mirando al cielo. ¡Me había salvado!
    Cerré los ojos y debí perder el conocimiento porque cuando los volví a abrir me encontré acostado sobre un lecho de algodones con los ojos de mi madre adoptiva que me miraba llorando.
    Luego me enteré que cuando un luchador cae desmadejado, que ha luchado con honor y furia es merecedor de la indulgencia del emperador, sobre todo si es aclamado ese perdón por el público asistente.

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    Muchas personas pidieron el perdón por mi forma de luchar y les debí caer bien, aunque quizás, la clemencia me llegó por que mi tío el senador que estaba muy cerca del Emperador le envió alguna señal de súplica.
    Una cosa que recordaré siempre es que en el momento en que iba a morir, por mi mente pasaron los recuerdos más importantes de toda mi vida.
    Algo extraordinario que creo haber oído en varias ocasiones que les sucedió a otras personas en momentos muy críticos.

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    CAPITULO V

    RECUERDOS

    Mi nombre Longino me lo pusieron en memoria de mi abuelo Longino que en los tiempos en que estuvo con Julio Cesar durante los ocho años que duraron las guerras de las Galias se comportó muy bien ayudando al gran hombre a escribir varios libros contando las campañas victoriosas del ejercito romano que luchó de una forma irregular teniendo que atravesar el Rin huyendo y volviendo al ataque en varias ocasiones.
    El caso es que cuando Julio Cesar llegó triunfador a Roma, y consiguió alcanzar el titulo de dictador vitalicio, premió a mi abuelo que en aquel entonces se licenció del ejército, con todas las tierras de las que sus hijos y yo ahora hemos disfrutado.
    Mi abuelo conoció a Minerva y se casó con ella teniendo dos hijos, mi padre y mi tío Ovidio, hoy mi tutor y padre adoptivo, senador romano.
    Posiblemente, creo, por los comentarios que se hacían en casa que mi tío Ovidio fue muy estudioso pero que alguna influencia favorable pudo tener de Julio Cesar cuando este se alzó como emperador.
    Eso era lo que se comentaba en casa con cierto tono de admiración y supongo que también algo de envidia, aunque de todas formas no creo que mi padre tuviese envidia de su hermano ya que por ser el hijo mayor heredó la inmensa cantidad de tierras que tanto dinero y poder nos hizo disfrutar, mientras que mi tío se tuvo que conformar con un porcentaje mínimo de tanta riqueza agrícola
    Verdaderamente mi abuelo era para mi un ser muy especial, estoy seguro que si hubiera estado cuando aquellos desertores nos atacaron y nos humillaron tan alevosamente, el hubiera actuado de alguna forma heroica como lo hacía siempre cuando luchaba codo a codo con Julio Cesar en la guerra de las famosas Galias de la que tantas batallas me habló.
    Fue una lástima que en tal ocasión mi querido y nunca olvidado abuelo ya hubiera fallecido siete años antes, claro que pensándolo bien no creo que a la edad de noventa y dos años un hombre por muy valiente que hubiese sido en su juventud, podría hacer gran cosa en tales circunstancias, y a esa edad.
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    Recuerdo cuando me contaba aquellas batallas contra las tribus autóctonas en las que aparentemente parecían no ser difíciles de vencer y luego
    resultaba que combatían tan unidas y con tal furia que nos producían miles de bajas.
    Aunque decía mi abuelo, cuando teníamos que redactar los resultados, Julio, nunca me dejaba ni siquiera insinuar que habíamos tenido tales descalabros. Y se ponía muy enfadado esgrimiendo que en nuestra historia nunca se debe presentar un estado de frustración ni desaliento y que lo que contaba era el final que siempre teníamos que ser optimistas y valorar todo paso dado en la dirección triunfalista. Por eso cuando se lee alguno de aquellos libros siempre se perfila la imagen de un ejercito invencible, un ejercito sin fisuras, un ejercito Romano.
    La palabra romano, aseguraba Julio Cesar muy ufano, que era la palabra más importante en la historia universal.
    Un día muy triste de aquellos en que dejamos más de mil legionarios muertos en el campo de batalla, mi abuelo se negaba a escribir en aquel libro que habían sido derrotados y al discutirlo con el gran hombre, mi abuelo alegó:
    Creo que en esta ocasión hay que escribir la verdad aunque sea presentándola atenuada, al fin y al cabo hemos ganado mil batallas y esta
    derrota no significará gran cosa.
    A lo que Julio Cesar enfadado le contestó:
    — Mil victorias jamás justificaran una derrota
    Mi abuelo siempre me animaba a estudiar para llegar a ser un hombre culto y justo, asegurando que el futuro se lo imaginaba muy distinto y solo las personas instruidas serán tenidas en cuenta como lo fue él en su tiempo. Me quedé muy deprimido cuando falleció a la edad de noventa y dos años, aquella depresión me tuvo muy triste durante mucho tiempo.
    Solo cuando conocí a Venus, una preciosa camarera de la que me enamoré locamente me fui normalizando, Pero esa es otra historia que os contaré más adelante, ya que fue muy complicada y ahora no sé como empezar.

    La cabeza algunas veces no quiere recordar lo imposible de olvidar.
    Conocerte fue fácil, conquistarte difícil, olvidarte, imposible.
    Supongo que con esa frase ya tendrás una ligera idea de mi infortunio amoroso que marcó un tiempo lleno de tristeza de mi vida.
    No quisiera pasar por alto a mis otros abuelos, los padres de mi madre.
    A mi abuela Fabiola no la llegué a conocer porque cuando mi padre y mi madre se casaron, falleció un año después y yo era un bebé aún.
    Mi abuelo Liberto también fue un legionario que estuvo en varios conflictos bélicos de su tiempo, y como era costumbre que al licenciarse se
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    les daban tierras para que las cultivasen y se ganasen el sustento, a él le otorgaron una cantidad no tan extensa como a mi otro abuelo Longino,
    pero suficientes para mantener a su familia y cuando falleció Fabiola mi abuela, la madre de mi madre, Lucía.
    Como mi madre era hija única, al heredar aquellas tierras que colindaban con las nuestras pasaron a unirse al patrimonio total de la familia.
    No puedo decir que mi padre fuese un mal progenitor, ni mucho menos, mi padre también tuvo una juventud agitada pero de otra naturaleza, siempre estaba atento con el trabajo y su familia, y desde que heredó, su vida se le complicó mucho, pero para contar su historia he de volver a mi abuelo Longino ya que los dos eran muy distintos y para entender a uno se necesita comprender al otro.
    Mi abuelo Longino siempre intentó crearse un futuro glorioso y nunca cejó en su empeño por llegar a lo más alto que pudiera, no importando los desvelos y sacrificios que tuviera que vencer.
    Antes de ser movilizado se casó con mi abuela Minerva con la que tuvo dos hijos, mi padre y mi tío Ovidio, el que actualmente es mi tutor y padre adoptivo como ya he explicado antes.
    Después del nacimiento de mi tío Ovidio, su madre Minerva mi abuela enfermó gravemente y falleció meses después quedando mi abuelo Longino muy afectado, tanto que dejó su trabajo de abogado y se alistó en el ejercito en el que por sus conocimientos, fue destinado como asesor de Julio Cesar, entonces general de las tropas que irían a la conquista de nuevos territorios para Roma. En cambio a Liberto mi padre le importaba muy poco la cultura y el futuro, siendo toda su inquietud dirigida a divertirse en orgías burdeles y la conquista de mujeres que normalmente se rendían ante su desbordante simpatía y por que no decirlo, su impresionante figura de un metro ochenta y cinco Como es natural según tengo entendido por lenguas de doble filo, que nunca sabe uno a que carta quedarse, mi padre en su juventud alocada se encontró con muchas dificultades, especialmente con los padres de una de aquellas novias, precisamente con los padres de mi madre Lucia, por lo que mi padre que siempre fue condescendiente ante las buenas razones decidió casarse con mi madre de la que nací yo apenas un mes después de la boda.
    Solo quedan en mis recuerdos lo concerniente a nuestra vida que cómo ya sabes, los primeros años, pasaron sin pena ni gloria hasta el día, o mejor dicho, la noche en que Plinio y sus secuaces llegaron y nos destrozaron la vida, nunca mejor dicho.
    Estos recuerdos que os he contado fueron los que pasaron por mi mente un poco revueltos en aquellos segundos cuando rendido, creí que Plinio me iba a matar.

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    Posiblemente ya solo recuerdo lo más destacado debido a tantos años cómo han pasado y he dejado retazos de mi infancia y del trato con mi familia, pero eso no es muy importante , al fin de cuentas y aunque no lo creamos la vida es tan breve que no es de extrañar que un moribndo la vea en toda su amplitud cuando llega su final.

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    CAPITULO VI

    GLADIADOR

    Después del estruendoso fracaso en el enfrentamiento que tuve en el circo Máximo en el que luché desarmado contra el gladiador Plinio con todas sus armas y experiencia en tales peleas, mis ansias de venganza se acrecentaron haciendose más persistentes y feroces, no pasaba un minuto del día en que no pensase en mi familia aniquilada por él y sus asquerosos compinches; Por eso mi ánimo se estaba endureciendo y no paraba de soñar con una venganza basada en la antigua Ley del Talión —Ojo por ojo, diente por diente- Lo justo sería buscar la casa de su familia y aniquilarlos de forma semejante a cómo él lo hizo con la mía.
    Claro que para obrar así yo debería tener instintos criminales como él los tiene: –Es imposible que una persona sin saber nadar atraviese un mar embravecido braceando locamente.– Además de volverme un ser criminal, debería encontrar una pandilla de asesinos sin pudor ni vergüenza de ninguna clase y no creo que en el mundo pudiese reunir a tantos asesinos juntos, cómo aquellos.
    Pese a estas reflexiones en mi ánimo seguía aumentando el odio hacía este individuo, y en sueños, mi familia me imploraba que no los olvidase y los vengase ya que su descanso no sería completo hasta el momento de ver a Plinio retorciéndose, ardiendo en el infierno.
    Agobiado por tan nefastas ideas y ensueños estuve inmerso durante muchos días, mis padres adoptivos notaban mi desasosiego sintiéndose algo confusos, no comprendían que por haber perdido un combate me encontrase tan extraño y preocupado que casi ni me alimentaba.
    Una voz interior me aconsejaba que les explicara el motivo de mi estado inquietante.
    Contarles que Plinio era el jefe de aquellos criminales que humillaron y asesinaron a toda mi familia, el hombre instigador de

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    una banda de asesinos infames, pero otra voz me advertía de los peligros que eso conllevaría.
    Sería compartir el mismo problema con ellos que no tenían culpa para cargar con más sinsabores; eran mayores y saber los porqués de las inquietudes que en mi habían podría enfermarlos o al menos amargarles el resto de sus vidas.
    Pese a las preguntas de Ovidio y Agripina mis padres adoptivos, que no imaginaban ni remotamente tan extraño comportamiento, yo seguía pensando que no había otra solución que acabar con Plinio y terminarían mis amarguras.
    Aquel individuo estaba sobrando en este mundo, era un mal bicho y podía hacer daño a otras personas, denunciarlo sería inútil, estaba detenido en el circo Máximo por criminal y si alguien advirtiera que yo era el superviviente de aquella masacre por la que fue apresado y estaba preso, yo podría tener graves consecuencias.
    Nadie de mi actual familia debería saber que el gladiador que me había vencido era Plinio, incluso me extrañaba que él mismo no hubiera dicho nada, posiblemente no querría alardear de ser un
    criminal de la peor calaña, un asesino implacable, ahora que parecía disfrutar del bando de los inocentes, y menos cuando estaba a punto de alcanzar la libertad y ser absuelto
    No tuve que esperar mucho, apenas me alivié un poco de mis heridas, cuando aún me dolía el brazo, me personé en el circo Máximo, pregunté por Octavio el promotor y preparador de las peleas y cuando me atendió le dije:
    –Gracias a usted he comprobado que para vencer a un Gladiador como Plinio no basta con ser el mejor luchador de grecorromana, ahora quiero aprender el manejo de las armas para ser el mejor en esta clase de lucha. Por eso he venido, deseo que usted me enseñe a luchar como un verdadero gladiador para que cuando esté en las debidas condiciones pueda probar a vencer a Plinio.
    El Promotor se me quedo mirando como si no entendiera nada y exclamo lleno de evidente curiosidad:
    –No entiendo porque tanta fijación con el Gladiador Plinio.No se me ocurrió ota escusa que contestar:
    -Porque es el mejor, según tengo entendido.
    Le contesté tal cosa simulando estar persuadido de lo que alegaba, a lo que Octavio el promotor dijo con total convicción.
    –Los que te han informado, no saben lo que dicen, hay mejores a montones, no tienen ni idea. El mejor que tengo es Flavio.

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    Un escalofrío recorrió mi espina dorsal. No debí afirmar la creencia de que Plinio era el mejor y por eso quería luchar contra él.
    Ahora, para no complicar las cosas debería exponer otra estrategia, por eso dije intentando convencerle.
    Bueno, la verdad es que desde que me venció le he cogido manía y me gustaría enfrentarme a él de nuevo y sacarme esa espina que me atosiga.
    Octavio pareció comprenderme y amagando una sonrisa dijo:
    -Eso es harina de otro costal, si ese es tú deseo me parece muy bien , la verdad es que a ese también le estoy cogiendo manía, por qué presume mucho de sus victorias y no es la primera vez que ha vencido a alguno que creí que lo vencería a él equivocándome y perdiendo varios gladiadores muy importantes.
    Tú podrías ser un buen gladiador si te pusieras a entrenar un poco más, tu formación como luchador de Grecorromana es una ventaja que ellos no tienen y estoy seguro que con una espada serías invencible.
    Yo creo que deberías hacer algunos combates antes de enfrentarte a los mejores entre los que verdaderamente se encuentra Plinio.
    Me pareció buena idea la del promotor y como no podía elegir otra opción más lógica acepte esa opción con la satisfacción reflejada en mí cara pensando que una imagen vale más que mil palabras.
    A partir de aquel día sin faltar ni uno acudí al gimnasio donde me fui instruyendo hasta que el promotor me diera la señal de iniciar un programa de combates que me condujese a mi objetivo.
    Plinio siempre estaba pendiente de mis avances imaginando seguramente que tarde o temprano nos volveríamos a ver las caras en las arenas del estadio.
    Mis avances se iban desarrollando de forma muy rápida y raro era el día en que no fuera felicitado por algún otro gladiador cómo Flavio, el que se suponía invencible por su historial, que me aseguró con pleno convencimiento.
    Miedo me daría enfrentarme a ti, eres un luchador asombroso.
    Tu forma de pelear jamás podrá ser mejorada.
    Has mezclado la lucha grecorromana con la de gladiador y creo que eso te hace invencible.
    Nunca he visto a nadie con tanta agilidad, haciendo esos quiebros, esas llaves y ese talento manejando la espada y el puñal.
    No quisiera enfrentarme a ti ni en broma.

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    Si Flavio era el mejor gladiador y afirmaba que me temía ¿Qué opinaría Plinio?
    Pero cuando más cerca me encontraba de mi objetivo, me di cuenta que a Plinio hacía varios días que no lo veía por el gimnasio.
    Y al preguntar por él solo me informaron de lo que me temía.
    Plinio ha sido liberado, consiguió el número de victorias necesarias y su pena ha sido extinguida, supongo que eso te alegrará ya que tienes un enemigo menos a batir.
    Cuando me informaron de la liberación de Plinio me sentí completamente derrotado, lo que debieron notar los que allí estaban ya que uno me preguntó
    -¿Acaso esa noticia no te alegra? Te has quedado blanco.
    No contesté, me fui y no volví al gimnasio, nada más que para despedirme de mí amigo Octavio el promotor y los otros gladiadores con los que ya había hecho amistad e indagar por si sabía alguien donde podía ver a Plinio.
    Fue el mismo promotor quien me puso al corriente.
    -Lamentablemente nada sabemos. Cuando alguien conquista su libertad no se le pregunta nada, desde ese momento su destino no nos interesa. Ni tenemos derecho a saberlo.tenemos Es más ni tan siquiera podemos investigar su paradero a menos que fuese por un asunto familiar , lo que no es tú caso, ni creo que te pueda interesar.
    Ante tal lluvia de argumentos solo se me ocurrió maldecir..
    -¡Maldita sea, ahora que ya casi lo tenia, el pájaro ha volado!
    Octavio me observó dubitativo antes de comentar.
    -¡No te preocupes, ese te ha cogido miedo al ver tus avances!

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    CAPITULO VII

    Buscando a plinio

    Desde que Plinio fue liberado, no he dejado ni un momento de buscarlo por todas partes sin encontrar la mínima pista, es como si se lo hubiese tragado la tierra, todas mis pesquisas han resultado infructuosas, inútiles.
    Conociendo sus aficiones he acudido a todas los sitios donde supuse que lo pudiera localizar, lugares muy reservados cómo burdeles, ya que sabia sus aficiones. Estos lugares no me resultaron difíciles de encontrar, por suerte conocía a algunos jóvenes de mis andanzas juveniles que los conocían muy bien, solo tuve que ponerme en contacto con uno y este que se llamaba Lucio se ofreció a acompañarme extrañándose algo cuando advirtió que en realidad lo que yo buscaba era a un hombre.
    La verdad es que debió extrañarse demasiado porque a partir del dia que supo que lo que me interesaba era un hombre cada vez que iba a buscarlo me recibía con excusas para no acompañarme, Y o naturalmente no le conté mi problema con Plinio , no me pareció conveniente ir contando a nadie mis problemas. Los sitios donde se organizaban orgías no me resultaron tan fáciles de visitar, Lucio, no se porque se negó a investigar, lo que me obligó a buscar a algún experto en el tema; tras mucho indagar me eché la mano a la cabeza y me dije: Mira que soy tonto, las orgías son realizadas con la intervención de prostitutas normalmente, así que tuve que volver a uno de aquellos prostíbulos, elegí a la que me pareció más guapa de las mujeres que allí habían y una vez le pagué lo estipulado le dije:
    Yo iré detrás de usted, ¿De acuerdo?
    Seguí a la chica por una escalera sombría y cochambrosa hasta un piso en que entramos a una habitación no menos sombría y cochambrosa en donde la chica empezó a desnudarse.
    -¡Un momento, por favor, no he venido para eso, solo quiero hablar contigo un rato!
    Casi le supliqué azorado.
    La chica que aparentaba unos treinta años me miro muy sorprendida como si yo fuera un bicho raro y muy enfadada alegó.

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    -Tanto musculito y resulta que no le gustan las mujeres, no si cuando yo digo que en esta vida te encuentras de todo. ¿Y de que quieres que hablemos? ¿De mariconadas?
    Estoy buscando a un amigo que se llama Plinio Es algo mayor que yo, tendrá unos treinta años aproximadamente, yo tengo veintitrés y como no lo encuentro por ningún lado he pensado que quizás en algún lupanar o donde organizan orgías lo pueda localizar. ¿Tú sabes donde hay alguno de esos sitios?
    La hermosa prostituta me miró con rudeza antes de contestar:
    -Precisamente mañana tengo que ir a una orgía.
    -Me gustaría ser tu acompañante, pagando lo que digas, claro.
    -Eso no puede ser, pero si quieres puedo indagar por ti. Y eso te lo haré gratis, para que veas que las mujeres tenemos cosas buenas.
    Cómo no me gusta que nadie me tome por lo que no soy le advertí:
    -Creo que hay un mal entendido, a mí como a todos los hombres normales me gustan las mujeres, lo que pasa es que no tengo costumbre de estas cosas, y si busco a uno es por asuntos de negocios. No me gusta que me confundan.
    La chica me miró y haciendo un mohín de complicidad preguntó:
    -La verdad es que no he conocido a ninguno que entre a mi habitación y no se me eche encima inmediatamente como un loco, por eso te he considerado como un bicho raro, perdona.
    Mi contestación no fue meditada ya que de haberlo hecho no hubiera dicho lo que dije, su colaboración si se enfadaba habría terminado y eso no me interesaba en absoluto.
    -Mira chica (le dije) Si me comporto de esta forma es porque he sido gladiador y soy campeón de grecorromana en todo el Imperio, los que realizamos esta clase de deportes tenemos muy en cuenta nuestro estado físico que especialmente en la lucha de gladiadores es importantísimo, hay que estar al cien por cien porque nos jugamos la vida. No lo digo por ti que estas muy lozana y dan ganas de comerte, pero he conocido a más de ún gladiador que tras estar con alguna de vosotras una noche perdió la vida al día siguiente, es más, conozco a otro que cogió una enfermedad sexual y ya no solo no puede luchar, ni tan siquiera correr diez metros sin asfixiarse.
    Después de oir tales argumentos ella me dio la razón con las siguientes palabras.
    -Haces muy bien de no fiarte de nosotras, si yo te contara casos te pondrías a temblar y saldrías de aquí lo más veloz que pudieras. En este oficio hay mucho peligro, no te fíes ni de mí ni de nadie.

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    Te admiro como hombre. Un hombre capaz de controlar sus instintos vale por mil.
    Me gustaría ser tu amiga, tu amiga Livia, para lo que haga falta y te aplaudo por ser como eres, aunque si todos pensaran como tú, las que nos dedicamos a este negocio nos quedaríamos sin clientela.

    Recorrí con Livia todos los Prostíbulos también llamados lupanares, según que categorías.
    En tales lugares igual encontrabas prostitutas que prostitutos.
    En algunos lupanares de aquellos me tropecé con varios gladiadores conocidos que ganaban un sobresueldo ejerciendo el oficio más antiguo del mundo.
    Loa gladiadores tenían mucho éxito tanto con hombres como con mujeres, estos antiguos compañeros no se extrañaron ni un ápice al verme por aquellos tugurios pensando que iba por allí para hacerles la competencia.
    Siempre que me tropezaba con alguno de aquellos gladiadores en un lupanar y aprovechaba la ocasión preguntándoles por Plinio ya que ellos lo conocían perfectamente.
    Después de estar casi dos semanas buscando a Plinio por todos los prostíbulos de Roma acompañado por Livia que conocía aquel submundo mejor que nadie, sin ninguna novedad, decidí cambiar el itinerario, iniciando un nuevo peregrinaje también con Livia que conocía algunos involucrados en ciertos lugares de vicio donde se reunían delincuentes y consumidores de drogas variadas.
    En aquel ambiente, solo encontramos a una persona que nos habló de Plinio.
    Livia conocía muy bien al tipo en cuestión al que pagué con unas monedas y hablo hasta por los codos todo lo que sabía.
    Era este uno que vendía estupefacientes, drogas diversas a los pequeños traficantes y consumidores.
    A Plinio lo consideraba más que amigo cómo cliente, y me dijo, ante unas copas de vino y el puñado de monedas acordado.
    –Plinio. Antes de irse al extranjero a un lugar que no me quiso decir, me informó que estaba perseguido por una persona muy poderosa para matarlo.
    Que estaba temeroso del poder de aquella persona y para que no lo encontrase nunca se iba a vivir a un lugar remoto donde nadie lo conociese y que se cambiaria hasta de nombre.

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    Después de hablar con aquel delincuente, nadie más me ha sabido dar la más mínima información de su posible paradero, creo que se me ha escabullido de entre las manos cómo un puñado de aceite
    cuando estaba convencido de que lo tenía atrapado. Ya solo me quedaba una remota esperanza, que el destino me fuera propicio.
    Todos mis desvelos, mis sacrificios por situarme y rebasar su nivel cómo luchador y gladiador no me han servido absolutamente de nada. En aquellos momentos me sentia como un desgraciado burlado por otro desgraciado.
    He derrochado cuatro años de mi juventud aprendiendo cosas que no me interesaban en absoluto.
    Solo me movía el deseo de acabar con su vida y vengar a mi familia. Aquella familia inolvidable.
    Ahora solo puedo presumir de ser campeón del Imperio de lucha grecorromana, cosa que me ha servido para atesorar títulos y dinero, algo que a muchos les llenaría de felicidad pero que a mi solo de tristeza, ya no se que hacer, me siento fracasado completamente.
    Nunca olvidaré a mi familia. Ese pensamiento me persigue tanto de día cómo de noche, a todas horas, los horrores de aquella velada nunca se borrarán de mi atormentada mente.
    En la elegante villa de mis tíos ahora mis padres, no entienden mi tristeza perenne, nada de nada, no comprenden porque tanto prepararme para ser gladiador y cuando me encuentro formado como el mejor, abandono sin haber hecho ni un combate, aunque eso les alegra porque les parecía una locura.
    Un día hablando con ellos, no sabiendo cómo justificar mi decisión les dije que había cogido un poco de miedo a eso de luchar contra gladiadores, que históricamente todos terminan muriendo bajo la espada lanza o tridente de algún otro.
    Uno de aquellos días mi tío Ovidio me dijo confidencialmente:
    -Ya hace varios años que eres mayor de edad y deberíamos hacer cuentas.
    Tu madre Agripina y yo hemos llegado a la conclusión de que tú tiempo de hacer locuras ha sido superado y deberías ocuparte de tus negocios, nosotros ya somos mayores y nos sentimos muy cansados de tantos problemas, necesitamos terminar nuestras vidas dedicándonos a disfrutar del tiempo que nos quede.
    No creas que te vayamos a abandonar sin más ni más, tus tierras han dejado una cantidad de dinero considerable y eres rico, nuestra misión ha concluido satisfactoriamente,
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    El día que quieras pondremos final a nuestra condición de tutela entregándote tus bienes.
    No por eso como ya he dicho nos desconectamos de ti, al contrario te consideramos un hijo aunque seas de adopción y te vamos a querer siempre mientras que los dioses nos lo permitan.
    Tienes todo nuestro cariño y te ayudaremos en todo lo que podamos siempre.
    Mi tio Ovidio, entonces mi padre, mientras hablaba se iba secando las lágrimas como si se estuviese despidiendo para siempre, mientras mi tía madre, me miraba muy seria sin decir nada, observando cómo yo también me emocionaba.
    Después, se apoderó de la estancia un silencio denso que duró un lapsus apenas unos segundos que aprovechó mi padre para seguir exponiendo otras cuestiones que yo ignoraba pero que eran esenciales.
    -Seguramente sabes que los senadores y su familia directa tenemos prohibido manejar negocios, por eso cuando te adoptamos, los negocios de las tierras y todo lo de tus padres anteriores, ni yo, ni tu madre Agripina podíamos realizarlos por esa prohibición y por eso los pusimos en manos de una persona de confianza que ha actuado con suma honradez bajo mi vigilancia. Ahora esa persona que se llama Tácito Petelio ya ha envejecido como nosotros y también necesita que lo reemplacemos, por eso mismo debemos hacer cuanto antes la entrega de la villa Azul y sus bienes a tu persona. Deberás hacerte cargo de esos bienes lo antes posible.
    Ya sé que esas cosas van a tropezar con tus aficiones, pero son tu futuro, debes tomar conciencia de esas obligaciones sin dilación o bien buscar a alguien que este preparado y dispuesto para hacerlo en tu nombre.
    Nosotros hicimos lo que nos pareció mejor para todos.
    Si no puedes o no deseas cargar con estas cuestiones financieras y agrícolas, me lo dices y te buscaré otra persona que lo haga como hasta ahora ha hecho mi amigo Tácito.
    -(Vaya solo me faltaba esto para terminar de solucionar mis ansias de venganza) Pensé mientras mi cabeza daba vueltas intentando asimilar tantos problemas surgidos espontáneamente, así que me limité a sugerir:
    Cuando terminó de hablar mi padre Ovidio, un escalofrío me sacudió todo el cuerpo, si me dedicaba a estos asuntos, podía dar

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    por olvidado a Plinio y esoera tan imposible para mi como dejar de respirar. Por eso le contesté sin pensarlo mucho.
    No sabes lo mal que me viene este cambio en estos momentos que tengo que revalidar mi titulo de campeón de lucha con varios combates que ya están programados.
    Si te parece bien di a Tácito que por favor me conceda un par de meses más y se cuide de mis negocios hasta que yo pueda hacerlo o encontremos a la persona idónea que lo pueda sustituir.
    Después de esta conversación, pensé que tal vez Livia que conocía a tanta gente me pudiera ayudar, claro que las personas que ella pudiera conocer seguramente fueran de escasa confianza dado los lugares en que se desenvolvía, pero como me caía bien, al menos le daría un motivo para que me considerase un buen amigo y posiblemente en otra ocasión ella localizase una pista para encontrar al odiado Plinio, al que no me podía quitar del pensamiento, ni aquellas escenas en que abusaron de toda mi familia como si fueran perros y la aniquilaran después.
    Nunca, por muchos años que viva podré olvidar lo que el y sus compañeros hicieron con mis hermanas, desvirgándolas follándolas y matándolas después ni lo que hicieron con mis padres que aún fue peor y con mis hermanos a los que les cortaron la cabeza. Esas cosas no podré olvidarlas nunca, he de poner a trabajar todas las opciones posibles para encontrar a ese asesino y Livia es una de las mejores. Solo la suerte me podia ayudar, no tenia otra alternativa para elegir.
    No sin estudiarlo concienzudamente decidí contar a Livia mi problema, algo dentro de mi me indicaba actuar sin dilación.
    La localicé al día siguiente en el prostíbulo donde ejercitaba y le pedí que me escuchase porque quería contarle algo muy delicado.
    Nos sentamos en una mesa y pedimos algo para beber, ella un vaso de naranjada y yo de vino, vino que no llegué a probar
    Resulta que un borracho se nos acercó sin ninguna delicadeza y cogió a Livia de un brazo tirando de ella a la vez que le gritaba.
    -Vamos a follar que aquí no haces nada con este fantoche.
    Ante tal insulto no me pude contener y me levanté de inmediato, pero al ver en que condiciones se encontraba aquel individuo le reprendí amablemente para que nos dejase en paz.
    Por favor déjenos tranquilos y vaya a que le de un poco el aire a ver si se le baja la borrachera.
    El borracho parece que no comprendió bien lo que le dije, ya que se abalanzó impetuosamente contra mi sin mediar palabra,
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    consiguiendo que lo esquivase y le diera un empujón tirándolo al suelo. Momento en que otros tres que debían ser sus amigos se me acercaron rodeándome; uno por detrás intentó sujetarme para
    que otro de ellos me atizase algún puñetazo o lo que es peor darme una puñalada, ya que uno malcarado la esgrimió con intención amenazante.
    No creo que se apercibieran de nada, en un santiamén me desprendí del que me había sujetado por la espalda, dandole un cabezazo y después un puñetazo al que exhibía la navaja y al que quedó lo levanté en el aire y lo lancé contra la pared de la que al chocar cayó sobre una mesa ocupada por otros dos que hablaban de sus cosas.
    El caso es que los dos que quedaron con conocimiento cogieron a los otros que lo habían perdido y sin rechistar se los llevaron a la calle para reanimarlos y ya no entraron dejándonos a los demás tan tranquilos.
    Livia se quedó muy impresionada por mi reacción y forma de solucionar aquel pequeño conflicto, a lo que no di la mínima importancia por tratarse de cuatro borrachos sin idea de con quien se la estaban jugando.
    Bueno te he venido a buscar para ver si tú que tratas tanto con personas, conoces a alguien entendido en comerciar con los productos del campo porque resulta que al morir mis padres las tierras que me dejaron de herencia fueron supervisadas por un hombre experto en el negocio de la agricultura y ganadería pero como ya esta muy viejo me ha dado un plazo de un par de meses para que me busque a otra persona que ocupe ese cargo.
    -El sueldo es el diez por ciento de lo que se comercie que en este caso cada año supera los cincuenta mil .
    -¿Cincuenta mil, que?
    Me preguntó ella un poco sorprendida al no entender bien de que monedas hablaba.
    -Denarios de plata
    Contesté sonriendo muy ufano
    Con los ojos desorbitados por la sorpresa, ella comentó:
    -¿No me tomas el pelo? Porque si ganas tanto debes ser rico y la verdad, hay cosas que no comprendo.
    ¿Si eres tan rico que haces buscando al PLinio ese del demonio y ahora a otro tio comerciante?
    Yo misma he estudiado economía y sin embargo nunca encontré trabajo porque siempre preferís a tíos.
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    -A las mujeres solo las queréis para practicar sexo.
    Tras un breve intervalo de silencio, añadió:
    – Perdona a ti no me refería, a ti no te entiendo, eres el tío más extraño que he conocido y he conocido tíos a montones. En fin así es la vida.
    Deje a Livia que se explayara a gusto contando lo de los tíos pero lo de que había estudiado economía me dejó un poco sorprendido y le pregunte a bocajarro.
    -Si tanto sabes, si tanto has estudiado dime… ¿Qué haces aquí ejerciendo como una triste puta?
    – Mira chico, te consiento que me insultes cuanto quieras, quizás me lo merezco pero sepas que nunca he sido triste.
    Sonreí y le contesté:
    –Bueno pues te voy a decir una cosa, ya que me consideras un tio especial te voy a dar la oportunidad de tu vida.
    Te voy a contratar para que controles mis negocios por un año y si lo llevas bien te haré un contrato indefinido ¿Aceptas? Piénsalo y deja esto, que no comprendo por que estas metida en esta vida. Mañana vendré aquí mismo con el contrato, si es que te sigue interesando.
    Su respuesta estuvo repleta de gratitud al contestar:
    ¿Cómo que si me interesa? ¡Pero si lo que me ofreces es mil veces mejor que esta triste vida y no lo digo para que te rías, lo digo porque tengo necesidad de ganar dinero para mis dos hijos, un niño y una niña. Hijos que tuve a la edad de catorce y quince años con un niñato engreído incapaz de trabajar en nada y que nos abandonó
    para ingresar en el ejercito donde dijo que le darían de comer y donde dormir sin trabajar. Lo que no sabía era que un año después moriría en combate.
    Por eso al encontrarme sola en Roma sin otra familia que mis hijos, ya que mis padres fallecieron en una epidemia que asoló mi pueblo, no tuve más remedio que dejar mis sueños y dedicarme a esto.
    No me ha gustado nunca hacer este trabajo, si se puede llamar así, no encontraba nada, y mis hijos tenían hambre, mucha hambre, y caí. Sabe Dios que esta vida me da náuseas pero el hambre de mis hijos había que eliminarlo o se me morirían.
    No pude esquivar las miradas ansiosas y ofertas de los hombres.
    Pero repito, sobre eso que has dicho de que soy una triste puta no estoy de acuerdo, yo nunca he sido nada de triste, mi carácter siempre fue muy alegre, si mi cara muestra seriedad, no es tristeza es decepción, indignación ante el desprecio que la sociedad
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    establece contra mi, contra todas las mujeres. De eso me quejo. ¿Acaso una mujer que ha estudiado…No tiene el mismo derecho que un hombre que haya estudiado lo mismo?
    Ahora, con tu oferta de un trabajo decente no sé que pensar de ti ¿Eres un rico caprichoso? ¿Acaso me parece un gran misterio eso de que busques al tal Plinio como si en ello te fuera la vida. Eres un ser muy diferente a todos los que he conocido.
    Ante tantas preguntas no tuve más remedio que advertirla de algunos puntos que se me habían olvidado pero que eran importantes, por eso me acerque a ella y en tono confidencial le dije:
    -Si aceptas mi oferta mañana te presentaré a mis padres adoptivos y ellos te irán informando de cuanto tendrás que hacer, ya que yo tengo otros proyectos y me verás muy poco. ¡Ah! Que no me olvide, cuando hables con ellos les debes hacer creer que mi ilusión ante todo es ganar combates y viajar, porque a partir de un día de estos creo que voy a buscar pistas por todo el mundo hasta que encuentre a Plinio y ni se te ocurra nombrarlo para nada, ellos no deben saber nada de ese hombre al que odio más que a nadie; si te digo todo esto es porque no quiero que ellos estén preocupados. Para que no te queden dudas sobre lo que me impulsa tanto a buscar a ese te lo contaré en breves palabras.
    Plinio y una banda de desertores entraron en la villa Azul que era nuestra casa una noche y mataron a toda mi familia. A mis hermanas las desfloraron y después de violarlas cuanto quisieron les cortaron la cabeza, bueno no quiero explicarte más, el caso es que a mi me salvó una patrulla de policía que los perseguía por ser desertores legionarios, aunque Plinio que era el jefe de aquellos asesinos logró escapar, y juré que mi vida la emplearía entera para buscarlo durante el tiempo que fuera y lo mataría para vengar a mi familia.¿Comprendes ahora mi obsesión por encontrar a ese criminal?
    Livia mientras le conté el resumen de aquella terrible noche me observaba muy atenta y cuando finalicé mi relato exclamó sorprendida:
    -¡Ahora lo comprendo todo, tú eres el señor tan poderoso al que tanto teme Plinio¡
    Por mi no te preocupes guardaré el secreto, pero ten cuidado con ese asesino, no sea que te localice él a ti y te prepare alguna trampa. Esa gente nunca esta sola, siempre encuentran a otros de su misma calaña que les ayude.
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    Después de hablar un rato más de cosas sin importancia y viendo que los parroquianos no nos quitaban ojo de una forma molesta, tras haber quedado para el día siguiente decidimos marcharnos.
    Le ofrecí cierta cantidad de dinero, para que pudiera vivir sin problemas, pero ella sorprendentemente lo rechazó y como habíamos acordado una cita para el día siguiente para presentarla en la villa de mis padres adoptivos nos despedimos ante las inquietas miradas de los puteros que ni por un momento dejaron de observarnos.

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    CAPITULO VIII

    EL LEGIONARIO

    Anteayer en el bar del prostíbulo La estrella Luminosa, unos colaboradores de la legión internacional de Roma vieron como derrotaba a cuatro hombres dejándolos fuera de combate en menos de cinco minutos y ayer se presentó un legionario con un papiro en el que me citaban de una oficina gubernamental; llamamiento en el que decían que tenían que hablar conmigo de algo muy importante.
    Aquel mandato o citación me puso muy nervioso y tal inquietud no se me quitó hasta que no me enteré de lo que se trataba por lo que llegué antes de que abrieran el negociado de la legión de Roma.
    Me recibió un legionario que me pareció el que me entregó la citación el día anterior, lo que me puso un poco nervioso ya que si me tenían que decir algo importante como dijeron en el pergamino. ¿Por qué no me lo dijeron en ese momento? ¡Vaya forma de fastidiar!
    El legionario me pidió amablemente que lo siguiera hasta un despacho al fondo de un pasillo lleno de puertas que seguramente eran las de otras oficinas y una vez sentado ante una pequeña mesa tras al cual se acomodó aquel y donde ya estaba otro escribiendo algo sobre un papiro, y que reconocí como uno de los que me vieron pelear en el prostíbulo, dijo:
    -Lo hemos investigado a usted y averiguado que es campeón de lucha grecorromana del Imperio y que además ha recibido un entrenamiento muy completo de gladiador siendo considerado por su entrenador y compañeros como un extraordinario luchador.
    Al oír aquello me quedé pensativo muy preocupado.
    Los luchadores de grecorromana tenemos prohibido organizar peleas callejeras ni en ningún sitio fuera de los campeonatos o peleas legales. Por tal motivo al escuchar eso creí que me acusaban de algo ilícito y me querían sancionar, con una suma de dinero, desposeerme de mi titulo de campeón o lo que era peor eliminarme de cualquier competición, así que inmediatamente me puse a la defensiva alegando:
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    Aquellos hombres eran unos borrachos que faltaron al respeto a la mujer con la que estaba hablando y al reprenderlos educadamente
    me atacaron y tuve que defenderme. Eso lo puede corroborar el empleado del lugar y los parroquianos que había allí en aquel momento, uno de los cuales creo que era usted
    Los dos que habían venido preguntando por mí, al escuchar mis alegaciones se miraron sonriendo y el más alto, un hombre que aparentemente parecía un pastor y que yo confundí con un policía habló arrastrando las palabras dándose cierta importancia.
    -Tranquilícese hombre que no somos policías ni nada de eso, somos informadores del ejercito, lo vimos todo en el tugurio; en esta ocasión estamos en misión secreta y venimos directamente mandados por el mismo Octavio Cesar Augusto, para llevarlo a su presencia.
    Me quedé asombrado creyendo que era una broma ¿Cómo podía ser que el mismo emperador quería verme?
    -¿Esto no será una broma?
    Pregunté a los informadores que para mi eran simples espías, Esta clase de vigilantes eran utilizados desde hacia más de cien años.
    -No tema, no es ninguna broma, nosotros lo acompañaremos ahora mismo si le parece a usted bien.
    Tanta amabilidad me sorprendió, tenía entendido que una orden del emperador debía ser atendida de inmediato, por eso respondí
    Para mi será un honor acudir prestamente.
    El palacio del emperador apenas distaba de donde nos encontrábamos unos doscientos metros: acompañado por uno de los legionarios fuimos andando y cinco minutos después entrábamos en tan suntuoso edificio.
    Ya en presencia del egregio personaje, este me hizo pasar a un salón muy lujoso repleto de cuadros y estatuas, la mayoría representando a los dioses y otras a figuras tales como guerreros emperadores y figuras del deporte entre estas había una dedicada a mi luchando con un león grandísimo, y pensé ( Quien habrá sido el cretino que me ha hecho esta escultura tan disparatada?)
    El gran personaje, al ver que me estaba fijando en aquella estatua me dijo.
    -Esa escultura la mande hacer cuando te vi. luchando sin armas en el estadio contra un gladiador armado, me impresionaste mucho y esta escultura es tal como yo te imaginé luchando contra un león. He ordenado que se te siga y se investigue todo lo que sea sobre ti y he averiguado muchas cosas como que el gladiador es un
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    enemigo tuyo, que ha desaparecido de Roma, seguramente huyendo de ti.
    Sin embargo mis informadores no han averiguado el destino de ese gladiador que ha conseguido la espada de madera y su libertad al vencer a cuarenta contrincantes en dos años.
    Pero vamos al asunto que me interesa, te he traído aquí para proponerte un par de cosas.
    En primer lugar me gustaría que fueras de mi guardia personal y en segundo, si ese destino no te satisface necesitamos hombres como tú, con cultura y destreza para formar una patrulla de espías o informadores secretos que viajaran por todos los países del imperio como soldados que disfrazados de paisano se infiltrarán entre las gentes y nos irán transmitiendo por nuestros correos cualquier novedad que observen en esos países gobernados por nosotros. Tales soldados se irán desplazando donde se les ordene, se pondrán bajo las ordenes de los procónsules de cada lugar y actuaran como aquí se les indicará. Debo advertirte que el destino que elijas, en ambos casos son muy importantes y peligrosos, deberás viajar a caballo de un lugar a otro continuamente tanto si te decides a ser de mi guardia personal
    cómo a informador de asuntos exterioriores.
    Otra cosa que debo decirte es que como ciudadano libre puedes rechazar ambos destinos, o pactar por un tiempo determinado que después si te interesa prolongaríamos en sucesivos contratos, o sea que se te concedería un tratamiento especial por los servicios prestados a Roma.
    Estas ventajas son diferentes a las actuales y solo te las ofrezco a ti por la gran estima y admiración que sentí en el estadio Máximo por aquella lucha tan emotiva que me impresionó como nunca me había emocionado nada.
    Mientras hablaba el emperador lo hacia sentado en su trono, solo observado por su guardia personal y varios personajes que deduje serian lacayos o bien secretarios o algo parecido, a pesar de haber tantas personas , ya que conté unas diez, el salón estaba completamente vacío y envuelto en un silencio sepulcral.
    La verdad es que ser de su guardia no me interesó en absoluto, no así el otro ofrecimiento que me permitía viajar por todo el imperio y quien sabe si así algún día encontrase a Plinio cuya brutalidad criminal no se me iba del pensamiento ni de día ni de noche.
    -Majestad, para mi es un honor que haya pensado en mi para servirle pero considero que seré más útil para nuestro país siendo
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    un policía secreta dentro del ejercito vigilando los intereses de Roma en todo el mundo.
    No obstante quisiera hacerle una consideraciones, su majestad tiene el poder suficiente para obligarme a ir a donde sea, incluso es dueño y señor de mi vida como la de cualquier súbdito romano, sin embargo me gustaría como hombre libre tener un trato distinto a las normas establecidas.
    El emperador sonriendo me preguntó:
    -¿Qué normas quieres alterar? ¿Acaso te parecen pocas las que te he propuesto?
    Mi contestación creo que fue clara y concisa, le hice este comentario, y eso si, con cierto temor a la reacción que pudiera tener el emperador, del que había oído decir que tenía mal genio y era muy autoritario, no permitiendo que se le discutieran sus órdenes.
    Como sabrá su Majestad los contratos para ingresar en el ejercito son de minimo veinte años y estar en el ejercito tantos años; son muy duros y difíciles de soportar para un joven y por eso creo yo en mi humilde opinión que muchos soldados se desesperan al no tener una mujer y una familia por lo que yo creo que esa es la razón culpable de tantos desertores,
    También pienso que por eso es difícil encontrar soldados que han de comprometerse tantos años y durante ese tiempo se deben en cuerpo y alma al ejercito de tal forma que no pueden pensar ni en broma en formar una familia ni casarse o juntarse con nadie de otro sexo ni de ninguna clase, ya que les está prohibido; pues bien, yo estoy en una situación acomodada y no necesito, salvo que su Majestad no lo considere así, alistarme a ningún sitio, siento que Roma me necesita y estoy dispuesto como buen romano a servir a mi patria el tiempo que sea necesario y si es preciso derramar hasta la última gota de mi sangre por ella, pero dada mi situación en la que debo vigilar el bienestar de muchas familias que trabajan en mis fincas me gustaría que en un principio me autorizasen a firmar contratos de un año prorrogables mientras me fuera posible atender las funciones obligatorias que me asignasen como soldado.
    La contestación del emperador no pudo ser mejor, me quedé petrificado de contento.
    -Tus palabras están llenas de sabiduría y me parecen muy acertadas.
    Precisamente sobre el ejercito en el congreso se están estudiando algunas normas que quiero adaptar a los nuevos tiempos.
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    Por ejemplo, tú has mencionado una idea muy valiosa y se trata de eso, de los derechos del soldado a formar familia y sobre lo de
    alargar o acortar el tiempo del servicio militar que tal como es ahora también me parece excesivo.
    Actualmente estamos estudiando esa cuestión con mucho interés. De momento tus argumentos los considero aceptables y serás el primero en disfrutar del contrato de un año al servicio de la patria. Al menos, nos servirá de experiencia.
    De todas formas sobre eso ya te he hablado antes y no hay ningún problema.
    Mis últimas palabras fueron de gratitud, había oído decir que al emperador Augusto no se le podía contradecir porque se enfadaba y eso era muy peligroso. Mis últimas palabras fueron de agradecimiento y satisfacción.
    -Solo quiero expresarle mi agradecimiento por haber pensado en mí, espero que me destine a la unidad que su majestad considere y me incorporaré a ella inmediatamente.
    Apenas pude despedirme de nadie, todo fue muy precipitado, antes de hacerlo con el emperador este mandó escribir en un papiro la orden por la que en ese momento me destinaba a un contingente que debía ponerse en marcha de inmediato.
    Veinticuatro horas después me ponía a las órdenes de Poncio Pilato que seria el jefe del grupo.
    Salimos de Roma a caballo dos días después y durante el trayecto de aquellas largas cabalgadas por los caminos construidos durante la república y ahora prolongados por nuestro gobierno, Pilato me eligió como secretario y me iba informando de cuantas novedades íbamos encontrando por los distintos territorios y yo los iba escribiendo en unos papiros que enviábamos a Roma, al emperador.
    Para el correo, el gobierno había instalado a cierta distancia unas de otras oficinas de correos donde paraban los empleados que a caballo se iban relevando de tal forma que descansaban y al siguiente dia volvían a su lugar de origen con el correo que les llegaba de dirección contraria, también habían los correos de carga que en tal caso se hacían con carros, aunque eran un poco más lentos que los otros ya descritos. También se hacían servicios en barco si era necesario.
    No creí que tuviese tanto trabajo y me sorprendió la gran cantidad de papiros que tenía que escribir resultado de las conclusiones que íbamos observando.
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    Las estrategias que empleábamos eran diversas, como todos sabíamos varios idiomas, en el sitio en el que debíamos investigar usábamos normalmente el nuestro, el latín, pero en otras
    circunstancias el del país que pisábamos, todo dependía en querer o no que nos entendiesen o que creyesen que éramos extranjeros y no los entendíamos a ellos.
    Tenía que redactar un sinfín de comunicados sobre el ejército con los que contaban en cada país los gobiernos autóctonos y los que allí teníamos nosotros.
    También era importante hacer un estudio de las obras que realizasen, del comercio, de su agricultura de sus carreteras de sus niveles de orden y estabilidad social, de su sistema sanitario y cultural, en fin, de todo.
    Por lo visto había que vigilar cualquier conversación de taberna de los parroquianos para lo que varios soldados adoctrinados en la labor de espionaje y disfrazados de campesinos se infiltraban entre las gentes de toda condición sacando conclusiones de lo que se opinaba, especialmente sobre nosotros, los romanos.
    El emperador tenia mucho interés en nuestro trabajo gracias al cual se pudieron evitar varios conflictos bélicos.
    Ya en la capital de Siria que se llamaba Antioquia empezaron los problemas para los investigadores, sobre todo para mí.
    Una de las ideas que me habían influenciado a la hora de aceptar lo que me ofreció el emperador Cesar Augusto fue que emplearía a los demás investigadores en mi provecho para encontrar a Plinio, Si viajábamos por todo el Imperio Romano estudiaría sobre la marcha la forma de investigar que todo el sistema de informadores de todos los paises del Imperio trabajasen de forma sesgada para mi ofreciendo una recompensa de cien denarios de plata al que me diera noticias del paradero de Plinio.
    A pesar de tanto trabajo, yo personalmente no perdía ocasión de buscar a mi odiado Plinio aunque también empleando a los mismos espías para que como la cosa más natural sonsacaran a las gentes por si conocían a un tipo de las características de aquel un individuo de aspecto hercúleo al que le faltaban varios dientes, mirada severa y que un año antes vivía en Roma. Los espías eran amigos además de compañeros y les había prometido cómo ya dije antes un premio de cien denarios si lo localizaban y me lo comunicaban solo a mí.
    Ya habíamos visitado casi todo el imperio cuando me encontré envuelto en una desagradable pelea de borrachos como me
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    sucedió tiempo atrás en Roma, pero esta vez no hubo por medio ninguna mujer, simplemente varios hombres de aspecto normal se me acercaron y me invitaron a beber con ellos. Como no los
    conocía de nada me pareció harto sospechosa aquella invitación y la rehusé diciendo:
    Gracias, pero no acostumbro a beber alcohol.
    Entonces se empezaron a reír a llamarme maricón y cosas parecidas a las que no hice caso considerando que debían estar bebidos o algo similar ya que no comprendía tales manifestaciones ni por que me invitaban sin conocerme de nada.
    Total, que viéndose rechazados se empezaron a propasar intentando hacerme beber de una botella que me ofrecieron argumentando:
    -Si no te bebes esta botella de vino te vamos a colgar del cuello hasta que te mueras. ¡Mira que despreciar una invitación! ¿Pero tú quien te crees que somos, unos payasos? Bébete hasta la última gota ahora mismo y sin rechistar, imbecil. ¿Te crees que das miedo por que tengas musculitos de gimnasio barato?
    Me volví de espaldas dándoles a entender que no les hacía caso, que no quería complicaciones con ellos, pero el resultado no fue como yo esperaba, pensé que si me desentendía terminarían dejándome tranquilo, pero no fue así, uno de ellos, el más alto me sujetó de un brazo tirando de mi mientras otro me restregaba la botella por la cara intentando que bebiera el vino que debía contener.
    La verdad es que una cosa tan incomprensible nunca me había sucedido y mi paciencia llegó al limite dándole un puñetazo en las narices al que me restregaba la botella, saliendo disparada de su mano yendo a estrellarse contra el mostrador del establecimiento, lo que no debió gustar a los otros tres o cuatro que sin mediar palabra se arrojaron sobre mi siendo recibidos por una lluvia de mamporros. Incluso me satisfizo levantar al más gordo en vilo aprovechando el mismo impulso que el hizo al saltar sobre mi y arrojarlo contra una mesa que quedó partida en dos trozos, en un santiamén los dejé sin conocimiento desparramados por el local.
    Luego, como que había ido allí solo pensé que lo mejor era marcharme, lo que hice sin despedirme de nadie ya que a nadie conocía
    Al otro día Pilato me dio la orden de ir por la noche, vestido de aldeano a un tugurio donde acostumbraban a ir soldados nacionales quiero decir del régimen sirio ya que entonces estábamos en ese
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    país Siria, el caso es que al cruzar por un callejón solo alumbrado por la incipiente luz de la luna menguante, de la oscuridad surgieron varios hombres armados con cuchillos de dimensiones escalofriantes que se abalanzaron sobre mi sin mediar palabra.
    Imaginé que querían atracarme, y aunque no me pareció muy claro el asunto me volví por donde había venido saliendo corriendo como alma que lleva el diablo, escapando de aquel peligro del que sin duda venían con muy malas intenciones. Después di un rodeo para ir al lugar que me habian mandado y una vez allí alguien que noté que me seguía empezó a hablar con varios, que en una mesa del rincón más apartado jugaban a las cartas advirtiendo que me observaban con curiosidad.
    Antes de que me diera cuenta ya se encontraban a mi lado haciendo como que estaban por sus cosas hablando en voz baja. Entonces uno que se había puesto junto a mí, me dio un codazo y en vez de disculparse me increpó con estas groseras palabras.
    -Oye imbécil, a ver si miras por donde andas que me has empujado y te voy a pegar un puñetazo en los morros si vuelves a hacerlo.
    Como no quería líos, le contesté amablemente:
    Perdone, ha sido sin querer.
    Aquel, dirigiéndose a los que antes jugaban a las cartas en el rincón y que ya se habían acercado simulando curiosear les dijo:
    -¿Os habéis fijado en el chulo este que se cree con derecho a molestar a todo el mundo? ¿Qué os parece si le damos un escarmiento para que no vuelva más por aquí?
    Viendo el cariz que tomaba el asunto ya que eran al menos media docena y me pareció muy peligroso pelearme con tantos, les dije mientras me acercaba a la puerta con la intención de salir corriendo en el caso de que me atacasen, cosa que por lo visto era costumbre en aquellos tugurios de mala muerte:
    -Tranquilos que ya me voy,
    Sin embargo, enseguida se dieron cuenta de mi intención y uno se puso ante la puerta gritando a los otros.
    -¡A por él, que no escape matadlo!
    Aquello fue la gota que culminó mi paciencia, me lance furioso contra el que me bloqueaba la salida dándole un soberbio empujón y salí de aquel antro echando chispas.
    A Pilato le dije que no había descubierto nada especial, que allí los parroquianos solo hablaban de vino y mujeres.
    A mi me pareció que lo que me estaba sucediendo no era normal y pregunté a otros que hacían investigaciones como yo y en efecto a
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    ellos nadie les atacó ni molestó en absoluto. Por tal motivo desde aquel día intenté ir acompañado de otros compañeros para evitar conflictos, cosa que no logré totalmente ya que sufrí varios altercados de los que afortunadamente salí siempre ileso. Indudablemente lo que me sucedía no era normal, alguien quería
    quitarme del medio. Cada vez me atacaban mas personas y con más saña ¿A ver si Plinio estaba tras estos sucesos?
    Ante aquellas sospechas, tenía que elaborar una estrategia, y pensando pensando, me pareció que de los que me atacaron siempre había un par que me parecían los mismos. Me gravé sus imágenes en la mente, uno era bajito y regordete con la nariz torcida como si se la hubieran desviado de un golpe, el otro de complexión atlética, estatura normal, aproximadamente de un metro setenta, calvo, sobre los treinta años y pico, bizco, tenia una cicatriz en la frente que le daba un aspecto siniestro. Ambos creí haberlos visto en más de una ocasión.
    Lamentablemente no pude seguir mis investigaciones porque recibimos un correo de Roma en el que se nos comunicaba que el emperador Octavio Cesar Augusto había muerto y que desde aquel momento lo había sustituido Cesar Tiberio, heredero del Imperio Romano tal cómo se quedó acordado con Augusto anteriormente.
    Por aquel entonces, considerando sus méritos Pilato era ascendido a procónsul de Palestina nosotros de momento continuábamos a su cargo y debíamos seguirle hasta nueva orden como guardia personal; además se nos ordenaba que deberíamos dejar Siria y dirigirnos a Palestina, viaje que iniciamos al día siguiente apenas hubo amanecido.
    Atravesar montes y desiertos no fue sencillo, tuvimos que galopar por algunas cordilleras con toda clase de problemas como por ejemplo, adquirir alimentos y cambiar o al menos hacer descansar a los caballos que terminaban agotados diariamente.
    Cuando llegamos a Palestina, Pilato y su mujer se instalaron en la residencia palaciega que tenían reservada en la ciudad de Cesarea y nosotros su guardia pretoriana en el ala sur del mismo edificio.
    No pasó mucho tiempo en que nos fuimos familiarizando con la gente de aquella estupenda ciudad. Una ciudad Muy parecida a la de Antioquia y en la que de inmediato nos fuimos adaptando a sus costumbres.
    Los meses siguientes fueron transcurriendo normalmente, nosotros aparte de escoltar a Pilato en sus desplazamientos y diversas otras cuestiones hicimos lo de siempre, vigilar al populacho y redactar
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    informes de cuanto descubríamos. Pilato parecía disfrutar de su nuevo status visitando autoridades y también siendo visitado por personajes importantes de aquellas latitudes, aunque no parecía tenerlas consigo ya que nos advertía de que extremásemos nuestras pesquisas porque intuía cierto malestar en nuestros
    comunicados que le alertaban de estarse gestando alguna insubordinación de los palestinos.
    Pilato constantemente estaba atento por la opinión de los ciudadanos y no dejaba de advertirnos con evidente preocupación
    Tenemos que estar alerta, porque si se revelase el ejército o el pueblo de Palestina contra Roma y no lo solucionamos a tiempo, nuestro emperador es capaz de crucificarnos a todos nosotros, Tiberio es muy severo en estas cuestiones.
    Pilato como procónsul de Roma en Palestina entonces llamada también Judea, tenía a su cargo alrededor de cuatro mil soldados de a pie, mil a caballo y su guardia pretoriana que éramos ochenta.
    No se equivocó Pilato, no solo tuvimos un problema si no varios, al principio paseamos unos estandartes con la efigie de Tiberio y el pueblo judio se dirigió en una manifestación multitudinaria al pueblo de Cesarea manifestando que quitásemos aquellos estandartes que era un insulto para su pueblo.
    Pilato les advirtió que si no se dispersaban mandaría a sus soldados que los atacasen, pero los manifestantes gritaron que preferían morir antes que tolerar enseñas contra su Dios.
    Pilato no quería problemas, dijo que prefería solucionar el asunto sin matar a nadie y ordenó retirar los estandartes.
    En otra ocasión quiso hacer un acueducto para abastecer a la ciudad de Jerusalén de agua suficiente empleando dinero del templo, a lo que los religiosos se negaron diciendo que el dinero del templo era dinero para vanagloriar a Dios, y que se quejarían a Tiberio si insistía en tal sacrilegio, Sin embargo el acueducto se empezó a construir tras algunos días de discutir y convencer a los religiosos diciéndoles que era necesario llevar agua para los hijos de Dios, el pueblo judío.
    En otra ocasión tuvimos otra manifestación masiva muy agresiva que nos atacaba no solo con amenazas y gritos pidiendo que nos fuéramos, si no también esgrimiendo armas caseras como cuchillos, palos, martillos, etc,
    Pilatos hizo que los soldados se vistieran de paisano y se mezclasen con los manifestantes y para no matar a nadie les

