Hojeando la
amplia biblioteca del castillo, propiedad de Marqués de Lago Seco, de cuya
amistad tenía el honor de disfrutar, hallé en el rincón más oscuro y lóbrego
un extraño libro que despertó mi atención, al observar que no tenía titulo
ni nada escrito sobre sus tapas, ni en el lomo que pudiera identificarlo.
Tanta fue la curiosidad que me produjo el hallazgo que, sin siquiera
abrirlo, le pregunté a mi amigo el Marqués, que en aquellos momentos se
encontraba leyendo una vieja edición de la Biblia, sentado ante una ventana
por la que entraban los sonidos del cercano bosque y los fulgurantes rayos
del sol de aquél inolvidable día otoñal.
-Oye. Julio Juan ¿Conoces esta obra?
El Marques levantó la vista por encima de las gafas y, sin prestar una gran
atención sobre el libro, contestó con gesto desdeñoso:
-Lo más seguro es que se trato de algo religioso. Ya sabes que mis
antecesores eran auténticos aficionados a esa clase de literatura.
-jAnda!, corno tú, pues siempre te veo leyendo la Biblia...
Está bien...¡ Me has pillado!, ¿pero porqué no lo
abres y me dejas tranquilo.?..
Un poco abochornado por el cariz de distensión que se había patentizado con
aquella respuesta esquiva de mi amigo y al fin de no irritarlo más, pues no
parecía muy dispuesto a perder el hilo de lo que debía estar leyendo,
propuse tímidamente:
-Si no te molesta, prefiero que me lo dejes para leerlo en casa
-Mira, si tanto te interesa..¡Te lo regalo!
Estas fueron sus ultimas palabras, porque apenas estas salieron de sus
labios, en ese preciso instante, como si un rayo lo hubiese fulminado o un
puñal le hubiera atravesado el corazón, el Marques de Lago seco, mi estimado
amigo se desplomó cayendo hacia atrás con los ojos desmesuradamente
abiertos, muerto, sobre el suelo desnudo de la amplia sala.
Varios días después del sepelio del honorable personaje. Aun tenia el libro
sobre mi mesa sin ánimo de iniciar la aventura de leerlo, pues algo extraño,
como si una muralla mágica se interpusiera entre ambos me advirtiese de
algún maleficio existente en él.
Constantemente me preguntaba si aquel suceso había sido casual, cosa que me
extrañaba, ya que el Marques gozaba de una excelente salud, como bien
atestiguaron con idéntica sorpresa los médicos de la familia.
La verdad es que no sabia que hacer...
Y tanto era el terror que aquel volumen me había suscitado que no me atrevía
a comentar mis sospechas e inquietudes con nadie, pues lo más lógico y
seguro era que se burlasen de mí, o me sucediera algún percance. El caso es
que los días pasaban y seguramente por mi desasosiego empecé a perder el
apetito y. como consecuencia, mi estado de salud inició una deplorable
caída, llegando a producirse grandes malestares, vómitos, mareos y dolores
asfixiantes en el corazón, entre otras cosas no menos terribles.
Los familiares y amigos, al veme tan cambiado, pues entre otras cosas se
evidenciaba la enorme delgadez que me habían dejado los quince kilos
perdidos en tan sólo un mes.
Como yo sabía los motivos de mis problemas, me negaba en redondo a ser
inspeccionado por médico alguno, ante la sorpresa de mis familiares que no
imaginaban nada, ni entendían nada.
Un día, lleno de desesperación, decidí abrir el dichoso libro y que fuera lo
que Dios quisiera, pues ya me era imposible aguardar más.
Temblando por la debilidad y la emoción que me embargaba, me senté ante el
culpable de todos mis males; levanté la tapa y empecé a leer...
‘Este es el libro de Satán, y tú, Antonio, desde este momento te haces
responsable con tu integridad de mi protección «Ya viste lo que le sucedió a
tu amigo por no respetar esta condición»
Cuando leí, lo anteriormente dicho, quedé perplejo, indudablemente aquel
libro era diferente a cuantos había podido tener en mis manos... ¿O yo
estaba delirando...?. Seguí leyendo...
