EL CASTILLO DEL TESORO

EL CASTILLO  DEL TESORO

 

 

A pesar de amanecer con lluvia y viento racheado con una temperatura rozando los cero grados, ante el puente levadizo del castillo del Conde Blanco llegaron varios camiones cargados con los materiales necesarios, para empezar el rodaje de la película de la que le hablase unos días antes el representante dela Productoracinematográfica Cineline.

Al estruendo de las bocinas,  el puente bajó,  dejando paso a los vehículos que se adentraron hasta la gran plaza del interior.

Momentos después, el señor del  castillo D. Pedro Blanco del Río, tras la firma del contrato  en el que constaba el alquiler por dos meses del regio inmueble, recibía de manos del productor de cine un sobre conteniendo los doce mil euros tratados con el representante Julio Cortina, el encargado de buscar los exteriores idóneos para las filmaciones.

Retrocedamos al momento en que estando D. Pedro  pintando el paisaje circundante  del castillo se personó a bordo de su automóvil el encargado de buscar  exteriores y le propuso al  Conde pintor  que alquilase el castillo para filmar una película. Tras breve conversación D, Pedro accedió con la condición de que él con su familia  y servicio ocuparían una parte del suntuoso edificio.

– Les voy a alquilar mi castillo por que siento curiosidad por saber como se filma una película.

Realmente, nuestro Conde vivía de su trabajo como un cotizado pintor ganando más que suficiente para mantener a su  mujer, Asunción y dos hijos pequeños, además de un ama de llaves, Matilde, y un mayordomo, Fermín, que hacia de chofer, jardinero, y ayudaba a  Matilde en algunas cosas como  servir la mesa.

Ante el entusiasmo despertado por el Conde, el director de la película no tuvo inconveniente en dejar a la familia curiosear cuando trabajaban, advirtiendo a los pequeños que estuvieran quietecitos y no hicieran ruido en tales momentos.

La película se llamaba “El castillo del tesoro” y el argumento era este: Después de las cruzadas, a su castillo regresó un Marqués, encontrando que durante su ausencia su castillo había sido invadido por un enemigo  que tras  acabar con la poca resistencia,  había matado a toda su familia por negarse a decir donde estaba escondida la fortuna  del Marquesado; un verdadero tesoro consistente en varios baúles repletos de joyas de oro, diamantes,  perlas, brillantes, esmeraldas, etc.

Tras el asalto al castillo, el Marques consiguió reconquistarlo, pero su situación monetaria  era tan endeble que apenas podía pagar a sus soldados y sirvientes.

Entonces empezó a buscar el tesoro, mandando  excavar en cualquier sitio donde su fallecida esposa lo hubiera escondido, sin resultado. Es entonces cuando se le presentó un brujo asegurándole que con sus mañas podía ayudarle a cambio de una parte del tesoro.

El Marques aceptó el trato y el brujo ayudado por otras seis personas empezó  a convocar a los espíritus de los familiares del Marques para que se materializasen y les dijesen donde estaba el tesoro.

Ahora volvamos nuevamente al tiempo del rodaje.

Un día, el director de cine le dijo al Conde: –A partir de mañana vamos a rodar algunas escenas nocturnas para dar más ambiente a la película. Advierte a tu familia de que durante las próximas  noches haremos ruidos  de cadenas y cosas similares, que no se preocupen.

Y tal como dijo el director de la película, durante varios días se rodaron escenas de fantasmas que eran  convocados por el brujo, pero que por alguna causa desconocida, tal vez una maldición, no eran los que se debían materializar si no otros de otros tiempos remotos, que empezaron a matar a personas cada noche  trasformándose la película en una historia llena de terror y sangre  hasta que por último, la  supuesta maldición que pesaba sobre el castillo, hace que este se incendie quedando devastado , y encontrándose el tesoro entre las ruinas junto al  cadáver del Marques carbonizado.

Como es natural estas escenas en las que  sale el castillo ardiendo se hicieron con una maqueta  a tamaño pequeño y con algunos efectos especiales de explosiones y parafernalias semejantes. Que dieron gran relieve al final de la película.

Finalizada la filmación de la  película, los cineastas con su equipo desaparecieron  y la vida de nuestro amigo el Conde y su familia retomó sus habituales costumbres. D. Pedro siguió pintando  los cuadros que inmediatamente se  enviaban a los Estados Unidos donde su representante los vendía rápidamente pues tal era la demanda.

Todo parecía transcurrir con la habitual monotonía, hasta que tan solo una semana después, sobre las cuatro de la madrugada, todos sin excepción, se  despertaron sobresaltados ante un creciente fragor de arrastre de cadenas. Un fragor estruendoso, como el que se producía cuando estaban los cineastas rodando su película.

