|
EL SEPULTURERO
Año 1982 Carretera
nacional II.
— ¡Corre más!
¡Adelanta a toda la caravana! ¡Venga, venga, más deprisa!
—Oye, que ya vamos a
ciento sesenta y me van a multar!
—Anda, no seas
cobardica, corre más, esta moto puede alcanzar los trescientos.
La joven azuzaba a
su novio para que aumentase la velocidad de la estupenda y potente Kawasaki, sin
pensar en las consecuencias, pues estaban alegres regresando de la boda de un
amigo.
— ¡Venga adelanta a
estos muertos!-- La carretera estaba a tope, los vehículos avanzaban lentamente
siendo sólo adelantados por las motos que lo hacían con las debidas
precauciones. Bueno, todas menos la de Andrés, que solo adelantaba a los
vehículos de cuatro ruedas sino que también lo hacia a velocidad desorbitada a
las demás motos, saltándose las prohibiciones como rayas continuas, etc.
La tragedia se
palpaba en el aire, y la tragedia se presentó cuando un camión surgió sobre el
cambio de rasante por el que en ese instante avanzaba a doscientos kilómetros
por hora la
Kawasaki.
El golpe fue imposible de evitar pues apenas mediaron milésimas de segundo el
camión se tragó literalmente a la moto que pasó por debajo del monstruoso
vehículo, que la retorció y arrastró entre estruendosos ruidos y chisporroteos,
destrozándola completamente.
Y cuando el gran
camión de cuarenta toneladas se paró sobre el asfalto, sólo se podía reconocer
que aquel amasijo de hierros, carne y sangre correspondía a una moto, porque
quedó intacta la chapita con la marca Kawasaki.
Veintiséis años
antes…..
Una mañana, apenas
amanecido, en un cementerio de un pueblo perdido en la cordillera pirenaica
llamado Bartrino, el sepulturero se disponía a preparar el nicho que aquel mismo
día debería ocupar un anciano vecino fallecido de la localidad. Ahora, yo,
debería escribir que era una mañana nebulosa que daba al entorno de tumbas,
nichos y mausoleos, un tétrico panorama que a cualquiera le hubieran puesto una
tenaza de terror en la garganta, pero no lo voy a describir, porque Juan, el
enterrador, estaba acostumbrado y solo se alarmó cuando de uno de los mausoleos,
el de la familia Busquets, la más rica de la zona surgieron unos gritos
pidiendo socorro. Sorprendido el enterrador y vigilante del cementerio se
dirigió prestamente al lujoso recinto mortuorio hallando la puerta forzada, pero
entornada. Sin guardar ningún tipo de precaución nuestro hombre penetró en la
estancia intuyendo la presencia de alguien necesitado de ayuda urgente.
Y allí, en la
penumbra, pues la estancia sólo estaba tenuemente iluminada por una claraboya
multicolor situada en el techo; rodeado de ataúdes colocados sobre estanterías,
encontró a una mujer joven arrodillada, que gemía abrazada al cuerpo de un
hombre de similar edad, aparentemente muerto sobre un gran charco de sangre.
Inmediatamente Juan,
el enterrador, también de rodillas, puso su mano sobre la yugular del hombre,
comprobando que no tenia pulso y que estaba completamente frío lo cual indicaba
que hacia horas que había fallecido.
—Este hombre esta
muerto. Afirmó sin levantar la vista hacia la joven que exclamó suplicante:
-Por favor, ayúdeme
-¿Qué le sucede, no
se encuentra bien?
- Yo también estoy
herida y he roto aguas, estoy con los dolores de parto.
- ¿Dónde está
herida?
- Aquí en el hombro
——dijo la joven señalando el sitio por donde fluía un hilillo de sangre apenas
perceptible pero que le corría por el brazo.
- Tengo que sacarla
de aquí, voy a avisar a un médico. Póngase la mano apretando la herida para
taponarla y aguante un poco, voy a telefonear al médico y a una
ambulancia desde mi
vivienda. Enseguida vuelvo.
-¡No! Por favor. No
avise a nadie, ayúdeme usted como pueda.
- ¿Pero como voy a
ayudarla si no entiendo de estas cosas? No se preocupe iré a por mi mujer.
Espere, será un momento.
