SE ACABÓ LA FIESTA NACIONAL

SE ACABOLA FIESTA

Antonio Larrosa Díaz

Las pasiones de las masas sedientas de sangre, se mezclaban con la valentía y el arte de aquellos hombres que pugnaban por llegar al súmmun de su oficio, bajo el sol abrasador, de un día inolvidable por lo aciago. Pero no, no eran cosos romanos donde el infernal griterío animaba a los diestros a matar a sus oponentes a los que, previamente y para satisfacer al exigente público asistente, se les hacía sufrir atrozmente, con saña, con estudiados martirios al compás de una alegre música. No señor, no eran antiguos cosos romanos, Eran cosos taurinos! modernas plazas de toros llenas de gentes, de incomprensibles instintos para otras culturas.

Aquel día se hizo históricamente aciago para la fiesta, porque entre las múltiples corridas celebradas, murieron veintidós toreros, algunos famosos, amén de más de cien heridos de distinta consideración. El estupor y la sorpresa fue enorme en el mundo entero, pues lo normal era que, pese al peligro que representaba el espectáculo, sólo se produjera la muerte de un diestro cada díez años por término medio: algo así como un muerto, por millón de toros lidiados. Pero aquel día todo empezó a cambiar, los torpes animales se comportaron de una forma inusual. A la menor oportunidad arremetían contra el torero, haciendo caso omiso al capote engañoso y a los subalternos,  cuando aquellos intentaban apartarlo del lidiador o del caballo de turno. Era como si de repente una luz de inteligencia penetrase en sus cerebros. Y cuentan las crónicas de aquel tiempo, que aquellos toros eran tan peligrosos que se tuvieron que matar a tiros por las fuerzas armadas.

Ante tan dramáticos y desconcertantes sucesos, el mundo entero quedó asombrado, sin embargo, los aficionados a tan tremenda fiesta, que no estaban dispuestos a pagar más, empezaron a afirmar que todo aquello era un montaje comercial y que  nada  había de anormal en su alimentación o estado físico general, pese a los múltiples reconocimientos y análisis efectuados a los toros muertos o vivos de todas las ganaderías, por lo que no se pudo dar respuesta al público.

Como es lógico, la vida debía continuar, las próximas corridas deberían celebrarse sin mayor dilación, como si nada hubiera pasado, como siempre fue en la historia del mundo, entonces se dijo: La fiesta debe continua. Muchos toreros empezaron a pedir garantías para salvaguardar sus vidas aunque bien es verdad que los que lo hicieron, lo hicieron sin excesiva firmeza, no fuera que los consideraran unos cobardes o cosa parecida, algo muy distante de lo que un buen torero debía aparentar, y que tal vez por eso, eran admirados especialmente por las mujeres, sobre todo por las más díscolas y advenedizas, aunque debo decir en honor a la verdad, que también se daban casos de enamoramientos normales. Quizá era por ese motivo, que toreros, que no valían un pimiento físicamente, se vanagloriasen ostentosamente de los estragos ocasionados al bello sexo.

El caso es que pese al extremado celo vertido en el asunto y no encontrando anormalidad alguna en los animales que se iban a lidiar, se anunciaron los festejos en todas las plazas del país con tal éxito de taquilla, que todas sin excepción, se llenaron hasta la bandera quedando mucho público sin conseguir su entrada al espectáculo.

Sin embargo y pese a las extraordinarias medidas de seguridad, y a cuantas precauciones se desplegaron en aquella ocasión, aún fue más luctuoso el desenlace, pues murieron cuarenta y seis diestros entre picadores, banderilleros, matadores y otros, amén de un elevadísimo número de heridos.

Aquello ya no era casualidad, sin lugar a dudas algo muy extraño se estaba produciendo, muchos aseguraban, que la culpa

la debían tener los ingleses o los suecos a los que siempre les gustó hablar mal de esta fiesta, afirmando que deberían haber inventado algo que volvía locos a los astados cuando estos eran toreados. Otras versiones daban la culpa a la sociedad protectora de animales, y no quedó quien asegurase que todo era cosa de extraterrestres, maldiciones bíblicas o cosa de brujas. Como veis , hubo versiones para todos los gustos. El caso fue que en aquella ocasión, a los pocos profesionales del arte taurino que quedaban, se les acabó la soberbia la valentía y la bravuconería, poniendo “el grito en el cielo” y anulando sus contratos. Los que conservaron la vergüenza torera (como la llamaban), murieron en la próxima celebración, la última, ya que después de aquel día, nadie quiso dedicarse a tan peligroso oficio, ni siquiera los sutridos y acérrimos maletillas que siempre pedían una oportunidad.

Así fue como en poco tiempo, desapareció la tan cacareada Fiesta Nacional. No sólo en España, sino en Sudamérica y en cuantos sitios se practicaba. Nunca se supo el “porque” los toros bravos se volvieron tan agresivos al ser lidiados, y cada vez que alguien intentó restaurarla Fiesta, sólo consiguió mezclar la sangre de los toreros con la arena de la plaza.

Fue entonces, cuando se descubrieron las “fantásticas” propiedades de la carne de toro bravo criado en España. Propiedades que no se consiguen en ningún otro “toro” del mundo y que hoy en día, son la fuente principal de divisas de nuestro país, muy por delante del turismo, la agricultura, la industria, la pesca y todas las demás juntas. Desde entonces, a los toros bravos se les cambió el nombre por el de toros de Oro, ya que su precio es exactamente el de este preciado metal.

Un kilo de oro, vale igual que “Un kilo de Toro de Oro” —  FIN– Ha terminado el dictado de historia de España, poned la fecha de hoy ..23 de junio de 2074 y ya podéis ir al recreo, queridos alumnos.

FIN.

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