LA GOLONDRINA

LA GOLONDRINA

Lamento mucho tener que informarle del estado  de su esposo. Hemos hecho todo lo posible, pero todo ha sido inútil, el daño esta avanzando y ya se ha extendido por todo el organismo de tal forma que esta destruyendo cuanto encuentra a su paso. A su marido creemos que apenas le quedan unos meses de vida. Le aconsejo que se lo lleve a su casa y  cuando sienta dolor le inyecte  la morfina como ya sabe, pues tengo entendido que es usted  enfermera.

A Vanesa Ruiz se le moría su marido, irremisiblemente. Tan solo hacia un año en que lo conociera  en una visita de este a la casa de los padres de ella para hacer un trabajo de albañilería  sobre la reforma de la cocina y el cuarto de baño y fue tal el flechazo, el enamoramiento al primer golpe de vista que antes de terminar el trabajo que duró tres semanas, ya estaban casados. Fue una boda fastuosa, a la que asistieron más de trescientas personas  entre familiares y amigos, y dos meses después, Vanesa quedo embarazada. Todo era alegría y satisfacción entre ellos y su entorno que los veían tan felices.

Pero amigos míos, en esta vida el destino parece sentir envidia de las personas que alcanzan tanta  felicidad y en esta ocasión debió decidir terminar con aquella, de una forma cruel y despiadada.

A los cuatro meses de casados Manuel, empezó a sentir molestias en el estómago, y viendo que estos no remitían con los típicos remedios caseros, acudió al médico de cabecera  que tras  unas pruebas lo envió al especialista, que pidió unos análisis y que después de verlos frunció el ceño y dijo: -Esto no me gusta nada, hay que hacerle más pruebas urgentes en el hospital, donde habrá de ir usted en cuanto le citen.

Total que entre una cosa y otras fue pasando el tiempo, dos meses, y cuando lo llamaron del hospital para las pruebas, Manuel ya no podía resistir tanto dolor. Ante los resultados tan alarmantes fue ingresado y tratado con todos los medios y técnicas disponibles, pero el mal seguía avanzando.

Vanesa desesperada porque los médicos no le daban solución decidió llevarlo a los Estados Unidos, al hospital más famoso del mundo  pero allí fue donde la informaron lo que ya sabemos, Manuel estaba sentenciado, su mal era incurable.

Como es natural, a Manuel se le ocultaba la situación en que se encontraba, y Vanesa procuraba estar pendiente de todos sus caprichos y necesidades, sufriendo en silencio y procurando ocultar sus lágrimas cuando  su corazón era invadido por la pena.

Dime Cariño que quieres que hagamos este mes. ¿Quieres que vayamos a un viaje a algún lugar que te guste? Tenemos que aprovechar el tiempo mientras estas de baja. ¿No te parece?

_ La verdad es que no tengo ni ganas de mirarme al espejo con este tratamiento que me han puesto no paro de adelgazar y adelgazar y parece que estos medicuchos de mierda no dan en el clavo, pues si bien los dolores se me aplacan con las inyecciones esas..No sé .. No sé.. Hasta se me esta cayendo el pelo.

 

 

 

Manuel se quedó un momento pensativo y al final dijo:- Mira Vanesa. ¿Qué te parece

si vamos una temporada a la casa de campo de mis padres?  Ellos no van casi nunca y  tal vez con el aire de los pinos me alivie,  aquí con tanta contaminación no me voy a curar nunca.

A Vanesa se le saltaron las lagrimas de emoción y exclamó ._Ahora mismo preparo lo necesario y salimos pitando.

Una mañana muy temprano, del mes de junio, el automóvil de Manuel y Vanesa arribaba a una casa de campo situada  cerca de la cima de una montaña  pirenaica. A pesar de estar en primavera  llovía torrencialmente, el cielo estaba ennegrecido y el viento soplaba furioso. Como parecía que aquello iba para largo, arrimaron el vehiculo lo más posible a la puerta de la masia y Vanesa para evitar que Manuel se mojase salió corriendo y abrió la puerta de la casa. Luego buscó un paraguas y salió a ayudarle a entrar.

Enseguida que entraron notaron que en la casa hacia tanto frío como afuera y había una corriente de aire que provenía de un dormitorio.

Mis padres se han debido dejar una ventana abierta,–dijo Manuel encendiendo la luz y penetrando dentro de aquel compartimiento que si bien antaño fue un dormitorio, entonces era destinado a cuarto de enredos, ocupado por gran numero de trastos viejos como un par de bicicletas de cuando él y su hermano Santy eran unos chiquillos.

