CARAPERRO

 

 

CARAPERRO

 

 

 

Debido al hielo formado sobre el asfalto aquella última noche,  él autocar transportando treinta niños escolares, derrapó estrellándose contra uno de los árboles que jalonaban la estrecha carretera comarcal sin que el conductor pudiera evitarlo, pese a su pericia y probada prudencia de varios años haciendo aquel recorrido.

 

Sebastián Pamies, que viajaba a bordo de su moto para ir a trabajar a un pueblo vecino fue el primero que llegó, encontrándose con el dantesco espectáculo.

 

El autocar estaba volcado y ya empezaba a arder por la parte delantera, mientras que por las ventanas rotas salían niños gritando despavoridos y heridos de diversa consideración.

 

Nuestro hombre no lo dudó ni un instante, inmediatamente penetró dentro del vehículo accidentado y empezó a sacar a los pequeños, algunos de los cuales estaban inconscientes, o tal vez muertos, (no disponía de teléfono móvil para pedir ayuda ni tiempo tampoco para hacer comprobaciones,) el fuego empezaba a tomar Proporciones alarmantes y el conductor que se encontraba atrapado entre el asiento y el volante le gritaba con desesperación. – Rápido coja el extintor, está debajo de mi asiento!

 

Sebastián, se metió como pudo debajo del conductor quemándose la cara por lo que se aparto sobresaltado y quitándose la camisa de un tirón se la enrolló sobre la cabeza volviéndose a introducir bajo el asiento del conductor que no paraba de gritar porque las llamas le estaban devorando materialmente las piernas. No sin pocos inconvenientes nuestro amigo consiguió sacar el extintor de su sitio se quitó la camisa que ardía produciéndole atroces sufrimientos e inmediatamente dirigió el chorro del aparato sobre las llamas que envolvían al conductor apagándolas rápidamente. El chofer había perdido el conocimiento, y el fuego seguía progresando amenazando de nuevo con acceder al compartimiento interior del vehículo. Con espanto advirtió que en el extintor ya no quedaba carga, Afortunadamente en ese momento empezaron a parar lo vehículos que llegaban,  y con ellos ayuda, por todas partes empezaron a entrar personas para terminar de sacar a los niños que aún había mientras que otras apagaban el fuego que ya tenia proporciones dantescas, con extintores o como podían, pese al evidente riesgo de explosión que existía.

 

Aquel suceso conmovió al mundo entero; gracias al arrojo y valentía de Sebastián,  y los  que le ayudaron después, se habían salvado todos los ocupantes del autocar incluido el chofer, pero nuestro héroe a pesar de ser intervenido quirúrgicamente en varias ocasiones quedó tan atrozmente desfigurado que desde entonces se le empezó a conocer como Caraperro.

 

Las hojas caídas eran tan abundantes en el parque del pueblo que hasta que no las esparció el viento y la lluvia no se pudo descubrir el cadáver de Isabel Gracia, la joven desaparecida hacía tres días. El cuerpo de la que fuera una de las más bellas mujeres de la comarca estaba completamente cubierto de heridas de arma blanca, la cabeza apareció varios metros más allá oculta por unos matorrales y completamente aplastada como si la hubiesen machacado con un martillo, quedando tan espantosamente desfigurada que era muy difícil su identificación.

 

Todas las sospechas de tan terrible crimen recayeron sobre la persona de Sebastián (Alias Caraperro) Ya que este había sido el novio de la joven hasta que fue rechazado por ella después del accidente del autocar del que quedó tan mal parado como ya quedó dicho.

 

Isabel Gracia, después de romper con Sebastian,(Caraperro) se hizo novia de José Arnau, un catalán que pasaba muy a menudo por el pueblo como representante de calzado visitando en tales ocasiones la zapatería donde ella trabajaba como dependienta. También se le investigó, pero este demostró que durante aquellos días se encontraba viajando por otra región a más de mil kilómetros.

 

Para la policía todo estaba muy claro, desde que Isabel había dejado a Sebastián, este se había vuelto irascible y taciturno, apenas hablaba con nadie, se había quedado sin amigos y frecuentaba los tugurios del pueblo en donde raro era el día en que no se emborrachase y organizara alguna trifulca.

 

Cerca del lugar del crimen se habían encontrado huellas de los neumáticos de su moto y hasta hubo quien aseguraba haberle oído decir en sus delirios de borracho que un día de estos mataría a alguien, y quien declaró haber visto a Caraperro discutiendo violentamente con Isabel, su ex novia en varias ocasiones.

