LA CAJA DE PANTOJA

La caja de Pantoja

(Relato erótico)

La luz que provenía de un foco de la esquina de la calle, tras atravesar la oscura estancia dibujaba la silueta del cadáver de aquella vieja gloria del paralelo barcelonés sobre la pared amarillenta y desconchada.
La vieja señora vivía sola en aquel cuchitril de una sola habitación de apenas seis metros cuadrados sin un armario que guardase los montones de trapos que ocupaban dispersos hasta debajo del humilde lecho y que se suponía eran la ropa de cama y los andrajos que normalmente vestía la vieja desdentada; dos puertas una del WC y la otra a un pasillo lleno de cajas y bolsas repletas de cartones papeles y restos de metales dejaban apenas paso a una pequeña cocina y a la puerta de la escalera.
Hacía varios días que nadie había visto a Isidora Pantoja. Los vecinos empezaron a preocuparse cuando advirtieron que de la vivienda salía un olor apestoso creciente.
Llamaron a la policía y aquellos a los bomberos que derribaron la puerta al no servirles de nada el tratar de llamar al timbre y no recibir respuesta.
No tendría sentido seguir contando nada si no conocemos antes como había llegado a esta situación la que años atrás fuera una famosa vedette apetecida por todos los hombres que la veían, y que pocos la pudieron conocer a fondo como vulgarmente se dice.
Según pudimos averiguar la Isis como se hacia llamar artísticamente Isidora Pantoja había tenido pretendientes de alcurnia, como el alcalde de una ciudad cercana que le regaló infinidad de obsequios de gran valor entre ellos un fascinante diamante que nadie se atrevió a tallar por temor a que se borrase el arco iris que se translucía en todas sus facetas.
Otro, poderoso empresario gustaba de lucirla llevándola a los más elegantes restaurantes y hoteles comprándole joyas y poniendo en su cuenta bancaria sumas importantes de dinero. Lamentablemente, el anterior amante, fue encarcelado acusado de no pagar los impuestos que le correspondían y por evasión de divisas. Este señor se quedaba millones de los contribuyentes haciendo grandes obras que titulaba de mejoras en calles plazas y edificios , con el sencillo sistema que siempre han efectuado los políticos corruptos , dando el trabajo a un digamos amigo, al que le pedía presupuesto y acordando cargar en la factura del final de obra un par de millones más para él y que después blanqueaba poniéndolo fuera de circulación en algún paraíso fiscal. Murió en la cárcel de forma misteriosa. Y así, de esta forma, un amante importante sustituía a otro no menos importante, contando en pocos años con varios hasta que se enamoró de un actor que la maltrató continuamente de forma chulesca si no hacia cuanto el quería como que se acostase con todo aquel que a el le parecía idóneo por su poder financiero y para ver como ella fornicaba y le chupaba el pene, produciendo en él gran emoción que al final terminaba, una vez se habían ido el fornicador, dándole a la hermosa mujer una buena paliza si no se esmeró lo suficiente con el cliente, o le parecía que se había excedido. Sin embargo, al contrario de lo que hubiera sido normal en otro caso, a Isis estas palizas le entusiasmaban enamorándose más y más de aquel chulo macarra que no solo se aprovechaba sexualmente y la atizaba de lo lindo si no que le requisaba todo lo que ganaba, tanto lo que obtenía follando como una loca, si no también el sueldo del cabaret o teatro donde actuaba.
Un día el actor macarra tropezó en un tugurio con otro macarra aún más chulo que él. Se llamaba el Choclo. Hay que aclarar que choclo, es el nombre que se da en muchos países de Sud America a la panocha de maíz y en los ambientes prostibularios se refiere al tamaño del pene del chulo o macarra en cuestión que en el caso que nos ocupa era tan considerable como una panocha .
–¿Tú eres el que chulea a Isis la vedette? Pregunto el Choclo a El Sebas en cuanto lo vio bebiendo en una mesa con varios amigos y amigas entre ellas la Pantoja
–¿Y a ti que te importa? – Le contestó el Sebas de mala gana
