ESPECTROS

EXPECTROS

 

 

Como es bien sabido, la luz infrarroja es invisible para el ojo humano y sin embargo con una lente especial puede verse todo lo que esté en el radio de cobertura de ese foco, aunque sin color.

Esta luz, también llamada luz negra, sirve para ver en plena oscuridad, se usa en el ejército para observar al enemigo, en televisión para ciertas escenas y en equipos de vigilancia nocturna.

Experimentando como conseguir el color con esa luz, me encontraba en un barracón que para mis trabajos tengo en un patio algo retirado de la casa, por el peligro que algunos experimentos conllevan, cuando sonó el teléfono, que estaba sobre una mesa cercana.

Al ir a coger el aparato tropecé con el cable eléctrico de la pequeña máquina mezcladora que se volcó derramándose sobre el suelo los componentes químicos que la ocupaban, y manchándose las gafas que se me cayeron en ese mismo momento.

Me quede de piedra cuando vi el desaguisado, cojí el teléfono hablando con mi esposa que me urgía para cenar.

La verdad es que este pequeño accidente me enfadó mucho pues el experimento que estaba haciendo era muy importante para desarrollar un tipo muy especial de filtro óptico – magnético en el que tenia depositadas mis esperanzas ya que llevaba más de dos años experimentando infructuosamente sin conseguir nada más que gastar hasta el último céntimo de la herencia de mis progenitores, en cientos de ingredientes caros y de difícil obtención.

Descorazonado, apagué las luces del barracón cerré la puerta y me fui a casa, dejando el estropicio para otro día, puesto que ya no tenia ganas de nada.

Al día siguiente, me puse a limpiar el almacén, incluyendo el pequeño desastre ya seco y solidificado, especialmente las gafas que habían quedado inservibles puesto que la capa del líquido se había adherido de tal manera a los cristales que era prácticamente imposible quitarla, pese a que probé de todas las formas imaginables. Como observé que los cristales a pesar de haber cambiado de color parecían transparentes me las coloqué pensando que aún podrían servir hasta que pudiera disponer de otras nuevas. La sorpresa que me llevé fue indescriptible pues me arranqué las gafas asombrado y espantado de lo que vi.

Ante mi, llenando todo el barracón me pareció ver a cientos de personas de aspecto horroroso. Parecían zombis de película, aunque inofensivos ya que solo me observaban con indiferencia. ¡No podía creerlo! pensé que eran distorsiones ópticas que se producían por estar los cristales sucios por aquella pasta transparente irregular. Pero… ¡No! Los cristales, no alteraban en absoluto a aquellas imágenes inquietantes, y durante un buen rato estuve experimentando con las gafas poniéndomelas y quitándomelas comprobando que si bien aquellos seres o lo que fueran eran horrorosos no me producían ningún efecto de rechazo ni temor, más bien parecían darme confianza y tranquilidad,.

Como es natural, el tiempo se me fue pasando y otra vez sonó el dichoso teléfono.( Será Maria que ya querrá cenar. )–Pensé

Después de hablar con mi esposa, salí del almacén para dirigirme a casa y lo hice con las gafas puestas comprobando que con ellas la oscuridad desaparecía, todo se veía iluminado como bajo un sol resplandeciente con colores y todo, pero con miles de personas o espectros que se paseaban tan campantes como si yo no existiera ya que ni me miraban.

Debo puntualizar que las mujeres y niñas vestían de negro y los hombres y niños de blanco aunque sus vestimentas eran semitransparentes y podían verse a trabes de ellas todos los objetos normales presentes.

No dije nada a Maria ni al resto de la familia sobre mi extraño descubrimiento y durante un tiempo inicie una basta serie de experiencias intentando comunicarme con aquellos seres que ni caso me hacían, hasta que un día durante el entierro de un vecino pude observar, (con las gafas puestas,) como el espectro de mi vecino fallecido, sentado sobre el ataúd no paraba de mirarme y sonreírme, por lo que deduje que se encontraba en un estado de autentica felicidad.  Después de aquel entierro asistí a otros , incluso de personas desconocidas y siempre los fallecidos se comportaban lo mismo , por lo visto se daban cuenta de que yo era el único que los veía pues siempre me miraban sonriendo , como felices de haber entrado en un estado de indescriptible tranquilidad y contento.

El invento era sorprendente aunque no me servia para nada puesto que por más que lo intenté no conseguía comunicarme con ellos ya que si les hablaba no me hacían el menor caso y no emitían ningún sonido o al menos no podía oírlos si es que lo hacían puesto que parecían hablar entre ellos. Tampoco me contestaban ni cuando les amenazaba o intentaba agredirles cosa totalmente inútil ya que nada les afectaba. Al final decidí patentar el invento como cosa curiosa pensando que de esa forma podría enriquecerme por lo menos. Entonces intenté construir gafas poniéndoles la mezcla de los productos que se cayeron en aquella ocasión y que tenía memorizados en el ordenador, pero fue inútil por más experimentos que hice no conseguí mi propósito. Un día, en casa se entabló una discusión en la que todos los miembros de mi familia, seguramente ya de acuerdo, me increparon sin ningún miramiento acusándome de haber arruinado el patrimonio familiar comprando cosas que no servían para nada, teniendo incluso desatendida a todos especialmente a Maria, mi esposa, perdiendo el tiempo haciendo experimentos idiotas.

-Experimentos idiotas, decís?— ¡Ahora veréis!

Y ni corto ni perezoso a uno por uno les invité a ponerse las gafas, Ni que decir tiene el asombro que se suscitó en todos.

–Esto es sorprendente se ven seres extraños a cientos! –Exclamó mi hijo Antonio.

— ¡Pero si parecen almas en pena! —Puntualizo mi madre

–¿No serán zombis?–Inquirió mi hija Maribel.

Verdaderamente fue un error mostrar las insólitas gafas a la familia pues tal expectación se despertó en ellos que todos querían mirar sobre todo cuando les dije que con ellas se podía ver en plena oscuridad.

-Y mientras salíamos al exterior para demostrarles la visión nocturna en la calle, yo les decía con gran orgullo: —Ahora estoy tratando de conseguir que no se vean los espectros puesto que como podéis ver en la oscuridad con estas gafas se ve perfectamente el color. Si lo consigo seremos inmensamente ricos ya que es un invento muy importante.

–Pues que quieres que te diga, yo creo que seria mucho más interesante conseguir contactar con esos seres. –Aseguró Maria.

Media hora después aún estábamos mirando con las dichosas gafas, pero como éramos ocho personas y el interés iba in crescendo, y a partir de aquel diá…

Otro día les contaré el final de esta historia… ¡.Lo prometo! Está sonando el teléfono, seguramente será Maria que debe estar preocupada porque ya son las tres de la madrugada y aún no he ido a cenar.

 

FIN  ( Provisiona