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    ordenó que no utilizasen las espadas, que en caso necesario para dispersar a los manifestantes empleasen porras.
    Lamentablemente la manifestación se dispersó pero con una gran cantidad de victimas, entre estas, algunas de soldados romanos.
    Después de tantos problemas todo volvió a su cauce normal.
    Las comunicaciones con Roma nuevamente se iniciaron comunicando al emperador Tiberio que el pueblo judío era un
    pueblo muy manejable y que se sentían muy felices de ser gobernados por nosotros.
    Y si digo esto es porque todos los papiros que se enviaban con el lento sistema existente de mensajería a caballo los escribía yo dictados por el procónsul Poncio Pilato.
    Recuerdo que escribíamos en papiros porque eran mucho mas económicos que los pergaminos aunque si había que escribir libros era más práctico hacerlo con pergaminos por que se deterioraban menos, su tinta no se borraba tanto y también eran hojas más delgadas.
    Era entonces cuando más me acordaba de mi abuelo Longino que decía que Julio Cesar nunca contaba sus derrotas, solo sus victorias, Afirmando que…Mil victorias jamás justificarán una derrota.
    Que a veces para saber si habías sido derrotado o vencedor habría que contar los muertos de ambos bandos
    Y que para obtener grandes victorias se necesitaban grandes enemigos.

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    CAPITULO IX

    EL CENTURIÓN

    Siempre que me llamaba Pilato a su palacio, invariablemente era para dictarme algún mensaje destinado al emperador Tiberio, o para el senado en cuyos papiros les contaba las novedades acaecidas en Palestina en el mes anterior, esta era una norma de obligado cumplimiento, salvo que hubiesen novedades especiales que rompieran aquella norma a la que ya nos habíamos acostumbrado, como una rutina intrascendente.
    Pero cuando aquel día Pilato me recibió, noté cierta actitud hacia mi muy diferente a la de anteriores ocasiones, cuya relación conmigo siempre fue distante, más bien fría.
    Aquel día lo encontré algo más amable, me pareció que estaba contento por algo que yo ignoraba, incluso me extrañó la presencia de su esposa Claudia Prócula, que me dio un beso en la mejilla como se acostumbra hacer con un amigo o familiar.
    La verdad es que mi asombro lo debieron detectar ya que Prócula dijó a su marido.
    ¡Por los dioses, Poncio, díselo ya!
    Pilato apoyándose en la mesa donde acostumbraba a dictarme los mensajes, adoptó una actitud completamente distinta a la del recibimiento, su tez se volvió sombría y con una seriedad muy acusada dijo:
    Sin que tú lo supieras, hace un par de meses hice escribir a otro soldado un mensaje en el que suplicaba al consejo de ministros, al senado y al emperador mi deseo de que por tú comportamiento y valores opinaba que deberías ser ascendido a centurión.
    Hoy he recibido el comunicado en el que tras las consideraciones oportunas y necesarias, tú ascenso ha sido otorgado.
    Por tanto desde este momento ya puedes considerarte Centurión. Mañana mismo esta novedad, en un acto especial se les comunicará a la tropa y te serán destinados los soldados que quedarán bajo tu mando.

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    Te estrecho la mano como amigo y camarada y te deseo larga vida por el bien del Imperio Romano.
    De reojo miré a la señora Claudia y noté que sonreía complacida, cómo si gracias a ella fuese concedido el ascenso.
    El procónsul añadió sonriendo:
    ¡Ah! Que no se me olvide, una vez concluido el acto, te será entregado el vestuario que portarás. Aquí tienes este listado para que te vayas haciendo una idea.

    Un casco (cassis) con cresta (crista), de color, negro o rojo.
    Una armadura de cota de malla (lorica hamata) o de escamas (lorica squamata), muchas veces cubierta por phalerae o condecoraciones en forma de medallón y torquex o pulseras colgantes.
    Una túnica corta de color blanco (decursio albata), que en los dias fríos se complementará con pantalones adecuados.
    Una espada corta -gladius- que llevarás en el lado izquierdo en lugar del derecho, cómo los simples soldados (milites), sujeta al cuerpo con un (cingulus) o cinturón con la funda de tal espada.
    Protecciones especiales para las piernas (grebas)
    .Las sandalias son iguales a las de los soldados, unas plantillas simples con cordones.
    Un bastón de mando, habitualmente una vara de vid, (vitis), como símbolo de autoridad, y que, durante las tareas de entrenamiento, o actos bélicos utilizarás para golpear a los rezagados y torpes.

    De todas formas quise hacerle una pregunta al procónsul Pilato, y se la dije sin preámbulos:
    Estoy muy contento y agradecido por su interés pero como debe saber, cuando me alisté en el ejercito fue bajo unas condiciones especiales, condiciones que fueron aceptadas por el mismo emperador que entonces era Claudio Cesar Augusto y de cuyas condiciones guardo copia firmada por el mismo emperador y que según dijo esas condiciones son eternas Gobierne quien gobierne.
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    Pilato miró de soslayo a su esposa Claudia y le preguntó:
    -¿Tú que opinas de este problema?
    Y ella le contestó:
    No conozco esas condiciones pero aquí gobiernas tú y considero que tienes suficiente poder para hacer la investidura de este soldado, a centurión sin alterar las mencionadas condiciones.
    Pilato se echó la mano a la frente y exclamó con ironía
    ¡Es verdad, aquí mando yo, cuando no estas tú, claro!
    ¡Así que quedas ascendido sin problemas, bajo las mismas condiciones firmadas por el emperador Augusto!
    Después de aquellas conclusiones Pilato añadió:
    Un día de estos tengo que hablar contigo de un asunto muy delicado. Se trata de una misión especial
    A lo que yo le contesté:
    Pero si entonces soy centurión ¿No estaré libre de ciertos trabajos?
    -Si, claro, claro, claro, pero no creo que te niegues, al contrario la misión que te voy a encomendar te va a gustar mucho ya lo verás, además no creo que nadie la pueda llevar a cabo como tú.
    Lleno de curiosidad insistí preguntando:
    ¿No me puede adelantar de qué trata esa misión tan misteriosa?
    -Ahora no puedo decirte nada en absoluto, ya lo sabrás todo en el momento adecuado.
    La verdad es que tras aquella entrevista en mi ánimo se despertó un mar de dudas. ¿Por qué no me pudo adelantar alguna pista sobre la misión que aseguro que yo era el tipo idóneo para llevarla a cabo? ¿Por qué no era el momento adecuado? ¿La presencia de Claudia su esposa significaba un problema? ¿¿Acaso tenía que consultar a Roma si un centurión podía actuar legalmente en ese cometido?
    Mientras más vueltas le daba al asunto menos comprendía aquel enigma que no me iba a dejar conciliar el sueño aquella noche.
    Descansar, dormir siempre ha sido un problema desde aquella maldita noche. Casi siempre, antes de conseguir dormir tengo que beber un baso de leche y hacer un sinfín de ejercicios hasta quedar completamente agotado y cuando llega ese momento noto que se me cierran los ojos, momento en que me acuesto y tras recordar y recordarla dándole cien vueltas a la cabeza me quedo dormido, normalmente solo lo consigo durante unas cinco o seis horas. No se si eso mermará mis facultades fisicas . Posiblemente al ser joven no noto ningún problema salvo raras excepciones nunca me he sentido mal tras una noche en vigilia. Cuando llegué a la final del
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    campeonato de grecorromana, intenté dormir y empleé toda clase de artimañas sin conseguir pegar ojo en toda la noche.
    Por un lado me asaltaban los recuerdos como tenía por costumbre y por otro la inquietud por que al otro día debería estar a pleno rendimiento para ganar el titulo de campeón del Imperio.
    Total que al dia siguiente lo pasé deambulando por las calles de Roma sin pestañear y cuando llegó la hora del combate estaba seguro que sería el peor combate de mi carrera, pero mira como son las cosas de esta vida, lo gané incomprensiblemente lo gané, no lo comprendí hasta que un día me encontré con Semproniano que era el anterior campeón, al que vencí y me dijo
    –Tuviste mucha suerte cuando me desposeíste del titulo porque yo la noche anterior no dormí, la pase haciendo el amor con una mujer que había conocido ese mismo día y cuando luché contra tí no tenia energías ni para levantar un brazo.
    Por lo visto lo que el decía en fino (hacer el amor) era simplemente que se había pasado la noche follando con alguna golfa, porque si la había conocido unas horas antes y ella se pasó toda la noche dale que te dale es que era una gofa golfísima, lo que para mi fue una suerte.

    Como me temía esa noche apenas pude pegar ojo y al día siguiente me levanté agotado, tanto que apenas me di cuenta del discurso que Pilato dio a los soldados con motivo de mi ascenso.
    Y cuando terminó el acto y muchos se acercaron a felicitarme, estoy seguro que pensarían que estaba borracho o algo parecido ya que mientras me estrechaban la mano yo ni les agradecí sus felicitaciones con unas simples gracias.
    Solo abrir los ojos que se me estaban cerrando de tanto sueño que me invadía me costaba hacer un gran esfuerzo.
    Afortunadamente, aquel día pasó; por la noche dormí de un tirón, encontrándome al despertar con un montón de ropa y demás cosas al pie del lecho, me vestí y vi reflejado ante el espejo a un elegante centurión presumiendo de mi cara.
    Ya ha pasado una semana y todo ha sido rutinario, el procónsul me ha puesto a mis ordenes a ochenta legionarios, los servicios a que
    estamos destinados son los mismos de siempre con la única particularidad de que ahora soy yo el que está en contacto directo con el procónsul y tengo más problemas de tiempo, ya que además de tener que mandar a cada legionario su servicio, Pilato sigue prefiriendo que sea yo el que le escriba los mensajes para Roma y
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    aún no me ha dicho lo de la misión tan especial que me reservaba y que me tiene sobre ascuas.
    A veces pienso que eso de la misión tan importante no existe y solo fue una ocurrencia que tuvo en aquel momento para llenar un espacio vació de aquella entrevista.
    Hay un refrán de Hispania que asegura que…Todo en esta vida llega, incluso la muerte. Y otro que asegura que… En este mundo, nada es eterno.
    Y en efecto; un día nublado que parecía hecho para que nos fastidiáramos los amantes del buen tiempo, Pilato me envió a un soldado con una orden verbal que fue la siguiente:
    –El Procónsul ordena que acuda a su despacho inmediatamente.
    Me pareció que el soldado debió prolongar algo más el mensaje cón la frase… ( Porque le va a enviar a una misión especial.) Se me ocurrió tal cosa porque a medio mes no teníamos costumbre de escribir ningún parte para Roma, invariablemente enviábamos los mensajes a primeros de mes
    Nunca me dio una orden tan tajante, aquella palabra ¡INMEDIATAMENTE! me sonó a que el gran hombre había dormido mal y estaba enfadado, o algo importante; alguna novedad, quizá se había producido un golpe de estado o catástrofe que yo ignoraba, siendo responsable de estar al corriente de cualquier percance, ya que mis hombres seguían estando a mis órdenes, cómo encargados del espionaje y comunicaciones al alto mando. Alarmado acudí prestamente al despacho donde me encontré con un panorama impensable, la esposa de Pilato se encontraba sentada en un cómodo sillón gimiendo sonoramente con los ojos repletos de lágrimas, mientras él, su esposo paseaba nervioso de un lado a otro pareciéndome que estaba muy alterado.
    Le saludé con la mano extendida al estilo militar romano como era costumbre y permanecí firme a la espera de las órdenes, que enseguida Pilato me dio añadiendo con la voz muy serena:
    -Centurión Longino, el día que le ascendí le dije que le llamaría para que se hiciese cargo personalmente de una delicada misión.
    Como habrá comprobado he tardado demasiado tiempo en ponerme en contacto para ponerle al corriente de esa misión.
    La verdad es que esta y muchas noches no hemos podido dormir por los problemas de salud que tiene mi esposa Claudia. Verdaderamente, a veces las personas tenemos reparos en contar a otros nuestros problemas y en esta ocasión esa vergüenza nos ha tenido atados.
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    Hoy nos despojamos ante ti de todas nuestros prejuicios y te vamos a contar el problema de salud que nos tiene amargados, un problema que ningún médico de ningún país ha logrado ni
    subsanar ni tan siquiera aliviar, hemos estado con los mejores de todo el mundo, en Egipto, Hispania, Grecia, China, Rusia, las Galias etc, ya no sabemos que hacer, y por eso te hemos llamado, por eso estas aquí.
    No salía de mi asombro, yo había estudiado mucho, había estado ganando concursos de lucha en muchos países, había sido gladiador libre, pero no tenia ni idea de medicina, ¿Para que me llamaban? ¿Qué podía yo hacer para curar lo que tuviera la señora Cludia? Permanecí firme, lleno de impaciencia, a ver que órdenes me daba mi superior, mientras en esos momentos en voz baja hablaba con ella.
    Después de cambiar impresiones, la señora Claudia se levantó me miró muy apenada y se despidió con un leve saludo hecho con la mano y una tenue sonrisa.
    Una vez solos, el Procónsul tomó asiento, me invito a hacerlo al otro lado de la mesa y una vez los dos acomodados, empezó a hablar,
    Con evidente nerviosismo.
    -He tardado tanto porque el caso es muy delicado, pero ya no podemos continuar con este problema, mi mujer sufre muchos dolores y algunas noches no podemos ni dormir.
    Ante estas manifestaciones, me pareció recomendable advertirle que de medicina no tenía ni idea y así se lo comuniqué.
    ¿Y que puedo hacer yo si no tengo nociones de medicina?
    Pilato, me miro muy serio y me dijo.
    -Verás, lo tuyo es investigar y eso es lo que vas a hacer, seré breve y conciso. Mi esposa sufre de hemorroides un mal que no se cura aún en ningún lugar del mundo y sufre horrible y casi continuamente.
    Pues bien, resulta que hay un individuo que asegura ser hijo de Dios y nos han llegado rumores de que lo cura todo.
    Tú cometido será investigar a esa persona y averiguar si es verdad que hace milagros o por el contrario es un charlatán, un delincuente que vive de timar a las gentes.
    Por los informes que tengo ese hombre tiene unos seguidores a los que llaman apóstoles y también muchos otros seguidores entre los que abundan personas enfermas que van donde el y sus acólitos.
    Si todo fuese verdad, sería la única medicina que podría aliviar o curar a mi esposa, lo que sin duda sería un milagro.
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    Así que mientras antes te pongas en marcha mejor.
    Tendrás que emplear tus antiguas estrategias disfrazándote de aldeano y tomar toda la información posible que me irás entregando sistemáticamente.
    ¡Ah! Otra cosa, por lo visto los sacerdotes del sanedrín lo van siguiendo para detenerlo en cuanto le vean un fallo o motivo para hacerlo, por lo que deberás actuar con suma cautela, no sea que te compliquen la vida a ti también y por ende a nosotros lo que empeoraría las relaciones entre Palestina y Roma.

    Ante todo lo que dijo Pilato solo me quedaron un par de dudas en aquel momento y se las expuse.
    -Ahora mismo tengo un par de dudas
    -Primera.¿ Mientras yo investigo quien se encargará de mis hombres?
    -Segunda ¿Si necesito la colaboración de alguna persona, dinero o cosa quien me la proporcionara?
    La contestación del procónsul no se hizo esperar, esgrimiendo unos ademanes tajantes afirmó:
    De tu centuria no has de preocuparte en absoluto, de eso ya me encargo yo, te buscaré un sustituto temporal; en cuanto a los demás problemas solo has de venir aquí y yo te los resolveré sin perdida de tiempo, todo es cuestión de hablar.
    Durante un buen rato permanecimos enfrascados en cómo iniciar mi trabajo, aquella misión me empezaba a gustar, por fin me había enterado del misterio que la envolvía y al comprobar que Poncio Pilato tenia tan buen concepto de mi me sentí muy orgulloso, aunque nunca se me iba de la cabeza el suplicio al que fuimos sometidos mi familia y yo y tenía muchas ganas de terminar mi compromiso con el ejercito para volver a Siria donde tenia la completa certidumbre de encontrar a Plinio.
    La cuestión la tenia bastante clara aquí ya llevaba seis meses y nadie se había metido conmigo, nunca he tenido ni el mínimo altercado, en cambio en Siria apenas estuve un mes, me atacaron varias veces, en cada ocasión con más saña, medios y más enemigos, mientras que a los demás investigadores nadie les molestó en absoluto.

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    CAPITULO X

    La misión

    Apenas salí del acuartelamiento ya disfrazado de persona normal, portando una bolsa conteniendo algo de ropa, alquilé una pequeña vivienda que constaba de un pequeño comedor una diminuta cocina y un dormitorio, además de un corral en la parte de atrás, con una cortina en un rincón y un agujero que se tapaba para evitar el mal olor con una tabla de madera, donde se suponía que debería hacer mis necesidades
    La vivienda en cuestión estaba amueblada con lo imprescindible, la cocina con un fuego de leña, una mesa con dos sillas en el comedor y una alfombra con un colchón de plumas de ave para dormir en la pequeña habitación dormitorio.
    Para poder desplazarme donde fuera necesario, contaba con un caballo que metí en el corral que contaba con dos accesos, una puerta desvencijada que se abría a un callejón que de noche me pareció siniestro y la otra que comunicaba con la vivienda.
    El primer día puse encima de la mesa un montón de rollos de papiro en los que iría escribiendo mis averiguaciones.
    Enseguida estudié un plan para iniciar la misión.
    Aquella noche apenas había descendido el sol ocultándose tras unas lejanas montañas, me metí en una tabernucha de mala muerte donde solo había cuatro parroquianos y empecé a confraternizar con un viejo de aspecto miserable, que estaba solo, invitándole a un vaso de vino.
    El anciano me resultó de gran ayuda pues cualquier pregunta que le hacía la contestaba dándome toda clase de informes a cual más interesante.
    Enseguida me percaté de que había encontrado en aquel viejo un pozo de sabiduría Me dijo que se llamaba Zacarías y yo le mentí, diciéndole que mi nombre era Juan.
    -Zacarías, ¿Has oído hablar de uno que afirma ser hijo de Dios y va haciendo milagros por ahí?

    69

    El buen hombre me miró de arriba abajo confuso antes de contestar.
    -¡Cómo que si he oído hablar de ese hombre! ¡Pero si no se habla de otra cosa en Palestina!
    Viendo que el viejo estaba dispuesto a hablar hasta por los codos de lo que le preguntase lo invité de nuevo y seguí interrogándole con preguntas como.
    -¿Cree usted en los milagros que le atribuyen a ese?
    -Zacarías siguió adoptando la misma expresión de extrañeza, me miró de arriba abajo nuevamente exclamando con mal humor, lo que me causó cierta desilusión ya que pensé que su carácter afable permanecerla intacto mientras le fuera sacando información.
    – ¡Ese, como usted lo llama tiene un nombre y es Jesús, cuando hable de él en mi presencia, le pido que por favor lo haga con mucho respeto!
    Por eso le pregunté con suma cautela intentando llevarlo a mi terreno.
    – Perdóneme señor Zacarias he captado su intención y seguiré su consejo ¿Acaso usted ha visto alguno de esos milagros?
    El anciano negó con la cabeza antes de contestar:
    -Desgraciadamente no he tenido esa suerte, pero he conocido a su familia y sé que son gente ejemplar, buena y seria.
    Ante esta respuesta tan contundente me quedé asombrado y en ese momento en mi se inició una transposición, empecé a interesarme personalmente un poco en los milagros.
    – ¡No me diga que conoce a sus padres o abuelos!
    Nuevamente el tal Zacarias me empezó a mirar atentamente como si yo fuese un bicho raro antes de responder.
    -Le voy a decir de que conozco a sus padres y le voy a contar todo lo que quiera de él y su madre; sobre su padre prefiero no contarle gran cosa porque era muy mayor, ya murió y no me gusta hablar cosas de personas fallecidas.
    Solo le diré que el padre se llamaba Jose y era un buen carpintero y muy buen vecino, además de padre y esposo, que se casó con Maria siendo viudo y que tenía varios hijos de su anterior matrimonio según tengo entendido, aunque a decir verdad nunca vi a ninguno de esos hijos ni a ningún otro familiar de José
    -De su madre, puedo explicarle muchas cosas, aunque es posible tener algún fallo de memoria, piense usted, que entonces yo era relativamente joven, tendría unos treinta y pocos años y ahora ya cuento con setenta y cinco.
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    -En aquellos tiempos yo era pastor; un día, si mal no recuerdo era el 24 de diciembre del año 753, que como usted debe saber, hacia ya 753 años de la fundación de Roma, ya estaba oscureciendo, en la puerta de la casa donde servíamos nos encontrábamos varios pastores y agricultores hablando de nuestras cosas cuando llegó
    corriendo un hombre muy mayor preguntando si conocíamos alguna comadrona porque su mujer tenia dolores de parto y se encontraba sola en un establo o cueva cercana.
    La verdad es que nos quedamos un poco extrañados porque aquel hombre aparentaba tener más de setenta años.
    -Yo mismo le acompañe a casa de una vecina que era matrona y fuimos siguiendo a aquel hombre que por el camino nos fue contando que habían venido de Galilea a la ciudad de Nazaret para empadronarse según lo ordenado desde Roma por el emperador Cesar Augusto, pero que se toparon con que como su mujer estaba embarazada no habían encontrado posada posiblemente por eso del empadronamiento ya que había venido mucha gente de otros lugares o seguramente por lo que dicen de que las embarazadas están contaminadas con el pecado original y si se mezclan con otras personas pueden contaminar con el pecado a aquellas.
    El caso es que como eran descendientes de David fueron a la casa de otros descendientes encontrando que estaban sin sitio, pero dada la urgencia de Maria que podría entrar en parto en cualquier momento les dejaron cobijarse en el corral que en una cueva había detrás de la casa.
    Total, que mientras José nos contaba estas cosas llegamos a la cueva con la matrona que entró quedándonos nosotros fuera esperando.
    Al poco rato salió la señora matrona muy alterada contando que cuando entró en la cueva el niño ya había nacido y su madre lo había acomodado en el pesebre; que había examinado a la parturienta quedando sorprendida al ver que era Virgen; que estando desconcertada se apareció un ángel con un vestido blanco muy brillante y le dijo: No temas mujer, que este niño es hijo de Dios y se ha engendrado en Maria por obra y gracia del Espíritu Santo.
    Como es natural aquella noticia se expandió por todas partes y aquella noche llegó otro grupo de pastores que dijeron que se les había aparecido un angel volando como un pájaro y les comunicó lo mismo, que había nacido el Mesías hijo de Dios, y aquellos pastores le llevaron al niño regalos, cómo corderos , gallinas , conejos y productos del campo.
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    Aquella noche fue extraordinaria los que allí estábamos adoramos al niño durante todo el tiempo y recuerdo que una estrella muy luminosa llegó hasta pararse encima del lugar a la vez que arribaron unos reyes magos montados en camellos y acompañados por sus pajes, que afirmaron venir de Oriente.
    Aquellos reyes estudiaban las cosas del cielo y al ver a una
    estrella tan brillante que se movía en cierta dirección decidieron seguirla y cuando llegaron se pusieron a adorar al niño y a la familia, regalándole oro, incienso y mirra.
    Los reyes magos regresaron por otro camino porque el rey Herodes les había dicho que cuando supieran donde estaba el niño se lo dijesen para ir a adorarlo pero a los reyes en sueños se les Apareció un ángel que les comunicó que lo que pretendía Herodes rey de Judea era eliminar al niño ya que no podía consentir que otra persona se proclamase rey de Judea.
    Entonces Herodes rabioso por que no admitía que en Judea hubiese más rey que él y no sabiendo donde estaba el niño anunciado, mando que se mataran a todos los nacidos en los dos últimos años, pero resultó que José había sido avisado en un sueño de las intenciones del monarca y que para salvar al niño debería salir con él y su esposa rumbo a Egipto y no volver hasta que muriese Herodes, lo que así hicieron.
    Yo que vivía cerca ví crecer al niño de una forma normal y cuando alcanzó la edad de unos ocho o diez años la gente decía que se había vuelto muy travieso, que presumía mucho de ser el hijo de Dios y que empezó a hacer milagros, aunque tanto era su orgullo que los milagros más bien eran travesuras de niño lleno de soberbia. Yo esas cosas no las vi la verdad, pero decían que se había enfadado un día con el maestro de la escuela y le mandó con mucha arrogancia:
    -Eres un mal maestro y yo sé más que tú ¡Quédate ciego ahora mismo!
    Y dicen que el maestro se quedó ciego pero que volvió a recuperar la vista cuando le suplico a Jesús que se la devolviese, por amor de Dios, prometiéndole que sería mejor maestro en lo sucesivo.
    También me dijeron que un día iba corriendo y otro niño que estaba jugando a la pelota se tropezó con él tirándolo al suelo por lo que se indignó mucho al ver que el otro se reía y le ordenó.
    ¡Muérete!
    Me contaron que el otro niño cayó al instante muerto.

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    Los padres, cuando otras personas les llevaron al niño muerto y les dijeron lo sucedido, fueron inmediatamente a hablar con José el carpintero y la Virgen Maria contándoles lo que había pasado de malas maneras, debido a su estado emocional.
    José y Maria intentando aplacar los ánimos de aquellos desolados padres regañaron al niño Jesús diciéndole que..
    – Eso no se hace, devuélvele la vida que le has quitado al niño de estos señores.
    -Vale, vale, ya se la he devuelto.
    Me dijeron que Jose les dijo a aquellos atribulados padres:
    -Id a casa tranquilos y no os preocupéis, vuestro hijo esta bien, son cosas de criaturas.
    Luego supe que al niño lo encontraron tan tranquilo jugando con su pelota y unos amiguitos en la calle y que no recordaba nada de lo sucedido.
    En fin, esas cosas no las vi, eran rumores que contaba la gente, así que no estoy seguro de nada… Además, hace tantos años…

    Aquella noche, salimos de la taberna los últimos, porque el tabernero se acercó y nos dijo.
    -Señor Zacarías y compañía, es muy tarde y tengo que cerrar, si son tan amables de irse les quedaría muy agradecido.
    Ya en la calle antes de despedirnos, el viejo Zacarias dijo:
    Juan si vienes mañana ya te contare lo que vaya recordando, ya que veo que te gustan mis relatos.
    Apenas llegué al cuartel me puse a escribir con inusitado entusiasmo, todo lo que me había contado mi nuevo viejo amigo.
    Y cuando lo leyó al día siguiente Pilato noté que su contento crecía letra a letra, palabra a palabra, tal como avanzaba en la lectura.
    -¡Muy bien si señor, así se investiga, empezando por la base de las cosas, te felicito! Continúa así y no tengas prisa Claudia tiene ahora unos días soportables, parece que no se queja tanto, aunque eso
    No quiere decir nada, le pasa muy a menudo, que parece que se encuentra algo mejor y de pronto los dolores la vuelven loca. Y eso es así, cada dos o tres días. En fin, esa enfermedad la tiene ya hace más de diez años, tú ve investigando porque parece que vamos por buen camino.
    Cuando llegué a la taberna de costumbre me senté en una silla y esperé pacientemente a Zacarias.

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    La taberna estuvo toda la tarde vacía, ni un cliente había entrado solo yo; había un gato que me miraba con creciente curiosidad desde un rincón oscuro que además del tabernero éramos los únicos seres vivientes del cochambroso negocio.
    Cuando empezó a anochecer entraron varios jóvenes que bebieron unas naranjadas y se fueron riendo, gritando y dando tumbos como si se hubieran emborrachado.
    Zacarías no aparecía y eso me tenía intrigado.
    Cuando el tabernero me sirvió el tercer vaso de vino, le pregunté:
    Estoy esperando a Zacarias y como veo que no viene pienso que tal vez esté enfermo o algo ¿Sabe usted donde vive?
    El tabernero me miró muy extrañado y me preguntó:
    -A quien se refiere? No conozco a ningún Zacarías.
    -¿Cómo que no lo conoce? ¡Anoche mismo, cuando usted quería cerrar el negocio, mientras hablaba conmigo, al dirigirse a él lo llamó Zacarías!
    -Debe de estar confundido señor, yo no conozco a ningún Zacarías, ni a usted lo he visto aquí nunca.
    Mientras discutíamos, entraron los tres clientes que cada noche habían coincidido con nosotros y al verlos me sentí aliviado y le dije al tabernero.
    -Esos señores me han visto con Zacarias los tres días en que estuve con el hablando aquí, incluso nos saludaron varias veces al venir y al irse ¿Por qué no les pregunta?
    El tabernero sonrió antes de decir con un poco de ironía.
    – Como usted quiera, el cliente manda.
    El tabernero sin moverse del mostrador los llamó por sus nombres y les dijo:
    -Juan, Cayo, Pedro ¿Podéis acercaros un momento?
    Los otros se acercaron y uno le preguntó:
    -¿Qué quieres?
    – ¿Conocéis a este hombre? Dice que ha estado aquí los tres últimos días y que estuvo hablando esos tres dias con un viejo llamado Zacarias, que vosotros los mirabais mucho y los saludasteis varias veces.
    Los tres aludidos me observaron con evidente curiosidad y todos, uno a uno contestaron
    – No lo he visto nunca ni conozco a ningún viejo Zacarias, contestó el primero, ni yo tampoco, dijo el segundo, ni yo, aseguró el tercero.

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    Pensando que se habían confabulado contra mí, quizá para reírse me fui bastante enojado, pero durante varios días seguí volviendo y nunca más volví a ver al viejo Zacarias.
    Cuando le conté la historia a Pilato solo respondió:
    Sin duda nos hemos metido en un terreno movedizo, pero hemos de continuar tendrás que esforzarte en tus pesquisas y buscar una nueva estrategia.

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    CAPITULO X I

    El evangelio

    De nuevo estaba tendido y despierto sobre mi colchón de plumas y mi alfombra. Me había pasado la noche en vela dándole vueltas a mi cabeza intentando hallar la forma de reiniciar las pesquisas que empecé con el misterioso Zacarias.
    La verdad es que no se me ocurría ninguna nueva estrategia, de modo que me levanté de mi humilde lecho, como una vez en que no logré conciliar el sueño y todo el día anduve como alma en pena de un lado a otro.
    Durante un par de días estuve inquieto sin saber que camino tomar respecto a las órdenes recibidas por Pilato, que me sugirió que debía cambiar de táctica, buscar otros derroteros y retomar las investigaciones de nuevo por caminos que no fueran terrenos pantanosos, o movedizos.
    ¿Pero que demonios tenían que ver esas palabras con la realidad?
    ¿Si la estrategia de siempre de infiltrarme entre las gentes en toda clase de cuchitriles cómo tabernas y prostíbulos, me había resultado exitosa…Porqué iba a ser diferente ahora?
    ¿Por qué ahora debería cambiar esas tácticas?
    Por mas que me estujé los sesos no se me ocurrían otras maneras de iniciar una investigación, por lo tanto volvería a emplear mis conocimientos y dejarme de experimentos.
    Era urgente empezar a buscar a Jesús de Nazaret y comprobar si sus sanaciones milagrosas eran reales y capaces de sanar a la señora Prócula esposa de Poncio Pilato, o por el contrario era todo unna supercheria.
    Claro que buscar al hijo de Dios por tabernas y lugares de vicio y pecado no me parecía lo más adecuado, aunque pensándolo bien no me parecía tan ilógico, porque si un pescador va a pescar, lo hace donde pueda encontrar peces, por lo tanto un perdonador de hombres lo más lógico era que fuera a lugares llenos de pecadores ¿Y donde podía encontrar pecadores y pecadoras a montones? ¡Un lupanar, sin duda era el lugar perfecto!

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    Al anochecer ya me encontraba en el lupanar o prostíbulo más famoso de la capital, preguntando a diestro y siniestro con las debidas precauciones.
    Empecé por la señora encargada de presentar a las prostitutas a la clientela la cual se echo a reír exclamando que ni puta idea de lo que le había preguntado, que allí no había ido nunca un Mesías ni nada parecido. Que aquello no era un templo de oración precisamente.
    Y añadió riendo sonoramente.
    –¡Esto es una casa de putas!
    Después de varias tentativas con otras personas de las que por allí deambulaban, sin éxito, comprendí que me había extralimitado en mis teorías y decidí bajar el listón de opciones a un nivel menos
    pecaminoso.
    Al poco rato, me metí en una taberna que me pareció un lugar de vicio ponderado y le pregunté a un camarero que me pareció muy amable en el trato con el cliente:
    –¿Me sabría decir por donde puedo encontrar al que se dice llamar Jesús de Nazaret, hijo de Dios?
    El camarero se me quedó mirando con suma atención y finalmente tras meditarlo un poco me contestó muy serio:
    -Lo más probable es que se lo indiquen en Nazaret donde creo que vive su familia, amigos y vecinos. Allí estoy seguro que se lo dirán.
    ¡Hágame caso, búsquelo en aquel pueblo!
    ‘Por cierto, le voy a dar un consejo. Si es usted un seguidor creyente de ese Mesías ni se le ocurra preguntar en un templo. los sacerdotes del Sanedrín lo detendrían a usted ya que son antagonistas de las enseñanzas de Jesús.
    Yo lo vi en cierta ocasión y por lo que observé como hablaba, y sanaba a las personas alguna conocida, pienso que es el verdadero Mesías hijo de Dios.
    Por cierto ¿Usted no es judío, verdad? Lo he notado en su acento que parece latino.
    Tenga un buen día. Voy a seguir con mi trabajo.
    Había tenido mucha suerte encontrando a este camarero que había visto y oído hablar a Jesús y creía en él y sus palabras.
    Cómo me pareció muy acertado el consejo del camarero de la taberna, al día siguiente ya me encontraba en Nazaret preguntando a todo aquel que veía por si alguien me podía indicar a donde podía ver a Jesús y en aquel pueblo no me faltó información, las gentes eran muy amables,
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    En una taberna me informaron hasta del domicilio de la familia y del taller de carpintería de José ya fallecido, así como también de algunos familiares de sus apóstoles, no obstante me pareció excesivo dirigirme a tales familias porque hubiera desobedecido las órdenes de Pilato y no pudiendo aparentar ser una persona normal, por el acento latino, me habrían descubierto como un investigador romano y la misión se hubiera puesto en peligro.
    De todas formas encontré muchos seguidores de Jesús que me dijeron donde se celebraría la próxima reunión, en la que podría ver y oír al Mesías.
    Se trataba de acudir a una montaña cerca de un pueblo llamado Cafarnaúm allí en la entrada de ese pueblo pude ver a Jesús que era una persona de una estatura rondando el metro ochenta y cinco, y unos treinta años, que saludaba con especial simpatía sonriendo a todos.
    Había acudido una multitud de gente que como es natural hablaban y producían un ruido de ambiente muy acentuado.
    A fin de investigar mejor a aquel hombre procuré ponerme lo más cerca posible y por eso pude escuchar perfectamente todo lo que allí se hablaba
    En cierto momento vi como se le acercó un centurión que le dijo:
    –Señor en mi casa tengo un criado paralítico que sufre mucho.
    Y Jesús le contestó.
    –Yo iré contigo a curarlo.
    Pero el centurión le contestó:
    -Yo no soy digno de que tú entres en mi humilde casa, mándalo y con solo tú palabra quedará sano. Yo soy solo un hombre que estoy bajo las órdenes de otros, pero tengo soldados a mi servicio y si le digo a uno marcha el marcha, si le digo ven, viene y si a un criado, haz esto, lo hace.
    Al oír esto Jesús mostró gran admiración y dijo a los que le seguíamos:
    En verdad os digo que ni aún en medio de Israel, he hallado fe tan grande.
    Y añadió:
    Así os declaro que vendrán muchos gentiles del oriente y occidente
    Y estarán a la mesa con Abraham, Isaías, y Jacob, en el reino de los cielos, mientras que los hijos del reino (Los judíos) serán echados fuera, a las tinieblas y allí será el llanto y el crujir de dientes.
    Y después dijo Jesús al centurión:
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    Ve y sucédale conforme has creído; Y en aquella hora quedó sano el criado. (De lo que me enteré días después, como ahora os contaré)
    Habiendo después Jesús ido a casa de Pedro, vio a la suegra de este en cama con calentura, y tocándole la mano se le quitó la calentura; con eso se levantó luego de la cama y se puso a servirles.
    Venida la tarde, le trajeron muchos endemoniados y con su palabra echaba los espíritus malignos y curó a todos los enfermos.
    El mismo ha cargado con nuestras dolencias y ha tomado sobre sí nuestras enfermedades.
    Desde aquel día no tuve problemas para saber donde iría a predicar Jesús, solo tenía que seguir a sus seguidores ya que me hice amigo de algunos que siempre sabían donde debían ir a ver y oír al Mesías.
    Para ratificar mi cometido de Informador fui escribiendo en papiros cuanto fui investigando, y una cosa que hice de inmediato fue seguir al centurión y hablar con él a los pocos días para saber como se encontraba su criado.
    Claro que primero me tuve que identificar y contarle que estaba investigando al Mesías por orden de Poncio por si era un charlatán o un vividor, y al decirle que yo no me creía esas cosas, se puso muy enfadado diciendo:
    Si no te crees lo que ves ¿En que puedes creer?
    A lo que le respondí: He visto como mataban a mis hermanas y a mi madre después de abusar de ellas y a mis hermanos y mi padre llorando por no poder defenderlas, siendo también degollados. En muchas ocasiones he recordado aquellas escenas terribles y me he preguntado infinidad de veces ¿Porqué Dios permite tales atrocidades si con solo su deseo pudo evitarlas?
    El Legionario se me quedó observando muy serio y antes de contestar a mi pregunta dijo:
    Yo no soy quien para discernir las obras de Dios, solo sé que nos hizo con libre albedrío y con capacidad de saber lo que es malo o bueno y que aquel que escoge el mal camino solo puede esperar que ese camino le lleve al infierno donde encontrará el castigo en el fuego eterno. Jesús dijo el otro día:
    No juzgues y no serás juzgado, por que el que juzga a sus semejantes ha de atenerse a las leyes humanas, que nunca serán tan justas, como las divinas.
    Hay dos formas de pedir cosas a Dios la principal, tener fe, la otra
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    rezando y cumpliendo con los diez mandamientos.
    Yo creo en Jesús, y mi fe es tan inmensa que mi criado ya está completamente curado.
    Después de aquella conversación con el legionario continué con mis investigaciones viendo curaciones a cientos de diversas enfermedades cómo la sanación de varios leprosos a los que con tan solo tocarlos se les borró todo vestigio de tan fea y asquerosa enfermedad, otro día vi a Jesús andando sobre las aguas y como me pareció increíble intenté hacerlo yo pero me hundí y no tuve más remedio que salir nadando de aquellas aguas profundas.
    Mis dudas me inducen a no he creer en milagros, tampoco creí en el de resucitar a un muerto de hacia varios días y aunque lo vi levantarse con mis propios ojos dudé y comentándolo con otro seguidor, este me dijo con extrañeza.
    -¿Es que acaso no oliste como apestaba a muerto?
    A lo que yo le respondí tratando de convencerle
    ¡Eso no prueba nada, si ponemos un simple animal como un perro o un conejo muerto durante varios días escondido en las inmediaciones olería igual de mal.
    El otro me miró con sumo desprecio a la vez que escupía la frase.
    -Nunca un ciego podrá ver la luz del Sol
    Y cuando fui a Pilato y le entregué el informe que me había ordenado, exclamó muy satisfecho, tras leerlo atentamente.
    ´¡Magnifico! Has hecho un buen trabajo. Este informe confirma mis esperanzas. Este informe tan completo puede considerarse un Evangelio. Sin duda este hombre es el hijo de Dios.
    Ahora dime cómo podemos actuar para que cure a mi mujer. ¿Qué opinas?
    Según tengo entendido solo hay dos caminos, uno es el de la oración y el respeto con el cumplimiento de los diez mandamientos, y el otro, más rápido requiere un grado óptimo de fé y enfrentarse a Jesús, pues he visto que cura al instante cualquier enfermedad por muy mala que sea, pero hay que tener fé. Los que tienen fe siempre son sanados.
    -¿Quieres decir que sin fe es imposible su curación? ¿Y como puede Claudía alcanzar esa fe ciega?
    Ante tal pregunta no sabía que contestar así que dije lo primero que se me ocurrió, lo que creí más convincente.
    -A mi entender ella debería ir como seguidora de los pasos de Jesús al menos hasta que viera algunos milagros y al convencimiento de los hechos le llegaría la fe plenamente.
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    Pilato se quedó pensativo antes de contestar.
    El caso es que yo debería acompañarla pero eso sería una afrenta contra las creencias de estas gentes sobre todo del sumo sacerdote del Sanedrín que esta contra Jesús y no piensa en otra cosa que eliminarlo.
    Además, en tal caso si se origina por esta causa un levantamiento contra el Imperio Romano, a mi me podría costar el cargo y seguramente la vida.
    Tiberio no admite conflictos de ninguna clase en los territorios conquistados.
    A los procónsules y las legiones que tenemos nos tiene encomendado el mantenimiento de la paz a toda costa.
    Tendremos que buscar un medio en la que no sea necesaria esta premisa. ¿Se te ocurre algo?
    Majestad, solo veo una forma de llegar a solucionar esta cuestión, hacer que Jesús venga aquí a su casa o al menos intentarlo como hizo un centurión en Cafarnaúm.
    Nuevamente el procónsul se quedó pensativo y después de unos minutos exasperantes propuso.
    Eso también comporta riesgos. Si ese hombre viene a mi casa muchos son los que llevarían el mensaje a los judíos y Tiberio se enteraría antes de lo que creemos. Lo mejor es que te acompañe a ti y si acaso también una sirvienta a tu casa de Nazaret.
    A Claudia no la conoce nadie tanto cómo a mí y desde allí que haga lo que crea más conveniente, precisamente lleva unos días insoportables de tanto dolor que siente.
    Le diré que prepare el viaje lo antes posible.
    Al día siguiente se preparó un carro cargado con todo lo imprescindible y una vez todo listo partimos cuatro personas rumbo a Nazaret, Claudia, Jose el conductor del carro, la sirvienta y yo.
    Una vez en mí limitada casa a la que llegamos cuando anochecía tuvimos que apañarnos para dormir con algunas cosas que llevamos desde la mansión de Pilato: Claudia y su sirvienta lo hicieron en la única habitación que había, sobre dos alfombras y dos colchones de plumas encima de aquellas y el conductor que debería quedarse hasta que Claudia estuviera preparada para su regreso y yo, en el comedor tras apartar la mesa y las sillas para instalar las correspondientes alfombras. La casa era excesivamente minúscula pero nos supimos acomodar.
    El carro lo dejamos en la calle y los dos caballos que tenían que llevarnos de retorno, en el corral con el mío.
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    Al día siguiente, fui a una casa habitada por familiares de uno de los apóstoles, que me indicaron donde estaría Jesús en la próxima ocasión
    Y cuando nos encontramos en la montaña donde ya se había congregado una gran multitud apareció Jesús acompañado de sus doce apóstoles y extendiendo los brazos a modo de saludo, empezó a hablar diciendo en voz alta para ser escuchado por todos:

    Hoy os voy a dar unos consejos imprescindibles para llevar una vida justa.
    Nunca juzgues a nadie si no quieres ser juzgado, porque aquel que juzga será juzgado. Antes de ver la paja en el ojo ajeno mira si tienes tú una viga en el tuyo, porque ¿Cómo vas a sacar una pajita del ojo de otro si no te sacas la viga del tuyo?
    Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo y después la pajita del ojo de tú hermano.

