PINTURA FANTÁSTICA

PINTURA FANTÁSTICA

Daniel Jumilla pintaba maravillosamente. Podría asegurar que lo hacía tan bien como Miguel Ángel, Sorolla, Julio Romero de Torres o cualquiera de los mejores pintores naturistas, tanto en paisajes, bodegones y retratos. Pese a ser tan extraordinario pintor, Daniel apenas ganaba para comer y atender a su anciana madre; único familiar que tenia. Quizá ese fuera el motivo por el que siempre estaba en contra de las nuevas tendencias pictóricas. Se decía a si mismo y también  a sus amigos, entre los que yo mismo me encuentro.

-La pintura moderna, cubismo, abstracto, etc., es una porquería carente del más insignificante mérito… Que cualquiera la puede realizar con sólo pegarle una patada a un bote de pintura…, como han hecho algunos famosos… Nunca comprenderé esa mamarrachada de arte chapucero… Un cuadro bien pintado necesita cientos de horas y mucha maestría para su ejecución, mientras que esos se pueden hacer con cinco minutos y sin el mínimo conocimiento de nada… Sólo se precisa una buena promoción, como pasa casi con todo últimamente. La gente se deja influenciar por lo que dice la publicidad, sobre todo la televisada, pues hasta afirman que si no sales no existes…».

Naturalmente, no sólo Daniel piensa así; muchos somos los que quizá sin tanto merecimiento nos encontramos en idéntica situación, y yo soy el que más comparte tales ideas, posiblemente por ser muy amigos de siempre.

Un día, Daniel, me telefoneó para comunicarme, con notable excitación, lo siguiente:

-Antonio, amigo mío. Creo que he inventado una nueva técnica pictórica.

-¡Demonio! ¿Acaso no está todo inventado en este tema? -inquirí tajante.

-Amigo mío… Lo que he inventado te va ha sorprender… ¡¡He inventado la pintura fantástica!! Una pintura dinámica, algo que estaba necesitando la buena pintura para ponerse donde merece… Cuando puedas vienes a mi estudio y te contaré de lo que se trata, pues quiero compartir el éxito contigo.

-Pues si te parece bien voy en diez minutos. Lo que tarde en coger un taxi y llegar.

Inundado de curiosidad, bajé los cinco pisos donde vivo (Sin  ascensor) y paré al primer taxi que vi libre.

Ya en el estudio de Daniel ,este me contó:

-He investigado ciertas pinturas que se alteran según la humedad, temperatura, etc.

-¡Ha! -le contesté desilusionado-. Como esos muñequitos que cambian de color según el tiempo seco o lluvioso…

-Exacto. Esa es la idea inicial que me influyó para hacer ciertos experimentos que, por fin, han culminado pintando este cuadro, este paisaje…

-Pues no le veo nada especial… Está muy bien desarrollado, como todo lo que pintas, pero…

-i ¡Aja!! Sabía que dirías eso…, porque aquí ves un cuadro con un paisaje invernal típico; árboles sin hojas, a lo lejos una montaña nevada y un río por el que discurre gran cantidad de agua. Eso es lo que se ve porque estamos en invierno…

Hizo una pausa y continuó con más entusiasmo:

-Ahora, amigo mío, pondré en marcha la estufa, elevaré la temperatura del estudio y comprobarás como el paisaje irá cambiando…

Sin saber aun de que iba la película, Daniel puso en marcha la estufa y cuando el habitáculo se fue caldeando comprobé que la pintura se iba transformando… Primero, la tierra yerma se fue poblando de hierbas, matorrales y florecillas. A la par, las desnudas ramas de los árboles se llenaron de hojas. Las nieves de la lejana montaña desaparecieron paulatinamente y el río disminuyó su caudal del mismo modo.