Minutos después ya
estaba el sepulturero con su esposa junto a la joven herida, aunque antes habían
avisado por teléfono a un médico que era amigo conocido que no solo se cuidaba
de hacer de médico de cabecera del pueblo sino que además, ejercía como forense
cuando se tenía que efectuar alguna autopsia en los casos de suicidios o
accidentes.
Los dolores que
sufría Ana que así dijo llamarse la parturienta, se producían cada diez minutos,
así que durante los intervalos Ana pudo contar al sepulturero y a su esposa
Montserrat que ella y su compañero eran miembros de la resistencia
antifranquista lo que en aquellos tiempos eran conocidos como maquis o
terroristas y que al ser descubiertos por una patrulla de la guardia civil se
entablé un enfrentamiento en el que murieron dos camaradas, teniendo que huir.
En la huida también fueron alcanzados por los disparos de sus perseguidores,
aunque gracias a que se hizo de noche lograron escapar atravesando varias
montañas hasta divisar el cementerio, saltando la tapia y ocultándose en el
lujoso panteón tras forzar la cerradura. Luego les suplicó que no la
denunciaran, pues eso representaría cárcel y pena de muerte por terrorismo.
- Si no me pueden
salvar, salven a mi hijo. No dejen que caiga en manos de la guardia civil —
suplicó Ana.
Apenas diez minutos
después llegó el doctor, por lo que Ana se transfiguré pensando que la habían
traicionado, pero Montse la tranquilizó asegurándole que era un médico conocido
que no diría nada.
Poco rato después
Ana dio a luz a un hermoso niño, pero estaba tan extenuada y había perdido tanta
sangre que murió en el mismo instante en el que nació la criatura. El doctor se
quedó algo desconcertado pues no esperaba el fatal desenlace y murmuró: ---Creí
que resistiría, pero se ve que había perdido mucha sangre y no ha aguantado el
esfuerzo.
--¿Y ahora que vamos
a hacer? Tendremos que avisar a las autoridades, ¿No?—Preguntó Juan el
enterrador al doctor Martín, con voz insegura.
--Si eso, y que nos
enchironen por cobijar y ayudar a terroristas. No tienes idea del lío en que
estamos metidos- Contestó el galeno, agregando acto seguido:
--Mira Juan, esta
tragedia es terrible…,pero como que no habéis podido tener descendencia y además
habéis prometido a esta pobre que cuidaríais a la criatura, ahora ya tenéis un
hijo y la promesa cumplida. Yo llenaré el formulario y vosotros hacéis
desaparecer los cadáveres de estas personas, lo cual no es ningún problema en un
cementerio.
- Eso es una
monstruosidad, tal vez estas personas tengan familia —expuso Montse.
- Tienes razón,
registraremos sus pertenencias por si encontramos algo. –Propuso el médico.
Después de registrar
a los difuntos infructuosamente, decidieron hacer lo propuesto por el doctor,
hicieron desaparecer a los difuntos enterrándolos en una fosa común, así como
las armas, una pistola y un fusil y como que casi no tenían trato con la gente
del pueblo, nadie notó nada anormal, y el tiempo fue pasando.
Cuando se produjo el
fatal accidente, Andrés, el conductor de la Kawasaki, quedó destrozado, sin
embargo, Mary su novia, afortunadamente, salió despedida fuera de la carretera
salvándose milagrosamente, ingresando en el hospital de Lloret de Mar y
trasladada dos días después al hospital Clínico de Barcelona, ya
bastante recuperada
de algunas magulladuras y desgarros musculares, para su observación.
Fue entonces cuando
un joven se personó en el mencionado establecimiento preguntando por la
accidentada.
-Usted no me conoce,
y lo que le voy a contar puede que no le haga ningún bien dado su estado,
incluso puede que me tome por loco y no me crea pero he prometido a su novio que
en paz descanse que vendría a hablar con usted y no tengo más remedio que
hacerlo a menos que prefiera que me calle.
Mary, al oír estas
afirmaciones del desconocido, se quedó desconcertada al no comprender que podía
ser lo que su novio dijo a tal individuo, al que ahora veía por primera vez, así
que le preguntó titubeante.
- ¿Acaso conocía a
Andrés?