-Mira si me importa que te la voy a quitar por las buenas o por las malas.- Fue la aclaración del argentino, escupiendo las palabras mientras esgrimía una sonrisa, añadiendo, Esta hembra no es para un maricón como tú, necesita una buena polla como la mía.
Al oír eso, el Sebas rompió una botella de vino que tenia a mano y se abalanzó como un loco esgrimiendo el resto de tal arma, sobre el Choclo que lo esquivó y no dudó en atacarlo con una silla destrozándola en la cabeza de su contrincante, que tuvo que ser socorrido por sus amigos mientras los camareros lo sujetaban a él.
El Choclo terminó encarcelado durante tres años hasta que se consideró que se limitó a defenderse del Sebas el cual pese a ser ingresado con urgencia en el hospital fallecería tres días después de la pelea a consecuencia de las heridas que tenia en la cabeza por la que se dijo sálianle los sesos.
En le juicio al que asistió la Pantoja, esta al ser interrogada declaró que el Sebas era un chulo de muy mal carácter que atacó al Choclo y este como es natural no tuvo más remedio que defender su vida.
Nadie esperaba tales argumentos de aquella mujer a la que le habían matado su amante, y aún fue más la sorpresa de todos cuando la vieron acompañada tan campante y feliz del argentino por toda Barcelona
El Choclo, resulto un macarra peor que el Sebas y seguramente por su extraordinario pene las otras prostitutas que el negociaba empezaron a ponerse celosas de la Pantoja por ser la preferida del chulo. Pronto se inició un malestar general en el grupo pero las cosas ya nunca funcionaron igual, la Conchí, que antes gozase del falo del Choclo, como la puta favorita, organizó la estampida, quedando el macarra y la vedette solos en poco tiempo, las prostitutas se buscaron otros chulos y no se sabe como fue pero algún tiempo después apareció el cadáver del Choclo flotando sobre las aguas del puerto.
Como si una maldición hubiera caído sobre la Pantoja pocos eran los que se atrevían a dejarse ver en su compañía. Su fama de mujer fatal se esparció por doquier y entonces se inició un periodo decadente un periodo en el que no solo su suerte se tornó esquiva si no que los años hicieron lo mismo con su figura. La Pantoja perdió su status en el teatro de revista quedando poco a poco sin dinero en el banco y tuvo que ir vendiendo joyas y otras
Pertenencias hasta que llegó a malvender su lujoso ático de la Diagonal que un día le regalase uno de sus múltiples amantes millonarios.
El dinero conseguido se esfumó demasiado rápido. Acostumbrada a vivir aparentando grandeza, se quedó en la ruina y para subsistir no encontró otra salida que hacer las esquinas del barrio de la Barceloneta quemando los últimos vestigios de su belleza follando con los marinos que por allí circulaban borrachos.
Ya ni un macarra se fijaba en ella cuando se cambió al barrio chino barcelonés alquilando el estudio donde al final falleció como ya sabemos. Finalmente hacia pajas en los cines y algún otro lugar como la tierra negra, o el sector de marina. Algunos días tenia que buscar por las basuras para poder comer algo. O ir a algún comedor social.
Isis había muerto y el pequeño cuchitril tenía que sanearse, por lo que enseguida se inició el trabajo de desescombro tras el entierro que se tuvo que hacer costeado de caridad. Durante más de dos días se estuvieron sacando bolsas de basura papeles, cartones y restos de metales apareciendo dos gatos muertos entre aquel amasijo de inmundicias y una caja negra como una pequeña caja de caudales cuya llave ni combinación se encontró por parte alguna teniendo que abrirla un cerrajero que lo hizo cortando las bisagras y destrozando la cerradura.
Fue entonces cuando se abrió aquella caja que los presentes se quedaron asombrados, la caja estaba llena de billetes de diez mil pesetas sumando en total cincuenta millones y lo más asombroso fue que en el fondo envuelto en un pañuelo ensangrentado y cuyo ADN resulto del Choclo había un diamante valorado en trescientos millones. El Diamante arco iris.

Fin