Me quedé mudo de asombro…

Daniel, lleno de orgullo me dijo:

-A este cuadro lo he titulado «Las cuatro estaciones», porque realmente son cuatro cuadros que, automáticamente, se van sustituyendo según sea la estación del año. Creo que estamos ante el cuadro que iniciará una nueva era en la pintura… Ya no serán cuadros estáticos, sin variación, sino que, como ya te dije por teléfono, serán dinámicos, cambiantes, con algo de vitalidad, algo que faltaba… ¡¡Algo fantástico!!

Ante la euforia de mi amigo me sentí confuso, incapaz de formular cualquier veredicto crítico y le fui sincero:

-Amigo Daniel, no sé hasta que punto tu invento pueda alterar el ambiente comercial de la pintura… Francamente; a mí me ha impresionado mucho, pero no quiero que te hagas ilusiones antes de tiempo… Piensa que te vas ha encontrar con obstáculos, que muchas personas no se van a dejar pisar el terreno y tal vez te critiquen despiadadamente, como siempre ha sucedido con los auténticos genios… Claro que…

– ¡Qué, qué! -me cortó con indignación, con los ojos encencidos , como si le hubiese insultado o algo parecido.

-Pues que tú debes luchar y no dejarte vencer nunca… Pero ya te digo, no creo lo tengas fácil… En este mundo actual estamos malditos desde hace mucho tiempo…Siempre triunfan los los enchufados, los que tienen padrinos  Te deseo mucha suerte…, mucha suerte…

Seguramente mis palabras no fueron interpretadas como era mi deseo, pues sólo intenté advertirle que la vida es difícil y no debía considerar un éxito inmediato sin lucha y sufrimiento. Daniel se encolerizó y sin darme oportunidad de explicarme exclamó mientras me señalaba la puerta:

-Nunca pensé que fueras envidioso y que mi triunfo te pudiera poner en mi contra. Así que lárgate y no se te ocurra, pase lo que pase, dirigirte a mí de ninguna forma. Para mí tú has muerto… ¡Largo!

Ante aquella actitud no me quedó más remedio que callar y marchar a mi casa, desde donde le llamé repetidamente por teléfono, sin resultado ya que apenas oía mi voz colgaba el auricular.

También le escribí una carta que tampoco contestó. Así que me rendí a la evidencia y deje pasar el tiempo.

Como ya suponía, Daniel presentó su cuadro a todos los medios informativos y hasta montó una exposición con aquél único cuadro y un letrero que decía:

«Este cuadro es el primero de una nueva era de pintura fantástica, y no está en venta. Pero durante su permanencia en este salón, y cada tarde de cuatro a seis, se harán demostraciones para todos los asistentes de sus fantásticas características».

Y, como ya le advertí, las criticas fueron desastrosas y decepcionantes, pues casi todas coincidían en mostrar el invento como una novedad de escaso valor científico y nada artístico. Algo como un numerito circense absurdo y tosco.

Algunos afirmaban: «-Si para ver como el cuadro cambia, tengo que estar de tres a seis meses sin hacer otra cosa que estar pendiente de tamaña tontería, sale más a cuenta comprar varios cuadros».

Pasó el tiempo…

Durante algunos años nada supe de Daniel. Pensé que ante aquel fracaso se había retirado o seguía con su mediocre existencia, como todos los que nos dedicamos a esta profesión y género. Pregunté a otros amigos y sólo supe que tras la muerte de su anciana madre había dejado su antiguo piso-estudio y había desaparecido sin despedirse de nadie, abandonando muebles y enseres, pero pagando todo lo que debía al casero.

De repente alguien dijo que lo habían visto acompañado de una deslumbrante belleza rubia a bordo de un Ferrari Testarossa y en tierras italianas. Exactamente, en Roma. Aunque también se difundió la noticia que había comprado un gran palacio en Venecia, sobre los famosos canales.

El caso es que, por lo visto, Daniel había tenido mucha suerte, pero no como pintor, ya que, a menos que firmase con seudónimo, nada se sabía.

Y de nuevo pasó el tiempo…

Varios meses después, cuando estaba estudiando un libro de técnicas pictóricas sonó el teléfono, lo cogí y una voz aterciopelada femenina preguntó:

-¿El señor Antonio Larrosa?