- Realmente nunca
tuve el placer de verlo en vida, y aunque le cueste creerlo, hablé con él,
anoche en el cementerio. Pues puedo comunicarme con las almas en pena.
- ¿Pero que locura
es esta? ¿Pretende hacerme creer que habla con los muertos?
- Por favor no se
altere, solo me tiene que me valla y me iré…Usted decide. Esta situación es tan
violenta para mi como para usted, tan solo pretendo cumplir con la promesa que
hice a su novio, pero si usted no lo ve claro o lo que sea me voy y ya he
cumplido.
Después de jubilarse
los viejos sepultureros, Víctor, el hijo adoptado por ellos aquella noche
trágica en que nació y murieron sus padres naturales, como ya quedó dicho, se
quedó como sepulturero, entre otras cosas, porque era el hombre ideal para
ostentar tal cargo pues dominaba los entresijos del oficio, conocía como nadie
aquel cementerio y la gente del pueblo lo tenia en gran estima, sobre todo desde
aquel día en que en un entierro cuando ya iban a introducir el féretro en el
nicho Víctor preguntó a los familiares y personas allí reunidas:
- ¿Antes de enterrar
al difunto, desean verlo por última vez?
- ¡Si, por favor!
-contestó la esposa del finado, Luís, el panadero, un joven de veintiséis años
muerto de un infarto según el parte médico.
Víctor destapó el
ataúd y exclamó:
- ¡Este hombre no
está muerto!
Todos los presentes
se abalanzaron sobre la caja mortuoria mirando llenos de extrañeza al difunto
que estaba rígido y pálido como un cadáver, y un familiar dirigió al enterrador
esta frase con cierta indignación:
- ¿Por qué ha dicho
eso? ¿Acaso se quiere reír de nosotros? El medico ha certificado su muerte.
-El médico sabrá
mucho de enfermedades pero yo entiendo de muertos, sé lo que digo y no enterraré
a este hombre, porque está vivo.
-Una señora sacó un
espejito del bolso y lo puso ante la nariz y boca de Luís comprobando que el
cristal no se empañaba por lo que afirmó:
- Sin duda usted
esta perturbado, Luís esta muerto y bien muerto.
- Créanselo o no,
pero yo sé que esta vivo y no pienso enterrarlo hasta que no se muera como es
normal.
Todos los presentes
empezaron a rumorear que si tal que si cual, que si esto que si lo otro, hasta
que uno propuso:
- Yo puedo ir al
pueblo a buscar al doctor, y él que decida lo que se debe hacer.
Montó en un
automóvil y desapareció, regresando diez minutos después portando al ga1eno, el
ya anciano doctor Juan Martín, el mismo que años atrás asistiera al parto en el
que nació nuestro joven enterrador.
Tras hablar
confidencialmente con Víctor, el médico expuso:
4 - Es posible que
Luís haya sufrido un paro letárgico y Víctor lo haya notado de alguna forma, así
que será conveniente esperar veinticuatro horas más para estar seguros. Propongo
que se quede aquí mismo en este lugar en la sala de disecciones hasta ese
momento y mientras pueden velarlo los familiares y amigos si lo desean.
Después de trasladar
al presunto cadáver al lugar indicado, Víctor dijo que seria conveniente sacarlo
del ataúd para evitar un susto a Luís cuando se recuperase.
Apenas tres horas
después el presunto muerto se incorporó, desperezándose y quedando muy extrañado
de estar sobre la mesa de un lugar desconocido.
Todos lo abrazaron
con gran alborozo, especialmente Pepita que ya se consideraba viuda.
Fin
de la primera parte
EL SEPULTURERO (
segunda parte)
EL
SEPULTURERO 2ª PARTE
Las fiestas
navideñas ya estaban muy cerca, las calles de Bartrino, el pueblo de nuestra
historia lucia su calle mayor con los adornos típicos iluminados por miles de
bombillas multicolores, formando dibujos de estrellas parpadeantes u otros
motivos imitando abetos, etc. etc. Era sábado, los habitantes del nevado pueblo
pirenaico circulaban alegres y presurosos saliendo de las tiendas de juguetes y
entrando en otras de ropa de comestibles, o de cualquier artículo, portando
voluminosos paquetes y cestas conteniendo los regalos para la familia,
especialmente para los niños, así como los comestibles propios de tales
fiestas, turrones y demás. Era diciembre, pero los comerciantes hacían su
agosto.