Todos los del castillo desde el Conde y su conyugue hasta los sirvientes y los niños salieron asombrados de sus aposentos. El ruido era atronador y parecía surgir de todas partes haciéndose casi imposible dictaminar su procedencia, pero no les dio tiempo  ni a establecer una búsqueda ni nada, ya  que a los cinco minutos  el ruido se fue apagando hasta desaparecer completamente.

-Esto es muy raro,  esos  del cine se han debido dejar algún aparato, mañana, me ocuparé del asunto, ahora no son horas  de hacer nada. Volvamos a dormir. –Dijo el Conde a los demás.

Apenas se levantó  de la cama  D. Pedro, el Conde pintor, se puso en contacto telefónico con la productora  cinematográfica y les dijo: –Se han debido dejar algún aparato  en el castillo, anoche se volvieron a oír los ruidos de cadenas como cuando ustedes rodaban las escenas de fantasmas.

Desde el otro lado de la línea le contestaron:– Eso que dice es imposible, el sonido se transmite desde un camión donde está instalado todo  el sistema de audio, menos los altavoces que se distribuyeron y se quitaron en cada escena, no obstante esta tarde tengo que ver al técnico de sonido y ya le diré lo que sea.

Aquella tarde,  al Conde nada le dijeron y por la noche de nuevo aparecieron los arrastres de cadenas y aunque trataron de localizar el origen, fue imposible,  apenas cinco minutos después, enmudeció.

Nuevamente D. Pedro telefoneó a la productora, esta vez con  enfado, pero se excusaron asegurándole que habían extraviado su numero de teléfono y  que además habían hablado con el técnico de sonido y este les había informado de que ellos no tenían nada que ver con esos problemas, que en su equipo no faltaba ninguna pieza.- Añadiendo- Mire, usted esas son cosas muy extrañas.  Si usted quiere, le podemos poner con el asesor de  asuntos paranormales que se ocupó de la película.

No muy convencido, el Conde D. Pedro, le contestó iracundo.

Escúcheme, déjese de tonterías, si no se preocupan ustedes de resolver este asunto acudiré a los tribunales.

-Al oír esto, el interlocutor, que era el propio  director del film respondió en tono moderado.

No nos tenemos que enfadar por una tontería. No quiero problemas, no me gustan los abogados. Así que esta tarde sin falta le envío al equipo técnico al completo y al asesor de asuntos paranormales, usted no se preocupe que por mi no va a quedar.

Esta vez no fallaron, llenos de curiosidad, aquella misma tarde acudieron al castillo cinco personas  dos eran del equipo técnico, otras, el director del film y el productor y por último el asesor de asuntos paranormales.

Un  revuelo de explicaciones, expusieron todos los  habitantes del castillo atropelladamente, queriendo explica lo que estaba sucediendo.– Y no podemos dormir de miedo que tenemos  dijo la cocinera en último lugar.

Pues si a ustedes les parece bien, esta noche, ya que somos bastantes, podríamos quedarnos a investigar,  cada uno se pondría en un lugar para poder controlar una buena zona. –Propuso el asesor de asuntos paranormales. –Añadiendo tras observarlos uno por uno, como intentando adivinar sus pensamientos.

Claro que los niños no cuentan en el experimento.

No fue fácil convencerlos a todos,  cada cual objetaba alguna cosa para no quedarse.

Fue la contundencia de un fuerte puñetazo sobre la mesa descargado por el Conde el que terminó con las evasivas al exclamar con enojo: -¡Indudablemente ustedes me ha tomado por imbécil o son unos cobardes que temen quedarse una noche en este castillo! Así que ya se pueden marchar si tan cobardes son, porque, ni mis familiares, ni mis sirvientes ni yo, estamos locos.

Ante este desplante, el productor fue el que propuso exhibiendo una amplia sonrisa:

Bueno pues nada, una mala noche la tiene cualquiera, no creo que por eso nos vallamos a morir de miedo ¿Nos quedamos?

 

Todos asintieron quizá pensando que esta situación era absurda, que los fantasmas no existen, pero al productor, al que pone el dinero para darles trabajo, no había que darle la espalda.

Matilde  y Fermín el mayordomo prepararon cena para todos y después  de hacer los típicos comentarios de fútbol, política y de cine, estudiaron sobre el plano del castillo como se distribuirían las personas a fin de controlar cada cual, como ya se mencionó, una zona.

Fue Fermín, el encargado de ir situándolos uno por uno en los distintos lugares y  cada cual portando una linterna eléctrica por si fallaba el alumbrado y un walki talki que los ínter /conexionaba a todos vía radio ante cualquier  descubrimiento o contingencia.