-Sí, dígame…

Un momento, por favor. Le pongo con el señor Daniel Jumilla…

Si en aquel momento me hubieran sacado sangre, creo que habría salido de mis venas un chorro de incertidumbre, mezclado con una buena parte de sorpresa y algo de inusitada curiosidad, pues tal era mi estado de ansiedad al saber de mi antiguo compañero de fatigas.

-¡Hola, Antonio! Te llamo simplemente para pedirte perdón por mi arrogancia y desprecio a tus sabios consejos… Y para pedirte un gran favor, si no te molesta después de tantos años…

-Dime, dime… -susurré.Ya sabes que puedes contar conmigo , pues sigo considerándote un amigo.

-Gracias Antonio , eres una persona entrañable y  (Hubo un momento de silencio que se rompió  al agregar) …Ahora mismo voy a coger mi avión para dirigirme a Barcelona y charlar un rato contigo, si te parece bien… Espero que nuestra charla sea fructífera y pueda, de alguna forma, reparar el daño que sé, certeramente, te hice, pues tú siempre fuiste un amigo y ahora aun estamos a tiempo de reanudar aquella amistad que nunca debió romperse.

Ante mi silencio continuó:

-Sé que, quizá, esté abusando de tu paciencia… Tal vez tengas mejores cosas que hacer que hablar con un mal amigo… Pero, por favor, y aun que sea pagando tu tiempo al precio que pongas, sin límites, pues ahora tengo cuanto quiero, no quiero dejar pasar esta, quizá, última oportunidad de pedirte perdón.

Ante estas últimas palabras senti una gran emoción  y le contesté casi con lágrimas:

-Me da una inmensa alegría saber que estas tan bien situado. No me has de pagar nada porque yo también estoy deseando verte para preguntarte mil cosas… Te esperaré; ven cuando quieras y gracias por acordarte de mí.

-Al contrario -me respondió emocionado-. Las gracias te las doy yo, porque tus palabras me hacen sumamente feliz. Espero estar en tu casa con la mayor brevedad. Adiós.

-Adiós…

Apenas cuatro horas después, Daniel, acompañado de una espléndida señorita rubia de no más de veinticinco años se encontraba sentado en mi humilde salita de estar. Dio permiso a la señorita para que se retirase a dar una vuelta por la ciudad, entregándole un fajo de billetes y diciéndole:

-Llama a un taxi para que te enseñe la ciudad y cómprate algo. Vuelve dentro de tres horas -y dirigiéndose a mí continuó: Esta chica es Marina, una italiana muy eficiente que habla varios idiomas y  mi secretaria, aunque realmente no estamos aquí para hablar de mi secretaria, sino de secretos que ni ella conoce. No me preguntes nada porque voy a ponerte al corriente de mis aventuras y milagros… Como ya sabes, fracasé con el invento de la pintura fantástica y tan avergonzado quedé de las críticas que me rendí… Pero no del todo, porque inicié una nueva serie de experimentos para perfeccionar el invento y hacerlo más espectacular. Como sabes, muchos coincidieron en señalar que era absurdo esperar meses para ver cambios en los cuadros… Así que inicié otra serie de experimentos, esta vez, haciendo que nada alterase las pinturas con las temperaturas, la humedad, el clima y esas cosas, sino con el tiempo… Así que me enfrasqué en la consecución de un acelerador de los efectos impresos en el lienzo y, cual no sería mi sorpresa al comprobar que había inventado una técnica revolucionaria, algo insólito, insospechado, imposible de comprender…

Hizo una pausa, me miró y, seguramente, intuyendo que estaba en blanco continuó:

-Me explicaré, porque… ¿Cómo puede ser que yo haya inventado algo tan sorprendente? En un principio creí que algo estaba fallando, ya que las pinturas si bien empezaban a hacer cambios tal como había previsto, viéndose como las imágenes se iban transformando en la secuencia y el tiempo, haciendo un efecto maravilloso como si estuvieras viendo una película con una serie de imágenes repetidas secuencialmente, a las pocas horas dejaban de actuar así y la cosa cambiaba de otra forma no sospechada, dándome cuenta de inmediato que mi pintura ahora sí que era totalmente fantástica, ya que rompía las reglas convencionales y en lugar de ser pinturas para observar imágenes estáticas del pasado ahora eran pinturas dinámicas, proyectadas para observar el futuro. Es más; enseguida advertí que el acelerador no sólo actuaba sobre las pinturas sino sobre cualquier fotografía actual, ya que no lo hacía sobre fotos antiguas de blanco y negro.