Efectivamente, la ventana del cuarto estaba abierta de par en par y Manuel mientras la cerraba comentó: -Mis viejos la debieron dejar abierta cuando vinieron de vacaciones,  tengo entendido que desde el verano pasado no han vuelto por aquí.

En ese momento, Vanesa reparó en un ruido que la hizo levantar la vista al techo donde descubrió un nido de golondrinas y exclamó- ¡Mira, si hay un nido ahí!

  • ¿Que hacemos? Parece que hay golondrinas pues le veo a una la cabeza. Pues no podemos cerrar la ventana si no, no podrán salir. Cerraremos la puerta para que no haya corriente de aire en la casa y cuando deje de llover ya veremos lo que hacemos, Lo más seguro es que al ver que estamos aquí se marchen a otro lado.

Cerraron la puerta y se pasaron el día entretenidos en adecentar la casa, comieron y después se pusieron a ver la televisión hasta que se apagó el día, cenaron y se fueron a dormir. El tiempo siguió lluvioso y cuando se acostaron aún arreció más.

  • ¿Oye a donde vas?- Preguntó ella, al ver que el se levantaba y se vestía como si fuera a salir. Miró el reloj que marcaba las cuatro y cuarto de la madrugada. El ruido de la lluvia sobre el tejado, los truenos y el ulular del viento eran escandalosos.

No puedo dormir pensando en las golondrinas, voy a ver si se han ido o que pasa.- Contestó él.

Al menos tardó diez minutos en regresar al lecho y dijo. Las golondrinas están ahí y como llueve tanto les he puesto agua y un poco de pienso de gallinas que quedó en un paquete de cuando mis padres las tenían. Lo he puesto cerca del nido, me dan lástima estos pobres pájaros. Veremos si se lo comen.

 

 

 

Cuando al día siguiente se levantaros fueron al cuarto y lo abrieron solo un poco viendo a una golondrina comiendo del paquete de pienso y que al advertir su presencia voló rauda al nido donde se oyeron piar  a los pajarillos que allí habían.

  • Cierra cierra, que no se asusten, parece que están tan felices comiendo y dando de comer a los pichoncitos.- dijo bajito Vanesa sonriendo.

Y como si fueran crios que jugasen al escondite , muy contentos, cerraron la puerta y pasaron el día como el anterior..

Las nubes no se fueron en cuatro días y las golondrinas, tampoco; es decir cuando salió el sol iban y venían del nido al monte y viceversa. Trayendo comida para los pequeños.

Y como a nuestros amigos no les estorbaban, las dejaron vivir allí pensando que no seria humano romperles el nido con las crías   dentro. Durante los siguientes días el  sol brillo esplendido y empezaron a aumentar las temperaturas, el campo después de aquellas lluvias se llenó de vegetación  y como si de un cuadro multicolor se tratase todo cambió llenándose de belleza  propia del verano, que ya se asomaba por encima de las montañas.

Pero por las noches Vanesa tenia que inyectar a su marido la morfina pues el dolor no le dejaba pegar ojo.Una noche de aquellas en que  Manuel no dejaba de quejarse,  al abrir la luz para ir al comedor a coger lo necesario para inyectarle , Vanesa se sorprendió al ver que habían dos golondrinas observando al enfermo  desde encima de  una repisa, como si se dieran cuenta de aquel sufrimiento. Sin inmutarse las dejó allí, pues la puerta de la habitación entonces estaba abierta debido al calor reinante.

Cuando ya terminaba el mes de julio las golondrinas pequeñas ya empezaron a revolotear, primero por la habitación  donde estaba el nido y a los pocos días por toda la casa  tan tranquilas lo que a Manuel Y Vanesa les fascinaba,y les ponían comida y agua que  comían y bebían  incluso posándose sobre ellos, hasta en sus manos.

El verano fue pasando en las mismas circunstancias y al medio del mes de agosto Manuel se sintió tan mal que no hubo más remedio que ingresarlo en el hospital.

Enseguida le pusieron en cuidados intensivos con una mascarilla de oxigeno, pues respiraba con gran dificultad e inmediatamente y un sin fin de aparatos para controlar las constantes vitales como es la presión sanguínea, las pulsaciones y el porcentaje de oxigeno en sangre entre otras.

Al día siguiente le añadieron un suero que le administraba el alimento necesario y cierta cantidad  de morfina.