«De aquí emana todo mi poder sobre la Tierra. Tú, desde ahora serás mi
esclavo y habrás de cuidarme siempre hasta la muerte, en la que serás
relevado por tus descendientes, aun que no lo sepan, porque no lo ha de
saber nadie jamás. Nunca deberás desprenderte de mí, donándome o
vendiéndome. Desde ahora tu eres mi dueño y yo el tuyo... Si atentas contra
mi, serás hombre muerto... Pero sí me proteges, podrás tener cuanto de
material existe en este mundo con sólo pedírmelo
«Quiero recalcar, que nadie ha de saber por tu boca este secreto, ni tan
siquiera familiares, amigos, enemigos, o desconocidos, pues la maldición se
haría extensiva a ellos. Deberás guardarme en sitio seguro y sabrás que,
dentro de un tiempo, sí tu comportamiento no me agrada haré que me olvides
y, en tal coso, al perder el control sobre mi, aumentaran los riesgos, que
es lo que pasó con tu amigo el Marques de lago Seco.
Y con estupor, vi como todo lo que había leído se borró. El resto también
quedó en blanco por lo que nunca supe si en aquellas páginas, alguna vez
hubo algo importante escrito.
Varios días después volví a revisar el misterioso volumen negro y pude
comprobar que estaba en blanco desde la primera a la última página.
Indudablemente aquello no era una edición normal, y mi vida corría
serio peligro; mi cabeza no paraba de dar vueltas tratando de encontrar una
solución…¿ Como podria
deshacerme de aquella pesada losa que pendía sobre mi persona, amenazando
con aplastarme?
Nunca paso
por mi mente aprovechar la propuesta de conseguir cosas con el poder
demoníaco ofrecido por Satán; al contrario, sabiendo que eso podía
enfadarle, siempre que podía rezaba a Dios, pidiéndole que se apiadara de mi
y me ayudase a salir de tan tremendo trance, en el que me había involucrado
sin beberlo ni buscarlo, como vulgarmente se dice.
Estaba sentenciado a muerte y sin duda, tarde o temprano, el maleficio se
cumpliría. No era nada agradable vivir en esa situación, aunque si bien el
desasosiego era tanto o más que el que tenía antes de la lectura, ahora me
había repuesto y otra vez volvía a gozar de buena salud.
Pero... Es qué, ¿acaso no estamos todos los seres vivientes sentenciados a
muerte? Y, si más tarde o más temprano, esa sentencia se ha de cumplir...
¿Porqué entonces me estaba amargando la vida con esa idea?.
Sólo tenía que cuidar de forma exquisita el maldito libro a fin de que no
pasara a manos extrañas. La cuestión era tenerlo en lugar seguro y pensé en
enterrarlo metido dentro de una pequeña caja de caudales... Pero... Y si eso
no le agradaba a Satán... ¿Qué podría pasarme?.
Medité, filosofé .. Si aquel objeto ejercía algún
mal sobre la humanidad, lo más atinado seria destruirlo, quemándolo... Pero
después pensé que mi sacrificio seria inútil, ya que los poderes que tiene
el demonio no creo fueran anulados tan fácilmente
Al fin, puse el libro en mi biblioteca, mezclado con los otros y cerré ésta
con llave a cal y canto, guardando dicha llave en lugar seguro.
Un día, pasado cierto tiempo de lo antes enunciado, advertí que alguien
había forzado la ventana y tras entrar en la biblioteca había robado solo
el libro de Satán, cosa que me extrañó muchísimo. ¿Por qué el que entró a
robar se conformo sólo con aquel libro? Cerca, en esta misma estantería
habían otras cosas de valor, como por ejemplo un reloj de oro. También
estaba la caja de caudales con algo de dinero y, por cierto ese día estaba
abierta por haberse roto el cierre
Y.. ¿Corno es que no me había muerto al perder
el control del volumen maldito?
Pensando, pensando, llegué a la conclusión de que la maldición no mencionaba
el caso de robo .... O tal vez era una añagaza
satánica y el objeto en cuestión había cambiado de aspecto o lugar
¿. Pero por más que investigué nada logré
aclarar.
Ahora a vivo inmerso en un mar de dudas e incertidumbres a cual más
terrible y cuando me entero de que alguien ha fallecido repentinamente,
siempre investigo, pon si ha dado un libro a alguien en el momento de su
muerte.
Tal vez cuando se publique este escrito, yo ya haya sirio victima de la
maldición, de todas formas, pido desde aquí, que todo aquel que tenga una
biblioteca, vigile, con sumo cuidado, por si en ella se encuentra un libro
de tapas negras y sin titulo.