No muy lejos, detrás
de una colina, coronada de pinos y acacias, estaba el cementerio, el lugar del
reposo último, el lugar que esperaba paciente a que todos los vecinos de aquel
lugar fueran trasladados para quedarse indefinidamente.
¿Pero que había
sucedido con los protagonistas de nuestro relato Víctor y Mary? Para saberlo
deberemos volver hasta el día en que Víctor se personó en el hospital Clínico de
Barcelona y se entrevistó con Mary asegurando que había hablado con su novio,
muerto en el mismo accidente del que ella se recuperaba en dicho
establecimiento. Como ya quedó dicho en el anterior capitulo, Víctor, explicó
que eso de ver a las almas en pena es algo usual entre personas muy sensibles
como médium y espacialmente niños, Añadiendo: yo por haber nacido en un
cementerio y haber desarrollado la facultad de niño con aptitudes especiales
tengo ese don y puedo ver y hablar con personas fallecidas que se encuentran en
estado de almas en pena, o sea almas no aptas para entrar en el más allá por
tener una deuda en esta vida o algo sin concluir.
Es por eso que te
he contado las cosas que solo tú y tu novio sabéis y que él me contó para que no
dudaras de mí.
Mary ya no dudaba y
aunque no comprendía bien como es posible la comunicación entre muertos y vivos,
se atrevió a preguntar titubeando:
-¿Y Andrés está
aquí?
-Aquí está, ante ti, deseando decirte
algo importante.-Don...don..¿Donde? inquirió Mary con los ojos desorbitados
mirando a todas partes.
-Aquí, delante de ti—Repitió Víctor sonriente, añadiendo –No te esfuerces aún no
puedes verlo, pero si lo deseas yo te instruiré y tal vez algún día puedas, todo
es cuestión de practicar.
Mary quedó muy sorprendida de estas aseveraciones y preguntó--¿De verdad crees
que yo podría verlo?
-No puedo asegurarlo, pues todo depende de ti, de tú interés por aprender y tus
facultades para conseguir entrar en esa dimensión, si quieres, pues tu novio
está deseándolo. Podríamos intentarlo, aunque para eso tendrías que venir a
vivir conmigo en mi casa del cementerio. En esta ocasión casi se desencajan los
ojos de Mary que alegó, yo no podría ir a vivir contigo de ninguna forma y menos
en un cementerio pero ¿por quien me tomas?
-Veo que no has comprendido mi oferta, vivirías en mi casa en una habitación
aparte y yo seria respetuoso contigo, máxime estando tu novio delante día y
noche. Yo intentaría enseñarte como debes concentrarte para ver a los difuntos,
te pagaría un sueldo por ayudarme en las labores propias del camposanto, pues
precisamente necesito un ayudante y…bueno tú piénsalo ahora me tengo que ir pues
me quedan tres horas de viaje y el trabajo me espera, tengo dos entierros esta
misma tarde. Andrés dice que le harías muy feliz si lo piensas y aceptas pues
tiene muchas cosas que decirte y seria maravilloso hacerlo viéndoos. Así que
vendré dentro de unos días cuando tenga un claro, para saber que has pensado,
aquí te doy esta tarjeta con mi dirección y el número de mi teléfono por si me
necesitas o quieres algo de tú novio.
Víctor se fue del hospital y ocho días después volvió a ver a Mary para
preguntarle que había pensado hacer, porque Andrés le insistía en la necesidad
de comunicarse con ella. Pero cuando volvió, ella ya no estaba, la habían dado
de alta. Andrés, dijo: Eso ya lo sabia yo y quise decírtelo ayer pero como no
querías hablar del tema y me gritaste: ¿Cómo quieres que una chica tan joven y
guapa se quiera trasladar a vivir a un cementerio? Ya verás cuando mañana
vayamos al hospital como nos va a decir que naranjas de la china. Siempre he
sido rechazado por las mujeres cuando les he dicho que tendrían que vivir en el
cementerio. ¿Entonces donde puede estar? Preguntó al alma en pena de Andrés.
-En estos momentos está viajando rumbo al pueblo, seguramente va al cementerio.-
Me respondió.
