QUIMERAS

QUIMERAS

Me revientan los tipos sabihondos. Nunca pude soportar los aires de superioridad,

las miradas de soslayo por encima del hombro que acostumbran a emplear sobre los demás, como si fuésemos gusanos asquerosos indignos de estar a su lado.

Antonio Ballejo era uno de esos tipos; su peculiar manera de hablar, totalmente incomprensible para mí, era lo que más me sacaba de quicio. Aunque, seguramente para darse tono, muchos hacían ver que asimilaban sus argumentos.

Algunas veces, sin que nadie lo advirtiera, gravaba lo que decía y después, en mi casa, lo volvía escuchar tratando inútilmente de comprenderlo.

He aquí un par de ejemplos:

«Es de muy remotos tiempos sabido que, el arte de gobernar; es analógicamente inherente al concluyente designio infiltrante que circunscribe en el arquetipo sincopado de origen sinuoso aflorante, y devastador de las diversas configuraciones plasmadas sobre la clase dominante, en detrimento soportado, con el estoicismo aglutinante del sufrido y endémico pueblo llano»

Y este es otro de sus argumentos hablando de literatura:

«Las diversas analogías que se nutren de las influencias posicionadas entre los editores y los índices recalcitrantes del esquema contractual etimológico, y superlativo, señalan fidedignamente el avance discrepante de corrientes antagónicas, nunca convergentes en su esencia, pero si en su fondo estructural más sublime de las letras en el actual mercado nacional, con claras repercusiones certeras y estrictas sobre el polivalente y nunca más escrutado con tamaña precisión, mercado floral».

Un día le pregunté por el tiempo y me respondió:

«Las capas eflúveas cósmicas que dominan con sonora pulcritud a las presiones atmosféricas inferiores, y al típico reciclado de las energías trigésimas de las estaciones temporales, abogan fehacientemente una espectacular disgregación de los campos magnéticos y fotónicos solares, ejerciendo sobrecargas perniciosas y etérea de los aforismos crepusculares, en detrimento del repliegue anticiclónico y demás fenómenos atmosféricos que propiciaran un leve cambio térmico ascendente».

Hace ya muchos años que perdí de vista a tan curioso personaje que, según algunos conocidos, se dedicó a la política con gran éxito, y que se casó con una componente del partido comunista.

Aquí podría terminar esta historia si no hubiera sido por el encuentro casual que se produjo un día cuando bajé de mi casa a tirar la basura.

Inclinado sobre el contenedor  había un hombre removiendo las bolsas que podrían portar alguna cosa de su interés. El sujeto estaba de espaldas y mientras esperaba que terminase con sus «tejemenejes» observé que vestía desastrosamente, aunque por su complexión no aparentaba más de unos cuarenta años. Supuse sería un hombre con problemas de salud o quizás de drogas o alcohol.

Cual no sería mi sorpresa cuando al volverse me reconoció y exclamó:

-¡Diantres! ¿Qué porfías por estos andurriales inquietantes?

Si no hubiera sido por su peculiar forma de hablar nunca lo hubiera reconocido. El caso es que me quedé tan sorprendido que tardé unos instantes en reaccionar y contestar:

-Vivo en esa casa. Pero… Dime; ¿Qué haces? Tenía entendido que te habías casado muy bien y que habías prosperado en política…

-Querido amigo… -me contestó con amargura-. Como dice la canción.., la vida te da sorpresas… Mi mujer, viendo que el comunismo no tenía un futuro claro, cambió de camisa y se eclipsó de mi existencia, ya que, también, me insertó sendas protuberancias cornamentales con un importante candidato del partido al que prefiero obviar por los desarreglos intestinales que me produce mencionar su repulsivo y engañoso nominativo. Poco después, me alejé del partido por no aceptar ciertas cláusulas vergonzantes que pretendían introducir en los estatutos. Después he trabajado en diversos menesteres, pero mi edad y mi forma de ver las inconmensurables bellezas del Universo, así como los defectos del ser humano, con el que es muy difícil convivir, me han llevado a intentar rehacer mi vida de esta forma un tanto peculiar, pero respetando las distancias con el agresivo entorno. Entorno de envidias, rencores, etc.                                           Así que…¿ Ya has  dejado tus luchas, tus inquietudes? ¿Te has rendido a las fuerzas negativas que antes tanto repudiabas? ¿Qué opinión tienes ahora de la democracia que tanto defendías?

-Amigo mío… Las montañas no cambian, pero los hombres si, y ahora puedo asegurarte

la firmeza que me caracteriza que… La democracia es sólo un cadalso en el que te permiten elegir al verdugo.

Muy sorprendido por tan rotunda afirmación insistí en mi propósito de animarle argullendo:

-,¿Y el amor, el matrimonio, la felicidad?