Solo fueron dos días lo que estuvo en la sala de atención continuada. Lo subieron a una habitación privada donde habían todas las cosas necesarias además de un televisor para  que se entretuviese.

Y por el momento Manuel siguió viviendo aunque ya sin tanto sufrimiento.

  • Esto solo es el resultado de la medicación pero el mal sigue avanzando, los análisis  de sangre y las demás  pruebas nos demuestran que solo seguirá con vida apenas un mes o a lo sumo dos. Dijo a Vanesa fuera de la habitación  para que el enfermo no

 

 

 

se enterase.

A pesar de lo que los médicos afirmasen, Manuel a los dos meses aún seguía vivo pero ya con el organismo tan deteriorado que su corazón empezaba a fallar constantemente.

Ya está a punto de entrar en coma  y cuando eso pase ya no habrá nada que hacer, informó el doctor.

Ya solo podemos esperar que falle su corazón para siempre y eso deben tenerlo en cuenta, nosotros solo podemos evitarle que muera sufriendo..

Vanesa y la familia a pesar de estar preparados  para lo peor no paraban de llorar, aunque procuraban disimular cuando estaban delante de Manuel al que iban engañando como podían con argumentos que poco convencían al enfermo que intuía la proximidad de su muerte, pues ya se daba cuenta de todo pese a estar bajo el dominio de las drogas que le inyectaban y porque ya no se podía valer por si mimo ni para hacer las necesidades más intimas y perentorias.   Desde que enfermó, había adelgazado nada menos que cuarenta kilos pues de ochenta y cinco había bajado a cuarenta y cinco, Parecía un espectro ,  además, el haber perdido el pelo lo hacia mas horrible.

Vanesa que siempre permanecía a su lado sentada en una butaca en la que intentaba conciliar el sueño.  Apenas si podía dormir un rato.  En uno de aquellos  ratos en que quedó dormida soñó  con las golondrinas, las veía volar rumbo a tierras más calidas. Era un grupo muy grande de golondrinas tal vez más de cien. Y de entre el grupo,  unas cuantas discutían, parecía que hablasen en castellano aunque por el barullo del gorjeo del resto no podía entender lo que decían.  Y de pronto del grupo una salió y se puso a volar en dirección contraria.

Vanesa no le dio más importancia al sueño, lo consideró una pesadilla intranscendente, pero al día siguiente después de quedar dormida la vio en el sueño posada sobre el alfeizar de la ventana del hospital mirando a Manuel y  parecía llorar mientras decía:

Voy a ir al paraíso a coger un poco del árbol de la vida  para que se cure Manuel, porque gracias a vosotros que nos habéis   cobijado y alimentado estamos vivos, ahora mi esposa y mis   hijos regresan a África buscando el calor, yo lo haré después cuando traiga el fruto del árbol de la vida.

Vanesa despertó sobresaltada, miró a Manuel que en ese momento dormía con espasmos a cada aspiración como si el pecho le fuera a estallar pero las enfermeras le dijeron que eso era normal en su estado.

Al otro día se quedó dormida un rato  durante la tarde y de nuevo soñó con la golondrina que le dijo ya estoy llegando a la montaña donde anida el águila real que me ayudará a conseguir el fruto, pero hace tanto frío que me siento muy mal, tendré que buscar refugio y descansar un poco, mientras entro en calor haced lo posible por que Manuel resista hasta que yo vuelva.

A la siguiente noche, otra vez apareció en el sueño la golondrina y dijo: Ya he hablado con el águila real y ya ha partido para ascender volando a la cumbre de la montaña donde esta el fruto vital espero que vuelva pronto porque aquí hace tanto frío que me siento desfallecer. Por favor que los médicos no dejen morir a Manuel, si no, todo habría sido inútil.

 

 

 

 

Al otro día, el enfermo entró en estado comatoso. El medico cuando lo vio dijo apenado: Ya no hay esperanza, en unas horas fallecerá, está apunto de empezar el estado agónico.

Vanesa empezó a llorar y casi sin saber lo que decía exclamó. ¡No puede morir hasta que llegue la golondrina!

El doctor la observó con los ojos muy abiertos y preguntó intrigado. ¿Deque habla? Que dice de golondrinas?

No sé como explicárselo pero en un día o dos, tengo la esperanza de que Manuel se pueda salvar.

-¿Y porque ha mencionado a las golondrina? ¿Qué ha querido decir?