-No comprendo porque no me ha telefoneado, debemos regresar inmediatamente,
porque si no me encuentra, seguramente se irá. ¿Tú no puedes intervenir de
alguna forma?
_ Eso es totalmente imposible solo puedo comunicarme con ella a través tuyo.
-Entonces solo se me ocurre una cosa , telefonear al doctor Martín que valla al
cementerio o mande a alguien si a el le es imposible a esperar a Mary y decirle
que estoy de regreso, que llegaré en unas dos o tres horas, lo que depende de
cuando ella llegue. Ahora mismo nos vamos para allí.
Una hora tuvo que esperar Mary a Daniel en compañía del viejo doctor Martín a la
puerta de la vivienda del sepulturero situada dentro lúgubre recinto, y en ese
tiempo de espera la chica pudo enterarse de varias cosas como que los padres de
Víctor habían fallecido hacia dos años casi al mismo tiempo., dejando solo a su
hijo que desde entonces aceptó hacerse cargo de todo lo concerniente al oficio
de enterrador, lo que antes hiciera junto a su padre, en calidad de ayudante.
También dio un paseo por el pequeño cementerio advirtiendo que bajo aquel sol
acariciante ver nichos, sepulturas y los mausoleos tan bonitos con sus
esculturas de piedra y mármol no le parecía tan tenebroso y terrorífico como
alguna vez había pensado.
Y cuando llegó Víctor y empezaron a conversar aún le pareció mas normal la idea
de quedarse como ayudante del enterrador y aceptó empezando a ejercer aquella
misma tarde, aunque en tal ocasión solo hizo que observar, como Víctor se
desenvolvía en los dos entierros que tuvo que atender ..
-Hoy ha sido especial, pues es muy raro hacer dos servicios en un mismo día, lo
normal es un promedio de uno cada dos semanas, pues este es un pueblo de solo
unos tres mil habitantes. Casi todo el tiempo lo emplearemos limpiando y
haciendo de jardineros.
_¿Pero si tan poco trabajo hay, para que necesitas una ayudante?
_Eso me he preguntado muchas veces pero es lo normal en cualquier cementerio,
total, paga el ayuntamiento, y ya sabes como son estas cosas, aunque no creas
que estaremos ociosos hay mucho que hacer, tenemos que llevar hasta un libro con
los decesos y otro con los trabajos programados y controlados, no, no es poco,
mañana empezaremos, y ya veras cuando termine la jornada., como cambias de idea.
La vivienda era de apenas unos veinte metros cuadrados y se componía de una
habitación, un comedor pequeño con la cocina incluida y un WC, con ducha.
Después de cenar unos bocadillos de pan con jamón y unas naranjas de postre,
hablaron de cosas intrascendentes con el alma en pena. Después, Víctor se
acomodó en un sofá se tapó con dos mantas y se quedó dormido en menos de cinco
minutos, Mary en cambio, pasó toda la noche pensando en mil cosas, imaginaba a
su novio Andrés cuyo cuerpo estaba enterrado en algún cementerio Barcelonés y
su alma en pena, seguramente al pié de la cama observándola continuamente, y
pensaba… ¿Por qué el alma de Andrés esta en pena? ¿Qué es lo que lo retiene
atado a este mundo? ¿Por qué no me dice de una vez que puedo hacer por él? No
comprendo esta situación tan extraña en la que me encuentro, he abandonado a mis
familiares, he abandonado mi puesto de trabajo en el ayuntamiento de Barcelona
donde ganaba un sueldo de casi dos mil euros trabajando como una princesa ante
un ordenador y una impresora y me vengo a un pueblucho perdido en los Pirineos a
ejercer de enterradora en un cementerio, con un sueldo de apenas seiscientos, en
cuanto se solucione el problema de mi querido Andrés, me iré de aquí e intentaré
recuperar mi colocación .
Luego empezó a pensar en otras cuestiones más desagradables:¿Cómo es que no
estoy espantada de estar acostada rodeada de muertos , de personas ,como las que
hemos enterrado hoy y que ya deben pudrirse en sus tumbas? Una era una señora
muy vieja y la otra era un hombre de cuarenta años que ha dejado viuda y dos
niñas, que lloraban desconsoladamente; que pena me dieron.
