LOS VIGILANTES DEL UNIVERSO

LOS VIGILANTES DEL UNIVERSO

 

Fui a Barcelona para investigar un asunto de mierda.

Siempre me gustó llamar a las cosas por su nombre, por eso debo advertir que, algunas expresiones contenidas en este relato, podrían herir la sensibilidad del lector.

El caso empezó cuando en la ciudad cuestionada sucedió la cosa más extraña del siglo XXI, exactamente el día 24 de enero del 2037. Helaba! Tanto frío hacía, a eso de las once de la mañana, que ni el sol conseguía mitigar con sus lánguidas escaramuzas, entre nube y nube, tan invernal panorama. Repentinamente, todas las personas que se encontraban en la plaza Cataluña y alrededores, en un radio aproximado de un kilómetro se sintieron indispuestas de tal forma que, sin poderlo evitar, empezaron a vomitar, orinarse y defecar, sin tiempo para acudir a un servicio, haciéndoselo todo encima. Aunque bien pensado, hubiese sido imposible para tal multitud, que ni pudieron quitarse la ropa (lo que hubiese acrecentado el problema por el efecto que se puede suponer. erótico vergonzoso.)

Tan insólito acontecimiento fue divulgado inmediatamente por todos los medios. Indudablemente la cuestión tenía miga y el que más y el que menos trató de sacar tajada: casi diez mil afectados, sin incluir a los que estaban en sus casas. No era para quedarse dormido en los laureles, por eso las especulaciones fluyeron por doquier. Unos aseguraban que la atmósfera estaba contaminada de tanto ensayo nuclear. Otros afirmaban que el fin del Mundo era inminente y eso era simplemente una muestra de los cataclismos que se avecindaban antes del caos total. Por otro lado, los especialistas en asuntos esotéricos presumían de conocer la verdad, alegando que todo está escrito en las estrellas, que la salud de la personas está influida por la configuración astral o lo que es igual la posición de aquellas en el tiempo y el espacio. En fin, se podría escribir un libro con todo lo que se publicó en aquellos días. Me limitaré a relatar los hechos lo más sucintamente posible.

Pasaron dos meses de lo acontecido cuando sucedió lo del fútbol. Aquel día se disputaba una final importantísima entre la selección nacional de Italia y la de Alemania. El campo debía, ser neutral y por sorteo habla sido designado el nuevo

Estadio Central de Madrid. Casi trescientos mil espectadores venidos de toda Europa ocupaban a rebosar el colosal campo de fútbol. La expectación se podía palpar. Pasados ocho minutos del inicio de la confrontación, la selección italiana, tras una soberbia jugada de su delantero centro Domenico, que partiendo del centro del campo dribló de forma magistral y humillante a siete jugadores alemanes, incluido el portero, marcó su primer y último gol del partido. Ultimo del partido porque cuando los jugadores italianos se felicitaban por el tanto conseguido, sucedió lo que nadie, ni remotamente, podía esperar; lo mismo que había pasado en la plaza de Cataluña de Barcelona, lo que ya casi se había olvidado. Como si de una sola persona se tratase, como sí alguien o un ser supremo hubiera dado la orden, los casi trescientos mil espectadores, así como los jugadores, árbitros, etc., empezaron a vomitar unos sobro otros, a la vez que se ponían perdidas las ropas. No sólo de las secreciones orales, sino de las diarreas repentinas que nos sacudieron con inusitada violencia, Y digo “nos” porque entre los asistentes disfrutando del espectáculo me encontraba yo. Quizá por este motivo puedo narrar lo que allí pasó, si no con la habilidad de un experto literario, si con la impronta de una de las víctimas. Cuando me encontraba discutiendo con evidente satisfacción el haber sido testigo de tan estupenda jugada con otros amigos que habíamos acudido a ver el encuentro, una extraña sensación de angustia se apoderó de mi estómago, sensación que en sólo unos segundos me subió por la garganta haciéndome vomitar sobre mi amigo más próximo a la vez que aquél, con el semblante completamente blanco lo hacía sobre mi, sin poder evitarlo, tras lo cual, sentí que también de forma totalmente involuntaria e inevitable, una especie de diarrea caliente me chorreaba por el interior de los pantalones. Como es do suponer aquello era un caos. Los jugadores desaparecieron casi de inmediato, apenas medio minute después. y en el desorden que allí se formó, las barreras fueron echadas abajo, el césped ocupado por los aficionados y arrancado por estos, que así trataban de limpiarse. Yo por mi parte, como mis amigos, preferimos sentarnos sobre nuestros propios excrementos, pues enseguida nos dimos cuenta que intentar unirnos a la oleada era demasiado peligroso. Nos limitamos a ver y oler tan desagradable espectáculo: puedo asegurar que allí no hubo el recato de la plaza de Cataluña, allí, sobre todo la gente joven no dudó en desvestirse y la inmensa mayoría, incluso algunos del sexo débil, mostraron sus vergüenzas, aunque eso si, sucias y malolientes, entre la inmensa confusión de la que increíblemente sólo resultaron heridos de escasa consideración.