A sus labios afluyó una leve sonrisa y dijo tajante:

-El amor es un sentimiento extinguido antes de los dinosaurios… Según parece sólo ha existido un hombre que amase a los demás, pero su actitud benévola lo pagó en la cruz: Se llamaba Cristo, por si no lo sabías,.. El matrimonio es una caja llena de hipocresía, rencores y odios…en cuanto a la felicidad, es como una lotería de la que no conozco a ningún agraciado.

Ante tan nefasto panorama sólo se me ocurrió preguntar:

Entonces… ¿Ya no tienes ningún proyecto?

-El último que tuve fue que escribí un libro de poesías, pero nadie lo ha querido publicar

objetando toda clase de argumentos, como que la poesía no es comercial, etc. Mira; si quieres,

lo traeré mañana a esta hora para que le eches un vistazo.

Al día siguiente Antonio se presentó en el mismo lugar y a la misma hora. Pero, esta vez

perfectamente vestido y aseado como si de otra persona se tratase. Quedé tan  impresionado que lo invité a subir a casa donde le presenté a mi familia y le invitamos a cenar.

Debo destacar que su conversación transcurrió inusitadamente cordial y normal, haciéndome olvidar al tipo sabiondo y ostentoso de otros tiempos. La verdad es que toda la familia quedamos muy satisfechos de su visita. Me dejó el libro asegurándome que cualquier día me llamaría para que le diera mi opinión y recogerlo. A mi escaso entender, el libro no era una gran cosa, pero de entre sus poesías dos llamaron mi atención. La primera parecía dedicada a su ex esposa, o a una mujer que lo debió martirizar, pues decía:

EL CAMINO

Debo emprender el camino que me aleje de ti, porque a tu lado sólo conseguí sufrir.

Buscaré el sendero del olvido donde anida el silencio, donde vagan las errantes estrellas sin luz, donde se oculta el infierno.

La segunda. Antonio me comentó que se trataba de un epitafio que aun no encontró a quien dedicar  y se llama:

INVENTOR DE QUIMERAS

Aquí reposan los restos de un poeta inventor de quimeras,

Inventó un mundo sin fronteros ni guerras.

Un mundo sin racismo, ni envidias, sin odios ni egoísmo.

Inventó cárceles sin cerrojos ni rejas; eran bibliotecas donde uno, podía leer desde Homero a Unamuno.

En aquel mundo, los gobernantes eran más pobres después que antes. Era maravilloso, pues un niño podía jugar con un león o un oso.

Pero, para que todo funcionase, sólo faltó encontrar personas que amasen de veras, como los poetas que inventanquimeras.

El tiempo fue transcurriendo y Antonio no llamaba por teléfono ni volví a saber de él hasta que una noticia de la televisión y después ampliada por los periódicos me señaló su paradero.

Esta era la noticia a grandes rasgos:

«Antonio Ballejo salvó de morir abrasados a un matrimonio ‘vecino, arriesgando su vida como demuestran las quemaduras de más del sesenta por ciento de su cuerpo»

Indudablemente esta noticia ya de por si , sería muy importante, pues Antonio tuvo que entrar en el edificio en llamas por dos veces, salvando primero a la mujer y después al hombre, que asfixiados estaban inconscientes. Lo que sobrepasaba los límites del heroísmo es el hecho de que las personas rescatadas son las que cambiaron la vida de Antonio, pues la mujer era la que lo abandonó por otro cuando Antonio estaba muy bien situado como líder de un importante partido político, cambiando desde este momento su futuro, antes brillante, por el que ahora disfrutaba mendigando para subsistir.

Antonio quedó ingresado en el hospital del que posiblemente y según los partes médicos es difícil salga con vida.

Acudí inmediatamente al hospital para verlo, pero pese a mi insistencia hasta pasada una semana no se me permitió el paso a la habitación.

El espectáculo era aterrador, puesto que estaba completamente vendado y no podía hablar. Había perdido un ojo y, del otro, continuamente fluían lágrimas que una enfermera limpiaba solícita.

Sólo las drogas mitigaban los tremendos dolores atenuando el inmenso sufrimiento al que sin duda estaba sometido.

Cada día iba a verlo. Incluso reuní a varios de la antigua camarilla, pero Antonio nunca volvió a hablar. Su estado fue empeorando hasta que un día me avisaron de su fallecimiento.

No puedo dejar de manifestar mi más enérgica repulsa al matrimonio que salvó y que se encuentra perfectamente de salud, por no haber acudido ni tan siquiera un día a visitarlo, ni se interesó por su estado, ni tampoco fue a su entierro, tal vez avergonzados por los comentarios vertidos por la agencia informativa.

Entre todos los amigos hemos puesto ante su tumba una placa con una dedicatoria póstuma y un epitafio titulado:

INVENTOR DE QUIMERAS

El que él escribió y no sabía para quien

Fin