A las cinco de la madrugada, Mari oyó a Víctor levantarse abrir la puerta y
gritar ¡Quien anda por ahí!
Sobresaltada se levantó y se hecho una bata por encima saliendo y preguntando a
Víctor que permanecía en el umbral de la puerta, con un bastón en la mano
derecha y una linterna en la otra, escudriñando el entorno que barría el potente
haz luminoso….¿Que pasa?
-Alguien ha saltado la tapia y esta escondido en un sitio que ya tengo
controlado. No te muevas de aquí y si ves algo raro cierra la puerta y no te
preocupes por mi; voy a echar un vistazo.
--No me dejes sola, tengo mucho miedo. –Imploró Mary, a lo que contestó él.---
No te preocupes, será algún borracho, ya ha pasado en alguna ocasión.
_No me moveré de aquí, vuelve pronto. Suplicó la chica con voz angustiada.
Víctor volvió la cabeza, la miró sonriendo y después se adentró por entre los
panteones y desapareció entre las sombras tenebrosas de la noche.
Mary empezó a rezar un padrenuestro mientras le temblaban las piernas y se le
encogía el corazón aterrorizado.
De repente oyó gritos distantes pero no eran gritos de una o dos personas, más
bien parecía de una trifulca entre varios hombres entre los que le pareció
reconocer la voz de su jefe el sepulturero. En ese instante oyó claramente la
voz inolvidable de su novio muerto que le decía. ¡Rápido, Víctor está herido
llama al médico por teléfono! Después tienes que ir y ayudarle, los que lo han
atacado ya se han ido.
Como loca Mary empezó a buscar el listin pero otra vez la voz de Andrés le
orientó. Le dijo donde había una agenda y enseguida encontró el número de
teléfono del viejo médico al que le explicó lo sucedido.
--Me visto y voy enseguida.-- Contestó el doctor Martín.
Poco después, Víctor ya estaba instalado en la cama y recobraba el conocimiento.
Me atacaron al menos dos, mientras uno me deslumbró, el otro me golpeó a
traición, no sé quienes ni porque han hecho eso.
Yo si que sé quienes han sido porque me he cruzado con el coche de Luís
Fernández, lo que no sé es cuantos iban con él supongo que el Agapito pues son
inseparables.
- Si eran
esos ya sé el motivo, el Agapito aspiraba al puesto de ayudante pero le dije que
no me interesaba porque no es una persona seria y esto de tratar con los
difuntos no es cosa de estar todo el día borracho y haciendo chanzas, ahora se
habrá enterado de que ya tengo a Mary como ayudante y habrá querido vengarse.
Mary pensó que
Víctor mentía o no recordaba lo que sucedió pues oyó mucho jaleo y le pareció
oír su voz.
Y cuando se fue el
médico le preguntó:--¿No te acuerdas de nada? Desde la casa oí como te peleabas
con esa gente pues oí gritos y entre ellos tu voz. –Después le contó que habló
con su novio y todo lo que ya sabemos por lo que Víctor quedó muy impresionado y
dijo.
- Si ya has
conectado con tu novio por la voz estas muy cerca de hacerlo por completo, te
iré enseñando como has de hacerlo en pocos días.
Al día siguiente en
el cementerio se presentaron el Luís y el Agapito. Estaban muy arrepentidos y
fueron a pedir perdón y que no los denunciasen.
_Anoche estábamos
borrachos y pensamos hacerte un escarmiento por no haber empleado al Agapito,
pero ahora que ya estamos serenos hemos decidido venir y pedirte perdón y que
no nos denuncies.
-Bien lo que me
habéis hecho es muy grave podíais haberme matado pero si de verdad estáis
arrepentidos no seré yo el que os haga pasa la Navidad en la cárcel. Espero que
en adelante dejéis de emborracharos, pues hasta podíais haber atropellado a
alguien conduciendo así.
Durante las dos
noches siguientes Mary durmió en el sofá pues no consintió que Víctor saliera de
la cama hasta que no se recuperase, y mientras tanto hablaba con Andrés, quiero
decir con su alma en pena. Al final este le dijo: No he querido decirte nada
hasta que no me veas así estaré seguro del resultado de la conversación que
será muy importante para nosotros dos, cada uno en su sitio.
