SOLO MIENTEN LOS NIÑOS

SOLO MIENTEN LOS NIÑOS

 

 

Dicen los mayores que sería terrible vivir en un mundo en el que se pudiera mentir y es por eso que desde hace muchos años, exactamente desde que se inventó la reestructuración genética, nadie puede hacerlo, porque los dolores que resultan de una simple falsedad pueden volverte  loco y, hasta esta ampliamente comprobado, que puede provocar una muerte atroz, entre horribles sufrimientos.

Cada día se tienen que intervenir a miles de niños para que ya nunca jamás vuelvan a mentir a nadie. Sólo lo niños menores de siete años pueden emplear el engaño, aunque, como es natural, eso resulta hasta gracioso.

Sí, si… muy gracioso. Pero dicen los más viejos que, antiguamente, cuando se podía mentir libremente, la mezquindad imperaba por doquier y nadie se podía fiar de nadie, incluso decían que ni de su padre debía fiarse nadie.

Hoy, en el año 2389, gozamos de una fiabilidad absoluta. Nadie puede engañar a nadie, corno sucedía antes que, por ejemplo: Podíamos prometer amor eterno a una persona a la que después dejábamos abandonada en cuanto nos hartábamos de ella, como era el cerro de muchos hombres, verdaderos sinvergüenzas ,que prometían y juraban por lo más sagrado, hasta por su propia madre, un amor que no sentía ni remotamente. Y se lo hacían, normalmente, a  mujeres sin la suficiente formación, a  jovencitas que sucumbían ante las engañosas promesas que aquellos  prodigaba, hasta conseguir sus inconfesables y mezquinos deseos.

Y, también, el caso contrario: El del hombre engañado por una mujer que  mentía asegurándole que él era su primer y auténtico amor: que nunca se acostó con otro, cuando, realmente, ella era una auténtica golfa; harta de las más lujuriantes aventuras pues se acostaba con todo aquel que la podía satisfacer; viviendo aventuras que sin duda pondrían rojas de vergüenza las caras de más de un director de cine phorno si la hubiera visto actuar.

En aquellos tiempos, se daban mucho los crímenes pasionales, cuyos autores eran  muchas veces, motivados por los celos que aquellas mentiras alentaron.

Mentiras, falsedades, engaños y fingimientos El engaño era la principal causa de todos los males que aquejaban al mundo.

Pero lo peor sucedía cuando, por motivos que el ciudadano no comprendía, se declaraban dos países o más, la guerra; en la que sucumbían millones de personas de todas las clases y edades, quedando aquellos países destruidos y en la más absoluta miseria y ruina.

Hoy día, ya no se pueden dar ninguno de esos casos pues un hombre caería fulminado entre atroces dolores, al removerse la parte de su cerebro tratada con la sencilla inyección que le alteró su respuesta genética ante la autoría de cualquier falsedad, por nimia que aquella fuese.

Y, como es lógico, aquí no se acaba todo. Ya se terminaron las promesas engañosas del político corrupto. Y  las del comerciante que te vendía género malo a precio de primera calidad, o las del mecánico de tu automóvil, que te cobraba una fortuna por una pequeña reparación alegando que el vehículo tenía una grave avería Y, así podríamos añadir otras profesiones, pasando por el simple zapatero hasta llegar al dentista, al albañil, etc. etc.

Todos estamos obligados a ser veraces y ya nadie desconfía de nadie, Si uno va a la hacienda  pública y les dice: -No puedo pagar mis impuestos porque el negocio me va mal-. Hacienda, no solo te cree, si no  que te dice:. Tranquilícese, ya pagará cuando buenamente pueda, además, te pregunta que necesita para salir adelante, y te ayuda desinteresadamente.

Ya los políticos no hacen promesas ni promueven presupuestos exagerados para cobrar suculentas comisiones, al contrario, estudian lo que es más justo para el bien del ciudadano y obran en consecuencia ya que están al servicio del ciudadano y han de cumplir con su trabajo pues si así no lo hicieran estarían actuando bajo un falso juramento y sufrirían las más graves consecuencias. Por ese motivo tan simple, los impuestos ya no se llaman así, sino que son  A.V.P. (Aportaciones Voluntarias Públicas). Aportaciones que todos deseamos ofrecer con entusiasmo, aunque algunas veces, no las admite el gobierno por considerarlas excesivas para ciertos fragmentos sociales. Al contrario de lo que solía ser normal en otros tiempos en que los ricos falseaban sus cuentas pagando verdaderas miserias y quedando  el enorme gasto a  cargo de los pobres asalariados  o del pequeño empresario de escasos recursos, resultando que los gobernantes corruptos y sus compadres saqueaban las arcas  del erario público dejando a sus respectivos países en la ruina total, mientras ellos disfrutaban de todas las maravillas de este mundo.

Hoy ya nadie se enfada de las arbitrariedades de la justicia social, al contrario; se sentirá halagado al ver que alguien se siente conmovido por su persona y no tendrá ningún iriconveniernte en contarte sus problemas, por muy privados que sean.

Se acabaron las grandes fortunas hechas en el nombre de aquellas O.N.G.. que recaudaban cifras astronómicas apelando a la miseria de otras ciudades y que, en muchas ocasiones, eran montajes de gentes sin escrúpulos en beneficio propio.

¡Cuanta mentira, cuanta basura, cuanta gentuza!.

Menos mal que aquellos tiempos pasaron a la historia. La penosa historia de la humillada humanidad, flagelada, repleta de páginas negras; páginas en las que reinó la desvergüenza, la envidia y la falsa sonrisa, que no es lo mismo que la hipocresía, pues aquella, implicaba que se adornase con bellas sonrisas,  y hasta  se disfrazaba con la toga del severo juez o el falso hombre, serio y formal.

Quién, de aquellos tiempos pasados, hubiera dicho que hoy en día ya no se necesitarían policías, puesto que todos somos policías de nosotros mismos…

Quién, de aquellos tiempos pasados hubiera dicho que hoy en día ya no serian necesarios los sacerdotes, puesto que cada cual sabe sus deberes religiosos y sabe que Dios somos todos, cada cual un pequeño trocito.  Ya no existen los ejércitos pues  nadie puede hacer daño a ningún semejante puesto que seria un mal que acabaría con su  propia vida.

Todo eso lo aprendimos en el colegio y como no podemos mentir, aprobamos cuando decimos que realmente eso es lo que creemos…

-iRinnnngggg!, Riinnnggg!!Riiiiinnngg!

-Vaya! Ahora que estaba durmiendo tan a gusto y teniendo un sueño del futuro realmente bonito, suena el teléfono… ¿Pero que demonios pasa con el maldito trasto, acaso no es domingo y no tengo el derecho de dormir cuanto quiera…?

-,¿Dígame…?

-¡Hola!: ¡Soy  Vanesa! ¿Ya no te acuerdas de que tenemos que ir de excursión?. Llegas tarde. Anda, date prisa que te estamos esperando en la parada del bus.

-Diantres!, es cierto, me he quedado dormido y, la verdad, es que me había olvidado hasta del año en que estamos… Figúrate, soñaba que estábamos en el año 2389 y que en esa época nadie podía mentir, sólo los niños menores de siete años mentían… ¡Era fabuloso!

-Anda, Anda, deja de tomarme el pelo… Realmente estamos en el año 2389, y sino fuera por qué sé que no me puedes engañar, creería que estas de cachondeo.

FIN