Empezó a discurrir la noche sin mayores novedades de las normales, pero cuando las campanas  del   reloj de la torre del homenaje dejaron de sonar anunciando las cuatro de la madrugada, se inicio el  Fragor de arrastre de cadenas, pero en esta ocasión, cuando ya empezaban a desvanecerse  los sonoros arrastres, se oyó un alarido de muerte  que provenía de un claustro del tercer piso, el de las almenas altas de defensa.

Corriendo, todos fueron hacia el lugar que debía ocupar el director de cine, Luis  Marcia, que no contestaba por el Walki Talki. Y allí en el suelo, con la cara desencajad, estaba, muerto.

Ante  este hecho intervino la policía y el médico forense que atribuyó esta muerte a un paro cardiaco natural, ya que Luis padecía del corazón desde hacia tiempo.

Ante las declaraciones que se hicieron a los comisarios de policía, se dispuso que una pareja de estos  quedase de guardia una noche pero en esa noche ni las dos siguientes nada sucedió, y la policía fue retirada del lugar.

Una semana después, de nuevo se oyeron las cadenas,  y esta vez, cuando enmudecieron encontraron a Matilde muerta por haber caído por las escaleras del gran salón.

Aquello era insólito, dos muertos en una semana;  cuando sonaban las cadenas  fantasmales no era casual a pesar de que la policía aseguraba que la muerte de la cocinera se había producido por haber caído por las escaleras rompiéndose el cuello. Seguramente resbaló o perdió pie. Afirmó tajante el comisario. Asegurando que:- estas cosas no pasan en mil años y pueden suceder en un minuto, simple casualidad.

¿Pero y los ruidos de cadenas? Le inquirió El Conde.

Pues no sé que decirle, nosotros no hemos oído nada. Si le parece bien, dejaré otro par de agentes, pero a su costa, el gobierno no se puede hacer cargo de fantasías.

Al Conde no le sedujo gastar un dineral por tener protección policial y decidió que lo mejor seria mandar a su esposa e hijos a casa de los suegros, los padres de ella, que vivían en Barcelona.

Después de llevar a su familia   a Barcelona, recibió la llamada del  experto en asuntos paranormales que le dijo:

-Estoy muy interesado con los problemas del castillo y si no tiene inconveniente me gustaría ir a investigar.

-Para mi será un placer tenerlo aquí y estoy dispuesto a secundarle  a ver si acabamos de una vez con este misterio.

– Pues nada,  esta noche estoy ahí con usted.¡Hasta luego! ¡Ah ¡ Olvidaba decirle que también me acompañará un amigo detective muy interesado en estos casos, si le parece bien

-Pueden venir los dos, mientras más seamos, más reiremos, como dice el refrán.

El detective resultó ser una señorita de unos veinticinco años, de escultural belleza, hermana del asesor y que cocinaba estupendamente lo que fue una estupenda solución.

El asesor  emplazó varias cámaras y micrófonos en distintos lugares y así pasaron varias noches sin ninguna novedad, el arrastre de cadenas no se oyó en esas noches.

La tercera noche el asesor expuso una teoría que se le había ocurrido a Lolita, su hermana.

-Ella ha estudiado el caso y ha llegado a una conclusión: Este castillo alberga fantasmas de otras épocas que han vuelto al ser invocados cuando lo hacíamos para la película. Realmente no le encuentro otra explicación. ¿No posee usted algún libro donde se cuente la historia del castillo y sus antepasados?

El Conde D: Pedro se quedó pensando un momento y después dijo  con el semblante preocupado.

Abajo en la biblioteca hay muchos libros y legajos, algunos antiquísimos, escritos sobre pergaminos y en latín, si se atreve con ellos, les puede echar un vistazo o lo que haga falta. Verdaderamente es una excelente idea. Empezaremos mañana, en cuanto amanezca.- Contestó el aludido

Aquella noche hubo el jaleo de  las cadenas y tal, pero casi nadie se inmutó, tan solo Lolita y su  hermano permanecieron vigilando las escenas que recogían las cámaras instaladas. Pero solo en una les pareció vislumbrar una sombra extraña que pasó, un instante., por un pasillo, perdiéndose en la oscuridad.

Al otro día comentaron lo visto con el Conde.

Lo malo es que no ha quedado gravada ninguna cosa, es muy extraño.

Durante toda la mañana estuvieron revisando todos los libros de la biblioteca no encontrando nada anormal en ellos, la mayoría de los más antiguos trataban de asuntos religiosos  de diferentes épocas sin embargo, los pergaminos , bastante deteriorados estaban escritos en latín;   ante ese problema decidieron llamar a alguien que entendiera ese idioma. ¿Y quien mejor que un sacerdote?