    No atesores una fortuna mientras tú hermano pasa hambre, porque tú te morirás antes y esa fortuna será pasto de los ladrones, del orín
    y la polilla.
    — Atesorad para el cielo donde no hay orín, polilla ni ladrones, porque donde esta tu tesoro está tú corazón.

    —Yo os digo que no hagáis resistencia al agravio; antes, si alguien os hiere en la mejilla derecha, vuélvele también la otra.

    Al que quiera armarte pleito para quitarte la túnica, dale también la capa, y a quien te fuerce a ir cargado mil pasos, ve con él otros dos mil.

    Sabed que uno que tenga mil monedas y da dos a un pobre no es mejor que uno que solo tiene una y la da a otro pobre, porque este ha dado todo lo que tiene, mientras el otro ha dado un ínsignificante parte de su fortuna. Por eso os aseguro que es más difícil que entre un rico en el reino de los cielos que meter un camello por el agujero de una aguja.

    –Al que te pida, dale; y no tuerzas el rostro al que pretenda de ti algún préstamo.

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    — Habéis oído que fue dicho; amarás a tú prójimo, y han añadido malamente… (Tendrás odio a tú enemigo) Yo os digo más. Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os aborrecen y orad por los que os persiguen y calumnian, para que seáis imitadores de vuestro padre celestial, que hace salir el sol sobre malos y buenos y llover sobre justos y pecadores.

    –Sed perfectos, así como vuestro padre celestial es perfecto, imitadle en cuanto podáis.

    Durante largo rato, Jesús estuvo dando consejos parecidos a los anteriores, siempre para mejorar el trato entre personas a las que dijo son nuestros hermanos ya que Dios es padre de todos.
    Y mientras Jesús hablaba yo iba recordando a mi familia y pensaba. Si todas las personas actuaran así considerando que somos todos hermanos, seguramente mi familia estaría viviendo felizmente. ¿Pero porque hay gente tan mala cómo Plinio y sus secuaces? ¿ ¿Acaso tenemos que presentar la otra mejilla a estos asesinos? ¿Debemos tener fe en que Dios los castigue cuando mueran y permanecer sin hacer nada mientras violan, roban y asesinan a todo aquel que encuentren a su paso?
    Alguien me dijo que Dios nos da a todos libre albedrío y yo sé que hay seres humanos que carecen de ese don ya que son completamente tontos que no se comunican con nadie ni saben hacer nada en absoluto. Y por eso me pregunto:
    ¿Cómo puede tener libre albedrio un ser que nace con el cerebro inútil?
    Dicen que esas cosas son infinitamente justas pero que no las entendemos porque no alcanzamos la perfección total del conocimiento.

    De pronto vi que la señora del procónsul Pilato, la señora Claudia se había alejado de mi lado y estaba junto al Mesias hablando con él mientras le besaba una mano.
    Debido al murmullo de la multitud y estar algo apartado solo pude oír la frase de él cuando dijo con su voz portentosa:

    Ve a tu casa si lo deseas y no te preocupes que ya estas curada. Tú fe te ha sanado.
    .

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    Aquel día ví como curaba a un ciego, al que dio la vista al instante quedando asombrado al contemplar el mundo por primera vez.
    – A un endemoniado que gruñía como un animal, al que vimos cómo ante la orden de Jesús, arrojaba a siete demonios de su cuerpo.
    — A un lisiado que tenía los brazos y las manos contrahechas, y quedó perfecto al instante.
    — A un cojo, que se desprendió de sus muletas y se puso a caminar lleno de felicidad.
    — A dos leprosos, que quedaron limpios con solo tocar el manto de Jesús, y a varios más que sufrían dolores diversos, asfixia o fiebres crónicas, por enfermedades desconocidas.

    Las gentes que tan insólitas curaciones contemplaron estaban extasiadas y rezaban exclamando.
    ¡Dios es grande y su poder no conoce limites! ¡Bendito sea!

    Al día siguiente de los hechos narrados nos levantamos muy temprano para aprovechar el tiempo y poder llegar antes del anochecer a Cesarea.
    El conductor, empezó a preparar el carro con los caballos, mientras, Josefa la sirvienta recogía los enseres y otras cosas como alimentos y vestimenta suya y de la señora Claudia.
    Pero Claudia dijo:
    -Yo no me voy, ayer conocí al hijo de Dios y lo voy a seguir durante unos días. Nunca en mi vida me he sentido mejor y todo lo que vimos ayer bien merece que lo acompañe, no solo unos días, si no la vida entera si es necesario.
    Traté de convencerla alegando que su esposo la estaría esperando ansioso por saber como se encontraba y para poder estar junto a ella. Que su esposo la necesitaba.
    Pero ella dijo en tono suplicante.
    Decidle que me encuentro perfectamente que ya no me duele nada Que solo serán unos días, que también tengo ganas de verlo y que lo quiero mucho, pero deseo ante todo seguir a Jesús unos días, aunque solo sea una semana.
    Es algo que me lo pide el alma como si fuese un deber por lo que ha hecho por mi salud.
    Puede venir y acompañarme si quiere y me sentiré feliz completamente.
    No fue posible convencerla ni diciéndole:
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    Su esposo no puede venir porque es el Procónsul y su presencia, como ya sabe usted podría alterar la estabilidad política peligrando la paz entre Roma y Judea.
    Ante la imposibilidad de convencer a la señora Claudia Prócula, y tras deliberar, entre todos decidimos que se quedara la sirvienta acompañándola para lo cual les dejamos el dinero suficiente para alimentarse un par de semanas.
    El conductor con un caballo y yo con el mío podríamos llegar a Cesarea a media tarde cabalgando al trote.
    Pilato se puso muy contento cuando le explicamos que su esposa había sido curada de su penosa enfermedad, pero no le gustó nada que no la hubiésemos traído con nosotros; pues dijo después de cambiar su sonrisa de satisfacción por un rictus de hondo pesar que reflejó su rostro:
    -Me es imposible ir a Nazaret para estar con ella, precisamente me han llegado rumores de que los fariseos y otros grupos religiosos quieren apresar a Jesús de Nazaret y crucificarlo, para lo que ya están conspirando.
    Era indudable el temor que sentía Pilatos al Emperador Tiberio y al senado, pues después de que el senado asesinó a Julio Cesar en la famosa conspiración en la que intervino Bruto su gran amigo, ya nada era seguro en Roma, hoy podías ser el hombre más saludable del Imperio y mañana estar crucificado o envenenado. Había que andar con mucha cautela.
    Solo me faltaba mezclarme en este asunto para echar a perder mi posición en Palestina y quien sabe que sería de mí después de ese conflicto.
    Tras aquellas temerosas confidencias, Poncio Pilato me miró fijamente y me ordenó tajante:
    –¡Mañana no quiero que te quedes por aquí, apenas amanezca coges tu caballo y te vas a Nazaret.
    Confío en ti, acompañarás a Claudia a todas partes e irás escribiendo todo lo que veas y escuches del Mesías y cuanto oigas y veas de las gentes, como siempre.
    Eres mi mejor agente de espionaje, espero que me traigas buenos informes. ¡Ha! Por cierto, los legionarios de mi guardia ya no pernoctareis aquí, ahora solo lo hacen los que están de servicio, los demás lo haréis en la Torre Antonia durante las fiestas de pascua. ¿Sabes donde está?
    Si mi excelencia. Pero es en Gerusalen ¿No?
    Le contesté escuetamente, con extrañeza.
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    -En efecto y allí nos tenemos que trasladar; ahora mismo partiré yo con la guarnición, pero tu pasarás esta noche descansando y en cuanto amanezca te vas a Nazaret.

    Cuando me despedí de Pilato, la noche se avecinaba, un manto oscuro se fue adueñando de las calles de Cesarea, parecía que iba a llover y el viento frío que me atacaba en cada confluencia de calles me empezó a inquietar.
    En cuanto llegase al cuartel me vestiría de centurión, encendería una lámpara y me miraría al espejo.
    Ya casi no me acordaba del bonito uniforme y me quería ver con él puesto.
    A veces no comprendía para qué diablos me habían ascendido si nunca ejercía de centurión, mi destino era ir siempre disfrazado de paisano.
    En cuanto cumpliera mi contrato de un año me licenciaría y me dedicaría de nuevo a buscar al asesino de mi familia.
    La única y gran satisfacción que sentía en mi corazón era el haber conocido al hijo de Dios.
    Aunque dentro de mi aún presentía que las dudas me acuciaban inexorables.
    A mi entender lo que no era natural no me convencía.
    Había entrevistado a varias personas que antes eran enfermos, de imposible curación, cómo un ciego de nacimiento, preguntando a sus vecinos, amigos y familiares que me aseguraron que siempre estuvo ciego, igual que hice con un paralítico y con varios sordos mancos y endemoniados con el mismo resultado todos me decían que era verdad, que no había trucos ni magias, pero yo no lo comprendía mi escepticismo no entendía nada ni creía nada ni sus palabras tan llenas de sabiduría me convencían, incluso pensé que lo de la señora Claudia era imposible y cualquier día le volverían los dolores.
    Verdaderamente ni yo mismo comprendía mis dudas.
    Ni aquellas curaciones y lo que había escuchado de otros como que con solo mandarlo, el mar se quedó tranquilo y desapareció el viento huracanado, o que había dado de comer con solo cinco panes y varios peces a cinco mil personas y sobró para dar de comer a otras tantas, me parecían cosas no naturales y no las admitía mi cerebro.

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    Solo me tenía muy intrigado el hecho de aquel día en que vi a Jesús andando sobre las aguas y yo lo probé hundiéndome.
    No lo comprendía y mi instinto no lo admitía, aquello no era natural.

    Apenas amaneció, tal cómo me ordeno el procónsul monté a caballo y Sali rumbo a Nazaret donde llegué atardeciendo.
    Ya en mi casa, Encontré a la señora y la sirvienta a punto de cenar y las dos se pusieron muy contentas al verme.
    Repartieron la cena conmigo y mientras cenamos dijeron que por la noche sentían mucho miedo de estar solas y escuchar el ruido del viento o del caballo que quedó en el corral.
    –¿Y ya le dais de comer y beber al caballo?
    Ante tal pregunta se echaron a reír, afirmando la sirvienta Josefa:
    –¡Naturalmente, si no se moriría de hambre y sed el pobrecito! ¿No? ¡Que pregunta, hay que ver que cosas tiene usted!
    Después de aquella torpe pregunta les hice otra más estúpida aún.
    -¿Y que tal con el Mesías ese, ha curado a alguien más?
    Las dos mujeres se cambiaron una mirada de sorpresa y las dos al unísono me reprendieron mi falta de respeto a Jesús
    Recuerdo lo que dijo claudia muy enfadada..
    -¿Cómo puedes hablar así del hijo de Dios? Acaso crees que es un simple curandero? ¡Deberías ser más respetuoso!
    Si Jesús te hubiese curado de una enfermedad como la mía, no hablarías de el así.
    -Tenéis razón, no soy perfecto y he hablado sin meditar lo que decía. Perdonadme.
    -Nosotras no podemos perdonar a nadie sobre esta falta de respeto, las ofensas a Dios solo él las puede perdonar.
    Pídeselo antes de dormirte esta noche y él te perdonará si lo haces con fe.
    Durante una semana estuve acompañando a Claudia y a su sirvienta a todos los lugares donde Jesús contaba de una forma sencilla para ser comprendido por las multitudes parábolas sorprendentes y curaba a los enfermos milagrosamente.
    A pesar de tanta claridad, en el ambiente note mucho escepticismo en ciertos grupos que murmuraban constantemente, a la vez que en sus gestos se les adivinaba mucha malicia contra Jesús.
    Durante aquellos días pude averiguar que aquellos grupos pertenecían a enemigos del Mesías. Sin duda eran, fariseos escribas y seduceos.
    Como ya tenía varios papiros escritos me trasladé a Jerusalén,
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    Acompañado por Claudia montando el caballo que teníamos de reserva y su sirvienta en otro que compramos.
    Cuando llegué a palacio, Pilato hizo un gesto extraño, no debió advertir la presencia de la sirvienta ni de Claudia, que me seguían, lo que me pareció muy feo, y que ambas mujeres notaron, por la expresión que pusieron.
    Pilato se dirigió a mí presuroso preguntando con una exclamación:
    ¿Que me traes? ¿Alguna novedad importante?
    Haciéndome el distraído como si la cosa fuera lo más natural del mundo, le contesté:
    -Todo el informe lo tengo escrito, aquí lo tiene.
    Ya tenía en su mano el rollo de papiro con el informe cuando se apercibió de la presencia de Claudia y la sirvienta.
    Debió ser por eso por lo que su cara enrojeció súbitamente antes de hablar con la elocuencia que lo caracterizaba.
    -Por todos los demonios, no os había visto. Estoy tan obsesionado con los asuntos oficiales que ya no veo ni donde pongo los pies
    ¡Perdonadme!
    Inmediatamente quiso subsanar el error dirigiéndose a su mujer, pero ella le dio la espalda y salio del salón sin despedirse tan siquiera, por lo visto estaba muy enfadada.
    Sonriendo de una forma forzada Pilato susurró:
    -¡Mujeres! .. No hay quien las entienda. Bueno, vamos a ver que me traes en esos papiros.
    Se arrellanó en su confortable sillón y leyó el informe sin decir palabra; después de rascarse la barbilla con escaso entusiasmo dijo:
    -Lo que me temía, Al nazareno creo que le quedan pocos días de vida. Sus enemigos son muy recalcitrantes y no lo van a dejar escapar fácilmente, cada vez lo veo más claro.
    Aquella noche apenas me había acostado cuando llamaron a la puerta de mi habitación ya que como centurión dormia aparte de la tropa en Torre Antonia; era un soldado que me dijo:
    -Poncio Pilato me ha ordenado que venga a buscarte inmediatamente, que hay problemas muy graves, deberás seguirme.
    –¿Qué pasa?
    Le pregunté alarmado.
    –No puedo decir nada, me lo ha prohibido. Él te lo contara.

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    Cogí mi caballo y me dirigí al galope detrás del legionario, al poco ya estaba en el palacio del procónsul entrando sin saludar siquiera a los guardias del salón donde siempre me recibía.
    Las primeras palabras de Pilato fueron:
    Han detenido a Jesús de Nazaret, Prócula y su sirvienta han ido a ver que le ha sucedido y yo estoy atado de pies y manos sin saber que hacer, no debo intervenir en un asunto entre judíos a menos que me lo pidan.
    -¿y que he de hacer yo?
    Pregunte adormecido.
    –Quiero que vayas a buscar a Claudia, antes de que le suceda algo.
    No sabiendo como empezar a buscar a la señora le pregunté.
    ¿Tiene idea de donde puede haber ido?
    Supongo que al monte de los olivos donde creo que tenía que hablar Jesús, allí he mandado a mil legionarios a contener a sus seguidores antes de que se revolucionen.
    Acudí prestamente al monte de los olivos, encontrando una gran multitud rodeada por miles de legionarios a pie y a caballo que no les permitían marchar bajo ningún concepto.
    Me acerqué a un centurión que conocía y le pedí que me dejase entrar en el círculo sitiado, que tenía que buscar a una persona muy importante y llevarla al procónsul Pilato y que cuando la encontrase saldría por aquel mismo lugar. Sin embargo no fue precisa mi entrada, ya que Prócula que me había visto acudió y se puso a hablar conmigo diciendo con evidente angustia:
    -Creo que deberían venir con nosotros varios de los que Jesús ha curado para declarar cómo testigos en caso necesario a su favor.
    Después de cambiar unas impresiones con aquel centurión, este aceptó a la vez que señalaba una gran roca que tapaba gran extensión del lugar sitiado.
    -Dejare salir a tres o cuatro y que lo hagan por detrás de esa peña para que no lo vea nadie, pero si hubiera cualquier problema no me impliquéis, decid que tratabais de escapar
    Inmediatamente La señora fue a buscar a varios conocidos y al poco salía con ellos por donde el centurión amigo nos indicó.
    Al poco ya estábamos en el palacio de Pilato y su esposa le contó su plan.
    Estos son cuatro personas de las miles curadas por Jesús, este era ciego de nacimiento y lo curó hace ya casi un año en Jericó. A esta señora que estaba endemoniada le sacó los demonios del cuerpo
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    en Betsaida hace ya seis meses y a estos que estaban leprosos los limpió hace ya más de un mes en Nazaret. Sería conveniente que los lleves como testigos de los milagros que hacía este Mesías hijo de Dios.
    A Pilato le pareció bien la idea de su mujer y se fue con aquellos testigos para reunirse con los samaritanos y los fariseos, que lo habían llamado; una vez alli presentó a los enfermos curados pero ante las pruebas de los testigos el gran sacerdote Caifás alegó contundente.
    -Es muy verdad que estos estaban en las condiciones que dicen, de eso no tengo la menor duda, ya que hemos investigado muchos casos, pero todo esta hecho en nombre del Diablo, todo eso es diabólico y la prueba es que muchos de esos milagros como vosotros llamáis a esa diabluras las hace sin respetar la voluntad de Dios que prohíbe trabajar en sábado.
    Este hombre ha trabajado en sábado muchas veces, curar es cómo un trabajo de médico, este hombre lo ha hecho muchas veces sin respetar el sabado y merece la muerte en la cruz.
    En ese momento llegó un legionario romano, que entregó a Pilato un comunicado de su esposa Claudia que decia.
    No te mezcles en los asuntos de este hombre justo porque he soñado cosas que me han hecho sufrir mucho.
    Apenas leído ese mensaje llegó uno de los apóstoles llamado Judas Iscariote y tirando las monedas que le habían dado los fariseos por traicionar a Jesús lo que facilitó su detención, dijo:
    No quiero este dinero. (Tal dinero se lo habían pagado por traicionar a Jesús diciendo:
    -(Podréis detener al que yo bese, porque ese es Jesús)
    A lo que el gran sacerdote le contestó, cuando tiró las monedas.
    -Allá tú ese no es mi problema.
    Y añadió:
    Recoged esas monedas y llevarlas al templo para ofrendarlas a Dios.
    Y añadió
    Ahora voy a exponer al que dice ser hijo de Dios al pueblo para que lo perdone por ser pascua o lo condene a ser crucificado.
    Entonces Caifax el sumo sacerdote del templo, desde un balcón, presentó a Jesús al pueblo de Jerusalén y pregunto a la muchedumbre que llenaba la plaza.
    Aquí tenéis al que dice ser hijo de Dios Y no respeta los sabados como es la voluntad de Dios pr lo que creemos que las curaciones
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    son cosas del mismo Satanás y a este otro lado a Barrabas, un ladrón Y como es costumbre en la pascua yo os pregunto ¿A quien perdonamos de morir en la cruz? ¿A Jesús el nazareno que no respeta los mandamientos o a Barrabás, un ladrón que roba para poder comer?
    La contestación de la muchedumbre fue clamorosa:
    -¡A barrabás! ¡A Barrabás! Gritaron todos.
    Al oír esa exclamación multitudinaria Pilato agachó la cabeza,
    se puso a lavarse las manos en una jofaina y tras secárselas con una toalla les expuso:
    -Yo me lavo las manos; que la sangre de este hombre justo caiga sobre vosotros y vuestros descendientes.
    Caifáx sonrió satisfecho ya que para condenar a alguien a muerte, solo lo podía hacer el procónsul romano y lo había hecho de una forma rara, pero lo había hecho.
    El procónsul romano se desentendió y lo dejó en sus manos.
    Y el sumo sacerdote, al momento mandó que se iniciaran los suplicios a que fue sometido Jesús que con voz apenada dijo:
    -Hágase la voluntad de Dios—
    Después, durante todo el tiempo permaneció en silencio absoluto, siendo azotado vilipendiado con escupitajos e insultos y coronado con una corona de espinas, después cargado con la cruz ascendió unos tramos de la montaña Golgota, cayendo varias veces; en una de ellas, una mujer que antes estaba endemoniada y Jesús la salvó de los demonios y se llamaba Maria Magdalena, le dio a beber un poco de agua en un pañuelo empapado.
    Otra mujer llamada Verónica le enjuagó la cara con su pañuelo
    Después, fue ayudado por un hombre que se llamaba Simón de Cirene a llevar la cruz.
    Ya en la cima del monte lo crucificaron delante de su madre y otras personas que no cesaron de llorar, clavándolo con clavos en las muñecas y los pies.
    Sobre la cabeza le pusieron un letrero que decía- Jesús hijo de Dios-
    Levantaron la cruz y allí vigilado por los soldados romanos quedó entre dos ladrones, Dimas y Gestes, uno a cada lado, también crucificados..
    Uno de los ladrones, Dimas, le pidió perdón por sus pecados y Jesús le dijo.
    -Hoy estarás en el cielo a mi lado.

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    Yo mientras tanto me encontraba en el Palacio de Pilato esperando órdenes y cuando el llegó y me enteré de lo sucedido quise ir a ver a Jesús, algo me impulsaba a ir a verlo, no podría explicármelo, era una fuerza superior que me empujaba al monte aquel, y cuando llegué lo vi todo en tinieblas, varios soldados lo estaban custodiando. y me dejaron que me acercase a verlo de cerca. Los otros dos ya estaban muertos por lo visto a los ladrones les habían roto las piernas para que muriesen antes y a Jesús no y sufrió durante más de nueve horas, no parecía estarlo aún y me pareció
    que me miraba, Pero de pronto gritó:
    -¡Padre por que me has abandonado!
    Aquel grito desesperado me impresionó profundamente, creí que estaba sufriendo mucho y quise evitarle tanto dolor, así que le quité de las manos la lanza a uno de aquellos soldados, me acerqué a la cruz y se la clavé en un costado intentando atravesarle el corazón y acabar con sus sufrimientos, por la herida empezó a salir agua y sangre. Entonces dije apenado:
    -Verdaderamente este hombre es el hijo de Dios
    Me quedé todo el tiempo allí haciendo compañía a los soldados, y a las mujeres entre ellas su madre angustiada, hasta que lo bajaron, lo envolvieron en un lienzo y se lo llevaron para enterrarlo en una cueva donde lo metieron dentro de un sarcófago, después cerraron la cueva y taparon la puerta con una gran roca.
    Todo fue visto como ya dije por varias mujeres que allí estában una era su madre, Maria, otra era Maria la de magdala y otra la mujer de Poncio Pilato, Claudia Prócula.
    Como había corrido el rumor de que al tercer día resucitaría algunos seguidores fuimos a ver si era así, entre ellos seguían estando como en su entierro, su madre, Maria, Claudia y Maria Magdalena que entraron y enseguida salieron diciendo que Jesús había desaparecido y que se les había aparecido un ángel diciéndoles que Jesús había ascendido a los cielos pero que volvería a presentarse a muchas personas, entre ellas a sus apóstoles.

    Después de aquellos acontecimientos aún sucedieron otras cosas dignas de recordar.

    Pilato me ordenó que investigase a ver donde se habían llevado el cadáver de Jesús y me dijo:

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    Cuanto ha sucedido con la muerte del Mesias es muy sospechoso, primero lo detienen por hacer milagros, yo les intenté convencer de que eran cosas buenas, pero ellos contestaron alegando que eran cosas del diablo por que muchas veces las había hecho en sábado estando prohibido por Dios trabajar en tal día, después lo enetrraron en una cueva y ahora resulta que desaparece de su tumba y sus amigos aseguran que se les ha aparecido en varias ocasiones dándoles instrucciones para llevar su doctrina al mundo entero, pero a pesar de que mi mujer esta convencida de que todo es verdad y que Jesús es el hijo de Dios, yo noto ciertas cosas que no me concuerdan cómo por ejemplo:
    ¿Cómo es posible que uno de sus apóstoles lo traicione Si ha sido testigo de cientos de milagros?
    No lo comprendo, quiero que investigues y averigües donde está el cuerpo de Jesús.
    Necesito saber toda la verdad de este misterio.

    Inmediatamente me puse en camino de Galilea y me dijeron que Judas se había ahorcado, busqué a mi amigo el familiar del apóstol pedro y este me comunicó que no había ningún misterio que Jesús había resucitado, y se había presentado en diversas ocasiones para dirigir a sus apóstoles por las sendas que deberían llevarlos a sus respectivos destinos.
    Después de varias semanas investigando por todas partes llegué a la conclusión de que en efecto no existía ningún misterio, que todo se había desarrollado según dijo la señora Claudia Prócula, y regresé a Cesárea. Donde Pilato se había encontrado con otro conflicto
    En aquella ocasión medité mucho sobre la palabra misterio y pensé ¿Acaso no es un misterio la existencia? ¿Acaso no es un misterio la naturaleza? Verdaderamente vivimos rodeados de grandes incógnitas que no sabemos ni entender remotamente. ¿Qué es la vida? ¿Por qué unos nacen bien y otros mal en diferentes aspectos? ¿Qué fue antes el huevo o la gallina? Todo son misterios que jamás dominaremos ni comprenderemos.
    Pero dejémonos de conjeturas imposibles y volvamos al problema que se había suscitado en Roma
    Resultó que el gran sacerdote de Jerusalén habló mal de Pilato al gobernador de Siria Vitelio que era vigilante de lo que sucediese en Palestina y Pilato tuvo un comunicado del emperador Tiberio ordenándole que se presentase a la mayor brevedad posible para
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    aclarar ciertos rumores que le habían llegado de los cinco firmantes de abajo, que eran los cinco sacerdotes del templo.
    Los que lo acusaban de intrigas, robos y dictadura ilegal.
    Pilato sabía que presentarse bajo tale acusaciones, que dijo eran falsas ante Tiberio solo podrían reportarle la destitución el descrédito y posiblemente la crucifixión, así que decidió exigir a los sacerdotes una confesión de denuncia falsa y al negarse ellos los hizo encarcelar e inmediatamente sin otro juicio ni nada, los crucificó. Enterado Vitelio gobernador de Siria, lo comunicó al emperador Tiberio y este ordenó que Pilato fuera detenido y llevado a Roma para comparecer ante el senado.
    Desde entonces no se volvió a saber nada ni de Poncio Pilato ni de su mujer Claudia Prócula.
    Circularon algunos rumores que aseguraban que Poncio Pilato se habia suicidado y de su esposa Claudia nadie sabía nada, lo que realmente nada aportaba a tan escabrosos sucesos.

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    CAPITULO XII

    ¡LA TEBERNA VENUS!

    Después de licenciarme del ejército, lo primero que hice fue regresar a Roma donde debería efectuar algunas comprobaciones referentes al estado de cuentas y marcha de mis negocios agrícolas y ganaderos que puse en manos de mi amiga Livia, además de visitar a familiares y amigos.
    Durante los dos años que estuve en Siria y Judea permanecí completamente desconectado de mis padres adoptivos, de mis negocios y de mis amigos los luchadores y gladiadores; solo me comunique con Roma a través de los papiros que fuimos enviando a los dos emperadores que hubo durante ese tiempo, Cesar Augusto y Tiberio
    A mis padres nunca les dije nada de cómo iban las cosas, por no preocuparlos, tan solo les envié una carta al principio, pero al no recibir contestación dejé de hacerlo y pasó el tiempo casi sin darme cuenta de tanto trabajo en investigar y escribir los informes.
    Cuando llegué me enteré de varias cosas que habían sucedido durante mi ausencia.
    Sucesos que me hicieron y llorar meditar en la brevedad del tiempo.
    A veces, especialmente cuando eres joven, tienes la sensación de que nunca sucede nada, que el tiempo transcurre lentamente, y hasta llegas a creer que nunca llegarás a viejo, pero al atravesar cierta edad, cuando empiezas a tener problemas de salud, vas perdiendo facultades, tienes menos fuerza y agilidad, te duelen los huesos y ves como la piel se arruga por todas partes y las aventuras infantiles se ven lejanas aunque solo estés a cuarenta años de aquel tiempo entonces notas que tú vida se acelera y adviertes que pasan cosas en las que nunca habías reparado, cómo que los vecinos o conocidos se van envejeciendo también, algunos muriendo, o que tus conocidos empiezan a tener familia, enfermedades y algunos, muchos problemas.
    Es por eso que durante dos años el tiempo se me fue escapando tan rápido que ni me di cuenta de que tenia familia, amigos y
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    negocios en Roma, y cuando regresé apenas pude asimilar que mi padre adoptivo Ovidio y mi madre su esposa, Agripina habían fallecido durante mi ausencia en un intervalo de tres meses, siendo ella la primera que falleció de un ataque cardiaco y él de tristeza al verse solo.
    Nunca comprenderé porque no me llegó ninguna de las cartas en que mi padre Ovidio me comunicaba la muerte de Agripina su esposa, y después las de Livia contándome la muerte de de los dos, ni tampoco la invitación que me hizo a su boda con el comerciante más rico de un pueblo cercano, dejando su empleo en manos de Floro el sirviente de los que antiguamente eran esclavos en la villa de mis padres, el que me salvó la vida.
    Floro me recibió en su casa y me mostró las cuentas de la explotación, que por cierto fueron mejor de lo que me esperaba en especial el aumento de los afluentes de agua para riegos y el aumento de hectáreas laborables, haciendo que las ganancias fueran mayores.
    Durante su control hacía poco más de un año en las finca se habian experimentado cambios de mejora notables y por tanto se aumentó también el numero de obreros contratados.
    Floro me contó que al no contestar a ninguna carta mis padres se pusieron muy tristes y pensaron que me podía haber sucedido algún percance, por lo que pensaron hacer un viaje a Palestina ya que en el negociado del ejército no sabían nada salvo que me habían ascendido a centurión.
    Lamentablemente no pudieron hacer el viaje por las tristes circunstancias ya reseñadas.
    Verdaderamente la vida a veces te da golpes tremendos que son muy difíciles de sobrellevar, menos mal que al menos con el negocio todo fue bien.
    Y cómo Floro había hecho estupendamente el trabajo de Livia le aboné la cantidad del diez por ciento que había acordado con ella y se puso contentísimo, repartiendo lo conseguido entre todos los sirvientes alegando que todos habían colaborado de igual manera.

    Después de lo narrado anteriormente aún me quedaba en esta vida un deber por cumplir, que me destrozaba el alma y no me dejaba dormir, vengar a mi familia.
    Posiblemente las comunicaciones entre llos paises del Imperio no fueran tan buenas como se presumía ya que en algunas ocasiones los correos eran interceptados por ladrones matando a sus
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    portadores para quitarles los pocos dineros que llevasen en su bolsa particular o en los envios comerciales, resultando el envio de los correos perdidos en esos largos y accidentados trayectos , como a veces sucedió también con los envios de comunicados al emperador , aunque en estos casos el correo era más seguro ya que en tales casos se hacía con un sistema reforzado por tratarse de asuntos de gran importancia imperial.
    Ahora no recuerdo quien dijo:– La venganza es un vino amargo que se debe beber sin prisas o de un trago.
    No sé si era así ni porqué me ha venido ese refrán a la cabeza, posiblemente porque ya huelo los jazmines de Antioquia, mientras montado en mi caballo blanco, después de cabalgar toda la noche me adentro por sus bulliciosas calles, y mi corazón brinca de contento.
    ¿He escrito que estaba contento cuando aún no sabía lo que el destino me podía deparar? ¿Y si nunca encontrase a Plinio? ¿Y si él me encontrase antes a mí? Solo tenía una carta en la mano, y había que ponerla boca arriba.
    Todo era cuestión de suerte.
    Lo primero que tenia que hacer era buscar una casa para alquilarla así que empleé mi sistema de siempre, buscar y preguntar en una taberna.
    En una esquina había una con nombre de diosa, Taberna Venus sin pensarlo ni un instante me acerque allí, até el caballo en una de las argollas que para tal fin había cerca de la entrada y entré resuelto. Nada más atravesar la puerta me pareció conocer aquel lugar, posiblemente ya pise aquel suelo en mi primer viaje a Antioquia capital de Siria.
    Había mucha clientela, y me sorprendí aún más cuando vi a unos parroquianos sentados alrededor de una mesa redonda.
    .Conté siete y no les di gran importancia, se trataba de hombres que jugaban y bebían, lo típico en estos lugares.
    El lugar estaba bien iluminado por los rayos de un sol espléndido primaveral que penetraba por varias ventanas, además era medio día.
    ¿Dije que cuando vi aquella gente me sorprendí recordando algo?
    Perdona amigo lector, a veces se me va el santo al cielo cuando algo me parece conocido y no sé que es, aunque en aquella ocasión me pareció conocer a dos de aquellos hombres que jugaban, bebían y reían sentados alrededor de aquella mesa.

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    Las dudas que en un principio tuve se disiparon cuando advertí que uno de aquellos hizo un gesto al verme y conminó a los otros a que mirasen, señalándome sin ningún disimulo.
    Todos si excepción volvieron la cabeza clavando sus miradas en mi, pero uno dijo en voz alta
    –¡Bha! Dejadlo, ese se debe de haber equivocado de taberna.
    Y siguieron con lo suyo olvidando mí presencia.
    Sin embargo la cara de dos no se me pudieron borrar de mi mente, uno era bajito y regordete, tenia la nariz aplastada hacia un lado como si le hubieran atizado un buen golpe y el otro, aunque estaba sentado se notaba que era de más estatura, estaba calvo y tenia una cicatriz en la frente que le daba un aspecto inquietante siniestro, cómo de criminal en activo.
    Aquellos dos individuos eran los que recordaba de cuando la primera vez que estuve con Poncio Pilato allí en Antioquia y me asediaban por todas partes.
    Si mis sospechas eran fundadas aquella gente debería saber donde estaba Plinio.
    Lo que me extrañó fue que en aquella ocasión no me atacasen.
    Finalmente decidí preguntar en el mostrador al encargado por si me podía indicar donde podía encontrar una vivienda.
    La barra estaba llena de gente tomando vino y refrescos, y de momento no vi a ningún camarero así que me senté sobre un taburete que había libre y me puse a esperar.
    Apenas me hube sentado una camarera preciosa se acercó preguntando con una bonita voz y una sonrisa encantadora.
    — ¿En que puedo servirle? ¿Desea tomar alguna cosa?
    Nunca en mi vida me había sentido tan torpe, aquella imagen me pareció angelical y no acertaba a decir ni una palabra, en mi mente se estableció una densa cortina borrando todos mis asuntos, trasladándome al mismo cielo dejándome sin palabras; en voz baja, empleándome a fondo, solo pude decir.
    –Me parece que me he enamorado de usted y me he quedado mudo.
    La preciosa chica que debería contar unos veinte años se echó a reír consiguiendo que mi cara se pusiera roja de vergüenza.
    Finalmente me rehice, recordé mi problema y le dije abochornado:
    –Perdóneme señorita por mi desvarío, solo quería hacerle una pregunta, pero póngame un vaso de vino y se la hago después cuando tenga un poco de valor.

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    La chica de ojos verdes, escultural figura, y sonrisa sensual se me acercó discretamente y me afirmó:
    –No hace falta que se emborrache para hablar conmigo, pregunte, pregunte: que no muerdo.
    –Aquella simpatía me dejó desarmado, así que le pregunté:
    –¿Sabe usted si por aquí alguien me alquilaría una vivienda?
    Cómo si se hubiera roto el mundo por un cataclismo ella puso un gesto de desencanto y contestó:
    -Eso depende de cómo quiere usted que sea la vivienda. ¿Es para muchas personas?
    –Solo somos dos, mi caballo y yo.
    Nuevamente la joven se recupero de su mal instante y se rió muy divertida, pero aquella vez con tal sonoridad, que muchos parroquianos volvieron la cabeza para curiosear.
    –Que gracioso es usted. Mira que contar a un caballo como persona… Perdone usted mi franqueza; sobre su pregunta le puedo acompañar a casa de una señora vecina que quizás le pueda ayudar, ya que se dedica a alquilar viviendas y eso.
    ¿Una vecina que alquila viviendas y ESO? ¿Qué quiso decir con ESO? ¡Nunca supe a que se refería con- Eso- y decidí averiguarlo en cuanto tuviera ocasión.
    Ante tal ofrecimiento me sentí como si la molestase un poco y alegué, fingiendo consternación.
    No quisiera molestar, dígame como se llama esa vecina y donde vive y ya iré yo a hablar con ella.
    –¡Pero que dice de molestar, si estoy desando salir a que me dé un poco el aire, no sabe usted lo aburrido que es estar todo el día metida aquí.
    Voy a llamar al Jandrín que se cuide del negocio mientras le acompaño a usted.

    El tal Jandrin resultó ser el pequeñajo barrigudo de la nariz aplastada, y le llamaban Jandrin como diminutivo de Alejandro.
    La chica me contó lo de eso, que no me aclaró nada y algunas cosas más por el camino a la casa de la señora vecina que se llamaba María, una VECINA que distaba desde la taberna casi dos horas de trayecto, la tal señora Maria me alquiló una vivienda similar a la que tuve alquilada en Jerusalén y algo más barata porque los precios allí en Antioquia eran más bajos.
    Sobre la vivienda no voy a hacer ninguna descripción porque si empiezo a describir lo que se veía desde la ventana, los ruidos que
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    se escuchaban, del gentío que circulaba por aquella calle enrevesada, llena de tenderetes por ser aquel día precisamente el señalado para el mercado, lo que se acostumbraba a vender, las discusiones y regateos entre los vendedores y clientes, los precios de cada artículo, si además me pongo a describir que desde esa ventana se podía disfrutar del vuelo soberbio de los pájaros vencejos y sus graznidos, persiguiendo a los mosquitos, el humo que salía de alguna que otra chimenea, y los olores que se percibían, algunos perfumados y otros repulsivos voy a aburrir al lector y a mi la verdad no me agrada aburrir a las personas con estúpidas o cursis descripciones y además porque gastaría un puñado de pergaminos y la verdad es que los pergaminos son muy caros y los tiempos que corren no son para tirar los denarios disponibles que cada vez son más difíciles de conseguir.
    Creo que tras reflexiones tan convincentes lo mejor sin duda alguna será mejor no describir ni una habitación, ni mobiliario ni nada, que sin perdida de tiempo volvamos a lo que interesa.
    Persuadido de que como aquella mujer nunca encontraría otra en este mundo ni en mi vida, decidí emplear el tiempo de regreso; ya habíamos simpatizado durante la ida, así que decidí emplear toda mi estrategia romántica del bagaje que dudaba poseer, y emplearlo a fondo, pidiendo a Dios que me ayudase, al menos en esta ocasión fe no me iba a faltar.
    Cómo agente de información llámalo espía o como te parezca, me consideraba un avezado experto, pero cómo conquistador de mujeres, no puedo presumir en absoluto ya que quitando a Livia y alguna otra sin ninguna intención amorosa nunca he tratado a ninguna mujer, por eso me sentí abrumado y sorprendido de mi pericia en aquel momento.
    A veces pienso que no fui yo el que conquistó a Venus, si no que fue ella la que me conquistó a mí.
    Empecé mi asalto de la siguiente forma: le conté a la preciosa de ojos verde apasionante que me llamaba Longino y le dije que nunca había tenido novia porque nunca me había enamorado de ninguna hasta que la vi a ella.
    Por lo visto le pareció harto extraño y protestó exhibiendo una sonrisa encantadora.
    -No me creo nada, me parece usted un poco liante.
    De nuevo le volví a asegurar..

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    -Le repito que solo me he enamorado una vez y ha sido hace un rato cuando la he conocido a usted. ¿Acaso no ha notado como me puse de nervioso al conocerla, que me quedé sin palabras?
    Ante mis astutos argumentos ella se hizo la desentendida, desviando la conversación.
    –¿Y que hace usted aquí en Antioquia?
    Me pareció que debía seguirle el juego así que le contesté con otra observación para volver al tema que me interesaba.
    –Por favor, no me trate de usted, si vamos a ser novios o amigos tráteme de tú.
    Ella se echo a reír alegando:
    –Hay Longino, Longino, me parece a mi que has tenido muchas aventuras y más novias que pelos tienes en la cabeza. ¡Menudo pillín debes ser tú con esa labia!
    –Si te hace feliz pensar que he tenido muchas aventuras no te lo voy a negar pero de novias nunca he tenido ni una y solo pienso tenerte a ti, si quieres, claro y si no me retiraré a una montaña, me meteré en una cueva y allí pasaré el resto de mi vida comiendo hierbas y lagartijas.
    –¿Pero estas seguro de lo que me pides?
    –Nunca he estado más seguro de nada, cuando me conozcas mejor sabrás que jamás miento.
    –¿Y que he de hacer para conocerte mejor?
    – Eso es fácil yo te voy a decir que si quieres ser mi novia y si tú respondes que si, empezarás a conocerme mejor, te lo aseguro. ¿Quieres ser el amor de mi vida
    Entre risas de nuevo ella habló
    –No te puedo contestar a esa pregunta por que esa no es la pregunta que has dicho antes. La pregunta ya que veo que te estas liando te la haré yo. –¿Quieres ser mi novio? Di, si o no. Pero piensa que yo no voy de broma; que yo, créelo o no, solo tuve un novio, que murió; después ya no tuve ninguna relación parecida. Y mira, he tenido pretendientes a montones, pero solo tú me has gustado.
    Creo que me he enamorado de ti solo con verte.
    ¡Por cierto, me llamo Venus!
    Todo aquello me parecía un sueño, algo imposible de creer.
    Me encontraba ante la mujer más exquisita del mundo que me pedía que si quería ser su novio, y me lo estaba diciendo como una diosa del amor, cómo la diosa Venus.

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    Solo debía contestar…¡Si! Por eso me llené los pulmones de aire y exclame—-
    –¡Si!
    Creo que nos habíamos vuelto locos puesto que darse besos en público nunca lo vi hacer a nadie y nosotros lo hicimos.
    Y lo hicimos en la puerta de la taberna Venus a la que habíamos llegado de regreso y allí fuimos aplaudidos por todos los transeúntes y los parroquianos de la taberna, incluido Jandrin,

    Durante los días siguientes, Venus y yo fuimos la pareja más feliz del mundo yo le conté toda mi historia desde aquella maldita noche, que estaba buscando a PLinio para vengar a mi familia matándolo. Le conté también que durante dos años había estado escribiendo todos los documentos que Poncio Pilato me dictaba primero para el emperador Cesar Augusto y después para el emperador Tiberio. Raro era el día en que no le contaba algo de mi pasado cómo que llegué a ser campeón de lucha grecorromana y el combate que perdí haciendo de gladiador sin armas contra Plinio y que no fui muerto por él porque el emperador Augusto me perdonó.
    Luego otro día después de hacer el amor con ella en mi casa le conté las dudas que había sembrado en mí el hecho de que no fuera virgen generando dudas que me perseguirían durante toda la vida, algo que como la venganza contra Plinio me iba a repercutir siempre, porque… ¿Como puede un hombre saber lo que su mujer pudo sentir por otro u otros en el pasado? ¿Recordaría a alguno y lo consideraría mejor que a él? ¿Le habría aceptado para vengarse del otro sin amarlo a él? ¿Volvería con el otro si lo encontraba algún dia o el la buscase? ¿Le habría mentido en algo? ¿Qué podia haber hecho con el otro o los otros y los recordaria siempre?
    Tras todas aquellas preguntas que pudiese tener un hombre, ante una situación en que se encontrase como yo, ella contestó.
    No tengas dudas, tú no eres ese hombre, yo te amo a ti para toda la vida, todo lo demás esta olvidado para siempre
    En otra ocasión le conté que había investigando a un hombre que hablaba a las multitudes en Judea y curaba a la gente de inmediato, tuviese lo que tuviese afirmando que era hijo de Dios.
    Ella nunca me contaba gran cosa, una de las pocas cosas que me dijo fue que su hermano se llamaba Sejano y que como yo, eran romanos, que habían venido a Siria hacía muchos años porque tenían unos terrenos que vendieron para comprar la taberna ya que a su hermano no le gustaba trabajar en el campo y en Antioquia la
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    taberna con vivienda incluida les Salió muy bien de precio y se ganaban la vida estupendamente.
    Un día conversando, le pregunté por su hermano Sejano y le dije que algo no me cuadraba, la presencia de aquellos individuos que antaño me atacaron en diversas ocasiones en Antioquia me tenían intrigado.
    Y ella me contestó.
    -Sejano está de viaje de negocios en Egipto.
    Mi hermano es una persona que no para de pensar en ganar dinero y en cuanto le hablaron de unos proyectos en Egipto le faltó tiempo para marchar allí.
    Dentro de un par de semanas volverá y lo conocerás, creo que os llevareis bien.
    En cuanto a tus sospechas sobre Jandrin y sus amigos, debes de confundirlos con otras personas, los conocemos desde hace más de cinco años y son trabajadores sin antecedentes de nada.
    No te preocupes estás muy alterado por aquellos sucesos tan terribles de tu infancia.
    No me convenció la explicación sobre los amigos de Jandrin, pero algo les debía de haber sucedido ya que hacía varios días que no los veía por la taberna y se lo dije a Venus preguntándole:
    -Oye Venus. ¿No te has dado cuenta de que el Jandrin y sus amigos ya hace unos días que no vienen por la taberna?
    Venus se me quedó mirando indecisa antes de contestar.
    Longino, creo que estas un poco enfermo con todas esas ideas que te tienen obsesionado, estos tíos son como todos, una veces vienen y otras no, eso le pasa de vez en cuando a todos los clientes, dejan de venir y a lo mejor no los ves en un siglo por decirte algo y cuando menos los esperas aparecen como si tal cosa.
    Olvídalos no te atormentes más, amor mío.
    No muy convencido con aquellos razonamientos le pregunté.
    -¿Y no sabes donde vive alguno? Te pregunto esto porque el primer día me pareció que conocías muy bien a Jandrín ya que le dejaste el negocio en sus manos.
    Venus se sonrió antes de ponerse muy seria y contestar.
    -Mira Chico, lo dejé que se cuidase del negocio cómo se lo pude haber dejado a otro, son todos clientes de confianza.
    No le veo a eso nada de malo, creo que ves demasiados fantasmas por todas partes, me tienes muy preocupada.
    Y sobre sus domicilios no tengo ni idea de donde vive ningún cliente, nunca me ha interesado saber eso.
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    Después de aquella conversación ya no quise molestarla más pero a ratos me dedique a ir buscándolos por los distintos bares del barrio con la esperanza de que si eran del entorno por fuerza un día u otro los localizaría.
    Lamentablemente no di con la pista de ninguno y me dije: Lo mejor será esperar al hermano a ver si él conoce a Plinio aunque se haya cambiado el nombre.
    Ha sido una pena que hayan desaparecido los de la mesa redonda, que sin duda sabían muchas cosas y se me esta acabando la comprensión, la resignación y la paciencia.