Podría haber lanzado una serie de cuadros con esta técnica, pero aquello se me escapaba de las manos… Era, y aun es, algo incontrolable y podría ser peligroso si este descubrimiento cayese en manos criminales o simplemente ávidas de poder, cosa que descubrí cuando puse mi acelerador de imágenes en la foto de la administración de loterías y comprobé cuales serían los números agraciados de un montón de años, hasta que me cansé de tomar notas y rompí la foto porque es imposible parar la sucesión de revelaciones, de esta clase u otras como cambios en solares, terrenos, bolsa, negocios, desgracias, guerras… Ahora que estás al corriente puedes hacer las preguntas que quieras…

-No necesito preguntarte como te hiciste rico, pero ¿qué fue de tu afición por la pintura? Ahora te resultaría fácil ser famoso. Tienes tanto poder como el diablo… ¡Podrías hundir a quien quisieras y encumbrarte tú!

-Antonio, cuando me vi rodeado de tal poder, de tantas mujeres y de todo, debo confesarte que lo de la pintura, los amigos y mi historia pasaron al último lugar y consideré que ya había perdido el tiempo excesivamente y que la fama más bien me hubiera resultado incómoda, así que me dediqué a disfrutar de todo lo que antes sólo eran sueños.

-Entonces… ¿Por qué has cambiado? ¿Por qué estás aquí?

-Estoy aquí porque tengo conciencia y porque he visto algo terrible que nunca debí ver. Puse mi foto a merced del acelerador y he descubierto que sólo me quedan seis meses de vida. Los médicos nada me encuentran, pero yo sé que el acelerador nunca se equivoca, y no he querido investigar; me vi muerto y rompí la foto.

-Y… ¿Qué puedo hacer yo?

-Perdonarme por mi soberbia y a cambio dejaré todo cuanto poseo en tus manos, pues eres la única persona que verdaderamente lo merece.

-¿Y qué harás con el acelerador y la fórmula?

-Lo destruiré todo, porque es imposible cambiar la historia y no puedes imaginar las cosas tan terribles que han de pasar en el mundo por culpa de sus gobernantes, gentes ruines y enfermas.

-Pero, digo yo que con ese poder se podría ayudar mucho a la humanidad, evitando tanta miseria del tercer mundo, por ejemplo.

-No debes insistir; la historia es intocable. Está escrito que el poder es muy peligroso.

Daniel Jumilla ya no existe. Murió de accidente, exactamente en la fecha que lo vio en la foto procesada, y que no investigó lo suficiente para saber el motivo. El caso es que me dejó una inmensa fortuna, y ahora soy uno de los hombres más ricos del mundo. Como ya me había informado Daniel, destruyó la fórmula del acelerador de imágenes, secreto que se llevó a la tumba… Aunque no una caja fuerte en donde habían gran número de libros en los que estaban muy bien señalados los números premiados de todos los sorteos importantes, quinielas y loterías de todo el mundo, las cotizaciones de bolsa y otros activos de los próximos cincuenta años.

Ahora he recapacitado y he llegado a la misma conclusión de mi estimado amigo; He dejado la pintura y me estoy dedicando a vivir la vida que me quede lo mejor posible, aunque estoy estudiando la forma de ayudar el tercer mundo y a todos los necesitados cuanto pueda.

Lástima que este relato sea ficticio y que cualquier parecido con la realidad sea sólo

pura coincidencia o casualidad.

Fin