 

Apoyándose en los numerosos indicios que lo acusaban el Juez no dudó ni por un momento en declararlo culpable de asesinato ingresando en prisión para cumplir una sentencia de veinte años y un día de privación de libertad.

 

Dos años después de lo narrado, Caraperro ya se había acostumbrado a la vida en la prisión. Posiblemente por su repulsivo aspecto, o tal vez por su carácter poco comunicativo, el caso es que no contaba ni con un mal amigo, vivía apartado de los demás y ni siquiera se hablaba con su compañero de celda, Andrés, un viejo ladrón de bancos.

 

Caraperro fue destinado a la limpieza de las distintas dependencias de la prisión. Un día cuando estaba trabajando en el gimnasio oyó gritos en las duchas, como si estuvieran desollando a alguien. Con presteza se acercó al lugar y lo que vio no debió gustarle porque ni corto ni perezoso arremetió contra tres hombres que estaban dando una soberana paliza a su compañero de celda el anciano, el  atracador de bancos.

 

¡Hijos de la gran puta, dejad al viejo si no queréis que os parta la cabeza ¡

 

Y como si de un superhombre se tratase, Sebastián, (Caraperro) blandiendo la pala de recoger la basura enseguida puso fuera de combate a los tres agresores. Después cargó con el compañero herido y lo transportó a la enfermería dando cuenta de los hechos a las autoridades pero sin decir quiénes fueron los maltratadores, alegando que no les pudo reconocer antes de que huyeran, debido a la oscuridad reinante en el lugar.

 

Todos sospechaban quienes eran los que habían atacado al pobre hombre, puesto que siempre eran los mismos, (el valenciano y sus compinches,) los que agredían a cualquiera que pudiera tener dinero para quitárselo y el viejo todo el mundo sabía que lo tenia ya que recibía a menudo algunas cantidades. El valenciano y su camarilla debieron comprender que Caraperro no los denunció por evitar problemas como que le tratasen de chivato así que prefirieron olvidar el asunto, de momento.

 

Desde aquel día entre los dos compañeros de celda se estableció una inusitada amistad y pronto ambos se contaron sus problemas como buenos amigos.

 

Nunca podré salir de aquí, ya soy muy viejo y estoy condenado a cadena perpetua porque en el último atraco murieron tres policías en un tiroteo en el que también cayeron todos los componentes de mi banda, menos yo, que quedé levemente herido.Desde entonces me he dedicado a escribir algunas cosas como unas críticas sobre las deficiencias en la cárcel, otra sobre el ejército español y otra sobre los privilegios de las monarquías europeas.aunque pocas me han sido publicadas. En fin, el caso es ir pasando la vida como sea.

 

Al poco tiempo Andrés, el viejo atracador, un día de visita, le presentó a su hija Carmen una preciosa joven de veinticinco años de la que quedó automáticamente enamorado pero a la que no se declaró por temor a ser rechazado dado el repulsivo aspecto de su semblante.

 

Algún tiempo después el viejo murió de un infarto y nuestro hombre quedó muy abatido no solo porque había perdido al único amigo que tenía, sino porque ya no volvería a ver a Carmen, pues aunque comprendía que jamás podría aspirar a ser correspondido su sola presencia le hacia sumamente feliz.

 

Pasaron dos meses desde el fallecimiento de Andrés; Caraperro estaba desesperado, tanto que ni cuando el juez le declaré culpable ni cuando ingresó en prisión había sentido tal grado de abatimiento, por las noches Le era imposible conciliar el sueño de tanto que pensaba en Carmen y durante el día debido al agotamiento caminaba como un zombi mientras ejecutaba su trabajo de barrendero. Así fue pasando el tiempo, hasta dos meses después que lo llamaron de dirección para comunicarle que tenía un bis a bis con su novia. Aquel día era la víspera de Navidad.

 

¿Con quien ha dicho?—Inquirió sorprendido Sebastián (Caraperro)

 

Con tu novia, carmen Verdú, si no nos ha engañado pues hay que tener valor para enamorarse de una cara así—Respondió el carcelero con saña e ironía añadiendo:

 

Tienes media hora, así que espabila. —Después musitó entre dientes: —Menuda suerte tienen algunos monstruos asesinos.

