EL AGUINALDO

EL AGUINALDO

Después de dieciocho meses en paro, Carlos, un hombre de cincuenta y seis años, se encontraba al borde de hacer un disparate, ya se le había agotado la prestación por desempleo y por más vueltas que dio, por más currículos que envió a diversas empresas, no consiguió un nuevo trabajo.

Verdaderamente su situación era cada día más penosa, y crítica.

-Estamos atravesando una crisis muy mala, la peor que recuerdo, y además, mi edad no es la mejor para que me admitan en ningún sitio. –Carlos se lamentaba a Rosa, su esposa, que ayudaba lo que podía  ganando a1gún dinero haciendo cualquier trabajo esporádico, como  limpiar pisos y escaleras. Pero como la crisis cada día se aguzaba, también esos quehaceres escaseaban más y así, entre unas cosas y otras, la Navidad estaba encima. Nuestro amigo ya no sabía qué camino tomar, En su casa nunca faltó el mínimo detalle, y a su atormentada memoria acudían  los recuerdos de otros tiempos, de otras Navidades, llenas de amor y alegría, cuando sus cuatro hijos eran muy pequeños; ahora ya mayores, se resistía a pedirles ayuda pues bastantes problemas tenían con pagar sus hipotecas y llegar a final de mes.

Aquellos años ahora recordados fueron  esplendorosos en compañía de los ya fallecidos

abuelos. Que felices eran cuando todos reunidos en Nochebuena comían los turrones y bebían, los pequeños, refrescos, y  los mayores otras bebidas, como cava o cerveza. Casi se gastaba lo del aguinaldo que la empresa les daba a los obreros. Aquella vieja costumbre… Cuanto la echaba de menos, este año ni aguinaldo tenían.

-Debiste cambiar cuando pudiste hacerlo,- le recriminaba Rosa- Cuando veías que la empresa ya no daba más de si, cuando ya no tenías ni el aliciente de hacer horas extras, cuando ya no podías prosperar allí… Debiste buscarte otro sitio, mira que te lo advertí, pero tú siempre tan cabezón.

-Todo eso es muy bonito, tú lo ves muy claro, pero Adrián, más que un patrón, era para mi  como un hermano, lo malo es esta crisis, mi edad  y que mi oficio ya no es lo que era.

Si me hubiera ido, ya te he dicho mil veces, que Adrián habría cerrado el taller de reparación de relojes. Se habría dedicado a la venta de relojes y joyas y se habría ahorrado mi sueldo, que para él solo representaba una carga, pues  perdía dinero conmigo.

-¡¡No si al final el patrón que te ha explotado siempre, va a resultar un Santo!!

-¡¡Bueno, no quiero discutir!! ¿Sabes lo que te digo? Me voy al hospital a ver como está, y de paso iré a la oficina de empleo a ver si ha salido algo.

Por el camino Carlos maldecía su suerte y pensaba: si fuera un hombre de verdad, ahora mismo entraba en un banco y lo atracaba, hay quien dice que los empleados están aleccionados para no poner en peligro la vida de los clientes ni la propia, que tienen un seguro que cubre los atracos y dan toda clase de facilidades a los atracadores.

Ya en el hospital. Carlos se encontró con la sorpresa de que también había acudido Isabel, la hija de Adrián, la que lo despidió cuando su padre sufrió el accidente, en el que quedó en coma, la que sin miramientos lo puso de patitas en la calle diciéndole:

-Lamento mucho tener que prescindir de usted, pero no es posible seguir pagándole un sueldo que ya no lo gana. La reparación de relojes ya ha caído tanto que como no sea un reloj de oro nadie los arregla, la gente prefiere comprarse uno digital de tres euros y tirarlo cuando se le agota la pila. No puedo tener un obrero para estar todo el día sin hacer nada. Es verdad que se ocupa de atender a los clientes, pero para cuatro que entran al día ya estoy yo. Lo siento…

Isabel hablaba bajando la vista , como avergonzada, rehuyendo la mirada de Carlos y tras una breve pausa continuó alegando..

Realmente, la verdad es que el negocio ya hace mucho que no funcionaba como debiera. Mi padre, ya sabes cómo ha sido siempre, un buen hombre, un hombre demasiado bueno y un poco romántico que aguantaba  contra viento y marea. Pero el negocio ya se acabó. Mi padre ya lleva más de un año en coma y los médicos ya han llegado al límite, no le ven ninguna solución y lo único que pueden hacer es lo que están haciendo sedarlo para que no sufra. Es  muy triste pero es lo que hay y tenemos que esperar lo peor de un momento a otro.