Después del partido, sucedió lo de la plaza de S. Pedro, de cuyo trance poco quiero contar por lo desagradable: en aquella ocasión fueron casi medio millón las personas afectadas, incluyendo a los de altísimo rango que todos suponemos.

Pero ahí no acabó la cosa. Apenas un mes después, en la boda del príncipe CIaudius con  Princesa Isadora, cuando en el inmenso salón donde se celebraba el banquete resonaba la voz del presidente de un importante país pidiendo un brindis por los recién casados, se produjo el desastre: y todos, desde el más renombrado soberano hasta el más mísero lacayo, pasando por las más conocidas personalidades del mundo entero, sobre sus espléndidas vestimentas cuajadas de medallas y joyas de incalculable valor, cayó el medio digerido menú. Los faisanes, las ostras, los canapés de caviar, etc. volvieron a salir de donde poco antes habían entrado, y ya no olían tan bien. Las mesas llenas de preciosas flores se convirtieron en lugares de malolientes vomiteras y los soberbios vestidos en sucios tropos de repugnante porquería. Todo el mundo se preguntaba cómo era posible que en estos tiempos de increíbles avances tecnológicos sucedieran cosas así. Indudablemente, el género humano se enfrentaba a una amenaza de inconcebibles consecuencias. Fue por aquel tiempo cuando a los más importantes medios de comunicación llegó eI mensaje do los Vigilantes del Universo, con el siguiente texto:

‘Ante el creciente abuso del hombre hacia el hombre y de este hacia la naturaleza poniendo en evidente peligro el patrimonio de este planeta y la continuidad de la vida de toda índole, hemos tenido que adoptar medidas disuasorias que ayuden a controlar los desmanes de los inconscientes, la mayoría de las veces poderosos. Por lo expuesto, y a fin de darnos a conocer nos hemos permitido a pequeño nivel, hacer unas demostraciones que den una leve idea de nuestros medios.”

Somos infinitamente poderosos y podemos hacer desaparecer todo vestigio de vida humana de este planeta. Pero no es esta nuestra intención, todo lo contrario. Nuestra misión es la conservación y mejora de la existencia en todos los lugares donde exista, sin embargo, para paliar los desmanes a que se ve sometida la naturaleza y la propia humanidad, hemos intervenido, como hemos apuntado, haciendo esas demostraciones que iniciamos en la plaza de Cataluña de Barcelona. A la que siguieron las del partido de fútbol en Madrid, la de la plaza de Roma y la boda llamada del siglo. Aunque nunca imaginamos que sería del siglo, por lo inesperado.