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    CAPITULO X I I I

    Las dudas

    Solo faltaban tres días para la vuelta de Sejano, el hermano de Venus.
    Desde que hablé con un cliente del bar que me dijo que el establecimiento solo llevaba un par de años inaugurado, descubrí que Venus debió mentir al decir que habían ido allí hacia muchos al menos oho o diez para comprar la taberna con vivienda incluida por un precio muy bueno con lo conseguido en la venta de unas tierras.
    Desde ese momento no he investigado nada más.
    Mi desconfianza cada vez es más patente. ¿Porqué Venus me engaña en estos pequeños detalles?
    Mi estado mental esta tan atormentado y desconfió de tantas cosas que prefiero esperar a que el destino actúe y ponga cada asunto en su lugar.
    Por eso cuento los días, las horas y los minutos que faltan para el regreso del hermano de Venus.
    Si el destino me ha traído a este rincón del mundo para conocer a esta mujer por algo será, el destino es intangible, incierto, a veces maravilloso y otras terrible, pero puede resultar increíble si el hermano de mi amor resulta ser el malvado Plinio, que se hubiera cambiado el nombre.
    Claro que si Sejano fuera Plinio, Me hubiera dicho algo, no sabía a que atenerme. Siempre pensé que la casualidad no existe.
    No paro de meditar en que las cosas suceden por algo por algo misterioso que desconocemos.
    No sabía cómo reaccionaría si mis sospechas respecto a Plinio resultaban fundadas y el hermano de Venus era él.
    Mil incógnitas acudían a mi mente al imaginar que podría perder el amor de ella si me tuviera que enfrentar a Plinio por ser el asesino de mi familia.
    De nuevo las dudas me atormentaban; por un lado pedía a aquel hombre que dijo ser hijo de Dios que hacise el milagro de que
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    Sejano no fuese Plinio y por otro le supliqué que lo fuese y terminase de una vez aquel tormento que me retuercía el alma y el corazón sin piedad de forma tan atroz e interminable.
    Ya solo faltaban tres días para saber el final del misterio.
    Ya eran demasiadas las mentiras que fui descubriendo aún sin poner énfasis en ninguna investigación, posiblemente el haber sido un sabueso durante tanto tiempo me había hecho desconfiado y todo lo desmenuzaba buscándole la parte oculta, recuerdo aquel dia en que descubrí en la espalda de ella unas marcas cómo si le hubieran dado latigazos y ella aseguró que estando en la bodega le había caído una estantería encima produciéndole aquellas heridas ya cicatrizadas.
    Y cuando dijo que su novio se llamaba Rufo y nunca se había acostado con él y descubrí que no era virgen y me contó que había perdido la virginidad por que había sido violado de muy pequeña por un vecino loco, y que su novio había muerto victima de un accidente, al caer del caballo, y averigüé que ni se llamaba Rufo, si no Tulio y murió ahogado siendo hallado muerto en un río.
    Ya eran demasiadas las mentiras pero era tan grande mi amor que llegué a pensar que la culpa era mía por ser tan desconfiado, que las personas suelen decir cosas que no son verdad sin malicia, que a veces la culpa de las mentiras la tienen más los oídos de quien escucha que las palabras del que habla. Que a veces uno oye mal lo que le dicen por estar pensando en otras cosas cómo a mi me sucedía continuamente.
    Así iba pasando el tiempo, así fueron transcurriendo las horas,
    los minutos que yo contaba incluso en mis sueños, hasta que por fin llego el tan ansiado día.

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    CAPITULO XIV

    LA VENGANZA

    Sejano llegó y cuando lo vi no supe si era o no el hombre al que tanto deseé encontrar.
    Como era costumbre en mi, las dudas acudieron prestamente a mi espíritu desconfiado
    Cuando bajó de su caballo yo estaba junto a Venus y ni se percató de mi presencia, ambos se abrazaron y cuando se separaron ella me presentó con estas palabras llenas de emoción:
    -Sejano aquí te presento a Longino mi novio, mi hombre.
    -Tanto gusto en conocerte, Venus ya me había hablado de ti.
    Esa fue la respuesta de él mientras me estrechaba la mano efusivamente y yo lo examinaba con suma atención.
    Aquel hombre de una edad cercana a la cuarentena, salvo la estatura similar a la de Plinio no se parecía en nada al que tanto había buscado por medio mundo.
    Sejano era gordo, muy distinto a Plinio que tenia una figura de atleta incomparable, su dentadura era completa y llevaba un parche en el ojo derecho debido a un accidente que tuvo de pequeño según me había contado ella, su hermana.
    Por un lado di gracias a Jesús de Nazaret con mi pensamiento al quitarme tal peso de encima y aclarar mis dudas; pero por otro lado se me iba a complicar la vida ya que no pensaba de ningún modo olvidar el juramento que un día hice en sueños a mi madre, de que nada en el mundo me haría desistir de buscar al culpable del martirio al que fuimos sometidos todos los miembros de nuestra familia y el asesinato de ellos seis,
    Después de conocer a Sejano la vida me pareció más bella, mi novia Venus se desvivía por mí y yo por ella.
    Todo parecía haber terminado muy bien, sin embargo a los pocos días de nuevo a mi acudieron aquellos sueños en los que mis padres me inducían a seguir buscando a Plinio
    -No te olvides de nosotros, vénganos y descansaremos en paz.

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    Sejano nos contó que en Egipto el negocio que le habían propuesto era invertir una respetable suma de dinero en la construcción de
    carreteras, puentes y servicios que unieran varias ciudades de gran importancia para el comercio y la industria además de la construcción de un puerto y una red marítima entre diferentes países para facilitar el intercambio comercial.
    Sejano finalizó su disertación diciendo con desaliento:
    -Es muy difícil hacer negocios con los egipcios, si no tienes una fortuna para invertir; nosotros solo disponemos de esta taberna y algún dinero para ir abasteciéndolo de bebidas y lo necesario.
    Si tú pudieses prestarme cierta cantidad con la condición de devolvértela en dos años con intereses me harías un favor inestimable. Mi hermana me ha dicho que no tenías problemas económicos.
    Aquella petición me dejó un poco desconcertado, no podía echarme atrás por el cariño que le tenía a Venus, así que le contesté:
    -No soy tan rico como crees, pero si puedo ayudarte lo harésin ningún interés dime cuanto necesitas y lo consultaré con mis administradores en Roma.
    Al momento Sejano me dijo la cantidad mínima necesaria para invertir en los proyectos egipcios.
    -Necesito unos doscientos mil denarios de aureos,( Denarios de oro)
    Al escuchar tal cantidad, no me dio un sincope por muy poco, eso era una fortuna imposible; no obstante le contesté intentando mantener la serenidad.
    –No creo contar con tal cantidad, sin embargo si te parece bien, deberías esperar un par de semanas, haré un viaje a Roma y veré si puedo reunirla con la colaboración de mis amistades.
    Sejano aceptó la condición de esperar dos semanas con otra condición:
    -Si en ese tiempo no vienes con el dinero no es necesario que vuelvas y olvídate de nosotros.
    Ante tal atrocidad no pude seguir manteniendo la tranquilidad.
    -¿Cómo que me olvide de vosotros? ¡En todo caso me olvidaré de ti, de Venus jamás! ¿Quien te crees que eres?
    Al verme tan enojado Sejano cambió de actitud y con un tono más sosegado y atento agregó:
    –¡Pero hombre por qué te pones así! ¡Perdona pero esa es una forma que tengo de probar el amor entre personas, solo quería saber el cariño que le tienes a mi hermanita!
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    Espero que no te lo hayas tomado a mal.
    Por mi parte no te pongo ningún impedimento, esperaré el tiempo que creas necesario, el que necesites. ¿Dos semanas has dicho? ¡De acuerdo, quedamos en dos semanas!

    Ignoro si Sejano notó mi desánimo cuando le dije sin excesiva convicción:
    –Bueno, partiré mañana al amanecer, si quieres algún encargo de Roma que lo pueda traer en mi caballo dímelo ahora y al regreso te
    Lo traeré
    –Pues mira me gustaría que me trajeses una espada de gladiador siempre he querido tener una.
    Al rato de despedirme de Sejano le dije a Venus:
    Tu hermano, no comprendo por qué me recuerda a Plinio
    Hemos tenido una conversación y se ha enfadado gritando como lo hacía Plinio recordándome su voz, después ha dicho una frase que también me lo ha hecho recordar cuando dijo no se qué de un sistema que tiene para comprobar hasta donde se quieren las personas.
    Bueno, ya se que estoy condicionado con lo de mi familia pero son tantas las cosas que me pasan con tu hermano que a veces no se que pensar.
    En cuanto me levante he de coger mi caballo y partir a Roma a ver si consigo reunir casi un cuarto de millón de áureos, (denarios de oro) para tu hermano.
    Yo no sé como voy a reunir tal cantidad pero bien saben los dioses que lo hago por ti, por que si no… Bueno vamos a dormir un rato que me queda mucho camino para llegar a Roma.
    Por cierto me ha pedido que le procure traer una espada de gladiador… Otra cosa rara… En fin, creo que tantas casualidades son demasiadas, si no fuera tu hermano tan diferente pensaría que es Plinio
    Cuando llegué a Roma fui al banco a ver a cuanto ascendía lo puesto a mi nombre.
    Apenas habían trescientos mil denarios de plata y necesitábamos doscientos mil áureos o sea denarios de oro una cantidad diez veces superior según mis cálculos.
    Aunque no sabía cómo lo tenía que conseguir, me había comprometido y lucharía por ella, no por su hermano que me caía fatal no sabía por qué. ¡Por ella!

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    No me atrevía, pero si me atreviese iría a pedir ayuda al gobierno, si estuviera Cesar Augusto iría y le pediría ayuda, pero con Tiberio no me atrevía, me daba mucho respeto.
    Con Cesar Augusto seguro que conseguiría toda la ayuda necesaria, aquel emperador me tenia mucha simpatía, pero con Tiberio… ni pensarlo seguro que me pasaría cómo a otros que desaparecieron sin dejar rastro, lo mejor era olvidar al emperador y buscar por otros lados. Quizás vendiendo las tierras y el ganado llegase a tan desorbitada cantidad, claro que en tal caso debería ser con la condición de respetar el tratado con los sirvientes; a esas personas no se las podía dejar en la calle cómo ya sucedió en otra ocasión. Su comportamiento fue leal, irreprochable, no merecían ser obviados bajo ningún concepto.
    Los sirvientes me recibieron con inusitada alegría, me pasé el resto del día en su compañía y me contaron que todo marchaba viento en popa como dicen los marineros cuando todo va viento en popa, o sea, perfecto.
    Aquel último año llovió cuando había que regar y salió el sol cuando tenían que recolectar, fue un año espléndido.
    Sin embargo había que espabilarse y salir a buscar el dinero donde fuera.
    Al otro día fui al gimnasio donde habían varios luchadores amigos, conocía a algunos gimnastas cuyos familiares eran gente de gran poder monetario, pero me encontré con gentes desconocidas y los jefes me recibieron con hostilidad ya que antes cuando yo era campeón de lucha grecorromana de todo el Imperio, para ellos era un orgullo y satisfacción que les servia de publicidad para captar muchos alumnos y entonces cuando me habían descalificado y desposeído del titulo por abandono al haberme incorporado al ejercito y a pesar de seguir presumiendo de mi nombre, me recibieron fríamente. Viendo tanta frialdad no me atreví ni a mencionarles el problemita.
    Así que al día siguiente fui al colegio de gladiadores donde Octavio el promotor y todos mis antiguos compañeros me recibieron con notable entusiasmo
    Una vez expliqué al promotor mi problema este convocó una reunión para una semana más tarde a la que acudieron todos los gladiadores, los libres y los fijos a los que les hablé pidiendo ayuda en estos términos aproximadamente y digo aproximadamente ya

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    que después de tantos años me resulta difícil recordad cuales fueron las palabras exactas.
    Amigos y compañeros míos, os he convocado para pediros ayuda económica. He conocido a una chica y nos hemos jurado amor para siempre, resulta que ella tiene un hermano que ha de hacer una inversión de muchos denarios en Egipto y ella me ha pedido ayuda.
    Como es natural yo que soy su familiar más próximo le he prometido el dinero para su proyecto en el que se puede ganar una cantidad muy importante, pero resulta que no tengo suficiente a menos que venda mis tierras lo que no quiero hacer para no dejar en el paro a muchas familias que trabajan para mí y son muy leales y buenos trabajadores.
    Cómo sé que muchos de vosotros manejáis mucho dinero he pensado haceros partícipes de este negocio del que de momento no os puedo definir que ganancias se pueden abstener hasta no finalizarlo.
    No obstante he hablado con mi banco y me dan el dinero si pongo mis tierras de garantía.
    Espero no tener que recurrir a ellos por los motivos explicados y por los altos dividendos que me piden. Dividendos que seguramente neutralizarían las ganancias del negocio.
    Y por eso os pido vuestra colaboración en lo que cada uno estime conveniente.
    Yo os firmaré un documento y os garantizo como gladiador que soy como vosotros que ganareis mucho concediéndome tal ayuda. Y además os quiero decir que hoy me ayudáis a mi y mañana puede que yo os ayude a vosotros si me necesitáis no dudéis que mi mano mis bienes y mi espada estarán al lado de todos vosotros me ayudéis o no, porque todos somos iguales ante la vida y la muerte.
    Una ovación llena de entusiasmo colmó todas mis aspiraciones y aunque nadie me hubiera ayudado, aquel momento no lo hubiera cambiado por nada.
    Veinticuatro horas después fui al gimnasio, Octavio el promotor me entregó una bolsa conteniendo una cantidad de denarios y un papiro con la lista de los participantes y la suma de dinero aportada por cada uno, resultando que había conseguido casi el doble de lo estipulado.
    Muy contento, después de saludar a todos los allí presentes me fui pero por el camino me entretuve unos minutos con un antiguo amigo de mis tiempos de estudiante y cuando llegué a casa me

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    encontré con el gladiador Flavio esperando, lo que me extraño mucho, hasta que me explicó el motivo de su presencia allí.
    -Apenas te has marchado del circo Máximo, empezamos a discutir el asunto del dinero.
    Todos sin excepción estaban indecisos ya que no se fiaban, no de ti, si no de otras cosas como de tu cuñado y de lo que pudiera consistir esa inversión que no nos contaste,
    Yo fui de los pocos que puso mi dinero en la bolsa y Octavio el promotor de combates y el jefe de entrenadores tomó nota de la cantidad que en mi caso fue de veintiséis mil áureos, denarios de oro, toda mi fortuna.
    El caso es que después de pasar por todos solo habíamos reunido cuarenta y dos mil, cantidad insuficiente, por eso tuve que insistir y tratar de convencerlos de que teníamos que fiarnos de ti y del proyecto de tu cuñado, tras una nueva recaudación conseguimos doblar el dinero necesario tal como lo has recibido, pero tuve que hacer una promesa ante la petición de varios y es que que deberé velar por ese dinero desde este momento.
    O sea que te acompañaré a Siria y me ocuparé de lo que sea necesario para que ese dinero no se pierda tontamente ni por el camino ni por una mala gestión, piensa que ponemos en esa aventura todo el producto de poner en peligro de muerte muchas veces nuestras vidas, una inversión que tu cuñado me tiene que explicar detalladamente lo que se tendrá que reflejar en un contrato firmado por ambas partes, tú cuñado como perceptor del dinero y nosotros dos en representación de todos los que hay en el listado que se adjunta.
    Todos los pormenores que surjan los deberé explicar a todos los interesados una vez regrese a Roma
    Si no aceptas mi compañía deberé retornar el dinero a sus dueños ¿Qué opinas?
    Después de tan extensa explicación sin pensarlo ni un instante le contesté:
    -Para mi será un placer tenerte de compañero en esta aventura, pero no me gusta perder el tiempo, si no tienes ningún problema mañana apenas amanezca salimos rumbo a Antioquia, ya que casi he pasado el tiempo estipulado aquí. y ya no me queda nada por hacer. ¿Te parece bien?
    La respuesta de Flavio no se hizo esperar, fue instantánea y concisa.
    -¡De acuerdo, aquí estaré¡
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    Apenas amaneció Flavio se presentó montado en su caballo ataviado de gladiador lo que me hizo exclamar.
    -Pero Flavio ¿Cómo vas a venir vestido así? Ten en cuenta que vamos a hacer un viaje de más de veinte horas y terminarás destrozado.
    Su respuesta no me convenció pero o aceptaba o le tenía que devolver la bolsa con los casi cuatrocientos mil denarios de oro. Por eso no le puse más inconvenientes cuando dijo.
    -En esa bolsa llevamos una fortuna inmensa de oro y por el camino podríamos tropezar con algún problema.
    Por mi no te preocupes estoy acostumbrado a vestir así horas y horas. Por cierto ¿Tú vas armado?
    Verdaderamente Flavio tenía mucha razón y tras pensarlo unos instantes le contesté:
    -No había pensado en ningún problema pero ahora que lo dices
    Creo que tienes mucha razón, hombre prevenido vale por dos
    ¡HA! Por cierto, llevo una espada en este paquete para un encargo, así que la sacaré de su bonito envoltorio y me la ceñiré al cinto por lo que pudiera suceder.
    Durante el trayecto paramos al medio día para comer en una taberna que encontramos antes de entrar en Siria y allí estuvimos hablando un rato.
    Flavio en cierto momento me preguntó ¿Y como es que te has echado una mujer de una taberna con la mala reputación que tienen?
    A lo que yo le contesté un poco enojado por tal insinuación.
    -En Siria no están tan mal vistas las mujeres que entran en las tabernas ni las que allí están sirviendo al público, son costumbres muy diferentes a las romanas.
    En Roma tienen prohibida la entrada de mujeres a las tabernas y solo las prostitutas están allí ejerciendo su cometido, pero en Antioquia es muy diferente, en las tabernas se vende de todo como en cualquier mercado de abastecimientos, toda clase de alimentos cocinados o crudos, es otro mundo muy diferente donde todas las mujeres pueden entrar y hacer sus compras mientras los hombres si las acompañan y han de esperar o quieren, beben un vaso de vino; en lo único que coincidimos es en que está prohibido a los parroquianos jugar con dinero, a los parroquianos ni a nadie, el juego con dinero está muy controlado y prohibido en las tabernas.
    Después de comer, tiempo en que también los caballos lo hicieron y descansaron, partimos para al poco entrar en territorio sirio.

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    Cabalgamos unas seis horas desde que entramos en Siria y al adentrarnos en un bosque fuimos rodeados por una banda de forajidos encapuchados a caballo que nos gritaron.
    -¡¡¡ALTO AHÍ, ESTO ES UN ATRACO!! !
    ¡¡LA BOLSA O LA VIDA!!
    Flavio Me miró sonriendo y me dijo.
    ¡Ves como también en Siria hay trigo sucio! ¡Ala, vamos a trabajar un poco!
    Sin mediar palabra ambos nos lanzamos al unísono contra los que teníamos más cerca y en un santiamén dejamos fuera de combate a cuatro, los otros cuatro bandoleros al percatarse de que no nos habían asustados y sabíamos defendernos a las mil maravillas, espolearon sus monturas desapareciendo por entre los árboles.
    Viendo el atraco ya dominado, desmontamos y nos pusimos a examinar a los bandidos por si alguno estuviera herido y necesitaba ayuda pero todos estaban muertos.
    Al quitarles las capuchas vi que uno de aquellos muertos tenia la nariz torcida como de un golpe y era bajito y gordo por eso exclamé
    -A este lo conocía era… ¡Jandrin!
    Flavio al oírme decir que conocía a un atracador me aseguró con presunción y cierta lógica.
    Si conocías a este es porque seguramente sabían que pasarías cargado de dinero.
    Se rascó la barbilla antes de proseguir con la pregunta:
    -¿Quién pudo decírselo? ¿Quien lo sabia? Realmente lo sabíamos todos los gladiadores pero al ser atracados aquí en Siria lo más lógico es que fuesen de este lugar.
    – De Siria solo tenían conocimiento mi cuñado Sejano y Venus y no creo que tuvieran ningún interés en que no les llegase el dinero, pienso yo. Sería una incoherencia.
    – Yo no pienso lo mismo. Quitando los gastos del atraco, se hubiera apropiado el dinero y no tendría que devolverlo con los intereses. Incluso ya no era necesario hacer ninguna inversión, con la mitad de ese dineral tendrían para vivir eternamente cómo multimillonarios.
    Aquella explicación de Flavio me hizo desconfiar de Sejano ya que en la taberna conté siete y esta vez eran ocho, claro que eso nada probaba, el hecho de que Jandrín fuera uno de los asaltantes no quería decir que los otros fueran los del grupo que lo acompañaban.
    112

    En la taberna eran siete contando con él y ocho si estaba añadido Sejano.
    Cuanto yo hablase con Venus sabría si se había ausentado su hermano o si había visto algo raro durante mi ausencia.
    A Flavio no quise discutirle nada, pero pensé que unos atracadores nunca le darían el producto conseguido en un atraco a nadie, a menos que el jefe fuera… No creo que Sejano, y menos Venus…
    Algunas horas después cuando empezaba a oscurecer
    divisamos la gran ciudad de Antioquia, y mi corazón empezó a desbocarse con tremendos acelerones intuyendo la proximidad de mi amada, la mujer que me había fascinado, Venus.
    Para ir a la taberna Venus tuvimos que rodear media ciudad y cuando al fin llegamos ella se me echó encima como una loca cubriéndome de besos ante la concurrencia que llenaba el bar.
    Luego, al ver a Flavio pestañeó como si alucinase seguramente extrañada por que estaba vestido como un gladiador romano, imagen que solo había visto en una escultura, según dijo después. Entonces advertí que no había presentado a mi amigo el cual permanecía expectante, distraído contemplando el ambiente del establecimiento solo alumbrado por lucernas de aceite distribuidas de una forma convencional.
    Después de las presentaciones Sejano se quedó en la taberna atendiendo a los clientes y nosotros acompañamos a Venús a la trastienda y cenamos antes de irnos a dormir.
    Debo añadir que yo seguía portando la bolsa con el dinero, hasta que explicase a Sejano lo del contrato y todo eso, a la mañana siguiente.
    Aquella noche a Flavio lo acompañé a mi casa y durmió en la habitación sobre el colchón de plumas y yo regresé y dormí con Venus en su habitación, una de las dos que tenía la vivienda detrás de la taberna.
    En la otra dormía siempre mi cuñado Sejano.
    Cuando entregamos la bolsa conteniendo los denarios de oro
    tras arreglar lo del contrato Sejano no pareció estar muy feliz, ni cuando se contó la cantidad que superaba los cuatrocientos mil, lo que me extraño mucho.
    Había conseguido tras no pocos esfuerzos, y palabras para convencer a mis amigos, una considerable fortuna para que él pudiese invertir en su proyecto comercial y no parecía alegrarse. Quizás su carácter era muy reservado, pensé, pero por mi cabeza siempre desconfiada atravesó la duda que me indicó Flavio.
    113

    No podía creer que Sejano hubiera intentado con unos bandoleros hacerse del dinero limpiamente. Sin embargo la presencia del
    malogrado Jandrin con los atracadores no me la podía quitar del pensamiento, aunque nada dije para no molestar a Venus con sospechas, sin pruebas fehacientes.
    A los dos días, después de que Sejano nos explicase a Flavio y a mi en que consistía el proyecto de inversiones en Egipto; no muy convencido mi amigo decidió regresar a Roma con los contratos firmados y cierta prisa ya que tenia que luchar en el circo Máximo,
    dos días después.
    También noté en Venus cierta inquietud pero no le dí mucha importancia ya que las mujeres son muy extrañas y yo no tenía ninguna experiencia con ese género.
    Aquella misma noche tras la partida de Flavio, Sejano se mostró eufórico y cuando el bar se quedo vacío de clientes dijo. :
    -¡Para celebrar el éxito conseguido con la captación del dinero, propongo un brindis con un vino estupendo que tengo en la bodega guardado; es de Hispania.
    Voy a traerlo ahora mismo.
    Venus y yo nos quedamos esperando, pero viendo que tardaba un poco, ella fue a buscarlo y a los pocos minutos regresaron ambos portando una bandeja con tres copas y la botella del mencionado vino que resultó ser un vino de Hispania gran reserva de Jumilla con denominación de origen.
    El anfitrión, sonriendo dijo:
    — He tardado un poco porque no recordaba donde lo había puesto.
    Y añadió mirándome, sin dejar de sonreír:
    Verás que vino tan bueno, este no es como el romano, aguachado.

    Brindamos varias veces, hasta agotar la botella de tan estupendo
    liquido y seguimos hablando de añoranzas sobre nuestra tierra y la juventud.
    Y fue entonces cuando Sejano empezó a quejarse de retorcijones en el estómago.
    Al principio pensé que el vino le había sentado mal pero cuando vi que cada vez se quejaba más, y al poco rato a Venus también le vinieron aquellos extraños retorcijones y a mi no, empecé a pensar que algo muy grave les sucedía y salí en busca de ayuda.
    Encontré a un doctor media hora después, cuando me acompañó un vecino, pero al regreso el doctor solo pudo certificar la muerte de los dos hermanos.
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    Al retirar los dos cadáveres vi que en el suelo, a los pies de Venus había un papiro escrito, lo recogí y pude leer:
    Longino: amor mío, mi hermano creo que ya está muerto y yo quiero en mis últimos instantes decirte lo siguiente.
    Mi hermano era Plinio y te ha querido envenenar pero yo lo he visto a tiempo y le he cambiado la copa cuando miraba en otra dirección en un descuido hablando contigo, lamentablemente también me había envenenado a mí y no lo supe hasta que fue tarde.
    A Flavio, cuando se marchó le di un mensaje que solo te lo daría si a mi me pasaba algo. Y si nos sucedía a los dos podría leerlo el y obrar en consecuencia.

    Después de morir Venus y Plinio, Ya nada me ataba a Siria y volví a Roma, aún me quedaban un par de cosas que hacer, devolver el dinero a los gladiadores que habían confiado en mí y leer lo que Venus me había escrito antes de morir.
    Una vez en Roma y tras haber devuelto el dinero a sus propietarios, Flavio me entregó un envoltorio lacrado en el que encontré lo que escribió Venus.

    Querido Longino: si este escrito llega a ti es por que yo he fallecido y si no y lo lee alguna otra persona será porque ninguno de los dos esta vivo.
    Lo anterior te lo digo porque Plinio es mi hermano, que huyó de Roma temiendo luchar contra ti al ver como lo hacías y adivinando que lo matarías.
    Como buena hermana lo seguí y lo fui conociendo ya que por no haber vivido con él dado qué estuvo en el ejército muchos años, no imaginaba ni remotamente lo malvado y criminal que era.
    Tú me abriste los ojos cuando me contaste lo que con sus compinches había hecho con tu familia.
    Hay quien dice que el mundo es un pañuelo donde los seres humanos siempre se encuentran, y cuando tú lo encontraste, antes de que lo vieras te vio él a ti.
    Habló conmigo contándome todo el problema que tenía contigo sin decirme el porqué de esas desavenencias; por eso huyó a Grecia y después a Egipto donde había un dentista que le hizo una dentadura postiza.

    115

    Luego se tapó un ojo para ocultar mejor su rostro, ya que nunca le pasó nada en ese ojo cómo te hizo creer.
    Me advirtió que no te dijese nada porque eras muy malo y podias matarnos a los dos.
    Todos esos cambios de la dentadura postiza y el parche en el ojo ya me los había dicho a mi, yo no sabía que hacer
    Todo empezó a ir mal entre mi hermano y yo cuando lo descubrí abusando de una niña en el sótano de la casa, a la que degolló ante mis ojos, como hizo con tus hermanas ante ti, amenazándome de muerte si te decía algo, o lo denunciaba, amenazas que repetía siempre, sobre todo después de violarme a mi muchas veces y hacerme tragar su asqueroso semen.
    Cuando calculó que deberías volver a Siria con el dinero se puso de acuerdo con sus amigos, entre ellos el tal Jandrin para esperarte y atracarte en el camino.
    Lo que le salió mal al ver que ibas acompañado por un gladiador famoso.
    Y al comprobar como luchabais, huyó cobardemente por lo que también me amenazó de muerte dándome una paliza con un látigo como hacia siempre a la vez que me gritaba- Ya estoy harto de ti y de tu hombre, un dia de estos os voy a matar a los dos. — Esta vez no me mató de milagro.
    Yo sabía que un día intentaría matarte cómo hizo con el novio que tuve antes que tú al que envenenó por celos ya que mi hermano fue el que me deshonró poniéndome un puñal en la garganta; nunca me respetó como hermana ni cómo persona, decía que Adán y Eva eran hermanos así como sus descendientes, pero nunca se me pasó por la cabeza que también me mataría a mi.
    Jamás pensé que sería capaz de matar a su propia hermana.
    Lo de envenenarte lo dijo varias veces incluso que me quería matar a mi también, yo creí que solo eran amenazas, por eso lo vigilo siempre, perdóname por no haberte avisado, pero estoy aterrorizada, espero que seas tu el que leas antes que nadie este mensaje pero si así no fuera, tengo la esperanza de que la ley actué con firmeza y justicia. Te quiero mucho.
    Venus

    Después de leer aquella breve nota lo comprendí todo.
    Venus vigilaba a su hermano y lo debió ver echando veneno en la copa destinada a mí, pero lamentablemente no debió darse cuenta que ya lo había echado en otra copa, la destinada a ella. Por lo visto
    116

    ella prefirió que muriera su hermano antes que yo, y no debió percibir que Plinio había proyectado matarnos a los dos, a ella y a
    mí, pero al cambiar ella la copa destinada a mi por la de su hermano murió él, aunque ella también con la otra copa envenenada.

    La perdida de mi amada Venus me sumió en una gran depresión, de la que aún a la edad de 87 años no he podido superar, al menos estuve un mes leyendo y releyendo aquellas últimas palabras de ella mientras mis mejillas se llenaban de lágrimas de tristeza.

    Ahora ya viejo, después de tantos años me encuentro escribiendo mis memorias en una ciudad de Hispania que se llama Tarraco, me he traído los restos de mi amada Venus aquí cerca del mar Mediterráneo donde tanto le hubiera gustado vivir conmigo, y a mi con ella hasta que Dios nos llamara.
    Cuantas veces hablamos de un lugar cerca de playas en Hispania, un lugar precioso donde hubiéramos creado una familia numerosa, y seguramente esa familia se hubiera ido ampliando con muchos niños para disfrutar de su compañía, a los que cuidaríamos mientras sus padres se ocupasen de sus labores cotidianas.

    Su tumba esta en la cima de una montaña desde la que se ven volando las gaviotas y se oyen sus graznidos, mientras las olas van rompiendo una tras otra sobre las rocas que hay debajo de un acantilado, enviándonos destellos del sol continuamente.
    Ya solo espero que Dios en el que ya creo firmemente sin ninguna duda, me llame para estar al lado de mi amada eternamente.

    Sobre tu tumba he puesto una inscripción que dice.

    Conocerte fue fácil.
    Conquistarte difícil. Olvidarte… imposible.

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    Fin

    – P.D. Estas memorias escritas en un pequeño libro de pergaminos las envolveré y ordenaré que cuando me muera lo pongan junto a mí, en el ataúd, al lado de los restos mortales de ella, Venus.

    1

    EL EVANGELIO
    del
    centurión

    POR ANTONIO LARROSA DIAZ
    TODOS LOS Derechos reservados

    Antes de escribir ni una sola palabra sobre el tema quiero dejar muy claro que esto es solo una novela basada en un tiempo, sin ánimo de molestar a nadie, por raza, creencias o género
    Cualquier semejanza con personas u hechos reales es pura coincidencia.

    el evangelio del centurion by Antonio Larrosa Diaz is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.
    Creado a partir de la obra enwww.creativecommons.
    Puede hallar permisos más allá de los concedidos con esta licencia en ningunaEn Lloret de Mar el dia 13 de marzo del año ( 2016-03-13) desde el Hotel Helios
    2
    A MARIA MI ESPOSA Y A VENUS LA PROTAGONISTA
    DE ESTA HUMILDE HISTORIA.

    ME GUSTAS CUANDO RIES
    PERO NO CUANDO LLORAS
    POR ESO INTENTO
    HACERTE FELIZ A TODAS HORAS

    NADA ES ETERNO EN LA VIDA
    SOLO EL AMOR
    LO CONSIGUE SI NO SE ENFRIA

    3

    CAPITULO I

    MASACRE

    Toda mi familia estaba muy contenta porque la cosecha de cereales había sido espléndida; mi padre había conseguido muy buen precio y por eso mi madre nos preparó una cena extraordinaria, inolvidable. Lamentablemente inolvidable para mí, y no por los manjares que nos había dispuesto, si no por lo que sucedería aquella noche.
    Apenas habíamos tomado asiento ante la mesa cuando un gran estruendo de cristales rotos que provenía de la parte de arriba de la casa hizo que mi padre y mis dos hermanos mayores Liberto de veintiocho años y Marcos de veintiséis subieran corriendo a comprobar que lo había ocasionado.
    Un gran alboroto como de gritos y pelea nos hizo temer que alguien podía haber entrado por la ventana de alguno de los dormitorios situados en aquella planta.
    Inmediatamente, mi padre apareció gritando:
    –¡Huid!! ¡Huid, nos atacan!
    Un hombre joven ataviado como un legionario romano que lo seguía le asestó un golpe tremendo en la cabeza con una maza y mi padre cayó rodando por la escalera hasta el suelo del comedor quedando allí sin conocimiento.
    Al momento vimos caer rebotando por los escalones la cabeza ensangrentada de Liberto quedando a los pies de mi madre que se desmayó al verla, tras exclamar:
    ¡Hijo mío, que me lo han matado!
    Mientras, mis dos hermanas Lucia de veinte años y Tita de dieciocho que se habían apartado asustadas, contemplaban aterradas aquellas escenas tan terribles abrazadas en un rincón.
    En unos instantes el comedor se llenó de soldados romanos que cogieron alborozados con aviesas intenciones a mis hermanas empezando a disputárselas con los ojos inyectados en lujuria.
    –¡Esta morenaza tan guapa y hermosa para mi!
    El que eso gritó ansioso era un soldado gigantón barbudo bizco, cuyo rostro estaba surcado por una cicatriz desde la oreja hasta la comisura del labio del lado derecho de la cara, dándole un siniestro aspecto, mientras

    4

    empleando gran violencia arrastraba a Lucía echándola sobre un arcón que situado junto a la puerta había,
    Ella gritaba como loca presintiendo las intenciones de aquel soldado con aspecto terrible, mientras el la desnudaba arrancándole el vestido a manotazos y tirones.
    Me resulta horriblemente doloroso recordar lo acontecido aquella noche y creo que para ser feliz en esta vida, muchas personas deberíamos perder la memoria completamente.
    Me es muy difícil y describir cuanto ví aquella inolvidable noche, pero a pesar de ello lo haré poniendo palabra por palabra, aunque sean muy barriobajeras y penosas a fin de no quitar rudeza a lo acontecido.
    Mientras, un soldado de aquellos me sujetaba, otro amenazaba a Marcos al que una vez capturado, lo habían bajado al comedor y le estaba pinchando con un puñal en la garganta, por la que fluía un hilillo de sangre.
    No me mates. No me mates: (Gritaba mi hermano desesperado)
    -¡Calla o te rebano el cuello como al otro!
    Contestó el soldado amenazando con suma acritud.
    Todo eran gritos he improperios
    El soldado que me sujetaba le preguntó a gritos a uno que debía ser el jefe que en aquel momento se hallaba al otro lado del comedor observando a mis hermanas con mucha atención.
    -¿Plinio: qué hago con este crío…¿Lo mato ya?
    Me extrañó que el tal Plinio fuese el jefe, por ser quizás el más joven, aparentaba unos veintipocos años, pero su mirada siniestra, mirada asesina me impresionó desagradablemente, cuando con aire petulante contestó al que le había preguntado:
    -¡No, de momento déjalo que vea como nos follamos a sus hermanas! -¿porque son tus hermanas, estas hermosuras… ¿No?
    Me preguntón desde donde se encontraba en voz alta, mirándome fijamente, esperando una respuesta que no le di al pensar que había llegado mi última hora y por mi cabeza solo pasaba el deseo de escapar o al menos defender hasta la muerte a mis hermanas. Pero todas mis esperanzas se desvanecieron cuando entre aquel soldado y otro me ataron a una silla pese a mis pataleos y gritos.
    Exclamando el tal Plinio en tono burlón:
    -Desde aquí verás todo el espectáculo que te dedicaremos en exclusiva antes de que te cortemos la cabeza.
    Te vas a divertir mucho, ya verás.
    Y en efecto, todo lo vi. Un estupor creciente me impedía cerrar los ojos.
    El tal Plinio, el que parecía ser el jefe de aquellos miserables les ordenó, con cierta autoridad.
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    -Soldados: dejad el cachondeo para después: Ahora hay que buscar el dinero y alimentarnos, con lo que esta buena señora nos ha preparado; una exquisita cena.
    Después mirando a mi madre que permanecía desmayada sobre el suelo añadió ¿No esta mal la señora, verdad chicos? Luego, cuando este disponible os la follais si queréis.
    Y mientras hablaba exhibiendo una sarcástica sonrisilla de una boca casi sin dientes señalaba las piernas de mi madre, que fue destapando hasta la cintura con un palo de escoba y bajándole las bragas con el mismo palo después.
    Nadie podrá nunca saber el dolor y la indignación que yo sentía viendo a mi madre desmayada medio desnuda junto a la cabeza ensangrentada de mi pobre hermano Liberto.
    El grandullón barbudo que ya se disponía a perpetrar su acción contra Lucia, ya completamente desnuda y que no paraba de llorar y gemir desconsoladamente a la vez que se tapaba lo que podía; la cogió en brazos, y aunque ella además pataleaba, abrió el arcón, que estaba repleto de ropa, puso a mi hermana dentro y sin contemplaciones, lo cerró con muchas dificultades por estar muy lleno, subiéndose acto seguido encima y apretando hasta que con la ayuda de otro pudo echar los cierres, animado por los aplausos y risas de todos sus compañeros y los gritos angustiosos que todavía se oían, muy amortiguados de ella dentro del arcón.
    Sentados ya alrededor de la mesa, los conté y eran quince. Quince que se comieron la estupenda cena que mi madre y una sirvienta que ya se había marchado había hecho con todo su cariño para nosotros; un cordero al horno, unos quince o veinte pescados doradas, pan en abundancia, además de todas las botellas de buen vino que teníamos en la casa (unas doce) finalizando el ágape con frutas diversas de postre.
    Hasta que no quedo nada no pararon de comer, beber y reír con estruendosas carcajadas, mientras de vez en cuando nos daban sin ningún motivo ni consideración patadas y puñetazos a mí y a mi hermano Marcos, también atado a mi lado.
    De pronto vi a mi otra hermana Tita que estaba bajo la mesa lloriqueando mientras le chupaba el pene al que supongo que era jefe el tal Plinio que le sujetaba la cabeza con ambas manos y no paraba de amenazarla si no se esmeraba y dejaba de lloriquear.
    -¡Chupa y calla, o te corto la cabeza, cacho putita!
    Ese insulto supongo que lo dijo porque ella solo tenía dieciocho años y desnuda parecía una criatura de trece o catorce.
    De pronto vi como mi padre empezaba a moverse y abría los ojos con cierto desconcierto ya que no debía ver bien seguramente por que le
    6

    habrían destrozado la corteza craneal, o porque salía de una confusión indescriptible y no conseguía situar o enfocarlas imágenes en su estado natural.
    Desgraciadamente ellos, también se apercibieron del despertar de mi padre Y Plinio el jefe, apartó a mi hermana dándole un empujón, se puso bien la faldilla tapándose y empezó a interrogarlo.
    -Mira viejo, hemos registrado toda la casa y no hemos encontrado el dinero que te han pagado por la cosecha, así que si aprecias la vida de los tuyos dinos ahora mismo donde lo tienes escondido y nos iremos después con el dinero, dejandoos tranquilos.
    Mi padre, medio aturdido le suplicó:
    -Por favor no nos matéis podéis quedaros con todo lo que tenemos, pero no nos hagáis ningún daño.
    El dinero está dentro de una bolsa encima de la biga que hay arriba sobre la ventana de la primera habitación. Cogedlo y marchaos, por favor.
    -¡Tú, Juliano, ya has oído al viejo llorón, sube y trae la bolsa esa que ha dicho!
    Tras ordenar al soldado que fuera arriba en busca de la bolsa con el dinero, se dirigió a mi padre y le espetó con énfasis amenazante:
    -¡Como la bolsa con el dinero no esté sobre la biga esa que has dicho, te voy a cortar los cojones delante de tu familia ahora mismo.
    Mi padre al ver a mi madre tirada en el suelo y medio desnuda… Preguntó:
    – ¿Qué le ha pasado a mi mujer? ¿Qué le habéis echo?
    -A tu mujer no le ha pasado nada, de momento, se ha desmayado al ver esa cabeza a su lado y que tú no la has debido ver desde donde estás. Eso le ha sucedido al muchacho que supongo debía ser hijo tuyo por atacarnos; así que ya lo sabéis, al que no nos obedezca le cortamos el pescuezo, o lo hacemos pedacitos en vivo y asunto concluido.
    Me es difícil seguir escribiendo el horror de lo que allí en la casa de mi familia aconteció aquella maldita noche bajo la tenue luz de las cuatro lucernas de aceite del comedor, que acentuaban las humillaciones y angustias a que fuimos sometidos por aquellos miserables sin sentimientos, pudor ni hombría.
    Una vez el soldado Juliano regresó del piso de arriba con la bolsa del dinero, todos se pusieron muy contentos al ver su contenido, una verdadera fortuna en monedas de oro y plata.
    Las súplicas de mi padre que les pedía angustiado y llorando que nos dejasen en paz y se fuesen con el botín conseguido, tal como Plinio el jefe, le había prometido, fueron despreciadas con burlas y acompañada de carcajadas, patadas y puñetazos, contra nosotros, alegando que aún tenían

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    que divertirse hasta que saliese el Sol del nuevo día fornicando con nuestras hermanas, mi madre y el resto de la familia.
    El gigantón abrió el arcón donde había metido a Lucia y la sacó asfixiada, estaba muerta, lo que no le inmutó en absoluto ya que la puso con las piernas abiertas sobre la misma mesa donde habían comido, apartando con
    un brazo, platos , botellas , cubiertos y cuanto le estorbaba, tirándolo todo al suelo y exclamó riendo:
    -¡Vaya, la mamonaza esta se ha muerto, pero como aún esta caliente su hermoso cuerpo, la follaremos hasta que nos hartemos, poneos en fila los que queráis!
    Todos sus compinches sin excepción aplaudieron la idea y entusiasmados se pusieron en fila para alimentar sus bajos instintos. Y cuando el gigantón se colocó encima de mi hermana muerta, exclamo riendo estruendosamente.
    ¡-Perdonad, si tardo un poco pero es muy difícil desvirgar a una virgen muerta. ¡¡ajjajajaja!!
    Mi padre no paraba de gritar:
    -¡Criminales, asesinos!
    Y Plinio, le conminó a guardar silencio amenazándole con hacer lo mismo con Tita con las siguientes palabras obscenas.
    ¡Calla viejo mamón, aún tenemos que divertirnos un buen rato.
    -Sentiría entregar a mis hombres a esta otra, ya que le he tomado aprecio por lo bien que la chupa, lo buena que está y porque me la quiero llevar para mi uso privado.
    En ese momento mi madre empezó a recuperarse del desmayo y como le pasase antes a mi padre, tardó un poco en darse cuenta de la situación. Entonces, Plinio subido sobre una silla dijo:
    -Como que ya se ha despertado la señora de la casa y estamos todos, vamos a jugar al juego del amor verdadero, el amor sin tacha, ese juego en el que sus componentes se demuestran el amor y la fidelidad sin límites que se prodigan aguantando inocentes pruebas.
    Un juego en el que lamentablemente siempre que lo hemos realizado han fallado los concursantes, lo que demuestra la falsedad y la hipocresía de las personas que fingen mucho amor y a la hora de demostrarlo fallan; lo que ocasionó la muerte de todos los jugadores de las anteriores pruebas. Bueno, menos de nosotros que solo somos simples espectadores con derecho a intervenir, y a juzgar el comportamiento de los jugadores a los que os deseamos mucha suerte y disfrutéis con este juego tan ameno y divertido.
    Después: dirigiéndose a nosotros, nos explicó en que consistía el mencionado juego:

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    El asunto consiste simplemente en que obedezcáis lo que yo os diga. Se puede hacer este juego muy interesante con varios en cada equipo, pero hoy lo haremos con solo dos contrincantes cada vez para abreviar y facilitar su desarrollo.
    Uno hará lo que se le ordene y el otro permanecerá atento con los ojos bien abiertos y sin mirar a ninguna otra parte hasta que yo de por concluido el juego, que como comprobareis, creo haberlo dicho antes es muy ameno y
    divertido, la única norma es que si alguno no se atiene a las reglas establecidas condena muerte a su contrincante, muerte que se le dará por nosotros de la forma lo más humana posible para no causarle ningún sufrimiento ni dolor, ya que somos muy buenos y tenemos excelentes sentimientos. Bueno como ya creo haber dicho el que no obedezca será culpable de su contrincante, que será decapitado por nuestro experto aquí presente, Cestio, del que estoy muy orgulloso por lo bien que corta cabezas, brazos piernas o cualquier otro miembro que sea necesario.
    Creo haberos explicado muy claramente como funciona el juego, pero para evitar alguna confusión desagradable lo volveré a explicar más detalladamente, con un simple ejemplo:
    Una vez iniciado el juego ya no será interrumpido bajo ningún concepto y como veréis, nosotros vamos a colaborar con todo nuestro entusiasmo para conseguir la satisfacción general y que disfrutéis como nosotros, Ya veréis que divertido. Os vais a reír mucho, estoy seguro.
    Bien, como ya dije, el juego es muy simple, se trata de comprobar los vínculos del amor al máximo posible, porque hay que tener en cuenta que: El amor y la confianza son difícil de conseguir pero muy fácil de perder- y de eso se trata. Vamos al ejemplo: A ti viejo, yo ordeno que te comas este trozo de pan y tu hijo debe ver como te lo comes sin cerrar los ojos ni distraerse con nada, pero si tú te niegas a comerte el pan, tu hijo será decapitado por Cestio nuestro decapitador oficial; por otro lado existe la opción de que sea tu hijo el que no quiera que te comas el pan y proteste , grite, amenace, insulte o se desentienda o distraiga cerrando los ojos o mirando para otro lado en cuyo caso serás tú el decapitado. Como es natural en cualquier juego hay un límite de tiempo y en este cada jugada es de media hora, más o menos, según veamos nosotros los jueces. ¡Jajaja!
    Una vez que ya sabéis en que consiste el juego…. ¡Empecemos con tus hijos! Ella contra él. Dime amiga mía…¿Como se llaman?
    Ante la pregunta que hizo Plinio el jefe, en tono exageradamente amistoso a mi madre, ella le contestó muy alarmada:
    -Ël se llama Marcos, ella, Tita.
    -Estupendo: Empecemos el juego. Ahora tú Tita, serás follada por varios soldados y si te niegas serás declarada culpable de la muerte de tu
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    hermano, así que pon todo tú interés en que los soldados queden satisfechos ¿eres virgen?
    Con los ojos chispeantes de rabia y la cara roja de vergüenza e impotencia mi hermana contestó, sumisa con apenas un hilo de voz:
    -Si
    -En tal caso seré yo el primero ya que tengo amplia experiencia rompiendo hímenes, virgos o como quieras llamar a esa cosita que tienes estorbando en tu bonito conejito, además porque me complace mucho hacerlo.
    Por favor, preciosa ponte aquí con las piernas bien abiertas.
    Titubeante, Tita abochornada subió a la mesa abriéndose de piernas ayudada por él jefe que se puso encima iniciando su cometido con entusiasmo. Pero tanto entusiasmo puso que no reparaba en el dolor que producía en Tita que a cada embestida chillaba como si la estuvieran destrozando las entrañas, lo que ocasionó gran alboroto en sus soldados que no perdían detalle gritando y riendo animando a Plinio.
    ¡Muy bien Plinio métesela a fondo, que parece que le gusta mucho, ¡JAAJA!
    Mi padre y mi madre cerraron los ojos no queriendo ver aquella monstruosidad y como no entraban en el juego que se circunscribía en esta ocasión solo a Tita y Marcus. Plinio les dijo que…
    No esta bien que os desentendáis de vuestros hijos pero no os preocupéis no os lo tendremos en cuenta ya que ahora no jugáis vosotros, pero cuando os toque no olvidéis las reglas.
    Marcos, mordiéndose la lengua furiosamente aguantó lo que pudo llorando copiosamente, sin embargo cuando llegó el tercero de los fornicadores perdió el control y empezó a gritar como un loco.
    -¡Hijos de puta, cabrones, dejad a mi hermana, por favor, por favor, por favor.
    No terminó de gritar y llorar, el jefe Plinio con una ligera señal de la mano dio la orden al decapitador, que apartando al que en ese momento la estaba fornicando, cogió a la chica del pelo, la arrastró hasta tirarla al suelo y de un golpe de espada la decapitó ignorando los gritos de ella y de toda mi familia desesperada, pidiendo clemencia.
    La linda cabeza de Tita rodó por los suelos llena de sangre, quedando con los ojos desorbitados mirando al techo.
    Apenas tres horas después toda la familia menos yo había sido aniquilada. Lo que le hicieron a mi padre como lo de mi madre y mi hermano, no puedo explicarlo por terrible y vergonzoso, pero llegados a ese momento el decapitador oficial, manchado completamente de sangre le preguntó sonriendo ladinamente al jefe.
    –¿Plinio qué hago con el crío? ¿Lo mato también?
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    Plinio que parecía estar muy alterado y furioso le gritó: (Seguramente por la muerte de Tita mi hermana)
    -¡ Yo en tu lugar no haría una pregunta tan estúpida!..¡Mátalo de una puñetera vez y larguémonos de aquí!
    El decapitador me cogió de un brazo y aunque forcejeé, pataleé y grité aterrado lleno de desesperación, me arrastró junto a los restos de mi familia, que habían amontonado en un rincón, levantó la espada y…
    Cuando ya me consideraba muerto, soltó el arma y se desplomó atravesado por una lanza.
    El que me había salvado fue un nuevo legionario romano que seguido por tres más que a pesar de ser menos bajaron sin miedo la escalera enfrentándose con los otros soldados romanos asesinos en una lucha indescriptible en la que en principio parecía imposible que solo cuatro pudieran vencer a quince y cuando los soldados amigos empezaban a flaquear llegaron gritando y armados con toda clase de herramientas del campo todos los sirvientes al mando de Floro, uno de ellos.
    Apenas unos minutos después, aquellos soldados asesinos menos su jefe y el gigantón, que huyeron al ver el cariz que tomaban los acontecimientos, estaban muertos sobre el pavimento del comedor que se iba iluminando lentamente por un Sol ceniciento del amanecer que empezaba a entrar a través de las ventanas, en un día invernal, insinuándose tímidamente.
    Un día en el que se inició en mí una gran admiración e inquietud por llegar a ser como aquellos soldados legionarios benefactores y poder perseguir a Plinio y al gigantón hasta el fin del mundo para vengar el exterminio de mi familia.
    Luego supe que los que me habían salvado eran de una formación especial, una élite de policías militares que perseguían a los soldados desertores, muy numerosos en aquellos tiempos.
    Creo que a estos soldados que me habían salvado los comparaban con la…Guardia Pretoriana. Los mejores legionarios del imperio.
    Y una cosa que me influyó bastante en mi decisión por ser uno de ellos, fue que al ir a dar las gracias por haberme salvado al que los comandaba llamado Eliseo, me contestó muy serio acariciando mi cabeza:
    -No tiene importancia, solo eran una pandilla de borrachos indecentes, y menos mal que nos ayudaron los trabajadores de la finca porque eran demasiados para solo nosotros cuatro.
    Añadiendo con pesadumbre:
    – Lástima que llegásemos demasiado tarde para salvar a toda tú familia y que escapasen los dos más sanguinarios, que no dudes, seguiremos buscando hasta que los atrapemos.