Otro lapsus  y la chica de nuevo reanudo la conversación cambiando de tema.

Sobre el negocio, he llegado a la conclusión de que lo mejor es que alquile el local a unos chinos que quieren montar un restaurante. Me pagarán muy bien, más de lo que ganábamos con la relojería. No debería contarte estas cosas pero como eres casi de la familia me siento un poco obligada, no quiero que me juzgues mal, la situación es muy mala y no encuentro ninguna otra solución. ¿Me comprendes?

-Si jefa, la comprendo. -contestó Carlos, con pesar.

-Me alegro que lo entiendas… Pásate por aquí dentro de unos días y tendrás el finiquito.

De aquello habían pasado ya dieciocho meses, ahora otra vez se encontraban y al verla, Carlos la saludó y le preguntó.

-Hola Isabel ¿qué tal esta tu padre?

-Hola Carlos: esta igual o peor, vive como un vegetal, los médicos ya no saben que hacer. ¿Y tú, y tu familia, bien?

• – De salud bien, pero económicamente fatal. Hace ya dos meses que se me acabó el subsidio de desempleo, no encuentro trabajo y ni para comer tenemos en casa, la verdad es que vamos a echar de menos aquel aguinaldo que me dabais. No sé porque te cuento mis problemas, pues bastante tienes tú con lo de tu padre. En fin, dicen que Dios aprieta pero no ahoga, espero que por algún lado salga el sol.

Posiblemente Carlos al contar su penosa situación a Isabel esperase que esta se ofreciera

para ayudarle, pero solo  le dijo:

-No sabes lo que me apena tú situación… pero yo estoy también en las mismas circunstancias, resulta que los chinos solo pagaron los dos meses de garantía y ni un euro más, les va mal el restaurante, apenas si entran clientes y los tengo en manos de mi abogado para que paguen como sea o los desahucie. En fin ya sabes, esta maldita crisis cada vez se acentúa más y este gobierno no hace nada, como ellos no tienen problemas a fin de mes.

-Yo creía que erais ricos.., pues tu padre vendía muchas joyas y…

-Pues no lo creas, teníamos algunos ahorrillos, pero la enfermedad., los tratamientos… las operaciones, nos han arruinado, hemos tenido que hipotecar todo el patrimonio para nada. Vosotros, al fin y al cabo tenéis salud y eso es lo más importante… Créeme, a pesar de todo tenéis mucha suerte.

Ya de regreso a su casa Rosa le preguntó por el estado de su antiguo patrón.

-¿Qué tal se encuentra el señor Adrián? ¿Ha mejorado?

-Con gesto triste, Carlos le contestó:

-Creo que está peor, hoy me ha parecido que estaba muriéndose pues respiraba con mucha dificultad, ya he visto a otras personas en esta situación y no creo engañarme, incluso me ha parecido que se comunicaba conmigo mentalmente y me pedía que no lo dejase solo, que tenía mucho miedo…

-¡No digas sandeces, como se va a comunicar contigo mentalmente.!.. ¡menuda tontería!

-Pues será tontería pero Adrián y yo éramos como hermanos y muchas veces hemos pensado las mismas cosas. A veces nos reíamos de tan compenetrados que estábamos, lo mismo que nos pasa a nosotros, que parece que nos leamos el pensamiento

-Bueno eso es normal en muchos matrimonios, pero entre un patrón y un emp1eado, es la primera vez que oigo una tontería así

Aquella noche Carlos no pudo dormir En su cerebro resonaba machaconamente la voz angustiosa de su patrón pidiéndole auxilio.

Al día siguiente, a media mañana, sonó el teléfono y lo cogió Rosa, Carlos que se encontraba cerca al ver como cambiaba la cara de su mujer, le preguntó: .

-¿Quién es? ¿Qué pasa?

-Era Isabel, me ha dicho que su padre ha fallecido y que está en el depósito de cadáveres del hospital y mañana por la mañana lo incineran.

Por el rostro de Carlos resbalaron lágrimas de dolor, había muerto no un patrón, si no su mejor amigo, pues cuarenta años trabajando codo a codo, habían establecido unos lazos de amistad insuperables, únicos.