 

Cuando nuestro amigo entró a la habitación donde estaba la cama de la que tantas proezas había oído de otros pero que él solo conocía por su trabajo de limpieza, y vio a Carmen sentada sobre ella, casi le da un infarto. Podría asegurar que le debieron faltar las fuerzas puesto que apenas se cerró la puerta tras de si quedó parado, como petrificado. Entonces ella comprendiendo su turbación, se le acercó y le dijo: Perdona por haber empleado este sistema para poder verte, pero me advirtieron que solo podía visitárte un familiar o tú pareja, así que opté por la vía rápida. Perdóname pero he pensado tanto en ti que ya no he podido aguantar este sufrimiento.

 

A Caraperro no le cuadraban las cosas y hasta llegó a pensar que estaba delirando por la falta de descanso pero ¡No aquel no era un sueño ¡ ¡Era real, ella estaba ante él como una diosa de la belleza!—Y haciendo un superésfuerzo, dijo:-Me alegro de verte. ¿Qué te trae por aquí?— ¿Porque dices que has sufrido?

 

¿Acaso no comprendes que estoy enamorada de ti?—Contestó Carmen con las mejillas encendidas y los labios temblorosos.

 

Apunto estuvo de lanzarse sobre ella para abrazarla, pero se contuvo y después de una ligera reflexión alegó: — No es posible que nadie se enamore de un monstruo como yo, otra me abandonó por eso.

 

Sé tu historia, me la contó mi padre como también que eres un héroe que salvó a un montón de personas por lo que quedaste desfigurado pero yo sé que dentro de ti hay un hombre generoso y valiente como demostraste cuando salvaste también a mi padre de morir a manos de aquellos salvajes. Nunca veré en ti nada más que tu belleza interior, si tú me quisieras seria la mujer más feliz del mundo

 

El presidiario ya no pudo contenerse y agarrando fuertemente a la chica la acercó a su rostro y le preguntó. —Pero chiquilla. ¿Tú me has mirado bien?

 

La respuesta de la mujer no se hizo esperar y un sonoro beso selló sus labios.

 

Como si conseguir el amor de Carmen hubiera sido poco, cuando salió de la habitación el director de la prisión que le estaba esperando en la puerta le dijo con disimulada alegría -Señor Sebastián Pamies tengo el enorme placer de comunicarle que desde este momento es libre y cuando lo desee puede abandonar este establecimiento.

 

¿Acaso he sido indultado?

 

Con todas las de la ley, ya que el asesino de su antigua prometida confesó su crimen antes de morir tras sufrir un accidente de circulación.

 

¿Y quien resultó ser ?—Indago sorprendido Caraperro.

 

Su otro novio el representante, dijo que la mató porque cuando descubrió que no era virgen y le dijo: — ¡Eres una puta y nunca me casaré con una que haya sido estrenada por otro, porque yo soy un hombre de bien! Entonces la abofeteó y ella se enfureció mucho insultándole, burlándose y asegurando que Caraperro era mucho más macho que él, por lo que se volvió loco, la apuñaló repetidamente y después no paró hasta que le aplastó la cabeza con un pedrusco que limpió e hizo desaparecer lanzándolo al estanque. Por último la decapitó escondió el cuerpo sobre un desnivel del terreno, cubriéndolo con hojarasca. Luego se trasladó en avión a Galicia. El resto ya lo sabes. ¡Una novela, en la que has salido perdiendo dos años de tú vida tú. Ya sabes estas cosas solo le pasan a los pobres, a los que pueden pagarse un buen abogado, nadie les tose, pocos me llegan por aquí. Un buen abogado siempre  desbarata las pruebas y el ricacho, siempre, como máximo, queda como presunto y santas pascuas. Te deseo mucha suerte fuera de aquí.

 

Como un poseso, Caraperro, salió de inmediato de la cárcel encontrándose con Carmen en la puerta, que llorando de alegría le dijo: —Te he esperado porque me lo han contado todo y hoy es el mejor día de mi vida.

 

De nuestras vidas—Afirmó él con un guiño de satisfacción.

 

Ya a bordo de un taxi dijo: Vamos a donde quieras menos a mi pueblo porque son unos desgraciados desagradecidos.

 

No lo creas los de tu pueblo siempre han creído en tu inocencia y hasta han puesto tu nombre a la calle más importante.

 

¿Como le han puesto? ¿Calle— CARAPERRO?

 

¡No hombre!-Le han puesto… Avenida SEBASTIAN PAMIES— (HEROE LOCAL)–Subrayó ella con un mohín encantador.

 

No creo necesario decir que aquellas fueron las navidades más fantásticas de sus vidas.

 

FIN