Siempre se ha
dicho que de los grandes problemas surgen las grandes soluciones; las que
permiten poner los nombres en la historia de insignes personajes.
Esta es la
historia de un tal Grumesindo Martínez, el ‘benefactor», presidente del
partido Frente Universal Igualdad. (FUI).
Año 2037. La
situación había llegado a límites intolerables, el terrorismo, la droga, el
paro y el hambre, ayudada por las nuevas enfermedades y la corrupción,
convirtieron el mundo en un lugar inhóspito.
En España, si
bien la dimensión de estos problemas no era tan crítica como la de países
del tercer mundo, no por ello dejaba de ser preocupante; pero nadie daba con
la solución anhelada. A un gobierno corrupto e incompetente, seguía otro más
incompetente y más corrupto, como si mediara la influencia del mismísimo
Satanás. Fue por aquel tiempo cuando el flamante partido Universal Igualdad,
arrasó en sus primeras elecciones al gobierno de la nación. El candidato
para la presidencia era Grumesindo Martínez, un hombre procedente de la
clase obrera, poseedor de un carisma sorprendente, un carisma que emanaba de
su convicción por servir al pueblo. Sus palabras sin ser de un depurado
estilo académico, convencían a cuantos le escuchaban.
-La igualdad
entre los hombres es nuestro objetivo principal -decía en sus mítines-, y
vamos a luchar con todas nuestras fuerzas para conseguirlo. Los derechos de
unos han de ser igual que los de otros y las obligaciones, también; es lo
que dice la constitución, pero no es así, porque las leyes están hechas para
burlar a la justicia, los jueces, debido a las presiones de los gobernantes,
alteran el sentido de las palabras imponiendo penas a personas inocentes y
dando libertad a otros que deberían de pudrirse en la cárcel; sin embargo,
aún no ha llegado el momento de imponer nuestros argumentos, porque la
fuerza de esos argumentos está en vuestros votos, en la naturaleza de
vuestra propia convicción.
Una mayoría sin
precedentes de más del ochenta por ciento de los votantes, puso en la
presidencia a Grumesindo y pronto empezaron a verse los resultados, algo
tímidos, pero alentadores.
Grumesindo y su
gobierno introdujeron mejoras en los sistemas de contratación, en la lucha
antiterrorista, en la rehabilitación de drogadictos y en todos los aspectos
de la administración.
-Hemos mejorado
la situación social -decía-, pero aún es insignificante lo conseguido.
Debemos encontrar la fórmula que dé el impulso definitivo a nuestras
aspiraciones de, no solo mejorar el bienestar de los españoles, sino el de
prestar ayuda a otras naciones que aún lo están pasando peor.
Nadie comprendía
como se podían llegar a formular tamañas propuestas y poco tiempo después,
cuando expuso el proyecto estudiado a las cortes, casi lo toman por loco.
-He estudiado
profundamente la situación - decía lleno de entusiasmo-, y he llegado a la
conclusión que en este país tenemos los medios idóneos y suficientes para
vivir todos, sin excepción, sin trabajar..., o como mínimo, trabajando muy
poco. En los bancos hay capital para vivir de rentas todos los españoles y
no unos cuantos, como está sucediendo, por eso propongo a estas cortes que
se promulgue un decreto en el que se ordene el reparto equitativo de toda la
riqueza existente, de tal manera, que los intereses reviertan como un sueldo
mensual entre todos los españoles. Como es natural, la industria deberá
seguir produciendo, porque sino, el resultado de estas disposiciones serían
obsoletas y la ruina del país sería inminente. Por el anterior motivo
propongo que en la industria, tanto agraria como turística y de cualquier
índole, se emplee personal de los países menos desarrollados; con este
sistema daremos trabajo, vivienda y sueldo digno a otros que también
mejoraran su bienestar social. Sí mis propuestas no son aceptadas en estas
cortes, propondré la idea a referéndum nacional. ¿Alguna objeción?.
Como es lógico,
nadie estaba dispuesto a repartir su fortuna con los más necesitados, pero
tras el referéndum, todo el dinero fue intervenido por el gobierno que, no
sin grandes dificultades, logró poner en marcha el insólito proyecto.
Al poco tiempo
empezaron a vislumbrarse los resultados de este sistema, de tal forma que,
como por arte de magia y con los debidos controles, España aumentó su
población en casi un cincuenta por ciento de personas procedentes de países
tercermundistas.
El mundo entero
estaba asombrado por tan sorprendente resultados y no tardaron mucho en
imitar a nuestro país y, puedo asegurar, que el hambre fue olvidada. Las
nuevas tecnologías consiguieron cultivar el fondo de los mares y los áridos
desiertos, llegando a tan magnífico estado social que, además, por las
medidas y ayudas a drogadictos y terroristas tales males llegaron a
desaparecer de la faz de la tierra.
Lamentablemente,
la raza humana es egoísta y maldita y cuando parecía que el sistema español
era la mejor solución de todos los tiempos, empezaron a surgir los problemas
derivados de este impresionante sistema; por todo el mundo proliferaron
asociaciones de gentes inconformistas, gentes compuestas en su mayoría por
los inmigrantes que habían olvidado su historia de hambre, acrecentándose en
ellos la sensación de sentirse esclavos del capitalismo imperante.
Ahora, es raro
el día en que no se escuche noticia de alguna manifestación en cualquier
parte del mundo, y lo que es peor, ha renacido el terrorismo con mayor
violencia del de hace tan solo unas décadas, produciéndose noticias de
magnitud terrorista creciente, como la que hoy traen en primera plana todos
los medios informativos del mundo: MUERE en ATENTADO TERROTRISTA el inventor
del SISTEMA ESPAÑOL Grumesindo Martínez el «benefactor».