Como no tenía dinero y no quería pedírselo a su mujer, porque no se enfadase, tuvo que

dirigirse a pié hasta el hospital donde le dijeron que por imperiosa necesidad habían tenido que adelantar el traslado del cadáver al tanatorio distante unos cuatro kilómetros, a donde arribó a la media hora. Llegó cansadísimo de tanto andar

El tanatorio constaba de un par de pisos con grandes salones, donde conversaban muchas personas junto a las diversas puertas de los distintos compartimientos destinados a cada sepelio. Y tras cada puerta habían otros salones uno algo más grande donde se acomodaban normalmente amigos y familiares del finado, sentados en sofás  o algunos de pié  hablando  de sus cosas.  Tras otra puerta, otro salón más pequeño, con muchos ramos y algunas coronas de flores apoyadas contra la pared  y en medio, podía verse a través de un cristal al difunto metido en su féretro.

Carlos apenas cambió algunas palabras de cortesía con los familiares allí presentes, entre los que estaba Isabel.. Enseguida penetró al pequeño aposento antes descrito, donde en ese momento no había nadie y allí permaneció observando a su amigo y patrón, al que mentalmente dedicó un par de oraciones. Inusitadamente en su rostro, entre las lágrimas se acuso el impacto de algo que le hizo salir y acercarse rápidamente a Isabel que apartándola de donde conversaba con otra señora le dijo:

-Creo que tu padre está vivo.

-¿Pero que tontería es esa? ¿Te has vuelto loco? Qué más quisiera yo

-Me creas o no, yo no me quedaré tranquilo si no hacemos algo… tenemos que hablar con la señorita de la recepción y que envíen a un médico.

Y ante la insistencia de Carlos, al poco, apenas cinco minutos después ya habían retirado el ataúd y el médico auscultó al finado, le puso la mano en la yugular meneando la cabeza negativamente mientras decía: -Este señor está muerto. No puedo hacer nada. Eso de que se comunica con usted es un problema que tiene usted y que ha de resolver con un psiquiatra. ¿Ahora, oye algo?

- Si señor, ahora me dice que no deje que lo incineren y ¡Que lo ha lo ha oído tratar a su hija con uno de la funeraria esta mañana, a las diez en punto.

Ante estas palabras Isabel se quedó asombrada, pues cuando habló con el representante funerario eran exactamente las diez y no había nadie más que el muerto y ellos dos. Entonces la duda se apoderó de ella y muy alterada expuso lo siguiente:

-¿No se puede hacer alguna prueba más? como por ejemplo ponerle un espejo entre la boca y la nariz o pincharle con un alfiler en un dedo del pie?

El doctor contesto con evidente mal humor.

-Mire señorita, usted ha visto muchas películas de guerra americanas. Aquí la única prueba que se puede hacer como última y definitiva es un encefalograma, pero eso conlleva unos gastos que tendrá que sufragar alguien, pues este caso no es normal.

Ella se impuso, y Adrián fue de nuevo trasladado al hospital donde tras conectarle debidamente unos cables se procedió al examen, siendo testigos nuestros amigos.

-Esto es un milagro, exclamó el médico al  ver que en la pantalla se veían unas ondas que significaban que el cerebro estaba vivo. Entonces dijo:

-Tenían ustedes razón este hombre aun siente algo… Ahora, si son tan amables, salgan de aquí que tenemos que intentar reanimarlo enseguida, quizás debamos hacerle un masaje cardiaco profundo a corazón abierto.

Esperen afuera y no se preocupen, haremos cuanto esté en nuestras manos.

-Dos horas después salió uno de aquellos cirujanos con expresión muy alegre diciendo:

-Hemos tenido mucha suerte, ni le hemos abierto siquiera con unas inyecciones y unas descargas eléctricas se ha puesto en marcha ese corazón. No les hemos dicho nada antes porque esperábamos ver la reacción, si empezaba a coger calor,  la presión y las pulsaciones ahora ya está a 37 grados, tiene la presión muy bien y las pulsaciones a 68 por minuto, esta fuera de peligro y aunque aún esta sedado,  si sigue así, mañana podría abrir los ojos y tal vez hablar. Lo vamos a poner en una habitación de cuidados intensivos y a ver qué tal pasa esta noche.

Isabel se quedó toda la noche al lado de su padre y Carlos regresó a su casa otra vez andando, pero esta vez no le pareció que se cansaba, quizás por el entusiasmo que lo empujaba para llegar y contar a Rosa, su mujer el milagro, porque aquello, era un milagro de Navidad

 

FIN de la primera parte.