Dos horas después ya habían localizado a uno conocido del Conde al que pusieron al corriente del caso.

El cura, tras echar aun vistazo a los pergaminos, dijo:

Estos documentos datan de los años 1489 a los años 1497,  aproximadamente cuando se descubrió América, que fue en 1492 .Están muy revueltos y lo escrito es confuso, por las manchas y el paso del tiempo. Tendré que ordenarlos  y después trataré de leerlos aunque no os garantizo nada, parecen escrituras de propiedades, partidas de nacimiento, actas notariales y cosas así.

¿Ya en esos tiempos existían, tales documentos? Preguntó Fermín el  mayordomo con asombro.

Ya los romanos hicieron su legislación que aún es utilizada y mucho antes, los griegos, los fenicios y otros pueblos como los egipcios, tenían  leyes y documentos de propiedades y de todas clases. Podría asegurar que  las leyes han existido siempre.—Afirmó el sacerdote , padre Juan. –Añadiendo: -Si  os parece bien me puedo llevar todos estos pergaminos a mi casa y estudiarlos entre misas, enterramientos, bodas y bautizos, pues debo atender la parroquia. Supongo que en un par de días lo tendré todo pasado a un borrador en castellano.

El Conde, sonriendo le dijo: Estaremos impacientes esperando sus noticias, padre.

Cuando El Conde vio que ya habían transcurrido tres días y el sacerdote no decía nada llamó a su casa, y el ama la sirvienta del cura, le comunicó que el padre Juan había sufrido un accidente y se encontraba sin conocimiento en el Hospital Central de Barcelona.

D: Pedro se quedó sorprendido y apenas sabia que decir ante esta noticia, pero sacando fuerzas de flaqueza le preguntó–¿Y como ha sido?

Fue una cosa muy rara estaba dando un sermón sobre El púlpito, se desprendió la barandilla y se precipito al vacío cayendo sobre un banco con tan mala fortuna que se golpeó la cabeza. Fue algo increíble, pues el púlpito era nuevo, apenas tenia un año.Yo estaba allí y me dio la impresión de que alguien lo empujaba  pues hizo ademán de desprenderse de una fuerza misteriosa.

¿ Y no sabe usted nada de unos legajos que tenia que leer?

Los dejó todos recogidos en un cajón así como una libreta en la que hizo algunos apuntes, pero no sé si puedo  entregarlos a nadie ni dejar que vean los apuntes que hizo, así que tendrá que esperar a que el padre Juan se recupere, el doctor que lo ha examinado aseguró que en menos de una semana deberá salir de su letargo.

Esta misma tarde iré a visitarlo si me dice la habitación que ocupa.

Aquella misma tarde El Conde Blanco, se personó en el hospital para visitar al sacerdote y cual no seria su sorpresa al ver que estaba otro cura, el vicario de la misma parroquia y que le comunicó las últimas novedades.

–         Según ha dicho el doctor, las constantes vitales señalan un brusco empeoramiento y temen por su vida.

Durante largo rato el Conde y el cura estuvieron hablando de diferentes cuestiones  hasta que llegaron al tema  de los documentos, a lo que el vicario le dijo :  Sé de esos documentos ,pues me lo comento el padre Juan , si le parece bien y dado que él no puede hacerlo, yo puedo ocuparme .

Seria una excelente ayuda pues me corre un poco de prisa saber lo que hay escrito en esos pergaminos.

Al día siguiente el vicario llamó por teléfono   y dijo.

El padre Juan Ya había puesto en orden cronológica cada pergamino y escrito algunas cosas en la libreta pero son tan increíbles que tendría que venir aquí para que se las leyese pues son algo difícil de contar por teléfono.

Ahora mismo voy para allá si le parece.

Cuando llegaron a la casa del vicario se encontraron que esta estaba rodeada de policías y la sirvienta salió a su encuentro treméndamente excitada.– ¡Que gran desgracia, el vicario ha muerto  de una descarga eléctrica cuando manipulaba un micrófono de la iglesia!

El rostro del Conde se ensombreció instantáneamente  y dirigiéndose al comisario  al que ya conocía por los accidentes del castillo le gritó: ¿Esta muerte  también es otra casualidad?

-¿Que insinúa usted? –Le preguntó como respuesta. –Añadiendo autoritario. –Tendrá que acompañarme a comisaría a aclarar tantas desgracias en las que siempre está usted por medio.

