MI DOBLE

Fui al teatro Calderón en compañía de mi esposa Marta, porque alguien me había dicho que el protagonista de la obra que allí se iba a representar tenía un asombroso parecido conmigo, tanto en su aspecto como en su forma de expresarse, en la voz y en todo cuanto hacía.

Y fue tanta nuestra sorpresa, que durante varios días acudimos al teatro para intentar descubrir algo que nos diferenciase: mas la similitud era tal, que no sólo lo percibimos nosotros, sino que pronto los actores y el público empezaron a dedicarnos oleadas de miradas insidiosas, llegando algunas personas a preguntarnos si yo era hermano gemelo de Víctor de Palma, como así se llamaba el actor.

Un día, cuando me disponía a sacar las entradas, se acerco a nosotros un individuo mofletudo que adoptando una amplia sonrisa dijo: -Perdonen que me dirija a ustedes sin haber sido presentado. Soy el director de la compañía y desearía que me atendieran unos momentos.., Si son tan amables; por favor, síganme.

Acompañamos al orondo personaje y tras los protocolos de rigor nos expuso en tono suplicante lo siguiente: -Me veo en un gran apuro y quisiera pedirle un favor extraordinario, a la vez que delicado. El parecido entre usted y Víctor es asombroso. El, en breve, ha de ingresar en un hospital para ser operado de una grave dolencia y como que usted ha visto muchas veces la función, he pensado que con unos ensayos durante los días que faltan para que lo intervengan, podría ocupar su lugar en la representación y salvar a esta compañía de un desastre económico..,Debo añadir que no habrá ningún problema con esa suplantación ya que el mismo Victor de Palma es el que me ha sugerido esta solución.

Como es natural, puse algunas objeciones a tan insólito ofrecimiento, alegando que tal papel podría resolverlo un actor profesional con más garantía que yo añadiendo además que me debía a mis negocios, los cuales me era imposible abandonar.

Mi esposa que disfrutaba ante tan curiosa situación, propuso: -Por los negocios no te preocupes, ya sabes que en otras ocasiones yo los atendí perfectamente. Además, me gustaría muchísimo ver como te desenvuelves en esta nueva faceta.

El director agregó muy serio: -Tiene razón al decir que un actor profesional podría sustituir con más garantía, pero resulta que en la promoción de la obra se ha invertido una importante cantidad de dinero, no sólo en la publicidad, sino que además hay un contrato firmado para emitirlo en varias cadenas de televisión de Sudamérica, en los que se establece la participación de Víctor, y esto es irrefutable.

Tras no poco discutir fui convencido y al día siguiente ya me encontraba en mi primer ensayo, que pese a pequeños fallos, los realicé a total complacencia de todos los presentes; -No tiene importancia -dije-, he visto la función catorce veces seguidas y ya me la sabía de memoria.

Cinco días después debuté. con insospechado éxito, puesto que nadie del público se apercibió de la substitución y aplaudió con frenesí.                                                                        Tras varías actuaciones toda la compañía estuvo de acuerdo al afirmar que yo era mejor actor que Víctor. El caso es que los días fueron pasando y a Victor se le complicaba la enfermedad. A mi se me estaba subiendo la creciente fama a la cabeza y el oficio de actor me empezaba a gustar, entre otras cosas porque me había enamorado como un colegial de Purita Garcia, la partenaire del espectáculo, con la que me entendía a las mil maravillas, sobre todo, entre sábanas. Eso sí, siempre en el mas absoluto secreto, no fuera a enterarse mi mujer y se complicaran las cosas, habida cuenta que la enorme fortuna que poseía le pertenecía por completo.

Víctor murió y seguí indefinidamente en la Compañía. Después de España nos fuimos al extranjero, con el consentimiento de Marta, mi esposa, que parecía

muy contenta con lo bien que me desenvolvía en escena, e ignorante de mí lio con Purita. Ya en el extranjero, mí amor por la despampanante rubia y la profesión de actor. se acrecentó de tal forma que ya nada me importaba perder la enorme fortuna de mí esposa. Completamente decidido, cuando regresara a España me divorciaría y empezaria una nueva vida: la que me gustaba, la que me hacía feliz plenamente. Y antes de ir a Barcelona  sin mencionar mi decisión a Marta, le telefoneé que apenas tendría tiempo de verla, ese mismo dia, pues llegaríamos por la tarde y actuábamos inmediatamente en dos funciones de tarde y noche. Que viniese a verme, que teníamos que hablar de nuestro futuro, etc, etc.

Ya en escena, busqué a Marta entre el público y cual no sería mi sorpresa cuando la vi sentada junto a un hombre en descarado amartelamiento, pues este le tenía el brazo puesto sobre la espalda, como si dos enamorados se tratase y lo más sorprendente, es que aquél hombre era mi vivo retrato. Ante esta situación, pensé en bajar al patio de butacas a pedir una explicación, pero apenas terminó la función un intenso dolor en medio del tórax, que casi me fulmina, me impidió hacerlo, Entonces intente telefonear, pero la operadora me informo que el número marcado ya no existía y que a mi nombre y al de mi esposa tampoco lo había. Cogí un taxi para ir a mi casa, pero al llegar la encontré deshabitada y nadie pudo explicar mi nuevo domicilio.

Entonces decidí esperar al día siguiente para seguir investigando, pero de nuevo se repitió el asfixiaste dolor y el médico me aconsejó que pasase el resto del día en cama, Cuando llegó la tarde me levanté para actuar, cosa que hice penosamente. No me sentía

muy seguro, tanto por la enfermedad como por el coraje que me envolvió al verlos otra vez en el patio de butacas, contemplándome descaradamente mientras se prodigaban arrumacos insultantes para mi. Decidí tranquilizarme, cuidar mi salud y me dije: -Es escandaloso, pero bien mirado, esto me servirá de excuse para el divorcio.

Terminada la función hablé de ello con Purita y se quedó sorprendida alegando que no comprendía nada de lo que le contaba, que aquellas persones eran completamente desconocidas para ella y que nunca conoció a otro Víctor nada más que a mi. También el resto de la Compañía abundo en los mismos términos, añadiendo que les había sorprendido mucho mi enorme parecido con aquel señor de la platea, al que tanto miraba el público por este motivo.

Ante la negación de las evidencias por parte de todos y como mi estado empeoraba fui al medico, e! cual, tras algunas pruebas, afirmó que deberla despreocuparme de cualquier problema y que después de tomarme un medicamento que me recetó, debería ser operado del corazón. Así a base de pastillas seguí trabajando  aunque no tenia ánimos de discutir, mi esposa Marta y el otro no faltaban ni un día, acariciándose de forma insultante,  lo que me ponía al borde del infarto.  E! Director, que como todos, desde que regresamos del extranjero, se empeñaba en que yo era Víctor de Palma. Maldijo su suerte asegurando:       --Esto es la ruina! Si tú no actúas durante la temporada, todos los gastos de publicidad y los contratos quedaran anulados. No sé como saldremos de esta situación!

-Pues creo que la solución es fácil -le dije-. Ofrézcale mi papel a ese señor que se parece tanto a mí. Estoy seguro que será un digno suplente...

- ¿Y como lo localizo?

-Viene cada día. Espérelo en taquilla mañana.

     

FIN

 

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