 

 

 

 

EL AGUINALDO

2ª PARTE

 

 

 

 

Al día siguiente Carlos y su mujer se personaron muy temprano en el hospital para ver como se encontraba el enfermo. Isabel los recibió llena de alegría contándoles que si no hubiera sido por Carlos, su padre aquella misma mañana hubiera sido incinerado vivo.

Al poco empezaron a venir doctores que, entusiasmados, comentaban que nunca habían visto algo semejante. Después fueron los familiares y algunos amigos los que tuvieron que salir del cuarto al pasillo por que las enfermeras les apremiaron, alegando que el enfermo estaba mejor pero que no podían estar tanta gente allí por motivos obvios.

Todo el mundo felicitaba a nuestro amigo y hasta un familiar le propuso, sabiendo la situación que atravesaba, de ir invitados ella y su mujer a pasar las Navidades con ellos, a lo que Isabel se interpuso diciendo que…. Os agradezco la invitación pero… Carlos y yo tenemos la costumbre de pasar estas fiestas siempre ha sido con nuestros hijos, todos reunidos en su casa.  __ Añadiendo: ¿Verdad que si?

-¡Claro! Así ha sido siempre y así será ahora, aunque tengamos que comernos las sillas, ¡Ja,Ja,Ja

Todos rieron la gracia y poco a poco se fueron marchando. A media tarde ya sólo quedaban los dos amigos y Rosa, pues hasta Isabel se ausentó para ir al restaurante a comer algo.

Y ya, solos los tres, Carlos empezó a sentir dentro de su cerebro las voces de su patrón que le decía: “Gracias por haberme librado de morir abrasado… Ahora haré un esfuerzo por volver a la realidad, a dejar este estado comatoso, Estoy seguro que con tu ayuda lo conseguiré. No te quiero alarmar, pero a mi hija le tengo que regañar por lo que ha hecho pensando que yo ya no pinto nada en este mundo”.

Carlos, como estaba con Rosa, su mujer, habló con el pensamiento como se hace para rezar.

-Bueno, yo no quiero contradecirte, no quiero abrumarte con nada, sólo deseo que regreses a la normalidad y entonces, cuando hayas descansado y recuperado bien, entonces hablamos, ¿Vale?

-Pero que dices de descansado si llevo sin dar golpe más de un año, casi dos.

Como Rosa había salido al pasillo a darse una vuelta y pasear, Carlos hablo normalmente, sin siquiera apercibirse que lo hacia.

-Bien, tranquilízate. Cuando vuelva Isabel, Rosa y yo nos iremos, pero volveré al amanecer.

-Prefiero que tú te quedes esta noche. Espero que convenzas a tu mujer. Isabel  no creo que se oponga, anoche casi no pudo dormir y le ira bien descansar.

-Esta bien, me quedaré si así lo prefieres, ya sabes que…

En ese momento entró una enfermera que se quedó un poco sorprendida al hablar a Carlos con un comatoso. Y le preguntó:

-Así es verdad que ustedes se comunican por telepatía?

-Telepatía? No lo había pensado… Pero puede ser que tengamos esa facultad natural.

-Y que le decía ahora, si no es mucho preguntar?

-Pues me decía que tenga cuidado con las enfermeras, que hay algunas muy malas y que por nada te ponen una inyección…

La enfermera sonrió, le puso tomo la temperatura al paciente y se fue sin despedirse siquiera.

Como habían quedado, Isabel y Rosa regresaron a sus casas y Carlos se quedó haciendo compañía a Adrián, con el que desde la visita de la enfermera no se había comunicado. Al amanecer vino el doctor y pregunto:

-,¿Para que le han dado la vuelta al paciente? Fíjese que desastre. Se ha desenganchado un catéter, menos mal que no se ha desangrado, ¿ lo ha hecho usted?

Carlos miró sorprendido a su patrón y vio que en efecto estaba vuelto hacia un lado, cuando antes estaba boca arriba.

-Le juro que yo no he tocado nada eso, ha debido haber sido él mismo. Seguramente se encontraba incomodo de tanto tiempo boca arriba. ¿Eso no lo hacen los enfermos?

-Esto nunca -respondió la enfermera que acompañaba al médico, mientras lo volvía otra vez de postura y le aseguraba el catéter, con un esparadrapo.

Apenas desapareció el doctor y la enfermera por la puerta Adrián abrió los ojos y habló normalmente; “Que pesadita la enfermera esta. ¿Verdad?