Ya en la comisaría el agente de policía, después de que el Conde lo pusiera al corriente de todo, se le quedó mirando fijamente y al fin exclamó –Que me aspen si he entendido algo. ¿ Y dice usted que casi todas las noches se oyen los ruidos de cadenas?

_Así es, pero la verdad es que ya nos estamos acostumbrando, ahora lo que seria interesante es recuperar esos documentos y ver de una puñetera vez lo que contienen.

– Pues por eso no se preocupe, ahora mismo llamo para que nos los traigan.

Como era de prever de los documentos nada se podía discernir, pero en la libreta se tenían aclarados  muchos pormenores, pues decía.

–He leído todos los pergaminos que me entregó el Conde D. Pedro y a pesar de su deterioro he llegado a las conclusiones siguientes.

Uno de los barcos españoles cargados de oro que volvía de América, sufrió un ataque por los corsarios a  la altura de la isla de Mallorca y aunque repelió con éxito el asalto de los corsarios, el barco quedó muy mal para navegar y en su huida de los atacantes, enfiló rumbo al puerto de Barcelona donde se refugió. Pero como a las veinticuatro horas de estar  allí había desaparecido una importante cantidad del oro transportado a pesar de la custodia de las autoridades portuarias que no se hacían cargo de la desaparición, y al otro día también desapareció otra cantidad no menos importante pese a que se reforzó la guardia, se acordó  que como el barco no podía navegar hasta que no  se reparase en los astilleros, lo mejor era transportar el oro a un castillo cercano donde una guarnición del Marques De Santillano   se comprometió por su honor a protegerlo el tiempo necesario.

Todo el oro se cargó en varios carros tirados por mulas y se emprendió el camino al castillo. Donde fue puesto en lugar seguro con una fuerte guardia para protegerlo.

Apenas una semana después el castillo fue asaltado por las tropas del caballero  Blanco que pasó por las armas a toda la guarnición incluyendo al Marques De Santillano y su familia.

Un tiempo después, hizo entrega del oro a la corona  afirmando que había atacado al Marques porque le constaba que se quería apoderar del oro para  entregarlo a los enemigos de la patria y ayudarles en la guerra. El caballero entregó a la corona varios documentos falsos, firmados por El Marques que demostraban lo que decía y que fueron conseguidos  torturando al Marques y a su familia, a los que finalmente mataron.  Por estos servicios aportados al rey este le otorgó el titulo de Conde Blanco y la propiedad del castillo y todas sus tierras.

El que escribió estos legajos, que dice que  fueron  horrorosos y criminales, jura que todo es verdad pero que no se atrevió a hacerlos públicos por temor al Conde Blanco ya que era su escribano y a la menor sospecha  habría acabado con él y toda su estirpe. Pero que lo escribió y dejó oculto en un rincón de la biblioteca para que algún día alguien lo encontrase y supiera que el Autentico Conde Blanco con las últimas palabras de su vida dijo.

Dios sabe que soy inocente y yo os maldigo para que algún día todos los descendientes y amigos del falso Conde sean exterminados.

El Conde Pedro, mientras regresaba a su castillo no paraba de pensar que un antepasado suyo hubiera sido tan criminal. ¿Pero porque esa maldición también caía sobre cualquiera que se acercase al problema ¿ Aquello era demencial , estaban cayendo inocentes por una cosa pasada hacia quinientos años.  Y pensaba: Las maldiciones son así ¿Por qué si no  toda la humanidad estamos pagando lo que hicieron Adán y Eva? Y Pensó: A ver si ahora va a pasar como en la película, que se incendiará el castillo y moriremos todos achicharrados. Y una lágrima resbaló por su mejilla pensando en sus hijos y su esposa.

Aunque también recordaba las palabras que un rato antes le dijera el comisario que no paró de animarle diciendo:

-Muchas veces las casualidades se acumulan de tal forma que nos hacen dudar pero en este caso yo como policía no veo culpables de nada a nadie, todo son, nada más que simples coincidencias.

Desde el día en que se descifraron los textos escritos en aquellos pergaminos ya no ha vuelto a suceder nada anormal, nadie ha muerto  de forma  extraña, el sacerdote se curó y fue dado de alta, el especialista en asuntos  paranormales regresó a sus quehaceres. Su hermosa hermana y el Mayordomo se casaron muy enamorados y consiguieron reivindicar que se pusieran más trabajadores en el castillo y hoy ya tienen tres hijos y una niña tan guapa como su madre.

Pero algunas noches, cuando el viento sopla de tramontana, todos tiemblan aterrados porque entre el silbido del viento parecen escucharse las cadenas  y las palabras del antiguo Conde, maldiciendo a todos los que allí viven.

 

FIN