-Verá usted, he soñado que ha de venir una golondrina con el remedio para mi marido.

-Esta tía esta delirando, debió pensar el medico cuando con la extrañeza reflejada en el rostro le contestó para calmarla.

No se preocupe, que haré lo que sea, para eso estamos, Haré una reunión de médicos a ver que podemos hacer.

Al poco regresó e informó a Vanesa y a los demás familiares que habían acudido ante la inminente muerte de Manuel.-Lo vamos a trasladar de nuevo a cuidados intensivos para aplicarle un reactivo y controlar los parámetros vitales a ver si lo podemos mantener vivo un día más, aunque les informo que es muy difícil que así sea, pues ya casi no tiene nada en condiciones de sobrevivir, está destrozado. No comprendo su obstinación pero en fin, mi obligación es mantenerlo vivo lo más posible.

Aquella noche la enfermera inyectó nuevamente el reactivo y Manuel pareció que se agitaba con más violencia ante cada aspiración. El oxigeno lo pusieron al máximo.

Y aquella noche cuando Vanesa se durmió soñó que la golondrina estaba ante la ventana de la habitación donde antes estaba el enfermo y le decía. Vanesa me estoy muriendo de frío. Ya te he traído el remedio, es una bolita que tengo en mi pico, debes dársela a Manuel lo antes posible y que el medico se la inyecte en la sangre o en el cuerpo si el no se la puede comer.Yo podría comérmela y me salvaría  pero prefiero que viva tu marido que es una persona muy buena y le debemos cuatro vidas. Esta bolita no se puede dividir pues no haría efecto.

De inmediato llamó a la enfermera y le contó el sueño pero la enfermera incrédula la miro muy seria y dijo. Ya nada se puede hacer su marido está agonizando en menos de diez minutos habrá muerto. Entonces Vanesa echó a correr subió al otro piso y abrió la ventana comprobando que allí estaba la golondrina muerta. La cogió apresuradamente y bajó corriendo hasta el lugar donde estaba el enfermo custodiado aún por la enfermera y sacando una bolita que la golondrina llevaba. Le dijo Pronto Inyecte esta bolita en la sangre de mi marido.

La enfermera no salía de su asombro y dijo voy a llamar al medico de guardia yo no puedo hacer nada si el  no me lo indica. Desde la misma habitación llamó al doctor y

 

 

 

este se presentó en menos de dos minutos. Puesto al corriente de la extraña situación

dijo a la enfermera:- Esta bolita como se puede ver solo es una aceituna, así que como el paciente ya está muriendo ,y nada malo le puede ya pasar peor, macháquela como sea inmediatamente e inyecte el jugo o lo que sea en la vena del brazo. ¡Venga rápido!

Apenas unos segundos tardaron en machacar la aceituna y meterla en la jeringuilla con una aguja suficientemente grande para que el pegajoso compuesto pudiera pasar  por ella, después la inyectaron como pudieron en la vena  y esperaron a ver que pasaba. Apenas cinco minutos después Manuel pasó de la agonía a la vida, abrió los ojos y dijo tengo sed y hambre.

Todos los presentes se quedaron muy sorprendidos trajeron comida y un zumo a Manuel que este liquidó con gran apetito y después dijo. Ahora tengo mucho sueño, Dadme un beso Mamá, Vanesa y tu también, dijo a su hermano,  creo que ya me encuentro bien.

Hasta el doctor besó al paciente lleno de alegría, nunca había visto una cosa parecida y dos horas después hasta el pelo le había salido. Todos los análisis y pruebas que se le hicieron a Manuel resultaron positivas, ¡Estaba completamente curado.

Y cuentan que la otra  golondrina, la pareja de la difunta se le apareció en sueños a Vanesa diciéndole Mi marido era la golondrina que te llevó la medicina para tu esposo y aunque murió por el frío toda la  familia os llevamos en nuestro pensamiento con mucho amor pues  estamos vivas gracias a vosotros que fuisteis muy buenos con nosotros.

Si alguna vez en primavera o verano pasáis cerca de una casa de campo situada en una montaña pirenaica, llamada “ LA GOLONDRINA “ fijaos bien veréis que siempre hay una ventana abierta en el segundo piso por donde entran y salen volando muchas golondrinas. Dicen los del entorno que dentro de esa ventana hay muchos nidos de golondrinas que son de la familia de aquella que está enterrada bajo un rosal que hay junto a la puerta.

 

FIN