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    Después me contó que un sirviente que se llama Floro, que dormitaba en la habitación de una de las viviendas situadas cerca de nuestra gran villa campestre se había despertado alterado por los gritos provenientes de nuestra casa, se acercó y observó por la rendija de una ventana como a mi madre la estaban atormentando metiéndole un grueso palo por la vagína,
    haciéndola gritar de dolor, mientras mi padre que estaba atado lloraba desesperado.
    Los maltratadotes gritaban burlándose y reían.
    Había que buscar ayuda, pero a Floro le pareció demasiado arriesgado acudir a los otros obreros de la finca que vivían en las casas contiguas ya que sin experiencia en la lucha personal y sin las armas adecuadas hubieran muerto derrotados indudablemente todos. Los asaltantes eran soldados con experiencia, armados y numerosos, imposibles de vencer por nosotros.
    Inmediatamente cogió su caballo y fue a buscar ayuda, que encontró cerca de un bosque donde sabía que habíamos acampado el día anterior. Nos contó todo lo que vio y salimos rumbo a la gran villa, pero en el camino, al amanecer, tropezamos con el sitio donde los desertores habían dejado sus caballos bajo el cuidado de dos a los que tuvimos que eliminar con la consiguiente pérdida de tiempo.
    Normalmente a los desertores cuando los atrapamos los crucificamos, o los enviamos al estadio, si los vemos fuertes o lo eligen ellos teniendo la posibilidad de luchar con los gladiadores, pero en este caso han tenido suerte y han sido eliminados casi sin dolor, cosa ocurrida por las circunstancias, imprevisibles.
    Ya hacia unos días que los estábamos siguiendo y puedo asegurarte que al localizarlos hubiéramos actuado de otra forma y no se nos hubiera escapado ninguno; pero en fin, lo sentimos por ti y tu familia, que no hemos podido salvar por llegar tarde.

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    CAPÍTULO II

    EL SENADOR

    Después de aquella dramática noche, se inició para mí una nueva vida, se me consideró impúber por tener solo trece años y fui adoptado por mi tío Ovidio, hermano de mi padre y que por entonces era senador romano, y cómo no tenía descendientes, a su esposa Agripina le pareció estupendo.
    A partir de ese momento mi tío se ocupó de todo lo concerniente a los trabajos y explotación de las tierras de mi familia, que eran muy extensas e importantes, hasta que yo fuese mayor y capaz de negociar tales fincas heredadas, en que me pasaría cuentas de gastos y beneficificios, gastos que el miraba de minimizar y beneficios de maximizar, como buen tutor.
    Verdaderamente nunca pensé que reprocharía nada a mis padres adoptivos que además de sus problemas habían cargado con los míos ocupándose de mi educación en las mejores escuelas de Roma, donde puse el máximo interés en todos los niveles, culturales, donde aprendí geografía, matemáticas, idiomas , entre ellos el Griego, el Ebreo, Latin, Germánico y el Hispano, entre otros menos importantes.
    Recuerdo que algo que me costó mucho comprender fue lo concerniente al control del tiempo, no entendiendo muy bien como era posible que el año en un principio lo dividíamos en diez meses desde marzo a diciembre según las fases lunares, y que luego todo se trastocase según las posiciones del Sol en que añadimos Enero y febrero dividiendo el año no solo en doce meses, que tampoco eran iguales, si no también en cuatro estaciones, Primavera, verano, otoño e invierno y que el día o la noche a veces según fuera invierno o verano tenia las horas más cortas o más largas.
    Fue entonces mucho tiempo después, cuando yo contaba diecisiete años que me tropecé casualmente en la Via Apia con Floro, el sirviente que con su familia estaba domiciliado en una de las viviendas situadas junto a la casa de mis padres, el sirviente que se ocupaba de los trabajos del campo con los obreros necesarios para el mantenimiento de las labores agrícolas desde el acondicionamiento de las tierras, el sembrado, el cultivo y la cosecha.
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    Aquel encuentro me emocionó mucho ya que desde la fatídica noche ya explicada en estos escritos no volví a ver nunca más hasta entonces.
    Enseguida nos abrazamos con evidente simpatía, sobre todo por mí que nunca mientras viva olvidare que este hombre fue el que buscó a los
    policías romanos y a los sirvientes compañeros de él que con su ayuda eliminaron a casi todos los soldados desertores, los que mataron a mi familia después de mil humillaciones; el hombre al que debo mi vida.
    Floro me contó una serie de cosas que yo ignoraba, acontecimientos que si no hubiese sido un simple mozalbete de diecisiete años al menos debí saber y que ignoré por desidia, por no preguntar siquiera por el y su familia cosa que siempre he procurado evitar desde entonces pensando que .. El que no es agradecido no es bien nacido.
    Entre otras cuestiones; Floro me contó que mi tío los había desahuciado sin contemplaciones dándoles un pequeño tiempo para que abandonasen las viviendas, dejándolo a él y su prole, además de otras cuantas familias en la calle y sin trabajo pasando de llevar una vida aceptable a una vida de mendigos.
    -No puedes figurarte lo penoso y denigrante para nosotros que siempre estuvimos agradecidos a tú padre, el encontrarnos en esta situación. Nosotros que siempre hemos trabajado al máximo para que tú familia no tuviera queja, y solo por ganarnos el alimento y un techo donde guarecernos. En fin ya ves como estoy vestido de andrajos, no sé ni como es posible que aún estemos vivos con tanta miseria y hambre que padecemos.
    Ante tales declaraciones me quedé absorto
    No imaginaba ni remotamente que motivos podría tener mi tío para actuar de esta forma y a pesar de ser casi un niño le prometí a Floro que pediría explicaciones a mi entonces padre adoptivo y tutor haciendo lo posible, fuera como fuera para ayudarles.
    -No te preocupes: Floro: Hablaré con mi tío, que cómo debes saber ahora es mi padre adoptivo y tutor, para que restablezca vuestra situación lo antes posible.
    Yo ya soy considerado mayor de edad, si sigo estando bajo la custodia de mis padres adoptivos es por los estudios, pero si hace falta los dejo, por vosotros, si mi padre Ovidio no pone solución a vuestro problema, dejo los estudios y a ellos aunque los quiero mucho.
    Si te parece bien, mañana a esta misma hora sexta nos podemos ver aquí mismo y te traeré el dinero que pueda conseguir, que espero que mi tía Agripina me dé, ya que ella me quiere mucho y tiene muy buen corazón. Ya te diré lo que haya conseguido.

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    Nos despedimos con un fuerte abrazo mientras los transeúntes nos miraban extrañados al ver como un joven tan elegantemente vestido con la toga virilis, (señal de alcurnia) abrazaba a un viejo mendigo andrajoso.
    Durante el trayecto a la mansión donde vivía no dejé de pensar en como enfocar los argumentos que expondría a mis actuales padres; cómo reaccionarían ellos, ni que sacaría en claro de tan triste situación.
    Un mar de dudas se agolpaban en mi cerebro, Por un lado en mi se había despertado además de la inquietud de ser un valeroso soldado para vengar a mi familia y luchar contra el crimen, otra nueva contra mi padre adoptivo, yo que lo consideraba un hombre justo, incapaz de una villanía contra ningún ser humano y ahora de repente lo empecé a ver como un ser abyecto, sin escrúpulos de ninguna clase.
    ¿Cómo era posible que hubiera realizado una acción tan despreciable contra aquel que había actuado para que yo fuese salvado?
    Apenas entré en la lujosa villa, mi madre Agripina se apercibió de mi estado y me preguntó con curiosidad manifiesta.
    -Longinos: ¿Qué te ocurre, que pones esa cara tan sombría? ¿Te has enfadado con alguien? ¿Tienes algún problema?
    Ante estas preguntas, aproveché la ocasión para contar los acontecimientos y así recabar la opinión de mi madre Agripina, quizá ella me facilitase la tarea de enfrentar el problema con mi padre o al menos me contase algo del caso si lo sabía.
    Por otro lado si le contaba lo que me tenía inquieto compartiría mi problema con ella y eso era muy importante en aquel momento.
    No me equivoqué, la reacción de ella fue instantánea, enseguida comprendió mi pesar y dijo, guiñándome un ojo y dedicándome una amplia sonrisa.
    -Tú, cuando vuelva tú padre del senado no le digas nada. Ya me encargo yo del asunto, y no temas, las mujeres sabemos como hablar a los hombres para conseguir todo lo que queremos.
    Cuando mi padre regresó del senado a punto estuve de preguntarle lo que tanto me intrigaba, pero no dije nada a pesar de que mi madre Agripina parecía haber olvidado el problema, ya que no mencionó tampoco nada sobre el asunto.
    Mi tutor, pasó la tarde escribiendo un nuevo tratado legal, algo relacionado con el orden público o con algún problema de los que siempre había en algún lugar de Imperio que ya se estaba formando; durante la cena nada se habló del caso, solo de cosas intrascendentes, lo típico y cotidiano o sea del tiempo el clima y esas cuestiones.
    Yo, ya me estaba poniendo nervioso.

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    Si no hubiese sido por una ligera señal de mi madre adoptiva que me hizo con la mano como…( Ten un poco de paciencia,) ya hubiera empezado a hablar porque estaba persuadido de que ella se había olvidado o se desentendía.
    Pero se ve que las mujeres lo que desean de un hombre, se lo exponen por la noche porque apenas mi padre se levantó, y me estaba aseando para acudir al colegio se dirigió a mí diciendo:
    -Cuando desayunemos recuérdame que tenemos que hablar de algo muy importante, no lo olvides.
    Ya, en la mesa para el desayuno, antes de empezar a hincar el diente a nada, me atreví a preguntar:
    -Padre, antes me has dicho que teníamos que hablar de algo muy importante, así que dime de que se trata.
    Mi padre adoptivo me miró de soslayo con suma atención y me dijo:
    Tú madre Agripina me ha contado ciertas dudas que tienes concerniente a los servidores que tenían tus padres en su casa, y lo que sucedió con ellos no ha sido como tu imaginas, una arbitrariedad mía, sino que lo que hice fue esperando lo mejor para todos, para nosotros, o mejor dicho, para tus intereses y los de ellos; me explicaré, a ver si lo entiendes.
    No puedo consentir que dudes de mis intenciones ni de mi honorabilidad.
    Como bien sabes, soy senador de Roma, un cargo que nos obliga a ser justos y precisos en todas nuestras acciones e intenciones.
    Pues bien, yo siempre he estado contra la esclavitud humana y nunca, mientras tenga un soplo de vida no dejaré de defender mis ideas que creo muy necesarias por el bien de todo ser humano, por eso, cuando me tuve que hacer cargo de ti, dada mi total ignorancia sobre las labores de mi hermano tu padre, relacionadas con la agricultura y la ganadería y cómo las tierras que nos dejó son inmensas pedí el asesoramiento de una empresa experta en tales cuestiones, una sociedad que hizo un exhaustivo estudio de todo, detectando que esos sirvientes eran esclavos de tus padres, unos esclavos muy especiales que producían perdidas cada año en las cuentas porque los esclavos no cobran nada por su trabajo, que en este caso son mantenidos ellos y sus familiares a expensas del amo además de tener derecho a un techo, durante toda su vida, cuando en otros casos sin más esperanzas ni ventajas de ninguna clase; unos seres humanos muy desgraciados.
    Pero tras el estudio de esta sociedad resultó que cómo hay que mantener a estas personas y sus familiares durante año tras año trabajen el campo o no, haga calor o frío y solo hay unos meses para el trabajo agrícola, la mayoría del tiempo lo pasan sin tales labores y no por eso dejar su legal mantenimiento, total que resultaban a fin de cuentas mas gravosos para la
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    economía del amo que pagando a unos obreros solo cuando hicieran falta. Por eso reuní a todos los esclavos y les dije que les iba a dar libertad, si les parecía bien, que lo pensaran en unos días sin prisas y me diesen la respuesta, momento en que si aceptaban la libertad, podían abandonar esta casa y buscarse la vida como seres completamente libres para lo que yo les proporcionaría un documento acreditando su estado liberal.
    La verdad es que no lo pensaron mucho, apenas terminé de hablar todos se pusieron muy contentos y felices y enseguida les proveí de los documentos
    necesarios y abandonaron las viviendas, no volviendo a saber nada de ellos hasta esta noche en que tu madre me ha contado la situación tan penosa en que se encuentran. Es por eso que creo muy urgente que nos reunamos todos, incluido tú que eres el futuro amo, para hablar y poner una solución a esta complicación. Una complicación que afecta a siete familias con cincuenta y siete personas. Si sabes como contactar con alguno, le dices que reúna a los cabeza de familia para acordar la reunión donde estudiaremos como arreglar este entuerto. Realmente nunca creí que la libertad fuera tan triste para los obreros, al contrario, siempre pensé que la libertad era algo que tarde o temprano seria un bien de todas las personas y no solo de los poderosos, como veo que sucede ahora. El otro día discutiendo este asunto de abolición de la esclavitud, un senador amigo, me dijo:
    Ovidio: la libertad no es tan fácil de implantar como tú opinas, pon atención en este ejemplo tan simple que te voy a contar.
    En mi casa tenemos dos perros; uno que es muy arisco siempre está atado junto a la puerta del jardín a fin de que no vaya a morder a algún visitante, y el otro que parece muy manso lo tenemos suelto, en completa libertad, pues resulta que el perro atado parecía que se había tranquilizado, ya no ladraba a nadie y siempre estaba enroscado junto a su cadena, creímos que estaba enfermo de tan triste que parecía encontrarse. Pero no estaba enfermo, según el facultativo estaba muy sano.
    Cada vez que veía al perro atado y triste me parecía que se encontraba más apenado, por eso decidí cambiarlos por una temporada y atar al que siempre estaba tan feliz con su libertad y liberar al otro.
    Lo que resultó de este experimento casi no lo podía creer: El perro liberado estaba furioso y atacaba al otro, como queriendo recuperar la cadena, la cadena que lo esclavizaba, pero a pesar de tenerlos en esa situación varios días y no entendiendo lo que pasaba los volví a cambiar encontrándome con la desagradable sorpresa de que el que antes estaba tan feliz y pacífico empezó a atacar al otro queriéndole quitar la cadena de la que tiraba con violencia.

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    A veces amigo mío no es tan fácil apreciar lo que es la libertad y por eso no tuve más remedio que poner una cadena a cada uno para que se tranquilizasen. No creo que las personas seamos como los perros pero nuestras inquietudes nos pueden confundir; -A nadie le gusta que le quiten lo que considera suyo aunque sea una maldita cadena que lo esclaviza.
    Después de contarme la historia de los perros, mi padre adoptivo se me quedó mirando como esperando alguna otra pregunta y al final viendo que yo no le decía nada exclamó muy serio:
    Tú madre me ha dicho que hasta que no encontremos una solución para tus amigos les has prometido ayudarles con dinero. ¿Cuánto necesitas? Ten en
    cuenta que lo que te adelante será contabilizado cuando llegue la hora, así que ya lo sabes.
    Creo que con unas cuantos denarios de plata podrán pasar varios días. Hoy a la hora sexta me veré con Floro y se las entregare, diciéndoles todo lo que me has contado, incluso la historia de los perros que supongo que no le va a parecer muy graciosa, ni sugerente.
    En el colegio hoy se trató el tema tan odiado por mi, El control del tiempo, durante toda la mañana se estuvo estudiando lo concerniente a los años bisiestos y los relojes de arena y de sol, pero en mi imaginación solo había espacio para el encuentro que tendría con Floro para contarle todo lo ya expuesto y entregarle el dinero que en una bolsita tenía, cincuenta denarios de plata, suficiente para vivir sin agobios siete familias durante más de un mes. Después de entregar la bolsa con el dinero a Floro, acordamos un encuentro con mi padre adoptivo dos días después, tal como él me indicó y ver que solución daba a estas personas.
    Y en la fecha y hora convenida en el lugar adecuado que en tal ocasión fue la misma villa señorial donde se aniquiló a mi familia por los desertores y aquellos diezmados por la patrulla de policías militares con la ayuda de los sirvientes.
    Mi tío tutor Ovidio y ya padre adoptivo empezó preguntando a la concurrencia que en tal caso eran todas las personas liberadas pero con tan mala fortuna que se habían convertido en mendigos porque nadie quería dar trabajo a esclavos liberados, prefiriendo darlo a romanos.
    -Nos hemos reunido aquí para discutir la situación en la que estáis por culpa de un mal entendido. Cuando os propuse convertiros en personas libres y os pusisteis tan contentos pensé que os había hecho muy felices y que al ser libres alcanzaríais una situación estable con un bien social estupendo , pero nunca supuse ni por un momento que llegaríais a ser más infelices que siendo esclavos, claro que el estado de esclavitud en el que os tenía mi hermano no era el que se conoce de esclavos en este país ni en ningún lugar del mundo, porque ya sabéis que un esclavo no tiene derecho
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    ni a formar una familia , ni sus hijos a vivir con una familia . Todos sabéis que mi hermano os compró hace muchos años como esclavos pero nunca os trató como es lo normal en esta sociedad en que no se os permite nada de nada, donde vuestros hijos son vendidos y separados de los padres y otras cuestiones similares con vuestras mujeres; mi hermano que poseía buenos sentimientos os permitía tener una vida muy relajada como si fuerais componentes de su propia familia.
    Yo creí que dándoos la libertad, ese bien tan estimado por las personas seriáis muy felices, pero la palabra esclavo no me gusta y espero que desde donde mi hermano esté se sentirá satisfecho de lo que he pensado hacer con vosotros.
    Creo que lo que os voy a proponer será algo intermedio entre la libertad y la esclavitud.
    He pensado tras mucho reflexionar que podéis volver a vuestras casas y vivir como antes sin ser esclavos. Seréis completamente libres
    y abandonar estas casas cuando lo estiméis oportuno; mientras tanto se os dará un sueldo por vuestro trabajo, un sueldo digno de forma que en el tiempo en que no laboréis las tierras tengáis ahorrado lo suficiente para vivir hasta que volváis a vuestras labores agrícolas, o trabajar en ese tiempo libre en otros menesteres, claro que para llegar a eso deberéis ser conscientes de administrar el dinero de forma que os cubra todo el año. Esa es mi proposición y si alguno no la considera a su entera satisfacción puede marcharse donde quiera o pueda como hombre libre que es.
    Ahora espero vuestra respuesta y no quiero que haya malos entendidos.
    Actualmente soy el amo y señor de las tierras que fueron de mi hermano, en cuanto Longino termine sus estudios o los deje por voluntad propia serán de el, mientras tanto yo soy el tutor y debo administrar su negocio con celo y la sabiduría de que sea capaz como si fuera mió, por eso deberéis aceptar de buen grado mis ordenes que siempre serán en beneficio de ambas partes, de él y vuestra.
    Eso es todo lo que quería deciros. Si alguno tiene alguna objeción, idea o propuesta que mejore nuestra relación de patrón y obrero, os ruego la expongáis, os prometo estudiarla con sumo interés.
    Después de la breve exposición de mi tutor un silencio sepulcral invadió el recinto, Floro y los demás se pusieron a hablar en voz baja, casi imperceptible.
    Paréciame que alguno no estuviera de acuerdo en algo, pero aquel silencio duró apenas unos minutos y fue Floro el que lo rompió con las siguientes palabras.

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    Excelente señor Ovidio, todo lo que ha dicho nos ha dejado mudos de asombro ya que no esperábamos tanta generosidad de tan importante persona como sabemos que es usted.
    Estábamos dispuestos a volver a ser esclavos en las mismas condiciones que teníamos con su honorable hermano que descanse en paz, incluso creímos que sería difícil llegar a ese acuerdo.
    Floro, hizo un gesto ambiguo como si estuviese pensando lo que debía añadir y mirando a mi tutor le comunicó en el nombre de todos, ya que por lo visto él estaba autorizado por unanimidad.
    Ahora usted lo ha superado y estamos muy agradecidos, haremos cuanto este a nuestro alcance para no defraudarle y que este satisfecho con nosotros como lo estamos nosotros de usted. Gracias de corazón, le doy en el nombre de todos mis compañeros y sus familiares. Que tenga usted larga vida llena de salud y prosperidad.
    Una ovación de todos aquellos pobres mendigos dio término a tan memorable reunión.

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    CAPITULO III

    EL circo MÁXIMO

    Había cumplido dieciocho años cuando mis padres adoptivos me propusieron acompañarlos para ir a celebrarlo viendo un espectáculo muy ameno que se realizaría con motivo de los juegos florales en el circo estadio Máximo.
    Era este un estadio desmontable de proporciones inmensas y forma elíptica a la que se le habían añadido unos cincuenta mil asientos instalados que con los que ya había sumaban casi doscientos cincuenta mil; todos los asientos estaban instalados sobre varias filas de gradas en todo el perímetro, soportados sobre robustas columnas, también de madera desmontables, dejando en su centro un espacio para el expléndido y confortable palco imperial, suficientemente amplio para dar cabida al emperador con sus familiares y Guardia Pretoriana.
    Sobre su arena se iban a realizar diversos números de magia y otros entretenimientos, domadores de fieras, malabaristas, payasos, luchas grecorromanas y cosas análogas, cómo atletismo y por último las luchas de gladiadores, donde estaría presente para su inauguración Octavio Augusto Cayo, el Emperador y su séquito.
    Como es natural mi tío Ovidio como senador, debería acudir sobre todo para dar testimonio y pleitesía al egregio personaje.
    Como mi tío era un senador importante del gobierno, nuestro sitio estaba muy cerca del emperador y reservado.
    A eso de la hora tercia, después de comer nos trasladamos al estadio donde inmediatamente tras la llegada del Emperador Octavio Augusto comenzaron a desfilar los atletas y artistas por la arena aplaudidos por el público enardecido.
    El emperador puesto en pié, después de saludar al público dio orden de iniciar el espectáculo con un simple movimiento de la mano, momento en que los músicos, hicieron sonar sus trompetas estrepitosas y sus no menos sonoros tambores.
    En primer lugar salieron a escena unos cincuenta atletas, que tras el saludo al Cesar y demás asistentes hicieron una exhibición completa de saltos y

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    piruetas, con gran agradó del publico que puesto en pié los aplaudió con entusiasmo encendido.
    Como ya he dicho el estadio estaba ocupado por más de doscientas mil personas, no cabiendo prácticamente ni una simple aguja.
    Aquel día el Sol de primavera era fulgurante, solo el Emperador y su séquito tenían un techo por sombrilla que les preservaba del caluroso astro rey. Más adelante, años después, todo el circo estaría cubierto por toldos enormes ajustables para dar sombra al respetable público en los días calurosos y también lluviosos
    A los atletas siguieron los danzantes y bailarinas ofreciendo una entusiasta presentación de sus aptitudes coreográficas muy de moda, a la vez que una formación musical lírica de más de cien instrumentos les acompañaron con sus coloridas sinfonías coreadas por todo el público asistente.
    Después de varios números de payasos, domadores de diversos animales salvajes como leones elefantes y tigres, llegó el número fuerte de aquella tarde, el de los luchadores grecorromanos seguido por los gladiadores.
    La verdad es que a mi me entusiasmaron los luchadores grecorromanos que nos brindaron una serie de saltos , llaves de presa y pericias guerreras extraordinarias que unos hombres musculosos llenos de fuerza y agilidad nos deleitaron durante algo más de una hora ininterrumpida, con cinco combates extraordinarios.
    Por último, todo el estadio pareció estallar con el estruendo de las palmas y gritos del público excesivamente excitado, como si se tratase del summun, (El no va más.)
    Siento decirlo, pero la actitud de aquellas gentes me resultaba triste e hiriente; a mis oídos había llegado la fama de estas peleas que muchas veces terminaban con la muerte de algunos contendientes.
    Se hablaba de que varios gladiadores habían conseguido fama especialmente con las mujeres, además de fortunas inmensas luchando contra delincuentes, esclavos y desertores entre otros, matándolos en aquellos desagradables combates, y digo desagradables para mí que no comprendí nunca que podía inflamar al público viendo aquellas deplorables escenas de odio y muerte.
    Aquel día solo se salvaron tres de los treinta Gladiadores vencidos ante la voluntad del público que pidió el perdón al Emperador, levantando el puño cerrado con el dedo pulgar señalando al cielo.
    Todo lo visto me impresionó grandemente produciéndome asco y aversión al ver gladiadores musculosos luchando perfectamente pertrechados con toda clase de artilugios protectores como armaduras que les cubrían la cabeza, brazos y piernas además de llevar la típica espada (Gladius) corta hispánica de acero, un puñal del mismo origen y material y un escudo que
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    les cubría una buena parte del cuerpo, contra otros menos musculosos, algunos esmirriados y barrigones que pese a que iban equipados de igual forma que los auténticos gladiadores no era difícil pronosticar que estaban condenados a muerte.
    Tal como iban saliendo los gladiadores mi tío me fue informando de las diferentes clases o categorías según iban pertrechados y así me enteré de algunos de los distintos tipos que fueron apareciendo.

    En primer lugar, me dijo mi tío: Gladiador viene de la palabra espada, que en latín espada es Gladius.
    Gladiador puede ser cualquier romano libre, aunque son pocos los que se ofrecen, los que son delincuentes, esclavos o gladiadores que no son libres están elegidos para luchar con los profesionales, aunque se les deja elegir y a los que se les ofrece tal opción siempre eligen ser gladiadores, en cierto modo lo hacen para escapar de morir crucificados ya que es mejor probar suerte luchando y si son buenos, mientras vayan ganando combates seguirán viviendo y además tienen la remota posibilidad de conseguir el indulto de sus delitos y la libertad si vencen en cuarenta ocasiones caso prácticamente imposible. De todas formas, si algún gladiador consigue esa cantidad de victorias es recompensado además de con la libertad con la gladius de madera, un trofeo que lo han conseguido muy pocos.
    A continuación dijo: te voy a reseñar los diferentes tipos de gladiadores que hay, que son los siguientes.

    ……………………………………………………………………………….
    Los Secutores eran los más temibles y portaban espada corta hispánica y un pequeño escudo, además de todas las protecciones ya mencionadas de cabeza pies y brazos.
    ……………………………………………………………………………..
    Los Retatril o Retiarios, que empleaban redes emplumadas y tridentes. Estos también eran muy agresivos y por tanto peligrosos.
    ………………………………………………………………………………
    Tracios, con rodela y puñal
    …………………………………………………………………………………..
    Marmillones. Con espada larga y grandes escudos..
    …………………………………………………………………………
    Essedarís- A caballo o en carros de guerra.
    ……………………………………………………………………………….
    No recuerdo si me dijo alguno más porque de pronto salieron los gladiadores que me llamaron poderosamente la atención.
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    Me quedé perplejo y a pesar del tiempo transcurrido, reconocí sin dudarlo ni un instante a uno de aquellos: Era algo más musculoso y algo mayor que cuando lo vi la primera vez pero era el sin duda…..¡¡PLINIO!!.. Aquel gladiador Secutor era PLINIO. El jefe de los asesinos de mi familia.
    No pude quitarle ojo de encima y vi como en menos de dos minutos mataba a su oponente, un gladiador bajito y regordete que seguramente era algún delincuente, ante la complacencia de todos los espectadores.
    Luego me enteré de que Plinio era uno de los más famosos; Un desertor que había elegido ser gladiador y que posiblemente conseguiría su libertad si mataba a otros veinte contrincantes, adversarios que siempre eran delincuentes y que por tanto no estaban habituados a las luchas de gladiadores.
    Por mi tío me enteré que el gigantón ya había sucumbido en una lucha contra otro experimentado gladiador, gladiador que cayó después cuando se enfrentó a Plinio, contra todo pronóstico.
    Sin duda Plinio era un gran gladiador que había vencido en su primer encuentro a uno y después a otro, dos auténticos gladiadores. Después ya solo se enfrentaba a los no experimentados, delincuentes y esclavos; algo difícil de conseguir ya que como vi. durante todas las confrontaciones, los gladiadores vencieron siempre a los delincuentes y esclavos que eran abatidos rápidamente.
    Aquel espectáculo era una forma de eliminar sin problemas a los delincuentes y aunque todos morían, cuando se les proponía elegir, aunque lo sabían, escogían luchar contra los gladiadores siempre, preferían morir luchando antes que crucificados y con la remota posibilidad de vencer cosa improbable pero que con Plinio resultó una sorpresa.
    Además, la elección solo les era concedida cuando el delincuente presentaba un aspecto de fortaleza aceptable o bien en las ocasiones en que se necesitaban y no había muchos para elegir.
    Aparte de los delincuentes, también se empleaban esclavos que eran forzados a luchar contra los gladiadores sin ninguna otra opción ya que en el caso de haber pocos delincuentes disponibles, eran comprados para tal finalidad sin derecho ninguno.
    Pero volvamos a mi historia.
    Ahora mi venganza se limitaba a este hombre, un gladiador muy peligroso que si no me daba prisa seguramente conseguiría la libertad y sería difícil o imposible localizar.
    Esta casualidad era una oportunidad insoslayable y aunque difícil, mi única ocasión de vengar a mi familia como me estaban pidiendo en todos mis sueños, mis hermanos y hermanas, mi madre, mi padre y mi corazón.

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    Al día siguiente, apenas amaneció, sin siquiera desayunar, antes de ir al colegio me dirigí presuroso y me suscribí en la escuela de luchadores de grecorromana, que estaba situada junto al templo de Hércules ya que en la de gladiadores, me informaron que no me admitían debido a mi edad.
    Posiblemente con la mediación de mi tío hubiera podido acceder a la formación de gladiadores pero eso me hubiera obligado a dar explicaciones
    capciosas y como nunca mentí no quise hacerlo, así que estuve pendiente de los combates de gladiadores, viendo que al paso que se iban celebrando los encuentros tenia al menos un par de años de tiempo para ponerme a un nivel adecuado.
    Tal como había pensado en un solo año dedicando el mayor tiempo posible a entrenarme y hacer los ejercicios necesarios logré cambiar mi aspecto juvenil demacrado en el de un atleta robusto y ágil. Un atleta admirado por todos, pero cuya meta solo consistía en vengar con la muerte de Plinio las terribles humillaciones que aquel malvado había infringido a toda mi familia hasta matarlos. Esa era mi meta, la venganza, una obsesión que me atormentaba día y noche convirtiendo mi vida en un infierno.
    En menos de dos años conseguí superar a todos los luchadores del gimnasio, hasta vencer a los mejores, no solo de Roma, si no de Grecia, Turquía, Egipto, Hispania y otros países, consiguiendo ser campeón de todo el imperio romano.
    Llegado a esta situación, pensé que era el momento idóneo de vengar a mi familia.
    No puedo ni debo perder más tiempo, la sangre derramada a de ser vengada.
    Mis padres adoptivos creían que me entusiasmaba la lucha grecorromana y que por eso me levantaba diariamente muy temprano para correr por la montaña y la ciudad solo acompañado por el eco de mis pisadas y luz de la Luna antes de despedirse y dar paso al Sol, y que por eso después de mis estudios y de comer me iba al gimnasio donde entraba el primero, me pasaba horas levantando pesas y ejercitándome en toda clase de aparatos como, trapecio, paralelas, remo, potro, lanzamiento de disco, jabalina, anillas, salto, etc. terminando con la práctica de la lucha durante al menos una hora diaria. Y cada día ya anochecido, salía del gimnasio el último.
    Había llegado la hora de la verdad, así que fui personalmente al Circo Máximo para hablar con el dirigente o promotor de espectáculos y le dije: Soy el campeón de lucha Grecorromana de todo el Imperio Romano y vengo a retar al gladiador Plinio si este no tiene objeción.
    El dirigente del circo me miró sonriendo y me contestó.
    -El gladiador no puede objetar nada, ha de luchar contra quien se le ordene, pero… ¿Cómo piensas luchar contra este gladiador si no tienes ni idea de
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    cómo se lucha en esta clase de litigios que normalmente termina con la muerte del oponente? Ten en cuenta que la lucha grecorromana no se parece en nada con la de gladiadores, medita lo que te digo, eres libre de retar a quien quieras pero piensa en que esto no es un juego y puedes morir. ¿Sabes manejar la espada o algún arma en especial?
    La cara del promotor de combates se puso lívida cuando le dije:
    -Soy luchador de grecorromana y a Plinio lo reto a luchar sin armas, aunque él puede usar las que quiera, no le temo.
    Cuando el promotor oyó esto se quedo asombrado, lo noté por la cara de sorpresa que puso y me dijo:
    -Escúchame atentamente joven, te voy a dar un consejo de amigo: Olvida este asunto. No sabes donde te metes. Medita bien lo que haces. Yo no te pongo ningún inconveniente, al contrario, para mi sería un buen negocio anunciar esta pelea, sin duda esa novedad llenaría el estadio, pero no digas que no te he advertido del gran riesgo al que te enfrentas. Mira, piénsalo bien durante una semana y luego si te sigue interesando me lo comunicas.
    Mi respuesta fue inmediata.
    -No tengo nada que pensar estoy seguro que venceré a Plinio y acepto lo que haga falta para luchar contra él.
    El promotor me miró de arriba abajo con escepticismo y tras carraspear, solo musitó entre dientes.
    -Tú serás campeón de todo el mundo de la lucha esa, pero debes estar algo loco o tener ansias de fama tan enormes que no te das cuenta de lo que haces.
    Date un día al menos para decidir, hazme caso. Lo digo por tu bien, te hablo como si fueras mi hijo.
    Para no contradecirle más, viendo que no podía convencerle fácilmente le propuse:
    -Esta bien, lo pensare durante toda esta noche y mañana si me decido vendré y usted aceptará como me ha prometido ¿De acuerdo?
    No muy convencido el buen hombre contestó malhumorado.
    -¡De acuerdo!
    Y repitió en voz apenas perceptible:
    -De acuerdo.
    Aquella noche dormí tranquilamente, no tenía nada que pensar, estaba completamente decidido, solo soñé con mi madre que me decía ¡Adelante hijo mío, haz pagar a ese miserable lo que nos hizo!
    Al día siguiente a la misma hora ya me encontraba de nuevo ante aquel promotor del circo Máximo. Le expliqué que lo había pensado muy bien y que estaba decidido a luchar sin armas contra Plinio.

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    El promotor que se llamaba Octavio exhaló un largo suspiro y dijo mirándome con tristeza, como abatido.
    –De acuerdo, hágase la voluntad de los dioses. El próximo día de circo será el primer sábado del mes que viene y asistirá el emperador.
    Recuerda que debes estar preparado y dispuesto un día antes para lo cual te iremos a buscar a tu domicilio. Hoy mismo empezaré a publicar el combate. La suerte esta echada.

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    CAPITULO IV

    EL COMBATE

    Solo faltaban un par de semanas para el combate pero no tuve ni un momento de sosiego pensando en todo lo que había acordado con Octavio el promotor del estadio Máximo, llegando a la conclusión de que algo de razón tenía con sus advertencias, la lucha grecorromana no era igual que la de gladiadores.
    La lucha de gladiadores era a muerte y la de grecorromanos, no.
    En mi especialidad un combate estaba dividido en dos partes de tres minutos con un descanso entre ellas de dos, mientras que en la de los gladiadores no existían tiempos ni reglas de pausas de ninguna clase, claro que siempre luchaban con hombres de inferior categoría y aunque iban complementados con similares armas y protecciones, la ventaja era a favor de los gladiadores oficiales tan enorme que aquello era verdaderamente un escándalo en la que los contrincantes apenas aguantaban unos minutos antes de ser atravesados o con la cabeza cortada de un mandoble de la espada o el puñal del gladiador experimentado.
    Después de meditar en estos inconvenientes empecé a darme cuenta de que me estaba metiendo en un conflicto muy serio.
    La única solución que vi era desdecirme, anular mi participación, pero no quería quedar como un cobarde, no solo ante la gente, si no ante la historia y mis antepasados a los que debía vengar en esta ocasión tan propicia que quizás no se volvería a presentar nunca más.
    Por tal motivo dejé de lado mis estudios, y me dediqué en cuerpo y alma a entrenarme en todos los ejercicios y especialmente en aumentar mi resistencia. Si moría en el empeño que no fuese por mi culpa, ni por desinterés por mi parte.
    No me atreví a poner en conocimiento de mis padres el lío en que me había metido para evitar que me hicieran desistir y para evitar dar explicaciones enojosas.
    Lo de Plinio era cosa mía y no debía complicarlos a ellos.
    Y pasó el tiempo.
    Cuando vinieron a buscarme dos soldados empleados del estadio mis tutores no comprendían nada y pensaban que podía existir algún error.
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    Fue mi padre el que me preguntó con cierto sobresalto:
    -¿Qué has hecho? ¿Porque te vienen a buscar estos soldados?
    Intentando quitar importancia al problema les dije simulando tranquilidad:
    -No pasa nada solo es que tengo un combate importante mañana en el estadio circo Máximo.
    Realmente ya imaginaban algo por haberse publicado, pero supusieron que fuera otro ya que no decían mi nombre en la publicidad que era bastante confusa, porque al promotor del estadio le advertí que no dijesen ni mi nombre ni que era el campeón del Imperio Romano, que solo divulgasen que un campeón de lucha grecorromana lucharía sin ningún arma contra un famoso gladiador armado.
    Cómo era costumbre debía pasar las veinticuatro horas antes del combate en la escuela de Gladiadores.
    Estando allí, Plinio se me acercó preguntando:
    –Tengo la impresión de que te he visto antes. ¿No serás tú el que se me enfrentará mañana desarmado en el estadio?
    Cómo si la cosa me fuera indiferente sin volverme siquiera le contesté:
    –Claro que me has visto antes ¿Acaso has olvidado aquella familia que hace unos años asesinaste sin compasión en una villa grande de campo que se llama Villa Azul y robaste todo el dinero huyendo cobardemente con otro grandullón, cuando llegaron los legionarios policía y aniquilaron a tu maldita banda de sinvergüenzas? ¡Ahora tendrás que matarme a mí que he venido a vengar a mi familia… ¡si puedes!
    Con evidente soberbia, al reconocerme exclamó
    -Bien, ya veo, ya veo quien eres, mañana liquidaremos este asunto, pero esta vez no saldrás tan bien librado como la otra, Esta vez no te salvará nadie. Ya puedes empezar a rezar al dios Marte, o a Júpiter. Te doy a elegir al que te caiga mejor,¡¡ jajaja.!!
    Se fue riendo diciendo a otro en voz alta para que lo oyesen todos, seguramente para intimidarme.
    -Ese jovencito es el que mañana sin armas luchará contra mi y mataré. ¡Debe de estar loco!
    Aquella noche dormí sobre una alfombra de las que allí habían para los visitantes, normalmente los que debían luchar al día siguiente y lo más curioso es que dormí de un tirón, profundamente, encontrándome al día siguiente en perfectas condiciones, lo que me pareció una buena señal.
    Durante toda la mañana los gladiadores estuvieron entrenándose cambiando golpes de espada unos, y otros tirando la red que portaban atada a una muñeca a la vez que simulaban rematar a su oponente imaginario con el tridente, mientras yo por mi parte los observaba con suma curiosidad.

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    Los contrincantes sentenciados, aparte de mi, debían encontrarse en otro lugar ya que no vi a ninguno
    Sobre la hora tercia empezamos a oír las trompetas y timbales que anunciaban el comienzo del espectáculo. Luego al toque de aquellas
    trompetas fuimos enterándonos de los cambios que se iban realizando Finalmente, sería la hora sexta, el promotor llegó seguido por los otros gladiadores sentenciados y nos mando formar para salir a la arena indicándonos la rutina que se acostumbraba realizar.
    -Ahora, cuando salgáis tenéis que ir hasta poneros en fila, frente al palco del Emperador y lo saludareis con el brazo extendido, la frente elevada y finalizáis con la típica frase en voz alta, que la oigan todos:-AVE CESAR, LOS QUE VAN A MORIR TE SALUDAN- ¿Entendido?
    Inmediatamente formamos tal como Octavio el promotor nos indicó, saludamos y enseguida nos pusimos a pelear en medio de aquella arena que
    rápidamente se fue tiñendo de sangre y llenando de cadáveres, cadáveres que eran arrastrados hasta la puerta de la muerte desapareciendo para siempre, donde serían despedazados para alimentar a los animales salvajes, cómo leones, tigres osos y otros que enjaulados en unos túneles bajo la arena estaban dispuestos para próximos números circenses.
    Plinio verdaderamente era muy peligroso, su espada era manejada con suma destreza y me las veía muy apurado para esquivar tantos ataques que enviaba sin descanso. Al mirarlo a la cara vi que estaba muy nervioso al comprobar que ya todos sus compañeros habían concluido su cometido sin problemas. En su mirada creí adivinar su prisa asesina y yo aún no había iniciado ni un asalto dedicándome a esquivar y esquivar tantos ataques que por arriba, abajo y por los flancos me hacia con desespero.
    Por un momento pensé que a este ritmo, en cuanto me descuidase un solo instante, todo habría acabado para mi, no podía despistarme ni un segundo, tenía que espabilarme y actuar en algún sentido así que en uno de aquellos ataques conseguí además de esquivar agarrar el brazo a mi odiado enemigo y voltearlo sobre mi hombro lanzándolo al suelo violentamente esperando romperle el brazo o algún hueso.
    Lamentablemente, se levantó de un salto y a pesar de haber perdido en el volteo el escudo que yo envié lejos de una patada, no se amedrentó, en la mano que antes tenia el susodicho escudo, como por arte de magia apareció una daga, que utilizó para atacar junto con la espada.
    En uno de aquellos ataques, recibí una puñalada en el brazo, lo que me irritó sobremanera y antes de que retirase el puñal logré agarrarle y darle un fuerte cabezazo en la nariz quedando un poco desconcertado, aunque no tanto como para dejar de atacarme aún con más ahínco, y cuando otra vez intentó atravesarme con la espada lo agarré nuevamente del brazo y de una
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    pierna elevándolo sobre mi cabeza y dejándolo caer sobre una de mis rodillas, cayendo desmedajádo al suelo. Eso le debió hacer daño en los riñones y aproveché su sorpresa para hacerle una llave sobre el cuello con la intención de asfixiarle sin darme cuenta que su brazo empuñando la daga
    la empleó para darme otro tajo en el mismo lugar del brazo de antes y por el que estaba perdiendo mucha sangre.
    Una hora después el combate continuaba en similares condiciones, mi enemigo atacaba sin tregua para acabar conmigo y yo desesperado esquivando sus ataques.
    Después de dar un salto logré golpearle en la cabeza y me lancé con la intención de quitarle la espada que tanto me estaba fastidiando pero nuevamente el puñal esta vez me lo clavó en un muslo. En mi desesperación en algunas ocasiones le di varios puñetazos y hasta un mordisco en una pierna, cosas ambas prohibidas en la lucha grecorromana.
    El tiempo iba transcurriendo y ya habían pasado más de dos horas de lucha encarnizada, la posición del sol empezaba a declinar llenando de sombras el inmenso estadio. En ese momento me encontraba exhausto, si mi contrincante se encontrase mejor, el combate ya habría terminado hacía rato, y era tanto el dolor que me producían las heridas que apenas percibía el inmenso griterío del público que rebosaba las gradas.
    No comprendo que me sucedió en aquel momento, quizá la sangre que había perdido me hizo verlo todo desenfocado, me tambaleé, perdí el equilibrio, y caí al suelo completamente mareado y sin fuerzas, intenté levantarme y no pude de tan agotado que me encontraba, momento que Plinio aprovechó para elevar la espada y … En aquel instante vi como la espada señalaba mi corazón y no tenia fuerza para esquivarla . Cerré los ojos vencido y fue entonces cuando escuché un gran alboroto de unos que gritaban al gladiador ¡MATALO! ¡MATALO! ¡MATALO! Y otros que pedían al emperador ¡PERDÓNALO! ¡PERDÓNALO!¡PERDÓNALO!
    Haciendo un gran esfuerzo abrí los ojos y vi al emperador en su palco rodeado por su guardia imperial y su familia levantando el puño cerrado y que tras mirar aquí y allá sacó el dedo pulgar y lo puso mirando al cielo. ¡Me había salvado!
    Cerré los ojos y debí perder el conocimiento porque cuando los volví a abrir me encontré acostado sobre un lecho de algodones con los ojos de mi madre adoptiva que me miraba llorando.
    Luego me enteré que cuando un luchador cae desmadejado, que ha luchado con honor y furia es merecedor de la indulgencia del emperador, sobre todo si es aclamado ese perdón por el público asistente.

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    Muchas personas pidieron el perdón por mi forma de luchar y les debí caer bien, aunque quizás, la clemencia me llegó por que mi tío el senador que estaba muy cerca del Emperador le envió alguna señal de súplica.
    Una cosa que recordaré siempre es que en el momento en que iba a morir, por mi mente pasaron los recuerdos más importantes de toda mi vida.
    Algo extraordinario que creo haber oído en varias ocasiones que les sucedió a otras personas en momentos muy críticos.

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    CAPITULO V

    RECUERDOS

    Mi nombre Longino me lo pusieron en memoria de mi abuelo Longino que en los tiempos en que estuvo con Julio Cesar durante los ocho años que duraron las guerras de las Galias se comportó muy bien ayudando al gran hombre a escribir varios libros contando las campañas victoriosas del ejercito romano que luchó de una forma irregular teniendo que atravesar el Rin huyendo y volviendo al ataque en varias ocasiones.
    El caso es que cuando Julio Cesar llegó triunfador a Roma, y consiguió alcanzar el titulo de dictador vitalicio, premió a mi abuelo que en aquel entonces se licenció del ejército, con todas las tierras de las que sus hijos y yo ahora hemos disfrutado.
    Mi abuelo conoció a Minerva y se casó con ella teniendo dos hijos, mi padre y mi tío Ovidio, hoy mi tutor y padre adoptivo, senador romano.
    Posiblemente, creo, por los comentarios que se hacían en casa que mi tío Ovidio fue muy estudioso pero que alguna influencia favorable pudo tener de Julio Cesar cuando este se alzó como emperador.
    Eso era lo que se comentaba en casa con cierto tono de admiración y supongo que también algo de envidia, aunque de todas formas no creo que mi padre tuviese envidia de su hermano ya que por ser el hijo mayor heredó la inmensa cantidad de tierras que tanto dinero y poder nos hizo disfrutar, mientras que mi tío se tuvo que conformar con un porcentaje mínimo de tanta riqueza agrícola
    Verdaderamente mi abuelo era para mi un ser muy especial, estoy seguro que si hubiera estado cuando aquellos desertores nos atacaron y nos humillaron tan alevosamente, el hubiera actuado de alguna forma heroica como lo hacía siempre cuando luchaba codo a codo con Julio Cesar en la guerra de las famosas Galias de la que tantas batallas me habló.
    Fue una lástima que en tal ocasión mi querido y nunca olvidado abuelo ya hubiera fallecido siete años antes, claro que pensándolo bien no creo que a la edad de noventa y dos años un hombre por muy valiente que hubiese sido en su juventud, podría hacer gran cosa en tales circunstancias, y a esa edad.
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    Recuerdo cuando me contaba aquellas batallas contra las tribus autóctonas en las que aparentemente parecían no ser difíciles de vencer y luego
    resultaba que combatían tan unidas y con tal furia que nos producían miles de bajas.
    Aunque decía mi abuelo, cuando teníamos que redactar los resultados, Julio, nunca me dejaba ni siquiera insinuar que habíamos tenido tales descalabros. Y se ponía muy enfadado esgrimiendo que en nuestra historia nunca se debe presentar un estado de frustración ni desaliento y que lo que contaba era el final que siempre teníamos que ser optimistas y valorar todo paso dado en la dirección triunfalista. Por eso cuando se lee alguno de aquellos libros siempre se perfila la imagen de un ejercito invencible, un ejercito sin fisuras, un ejercito Romano.
    La palabra romano, aseguraba Julio Cesar muy ufano, que era la palabra más importante en la historia universal.
    Un día muy triste de aquellos en que dejamos más de mil legionarios muertos en el campo de batalla, mi abuelo se negaba a escribir en aquel libro que habían sido derrotados y al discutirlo con el gran hombre, mi abuelo alegó:
    Creo que en esta ocasión hay que escribir la verdad aunque sea presentándola atenuada, al fin y al cabo hemos ganado mil batallas y esta
    derrota no significará gran cosa.
    A lo que Julio Cesar enfadado le contestó:
    — Mil victorias jamás justificaran una derrota
    Mi abuelo siempre me animaba a estudiar para llegar a ser un hombre culto y justo, asegurando que el futuro se lo imaginaba muy distinto y solo las personas instruidas serán tenidas en cuenta como lo fue él en su tiempo. Me quedé muy deprimido cuando falleció a la edad de noventa y dos años, aquella depresión me tuvo muy triste durante mucho tiempo.
    Solo cuando conocí a Venus, una preciosa camarera de la que me enamoré locamente me fui normalizando, Pero esa es otra historia que os contaré más adelante, ya que fue muy complicada y ahora no sé como empezar.

