EL GATO Y EL SOFÁ

EL GATO Y EL SOFÁ

Capitulo  1  El Gato

 

Mucho se ha escrito sobre gatos, desde uno que portaba botas y daba saltos de siete leguas con ellas, hasta otro que vivía en un bosque y se hizo vegetariano cuando ya había acabado con los roedores que por allí circulaban. La siguiente trata de un pequeño minino al que le teníamos gran estima porque parecía poseer además de las consabidas siete vidas, un instinto extraordinario que le protegía de cualquier peligro.

Un día, paseando por un monte desconocido en compañía del gato, de repente echó a correr hacia lo alto del lugar; consideré que debía tratarse de algún nuevo juego pues además de todas las características enumeradas, también era muy juguetón y raro era el día en que no me sorprendía con alguna travesura.

El caso es que cuando llegó arriba desapareció de mi vista. Al instante oí un gran alarido, algo como un maullido de muerte. Ascendí presuroso lo que me faltaba hasta la cima, encontrándome con que allí había un pozo seco de más de veinte metros de profundidad por cuyas paredes de cemento ascendía no sin pocas dificultades el pequeño felino, consiguiendo salir en pocos minutos.

Ya en la cima lo examiné esperando que encontrarle alguna herida pues la caída era para matado y no dejar ni rastro del pobre minino,

quedando gratamente sorprendido al comprobar que solo tenía unos rasguños insignificantes.

Hasta este momento todo podía considerarse como natural, un gato cae en un pozo seco  y no sufre ningún daño; más de una vez he

visto caer a un animal de esta especie desde un cuarto o quinto piso, y al llegar al suelo salir corriendo tan campante.

Lo que ya no es tan normal es que apenas nos alejamos unos metros, el dichoso gato otra vez echó a correr sin que yo pudiera evitarlo arrojándose nuevamente al pozo.

Y como antes otra vez ascendió y al poco, ya se encontraba de nuevo en tierra firme pero entonces ya su estado no era tan saludable y, aunque aparentemente sólo tenia pequeños rasguños, apenas si podía respirar pues la ascensión lo había extenuado excesivamente.

Después de esperar a que se recuperase, lo cogí en brazos con firmeza no fuera a repetir el salto, pero fue inútil, el gato se me revolvió arañándome y nuevamente se arrojó al vacío dándose el gran batacazo después de bajar maullando espantosamente.

A partir de ese momento me fue imposible sujetar al minino ya que ni me podía acercar, pues cuando lo intentaba se enfurecía de tal forma que me atemorizaba, así que dejé que hiciera lo que quisiera y eso fue lo que hizo durante más de una hora en que no paró de arrojarse una vez tras otra, agotándose cada vez más, pues apenas si tenía fuerza para subir. En la última ocasión estaba tan agotado que cuando ascendía un tramo volvía a caer repetidamente hasta que llegó un momento en que quedo maullando casi  imperceptiblemente en el fondo, como agonizante.

Esta vez parecía que ya no saldría, seguramente habría de sacarlo como Dios me diera a entender.

Como el tiempo fue pasando y el gato no paraba de quejarse lastimeramente decidí pedir ayuda a un hombre que pasó por el lugar, explicándole lo sucedido a lo que me respondió sorprendido: -No lo puedo creer! Por favor, sígame.

Fui tras aquel hombre descendiendo la ladera de la montaña por el lado opuesto al que habíamos llegado encontrando una galería que llegaba justo hasta donde estaba el fondo del pozo donde se encontraba el gato medio muerto por el agotamiento, que pudo evitar saliendo por la galería cuya entrada estaba sólo a unos metros y que indudablemente el pequeño felino pudo ver por la luz que por allí entraba a raudales.

Para terminar este relato sólo me resta decir que todo lo narrado es un sueño que se me repitió durante mucho tiempo hasta que se lo conté a un amigo experto en temas diversos como la interpretación de los sueños.

Mi amigo sonrió y me dijo:-Lo que me has contado tiene una explicación muy sencilla ¡El gato eres tú siempre quieres ascender a lo más alto por los sitios más difíciles despreciando los caminos fáciles, quizás porque no los buscas o no los ves. Te aconsejo que prestes más atención a lo que esta cerca y no pretendas alcanzar la luna con la mano, defecto muy corriente entre los seres humanos.

Desde aquel día traté de asimilar el consejo de mi amigo y desde entonces ya no tuve aquel extraño sueño.

 

 

CAPITULO 2 El sofá

 

Después del repetido sueño del gato, estuve un tiempo muy tranquilo, casi dos años, sin embargo, después de algún tiempo, de nuevo se inició un nueva  y penosa pesadilla, tan desagradable o más que la anterior, pues apenas me dormía empezaba a soñar con que yo era un sofá en el que se sentaban unas personas muy gordas, tanto, que me asfixiaban produciéndome tales dolores en toda mi estructura que los travesaños de madera crujían continuamente como si se fueran a romper de un momento a otro. En alguna ocasión era tan intenso el dolor que me despertaba sobresaltado y agitado, comprobando que el dolor se había transferido a mis huesos, que sólo se me aliviaba tomando algún comprimido farmacológico.

Como el maldito sueño se repetía muy a menudo, acudí al médico esperando que este me encontrase alguna enfermedad pues esta vez pensé que algo debía estar mal en mí organismo. Casi tres meses estuve de un médico especialista de una cosa u otra sometiéndome a infinidad de pruebas llegando a la conclusión de que mi salud era envidiable y que todo era psicológico.

Repudiado por los médicos, el sueño no sólo se repetía cada vez más asiduamente, sino que empeoraba, pues cada vez los gordos eran más gordos y más insoportables, puesto que iniciaron una serie de ejercicio consistente en dar saltos sobre mí o llamar a unos amigos tan obesos como ellos que cooperaban entusiasmados mientras reían sarcásticamente.

El caso se hacia cada día más y más tremendo pues llegó un momento en que casi no me podía mover del dolor que no se me pasaba de ninguna forma, habiendo probado con un masajista, con rayos infrarrojos y hasta con acupuntura y medicina natural. Fue entonces cuando recordé a mi amigo el parapsicólogo al que explique mi nuevo problema.

Tras escuchar atentamente me miró con cierto desdén y afirmó tajante:

-Está clarísimo como el agua que te has convertido en un ser comodón, en un auténtico sofá y los gordos a que haces referencia no son ni más ni menos que tus propios delirios insatisfechos. Para restablecer tu equilibrio, deberás dejar de soñar que eres un sofá  pero para eso tendrás que cambiar tu forma de ser, no dejando para mañana lo que puedes hacer hoy, etc., etc. O sea, que deberás situar tus proyectos en un plano superior, aspirando conseguir metas más importantes.

-¡Pero si en otra ocasión me aconsejaste todo lo contrario! —le recordé.

Amigo mío -me respondió.- En aquella ocasión los síntomas eran diferentes, por lo que la medicación también lo era.

Adopté las nuevas normas y enseguida dejé de soñar que era un sofá, pero ahora sueño muy a menudo que soy un gatoque se precipita continuamente dentro de un pozo, aunque eso ya me tiene sin cuidado porque ya no me duelen los huesos.

 

Fin