LA VECINITA

LA VECINITA

El otro día, anocheciendo, bajaba la escalera de mi casa para Ir a un recado. Al llegar al rellano oí unos murmullos extraños que provenían del cuarto existente al fondo del vestíbulo y que estaba destinado a guardar los utensilios de limpieza para el mantenimiento de la escalera.
Normalmente, la puerta está cerrada con llave y por eso me extrañó que alguien estuviese allí. Sobre todo a aquellas horas. Me acerqué cautelosamente a fin de averiguar quien y qué hacía en aquel lugar, pues, entre otras cosas, sospeché que podía tratarse de alguna persona ajena al edificio, que se hubiese escondido con la intención de robar algún piso de los que se encontraban deshabitados por estar sus propietarios pasando las vacaciones fuera de la ciudad. Tampoco descarté la posibilidad de que tratasen de asaltar la vivienda de alguno de los que estábamos, pues tal contingencia había sucedido en otras ocasiones.
Durante unos segundos sentí un gran temor Si eran delincuentes peligrosos podían
Infringirme algún daño si me descubrían, pero… ¿Y si se trataba de algún vecino que hubiese entrado por algún motivo justificado? No, no podía avisar a nadie hasta estar seguro de quien se trataba. Entre una cosa y otra me hallé ante la mencionada puerta y decidí investigar. Apliqué la oreja en la puerta y esto es lo que escuché con extraordinaria nitidez:
-jCuidado! -dijo una voz de masculina -. Si se rompe la goma se fastidió el asunto…
Una voz de mujer, que reconocí como la de una joven vecina, preguntó:
-¿Y si lo hacemos sin goma?
-No digas tonterías. La goma es imprescindible. Tú déjame a mí, que  sé lo que me hago. Tengo mucha experiencia
Después, tras un corto silencio, él, que debía  ser el novio o amigo de la vecinita y que sea de paso es una hermosa criatura, dijo susurrando:
-Bueno, la goma ya está puesta. Ahora ponte aquí para que pueda ponértela..
Ella, con voz insegura alegó:
-No, no quiero, dejémoslo…
-Pero… ¿cómo que no quieres? Anda, no seas mojigata, Ven verás como cuando te acostumbres disfrutarás como una loca y no desearás hacer otra cosa.
-¡Te digo que no! ¡Que no quiero! Tengo mucho miedo, me puedes hacer mucho daño si no vas con mucho cuidado. Una amiga me dijo que su novio le hizo muchísimo daño y le salió mucha sangre, como era la primera vez…Además luego vienen las consecuencias.
A todo esto, empecé a sentirme un poco avergonzado. ¿Qué pensarían de mí si me vieran espiando a una pareja de novios? Diría la verdad; que escuche ruidos sospechosos y… Pero la verdad es que aquello me estaba perturbando de tal manera que no pude alejar de mi mente la espléndida figura de la vecinita, ya que su cuerpo era sensacional, empezando por sus piernas perfectas en todos los sentidos. Su piel era tan tersa que despedía un extraño fulgor y su cara parecía sacada de un concurso de belleza, pues a sus ojos azules añadía unos labios sensuales, una nariz respingona y una larga cabellera de pelo tan negro como el azabache. Y no hablemos del resto, porque de pensarlo me pongo malo… Sus tetas… ¡Que barbaridad!. Que hermosura, que perfección…
En fin, el sudor apareció en todo mi cuerpo y hubiese dado media vida por ser yo el que estuviese con ella aquel momento. De pronto, la voz de la chica interrumpió mis eróticas meditaciones.
Me haces daño. Me la estás clavando desviada.
-Es que no paras de moverte -le reprimió él- Además, con esta porquería de luz….
Un nudo se me hizo en la garganta. ¿Sería bruto el tío? Estaba lastimando a la vecinita con su impericia, clavándosela desviada. Me daban ganas de entrar y arrearle un sopapo al cretino aquel, que no ponía ni la más ligera emoción, ya que su voz era totalmente normal. Ella casi grita cuando dijo:
-Sácala, sácala! ¡Me estás haciendo daño!
-La culpa la tienes tú por moverte tanto. A ver si te tranquilizas que me estás poniendo nervioso.
-Mira, ¿ves? Me has hecho sangre…
-Tampoco es para tanto -le contestó él con voz de enfado-. Sólo es un poquito… Eso suele pasar la primera vez. Anda, ven aquí, que vamos a intentarlo de nuevo. Y sobretodo trata de tranquilizada… Piensa que si te hago daño no es por mi culpa, pues yo sólo quiero hacerte disfrutar a tope…
La voz del muchacho hizo que nuevamente pegara mi oído a la puerta.
-jTe hago daño? Cariñito…
-Así, así. Despacio, despacio…Suavecito -le contestó ella con un susurro casi imperceptible.
Repentinamente cuando todo parecía tomar un buen camino y yo ya no acertaba a saber ni donde tenía la mano derecha de lo agitado que me ponía la situación, se encendió la luz de la escalera y alguien empezó a descender. Los pasos eran rápidos y cercanos. Alguien había salido del piso primero y no me daba tiempo a esconderme. Afortunadamente el que bajó lo hizo saltando y silbando, pasando a mis espaldas sin apercibirse de mi presencia, ni de nada.
Dentro del cuarto la joven pareja, ajena a lo que ocurría en el exterior, continuaba con sus problemas. Pero ella parecía complacida con la marcha de los acontecimientos y con voz melosa decía:
-Ahora me la has metido muy bien. Por favor, sigue así… Despacito, con cuidado…Así –
…Así..Huí que bien..
-¿Ves como ya no te hago daño? -le respondió  él con voz cariñosa- Ahora es cuando empezarás a gozar, tontita…
Yo ya no podía más. Tentado estuve de dar  un empujón a la puerta y sorprenderlos. ¿Estarían tumbados en el suelo? ¿Quizás sentados sobre las cajas que por allí había?
Seguramente estarían de pie, pues el suelo era: húmedo y duro.
De pronto, él exclamó:
-jYa está! ¿Has visto que fácil?
-¿Ya está? Pues si que han ido rápidos, pensé disponiéndome a abandonar el lugar antes que saliesen y me sorprendiesen espiando. Pero aun pude oír como ella le decía:
-No dejes la jeringuilla aquí. Tírala a la calle
jjjArrea!!! Lo que se estaban metiendo era una inyección. Seguramente alguna especie de droga .Y yo que creí que estaban haciendo algo malo.

Desde luego…Cuan cierto es el refrán que asegura que las apariencias engañan.

 

Fin