    La cabeza algunas veces no quiere recordar lo imposible de olvidar.
    Conocerte fue fácil, conquistarte difícil, olvidarte, imposible.
    Supongo que con esa frase ya tendrás una ligera idea de mi infortunio amoroso que marcó un tiempo lleno de tristeza de mi vida.
    No quisiera pasar por alto a mis otros abuelos, los padres de mi madre.
    A mi abuela Fabiola no la llegué a conocer porque cuando mi padre y mi madre se casaron, falleció un año después y yo era un bebé aún.
    Mi abuelo Liberto también fue un legionario que estuvo en varios conflictos bélicos de su tiempo, y como era costumbre que al licenciarse se
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    les daban tierras para que las cultivasen y se ganasen el sustento, a él le otorgaron una cantidad no tan extensa como a mi otro abuelo Longino,
    pero suficientes para mantener a su familia y cuando falleció Fabiola mi abuela, la madre de mi madre, Lucía.
    Como mi madre era hija única, al heredar aquellas tierras que colindaban con las nuestras pasaron a unirse al patrimonio total de la familia.
    No puedo decir que mi padre fuese un mal progenitor, ni mucho menos, mi padre también tuvo una juventud agitada pero de otra naturaleza, siempre estaba atento con el trabajo y su familia, y desde que heredó, su vida se le complicó mucho, pero para contar su historia he de volver a mi abuelo Longino ya que los dos eran muy distintos y para entender a uno se necesita comprender al otro.
    Mi abuelo Longino siempre intentó crearse un futuro glorioso y nunca cejó en su empeño por llegar a lo más alto que pudiera, no importando los desvelos y sacrificios que tuviera que vencer.
    Antes de ser movilizado se casó con mi abuela Minerva con la que tuvo dos hijos, mi padre y mi tío Ovidio, el que actualmente es mi tutor y padre adoptivo como ya he explicado antes.
    Después del nacimiento de mi tío Ovidio, su madre Minerva mi abuela enfermó gravemente y falleció meses después quedando mi abuelo Longino muy afectado, tanto que dejó su trabajo de abogado y se alistó en el ejercito en el que por sus conocimientos, fue destinado como asesor de Julio Cesar, entonces general de las tropas que irían a la conquista de nuevos territorios para Roma. En cambio a Liberto mi padre le importaba muy poco la cultura y el futuro, siendo toda su inquietud dirigida a divertirse en orgías burdeles y la conquista de mujeres que normalmente se rendían ante su desbordante simpatía y por que no decirlo, su impresionante figura de un metro ochenta y cinco Como es natural según tengo entendido por lenguas de doble filo, que nunca sabe uno a que carta quedarse, mi padre en su juventud alocada se encontró con muchas dificultades, especialmente con los padres de una de aquellas novias, precisamente con los padres de mi madre Lucia, por lo que mi padre que siempre fue condescendiente ante las buenas razones decidió casarse con mi madre de la que nací yo apenas un mes después de la boda.
    Solo quedan en mis recuerdos lo concerniente a nuestra vida que cómo ya sabes, los primeros años, pasaron sin pena ni gloria hasta el día, o mejor dicho, la noche en que Plinio y sus secuaces llegaron y nos destrozaron la vida, nunca mejor dicho.
    Estos recuerdos que os he contado fueron los que pasaron por mi mente un poco revueltos en aquellos segundos cuando rendido, creí que Plinio me iba a matar.

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    Posiblemente ya solo recuerdo lo más destacado debido a tantos años cómo han pasado y he dejado retazos de mi infancia y del trato con mi familia, pero eso no es muy importante , al fin de cuentas y aunque no lo creamos la vida es tan breve que no es de extrañar que un moribndo la vea en toda su amplitud cuando llega su final.

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    CAPITULO VI

    GLADIADOR

    Después del estruendoso fracaso en el enfrentamiento que tuve en el circo Máximo en el que luché desarmado contra el gladiador Plinio con todas sus armas y experiencia en tales peleas, mis ansias de venganza se acrecentaron haciendose más persistentes y feroces, no pasaba un minuto del día en que no pensase en mi familia aniquilada por él y sus asquerosos compinches; Por eso mi ánimo se estaba endureciendo y no paraba de soñar con una venganza basada en la antigua Ley del Talión —Ojo por ojo, diente por diente- Lo justo sería buscar la casa de su familia y aniquilarlos de forma semejante a cómo él lo hizo con la mía.
    Claro que para obrar así yo debería tener instintos criminales como él los tiene: –Es imposible que una persona sin saber nadar atraviese un mar embravecido braceando locamente.– Además de volverme un ser criminal, debería encontrar una pandilla de asesinos sin pudor ni vergüenza de ninguna clase y no creo que en el mundo pudiese reunir a tantos asesinos juntos, cómo aquellos.
    Pese a estas reflexiones en mi ánimo seguía aumentando el odio hacía este individuo, y en sueños, mi familia me imploraba que no los olvidase y los vengase ya que su descanso no sería completo hasta el momento de ver a Plinio retorciéndose, ardiendo en el infierno.
    Agobiado por tan nefastas ideas y ensueños estuve inmerso durante muchos días, mis padres adoptivos notaban mi desasosiego sintiéndose algo confusos, no comprendían que por haber perdido un combate me encontrase tan extraño y preocupado que casi ni me alimentaba.
    Una voz interior me aconsejaba que les explicara el motivo de mi estado inquietante.
    Contarles que Plinio era el jefe de aquellos criminales que humillaron y asesinaron a toda mi familia, el hombre instigador de

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    una banda de asesinos infames, pero otra voz me advertía de los peligros que eso conllevaría.
    Sería compartir el mismo problema con ellos que no tenían culpa para cargar con más sinsabores; eran mayores y saber los porqués de las inquietudes que en mi habían podría enfermarlos o al menos amargarles el resto de sus vidas.
    Pese a las preguntas de Ovidio y Agripina mis padres adoptivos, que no imaginaban ni remotamente tan extraño comportamiento, yo seguía pensando que no había otra solución que acabar con Plinio y terminarían mis amarguras.
    Aquel individuo estaba sobrando en este mundo, era un mal bicho y podía hacer daño a otras personas, denunciarlo sería inútil, estaba detenido en el circo Máximo por criminal y si alguien advirtiera que yo era el superviviente de aquella masacre por la que fue apresado y estaba preso, yo podría tener graves consecuencias.
    Nadie de mi actual familia debería saber que el gladiador que me había vencido era Plinio, incluso me extrañaba que él mismo no hubiera dicho nada, posiblemente no querría alardear de ser un
    criminal de la peor calaña, un asesino implacable, ahora que parecía disfrutar del bando de los inocentes, y menos cuando estaba a punto de alcanzar la libertad y ser absuelto
    No tuve que esperar mucho, apenas me alivié un poco de mis heridas, cuando aún me dolía el brazo, me personé en el circo Máximo, pregunté por Octavio el promotor y preparador de las peleas y cuando me atendió le dije:
    –Gracias a usted he comprobado que para vencer a un Gladiador como Plinio no basta con ser el mejor luchador de grecorromana, ahora quiero aprender el manejo de las armas para ser el mejor en esta clase de lucha. Por eso he venido, deseo que usted me enseñe a luchar como un verdadero gladiador para que cuando esté en las debidas condiciones pueda probar a vencer a Plinio.
    El Promotor se me quedo mirando como si no entendiera nada y exclamo lleno de evidente curiosidad:
    –No entiendo porque tanta fijación con el Gladiador Plinio.No se me ocurrió ota escusa que contestar:
    -Porque es el mejor, según tengo entendido.
    Le contesté tal cosa simulando estar persuadido de lo que alegaba, a lo que Octavio el promotor dijo con total convicción.
    –Los que te han informado, no saben lo que dicen, hay mejores a montones, no tienen ni idea. El mejor que tengo es Flavio.

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    Un escalofrío recorrió mi espina dorsal. No debí afirmar la creencia de que Plinio era el mejor y por eso quería luchar contra él.
    Ahora, para no complicar las cosas debería exponer otra estrategia, por eso dije intentando convencerle.
    Bueno, la verdad es que desde que me venció le he cogido manía y me gustaría enfrentarme a él de nuevo y sacarme esa espina que me atosiga.
    Octavio pareció comprenderme y amagando una sonrisa dijo:
    -Eso es harina de otro costal, si ese es tú deseo me parece muy bien , la verdad es que a ese también le estoy cogiendo manía, por qué presume mucho de sus victorias y no es la primera vez que ha vencido a alguno que creí que lo vencería a él equivocándome y perdiendo varios gladiadores muy importantes.
    Tú podrías ser un buen gladiador si te pusieras a entrenar un poco más, tu formación como luchador de Grecorromana es una ventaja que ellos no tienen y estoy seguro que con una espada serías invencible.
    Yo creo que deberías hacer algunos combates antes de enfrentarte a los mejores entre los que verdaderamente se encuentra Plinio.
    Me pareció buena idea la del promotor y como no podía elegir otra opción más lógica acepte esa opción con la satisfacción reflejada en mí cara pensando que una imagen vale más que mil palabras.
    A partir de aquel día sin faltar ni uno acudí al gimnasio donde me fui instruyendo hasta que el promotor me diera la señal de iniciar un programa de combates que me condujese a mi objetivo.
    Plinio siempre estaba pendiente de mis avances imaginando seguramente que tarde o temprano nos volveríamos a ver las caras en las arenas del estadio.
    Mis avances se iban desarrollando de forma muy rápida y raro era el día en que no fuera felicitado por algún otro gladiador cómo Flavio, el que se suponía invencible por su historial, que me aseguró con pleno convencimiento.
    Miedo me daría enfrentarme a ti, eres un luchador asombroso.
    Tu forma de pelear jamás podrá ser mejorada.
    Has mezclado la lucha grecorromana con la de gladiador y creo que eso te hace invencible.
    Nunca he visto a nadie con tanta agilidad, haciendo esos quiebros, esas llaves y ese talento manejando la espada y el puñal.
    No quisiera enfrentarme a ti ni en broma.

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    Si Flavio era el mejor gladiador y afirmaba que me temía ¿Qué opinaría Plinio?
    Pero cuando más cerca me encontraba de mi objetivo, me di cuenta que a Plinio hacía varios días que no lo veía por el gimnasio.
    Y al preguntar por él solo me informaron de lo que me temía.
    Plinio ha sido liberado, consiguió el número de victorias necesarias y su pena ha sido extinguida, supongo que eso te alegrará ya que tienes un enemigo menos a batir.
    Cuando me informaron de la liberación de Plinio me sentí completamente derrotado, lo que debieron notar los que allí estaban ya que uno me preguntó
    -¿Acaso esa noticia no te alegra? Te has quedado blanco.
    No contesté, me fui y no volví al gimnasio, nada más que para despedirme de mí amigo Octavio el promotor y los otros gladiadores con los que ya había hecho amistad e indagar por si sabía alguien donde podía ver a Plinio.
    Fue el mismo promotor quien me puso al corriente.
    -Lamentablemente nada sabemos. Cuando alguien conquista su libertad no se le pregunta nada, desde ese momento su destino no nos interesa. Ni tenemos derecho a saberlo.tenemos Es más ni tan siquiera podemos investigar su paradero a menos que fuese por un asunto familiar , lo que no es tú caso, ni creo que te pueda interesar.
    Ante tal lluvia de argumentos solo se me ocurrió maldecir..
    -¡Maldita sea, ahora que ya casi lo tenia, el pájaro ha volado!
    Octavio me observó dubitativo antes de comentar.
    -¡No te preocupes, ese te ha cogido miedo al ver tus avances!

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    CAPITULO VII

    Buscando a plinio

    Desde que Plinio fue liberado, no he dejado ni un momento de buscarlo por todas partes sin encontrar la mínima pista, es como si se lo hubiese tragado la tierra, todas mis pesquisas han resultado infructuosas, inútiles.
    Conociendo sus aficiones he acudido a todas los sitios donde supuse que lo pudiera localizar, lugares muy reservados cómo burdeles, ya que sabia sus aficiones. Estos lugares no me resultaron difíciles de encontrar, por suerte conocía a algunos jóvenes de mis andanzas juveniles que los conocían muy bien, solo tuve que ponerme en contacto con uno y este que se llamaba Lucio se ofreció a acompañarme extrañándose algo cuando advirtió que en realidad lo que yo buscaba era a un hombre.
    La verdad es que debió extrañarse demasiado porque a partir del dia que supo que lo que me interesaba era un hombre cada vez que iba a buscarlo me recibía con excusas para no acompañarme, Y o naturalmente no le conté mi problema con Plinio , no me pareció conveniente ir contando a nadie mis problemas. Los sitios donde se organizaban orgías no me resultaron tan fáciles de visitar, Lucio, no se porque se negó a investigar, lo que me obligó a buscar a algún experto en el tema; tras mucho indagar me eché la mano a la cabeza y me dije: Mira que soy tonto, las orgías son realizadas con la intervención de prostitutas normalmente, así que tuve que volver a uno de aquellos prostíbulos, elegí a la que me pareció más guapa de las mujeres que allí habían y una vez le pagué lo estipulado le dije:
    Yo iré detrás de usted, ¿De acuerdo?
    Seguí a la chica por una escalera sombría y cochambrosa hasta un piso en que entramos a una habitación no menos sombría y cochambrosa en donde la chica empezó a desnudarse.
    -¡Un momento, por favor, no he venido para eso, solo quiero hablar contigo un rato!
    Casi le supliqué azorado.
    La chica que aparentaba unos treinta años me miro muy sorprendida como si yo fuera un bicho raro y muy enfadada alegó.

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    -Tanto musculito y resulta que no le gustan las mujeres, no si cuando yo digo que en esta vida te encuentras de todo. ¿Y de que quieres que hablemos? ¿De mariconadas?
    Estoy buscando a un amigo que se llama Plinio Es algo mayor que yo, tendrá unos treinta años aproximadamente, yo tengo veintitrés y como no lo encuentro por ningún lado he pensado que quizás en algún lupanar o donde organizan orgías lo pueda localizar. ¿Tú sabes donde hay alguno de esos sitios?
    La hermosa prostituta me miró con rudeza antes de contestar:
    -Precisamente mañana tengo que ir a una orgía.
    -Me gustaría ser tu acompañante, pagando lo que digas, claro.
    -Eso no puede ser, pero si quieres puedo indagar por ti. Y eso te lo haré gratis, para que veas que las mujeres tenemos cosas buenas.
    Cómo no me gusta que nadie me tome por lo que no soy le advertí:
    -Creo que hay un mal entendido, a mí como a todos los hombres normales me gustan las mujeres, lo que pasa es que no tengo costumbre de estas cosas, y si busco a uno es por asuntos de negocios. No me gusta que me confundan.
    La chica me miró y haciendo un mohín de complicidad preguntó:
    -La verdad es que no he conocido a ninguno que entre a mi habitación y no se me eche encima inmediatamente como un loco, por eso te he considerado como un bicho raro, perdona.
    Mi contestación no fue meditada ya que de haberlo hecho no hubiera dicho lo que dije, su colaboración si se enfadaba habría terminado y eso no me interesaba en absoluto.
    -Mira chica (le dije) Si me comporto de esta forma es porque he sido gladiador y soy campeón de grecorromana en todo el Imperio, los que realizamos esta clase de deportes tenemos muy en cuenta nuestro estado físico que especialmente en la lucha de gladiadores es importantísimo, hay que estar al cien por cien porque nos jugamos la vida. No lo digo por ti que estas muy lozana y dan ganas de comerte, pero he conocido a más de ún gladiador que tras estar con alguna de vosotras una noche perdió la vida al día siguiente, es más, conozco a otro que cogió una enfermedad sexual y ya no solo no puede luchar, ni tan siquiera correr diez metros sin asfixiarse.
    Después de oir tales argumentos ella me dio la razón con las siguientes palabras.
    -Haces muy bien de no fiarte de nosotras, si yo te contara casos te pondrías a temblar y saldrías de aquí lo más veloz que pudieras. En este oficio hay mucho peligro, no te fíes ni de mí ni de nadie.

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    Te admiro como hombre. Un hombre capaz de controlar sus instintos vale por mil.
    Me gustaría ser tu amiga, tu amiga Livia, para lo que haga falta y te aplaudo por ser como eres, aunque si todos pensaran como tú, las que nos dedicamos a este negocio nos quedaríamos sin clientela.

    Recorrí con Livia todos los Prostíbulos también llamados lupanares, según que categorías.
    En tales lugares igual encontrabas prostitutas que prostitutos.
    En algunos lupanares de aquellos me tropecé con varios gladiadores conocidos que ganaban un sobresueldo ejerciendo el oficio más antiguo del mundo.
    Loa gladiadores tenían mucho éxito tanto con hombres como con mujeres, estos antiguos compañeros no se extrañaron ni un ápice al verme por aquellos tugurios pensando que iba por allí para hacerles la competencia.
    Siempre que me tropezaba con alguno de aquellos gladiadores en un lupanar y aprovechaba la ocasión preguntándoles por Plinio ya que ellos lo conocían perfectamente.
    Después de estar casi dos semanas buscando a Plinio por todos los prostíbulos de Roma acompañado por Livia que conocía aquel submundo mejor que nadie, sin ninguna novedad, decidí cambiar el itinerario, iniciando un nuevo peregrinaje también con Livia que conocía algunos involucrados en ciertos lugares de vicio donde se reunían delincuentes y consumidores de drogas variadas.
    En aquel ambiente, solo encontramos a una persona que nos habló de Plinio.
    Livia conocía muy bien al tipo en cuestión al que pagué con unas monedas y hablo hasta por los codos todo lo que sabía.
    Era este uno que vendía estupefacientes, drogas diversas a los pequeños traficantes y consumidores.
    A Plinio lo consideraba más que amigo cómo cliente, y me dijo, ante unas copas de vino y el puñado de monedas acordado.
    –Plinio. Antes de irse al extranjero a un lugar que no me quiso decir, me informó que estaba perseguido por una persona muy poderosa para matarlo.
    Que estaba temeroso del poder de aquella persona y para que no lo encontrase nunca se iba a vivir a un lugar remoto donde nadie lo conociese y que se cambiaria hasta de nombre.

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    Después de hablar con aquel delincuente, nadie más me ha sabido dar la más mínima información de su posible paradero, creo que se me ha escabullido de entre las manos cómo un puñado de aceite
    cuando estaba convencido de que lo tenía atrapado. Ya solo me quedaba una remota esperanza, que el destino me fuera propicio.
    Todos mis desvelos, mis sacrificios por situarme y rebasar su nivel cómo luchador y gladiador no me han servido absolutamente de nada. En aquellos momentos me sentia como un desgraciado burlado por otro desgraciado.
    He derrochado cuatro años de mi juventud aprendiendo cosas que no me interesaban en absoluto.
    Solo me movía el deseo de acabar con su vida y vengar a mi familia. Aquella familia inolvidable.
    Ahora solo puedo presumir de ser campeón del Imperio de lucha grecorromana, cosa que me ha servido para atesorar títulos y dinero, algo que a muchos les llenaría de felicidad pero que a mi solo de tristeza, ya no se que hacer, me siento fracasado completamente.
    Nunca olvidaré a mi familia. Ese pensamiento me persigue tanto de día cómo de noche, a todas horas, los horrores de aquella velada nunca se borrarán de mi atormentada mente.
    En la elegante villa de mis tíos ahora mis padres, no entienden mi tristeza perenne, nada de nada, no comprenden porque tanto prepararme para ser gladiador y cuando me encuentro formado como el mejor, abandono sin haber hecho ni un combate, aunque eso les alegra porque les parecía una locura.
    Un día hablando con ellos, no sabiendo cómo justificar mi decisión les dije que había cogido un poco de miedo a eso de luchar contra gladiadores, que históricamente todos terminan muriendo bajo la espada lanza o tridente de algún otro.
    Uno de aquellos días mi tío Ovidio me dijo confidencialmente:
    -Ya hace varios años que eres mayor de edad y deberíamos hacer cuentas.
    Tu madre Agripina y yo hemos llegado a la conclusión de que tú tiempo de hacer locuras ha sido superado y deberías ocuparte de tus negocios, nosotros ya somos mayores y nos sentimos muy cansados de tantos problemas, necesitamos terminar nuestras vidas dedicándonos a disfrutar del tiempo que nos quede.
    No creas que te vayamos a abandonar sin más ni más, tus tierras han dejado una cantidad de dinero considerable y eres rico, nuestra misión ha concluido satisfactoriamente,
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    El día que quieras pondremos final a nuestra condición de tutela entregándote tus bienes.
    No por eso como ya he dicho nos desconectamos de ti, al contrario te consideramos un hijo aunque seas de adopción y te vamos a querer siempre mientras que los dioses nos lo permitan.
    Tienes todo nuestro cariño y te ayudaremos en todo lo que podamos siempre.
    Mi tio Ovidio, entonces mi padre, mientras hablaba se iba secando las lágrimas como si se estuviese despidiendo para siempre, mientras mi tía madre, me miraba muy seria sin decir nada, observando cómo yo también me emocionaba.
    Después, se apoderó de la estancia un silencio denso que duró un lapsus apenas unos segundos que aprovechó mi padre para seguir exponiendo otras cuestiones que yo ignoraba pero que eran esenciales.
    -Seguramente sabes que los senadores y su familia directa tenemos prohibido manejar negocios, por eso cuando te adoptamos, los negocios de las tierras y todo lo de tus padres anteriores, ni yo, ni tu madre Agripina podíamos realizarlos por esa prohibición y por eso los pusimos en manos de una persona de confianza que ha actuado con suma honradez bajo mi vigilancia. Ahora esa persona que se llama Tácito Petelio ya ha envejecido como nosotros y también necesita que lo reemplacemos, por eso mismo debemos hacer cuanto antes la entrega de la villa Azul y sus bienes a tu persona. Deberás hacerte cargo de esos bienes lo antes posible.
    Ya sé que esas cosas van a tropezar con tus aficiones, pero son tu futuro, debes tomar conciencia de esas obligaciones sin dilación o bien buscar a alguien que este preparado y dispuesto para hacerlo en tu nombre.
    Nosotros hicimos lo que nos pareció mejor para todos.
    Si no puedes o no deseas cargar con estas cuestiones financieras y agrícolas, me lo dices y te buscaré otra persona que lo haga como hasta ahora ha hecho mi amigo Tácito.
    -(Vaya solo me faltaba esto para terminar de solucionar mis ansias de venganza) Pensé mientras mi cabeza daba vueltas intentando asimilar tantos problemas surgidos espontáneamente, así que me limité a sugerir:
    Cuando terminó de hablar mi padre Ovidio, un escalofrío me sacudió todo el cuerpo, si me dedicaba a estos asuntos, podía dar

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    por olvidado a Plinio y esoera tan imposible para mi como dejar de respirar. Por eso le contesté sin pensarlo mucho.
    No sabes lo mal que me viene este cambio en estos momentos que tengo que revalidar mi titulo de campeón de lucha con varios combates que ya están programados.
    Si te parece bien di a Tácito que por favor me conceda un par de meses más y se cuide de mis negocios hasta que yo pueda hacerlo o encontremos a la persona idónea que lo pueda sustituir.
    Después de esta conversación, pensé que tal vez Livia que conocía a tanta gente me pudiera ayudar, claro que las personas que ella pudiera conocer seguramente fueran de escasa confianza dado los lugares en que se desenvolvía, pero como me caía bien, al menos le daría un motivo para que me considerase un buen amigo y posiblemente en otra ocasión ella localizase una pista para encontrar al odiado Plinio, al que no me podía quitar del pensamiento, ni aquellas escenas en que abusaron de toda mi familia como si fueran perros y la aniquilaran después.
    Nunca, por muchos años que viva podré olvidar lo que el y sus compañeros hicieron con mis hermanas, desvirgándolas follándolas y matándolas después ni lo que hicieron con mis padres que aún fue peor y con mis hermanos a los que les cortaron la cabeza. Esas cosas no podré olvidarlas nunca, he de poner a trabajar todas las opciones posibles para encontrar a ese asesino y Livia es una de las mejores. Solo la suerte me podia ayudar, no tenia otra alternativa para elegir.
    No sin estudiarlo concienzudamente decidí contar a Livia mi problema, algo dentro de mi me indicaba actuar sin dilación.
    La localicé al día siguiente en el prostíbulo donde ejercitaba y le pedí que me escuchase porque quería contarle algo muy delicado.
    Nos sentamos en una mesa y pedimos algo para beber, ella un vaso de naranjada y yo de vino, vino que no llegué a probar
    Resulta que un borracho se nos acercó sin ninguna delicadeza y cogió a Livia de un brazo tirando de ella a la vez que le gritaba.
    -Vamos a follar que aquí no haces nada con este fantoche.
    Ante tal insulto no me pude contener y me levanté de inmediato, pero al ver en que condiciones se encontraba aquel individuo le reprendí amablemente para que nos dejase en paz.
    Por favor déjenos tranquilos y vaya a que le de un poco el aire a ver si se le baja la borrachera.
    El borracho parece que no comprendió bien lo que le dije, ya que se abalanzó impetuosamente contra mi sin mediar palabra,
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    consiguiendo que lo esquivase y le diera un empujón tirándolo al suelo. Momento en que otros tres que debían ser sus amigos se me acercaron rodeándome; uno por detrás intentó sujetarme para
    que otro de ellos me atizase algún puñetazo o lo que es peor darme una puñalada, ya que uno malcarado la esgrimió con intención amenazante.
    No creo que se apercibieran de nada, en un santiamén me desprendí del que me había sujetado por la espalda, dandole un cabezazo y después un puñetazo al que exhibía la navaja y al que quedó lo levanté en el aire y lo lancé contra la pared de la que al chocar cayó sobre una mesa ocupada por otros dos que hablaban de sus cosas.
    El caso es que los dos que quedaron con conocimiento cogieron a los otros que lo habían perdido y sin rechistar se los llevaron a la calle para reanimarlos y ya no entraron dejándonos a los demás tan tranquilos.
    Livia se quedó muy impresionada por mi reacción y forma de solucionar aquel pequeño conflicto, a lo que no di la mínima importancia por tratarse de cuatro borrachos sin idea de con quien se la estaban jugando.
    Bueno te he venido a buscar para ver si tú que tratas tanto con personas, conoces a alguien entendido en comerciar con los productos del campo porque resulta que al morir mis padres las tierras que me dejaron de herencia fueron supervisadas por un hombre experto en el negocio de la agricultura y ganadería pero como ya esta muy viejo me ha dado un plazo de un par de meses para que me busque a otra persona que ocupe ese cargo.
    -El sueldo es el diez por ciento de lo que se comercie que en este caso cada año supera los cincuenta mil .
    -¿Cincuenta mil, que?
    Me preguntó ella un poco sorprendida al no entender bien de que monedas hablaba.
    -Denarios de plata
    Contesté sonriendo muy ufano
    Con los ojos desorbitados por la sorpresa, ella comentó:
    -¿No me tomas el pelo? Porque si ganas tanto debes ser rico y la verdad, hay cosas que no comprendo.
    ¿Si eres tan rico que haces buscando al PLinio ese del demonio y ahora a otro tio comerciante?
    Yo misma he estudiado economía y sin embargo nunca encontré trabajo porque siempre preferís a tíos.
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    -A las mujeres solo las queréis para practicar sexo.
    Tras un breve intervalo de silencio, añadió:
    – Perdona a ti no me refería, a ti no te entiendo, eres el tío más extraño que he conocido y he conocido tíos a montones. En fin así es la vida.
    Deje a Livia que se explayara a gusto contando lo de los tíos pero lo de que había estudiado economía me dejó un poco sorprendido y le pregunte a bocajarro.
    -Si tanto sabes, si tanto has estudiado dime… ¿Qué haces aquí ejerciendo como una triste puta?
    – Mira chico, te consiento que me insultes cuanto quieras, quizás me lo merezco pero sepas que nunca he sido triste.
    Sonreí y le contesté:
    –Bueno pues te voy a decir una cosa, ya que me consideras un tio especial te voy a dar la oportunidad de tu vida.
    Te voy a contratar para que controles mis negocios por un año y si lo llevas bien te haré un contrato indefinido ¿Aceptas? Piénsalo y deja esto, que no comprendo por que estas metida en esta vida. Mañana vendré aquí mismo con el contrato, si es que te sigue interesando.
    Su respuesta estuvo repleta de gratitud al contestar:
    ¿Cómo que si me interesa? ¡Pero si lo que me ofreces es mil veces mejor que esta triste vida y no lo digo para que te rías, lo digo porque tengo necesidad de ganar dinero para mis dos hijos, un niño y una niña. Hijos que tuve a la edad de catorce y quince años con un niñato engreído incapaz de trabajar en nada y que nos abandonó
    para ingresar en el ejercito donde dijo que le darían de comer y donde dormir sin trabajar. Lo que no sabía era que un año después moriría en combate.
    Por eso al encontrarme sola en Roma sin otra familia que mis hijos, ya que mis padres fallecieron en una epidemia que asoló mi pueblo, no tuve más remedio que dejar mis sueños y dedicarme a esto.
    No me ha gustado nunca hacer este trabajo, si se puede llamar así, no encontraba nada, y mis hijos tenían hambre, mucha hambre, y caí. Sabe Dios que esta vida me da náuseas pero el hambre de mis hijos había que eliminarlo o se me morirían.
    No pude esquivar las miradas ansiosas y ofertas de los hombres.
    Pero repito, sobre eso que has dicho de que soy una triste puta no estoy de acuerdo, yo nunca he sido nada de triste, mi carácter siempre fue muy alegre, si mi cara muestra seriedad, no es tristeza es decepción, indignación ante el desprecio que la sociedad
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    establece contra mi, contra todas las mujeres. De eso me quejo. ¿Acaso una mujer que ha estudiado…No tiene el mismo derecho que un hombre que haya estudiado lo mismo?
    Ahora, con tu oferta de un trabajo decente no sé que pensar de ti ¿Eres un rico caprichoso? ¿Acaso me parece un gran misterio eso de que busques al tal Plinio como si en ello te fuera la vida. Eres un ser muy diferente a todos los que he conocido.
    Ante tantas preguntas no tuve más remedio que advertirla de algunos puntos que se me habían olvidado pero que eran importantes, por eso me acerque a ella y en tono confidencial le dije:
    -Si aceptas mi oferta mañana te presentaré a mis padres adoptivos y ellos te irán informando de cuanto tendrás que hacer, ya que yo tengo otros proyectos y me verás muy poco. ¡Ah! Que no me olvide, cuando hables con ellos les debes hacer creer que mi ilusión ante todo es ganar combates y viajar, porque a partir de un día de estos creo que voy a buscar pistas por todo el mundo hasta que encuentre a Plinio y ni se te ocurra nombrarlo para nada, ellos no deben saber nada de ese hombre al que odio más que a nadie; si te digo todo esto es porque no quiero que ellos estén preocupados. Para que no te queden dudas sobre lo que me impulsa tanto a buscar a ese te lo contaré en breves palabras.
    Plinio y una banda de desertores entraron en la villa Azul que era nuestra casa una noche y mataron a toda mi familia. A mis hermanas las desfloraron y después de violarlas cuanto quisieron les cortaron la cabeza, bueno no quiero explicarte más, el caso es que a mi me salvó una patrulla de policía que los perseguía por ser desertores legionarios, aunque Plinio que era el jefe de aquellos asesinos logró escapar, y juré que mi vida la emplearía entera para buscarlo durante el tiempo que fuera y lo mataría para vengar a mi familia.¿Comprendes ahora mi obsesión por encontrar a ese criminal?
    Livia mientras le conté el resumen de aquella terrible noche me observaba muy atenta y cuando finalicé mi relato exclamó sorprendida:
    -¡Ahora lo comprendo todo, tú eres el señor tan poderoso al que tanto teme Plinio¡
    Por mi no te preocupes guardaré el secreto, pero ten cuidado con ese asesino, no sea que te localice él a ti y te prepare alguna trampa. Esa gente nunca esta sola, siempre encuentran a otros de su misma calaña que les ayude.
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    Después de hablar un rato más de cosas sin importancia y viendo que los parroquianos no nos quitaban ojo de una forma molesta, tras haber quedado para el día siguiente decidimos marcharnos.
    Le ofrecí cierta cantidad de dinero, para que pudiera vivir sin problemas, pero ella sorprendentemente lo rechazó y como habíamos acordado una cita para el día siguiente para presentarla en la villa de mis padres adoptivos nos despedimos ante las inquietas miradas de los puteros que ni por un momento dejaron de observarnos.

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    CAPITULO VIII

    EL LEGIONARIO

    Anteayer en el bar del prostíbulo La estrella Luminosa, unos colaboradores de la legión internacional de Roma vieron como derrotaba a cuatro hombres dejándolos fuera de combate en menos de cinco minutos y ayer se presentó un legionario con un papiro en el que me citaban de una oficina gubernamental; llamamiento en el que decían que tenían que hablar conmigo de algo muy importante.
    Aquel mandato o citación me puso muy nervioso y tal inquietud no se me quitó hasta que no me enteré de lo que se trataba por lo que llegué antes de que abrieran el negociado de la legión de Roma.
    Me recibió un legionario que me pareció el que me entregó la citación el día anterior, lo que me puso un poco nervioso ya que si me tenían que decir algo importante como dijeron en el pergamino. ¿Por qué no me lo dijeron en ese momento? ¡Vaya forma de fastidiar!
    El legionario me pidió amablemente que lo siguiera hasta un despacho al fondo de un pasillo lleno de puertas que seguramente eran las de otras oficinas y una vez sentado ante una pequeña mesa tras al cual se acomodó aquel y donde ya estaba otro escribiendo algo sobre un papiro, y que reconocí como uno de los que me vieron pelear en el prostíbulo, dijo:
    -Lo hemos investigado a usted y averiguado que es campeón de lucha grecorromana del Imperio y que además ha recibido un entrenamiento muy completo de gladiador siendo considerado por su entrenador y compañeros como un extraordinario luchador.
    Al oír aquello me quedé pensativo muy preocupado.
    Los luchadores de grecorromana tenemos prohibido organizar peleas callejeras ni en ningún sitio fuera de los campeonatos o peleas legales. Por tal motivo al escuchar eso creí que me acusaban de algo ilícito y me querían sancionar, con una suma de dinero, desposeerme de mi titulo de campeón o lo que era peor eliminarme de cualquier competición, así que inmediatamente me puse a la defensiva alegando:
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    Aquellos hombres eran unos borrachos que faltaron al respeto a la mujer con la que estaba hablando y al reprenderlos educadamente
    me atacaron y tuve que defenderme. Eso lo puede corroborar el empleado del lugar y los parroquianos que había allí en aquel momento, uno de los cuales creo que era usted
    Los dos que habían venido preguntando por mí, al escuchar mis alegaciones se miraron sonriendo y el más alto, un hombre que aparentemente parecía un pastor y que yo confundí con un policía habló arrastrando las palabras dándose cierta importancia.
    -Tranquilícese hombre que no somos policías ni nada de eso, somos informadores del ejercito, lo vimos todo en el tugurio; en esta ocasión estamos en misión secreta y venimos directamente mandados por el mismo Octavio Cesar Augusto, para llevarlo a su presencia.
    Me quedé asombrado creyendo que era una broma ¿Cómo podía ser que el mismo emperador quería verme?
    -¿Esto no será una broma?
    Pregunté a los informadores que para mi eran simples espías, Esta clase de vigilantes eran utilizados desde hacia más de cien años.
    -No tema, no es ninguna broma, nosotros lo acompañaremos ahora mismo si le parece a usted bien.
    Tanta amabilidad me sorprendió, tenía entendido que una orden del emperador debía ser atendida de inmediato, por eso respondí
    Para mi será un honor acudir prestamente.
    El palacio del emperador apenas distaba de donde nos encontrábamos unos doscientos metros: acompañado por uno de los legionarios fuimos andando y cinco minutos después entrábamos en tan suntuoso edificio.
    Ya en presencia del egregio personaje, este me hizo pasar a un salón muy lujoso repleto de cuadros y estatuas, la mayoría representando a los dioses y otras a figuras tales como guerreros emperadores y figuras del deporte entre estas había una dedicada a mi luchando con un león grandísimo, y pensé ( Quien habrá sido el cretino que me ha hecho esta escultura tan disparatada?)
    El gran personaje, al ver que me estaba fijando en aquella estatua me dijo.
    -Esa escultura la mande hacer cuando te vi. luchando sin armas en el estadio contra un gladiador armado, me impresionaste mucho y esta escultura es tal como yo te imaginé luchando contra un león. He ordenado que se te siga y se investigue todo lo que sea sobre ti y he averiguado muchas cosas como que el gladiador es un
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    enemigo tuyo, que ha desaparecido de Roma, seguramente huyendo de ti.
    Sin embargo mis informadores no han averiguado el destino de ese gladiador que ha conseguido la espada de madera y su libertad al vencer a cuarenta contrincantes en dos años.
    Pero vamos al asunto que me interesa, te he traído aquí para proponerte un par de cosas.
    En primer lugar me gustaría que fueras de mi guardia personal y en segundo, si ese destino no te satisface necesitamos hombres como tú, con cultura y destreza para formar una patrulla de espías o informadores secretos que viajaran por todos los países del imperio como soldados que disfrazados de paisano se infiltrarán entre las gentes y nos irán transmitiendo por nuestros correos cualquier novedad que observen en esos países gobernados por nosotros. Tales soldados se irán desplazando donde se les ordene, se pondrán bajo las ordenes de los procónsules de cada lugar y actuaran como aquí se les indicará. Debo advertirte que el destino que elijas, en ambos casos son muy importantes y peligrosos, deberás viajar a caballo de un lugar a otro continuamente tanto si te decides a ser de mi guardia personal
    cómo a informador de asuntos exterioriores.
    Otra cosa que debo decirte es que como ciudadano libre puedes rechazar ambos destinos, o pactar por un tiempo determinado que después si te interesa prolongaríamos en sucesivos contratos, o sea que se te concedería un tratamiento especial por los servicios prestados a Roma.
    Estas ventajas son diferentes a las actuales y solo te las ofrezco a ti por la gran estima y admiración que sentí en el estadio Máximo por aquella lucha tan emotiva que me impresionó como nunca me había emocionado nada.
    Mientras hablaba el emperador lo hacia sentado en su trono, solo observado por su guardia personal y varios personajes que deduje serian lacayos o bien secretarios o algo parecido, a pesar de haber tantas personas , ya que conté unas diez, el salón estaba completamente vacío y envuelto en un silencio sepulcral.
    La verdad es que ser de su guardia no me interesó en absoluto, no así el otro ofrecimiento que me permitía viajar por todo el imperio y quien sabe si así algún día encontrase a Plinio cuya brutalidad criminal no se me iba del pensamiento ni de día ni de noche.
    -Majestad, para mi es un honor que haya pensado en mi para servirle pero considero que seré más útil para nuestro país siendo
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    un policía secreta dentro del ejercito vigilando los intereses de Roma en todo el mundo.
    No obstante quisiera hacerle una consideraciones, su majestad tiene el poder suficiente para obligarme a ir a donde sea, incluso es dueño y señor de mi vida como la de cualquier súbdito romano, sin embargo me gustaría como hombre libre tener un trato distinto a las normas establecidas.
    El emperador sonriendo me preguntó:
    -¿Qué normas quieres alterar? ¿Acaso te parecen pocas las que te he propuesto?
    Mi contestación creo que fue clara y concisa, le hice este comentario, y eso si, con cierto temor a la reacción que pudiera tener el emperador, del que había oído decir que tenía mal genio y era muy autoritario, no permitiendo que se le discutieran sus órdenes.
    Como sabrá su Majestad los contratos para ingresar en el ejercito son de minimo veinte años y estar en el ejercito tantos años; son muy duros y difíciles de soportar para un joven y por eso creo yo en mi humilde opinión que muchos soldados se desesperan al no tener una mujer y una familia por lo que yo creo que esa es la razón culpable de tantos desertores,
    También pienso que por eso es difícil encontrar soldados que han de comprometerse tantos años y durante ese tiempo se deben en cuerpo y alma al ejercito de tal forma que no pueden pensar ni en broma en formar una familia ni casarse o juntarse con nadie de otro sexo ni de ninguna clase, ya que les está prohibido; pues bien, yo estoy en una situación acomodada y no necesito, salvo que su Majestad no lo considere así, alistarme a ningún sitio, siento que Roma me necesita y estoy dispuesto como buen romano a servir a mi patria el tiempo que sea necesario y si es preciso derramar hasta la última gota de mi sangre por ella, pero dada mi situación en la que debo vigilar el bienestar de muchas familias que trabajan en mis fincas me gustaría que en un principio me autorizasen a firmar contratos de un año prorrogables mientras me fuera posible atender las funciones obligatorias que me asignasen como soldado.
    La contestación del emperador no pudo ser mejor, me quedé petrificado de contento.
    -Tus palabras están llenas de sabiduría y me parecen muy acertadas.
    Precisamente sobre el ejercito en el congreso se están estudiando algunas normas que quiero adaptar a los nuevos tiempos.
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    Por ejemplo, tú has mencionado una idea muy valiosa y se trata de eso, de los derechos del soldado a formar familia y sobre lo de
    alargar o acortar el tiempo del servicio militar que tal como es ahora también me parece excesivo.
    Actualmente estamos estudiando esa cuestión con mucho interés. De momento tus argumentos los considero aceptables y serás el primero en disfrutar del contrato de un año al servicio de la patria. Al menos, nos servirá de experiencia.
    De todas formas sobre eso ya te he hablado antes y no hay ningún problema.
    Mis últimas palabras fueron de gratitud, había oído decir que al emperador Augusto no se le podía contradecir porque se enfadaba y eso era muy peligroso. Mis últimas palabras fueron de agradecimiento y satisfacción.
    -Solo quiero expresarle mi agradecimiento por haber pensado en mí, espero que me destine a la unidad que su majestad considere y me incorporaré a ella inmediatamente.
    Apenas pude despedirme de nadie, todo fue muy precipitado, antes de hacerlo con el emperador este mandó escribir en un papiro la orden por la que en ese momento me destinaba a un contingente que debía ponerse en marcha de inmediato.
    Veinticuatro horas después me ponía a las órdenes de Poncio Pilato que seria el jefe del grupo.
    Salimos de Roma a caballo dos días después y durante el trayecto de aquellas largas cabalgadas por los caminos construidos durante la república y ahora prolongados por nuestro gobierno, Pilato me eligió como secretario y me iba informando de cuantas novedades íbamos encontrando por los distintos territorios y yo los iba escribiendo en unos papiros que enviábamos a Roma, al emperador.
    Para el correo, el gobierno había instalado a cierta distancia unas de otras oficinas de correos donde paraban los empleados que a caballo se iban relevando de tal forma que descansaban y al siguiente dia volvían a su lugar de origen con el correo que les llegaba de dirección contraria, también habían los correos de carga que en tal caso se hacían con carros, aunque eran un poco más lentos que los otros ya descritos. También se hacían servicios en barco si era necesario.
    No creí que tuviese tanto trabajo y me sorprendió la gran cantidad de papiros que tenía que escribir resultado de las conclusiones que íbamos observando.
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    Las estrategias que empleábamos eran diversas, como todos sabíamos varios idiomas, en el sitio en el que debíamos investigar usábamos normalmente el nuestro, el latín, pero en otras
    circunstancias el del país que pisábamos, todo dependía en querer o no que nos entendiesen o que creyesen que éramos extranjeros y no los entendíamos a ellos.
    Tenía que redactar un sinfín de comunicados sobre el ejército con los que contaban en cada país los gobiernos autóctonos y los que allí teníamos nosotros.
    También era importante hacer un estudio de las obras que realizasen, del comercio, de su agricultura de sus carreteras de sus niveles de orden y estabilidad social, de su sistema sanitario y cultural, en fin, de todo.
    Por lo visto había que vigilar cualquier conversación de taberna de los parroquianos para lo que varios soldados adoctrinados en la labor de espionaje y disfrazados de campesinos se infiltraban entre las gentes de toda condición sacando conclusiones de lo que se opinaba, especialmente sobre nosotros, los romanos.
    El emperador tenia mucho interés en nuestro trabajo gracias al cual se pudieron evitar varios conflictos bélicos.
    Ya en la capital de Siria que se llamaba Antioquia empezaron los problemas para los investigadores, sobre todo para mí.
    Una de las ideas que me habían influenciado a la hora de aceptar lo que me ofreció el emperador Cesar Augusto fue que emplearía a los demás investigadores en mi provecho para encontrar a Plinio, Si viajábamos por todo el Imperio Romano estudiaría sobre la marcha la forma de investigar que todo el sistema de informadores de todos los paises del Imperio trabajasen de forma sesgada para mi ofreciendo una recompensa de cien denarios de plata al que me diera noticias del paradero de Plinio.
    A pesar de tanto trabajo, yo personalmente no perdía ocasión de buscar a mi odiado Plinio aunque también empleando a los mismos espías para que como la cosa más natural sonsacaran a las gentes por si conocían a un tipo de las características de aquel un individuo de aspecto hercúleo al que le faltaban varios dientes, mirada severa y que un año antes vivía en Roma. Los espías eran amigos además de compañeros y les había prometido cómo ya dije antes un premio de cien denarios si lo localizaban y me lo comunicaban solo a mí.
    Ya habíamos visitado casi todo el imperio cuando me encontré envuelto en una desagradable pelea de borrachos como me
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    sucedió tiempo atrás en Roma, pero esta vez no hubo por medio ninguna mujer, simplemente varios hombres de aspecto normal se me acercaron y me invitaron a beber con ellos. Como no los
    conocía de nada me pareció harto sospechosa aquella invitación y la rehusé diciendo:
    Gracias, pero no acostumbro a beber alcohol.
    Entonces se empezaron a reír a llamarme maricón y cosas parecidas a las que no hice caso considerando que debían estar bebidos o algo similar ya que no comprendía tales manifestaciones ni por que me invitaban sin conocerme de nada.
    Total, que viéndose rechazados se empezaron a propasar intentando hacerme beber de una botella que me ofrecieron argumentando:
    -Si no te bebes esta botella de vino te vamos a colgar del cuello hasta que te mueras. ¡Mira que despreciar una invitación! ¿Pero tú quien te crees que somos, unos payasos? Bébete hasta la última gota ahora mismo y sin rechistar, imbecil. ¿Te crees que das miedo por que tengas musculitos de gimnasio barato?
    Me volví de espaldas dándoles a entender que no les hacía caso, que no quería complicaciones con ellos, pero el resultado no fue como yo esperaba, pensé que si me desentendía terminarían dejándome tranquilo, pero no fue así, uno de ellos, el más alto me sujetó de un brazo tirando de mi mientras otro me restregaba la botella por la cara intentando que bebiera el vino que debía contener.
    La verdad es que una cosa tan incomprensible nunca me había sucedido y mi paciencia llegó al limite dándole un puñetazo en las narices al que me restregaba la botella, saliendo disparada de su mano yendo a estrellarse contra el mostrador del establecimiento, lo que no debió gustar a los otros tres o cuatro que sin mediar palabra se arrojaron sobre mi siendo recibidos por una lluvia de mamporros. Incluso me satisfizo levantar al más gordo en vilo aprovechando el mismo impulso que el hizo al saltar sobre mi y arrojarlo contra una mesa que quedó partida en dos trozos, en un santiamén los dejé sin conocimiento desparramados por el local.
    Luego, como que había ido allí solo pensé que lo mejor era marcharme, lo que hice sin despedirme de nadie ya que a nadie conocía
    Al otro día Pilato me dio la orden de ir por la noche, vestido de aldeano a un tugurio donde acostumbraban a ir soldados nacionales quiero decir del régimen sirio ya que entonces estábamos en ese
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    país Siria, el caso es que al cruzar por un callejón solo alumbrado por la incipiente luz de la luna menguante, de la oscuridad surgieron varios hombres armados con cuchillos de dimensiones escalofriantes que se abalanzaron sobre mi sin mediar palabra.
    Imaginé que querían atracarme, y aunque no me pareció muy claro el asunto me volví por donde había venido saliendo corriendo como alma que lleva el diablo, escapando de aquel peligro del que sin duda venían con muy malas intenciones. Después di un rodeo para ir al lugar que me habian mandado y una vez allí alguien que noté que me seguía empezó a hablar con varios, que en una mesa del rincón más apartado jugaban a las cartas advirtiendo que me observaban con curiosidad.
    Antes de que me diera cuenta ya se encontraban a mi lado haciendo como que estaban por sus cosas hablando en voz baja. Entonces uno que se había puesto junto a mí, me dio un codazo y en vez de disculparse me increpó con estas groseras palabras.
    -Oye imbécil, a ver si miras por donde andas que me has empujado y te voy a pegar un puñetazo en los morros si vuelves a hacerlo.
    Como no quería líos, le contesté amablemente:
    Perdone, ha sido sin querer.
    Aquel, dirigiéndose a los que antes jugaban a las cartas en el rincón y que ya se habían acercado simulando curiosear les dijo:
    -¿Os habéis fijado en el chulo este que se cree con derecho a molestar a todo el mundo? ¿Qué os parece si le damos un escarmiento para que no vuelva más por aquí?
    Viendo el cariz que tomaba el asunto ya que eran al menos media docena y me pareció muy peligroso pelearme con tantos, les dije mientras me acercaba a la puerta con la intención de salir corriendo en el caso de que me atacasen, cosa que por lo visto era costumbre en aquellos tugurios de mala muerte:
    -Tranquilos que ya me voy,
    Sin embargo, enseguida se dieron cuenta de mi intención y uno se puso ante la puerta gritando a los otros.
    -¡A por él, que no escape matadlo!
    Aquello fue la gota que culminó mi paciencia, me lance furioso contra el que me bloqueaba la salida dándole un soberbio empujón y salí de aquel antro echando chispas.
    A Pilato le dije que no había descubierto nada especial, que allí los parroquianos solo hablaban de vino y mujeres.
    A mi me pareció que lo que me estaba sucediendo no era normal y pregunté a otros que hacían investigaciones como yo y en efecto a
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    ellos nadie les atacó ni molestó en absoluto. Por tal motivo desde aquel día intenté ir acompañado de otros compañeros para evitar conflictos, cosa que no logré totalmente ya que sufrí varios altercados de los que afortunadamente salí siempre ileso. Indudablemente lo que me sucedía no era normal, alguien quería
    quitarme del medio. Cada vez me atacaban mas personas y con más saña ¿A ver si Plinio estaba tras estos sucesos?
    Ante aquellas sospechas, tenía que elaborar una estrategia, y pensando pensando, me pareció que de los que me atacaron siempre había un par que me parecían los mismos. Me gravé sus imágenes en la mente, uno era bajito y regordete con la nariz torcida como si se la hubieran desviado de un golpe, el otro de complexión atlética, estatura normal, aproximadamente de un metro setenta, calvo, sobre los treinta años y pico, bizco, tenia una cicatriz en la frente que le daba un aspecto siniestro. Ambos creí haberlos visto en más de una ocasión.
    Lamentablemente no pude seguir mis investigaciones porque recibimos un correo de Roma en el que se nos comunicaba que el emperador Octavio Cesar Augusto había muerto y que desde aquel momento lo había sustituido Cesar Tiberio, heredero del Imperio Romano tal cómo se quedó acordado con Augusto anteriormente.
    Por aquel entonces, considerando sus méritos Pilato era ascendido a procónsul de Palestina nosotros de momento continuábamos a su cargo y debíamos seguirle hasta nueva orden como guardia personal; además se nos ordenaba que deberíamos dejar Siria y dirigirnos a Palestina, viaje que iniciamos al día siguiente apenas hubo amanecido.
    Atravesar montes y desiertos no fue sencillo, tuvimos que galopar por algunas cordilleras con toda clase de problemas como por ejemplo, adquirir alimentos y cambiar o al menos hacer descansar a los caballos que terminaban agotados diariamente.
    Cuando llegamos a Palestina, Pilato y su mujer se instalaron en la residencia palaciega que tenían reservada en la ciudad de Cesarea y nosotros su guardia pretoriana en el ala sur del mismo edificio.
    No pasó mucho tiempo en que nos fuimos familiarizando con la gente de aquella estupenda ciudad. Una ciudad Muy parecida a la de Antioquia y en la que de inmediato nos fuimos adaptando a sus costumbres.
    Los meses siguientes fueron transcurriendo normalmente, nosotros aparte de escoltar a Pilato en sus desplazamientos y diversas otras cuestiones hicimos lo de siempre, vigilar al populacho y redactar
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    informes de cuanto descubríamos. Pilato parecía disfrutar de su nuevo status visitando autoridades y también siendo visitado por personajes importantes de aquellas latitudes, aunque no parecía tenerlas consigo ya que nos advertía de que extremásemos nuestras pesquisas porque intuía cierto malestar en nuestros
    comunicados que le alertaban de estarse gestando alguna insubordinación de los palestinos.
    Pilato constantemente estaba atento por la opinión de los ciudadanos y no dejaba de advertirnos con evidente preocupación
    Tenemos que estar alerta, porque si se revelase el ejército o el pueblo de Palestina contra Roma y no lo solucionamos a tiempo, nuestro emperador es capaz de crucificarnos a todos nosotros, Tiberio es muy severo en estas cuestiones.
    Pilato como procónsul de Roma en Palestina entonces llamada también Judea, tenía a su cargo alrededor de cuatro mil soldados de a pie, mil a caballo y su guardia pretoriana que éramos ochenta.
    No se equivocó Pilato, no solo tuvimos un problema si no varios, al principio paseamos unos estandartes con la efigie de Tiberio y el pueblo judio se dirigió en una manifestación multitudinaria al pueblo de Cesarea manifestando que quitásemos aquellos estandartes que era un insulto para su pueblo.
    Pilato les advirtió que si no se dispersaban mandaría a sus soldados que los atacasen, pero los manifestantes gritaron que preferían morir antes que tolerar enseñas contra su Dios.
    Pilato no quería problemas, dijo que prefería solucionar el asunto sin matar a nadie y ordenó retirar los estandartes.
    En otra ocasión quiso hacer un acueducto para abastecer a la ciudad de Jerusalén de agua suficiente empleando dinero del templo, a lo que los religiosos se negaron diciendo que el dinero del templo era dinero para vanagloriar a Dios, y que se quejarían a Tiberio si insistía en tal sacrilegio, Sin embargo el acueducto se empezó a construir tras algunos días de discutir y convencer a los religiosos diciéndoles que era necesario llevar agua para los hijos de Dios, el pueblo judío.
    En otra ocasión tuvimos otra manifestación masiva muy agresiva que nos atacaba no solo con amenazas y gritos pidiendo que nos fuéramos, si no también esgrimiendo armas caseras como cuchillos, palos, martillos, etc,
    Pilatos hizo que los soldados se vistieran de paisano y se mezclasen con los manifestantes y para no matar a nadie les

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    ordenó que no utilizasen las espadas, que en caso necesario para dispersar a los manifestantes empleasen porras.
    Lamentablemente la manifestación se dispersó pero con una gran cantidad de victimas, entre estas, algunas de soldados romanos.
    Después de tantos problemas todo volvió a su cauce normal.
    Las comunicaciones con Roma nuevamente se iniciaron comunicando al emperador Tiberio que el pueblo judío era un
    pueblo muy manejable y que se sentían muy felices de ser gobernados por nosotros.
    Y si digo esto es porque todos los papiros que se enviaban con el lento sistema existente de mensajería a caballo los escribía yo dictados por el procónsul Poncio Pilato.
    Recuerdo que escribíamos en papiros porque eran mucho mas económicos que los pergaminos aunque si había que escribir libros era más práctico hacerlo con pergaminos por que se deterioraban menos, su tinta no se borraba tanto y también eran hojas más delgadas.
    Era entonces cuando más me acordaba de mi abuelo Longino que decía que Julio Cesar nunca contaba sus derrotas, solo sus victorias, Afirmando que…Mil victorias jamás justificarán una derrota.
    Que a veces para saber si habías sido derrotado o vencedor habría que contar los muertos de ambos bandos
    Y que para obtener grandes victorias se necesitaban grandes enemigos.

