EL RELOJ

Aquel vetusto reloj despertador, cada noche era más ruidoso; desde un par de semanas atrás apenas me dejaba conciliar el sueño, a cada dos por tres me despertaba con su estridente y monótono tic-tac .Decidí acabar con tal situación y adquirí un moderno reloj digital electrónico, dejé de dar cuerda al viejo y lo guardé en el baúl del desván donde iban a parar los más dispares cachivaches, ya inútiles; una trompeta de la primera guerra mundial…, unos anteojos sin cristal.., unos soldaditos de plomo.., un abanico descolorido, etc. etc.

Nunca comprendí porque guardaba tantos trastos cochambrosos e inservibles; tal vez fuese porque me ayudaban a recordar los agradables momentos de tiempos pasados, recuerdos que te animan a seguir luchando en este mundo ruin y mezquino, lleno de fracasos e incertidumbres.

El caso fue que, a partir de ese instante en que creí haberme deshecho del decrépito reloj, las cosas se fueron complicando de forma impensada, ya que no finalizó tan fácilmente el problema, no señor; a los pocos días, o mejor dicho, noches, empecé a despertarme y esta vez con más sobresalto; no comprendía como diantres era que aún se escuchaba el latido machacón del viejo despertador..

Al principio, pensé que podría ser debido a que en mi subconsciente quedó grabado el insidioso tic-tac. Pero el crecíente ruido me hizo cambiar de idea, Aquello no eran imaginaciones sin fundamento, aquello era realmente el tic-tao de mi antiguo despertador, el cual se oía tan claro y potente como cuando lo tenía junto e mí en la mesilla de noche.

Tras encender la luz, y revisar por toda la habitación sin resultado, llegué a la conclusión de que el sonido provenía del desván; subí y, en efecto, el maldito aparato seguía funcionando a pesar del tiempo que hacia que no le daba cuerda. Asombrado, y con la ayuda de un destornillador, le saqué os tornillos de la tapa y lo desmonté pieza por pieza, sin comprender porque seguía en marcha…, fastidiado por no entender que había pasado… Dejé las piezas desperdigadas en el interior del herrumbroso baúl.

 

Pasaron dos semanas en la que pude dormir plácidamente.

Cuando ya casi tenía olvidado el asunto, una mañana al despertarme, apareció el despertador digital destrozado,  tirado junto a ml lecho.

Recogí las piezas y las llevé a una relojería para su reparación. Allí me informaron que era imposible, pues tenía la pantallita de cristal líquido rota, el circuito integrado en cortocircuito y que el arreglo costaría más que si comprase otro nuevo, cosa que hice como es lógico. Este duró todavía menos, pues al día siguiente amaneció en idéntico estado.

Para evitar tanto despilfarro, que amenazaba mi enclenque economía, el próximo lo atornillé a la pared.

Así transcurrieron varias semanas y de nuevo olvidé el asunto. Pero una noche, el insólito tic-tac otra vez irrumpió en el silencio de mis apacibles sueños.

Furioso subí al desván; busqué una a una todas las piezas del viejo artilugio, después con ellas envueltas en una hoja de periódico salí al jardín y con una pala las enterré bajo un árbol.

Apenas volví a mi dormitorio me acosté y apagué la luz, cuando de entre las sombras surgió como algo demoníaco; el ruido metálico, esta vez con matices tétricos, del viejo despertador. Poco a poco, un miedo cerval se fue apoderando de mi, que aterrado, permanecí sin poder pegar ojo el resto de la noche. Al día siguiente, cuando percibí el fragor de los coches en la calle y el griterío de los niños al pasar junto a mi ventana se tranquilizó mi espíritu.

Por fa noche, al volver del trabajo, mientras cenaba un bocadillo y bebía una cerveza me entretuve leyendo el periódico, pues estaba convencido de que en cuando me acostase volverían los malditos tic – tacs  No me equivocaba, a los pocos minutos de nuevo se empezó  a oír el ruido,,., primero muy bajito, como lejano, después, cada vez más fuerte, tan fuerte que parecía estar dentro de ml cabeza. Alocado con aquel estruendo martilleando despiadadamente  mi cerebro me puse una bata y salí al jardín El ruido parecía remover el césped y agitar los árboles… Me extrañó el hecho de que tal escándalo no hubiese despertado al barrio entero. Quizás, pensé, el tic tac sólo me afecta a mi.

Busqué la pala y me puse a cavar donde estaba seguro había enterrado el reloj. No comprendo como pude confundirme de lugar, pero al escarbar me di cuenta que alli había enterrado algo diferente pues noté que la herramienta tropezaba con un cuerpo o cosa muy dura, que sonaba como a metal. Desde luego aquello no podían ser

los restos del despertador. Entonces advertí que un silencio absoluto se había impuesto ya no oía el tíc-tac. Sólo mi jadeante respiración.

Seguí cavando hasta que conseguí sacar un saco que, ante mi asombro, estaba repleto de joyas y dinero

Entonces fue cuando llegaron los policías y me detuvieron.

-Señor juez -dijo Anselmo dirigiéndose a su señoría -, aunque los policías digan que me seguían la piste desde que robé en la joyería y que cuando me capturaron me disponía a enterrar el producto del atraco, yo seguiré declarándome nocente, y le aseguro que todo esto lío lo ha originado un maldito reloj despertador para vengarse de mí, por haberlo desestimado comprándome un reloj despertador digital moderno que no hace ruido, pues yo nunca he tenido necesidad de delinquir, mi trabajo como agente de seguros me es más que  suficiente para vivir.

A pesar de todas sus protestes, Anselmo Guzmán fue declarado culpable de robo a mano armada y condonado a diez años de prisión. Nadie creyó la absurda historia del reloj despreciado.

Una noche, en la penitenciaría, se oyó un grito de muerte; procedía do la celda de Anselmo. Los guardias acudieron prestamente a la celda de nuestro hombre y lo encontraron con el cuello atravesado por una cuerda de reloj despertador; tenía los ojos fijos en el pequeño ventanuco cruzado por dos grueaae barras do hierro.

Estaba muerto.

Nadie comprendió como pudo matarse él mismo de aquella forma tan horrible, pues estaba solo en la celda.

El juez, por curiosidad, mando buscar en el jardín do la casa de Anselmo y, bajo el árbol que él mismo había señalado, se localizó enterrado un paquete hecho con papel de periódico que contenía todas les piezas de un antiguo despertador, menos la cuerda de acero.

 

FIN