EL ÁRBOL DE NAVIDAD

 

Nació el mismo día de Navidad, mientras medio mundo se estremecía de júbilo envuelto por el estruendo de las zambombas, el repicar de las campanas y el canto de alegres villancicos. Y, como sus padres se llamaban José y María, lo bautizaron con el nombre de Jesús.

Muy contento con el nacimiento de Jesús, el abuelo que vivía con la pareja desde que enviudó, plantó un abeto en el jardín situado delante de la casa de solo una planta donde vivía la feliz familia.

El abuelo , como si de una profecía se tratase afirmo con aplomo.

-Este árbol crecerá a la vez que Jesús y espero que los dos vivan muchos años.

Lo dijo convencido, pensando que si ambos emparejaban sus vidas, el niño saldría beneficiado, puesto que los abetos suelen vivir siglos. Pasando el tiempo, el abeto era engalanado por el abuelo y los familiares en las mencionadas fiestas Navideñas. Y se convirtió en una tradición tal, que pasando los años también se añadieron al rito los vecinos, llegando el día en que todo el pueblo se hizo partícipe, creándose una atmósfera muy especial que realzaba aún más el esplendor de tan renombradas fechas.

Nunca se supo porque ni quién divulgó el sentimiento de misterio del que afloró la creencia de que aquel árbol y Jesús estaban predestinados a morir el mismo día, cosa que se reafirmó cuando Jesús afectado de tifus estuvo a punto de fallecer. El árbol perdió todas sus hojas y empezó a secarse sin que nadie se explicara el motivo ni encontrase solución, hasta que el niño superó no sin grandes dificultades la temible enfermedad, momento en que el abeto se recuperó milagrosa y totalmente.

Aquel hecho atravesó montañas y valles, y cada año era más numerosa la cantidad de personas que acudían a ver al que ya se conocía como el árbol de la vida.

Como es lógico no sólo se creía que el abeto amparaba a Jesús, sino que también se desprendía de esta teoría que si a Jesús le sucedía alguna desgracia o lo que fuera, el árbol tanihbén sufriría las consecuencias de igual forma, incluso la misma muerte y en el mismo instante.

Cuando Jesús cumplió doce años falleció el abuelo, quién en los momentos postreros le dijo a todos los familiares que le rodeaban:

-Hijos míos, ha llegado mi hora y ya sólo tengo tiempo de recomendaros que cuidéis del abeto como un miembro más de la familia, pues estoy seguro de que no sólo ampara a Jesús, sino que en el futuro todos vosotros también estaréis ligados a su destino. Nunca dejéis que nadie atente contra él sino queréis caer en la desgracia, sobre todo Jesús, lo cual está más que comprobdo.

Varios años después, nuestro protagonista se casó con una bella y joven del mismo pueblo que se llamaba Isabel, de cuyo matrimonio nació un niño y después tres más.

Pero, Jesús como jornalero del campo apenas ganaba para mantener a tanta familia y sus padres, ya viejos, tampoco aportaban casi nada, igual que Isabel que  no podía hacer gran cosa pues se debía cuidar de los niños, los padres y la vivienda,

Fue por entonces cuando una importante empresa de la construcción hizo una muy buena oferta por la vieja casa familiar. Pretendía derribarla y construir en el solar un gran edificio de apartamentos pues la zona se había modernizado muchísimo y los pisos se valoraban espléndidamente.

Como es natural, vender la casa hubiera significado salir de la miseria, pero ello conllevaba la muerte de Jesús cosa que los padres  como propietarios dei inmueble no aceptaban por los sabidos motivos,

Cuando menos se esperaba, llegó la guerra y Jesús fue movilizado.

Algunas veces llegaban al pueblo noticias del ffrente de combate la desaparición o el regreso de algún herido grave. con permisos temporales o lo que era peor de algún muerto, o mutilado ya inútil para la lucha en el frente o en la retaguardia y por descontado para seguir la vida con normalidad.

El batallón de nuestro amigo fue atacado severamente durante seis días. primero por la avíación enemiga que lo diezmó atrozmente, siendo despues castigado por la artillería a la que siguió un devastador enfrentamiento de la infantería apoyada por una batería de carros blindados.

Cuando por fin llegaron los refuerzos a la Contienda y pudieron rechazar al enemigo, el campo  de batalla estaba estaba  sembrado de cadáveres y restos humanos irreconocibles entre los que se deberia encontrar Jesús pues no fue hallado ni rastro, ni vivo. ni mutilado. ni muerto, po lo que fue déclarado como desaparecido en combate..