-Ya te encuentras bien? -acertó a decir Carlos, asombrado por el giro que estaban dando los acontecimientos.

-Si, pero me haré el dormido hasta que llegue mi hija. No le digas nada quiero darle yo la sorpresa ¿Me comprendes?

-Si, si, como quieras, no diré nada a nadie. ¿Te pongo la tele?

-No, no, dejemos las cosas como están, como si nada hubiera ocurrido –Tras lo dicho. Adrián, cerró los ojos y al poco empezó a roncar.

Como era domingo, no vino el cirujano ni el médico a verlo, tan solo los familiares y un reportero que no se sabe como, entró en la habitación.

-Esta es una noticia muy importante y desearía hablar con ustedes del caso del resucitado.

-No hay nada que hablar, cuando el enfermo pueda, que lo haga el mismo y le pagan una entrevista como es de rigor. ¿No es así como funciona esto?

El periodista hizo un gesto raro y volviéndose a  Isabel, le preguntó, esbozando una tenue sonrisa

–¿Es usted la hija?

-En efecto, ya le han dicho lo que hay. Ahora haga el favor de dejarnos tranquilos.

-Bien, no se enfade, si desean hablar conmigo aquí les dejo una tarjeta con mi nombre y teléfono.

Isabel cogió la tarjeta y contestó:

-Muy bien, de acuerdo. 1o tendré en cuenta.

Cuando todos se hubieron marchado, menos Carlos e Isabel, Adrián abrió los ojos dejando estupefacta a la chica que no sabia que hacer., Si gritar llamando a la enfermera o quedarse callada esperando acontecimientos, pero apenas unos segundos después se lanzó sobre su padre abrazándolo y dándole besos con inusitado entusiasmo y alborozo.

-Papá, papá, que alegría! ¿Me oyes, me ves, me entiendes?

-Pues claro que te veo y te oigo ¿Qué pasa aquí?

Carlos, que como sabemos, estaba al corriente de todo los apartó diciendo:

-Por Dios Isabel, que vas a desconectarlo de los cables y la enfermera se va a enfadar.  Tu padre tendrá alguna cosa que decirnos, deja que hable.

-Lo que tengo que decir es algo muy delicado… pero no me fío de hablar aquí, lo haré cuando me den el alta, Tengo algunas preguntas que haceros; primera, ¿qué fecha es hoy?

-Estamos a 7 de diciembre del año 2010 y llevas aquí, casi dos años en coma después de un accidente que tuviste en la carretera cuando…

Adrián interrumpió a su hija preguntando.

-Casi dos años en coma… ¿Y como va el negocio?

-Papá, el negocio iba tan mal al faltar tú que tuve que cerrar.

-Como que cerraste el negocio? ¿Con que permiso?

Luego miró a Carlos y le preguntó:

-j,Entonces, tú trabajas en otro lado o estas en paro? ¿Que haces?

-Mira Adrián; Durante tu estado en coma nos comunicábamos y tú me contabas cosas y yo también a ti ¿No lo recuerdas?

-Pues no, no recuerdo nada ¿Qué tengo que recordar?

-Es mejor que lo hablemos cuando estés en casa, porque esto es muy extraño y no quiero marearte.

-Bueno, de acuerdo. Pero me dejas muy intrigado como por ejemplo: durante estas horas que han venido tantos familiares y yo me hacia el ausente, muchas veces he oído  la frase: Es un milagro que haya resucitado, incluso lo dijo el periodista ¿Es que acaso he estado muerto?

-Papá, es mejor que descanses, que no digas nada. Tendremos tiempo de hablar cuando estés bien del todo.

-Pero si me encuentro estupendamente! Bueno, vale, en cuanto venga el médico le digo que me encuentro bien y que me quiero ir a casa.

Pese a las protestas del paciente los médicos no le quisieron dar de alta hasta no estar completamente seguros de que estaba fuera de peligro y por eso le hicieron toda clase de pruebas y análisis.

Afortunadamente todo lo encontraron bien y el día doce de diciembre le dieron el alta médica.

Al día siguiente Carlos recibió una llamada de su ex patrón.

-Carlos tenemos que hablar de algo importante, Isabel y yo te esperamos en casa.

-Ahora mismo voy para allá.

Una hora tardó Carlos en llegar a la cita.

-¿Cómo es que has tardado tanto? ¿Has tenido algún problema? -le pregunto Adrián.