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    CAPITULO IX

    EL CENTURIÓN

    Siempre que me llamaba Pilato a su palacio, invariablemente era para dictarme algún mensaje destinado al emperador Tiberio, o para el senado en cuyos papiros les contaba las novedades acaecidas en Palestina en el mes anterior, esta era una norma de obligado cumplimiento, salvo que hubiesen novedades especiales que rompieran aquella norma a la que ya nos habíamos acostumbrado, como una rutina intrascendente.
    Pero cuando aquel día Pilato me recibió, noté cierta actitud hacia mi muy diferente a la de anteriores ocasiones, cuya relación conmigo siempre fue distante, más bien fría.
    Aquel día lo encontré algo más amable, me pareció que estaba contento por algo que yo ignoraba, incluso me extrañó la presencia de su esposa Claudia Prócula, que me dio un beso en la mejilla como se acostumbra hacer con un amigo o familiar.
    La verdad es que mi asombro lo debieron detectar ya que Prócula dijó a su marido.
    ¡Por los dioses, Poncio, díselo ya!
    Pilato apoyándose en la mesa donde acostumbraba a dictarme los mensajes, adoptó una actitud completamente distinta a la del recibimiento, su tez se volvió sombría y con una seriedad muy acusada dijo:
    Sin que tú lo supieras, hace un par de meses hice escribir a otro soldado un mensaje en el que suplicaba al consejo de ministros, al senado y al emperador mi deseo de que por tú comportamiento y valores opinaba que deberías ser ascendido a centurión.
    Hoy he recibido el comunicado en el que tras las consideraciones oportunas y necesarias, tú ascenso ha sido otorgado.
    Por tanto desde este momento ya puedes considerarte Centurión. Mañana mismo esta novedad, en un acto especial se les comunicará a la tropa y te serán destinados los soldados que quedarán bajo tu mando.

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    Te estrecho la mano como amigo y camarada y te deseo larga vida por el bien del Imperio Romano.
    De reojo miré a la señora Claudia y noté que sonreía complacida, cómo si gracias a ella fuese concedido el ascenso.
    El procónsul añadió sonriendo:
    ¡Ah! Que no se me olvide, una vez concluido el acto, te será entregado el vestuario que portarás. Aquí tienes este listado para que te vayas haciendo una idea.

    Un casco (cassis) con cresta (crista), de color, negro o rojo.
    Una armadura de cota de malla (lorica hamata) o de escamas (lorica squamata), muchas veces cubierta por phalerae o condecoraciones en forma de medallón y torquex o pulseras colgantes.
    Una túnica corta de color blanco (decursio albata), que en los dias fríos se complementará con pantalones adecuados.
    Una espada corta -gladius- que llevarás en el lado izquierdo en lugar del derecho, cómo los simples soldados (milites), sujeta al cuerpo con un (cingulus) o cinturón con la funda de tal espada.
    Protecciones especiales para las piernas (grebas)
    .Las sandalias son iguales a las de los soldados, unas plantillas simples con cordones.
    Un bastón de mando, habitualmente una vara de vid, (vitis), como símbolo de autoridad, y que, durante las tareas de entrenamiento, o actos bélicos utilizarás para golpear a los rezagados y torpes.

    De todas formas quise hacerle una pregunta al procónsul Pilato, y se la dije sin preámbulos:
    Estoy muy contento y agradecido por su interés pero como debe saber, cuando me alisté en el ejercito fue bajo unas condiciones especiales, condiciones que fueron aceptadas por el mismo emperador que entonces era Claudio Cesar Augusto y de cuyas condiciones guardo copia firmada por el mismo emperador y que según dijo esas condiciones son eternas Gobierne quien gobierne.
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    Pilato miró de soslayo a su esposa Claudia y le preguntó:
    -¿Tú que opinas de este problema?
    Y ella le contestó:
    No conozco esas condiciones pero aquí gobiernas tú y considero que tienes suficiente poder para hacer la investidura de este soldado, a centurión sin alterar las mencionadas condiciones.
    Pilato se echó la mano a la frente y exclamó con ironía
    ¡Es verdad, aquí mando yo, cuando no estas tú, claro!
    ¡Así que quedas ascendido sin problemas, bajo las mismas condiciones firmadas por el emperador Augusto!
    Después de aquellas conclusiones Pilato añadió:
    Un día de estos tengo que hablar contigo de un asunto muy delicado. Se trata de una misión especial
    A lo que yo le contesté:
    Pero si entonces soy centurión ¿No estaré libre de ciertos trabajos?
    -Si, claro, claro, claro, pero no creo que te niegues, al contrario la misión que te voy a encomendar te va a gustar mucho ya lo verás, además no creo que nadie la pueda llevar a cabo como tú.
    Lleno de curiosidad insistí preguntando:
    ¿No me puede adelantar de qué trata esa misión tan misteriosa?
    -Ahora no puedo decirte nada en absoluto, ya lo sabrás todo en el momento adecuado.
    La verdad es que tras aquella entrevista en mi ánimo se despertó un mar de dudas. ¿Por qué no me pudo adelantar alguna pista sobre la misión que aseguro que yo era el tipo idóneo para llevarla a cabo? ¿Por qué no era el momento adecuado? ¿La presencia de Claudia su esposa significaba un problema? ¿¿Acaso tenía que consultar a Roma si un centurión podía actuar legalmente en ese cometido?
    Mientras más vueltas le daba al asunto menos comprendía aquel enigma que no me iba a dejar conciliar el sueño aquella noche.
    Descansar, dormir siempre ha sido un problema desde aquella maldita noche. Casi siempre, antes de conseguir dormir tengo que beber un baso de leche y hacer un sinfín de ejercicios hasta quedar completamente agotado y cuando llega ese momento noto que se me cierran los ojos, momento en que me acuesto y tras recordar y recordarla dándole cien vueltas a la cabeza me quedo dormido, normalmente solo lo consigo durante unas cinco o seis horas. No se si eso mermará mis facultades fisicas . Posiblemente al ser joven no noto ningún problema salvo raras excepciones nunca me he sentido mal tras una noche en vigilia. Cuando llegué a la final del
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    campeonato de grecorromana, intenté dormir y empleé toda clase de artimañas sin conseguir pegar ojo en toda la noche.
    Por un lado me asaltaban los recuerdos como tenía por costumbre y por otro la inquietud por que al otro día debería estar a pleno rendimiento para ganar el titulo de campeón del Imperio.
    Total que al dia siguiente lo pasé deambulando por las calles de Roma sin pestañear y cuando llegó la hora del combate estaba seguro que sería el peor combate de mi carrera, pero mira como son las cosas de esta vida, lo gané incomprensiblemente lo gané, no lo comprendí hasta que un día me encontré con Semproniano que era el anterior campeón, al que vencí y me dijo
    –Tuviste mucha suerte cuando me desposeíste del titulo porque yo la noche anterior no dormí, la pase haciendo el amor con una mujer que había conocido ese mismo día y cuando luché contra tí no tenia energías ni para levantar un brazo.
    Por lo visto lo que el decía en fino (hacer el amor) era simplemente que se había pasado la noche follando con alguna golfa, porque si la había conocido unas horas antes y ella se pasó toda la noche dale que te dale es que era una gofa golfísima, lo que para mi fue una suerte.

    Como me temía esa noche apenas pude pegar ojo y al día siguiente me levanté agotado, tanto que apenas me di cuenta del discurso que Pilato dio a los soldados con motivo de mi ascenso.
    Y cuando terminó el acto y muchos se acercaron a felicitarme, estoy seguro que pensarían que estaba borracho o algo parecido ya que mientras me estrechaban la mano yo ni les agradecí sus felicitaciones con unas simples gracias.
    Solo abrir los ojos que se me estaban cerrando de tanto sueño que me invadía me costaba hacer un gran esfuerzo.
    Afortunadamente, aquel día pasó; por la noche dormí de un tirón, encontrándome al despertar con un montón de ropa y demás cosas al pie del lecho, me vestí y vi reflejado ante el espejo a un elegante centurión presumiendo de mi cara.
    Ya ha pasado una semana y todo ha sido rutinario, el procónsul me ha puesto a mis ordenes a ochenta legionarios, los servicios a que
    estamos destinados son los mismos de siempre con la única particularidad de que ahora soy yo el que está en contacto directo con el procónsul y tengo más problemas de tiempo, ya que además de tener que mandar a cada legionario su servicio, Pilato sigue prefiriendo que sea yo el que le escriba los mensajes para Roma y
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    aún no me ha dicho lo de la misión tan especial que me reservaba y que me tiene sobre ascuas.
    A veces pienso que eso de la misión tan importante no existe y solo fue una ocurrencia que tuvo en aquel momento para llenar un espacio vació de aquella entrevista.
    Hay un refrán de Hispania que asegura que…Todo en esta vida llega, incluso la muerte. Y otro que asegura que… En este mundo, nada es eterno.
    Y en efecto; un día nublado que parecía hecho para que nos fastidiáramos los amantes del buen tiempo, Pilato me envió a un soldado con una orden verbal que fue la siguiente:
    –El Procónsul ordena que acuda a su despacho inmediatamente.
    Me pareció que el soldado debió prolongar algo más el mensaje cón la frase… ( Porque le va a enviar a una misión especial.) Se me ocurrió tal cosa porque a medio mes no teníamos costumbre de escribir ningún parte para Roma, invariablemente enviábamos los mensajes a primeros de mes
    Nunca me dio una orden tan tajante, aquella palabra ¡INMEDIATAMENTE! me sonó a que el gran hombre había dormido mal y estaba enfadado, o algo importante; alguna novedad, quizá se había producido un golpe de estado o catástrofe que yo ignoraba, siendo responsable de estar al corriente de cualquier percance, ya que mis hombres seguían estando a mis órdenes, cómo encargados del espionaje y comunicaciones al alto mando. Alarmado acudí prestamente al despacho donde me encontré con un panorama impensable, la esposa de Pilato se encontraba sentada en un cómodo sillón gimiendo sonoramente con los ojos repletos de lágrimas, mientras él, su esposo paseaba nervioso de un lado a otro pareciéndome que estaba muy alterado.
    Le saludé con la mano extendida al estilo militar romano como era costumbre y permanecí firme a la espera de las órdenes, que enseguida Pilato me dio añadiendo con la voz muy serena:
    -Centurión Longino, el día que le ascendí le dije que le llamaría para que se hiciese cargo personalmente de una delicada misión.
    Como habrá comprobado he tardado demasiado tiempo en ponerme en contacto para ponerle al corriente de esa misión.
    La verdad es que esta y muchas noches no hemos podido dormir por los problemas de salud que tiene mi esposa Claudia. Verdaderamente, a veces las personas tenemos reparos en contar a otros nuestros problemas y en esta ocasión esa vergüenza nos ha tenido atados.
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    Hoy nos despojamos ante ti de todas nuestros prejuicios y te vamos a contar el problema de salud que nos tiene amargados, un problema que ningún médico de ningún país ha logrado ni
    subsanar ni tan siquiera aliviar, hemos estado con los mejores de todo el mundo, en Egipto, Hispania, Grecia, China, Rusia, las Galias etc, ya no sabemos que hacer, y por eso te hemos llamado, por eso estas aquí.
    No salía de mi asombro, yo había estudiado mucho, había estado ganando concursos de lucha en muchos países, había sido gladiador libre, pero no tenia ni idea de medicina, ¿Para que me llamaban? ¿Qué podía yo hacer para curar lo que tuviera la señora Cludia? Permanecí firme, lleno de impaciencia, a ver que órdenes me daba mi superior, mientras en esos momentos en voz baja hablaba con ella.
    Después de cambiar impresiones, la señora Claudia se levantó me miró muy apenada y se despidió con un leve saludo hecho con la mano y una tenue sonrisa.
    Una vez solos, el Procónsul tomó asiento, me invito a hacerlo al otro lado de la mesa y una vez los dos acomodados, empezó a hablar,
    Con evidente nerviosismo.
    -He tardado tanto porque el caso es muy delicado, pero ya no podemos continuar con este problema, mi mujer sufre muchos dolores y algunas noches no podemos ni dormir.
    Ante estas manifestaciones, me pareció recomendable advertirle que de medicina no tenía ni idea y así se lo comuniqué.
    ¿Y que puedo hacer yo si no tengo nociones de medicina?
    Pilato, me miro muy serio y me dijo.
    -Verás, lo tuyo es investigar y eso es lo que vas a hacer, seré breve y conciso. Mi esposa sufre de hemorroides un mal que no se cura aún en ningún lugar del mundo y sufre horrible y casi continuamente.
    Pues bien, resulta que hay un individuo que asegura ser hijo de Dios y nos han llegado rumores de que lo cura todo.
    Tú cometido será investigar a esa persona y averiguar si es verdad que hace milagros o por el contrario es un charlatán, un delincuente que vive de timar a las gentes.
    Por los informes que tengo ese hombre tiene unos seguidores a los que llaman apóstoles y también muchos otros seguidores entre los que abundan personas enfermas que van donde el y sus acólitos.
    Si todo fuese verdad, sería la única medicina que podría aliviar o curar a mi esposa, lo que sin duda sería un milagro.
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    Así que mientras antes te pongas en marcha mejor.
    Tendrás que emplear tus antiguas estrategias disfrazándote de aldeano y tomar toda la información posible que me irás entregando sistemáticamente.
    ¡Ah! Otra cosa, por lo visto los sacerdotes del sanedrín lo van siguiendo para detenerlo en cuanto le vean un fallo o motivo para hacerlo, por lo que deberás actuar con suma cautela, no sea que te compliquen la vida a ti también y por ende a nosotros lo que empeoraría las relaciones entre Palestina y Roma.

    Ante todo lo que dijo Pilato solo me quedaron un par de dudas en aquel momento y se las expuse.
    -Ahora mismo tengo un par de dudas
    -Primera.¿ Mientras yo investigo quien se encargará de mis hombres?
    -Segunda ¿Si necesito la colaboración de alguna persona, dinero o cosa quien me la proporcionara?
    La contestación del procónsul no se hizo esperar, esgrimiendo unos ademanes tajantes afirmó:
    De tu centuria no has de preocuparte en absoluto, de eso ya me encargo yo, te buscaré un sustituto temporal; en cuanto a los demás problemas solo has de venir aquí y yo te los resolveré sin perdida de tiempo, todo es cuestión de hablar.
    Durante un buen rato permanecimos enfrascados en cómo iniciar mi trabajo, aquella misión me empezaba a gustar, por fin me había enterado del misterio que la envolvía y al comprobar que Poncio Pilato tenia tan buen concepto de mi me sentí muy orgulloso, aunque nunca se me iba de la cabeza el suplicio al que fuimos sometidos mi familia y yo y tenía muchas ganas de terminar mi compromiso con el ejercito para volver a Siria donde tenia la completa certidumbre de encontrar a Plinio.
    La cuestión la tenia bastante clara aquí ya llevaba seis meses y nadie se había metido conmigo, nunca he tenido ni el mínimo altercado, en cambio en Siria apenas estuve un mes, me atacaron varias veces, en cada ocasión con más saña, medios y más enemigos, mientras que a los demás investigadores nadie les molestó en absoluto.

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    CAPITULO X

    La misión

    Apenas salí del acuartelamiento ya disfrazado de persona normal, portando una bolsa conteniendo algo de ropa, alquilé una pequeña vivienda que constaba de un pequeño comedor una diminuta cocina y un dormitorio, además de un corral en la parte de atrás, con una cortina en un rincón y un agujero que se tapaba para evitar el mal olor con una tabla de madera, donde se suponía que debería hacer mis necesidades
    La vivienda en cuestión estaba amueblada con lo imprescindible, la cocina con un fuego de leña, una mesa con dos sillas en el comedor y una alfombra con un colchón de plumas de ave para dormir en la pequeña habitación dormitorio.
    Para poder desplazarme donde fuera necesario, contaba con un caballo que metí en el corral que contaba con dos accesos, una puerta desvencijada que se abría a un callejón que de noche me pareció siniestro y la otra que comunicaba con la vivienda.
    El primer día puse encima de la mesa un montón de rollos de papiro en los que iría escribiendo mis averiguaciones.
    Enseguida estudié un plan para iniciar la misión.
    Aquella noche apenas había descendido el sol ocultándose tras unas lejanas montañas, me metí en una tabernucha de mala muerte donde solo había cuatro parroquianos y empecé a confraternizar con un viejo de aspecto miserable, que estaba solo, invitándole a un vaso de vino.
    El anciano me resultó de gran ayuda pues cualquier pregunta que le hacía la contestaba dándome toda clase de informes a cual más interesante.
    Enseguida me percaté de que había encontrado en aquel viejo un pozo de sabiduría Me dijo que se llamaba Zacarías y yo le mentí, diciéndole que mi nombre era Juan.
    -Zacarías, ¿Has oído hablar de uno que afirma ser hijo de Dios y va haciendo milagros por ahí?

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    El buen hombre me miró de arriba abajo confuso antes de contestar.
    -¡Cómo que si he oído hablar de ese hombre! ¡Pero si no se habla de otra cosa en Palestina!
    Viendo que el viejo estaba dispuesto a hablar hasta por los codos de lo que le preguntase lo invité de nuevo y seguí interrogándole con preguntas como.
    -¿Cree usted en los milagros que le atribuyen a ese?
    -Zacarías siguió adoptando la misma expresión de extrañeza, me miró de arriba abajo nuevamente exclamando con mal humor, lo que me causó cierta desilusión ya que pensé que su carácter afable permanecerla intacto mientras le fuera sacando información.
    – ¡Ese, como usted lo llama tiene un nombre y es Jesús, cuando hable de él en mi presencia, le pido que por favor lo haga con mucho respeto!
    Por eso le pregunté con suma cautela intentando llevarlo a mi terreno.
    – Perdóneme señor Zacarias he captado su intención y seguiré su consejo ¿Acaso usted ha visto alguno de esos milagros?
    El anciano negó con la cabeza antes de contestar:
    -Desgraciadamente no he tenido esa suerte, pero he conocido a su familia y sé que son gente ejemplar, buena y seria.
    Ante esta respuesta tan contundente me quedé asombrado y en ese momento en mi se inició una transposición, empecé a interesarme personalmente un poco en los milagros.
    – ¡No me diga que conoce a sus padres o abuelos!
    Nuevamente el tal Zacarias me empezó a mirar atentamente como si yo fuese un bicho raro antes de responder.
    -Le voy a decir de que conozco a sus padres y le voy a contar todo lo que quiera de él y su madre; sobre su padre prefiero no contarle gran cosa porque era muy mayor, ya murió y no me gusta hablar cosas de personas fallecidas.
    Solo le diré que el padre se llamaba Jose y era un buen carpintero y muy buen vecino, además de padre y esposo, que se casó con Maria siendo viudo y que tenía varios hijos de su anterior matrimonio según tengo entendido, aunque a decir verdad nunca vi a ninguno de esos hijos ni a ningún otro familiar de José
    -De su madre, puedo explicarle muchas cosas, aunque es posible tener algún fallo de memoria, piense usted, que entonces yo era relativamente joven, tendría unos treinta y pocos años y ahora ya cuento con setenta y cinco.
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    -En aquellos tiempos yo era pastor; un día, si mal no recuerdo era el 24 de diciembre del año 753, que como usted debe saber, hacia ya 753 años de la fundación de Roma, ya estaba oscureciendo, en la puerta de la casa donde servíamos nos encontrábamos varios pastores y agricultores hablando de nuestras cosas cuando llegó
    corriendo un hombre muy mayor preguntando si conocíamos alguna comadrona porque su mujer tenia dolores de parto y se encontraba sola en un establo o cueva cercana.
    La verdad es que nos quedamos un poco extrañados porque aquel hombre aparentaba tener más de setenta años.
    -Yo mismo le acompañe a casa de una vecina que era matrona y fuimos siguiendo a aquel hombre que por el camino nos fue contando que habían venido de Galilea a la ciudad de Nazaret para empadronarse según lo ordenado desde Roma por el emperador Cesar Augusto, pero que se toparon con que como su mujer estaba embarazada no habían encontrado posada posiblemente por eso del empadronamiento ya que había venido mucha gente de otros lugares o seguramente por lo que dicen de que las embarazadas están contaminadas con el pecado original y si se mezclan con otras personas pueden contaminar con el pecado a aquellas.
    El caso es que como eran descendientes de David fueron a la casa de otros descendientes encontrando que estaban sin sitio, pero dada la urgencia de Maria que podría entrar en parto en cualquier momento les dejaron cobijarse en el corral que en una cueva había detrás de la casa.
    Total, que mientras José nos contaba estas cosas llegamos a la cueva con la matrona que entró quedándonos nosotros fuera esperando.
    Al poco rato salió la señora matrona muy alterada contando que cuando entró en la cueva el niño ya había nacido y su madre lo había acomodado en el pesebre; que había examinado a la parturienta quedando sorprendida al ver que era Virgen; que estando desconcertada se apareció un ángel con un vestido blanco muy brillante y le dijo: No temas mujer, que este niño es hijo de Dios y se ha engendrado en Maria por obra y gracia del Espíritu Santo.
    Como es natural aquella noticia se expandió por todas partes y aquella noche llegó otro grupo de pastores que dijeron que se les había aparecido un angel volando como un pájaro y les comunicó lo mismo, que había nacido el Mesías hijo de Dios, y aquellos pastores le llevaron al niño regalos, cómo corderos , gallinas , conejos y productos del campo.
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    Aquella noche fue extraordinaria los que allí estábamos adoramos al niño durante todo el tiempo y recuerdo que una estrella muy luminosa llegó hasta pararse encima del lugar a la vez que arribaron unos reyes magos montados en camellos y acompañados por sus pajes, que afirmaron venir de Oriente.
    Aquellos reyes estudiaban las cosas del cielo y al ver a una
    estrella tan brillante que se movía en cierta dirección decidieron seguirla y cuando llegaron se pusieron a adorar al niño y a la familia, regalándole oro, incienso y mirra.
    Los reyes magos regresaron por otro camino porque el rey Herodes les había dicho que cuando supieran donde estaba el niño se lo dijesen para ir a adorarlo pero a los reyes en sueños se les Apareció un ángel que les comunicó que lo que pretendía Herodes rey de Judea era eliminar al niño ya que no podía consentir que otra persona se proclamase rey de Judea.
    Entonces Herodes rabioso por que no admitía que en Judea hubiese más rey que él y no sabiendo donde estaba el niño anunciado, mando que se mataran a todos los nacidos en los dos últimos años, pero resultó que José había sido avisado en un sueño de las intenciones del monarca y que para salvar al niño debería salir con él y su esposa rumbo a Egipto y no volver hasta que muriese Herodes, lo que así hicieron.
    Yo que vivía cerca ví crecer al niño de una forma normal y cuando alcanzó la edad de unos ocho o diez años la gente decía que se había vuelto muy travieso, que presumía mucho de ser el hijo de Dios y que empezó a hacer milagros, aunque tanto era su orgullo que los milagros más bien eran travesuras de niño lleno de soberbia. Yo esas cosas no las vi la verdad, pero decían que se había enfadado un día con el maestro de la escuela y le mandó con mucha arrogancia:
    -Eres un mal maestro y yo sé más que tú ¡Quédate ciego ahora mismo!
    Y dicen que el maestro se quedó ciego pero que volvió a recuperar la vista cuando le suplico a Jesús que se la devolviese, por amor de Dios, prometiéndole que sería mejor maestro en lo sucesivo.
    También me dijeron que un día iba corriendo y otro niño que estaba jugando a la pelota se tropezó con él tirándolo al suelo por lo que se indignó mucho al ver que el otro se reía y le ordenó.
    ¡Muérete!
    Me contaron que el otro niño cayó al instante muerto.

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    Los padres, cuando otras personas les llevaron al niño muerto y les dijeron lo sucedido, fueron inmediatamente a hablar con José el carpintero y la Virgen Maria contándoles lo que había pasado de malas maneras, debido a su estado emocional.
    José y Maria intentando aplacar los ánimos de aquellos desolados padres regañaron al niño Jesús diciéndole que..
    – Eso no se hace, devuélvele la vida que le has quitado al niño de estos señores.
    -Vale, vale, ya se la he devuelto.
    Me dijeron que Jose les dijo a aquellos atribulados padres:
    -Id a casa tranquilos y no os preocupéis, vuestro hijo esta bien, son cosas de criaturas.
    Luego supe que al niño lo encontraron tan tranquilo jugando con su pelota y unos amiguitos en la calle y que no recordaba nada de lo sucedido.
    En fin, esas cosas no las vi, eran rumores que contaba la gente, así que no estoy seguro de nada… Además, hace tantos años…

    Aquella noche, salimos de la taberna los últimos, porque el tabernero se acercó y nos dijo.
    -Señor Zacarías y compañía, es muy tarde y tengo que cerrar, si son tan amables de irse les quedaría muy agradecido.
    Ya en la calle antes de despedirnos, el viejo Zacarias dijo:
    Juan si vienes mañana ya te contare lo que vaya recordando, ya que veo que te gustan mis relatos.
    Apenas llegué al cuartel me puse a escribir con inusitado entusiasmo, todo lo que me había contado mi nuevo viejo amigo.
    Y cuando lo leyó al día siguiente Pilato noté que su contento crecía letra a letra, palabra a palabra, tal como avanzaba en la lectura.
    -¡Muy bien si señor, así se investiga, empezando por la base de las cosas, te felicito! Continúa así y no tengas prisa Claudia tiene ahora unos días soportables, parece que no se queja tanto, aunque eso
    No quiere decir nada, le pasa muy a menudo, que parece que se encuentra algo mejor y de pronto los dolores la vuelven loca. Y eso es así, cada dos o tres días. En fin, esa enfermedad la tiene ya hace más de diez años, tú ve investigando porque parece que vamos por buen camino.
    Cuando llegué a la taberna de costumbre me senté en una silla y esperé pacientemente a Zacarias.

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    La taberna estuvo toda la tarde vacía, ni un cliente había entrado solo yo; había un gato que me miraba con creciente curiosidad desde un rincón oscuro que además del tabernero éramos los únicos seres vivientes del cochambroso negocio.
    Cuando empezó a anochecer entraron varios jóvenes que bebieron unas naranjadas y se fueron riendo, gritando y dando tumbos como si se hubieran emborrachado.
    Zacarías no aparecía y eso me tenía intrigado.
    Cuando el tabernero me sirvió el tercer vaso de vino, le pregunté:
    Estoy esperando a Zacarias y como veo que no viene pienso que tal vez esté enfermo o algo ¿Sabe usted donde vive?
    El tabernero me miró muy extrañado y me preguntó:
    -A quien se refiere? No conozco a ningún Zacarías.
    -¿Cómo que no lo conoce? ¡Anoche mismo, cuando usted quería cerrar el negocio, mientras hablaba conmigo, al dirigirse a él lo llamó Zacarías!
    -Debe de estar confundido señor, yo no conozco a ningún Zacarías, ni a usted lo he visto aquí nunca.
    Mientras discutíamos, entraron los tres clientes que cada noche habían coincidido con nosotros y al verlos me sentí aliviado y le dije al tabernero.
    -Esos señores me han visto con Zacarias los tres días en que estuve con el hablando aquí, incluso nos saludaron varias veces al venir y al irse ¿Por qué no les pregunta?
    El tabernero sonrió antes de decir con un poco de ironía.
    – Como usted quiera, el cliente manda.
    El tabernero sin moverse del mostrador los llamó por sus nombres y les dijo:
    -Juan, Cayo, Pedro ¿Podéis acercaros un momento?
    Los otros se acercaron y uno le preguntó:
    -¿Qué quieres?
    – ¿Conocéis a este hombre? Dice que ha estado aquí los tres últimos días y que estuvo hablando esos tres dias con un viejo llamado Zacarias, que vosotros los mirabais mucho y los saludasteis varias veces.
    Los tres aludidos me observaron con evidente curiosidad y todos, uno a uno contestaron
    – No lo he visto nunca ni conozco a ningún viejo Zacarias, contestó el primero, ni yo tampoco, dijo el segundo, ni yo, aseguró el tercero.

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    Pensando que se habían confabulado contra mí, quizá para reírse me fui bastante enojado, pero durante varios días seguí volviendo y nunca más volví a ver al viejo Zacarias.
    Cuando le conté la historia a Pilato solo respondió:
    Sin duda nos hemos metido en un terreno movedizo, pero hemos de continuar tendrás que esforzarte en tus pesquisas y buscar una nueva estrategia.

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    CAPITULO X I

    El evangelio

    De nuevo estaba tendido y despierto sobre mi colchón de plumas y mi alfombra. Me había pasado la noche en vela dándole vueltas a mi cabeza intentando hallar la forma de reiniciar las pesquisas que empecé con el misterioso Zacarias.
    La verdad es que no se me ocurría ninguna nueva estrategia, de modo que me levanté de mi humilde lecho, como una vez en que no logré conciliar el sueño y todo el día anduve como alma en pena de un lado a otro.
    Durante un par de días estuve inquieto sin saber que camino tomar respecto a las órdenes recibidas por Pilato, que me sugirió que debía cambiar de táctica, buscar otros derroteros y retomar las investigaciones de nuevo por caminos que no fueran terrenos pantanosos, o movedizos.
    ¿Pero que demonios tenían que ver esas palabras con la realidad?
    ¿Si la estrategia de siempre de infiltrarme entre las gentes en toda clase de cuchitriles cómo tabernas y prostíbulos, me había resultado exitosa…Porqué iba a ser diferente ahora?
    ¿Por qué ahora debería cambiar esas tácticas?
    Por mas que me estujé los sesos no se me ocurrían otras maneras de iniciar una investigación, por lo tanto volvería a emplear mis conocimientos y dejarme de experimentos.
    Era urgente empezar a buscar a Jesús de Nazaret y comprobar si sus sanaciones milagrosas eran reales y capaces de sanar a la señora Prócula esposa de Poncio Pilato, o por el contrario era todo unna supercheria.
    Claro que buscar al hijo de Dios por tabernas y lugares de vicio y pecado no me parecía lo más adecuado, aunque pensándolo bien no me parecía tan ilógico, porque si un pescador va a pescar, lo hace donde pueda encontrar peces, por lo tanto un perdonador de hombres lo más lógico era que fuera a lugares llenos de pecadores ¿Y donde podía encontrar pecadores y pecadoras a montones? ¡Un lupanar, sin duda era el lugar perfecto!

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    Al anochecer ya me encontraba en el lupanar o prostíbulo más famoso de la capital, preguntando a diestro y siniestro con las debidas precauciones.
    Empecé por la señora encargada de presentar a las prostitutas a la clientela la cual se echo a reír exclamando que ni puta idea de lo que le había preguntado, que allí no había ido nunca un Mesías ni nada parecido. Que aquello no era un templo de oración precisamente.
    Y añadió riendo sonoramente.
    –¡Esto es una casa de putas!
    Después de varias tentativas con otras personas de las que por allí deambulaban, sin éxito, comprendí que me había extralimitado en mis teorías y decidí bajar el listón de opciones a un nivel menos
    pecaminoso.
    Al poco rato, me metí en una taberna que me pareció un lugar de vicio ponderado y le pregunté a un camarero que me pareció muy amable en el trato con el cliente:
    –¿Me sabría decir por donde puedo encontrar al que se dice llamar Jesús de Nazaret, hijo de Dios?
    El camarero se me quedó mirando con suma atención y finalmente tras meditarlo un poco me contestó muy serio:
    -Lo más probable es que se lo indiquen en Nazaret donde creo que vive su familia, amigos y vecinos. Allí estoy seguro que se lo dirán.
    ¡Hágame caso, búsquelo en aquel pueblo!
    ‘Por cierto, le voy a dar un consejo. Si es usted un seguidor creyente de ese Mesías ni se le ocurra preguntar en un templo. los sacerdotes del Sanedrín lo detendrían a usted ya que son antagonistas de las enseñanzas de Jesús.
    Yo lo vi en cierta ocasión y por lo que observé como hablaba, y sanaba a las personas alguna conocida, pienso que es el verdadero Mesías hijo de Dios.
    Por cierto ¿Usted no es judío, verdad? Lo he notado en su acento que parece latino.
    Tenga un buen día. Voy a seguir con mi trabajo.
    Había tenido mucha suerte encontrando a este camarero que había visto y oído hablar a Jesús y creía en él y sus palabras.
    Cómo me pareció muy acertado el consejo del camarero de la taberna, al día siguiente ya me encontraba en Nazaret preguntando a todo aquel que veía por si alguien me podía indicar a donde podía ver a Jesús y en aquel pueblo no me faltó información, las gentes eran muy amables,
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    En una taberna me informaron hasta del domicilio de la familia y del taller de carpintería de José ya fallecido, así como también de algunos familiares de sus apóstoles, no obstante me pareció excesivo dirigirme a tales familias porque hubiera desobedecido las órdenes de Pilato y no pudiendo aparentar ser una persona normal, por el acento latino, me habrían descubierto como un investigador romano y la misión se hubiera puesto en peligro.
    De todas formas encontré muchos seguidores de Jesús que me dijeron donde se celebraría la próxima reunión, en la que podría ver y oír al Mesías.
    Se trataba de acudir a una montaña cerca de un pueblo llamado Cafarnaúm allí en la entrada de ese pueblo pude ver a Jesús que era una persona de una estatura rondando el metro ochenta y cinco, y unos treinta años, que saludaba con especial simpatía sonriendo a todos.
    Había acudido una multitud de gente que como es natural hablaban y producían un ruido de ambiente muy acentuado.
    A fin de investigar mejor a aquel hombre procuré ponerme lo más cerca posible y por eso pude escuchar perfectamente todo lo que allí se hablaba
    En cierto momento vi como se le acercó un centurión que le dijo:
    –Señor en mi casa tengo un criado paralítico que sufre mucho.
    Y Jesús le contestó.
    –Yo iré contigo a curarlo.
    Pero el centurión le contestó:
    -Yo no soy digno de que tú entres en mi humilde casa, mándalo y con solo tú palabra quedará sano. Yo soy solo un hombre que estoy bajo las órdenes de otros, pero tengo soldados a mi servicio y si le digo a uno marcha el marcha, si le digo ven, viene y si a un criado, haz esto, lo hace.
    Al oír esto Jesús mostró gran admiración y dijo a los que le seguíamos:
    En verdad os digo que ni aún en medio de Israel, he hallado fe tan grande.
    Y añadió:
    Así os declaro que vendrán muchos gentiles del oriente y occidente
    Y estarán a la mesa con Abraham, Isaías, y Jacob, en el reino de los cielos, mientras que los hijos del reino (Los judíos) serán echados fuera, a las tinieblas y allí será el llanto y el crujir de dientes.
    Y después dijo Jesús al centurión:
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    Ve y sucédale conforme has creído; Y en aquella hora quedó sano el criado. (De lo que me enteré días después, como ahora os contaré)
    Habiendo después Jesús ido a casa de Pedro, vio a la suegra de este en cama con calentura, y tocándole la mano se le quitó la calentura; con eso se levantó luego de la cama y se puso a servirles.
    Venida la tarde, le trajeron muchos endemoniados y con su palabra echaba los espíritus malignos y curó a todos los enfermos.
    El mismo ha cargado con nuestras dolencias y ha tomado sobre sí nuestras enfermedades.
    Desde aquel día no tuve problemas para saber donde iría a predicar Jesús, solo tenía que seguir a sus seguidores ya que me hice amigo de algunos que siempre sabían donde debían ir a ver y oír al Mesías.
    Para ratificar mi cometido de Informador fui escribiendo en papiros cuanto fui investigando, y una cosa que hice de inmediato fue seguir al centurión y hablar con él a los pocos días para saber como se encontraba su criado.
    Claro que primero me tuve que identificar y contarle que estaba investigando al Mesías por orden de Poncio por si era un charlatán o un vividor, y al decirle que yo no me creía esas cosas, se puso muy enfadado diciendo:
    Si no te crees lo que ves ¿En que puedes creer?
    A lo que le respondí: He visto como mataban a mis hermanas y a mi madre después de abusar de ellas y a mis hermanos y mi padre llorando por no poder defenderlas, siendo también degollados. En muchas ocasiones he recordado aquellas escenas terribles y me he preguntado infinidad de veces ¿Porqué Dios permite tales atrocidades si con solo su deseo pudo evitarlas?
    El Legionario se me quedó observando muy serio y antes de contestar a mi pregunta dijo:
    Yo no soy quien para discernir las obras de Dios, solo sé que nos hizo con libre albedrío y con capacidad de saber lo que es malo o bueno y que aquel que escoge el mal camino solo puede esperar que ese camino le lleve al infierno donde encontrará el castigo en el fuego eterno. Jesús dijo el otro día:
    No juzgues y no serás juzgado, por que el que juzga a sus semejantes ha de atenerse a las leyes humanas, que nunca serán tan justas, como las divinas.
    Hay dos formas de pedir cosas a Dios la principal, tener fe, la otra
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    rezando y cumpliendo con los diez mandamientos.
    Yo creo en Jesús, y mi fe es tan inmensa que mi criado ya está completamente curado.
    Después de aquella conversación con el legionario continué con mis investigaciones viendo curaciones a cientos de diversas enfermedades cómo la sanación de varios leprosos a los que con tan solo tocarlos se les borró todo vestigio de tan fea y asquerosa enfermedad, otro día vi a Jesús andando sobre las aguas y como me pareció increíble intenté hacerlo yo pero me hundí y no tuve más remedio que salir nadando de aquellas aguas profundas.
    Mis dudas me inducen a no he creer en milagros, tampoco creí en el de resucitar a un muerto de hacia varios días y aunque lo vi levantarse con mis propios ojos dudé y comentándolo con otro seguidor, este me dijo con extrañeza.
    -¿Es que acaso no oliste como apestaba a muerto?
    A lo que yo le respondí tratando de convencerle
    ¡Eso no prueba nada, si ponemos un simple animal como un perro o un conejo muerto durante varios días escondido en las inmediaciones olería igual de mal.
    El otro me miró con sumo desprecio a la vez que escupía la frase.
    -Nunca un ciego podrá ver la luz del Sol
    Y cuando fui a Pilato y le entregué el informe que me había ordenado, exclamó muy satisfecho, tras leerlo atentamente.
    ´¡Magnifico! Has hecho un buen trabajo. Este informe confirma mis esperanzas. Este informe tan completo puede considerarse un Evangelio. Sin duda este hombre es el hijo de Dios.
    Ahora dime cómo podemos actuar para que cure a mi mujer. ¿Qué opinas?
    Según tengo entendido solo hay dos caminos, uno es el de la oración y el respeto con el cumplimiento de los diez mandamientos, y el otro, más rápido requiere un grado óptimo de fé y enfrentarse a Jesús, pues he visto que cura al instante cualquier enfermedad por muy mala que sea, pero hay que tener fé. Los que tienen fe siempre son sanados.
    -¿Quieres decir que sin fe es imposible su curación? ¿Y como puede Claudía alcanzar esa fe ciega?
    Ante tal pregunta no sabía que contestar así que dije lo primero que se me ocurrió, lo que creí más convincente.
    -A mi entender ella debería ir como seguidora de los pasos de Jesús al menos hasta que viera algunos milagros y al convencimiento de los hechos le llegaría la fe plenamente.
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    Pilato se quedó pensativo antes de contestar.
    El caso es que yo debería acompañarla pero eso sería una afrenta contra las creencias de estas gentes sobre todo del sumo sacerdote del Sanedrín que esta contra Jesús y no piensa en otra cosa que eliminarlo.
    Además, en tal caso si se origina por esta causa un levantamiento contra el Imperio Romano, a mi me podría costar el cargo y seguramente la vida.
    Tiberio no admite conflictos de ninguna clase en los territorios conquistados.
    A los procónsules y las legiones que tenemos nos tiene encomendado el mantenimiento de la paz a toda costa.
    Tendremos que buscar un medio en la que no sea necesaria esta premisa. ¿Se te ocurre algo?
    Majestad, solo veo una forma de llegar a solucionar esta cuestión, hacer que Jesús venga aquí a su casa o al menos intentarlo como hizo un centurión en Cafarnaúm.
    Nuevamente el procónsul se quedó pensativo y después de unos minutos exasperantes propuso.
    Eso también comporta riesgos. Si ese hombre viene a mi casa muchos son los que llevarían el mensaje a los judíos y Tiberio se enteraría antes de lo que creemos. Lo mejor es que te acompañe a ti y si acaso también una sirvienta a tu casa de Nazaret.
    A Claudia no la conoce nadie tanto cómo a mí y desde allí que haga lo que crea más conveniente, precisamente lleva unos días insoportables de tanto dolor que siente.
    Le diré que prepare el viaje lo antes posible.
    Al día siguiente se preparó un carro cargado con todo lo imprescindible y una vez todo listo partimos cuatro personas rumbo a Nazaret, Claudia, Jose el conductor del carro, la sirvienta y yo.
    Una vez en mí limitada casa a la que llegamos cuando anochecía tuvimos que apañarnos para dormir con algunas cosas que llevamos desde la mansión de Pilato: Claudia y su sirvienta lo hicieron en la única habitación que había, sobre dos alfombras y dos colchones de plumas encima de aquellas y el conductor que debería quedarse hasta que Claudia estuviera preparada para su regreso y yo, en el comedor tras apartar la mesa y las sillas para instalar las correspondientes alfombras. La casa era excesivamente minúscula pero nos supimos acomodar.
    El carro lo dejamos en la calle y los dos caballos que tenían que llevarnos de retorno, en el corral con el mío.
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    Al día siguiente, fui a una casa habitada por familiares de uno de los apóstoles, que me indicaron donde estaría Jesús en la próxima ocasión
    Y cuando nos encontramos en la montaña donde ya se había congregado una gran multitud apareció Jesús acompañado de sus doce apóstoles y extendiendo los brazos a modo de saludo, empezó a hablar diciendo en voz alta para ser escuchado por todos:

    Hoy os voy a dar unos consejos imprescindibles para llevar una vida justa.
    Nunca juzgues a nadie si no quieres ser juzgado, porque aquel que juzga será juzgado. Antes de ver la paja en el ojo ajeno mira si tienes tú una viga en el tuyo, porque ¿Cómo vas a sacar una pajita del ojo de otro si no te sacas la viga del tuyo?
    Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo y después la pajita del ojo de tú hermano.

    No atesores una fortuna mientras tú hermano pasa hambre, porque tú te morirás antes y esa fortuna será pasto de los ladrones, del orín
    y la polilla.
    — Atesorad para el cielo donde no hay orín, polilla ni ladrones, porque donde esta tu tesoro está tú corazón.

    —Yo os digo que no hagáis resistencia al agravio; antes, si alguien os hiere en la mejilla derecha, vuélvele también la otra.

    Al que quiera armarte pleito para quitarte la túnica, dale también la capa, y a quien te fuerce a ir cargado mil pasos, ve con él otros dos mil.