Nuestra actuación en el fútbol obedece a un motivo; el desmesurado protagonismo dado a ese deporte, invirtiendo sus promotores cifras escandalosas, mientras muchas personas padecen miseria, sin siquiera un lecho donde guarecerse y apenas comer, Lo de la plaza de Cataluña podemos dejarlo como tarjeta de presentación, no así lo otros, que en síntesis apoyan nuestra intención de hacer resaltar el despilfarro y la ostentación. El desequilibrio desmesurado entre unas personas y otras ha llegado a su fin.

A partir de ahora se darán a los interesados las normas de convivencia para que las cumplan, porque si así no lo hicieran, su vida se convertiría en una autentica catástrofe, pues ellos y cuantos les rodeasen estarían orinándose, defecando y vomitando en los momentos mas comprometidos, y varias veces al día hasta que su salud les abandonase definitivamente”.

Ante la publicación del anterior comunicado, la expectación mundial alcanzó cotas nunca superadas, preguntándose todos: ¿De dónde proceden los Vigilantes del Universo? ¿Cuál será el límite de su poder?  ¿Serán buenas las normas que darán a los gobiernos y estas favorecerán a todas las razas? Indudablemente  la mayoría de la población mundial esperaba expectante la llegada de las misteriosas normas.

Y la primera remesa de normas y leyes llegó apenas diez días después aunque esta vez por línea Facsimil a las agencias de prensa y difusión radioeléctricas.

Estas eran algunas de las principales, allí remarcadas.

A fin de hacer más comprensivas estas normas haremos un breve comentario, por ejemplo: Hemos observado enormes diferencias entre los sueldos que cobran unas personas y otras como, un presidente de gobierno, un cantante famoso, un futbolista  de elite etc,etc, comparado con los sueldos de un minero , un albañil u otro de la misma categoría media. Seguramente argumentaran que eso depende de la oferta y la demanda y otras cuestiones como estudios, preparación y experiencia.

Sin embargo todas son personas y tienen los mismos derechos salvo ligeras variaciones

A disfrutar de un buen nivel de vida. Por tanto a partir de hoy  nadie podrá ganar más

de diez veces el sueldo mínimo interprofesional que nosotros estudiaremos a nivel internacional y difundiremos en breve”.

“No existirá el paro por la sencilla razón de que se repartirá el tiempo trabajado para lo cual, sólo será suficiente estudiar una por una la  capacidad productiva de cada empresa. que pagaran impuesto simbólicos al no existir sueldos desorbitados. Al estar controlado el gasto público y quedar desterrada la corrupción, habrá dinero de sobras en beneficio del bienestar común que sin duda ascenderá muchísimo. Con el mismo fin queda pro- híbido a las mujeres casadas, trabajar, salvo casos puntuales a considerar”.

Durante dos meses se estuvieron dictando normas y más normas sin que se notasen en el ambiente el más mínimo cambio, siendo ese el motivo que la gente se preguntase: ¿Si las normas de los extraterrestres no se cumplen, porqué no  intervienen como prometieron?

No faltaba mucho para dar respuesta a tales especulaciones.

Cuando en París se reunieron todos los altos dirigentes de casi todos los países del mundo, para tratar quien sabe qué, sucedió lo que ya casi estaba olvidado; de pronto sobrevino la catástrofe, aunque esta vez la cosa fue mucho más dura, pues apenas se reponían cuando de nuevo volvían a orinarse, vomitar y ensuciarse. Hasta cinco veces casi consecutiva les afectó la cosa, por lo  que algunos de los más ancianos o con problemas de salud debieron ser internados urgentemente en el hospital.

Inmediatamente  a los medios de comunicación llegaron nuevos mensajes.            “Debido al nulo caso dado a nuestros anteriores comunicados y dado que nuestro poder disuasivo es infinito, desde este momento arreciaremos en nuestros ataques por el bien de los humildes, de los obreros, de los enfermos o los desahuciados. Desde hoy no habrá compasión; en cualquier situación, cuando departáis con otros, cuando durmáis y en las situaciones más inesperadas seréis castigados”.