-Veras, es que he venido andando y atravesar la ciudad no es moco de pavo. Como no tengo ni un céntimo…

-¿Cómo que no tienes un céntimo? ¿Por qué no me lo has pedido o se lo has pedido a Isabel?

-Dejemos eso, y dinos lo que querías decirnos

-le cortó la chica.

-Bien, durante estos días he estado atando cabos y he empezado a comprender muchas cosas. Empezaré… Al principio no quería hablar de esto, porque me parecía absurdo, irreal, algo sin sentido que lo único que haría es complicar las cosas, sobre todo en vosotros que vivís al margen de mis problemas personales, pero como digo, ahora veo que en esta vida todos estamos sujetos a unas leyes naturales y divinas y debemos atenemos a ellas. Lo que os voy a contar es una imposición divina y estoy vivo para cumplirla. Sentémonos que lo que vais a oír es largo y delicado.

Creo que, en efecto, he estado muerto. Seguramente habréis oído alguna historia de personas que han resucitado y contado que estuvieron dentro de un túnel donde al final existía una luz muy potente y una voz que le invitaba a regresar. Pues bien; yo he estado en ese túnel y he oído la voz. Una voz potente y amable, una voz imposible de olvidar, era como la voz de un padre, más aún, era como la voz del mismo Dios.

Y esa voz me dijo:

-Vuelve al mundo y arregla tus cosas, cuenta la verdad y después vuelve aquí, conmigo.

Al llegar a este punto, Adrián hizo una pequeña pausa meditando por donde seguir y al final, dirigiéndose a su hija le dijo.

Antes de empezar, te mando que ayudes a Carlos, le des el aguinaldo de esta Navidad y dinero para sufragar sus gastos y todo lo que necesite y lo pongas en mi lugar como patrón del negocio que deberéis volver a instalar lo antes posible. Se de buena tinta que los chinos abandonaran el local en año nuevo.

-Pero es que yo…

-Isabel, no me interrumpas, por favor, que eso no es nada con lo que ahora os voy a contar. Sé que en el banco hay casi un millón de euros, así que económicamente no hay problemas. Pero vamos al meollo de la cuestión; Cuando falleció tu madre me confesó

Que Carlos es tu padre

-¿Cómo? ¿Que Carlos es mi padre? ¿Pero que dices?

-Por favor Isabel, no me interrumpas. Tu madre en el lecho de muerte me dijo: Cuando te operaron de la vesícula, y estuviste seis días en el hospital, pedí a Carlos que me hiciera un hijo. Tú no podías hacérmelo, me lo dijo el Medico que te había examinado y te lo oculté, Carlos, en cambio, tenia cuatro hijos, así que como sabia que eso lo envidiabas, que tú querías tener descendencia, y aunque Carlos es un hombre integro, incapaz de traicionar a un amigo ni a nadie, y se negaba a hacerlo. Al final pude convencerlo diciéndole que era lo mejor que podía hacer por nosotros que solo seria una vez y que lo haríamos cuando yo estuviera en el máximo estado de captación para quedar embarazada.

Aquí otra vez Adrián se interrumpió un momento para luego continuar.

-Yo le contesté a tu madre que ya sospechaba algo así, pues por la fecha del parto me coincidía todo, pero que no quise decir nada porque en cierto modo sabia que lo pudo hacer por mí y nunca jamás la vi en ningún otro fallo ni desliz.

Carlos permanecía con la vista baja como avergonzado de esta situación y no dijo ni una palabra.

-Ahora ya lo sabes, Carlos es tu padre y deberás guardarle el respeto que merece y el cariño propio de una hija con él. Esta es una cosa que ha de quedar entre nosotros tres, pues no debemos poner en riesgo la felicidad de otras personas. Supongo que ahora que ya he cumplido mi misión moriré… Me gustaría pasar estas fiestas con vosotros, pero si muero antes, pensad que mi espíritu os estará acompañando.

Pero Adrián no murió todavía. Aquellas Navidades la pasaron las dos familias juntas, cantando villancicos, y comiendo y bebiendo de aquel extraordinario aguinaldo, el mejor de sus vidas.

Pasadas aquellas fiestas, el mismo día segundo del año nuevo, Adrián apareció muerto. Esta vez los médicos se aseguraron bien antes de dar su confirmación y se extrañaron de la tranquilidad con que Isabel recibía la noticia y es que sabia que el espíritu de aquel que fue su padre durante tantos años permanecería junto a ellos para siempre.

FIN