    Sabed que uno que tenga mil monedas y da dos a un pobre no es mejor que uno que solo tiene una y la da a otro pobre, porque este ha dado todo lo que tiene, mientras el otro ha dado un ínsignificante parte de su fortuna. Por eso os aseguro que es más difícil que entre un rico en el reino de los cielos que meter un camello por el agujero de una aguja.

    –Al que te pida, dale; y no tuerzas el rostro al que pretenda de ti algún préstamo.

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    — Habéis oído que fue dicho; amarás a tú prójimo, y han añadido malamente… (Tendrás odio a tú enemigo) Yo os digo más. Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os aborrecen y orad por los que os persiguen y calumnian, para que seáis imitadores de vuestro padre celestial, que hace salir el sol sobre malos y buenos y llover sobre justos y pecadores.

    –Sed perfectos, así como vuestro padre celestial es perfecto, imitadle en cuanto podáis.

    Durante largo rato, Jesús estuvo dando consejos parecidos a los anteriores, siempre para mejorar el trato entre personas a las que dijo son nuestros hermanos ya que Dios es padre de todos.
    Y mientras Jesús hablaba yo iba recordando a mi familia y pensaba. Si todas las personas actuaran así considerando que somos todos hermanos, seguramente mi familia estaría viviendo felizmente. ¿Pero porque hay gente tan mala cómo Plinio y sus secuaces? ¿ ¿Acaso tenemos que presentar la otra mejilla a estos asesinos? ¿Debemos tener fe en que Dios los castigue cuando mueran y permanecer sin hacer nada mientras violan, roban y asesinan a todo aquel que encuentren a su paso?
    Alguien me dijo que Dios nos da a todos libre albedrío y yo sé que hay seres humanos que carecen de ese don ya que son completamente tontos que no se comunican con nadie ni saben hacer nada en absoluto. Y por eso me pregunto:
    ¿Cómo puede tener libre albedrio un ser que nace con el cerebro inútil?
    Dicen que esas cosas son infinitamente justas pero que no las entendemos porque no alcanzamos la perfección total del conocimiento.

    De pronto vi que la señora del procónsul Pilato, la señora Claudia se había alejado de mi lado y estaba junto al Mesias hablando con él mientras le besaba una mano.
    Debido al murmullo de la multitud y estar algo apartado solo pude oír la frase de él cuando dijo con su voz portentosa:

    Ve a tu casa si lo deseas y no te preocupes que ya estas curada. Tú fe te ha sanado.
    .

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    Aquel día ví como curaba a un ciego, al que dio la vista al instante quedando asombrado al contemplar el mundo por primera vez.
    – A un endemoniado que gruñía como un animal, al que vimos cómo ante la orden de Jesús, arrojaba a siete demonios de su cuerpo.
    — A un lisiado que tenía los brazos y las manos contrahechas, y quedó perfecto al instante.
    — A un cojo, que se desprendió de sus muletas y se puso a caminar lleno de felicidad.
    — A dos leprosos, que quedaron limpios con solo tocar el manto de Jesús, y a varios más que sufrían dolores diversos, asfixia o fiebres crónicas, por enfermedades desconocidas.

    Las gentes que tan insólitas curaciones contemplaron estaban extasiadas y rezaban exclamando.
    ¡Dios es grande y su poder no conoce limites! ¡Bendito sea!

    Al día siguiente de los hechos narrados nos levantamos muy temprano para aprovechar el tiempo y poder llegar antes del anochecer a Cesarea.
    El conductor, empezó a preparar el carro con los caballos, mientras, Josefa la sirvienta recogía los enseres y otras cosas como alimentos y vestimenta suya y de la señora Claudia.
    Pero Claudia dijo:
    -Yo no me voy, ayer conocí al hijo de Dios y lo voy a seguir durante unos días. Nunca en mi vida me he sentido mejor y todo lo que vimos ayer bien merece que lo acompañe, no solo unos días, si no la vida entera si es necesario.
    Traté de convencerla alegando que su esposo la estaría esperando ansioso por saber como se encontraba y para poder estar junto a ella. Que su esposo la necesitaba.
    Pero ella dijo en tono suplicante.
    Decidle que me encuentro perfectamente que ya no me duele nada Que solo serán unos días, que también tengo ganas de verlo y que lo quiero mucho, pero deseo ante todo seguir a Jesús unos días, aunque solo sea una semana.
    Es algo que me lo pide el alma como si fuese un deber por lo que ha hecho por mi salud.
    Puede venir y acompañarme si quiere y me sentiré feliz completamente.
    No fue posible convencerla ni diciéndole:
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    Su esposo no puede venir porque es el Procónsul y su presencia, como ya sabe usted podría alterar la estabilidad política peligrando la paz entre Roma y Judea.
    Ante la imposibilidad de convencer a la señora Claudia Prócula, y tras deliberar, entre todos decidimos que se quedara la sirvienta acompañándola para lo cual les dejamos el dinero suficiente para alimentarse un par de semanas.
    El conductor con un caballo y yo con el mío podríamos llegar a Cesarea a media tarde cabalgando al trote.
    Pilato se puso muy contento cuando le explicamos que su esposa había sido curada de su penosa enfermedad, pero no le gustó nada que no la hubiésemos traído con nosotros; pues dijo después de cambiar su sonrisa de satisfacción por un rictus de hondo pesar que reflejó su rostro:
    -Me es imposible ir a Nazaret para estar con ella, precisamente me han llegado rumores de que los fariseos y otros grupos religiosos quieren apresar a Jesús de Nazaret y crucificarlo, para lo que ya están conspirando.
    Era indudable el temor que sentía Pilatos al Emperador Tiberio y al senado, pues después de que el senado asesinó a Julio Cesar en la famosa conspiración en la que intervino Bruto su gran amigo, ya nada era seguro en Roma, hoy podías ser el hombre más saludable del Imperio y mañana estar crucificado o envenenado. Había que andar con mucha cautela.
    Solo me faltaba mezclarme en este asunto para echar a perder mi posición en Palestina y quien sabe que sería de mí después de ese conflicto.
    Tras aquellas temerosas confidencias, Poncio Pilato me miró fijamente y me ordenó tajante:
    –¡Mañana no quiero que te quedes por aquí, apenas amanezca coges tu caballo y te vas a Nazaret.
    Confío en ti, acompañarás a Claudia a todas partes e irás escribiendo todo lo que veas y escuches del Mesías y cuanto oigas y veas de las gentes, como siempre.
    Eres mi mejor agente de espionaje, espero que me traigas buenos informes. ¡Ha! Por cierto, los legionarios de mi guardia ya no pernoctareis aquí, ahora solo lo hacen los que están de servicio, los demás lo haréis en la Torre Antonia durante las fiestas de pascua. ¿Sabes donde está?
    Si mi excelencia. Pero es en Gerusalen ¿No?
    Le contesté escuetamente, con extrañeza.
    83

    -En efecto y allí nos tenemos que trasladar; ahora mismo partiré yo con la guarnición, pero tu pasarás esta noche descansando y en cuanto amanezca te vas a Nazaret.

    Cuando me despedí de Pilato, la noche se avecinaba, un manto oscuro se fue adueñando de las calles de Cesarea, parecía que iba a llover y el viento frío que me atacaba en cada confluencia de calles me empezó a inquietar.
    En cuanto llegase al cuartel me vestiría de centurión, encendería una lámpara y me miraría al espejo.
    Ya casi no me acordaba del bonito uniforme y me quería ver con él puesto.
    A veces no comprendía para qué diablos me habían ascendido si nunca ejercía de centurión, mi destino era ir siempre disfrazado de paisano.
    En cuanto cumpliera mi contrato de un año me licenciaría y me dedicaría de nuevo a buscar al asesino de mi familia.
    La única y gran satisfacción que sentía en mi corazón era el haber conocido al hijo de Dios.
    Aunque dentro de mi aún presentía que las dudas me acuciaban inexorables.
    A mi entender lo que no era natural no me convencía.
    Había entrevistado a varias personas que antes eran enfermos, de imposible curación, cómo un ciego de nacimiento, preguntando a sus vecinos, amigos y familiares que me aseguraron que siempre estuvo ciego, igual que hice con un paralítico y con varios sordos mancos y endemoniados con el mismo resultado todos me decían que era verdad, que no había trucos ni magias, pero yo no lo comprendía mi escepticismo no entendía nada ni creía nada ni sus palabras tan llenas de sabiduría me convencían, incluso pensé que lo de la señora Claudia era imposible y cualquier día le volverían los dolores.
    Verdaderamente ni yo mismo comprendía mis dudas.
    Ni aquellas curaciones y lo que había escuchado de otros como que con solo mandarlo, el mar se quedó tranquilo y desapareció el viento huracanado, o que había dado de comer con solo cinco panes y varios peces a cinco mil personas y sobró para dar de comer a otras tantas, me parecían cosas no naturales y no las admitía mi cerebro.

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    Solo me tenía muy intrigado el hecho de aquel día en que vi a Jesús andando sobre las aguas y yo lo probé hundiéndome.
    No lo comprendía y mi instinto no lo admitía, aquello no era natural.

    Apenas amaneció, tal cómo me ordeno el procónsul monté a caballo y Sali rumbo a Nazaret donde llegué atardeciendo.
    Ya en mi casa, Encontré a la señora y la sirvienta a punto de cenar y las dos se pusieron muy contentas al verme.
    Repartieron la cena conmigo y mientras cenamos dijeron que por la noche sentían mucho miedo de estar solas y escuchar el ruido del viento o del caballo que quedó en el corral.
    –¿Y ya le dais de comer y beber al caballo?
    Ante tal pregunta se echaron a reír, afirmando la sirvienta Josefa:
    –¡Naturalmente, si no se moriría de hambre y sed el pobrecito! ¿No? ¡Que pregunta, hay que ver que cosas tiene usted!
    Después de aquella torpe pregunta les hice otra más estúpida aún.
    -¿Y que tal con el Mesías ese, ha curado a alguien más?
    Las dos mujeres se cambiaron una mirada de sorpresa y las dos al unísono me reprendieron mi falta de respeto a Jesús
    Recuerdo lo que dijo claudia muy enfadada..
    -¿Cómo puedes hablar así del hijo de Dios? Acaso crees que es un simple curandero? ¡Deberías ser más respetuoso!
    Si Jesús te hubiese curado de una enfermedad como la mía, no hablarías de el así.
    -Tenéis razón, no soy perfecto y he hablado sin meditar lo que decía. Perdonadme.
    -Nosotras no podemos perdonar a nadie sobre esta falta de respeto, las ofensas a Dios solo él las puede perdonar.
    Pídeselo antes de dormirte esta noche y él te perdonará si lo haces con fe.
    Durante una semana estuve acompañando a Claudia y a su sirvienta a todos los lugares donde Jesús contaba de una forma sencilla para ser comprendido por las multitudes parábolas sorprendentes y curaba a los enfermos milagrosamente.
    A pesar de tanta claridad, en el ambiente note mucho escepticismo en ciertos grupos que murmuraban constantemente, a la vez que en sus gestos se les adivinaba mucha malicia contra Jesús.
    Durante aquellos días pude averiguar que aquellos grupos pertenecían a enemigos del Mesías. Sin duda eran, fariseos escribas y seduceos.
    Como ya tenía varios papiros escritos me trasladé a Jerusalén,
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    Acompañado por Claudia montando el caballo que teníamos de reserva y su sirvienta en otro que compramos.
    Cuando llegué a palacio, Pilato hizo un gesto extraño, no debió advertir la presencia de la sirvienta ni de Claudia, que me seguían, lo que me pareció muy feo, y que ambas mujeres notaron, por la expresión que pusieron.
    Pilato se dirigió a mí presuroso preguntando con una exclamación:
    ¿Que me traes? ¿Alguna novedad importante?
    Haciéndome el distraído como si la cosa fuera lo más natural del mundo, le contesté:
    -Todo el informe lo tengo escrito, aquí lo tiene.
    Ya tenía en su mano el rollo de papiro con el informe cuando se apercibió de la presencia de Claudia y la sirvienta.
    Debió ser por eso por lo que su cara enrojeció súbitamente antes de hablar con la elocuencia que lo caracterizaba.
    -Por todos los demonios, no os había visto. Estoy tan obsesionado con los asuntos oficiales que ya no veo ni donde pongo los pies
    ¡Perdonadme!
    Inmediatamente quiso subsanar el error dirigiéndose a su mujer, pero ella le dio la espalda y salio del salón sin despedirse tan siquiera, por lo visto estaba muy enfadada.
    Sonriendo de una forma forzada Pilato susurró:
    -¡Mujeres! .. No hay quien las entienda. Bueno, vamos a ver que me traes en esos papiros.
    Se arrellanó en su confortable sillón y leyó el informe sin decir palabra; después de rascarse la barbilla con escaso entusiasmo dijo:
    -Lo que me temía, Al nazareno creo que le quedan pocos días de vida. Sus enemigos son muy recalcitrantes y no lo van a dejar escapar fácilmente, cada vez lo veo más claro.
    Aquella noche apenas me había acostado cuando llamaron a la puerta de mi habitación ya que como centurión dormia aparte de la tropa en Torre Antonia; era un soldado que me dijo:
    -Poncio Pilato me ha ordenado que venga a buscarte inmediatamente, que hay problemas muy graves, deberás seguirme.
    –¿Qué pasa?
    Le pregunté alarmado.
    –No puedo decir nada, me lo ha prohibido. Él te lo contara.

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    Cogí mi caballo y me dirigí al galope detrás del legionario, al poco ya estaba en el palacio del procónsul entrando sin saludar siquiera a los guardias del salón donde siempre me recibía.
    Las primeras palabras de Pilato fueron:
    Han detenido a Jesús de Nazaret, Prócula y su sirvienta han ido a ver que le ha sucedido y yo estoy atado de pies y manos sin saber que hacer, no debo intervenir en un asunto entre judíos a menos que me lo pidan.
    -¿y que he de hacer yo?
    Pregunte adormecido.
    –Quiero que vayas a buscar a Claudia, antes de que le suceda algo.
    No sabiendo como empezar a buscar a la señora le pregunté.
    ¿Tiene idea de donde puede haber ido?
    Supongo que al monte de los olivos donde creo que tenía que hablar Jesús, allí he mandado a mil legionarios a contener a sus seguidores antes de que se revolucionen.
    Acudí prestamente al monte de los olivos, encontrando una gran multitud rodeada por miles de legionarios a pie y a caballo que no les permitían marchar bajo ningún concepto.
    Me acerqué a un centurión que conocía y le pedí que me dejase entrar en el círculo sitiado, que tenía que buscar a una persona muy importante y llevarla al procónsul Pilato y que cuando la encontrase saldría por aquel mismo lugar. Sin embargo no fue precisa mi entrada, ya que Prócula que me había visto acudió y se puso a hablar conmigo diciendo con evidente angustia:
    -Creo que deberían venir con nosotros varios de los que Jesús ha curado para declarar cómo testigos en caso necesario a su favor.
    Después de cambiar unas impresiones con aquel centurión, este aceptó a la vez que señalaba una gran roca que tapaba gran extensión del lugar sitiado.
    -Dejare salir a tres o cuatro y que lo hagan por detrás de esa peña para que no lo vea nadie, pero si hubiera cualquier problema no me impliquéis, decid que tratabais de escapar
    Inmediatamente La señora fue a buscar a varios conocidos y al poco salía con ellos por donde el centurión amigo nos indicó.
    Al poco ya estábamos en el palacio de Pilato y su esposa le contó su plan.
    Estos son cuatro personas de las miles curadas por Jesús, este era ciego de nacimiento y lo curó hace ya casi un año en Jericó. A esta señora que estaba endemoniada le sacó los demonios del cuerpo
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    en Betsaida hace ya seis meses y a estos que estaban leprosos los limpió hace ya más de un mes en Nazaret. Sería conveniente que los lleves como testigos de los milagros que hacía este Mesías hijo de Dios.
    A Pilato le pareció bien la idea de su mujer y se fue con aquellos testigos para reunirse con los samaritanos y los fariseos, que lo habían llamado; una vez alli presentó a los enfermos curados pero ante las pruebas de los testigos el gran sacerdote Caifás alegó contundente.
    -Es muy verdad que estos estaban en las condiciones que dicen, de eso no tengo la menor duda, ya que hemos investigado muchos casos, pero todo esta hecho en nombre del Diablo, todo eso es diabólico y la prueba es que muchos de esos milagros como vosotros llamáis a esa diabluras las hace sin respetar la voluntad de Dios que prohíbe trabajar en sábado.
    Este hombre ha trabajado en sábado muchas veces, curar es cómo un trabajo de médico, este hombre lo ha hecho muchas veces sin respetar el sabado y merece la muerte en la cruz.
    En ese momento llegó un legionario romano, que entregó a Pilato un comunicado de su esposa Claudia que decia.
    No te mezcles en los asuntos de este hombre justo porque he soñado cosas que me han hecho sufrir mucho.
    Apenas leído ese mensaje llegó uno de los apóstoles llamado Judas Iscariote y tirando las monedas que le habían dado los fariseos por traicionar a Jesús lo que facilitó su detención, dijo:
    No quiero este dinero. (Tal dinero se lo habían pagado por traicionar a Jesús diciendo:
    -(Podréis detener al que yo bese, porque ese es Jesús)
    A lo que el gran sacerdote le contestó, cuando tiró las monedas.
    -Allá tú ese no es mi problema.
    Y añadió:
    Recoged esas monedas y llevarlas al templo para ofrendarlas a Dios.
    Y añadió
    Ahora voy a exponer al que dice ser hijo de Dios al pueblo para que lo perdone por ser pascua o lo condene a ser crucificado.
    Entonces Caifax el sumo sacerdote del templo, desde un balcón, presentó a Jesús al pueblo de Jerusalén y pregunto a la muchedumbre que llenaba la plaza.
    Aquí tenéis al que dice ser hijo de Dios Y no respeta los sabados como es la voluntad de Dios pr lo que creemos que las curaciones
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    son cosas del mismo Satanás y a este otro lado a Barrabas, un ladrón Y como es costumbre en la pascua yo os pregunto ¿A quien perdonamos de morir en la cruz? ¿A Jesús el nazareno que no respeta los mandamientos o a Barrabás, un ladrón que roba para poder comer?
    La contestación de la muchedumbre fue clamorosa:
    -¡A barrabás! ¡A Barrabás! Gritaron todos.
    Al oír esa exclamación multitudinaria Pilato agachó la cabeza,
    se puso a lavarse las manos en una jofaina y tras secárselas con una toalla les expuso:
    -Yo me lavo las manos; que la sangre de este hombre justo caiga sobre vosotros y vuestros descendientes.
    Caifáx sonrió satisfecho ya que para condenar a alguien a muerte, solo lo podía hacer el procónsul romano y lo había hecho de una forma rara, pero lo había hecho.
    El procónsul romano se desentendió y lo dejó en sus manos.
    Y el sumo sacerdote, al momento mandó que se iniciaran los suplicios a que fue sometido Jesús que con voz apenada dijo:
    -Hágase la voluntad de Dios—
    Después, durante todo el tiempo permaneció en silencio absoluto, siendo azotado vilipendiado con escupitajos e insultos y coronado con una corona de espinas, después cargado con la cruz ascendió unos tramos de la montaña Golgota, cayendo varias veces; en una de ellas, una mujer que antes estaba endemoniada y Jesús la salvó de los demonios y se llamaba Maria Magdalena, le dio a beber un poco de agua en un pañuelo empapado.
    Otra mujer llamada Verónica le enjuagó la cara con su pañuelo
    Después, fue ayudado por un hombre que se llamaba Simón de Cirene a llevar la cruz.
    Ya en la cima del monte lo crucificaron delante de su madre y otras personas que no cesaron de llorar, clavándolo con clavos en las muñecas y los pies.
    Sobre la cabeza le pusieron un letrero que decía- Jesús hijo de Dios-
    Levantaron la cruz y allí vigilado por los soldados romanos quedó entre dos ladrones, Dimas y Gestes, uno a cada lado, también crucificados..
    Uno de los ladrones, Dimas, le pidió perdón por sus pecados y Jesús le dijo.
    -Hoy estarás en el cielo a mi lado.

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    Yo mientras tanto me encontraba en el Palacio de Pilato esperando órdenes y cuando el llegó y me enteré de lo sucedido quise ir a ver a Jesús, algo me impulsaba a ir a verlo, no podría explicármelo, era una fuerza superior que me empujaba al monte aquel, y cuando llegué lo vi todo en tinieblas, varios soldados lo estaban custodiando. y me dejaron que me acercase a verlo de cerca. Los otros dos ya estaban muertos por lo visto a los ladrones les habían roto las piernas para que muriesen antes y a Jesús no y sufrió durante más de nueve horas, no parecía estarlo aún y me pareció
    que me miraba, Pero de pronto gritó:
    -¡Padre por que me has abandonado!
    Aquel grito desesperado me impresionó profundamente, creí que estaba sufriendo mucho y quise evitarle tanto dolor, así que le quité de las manos la lanza a uno de aquellos soldados, me acerqué a la cruz y se la clavé en un costado intentando atravesarle el corazón y acabar con sus sufrimientos, por la herida empezó a salir agua y sangre. Entonces dije apenado:
    -Verdaderamente este hombre es el hijo de Dios
    Me quedé todo el tiempo allí haciendo compañía a los soldados, y a las mujeres entre ellas su madre angustiada, hasta que lo bajaron, lo envolvieron en un lienzo y se lo llevaron para enterrarlo en una cueva donde lo metieron dentro de un sarcófago, después cerraron la cueva y taparon la puerta con una gran roca.
    Todo fue visto como ya dije por varias mujeres que allí estában una era su madre, Maria, otra era Maria la de magdala y otra la mujer de Poncio Pilato, Claudia Prócula.
    Como había corrido el rumor de que al tercer día resucitaría algunos seguidores fuimos a ver si era así, entre ellos seguían estando como en su entierro, su madre, Maria, Claudia y Maria Magdalena que entraron y enseguida salieron diciendo que Jesús había desaparecido y que se les había aparecido un ángel diciéndoles que Jesús había ascendido a los cielos pero que volvería a presentarse a muchas personas, entre ellas a sus apóstoles.

    Después de aquellos acontecimientos aún sucedieron otras cosas dignas de recordar.

    Pilato me ordenó que investigase a ver donde se habían llevado el cadáver de Jesús y me dijo:

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    Cuanto ha sucedido con la muerte del Mesias es muy sospechoso, primero lo detienen por hacer milagros, yo les intenté convencer de que eran cosas buenas, pero ellos contestaron alegando que eran cosas del diablo por que muchas veces las había hecho en sábado estando prohibido por Dios trabajar en tal día, después lo enetrraron en una cueva y ahora resulta que desaparece de su tumba y sus amigos aseguran que se les ha aparecido en varias ocasiones dándoles instrucciones para llevar su doctrina al mundo entero, pero a pesar de que mi mujer esta convencida de que todo es verdad y que Jesús es el hijo de Dios, yo noto ciertas cosas que no me concuerdan cómo por ejemplo:
    ¿Cómo es posible que uno de sus apóstoles lo traicione Si ha sido testigo de cientos de milagros?
    No lo comprendo, quiero que investigues y averigües donde está el cuerpo de Jesús.
    Necesito saber toda la verdad de este misterio.

    Inmediatamente me puse en camino de Galilea y me dijeron que Judas se había ahorcado, busqué a mi amigo el familiar del apóstol pedro y este me comunicó que no había ningún misterio que Jesús había resucitado, y se había presentado en diversas ocasiones para dirigir a sus apóstoles por las sendas que deberían llevarlos a sus respectivos destinos.
    Después de varias semanas investigando por todas partes llegué a la conclusión de que en efecto no existía ningún misterio, que todo se había desarrollado según dijo la señora Claudia Prócula, y regresé a Cesárea. Donde Pilato se había encontrado con otro conflicto
    En aquella ocasión medité mucho sobre la palabra misterio y pensé ¿Acaso no es un misterio la existencia? ¿Acaso no es un misterio la naturaleza? Verdaderamente vivimos rodeados de grandes incógnitas que no sabemos ni entender remotamente. ¿Qué es la vida? ¿Por qué unos nacen bien y otros mal en diferentes aspectos? ¿Qué fue antes el huevo o la gallina? Todo son misterios que jamás dominaremos ni comprenderemos.
    Pero dejémonos de conjeturas imposibles y volvamos al problema que se había suscitado en Roma
    Resultó que el gran sacerdote de Jerusalén habló mal de Pilato al gobernador de Siria Vitelio que era vigilante de lo que sucediese en Palestina y Pilato tuvo un comunicado del emperador Tiberio ordenándole que se presentase a la mayor brevedad posible para
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    aclarar ciertos rumores que le habían llegado de los cinco firmantes de abajo, que eran los cinco sacerdotes del templo.
    Los que lo acusaban de intrigas, robos y dictadura ilegal.
    Pilato sabía que presentarse bajo tale acusaciones, que dijo eran falsas ante Tiberio solo podrían reportarle la destitución el descrédito y posiblemente la crucifixión, así que decidió exigir a los sacerdotes una confesión de denuncia falsa y al negarse ellos los hizo encarcelar e inmediatamente sin otro juicio ni nada, los crucificó. Enterado Vitelio gobernador de Siria, lo comunicó al emperador Tiberio y este ordenó que Pilato fuera detenido y llevado a Roma para comparecer ante el senado.
    Desde entonces no se volvió a saber nada ni de Poncio Pilato ni de su mujer Claudia Prócula.
    Circularon algunos rumores que aseguraban que Poncio Pilato se habia suicidado y de su esposa Claudia nadie sabía nada, lo que realmente nada aportaba a tan escabrosos sucesos.

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    CAPITULO XII

    ¡LA TEBERNA VENUS!

    Después de licenciarme del ejército, lo primero que hice fue regresar a Roma donde debería efectuar algunas comprobaciones referentes al estado de cuentas y marcha de mis negocios agrícolas y ganaderos que puse en manos de mi amiga Livia, además de visitar a familiares y amigos.
    Durante los dos años que estuve en Siria y Judea permanecí completamente desconectado de mis padres adoptivos, de mis negocios y de mis amigos los luchadores y gladiadores; solo me comunique con Roma a través de los papiros que fuimos enviando a los dos emperadores que hubo durante ese tiempo, Cesar Augusto y Tiberio
    A mis padres nunca les dije nada de cómo iban las cosas, por no preocuparlos, tan solo les envié una carta al principio, pero al no recibir contestación dejé de hacerlo y pasó el tiempo casi sin darme cuenta de tanto trabajo en investigar y escribir los informes.
    Cuando llegué me enteré de varias cosas que habían sucedido durante mi ausencia.
    Sucesos que me hicieron y llorar meditar en la brevedad del tiempo.
    A veces, especialmente cuando eres joven, tienes la sensación de que nunca sucede nada, que el tiempo transcurre lentamente, y hasta llegas a creer que nunca llegarás a viejo, pero al atravesar cierta edad, cuando empiezas a tener problemas de salud, vas perdiendo facultades, tienes menos fuerza y agilidad, te duelen los huesos y ves como la piel se arruga por todas partes y las aventuras infantiles se ven lejanas aunque solo estés a cuarenta años de aquel tiempo entonces notas que tú vida se acelera y adviertes que pasan cosas en las que nunca habías reparado, cómo que los vecinos o conocidos se van envejeciendo también, algunos muriendo, o que tus conocidos empiezan a tener familia, enfermedades y algunos, muchos problemas.
    Es por eso que durante dos años el tiempo se me fue escapando tan rápido que ni me di cuenta de que tenia familia, amigos y
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    negocios en Roma, y cuando regresé apenas pude asimilar que mi padre adoptivo Ovidio y mi madre su esposa, Agripina habían fallecido durante mi ausencia en un intervalo de tres meses, siendo ella la primera que falleció de un ataque cardiaco y él de tristeza al verse solo.
    Nunca comprenderé porque no me llegó ninguna de las cartas en que mi padre Ovidio me comunicaba la muerte de Agripina su esposa, y después las de Livia contándome la muerte de de los dos, ni tampoco la invitación que me hizo a su boda con el comerciante más rico de un pueblo cercano, dejando su empleo en manos de Floro el sirviente de los que antiguamente eran esclavos en la villa de mis padres, el que me salvó la vida.
    Floro me recibió en su casa y me mostró las cuentas de la explotación, que por cierto fueron mejor de lo que me esperaba en especial el aumento de los afluentes de agua para riegos y el aumento de hectáreas laborables, haciendo que las ganancias fueran mayores.
    Durante su control hacía poco más de un año en las finca se habian experimentado cambios de mejora notables y por tanto se aumentó también el numero de obreros contratados.
    Floro me contó que al no contestar a ninguna carta mis padres se pusieron muy tristes y pensaron que me podía haber sucedido algún percance, por lo que pensaron hacer un viaje a Palestina ya que en el negociado del ejército no sabían nada salvo que me habían ascendido a centurión.
    Lamentablemente no pudieron hacer el viaje por las tristes circunstancias ya reseñadas.
    Verdaderamente la vida a veces te da golpes tremendos que son muy difíciles de sobrellevar, menos mal que al menos con el negocio todo fue bien.
    Y cómo Floro había hecho estupendamente el trabajo de Livia le aboné la cantidad del diez por ciento que había acordado con ella y se puso contentísimo, repartiendo lo conseguido entre todos los sirvientes alegando que todos habían colaborado de igual manera.

    Después de lo narrado anteriormente aún me quedaba en esta vida un deber por cumplir, que me destrozaba el alma y no me dejaba dormir, vengar a mi familia.
    Posiblemente las comunicaciones entre llos paises del Imperio no fueran tan buenas como se presumía ya que en algunas ocasiones los correos eran interceptados por ladrones matando a sus
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    portadores para quitarles los pocos dineros que llevasen en su bolsa particular o en los envios comerciales, resultando el envio de los correos perdidos en esos largos y accidentados trayectos , como a veces sucedió también con los envios de comunicados al emperador , aunque en estos casos el correo era más seguro ya que en tales casos se hacía con un sistema reforzado por tratarse de asuntos de gran importancia imperial.
    Ahora no recuerdo quien dijo:– La venganza es un vino amargo que se debe beber sin prisas o de un trago.
    No sé si era así ni porqué me ha venido ese refrán a la cabeza, posiblemente porque ya huelo los jazmines de Antioquia, mientras montado en mi caballo blanco, después de cabalgar toda la noche me adentro por sus bulliciosas calles, y mi corazón brinca de contento.
    ¿He escrito que estaba contento cuando aún no sabía lo que el destino me podía deparar? ¿Y si nunca encontrase a Plinio? ¿Y si él me encontrase antes a mí? Solo tenía una carta en la mano, y había que ponerla boca arriba.
    Todo era cuestión de suerte.
    Lo primero que tenia que hacer era buscar una casa para alquilarla así que empleé mi sistema de siempre, buscar y preguntar en una taberna.
    En una esquina había una con nombre de diosa, Taberna Venus sin pensarlo ni un instante me acerque allí, até el caballo en una de las argollas que para tal fin había cerca de la entrada y entré resuelto. Nada más atravesar la puerta me pareció conocer aquel lugar, posiblemente ya pise aquel suelo en mi primer viaje a Antioquia capital de Siria.
    Había mucha clientela, y me sorprendí aún más cuando vi a unos parroquianos sentados alrededor de una mesa redonda.
    .Conté siete y no les di gran importancia, se trataba de hombres que jugaban y bebían, lo típico en estos lugares.
    El lugar estaba bien iluminado por los rayos de un sol espléndido primaveral que penetraba por varias ventanas, además era medio día.
    ¿Dije que cuando vi aquella gente me sorprendí recordando algo?
    Perdona amigo lector, a veces se me va el santo al cielo cuando algo me parece conocido y no sé que es, aunque en aquella ocasión me pareció conocer a dos de aquellos hombres que jugaban, bebían y reían sentados alrededor de aquella mesa.

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    Las dudas que en un principio tuve se disiparon cuando advertí que uno de aquellos hizo un gesto al verme y conminó a los otros a que mirasen, señalándome sin ningún disimulo.
    Todos si excepción volvieron la cabeza clavando sus miradas en mi, pero uno dijo en voz alta
    –¡Bha! Dejadlo, ese se debe de haber equivocado de taberna.
    Y siguieron con lo suyo olvidando mí presencia.
    Sin embargo la cara de dos no se me pudieron borrar de mi mente, uno era bajito y regordete, tenia la nariz aplastada hacia un lado como si le hubieran atizado un buen golpe y el otro, aunque estaba sentado se notaba que era de más estatura, estaba calvo y tenia una cicatriz en la frente que le daba un aspecto inquietante siniestro, cómo de criminal en activo.
    Aquellos dos individuos eran los que recordaba de cuando la primera vez que estuve con Poncio Pilato allí en Antioquia y me asediaban por todas partes.
    Si mis sospechas eran fundadas aquella gente debería saber donde estaba Plinio.
    Lo que me extrañó fue que en aquella ocasión no me atacasen.
    Finalmente decidí preguntar en el mostrador al encargado por si me podía indicar donde podía encontrar una vivienda.
    La barra estaba llena de gente tomando vino y refrescos, y de momento no vi a ningún camarero así que me senté sobre un taburete que había libre y me puse a esperar.
    Apenas me hube sentado una camarera preciosa se acercó preguntando con una bonita voz y una sonrisa encantadora.
    — ¿En que puedo servirle? ¿Desea tomar alguna cosa?
    Nunca en mi vida me había sentido tan torpe, aquella imagen me pareció angelical y no acertaba a decir ni una palabra, en mi mente se estableció una densa cortina borrando todos mis asuntos, trasladándome al mismo cielo dejándome sin palabras; en voz baja, empleándome a fondo, solo pude decir.
    –Me parece que me he enamorado de usted y me he quedado mudo.
    La preciosa chica que debería contar unos veinte años se echó a reír consiguiendo que mi cara se pusiera roja de vergüenza.
    Finalmente me rehice, recordé mi problema y le dije abochornado:
    –Perdóneme señorita por mi desvarío, solo quería hacerle una pregunta, pero póngame un vaso de vino y se la hago después cuando tenga un poco de valor.

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    La chica de ojos verdes, escultural figura, y sonrisa sensual se me acercó discretamente y me afirmó:
    –No hace falta que se emborrache para hablar conmigo, pregunte, pregunte: que no muerdo.
    –Aquella simpatía me dejó desarmado, así que le pregunté:
    –¿Sabe usted si por aquí alguien me alquilaría una vivienda?
    Cómo si se hubiera roto el mundo por un cataclismo ella puso un gesto de desencanto y contestó:
    -Eso depende de cómo quiere usted que sea la vivienda. ¿Es para muchas personas?
    –Solo somos dos, mi caballo y yo.
    Nuevamente la joven se recupero de su mal instante y se rió muy divertida, pero aquella vez con tal sonoridad, que muchos parroquianos volvieron la cabeza para curiosear.
    –Que gracioso es usted. Mira que contar a un caballo como persona… Perdone usted mi franqueza; sobre su pregunta le puedo acompañar a casa de una señora vecina que quizás le pueda ayudar, ya que se dedica a alquilar viviendas y eso.
    ¿Una vecina que alquila viviendas y ESO? ¿Qué quiso decir con ESO? ¡Nunca supe a que se refería con- Eso- y decidí averiguarlo en cuanto tuviera ocasión.
    Ante tal ofrecimiento me sentí como si la molestase un poco y alegué, fingiendo consternación.
    No quisiera molestar, dígame como se llama esa vecina y donde vive y ya iré yo a hablar con ella.
    –¡Pero que dice de molestar, si estoy desando salir a que me dé un poco el aire, no sabe usted lo aburrido que es estar todo el día metida aquí.
    Voy a llamar al Jandrín que se cuide del negocio mientras le acompaño a usted.

    El tal Jandrin resultó ser el pequeñajo barrigudo de la nariz aplastada, y le llamaban Jandrin como diminutivo de Alejandro.
    La chica me contó lo de eso, que no me aclaró nada y algunas cosas más por el camino a la casa de la señora vecina que se llamaba María, una VECINA que distaba desde la taberna casi dos horas de trayecto, la tal señora Maria me alquiló una vivienda similar a la que tuve alquilada en Jerusalén y algo más barata porque los precios allí en Antioquia eran más bajos.
    Sobre la vivienda no voy a hacer ninguna descripción porque si empiezo a describir lo que se veía desde la ventana, los ruidos que
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    se escuchaban, del gentío que circulaba por aquella calle enrevesada, llena de tenderetes por ser aquel día precisamente el señalado para el mercado, lo que se acostumbraba a vender, las discusiones y regateos entre los vendedores y clientes, los precios de cada artículo, si además me pongo a describir que desde esa ventana se podía disfrutar del vuelo soberbio de los pájaros vencejos y sus graznidos, persiguiendo a los mosquitos, el humo que salía de alguna que otra chimenea, y los olores que se percibían, algunos perfumados y otros repulsivos voy a aburrir al lector y a mi la verdad no me agrada aburrir a las personas con estúpidas o cursis descripciones y además porque gastaría un puñado de pergaminos y la verdad es que los pergaminos son muy caros y los tiempos que corren no son para tirar los denarios disponibles que cada vez son más difíciles de conseguir.
    Creo que tras reflexiones tan convincentes lo mejor sin duda alguna será mejor no describir ni una habitación, ni mobiliario ni nada, que sin perdida de tiempo volvamos a lo que interesa.
    Persuadido de que como aquella mujer nunca encontraría otra en este mundo ni en mi vida, decidí emplear el tiempo de regreso; ya habíamos simpatizado durante la ida, así que decidí emplear toda mi estrategia romántica del bagaje que dudaba poseer, y emplearlo a fondo, pidiendo a Dios que me ayudase, al menos en esta ocasión fe no me iba a faltar.
    Cómo agente de información llámalo espía o como te parezca, me consideraba un avezado experto, pero cómo conquistador de mujeres, no puedo presumir en absoluto ya que quitando a Livia y alguna otra sin ninguna intención amorosa nunca he tratado a ninguna mujer, por eso me sentí abrumado y sorprendido de mi pericia en aquel momento.
    A veces pienso que no fui yo el que conquistó a Venus, si no que fue ella la que me conquistó a mí.
    Empecé mi asalto de la siguiente forma: le conté a la preciosa de ojos verde apasionante que me llamaba Longino y le dije que nunca había tenido novia porque nunca me había enamorado de ninguna hasta que la vi a ella.
    Por lo visto le pareció harto extraño y protestó exhibiendo una sonrisa encantadora.
    -No me creo nada, me parece usted un poco liante.
    De nuevo le volví a asegurar..

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    -Le repito que solo me he enamorado una vez y ha sido hace un rato cuando la he conocido a usted. ¿Acaso no ha notado como me puse de nervioso al conocerla, que me quedé sin palabras?
    Ante mis astutos argumentos ella se hizo la desentendida, desviando la conversación.
    –¿Y que hace usted aquí en Antioquia?
    Me pareció que debía seguirle el juego así que le contesté con otra observación para volver al tema que me interesaba.
    –Por favor, no me trate de usted, si vamos a ser novios o amigos tráteme de tú.
    Ella se echo a reír alegando:
    –Hay Longino, Longino, me parece a mi que has tenido muchas aventuras y más novias que pelos tienes en la cabeza. ¡Menudo pillín debes ser tú con esa labia!
    –Si te hace feliz pensar que he tenido muchas aventuras no te lo voy a negar pero de novias nunca he tenido ni una y solo pienso tenerte a ti, si quieres, claro y si no me retiraré a una montaña, me meteré en una cueva y allí pasaré el resto de mi vida comiendo hierbas y lagartijas.
    –¿Pero estas seguro de lo que me pides?
    –Nunca he estado más seguro de nada, cuando me conozcas mejor sabrás que jamás miento.
    –¿Y que he de hacer para conocerte mejor?
    – Eso es fácil yo te voy a decir que si quieres ser mi novia y si tú respondes que si, empezarás a conocerme mejor, te lo aseguro. ¿Quieres ser el amor de mi vida
    Entre risas de nuevo ella habló
    –No te puedo contestar a esa pregunta por que esa no es la pregunta que has dicho antes. La pregunta ya que veo que te estas liando te la haré yo. –¿Quieres ser mi novio? Di, si o no. Pero piensa que yo no voy de broma; que yo, créelo o no, solo tuve un novio, que murió; después ya no tuve ninguna relación parecida. Y mira, he tenido pretendientes a montones, pero solo tú me has gustado.
    Creo que me he enamorado de ti solo con verte.
    ¡Por cierto, me llamo Venus!
    Todo aquello me parecía un sueño, algo imposible de creer.
    Me encontraba ante la mujer más exquisita del mundo que me pedía que si quería ser su novio, y me lo estaba diciendo como una diosa del amor, cómo la diosa Venus.

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    Solo debía contestar…¡Si! Por eso me llené los pulmones de aire y exclame—-
    –¡Si!
    Creo que nos habíamos vuelto locos puesto que darse besos en público nunca lo vi hacer a nadie y nosotros lo hicimos.
    Y lo hicimos en la puerta de la taberna Venus a la que habíamos llegado de regreso y allí fuimos aplaudidos por todos los transeúntes y los parroquianos de la taberna, incluido Jandrin,

    Durante los días siguientes, Venus y yo fuimos la pareja más feliz del mundo yo le conté toda mi historia desde aquella maldita noche, que estaba buscando a PLinio para vengar a mi familia matándolo. Le conté también que durante dos años había estado escribiendo todos los documentos que Poncio Pilato me dictaba primero para el emperador Cesar Augusto y después para el emperador Tiberio. Raro era el día en que no le contaba algo de mi pasado cómo que llegué a ser campeón de lucha grecorromana y el combate que perdí haciendo de gladiador sin armas contra Plinio y que no fui muerto por él porque el emperador Augusto me perdonó.
    Luego otro día después de hacer el amor con ella en mi casa le conté las dudas que había sembrado en mí el hecho de que no fuera virgen generando dudas que me perseguirían durante toda la vida, algo que como la venganza contra Plinio me iba a repercutir siempre, porque… ¿Como puede un hombre saber lo que su mujer pudo sentir por otro u otros en el pasado? ¿Recordaría a alguno y lo consideraría mejor que a él? ¿Le habría aceptado para vengarse del otro sin amarlo a él? ¿Volvería con el otro si lo encontraba algún dia o el la buscase? ¿Le habría mentido en algo? ¿Qué podia haber hecho con el otro o los otros y los recordaria siempre?
    Tras todas aquellas preguntas que pudiese tener un hombre, ante una situación en que se encontrase como yo, ella contestó.
    No tengas dudas, tú no eres ese hombre, yo te amo a ti para toda la vida, todo lo demás esta olvidado para siempre
    En otra ocasión le conté que había investigando a un hombre que hablaba a las multitudes en Judea y curaba a la gente de inmediato, tuviese lo que tuviese afirmando que era hijo de Dios.
    Ella nunca me contaba gran cosa, una de las pocas cosas que me dijo fue que su hermano se llamaba Sejano y que como yo, eran romanos, que habían venido a Siria hacía muchos años porque tenían unos terrenos que vendieron para comprar la taberna ya que a su hermano no le gustaba trabajar en el campo y en Antioquia la
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    taberna con vivienda incluida les Salió muy bien de precio y se ganaban la vida estupendamente.
    Un día conversando, le pregunté por su hermano Sejano y le dije que algo no me cuadraba, la presencia de aquellos individuos que antaño me atacaron en diversas ocasiones en Antioquia me tenían intrigado.
    Y ella me contestó.
    -Sejano está de viaje de negocios en Egipto.
    Mi hermano es una persona que no para de pensar en ganar dinero y en cuanto le hablaron de unos proyectos en Egipto le faltó tiempo para marchar allí.
    Dentro de un par de semanas volverá y lo conocerás, creo que os llevareis bien.
    En cuanto a tus sospechas sobre Jandrin y sus amigos, debes de confundirlos con otras personas, los conocemos desde hace más de cinco años y son trabajadores sin antecedentes de nada.
    No te preocupes estás muy alterado por aquellos sucesos tan terribles de tu infancia.
    No me convenció la explicación sobre los amigos de Jandrin, pero algo les debía de haber sucedido ya que hacía varios días que no los veía por la taberna y se lo dije a Venus preguntándole:
    -Oye Venus. ¿No te has dado cuenta de que el Jandrin y sus amigos ya hace unos días que no vienen por la taberna?
    Venus se me quedó mirando indecisa antes de contestar.
    Longino, creo que estas un poco enfermo con todas esas ideas que te tienen obsesionado, estos tíos son como todos, una veces vienen y otras no, eso le pasa de vez en cuando a todos los clientes, dejan de venir y a lo mejor no los ves en un siglo por decirte algo y cuando menos los esperas aparecen como si tal cosa.
    Olvídalos no te atormentes más, amor mío.
    No muy convencido con aquellos razonamientos le pregunté.
    -¿Y no sabes donde vive alguno? Te pregunto esto porque el primer día me pareció que conocías muy bien a Jandrín ya que le dejaste el negocio en sus manos.
    Venus se sonrió antes de ponerse muy seria y contestar.
    -Mira Chico, lo dejé que se cuidase del negocio cómo se lo pude haber dejado a otro, son todos clientes de confianza.
    No le veo a eso nada de malo, creo que ves demasiados fantasmas por todas partes, me tienes muy preocupada.
    Y sobre sus domicilios no tengo ni idea de donde vive ningún cliente, nunca me ha interesado saber eso.
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    Después de aquella conversación ya no quise molestarla más pero a ratos me dedique a ir buscándolos por los distintos bares del barrio con la esperanza de que si eran del entorno por fuerza un día u otro los localizaría.
    Lamentablemente no di con la pista de ninguno y me dije: Lo mejor será esperar al hermano a ver si él conoce a Plinio aunque se haya cambiado el nombre.
    Ha sido una pena que hayan desaparecido los de la mesa redonda, que sin duda sabían muchas cosas y se me esta acabando la comprensión, la resignación y la paciencia.

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    CAPITULO X I I I

    Las dudas

    Solo faltaban tres días para la vuelta de Sejano, el hermano de Venus.
    Desde que hablé con un cliente del bar que me dijo que el establecimiento solo llevaba un par de años inaugurado, descubrí que Venus debió mentir al decir que habían ido allí hacia muchos al menos oho o diez para comprar la taberna con vivienda incluida por un precio muy bueno con lo conseguido en la venta de unas tierras.
    Desde ese momento no he investigado nada más.
    Mi desconfianza cada vez es más patente. ¿Porqué Venus me engaña en estos pequeños detalles?
    Mi estado mental esta tan atormentado y desconfió de tantas cosas que prefiero esperar a que el destino actúe y ponga cada asunto en su lugar.
    Por eso cuento los días, las horas y los minutos que faltan para el regreso del hermano de Venus.
    Si el destino me ha traído a este rincón del mundo para conocer a esta mujer por algo será, el destino es intangible, incierto, a veces maravilloso y otras terrible, pero puede resultar increíble si el hermano de mi amor resulta ser el malvado Plinio, que se hubiera cambiado el nombre.
    Claro que si Sejano fuera Plinio, Me hubiera dicho algo, no sabía a que atenerme. Siempre pensé que la casualidad no existe.
    No paro de meditar en que las cosas suceden por algo por algo misterioso que desconocemos.
    No sabía cómo reaccionaría si mis sospechas respecto a Plinio resultaban fundadas y el hermano de Venus era él.
    Mil incógnitas acudían a mi mente al imaginar que podría perder el amor de ella si me tuviera que enfrentar a Plinio por ser el asesino de mi familia.
    De nuevo las dudas me atormentaban; por un lado pedía a aquel hombre que dijo ser hijo de Dios que hacise el milagro de que
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    Sejano no fuese Plinio y por otro le supliqué que lo fuese y terminase de una vez aquel tormento que me retuercía el alma y el corazón sin piedad de forma tan atroz e interminable.
    Ya solo faltaban tres días para saber el final del misterio.
    Ya eran demasiadas las mentiras que fui descubriendo aún sin poner énfasis en ninguna investigación, posiblemente el haber sido un sabueso durante tanto tiempo me había hecho desconfiado y todo lo desmenuzaba buscándole la parte oculta, recuerdo aquel dia en que descubrí en la espalda de ella unas marcas cómo si le hubieran dado latigazos y ella aseguró que estando en la bodega le había caído una estantería encima produciéndole aquellas heridas ya cicatrizadas.
    Y cuando dijo que su novio se llamaba Rufo y nunca se había acostado con él y descubrí que no era virgen y me contó que había perdido la virginidad por que había sido violado de muy pequeña por un vecino loco, y que su novio había muerto victima de un accidente, al caer del caballo, y averigüé que ni se llamaba Rufo, si no Tulio y murió ahogado siendo hallado muerto en un río.
    Ya eran demasiadas las mentiras pero era tan grande mi amor que llegué a pensar que la culpa era mía por ser tan desconfiado, que las personas suelen decir cosas que no son verdad sin malicia, que a veces la culpa de las mentiras la tienen más los oídos de quien escucha que las palabras del que habla. Que a veces uno oye mal lo que le dicen por estar pensando en otras cosas cómo a mi me sucedía continuamente.
    Así iba pasando el tiempo, así fueron transcurriendo las horas,
    los minutos que yo contaba incluso en mis sueños, hasta que por fin llego el tan ansiado día.

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    CAPITULO XIV

    LA VENGANZA

    Sejano llegó y cuando lo vi no supe si era o no el hombre al que tanto deseé encontrar.
    Como era costumbre en mi, las dudas acudieron prestamente a mi espíritu desconfiado
    Cuando bajó de su caballo yo estaba junto a Venus y ni se percató de mi presencia, ambos se abrazaron y cuando se separaron ella me presentó con estas palabras llenas de emoción:
    -Sejano aquí te presento a Longino mi novio, mi hombre.
    -Tanto gusto en conocerte, Venus ya me había hablado de ti.
    Esa fue la respuesta de él mientras me estrechaba la mano efusivamente y yo lo examinaba con suma atención.
    Aquel hombre de una edad cercana a la cuarentena, salvo la estatura similar a la de Plinio no se parecía en nada al que tanto había buscado por medio mundo.