Me tienes que instruir para ver a los muertos enseguida pues Andrés ha decidido
decirme algo muy importante cuando lo vea.
Pues empecemos ahora mismo ..Lo primero que has de hacer es…….
Dos días antes de Navidad, Mary pudo ver a su fallecido novio y se llevó una
sorpresa muy desagradable pues creía que se encontraría con un ser perfecto pero
lo que a sus ojos se presentó fue la imagen espantosa de una especie de zombi
atormentado, como todos las demás almas en pena que deambulaban por el
cementerio especialmente por las noches en que salían de sus tumbas y paseaban
de un lado para otro, errantes.
Solo en el día de Navidad se nos deja lucir el aspecto de un alma limpia y es en
ese momento cuando podemos clamar perdón por nuestros errores a las personas
perjudicadas por nuestras acciones en vida. Ese día me confesaré a vosotros dos
a ti y a Víctor y de lo que decidáis aflorará nuestro destino, el mío y el
vuestro.
¿Porque nos cita a los dos? ¿Acaso sabe lo que sentimos? ¿Qué es lo que nos
reserva ese destino? Y cuándo llegaron las doce de la nochebuena y empezaron a
repicar las sonoras campanas de la iglesia del pueblo una extraordinaria
transformación se operó en todos los zombis o almas en pena del cementerio pues
como por arte de magia, todos tanto hombres como mujeres se transformaron en
personas jóvenes, los hombres en auténticos caballeros elegantemente vestidos y
ellas en hermosas y bellas jóvenes también luciendo preciosos vestidos. Y todos,
riendo cantando villancicos y saltando alegremente emprendieron una jovial
marcha hacia el pueblo. Andrés, se acercó a Mary y le dijo:--Acompáñame, ven con
nosotros y te diré lo que albergo en mi alma atormentada en pena.
--¿Y Víctor, no lo despertamos para que también venga?
--No es mejor así, lo que tengo que decir, solo es para ti. Démonos prisa las
otras almas ya están bajando por la colina vamos a darles alcance.
--¡Pero es que las almas no podéis estar en cualquier lado con solo pensarlo?
-Las almas puras, las admitidas en el cielo si, pero las que estamos en pena no.
Yo deseo entrar en el cielo y alcanzar el gozo eterno. Y esa llave está en tu
mano. Morí por que cometí el error de dejarme arrastrar por palabras
insensatas que tú me decías, ahora estoy penado a seguir eternamente errando,
sufriendo, pero si tú admites que me indujiste, que me trastornaste
deliberadamente seré perdonado. Sé que estas enamorada de Víctor y él de ti, así
que si haces lo que yo deseo seréis libres y yo también, para mi las cosas del
mundo no me interesan así que ya sabes lo que debes hacer.
Cuando estemos ante el niño Jesús en la iglesia reza lo siguiente, --Señor, yo
soy la única culpable de los actos de mi novio Andrés pues lo induje
deliberadamente, espero que el castigo recaiga sobre mi y él sea perdonado y
admitido en el Reino Celestial, amen.
Cuando arribaron a la iglesia ya la misa de gallo estaba empezada y las gentes
se mezclaban con las almas en pena ignorando su presencia pues no podían
percibirlas y Mary rezó la oración comprobando que al finalizarla Andrés
ascendía hacia arriba en la misma iglesia sonriendo y desapareciendo cuando
atravesó la cúspide. Después de la misa las almas en pena gritando, cantando y
bailando emprendieron el regreso a su cementerio. Mary los fue siguiendo
mientras una nevada caía sobre ella y el hielo de otros días; hacia mucho frío.
Cuando Andrés despertó se extraño de no ver a Mary en la casa salió a las calles
del cementerio encontrando a dos almas en pena que hablaban de sus cosa y les
preguntó .¿Sabéis donde esta Mary?
Está en medio del camino del pueblo le dijeron y continuaron con su charla.,
mientras Víctor empezó a correr y salió del cementerio gritando como un loco. Al
fin encontró a la joven casi muerta y se la cargó para llevarla a su casa, pero
por el camino la vio delante. Era el alma en pena de Mary que le dijo: Ahora
entierra ese cuerpo que transportas pero no llores por mí porque te quiero y
siempre estaré contigo. FELIZ NAVIDAD .
FIN
|