Otro comunicado decía: “Hemos observado que en los últimos conflictos africanos se han recogido miles de millones de dólares, tantos como para hacer que estos pobres puedan vivir como millonarios el resto de sus vidas, sin embargo, aparte de ropas usadas y unos cuantos camiones con alimentos, nada les ha llegado, por lo que la agonía continúa. Instamos a los diferentes gobiernos a que pongan en manos de esas personas lo recaudado; cantidades que serán públicas en los diferentes medios de difusión para satisfacción de los donantes”.

En fin, a partir de aquel día los diferentes gobiernos empezaron a hacer algunas cosas, sobre todo hablar, dando largas y haciendo promesas de que todo se deberla estudiar de una forma mesurada y con buena voluntad. Fue entonces cuando se puso en marcha la investigación policial secreta más Importante de la historia. Había  que averiguar dónde estaban los extraterrestres con la mayor celeridad y en el más absoluto secreto, no se fueran a enfadar y cometieran alguna barbaridad.

Por eso fui destinado y vine a Barcelona, algo me decía que el hecho de iniciarse aquí la cadena de diarreas compulsivas y multitudinarias, podría darme alguna pista. El hecho de que nunca se habían producido dos o más ataques en un mismo día, me Indujo a pensar que los extraterrestres no eran numerosos o la acción sólo la podían producir de una forma esporádica. Incluso tenía la corazonada de que pudiera ser una sola persona y que tal vez ni fuera extraterrestre, pues nunca creí en esas cosas.

Como si mis teorías fuesen conocidas por  ellos, sucedió lo que menos me podía imaginar cuando llegué a Barcelona; tres ataques catastróficos se produjeron en el mismo día. El primero fue en Valencia, cuando la ciudad dormía. De repente todos los habitantes de la gran urbe se ensuciaron en la cama sin poderlo evitar. Los excrementos, los vómitos y los orines convirtieron, durante un buen rato, a la aromática ciudad en la más apestosa del planeta. Tres horas después, a eso de las diez de la mañana sucedió otro tanto en París. El inusitado ataque inundó de porquería la famosa ciudad  de un extremo a otro, pasando por el más recóndito rincón de la torre Eiffel.

Sin embargo, sucedió lo más increíble en Suíza;  el ataque fue tan devastador que cubrió toda la nación, repitiéndose apenas media hora después con igual intensidad. Cuando se supone que ya todo estaba limpio.

Apenas veinticuatro horas después de la mencionada catástrofe era detenido por la brigada de policía Barcelonesa Yordi Calaprón Vatllé como supuesto autor de los hechos conocidos. La detención fue efectuada a instancia mía pues pese a todo me afiancé en mi teoría, que nunca abandoné.

En los diversos medios se publicaron todos los pormenores del asunto. Los Vigilantes del Universo sólo era una persona. “Ha sido detenido como autor de numerosos atentados contra la salud y el orden público Yordi Calaprón Vatllé, de Barcelona, el cual se hacía pasar por una organización extraterrestre llamada los Vigilantes del Universo, En su domicilio, situado muy cerca de la plaza Cataluña de la mencionada ciudad, se han encontrado, además de los artilugios con que provocaba las famosas indisposiciones o cagástrofes, un comunicado a punto de enviar a lo medios informativos en el que arreciaba sus amenazas a los más altos mandos mundiales, advirtiéndoles, que con las últimas demostraciones daba por finalizadas  estas y que a partir de ese momento todo seria distinto si no se les obedecía, sumiendo al Mundo entero en la desolación y la mierda pues haría que la potencia de sus amenazas serían convertidas en realidad con sucesivos ataques diarios hasta que se cumplieran todas las reglas. Después daba una serie de nuevas disposiciones a cual más descabellada como que: Queda prohibido comerciar con las cosas de Dios. Deberán destruirse todas las fábricas de armamento. Deberán  desaparecer los ejércitos. Serán destruidos todos los campos productores de droga como la cocaína, el opio, el hachís etc. quedando sólo las necesarias para la medicina. En fin, sería muy extenso enumerar todas las normas, sólo añadiré que estas iban bajando de categoría, hasta llegar a suprimir las grúas de los ayuntamientos para retirar automóviles y la prohibición de multar a los automovilistas por aparcamiento si este no entorpecía la circulación o no existía medio de aparcar mejor, en cuyo caso los culpables de tal situación eran los ayuntamientos por no dotar de espacios para dicha necesidad