En el pueblo, su mujer desolada ante las adversidades de la vida y de su perdido amor. miiraba con rencor al hermoso  abeto que revosante de verdor y desafiante al mundo seguía creciendo en las lindes de la finca.,Pasado un tiempo, Isabel consideró que la situación era insoportable y miraba al abeto rabiosa por lo que propuso a sus suegros cortarlo.

–Al menos su leña nos quitara el frio Y cuando lleguen tiempos mejores ya no sera un impedimento para negociar la venta de la casa.

A lo que José el padre de Jesus le contesto muy excitado:

-Si alguien atenta o le hace algún daño a ese árbol soy capaz de matarlo. . . Aunque despuésvaya a la cárcel por todo lo que me reste de vida.

Un poco más calmado continuó:

¿Acaso  no ves mujer. que el abeto está espledoroso? ¿ No lo ves ? ¡Esa es la prueba de que mi hijo  Jesús.. ¡vive!.

Isabel no creía en esa fantasia de los padres de Jesús y  su odia contra el árbol se fue acrecentando dia por día.

Dos años despues con un intervalo de seis meses murienon Jose y Maria, los padres de Jesús , fallecieron en la creencia de que su hijo seguia vivo y nunca perdieron la esperanza y siempre miraban al horizonte pensando que algún día verian regresar a su hijo

Al poco finalizó la guerra,iniciándose en el país la reconstrucción de lo destruido y la normalización de todas las actividades industriales, comerciales y en general de todas las vidas. En ella se incluia la de Isabel, quien conoció a un atractivo y joven muchacho recién llegado de la guerra, a quien no le importó que Isabel tuviera cuatro hijos y un marido desaparecido en combate, puesto que la posible viuda contaba con un gran patrimonio; la vieja casa.

Pronto, entre los dos, se empezaron a hacer planes entre los que entraba la venta de la finca.

-Con lo que consigamos de la venta de la casa podremos trasladarnos a una gran ciudad, donde las oportunidades son mejores y, con lo que nos rente el dinero, podremos vivir una vida feliz y tranquila, mañama mismo  llamaré  a los consructores y les diré que acepto su última oferta, con la condición de que nos dejen vivir en la casa hasta que nos traslademos, quizás en menos de un mes.

Corría el tiempo navideño cuando…

-Está bien, en tres días prepararé el acta notarial -dijo el constructor; añadiendo con cierta ironía: -Pero cuando llegue con el notario no quiero ver ese dichoso árbol en pie. Le he cogido manía… Así que lo cortan y lo tiran sobre ese cobertizo. ¡Ah!, casi se me olvidaba que esta noche es Nochebuena, asi que..¡¡ felices Navidades !!

Amoneció Navidad..,Enrique. el novio de Isabel, pertrechado con una respetable sierra mecánica de gasolina se acercó  al espléndido abeto. En sus labios podía vislumbrarse la satisfacción que le embargaba cuando exclamó:

-jAqul se va a acabar la historia de tu maldito Jesús! Me voy a dar el placer de cortarte y… ¡Se acabó para siempre…!

Iba a poner en marcha la pesada máquina cuando un alboroto que provenía del final de la calle le hizo preguntar al aire: ¿Que pasa? ¿que es tanto alborota?

Isabel, se asomé a la celosía y lo que vio la debió de alterar indeciblemente, pues su tez se transfiguré como si hubiera visto al mismísimo Satanás… Y gritó a su amante con desesperación:

-liPronto!! ¡Corta el maldito abeto!.

Enrique, con un violento tirón de la cuerda de arranque de la máquina logró ponerla en marcha mientras el griterío se acercaba cada vez más a la casa. Apenas quedaban cincuenta metros y la mujer, con el rostro descompuesto por la tremenda emoción que la invadía seguía gritando:

-Rápido, inútil… ¡Maldita sea! ¡Córtalo ya! ¡Córtalo de una vez!

Enrique, que no comprendía muy bien que era lo que estaba sucediendo, apoyó la sierra sobre el tronco y con gran pericia, cuando el griterío se encontraba apenas a cinco metros de la casa, con sólo dos enérgicos y rápidos tajos corté el abeto que cayó a sus pies derrotado…

Fue entonces cuando…

NOTA DEL EDITOR:

Lamentamos no poder dar a los lectores el final de este trepidante relato. Puesto que la narración quedó cortada cuando nuestro estimado escritor y amigo Fermín Martínez cayó como fulminado de un ataque al corazón sobre su máquina de escribir, justo en el momento en el que su joven jardinero estaba cortando un viejo árbol en el jardín de su casa de campo.

Su desolada, y a partir de hoy rica mujer, pide que recemos una oración por su alma ¡Que Dios lo tenga en su gloria!.

Amén.

FIN