Seguramente, amigo lector, te estarás preguntando como llevé a término la investigación. y como eso es lo último que me queda por contar, voy a hacerlo con sumo agrado.

Corno ya dije, el hecho de efectuar uno a uno los ataques me hacían pensar que podría tratarse de un solo individuo, pero cuando se produjeron tres en un mismo día y con un intervalo de algunas horas entre estos, en lugar de producirme desánimo, me dieron la oportunidad de facilitar la investigación, puesto que si se trataba de una persona o de un grupo, la única forma de desplazarse de un lugar a otro dadas las distancias y el tiempo empleado era por vía aérea. La comprobación no podía ser más sencilla, sólo se tenían que pedir las listas de pasajeros da los aeropuertos donde se habían producido los desmanes y apenas dos horas después, alborozado, vi el nombre del tal Jordi Calaprón repetido en Valencia, en Paris, y en Ginebra. Sin embargo, todavía quedaba por esclarecer como podía el sospechoso provocar los ataques de vómitos, deposiciones y micciones instantáneas y a larga distancia, y esto es lo que nos confesó ante el juez de instrucción correspondiente: -“Me encontraba ensayando un nuevo sistema para matar mosquitos con una fórmula que propagué con un emisor de ultrasonidos y cuando apreté el pulsador me sentí indispuesto de tan súbita forma que no me dio tiempo de ir al servicio. Después de asearme, repetí la acción y de nuevo sentí el efecto, aunque esta vez ya no me ensucié por estar vacío. Pensando en tan extraño caso decidí hacer un alto en el trabajo y salir a tomar un café, encontrando en la escalera a la portera maldiciendo mientras limpiaba el rellano de excrementos, contándome, que de pronto tres personas que se encontraban allí se habían puesto perdidas de vomitera y todo lo demás, además de ella. Cuando salí a la calle advertí gran alboroto entre los transeúntes, pues por lo que vi la onda había llegado hasta pasar la plaza Cataluña dos calles más arriba, ya que yo vivía en la calle Tallers. Después de a  quello, monté un emisor portátil y lo experimenté en el fútbol y más tarde en otros lugares a cual más importantes como ya sabemos. Seguidamente encaminé el invento con la idea de cambiar el mundo a mi manera y aumentar la potencia del artefacto, cosa que conseguí como ya quedó demostrado”.

Desde que fuera detenido, Yordi se negó a compartir la fórmula do su invento con otros científicos y apenas un mes después de lo ya narrado, Yordi desapareció misteriosamente do su celda estando esta perfectamente cerrada, sin dejar el menor rastro, como si se lo hubiese tragado la tierra, según afirmaron sus carceleros.

Entonces se iniciaron una nueva serie de investigaciones, resultando que no existían antecedentes documentales de tal individuo, tales como carné de identidad, partida de nacimiento, carné de la seguridad social, ni de conducir, ni tan siquiera se averiguó el lugar de nacimiento, trabajo ni nada que lo pudiere identificar, pese haber sido publicada su foto en los medios de comunicación.

¿Sería incierto lo que declaró ante el juez?. ¿Sería en efecto un extraterrestre?, ¿Seguiremos bajo la amenaza de los Vigilantes del Universo..,?-  Eh aquí, el dilema.

 

 

FIN